Poder político. Ferraris

EL PODER POLÍTICO – Introducción a su problemática

Por el prof. Leopoldo Ferraris.IEA, Instituto Enrique Angelelli

Cuando hablamos de política, invariablemente estamos haciendo referencia al tema del poder.
Cuando hablamos del poder, nos referimos
·por una parte, a quienes son los depositarios efectivos del mismo en una sociedad organizada, como así también a quienes lo ejercen de hecho;
·por otra, a las formas sociales de poder, teniendo en cuenta su relación con los estereotipos acerca de la política.Estos estereotipos (ideas prefijadas) sostienen, de hecho, concepciones distintas de poder que son muy difíciles de compatibilizar.

1. Aproximación al concepto de poder.

Como punto de partida puede tomarse el concepto de poder en un sentido muy amplio: como “la capacidad de…”. Hacemos notar simplemente que en principio hace referencia a la posibilidad, más que al ejercicio efectivo de dicha capacidad o posibilidad.En el campo de la política hablamos de poder político y, por lo tanto, estamos hablando de la “posibilidad” o capacidad de, en el campo de la política.Pero podemos preguntarnos: ¿Capacidad de qué?
Y aquí la respuesta seguirá siendo amplia, aunque vayamos avanzando con el intento de acercarnos a un concepto cada vez más restringido: capacidad de transformar, de cambiar…Esto se comprende sin mayor dificultad: tiene poder quien tiene capacidad de producir un cambio en algo o alguien que es de determinada manera.

Por lo tanto: el poder político consiste en la capacidad de transformar una realidad política ya determinada. Transformarla y mantener esa transformación o mantener determinada posición.
Es decir, que la transformación ( o mejor, la capacidad de transformación) no siempre se traduce efectivamente en cambios de hecho; es sabido que el poder político puede utilizarse para mantener una situación política tal como se da (poder conservador).
Con este provisorio acercamiento a un concepto, y descubriendo que para comprender mejor el concepto de poder,hace falta ver al mismo tiempo las relaciones que tiene éste con la política, que es su escenario, con las instituciones y con todo aquello que implica este concepto, avanzaremos haciendo algunas precisiones para que, al final, podamos hacer una apreciación ética del mismo.

2. Evolución del poder en las corrientes del pensamiento
a) Entre las formas históricas de concebir el poder, recordamos en primer lugar la posición de Platón que tendrá una fuerte influencia en occidente hasta nuestros días. El propone el gobierno de los sabios (una élite de filósofos ), suponiendo que éstos serían los más aptos para administrar y ejecutar actos de poder.
De algún modo la ilusión consistía en suponer que la comprensión teórica de algo, brindaba al mismo tiempo las mejores estrategias prácticas para avanzar en el mejoramiento de lo comprendido.Varias son las fallas de esta postura: sólo basta señalar la influencia posterior de “El Príncipe” de Maquiavelo (1469-1527), quien no sólo pone de manifiesto la distancia entre teoría y práctica, sino también la diferencia e independencia entre política y ética. Se puede saber mucho sobre política y ser al mismo tiempo un pésimo gobernante.

b) Por su parte, el racionalismo del siglo XVIII encuentra una nueva fundamentación del poder en la verdad racional que asumen los políticos, pero que dictaminan los filósofos; de modo tal que, tanto la organización política como el individuo deberán ir coincidiendo progresivamente en la misma.
En esta época, la política y la ética vuelven a unirse bajo el gobierno de la Razón. O sea, el poder está en los que tienen la razón, la ciencia, el saber teórico y práctico. Y con esa razón y con la ley que es emanada por la razón, se debe goberar.

c) Pero se fue produciendo una evolución, hasta que la filosofía renunció a ofrecer visiones globales del mundo, en el sentido filosófico tradicional.
El cambio obedeció a condiciones sociales modificadas: la industrialización generalizada en Europa y EEUU, y el desarrollo de las especializaciones técnicas, además del aumento considerable de la “complejidad” del sistema social.
Allí se ahogaba la eficacia de los discursos globalizantes y abstractos; a su vez, se producía el auge de las ciencias sociales y técnicas como insumos de los mecanismos necesarios en las nuevas formas de control social.Por lo tanto, el universo del saber es ahora una cuestión de especialistas (técnicos) y no de grandes pensadores.De este modo, el poder pasa hoy por los tecnócratas, quienes aspiran a fundamentar el sistema, no por la argumentación, sino por la operatividad y eficiencia.

d) Hoy el lenguaje es de eficacia y funcionamiento pragmático, y el ejercicio del poder está ligado a
·los Medios de Comunicación que, a su vez, están bajo el dominio de los
·grandes grupos económicos, y muy relacionados con
·la informática y nuevas tecnologías.

Por lo tanto: la verdad racional ( típica de la modernidad) ya no resplandece como gobierno, ni tampoco las grandes ideologías típicas de los movimientos revolucionarios.
Ahora (en el postmodernismo) ha sido desalojada a la periferia y susituída por otros importantes factores de poder:el dinero, los medios de comunicación ,la informática, el conocimiento técnico y también por el aparato burocrático.

Por lo tanto: es un poder más extendido, más anónimo, que no sólo está en ciertas personas del gobierno, sino en grupos e instituciones mundiales que “controlan” el poder, aún de los gobiernos, y que crean la opinión pública (incluso la pueden manipular) moviendo a la sociedad hacia el rumbo que a ellos les conviene. Inevitablemente este nuevo poder pasa por el control del poder económico, tanto nacional como internacional (multinacionales, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, etc.).


3. Estereotipos acerca de la Política y del Poder
Cuando hablamos de política, puede suceder que nos estemos refiriendo a ideas estereotipadas que, por ser de uso común, nos parecen evidentes, pero que no lo son.Seguiremos la caracterización de estos estereotipos o reduccionismos que hace Helio Gallardo en “Elementos de Política en América Latina” (Ed. DEI. Costa Rica, 1989)

.La Política se reduce:

1a la acción de individuos excepcionales.
2.a la “escena política” o a alguna institución privilegiada.
3.a la acción o presencia de las clases sociales en el espacio político.
4.al análisis y comprensión de lo nacional y local.
El primer modelo : individios excepcionales
Es claro y bastante frecuente, especialmente en nuestros países de L.A.; hasta el mismo lenguaje hace referencia por ejemplo, a “la Argentina de Menem”.
En este modelo se eliminan “las situaciones históricas básicas, económicas y sociales, que son la condición de toda política como también la compleja y articulada especificidad de esta última”
Queda claro que lo que aquí se afirma no significa que los personajes (a menudo líderes carismáticos) no sean importantes. Se sostiene que no puede reducirse la política a éstos.En una concepción de este tipo, el poder no sólo se concentra en la persona, sino que se desliga de la plataforma social que es el verdadero campo de la política.
Por lo tanto: autoritarismo, personalismo, caudillismo, mesianismo, etc.


El segundo modelo-
escenario político, los partidos
Se reduce a “hacer de la estructura y organización del poder y del complejo económico, social e ideológico… un mero juego de partidos”.
Lo absurdo de esta reducción se pone de manifiesto cuando se observa que, de ser así, la política llegaría a su fin cuando se proscriben los partidos políticos, como sucede en las dictaduras.Por tanto, lo político es mucho más amplio que la “escena política”; así como la democracia es mucho más que las elecciones.
En una concepción de este tipo (hoy en boga), el poder tiende a concentrarse en un partido o dos que, lentamente se van adueñando del aparato administrativo del Estado, o se van turnando, pero con tendencia a una total hegemonía política.

El tercer modelo: clases sociales
Es típico del socialismo histórico (marxismo, comunismo, hoy en franca derrota en el este europeo), donde “el espacio de la política se inicia y se agota en el enfrentamiento directo entre las clases antagónicas del proletariado y la burguesía”.
Esta postura presenta varias simplificaciones:
·la primera consiste en considerar a la política como un reflejo inmediato de la estructura económico-social;
·la segunda, en interpretar todo fenómeno sociopolítico bajo la categoría de lucha de dos fuerzas irreconciliables que representan el bien y el mal.Por su parte, el fenómeno cultural en su sentido amplio queda totalmente subestimado y sometido al ideologismo político.

El cuarto modelo :
lo nacional.
Aunque se puede tener en cuenta los distintos componentes del complejo político, todo se reduce al plano nacional o local. Se adopta este modelo (hoy en franco retroceso por la globalización)con la creencia de la posibilidad de una política sin tener en cuenta las redes internacionales y la real influencia de la política internacional en la nacional; o por considerarse que lo exterior o extranjero es un simple encuadre de algo que en realidad se juega realmente en lo local.
Por supuesto que no descuidamos el valor de la política local nacional, pero hoy debemos plantearla
·dentro del contexto de un mundo globalizado, por un lado, y
·estructurado en mercados regionales (Mercosur. CEE, etc) y en
·políticas continentales y mundiales, con la importante acción de los organismos políticos y económicos internacionales (ONU, BM, FMI, etc.).

4. Poder y Comunidad

Los conceptos de política y poder se asocian permanentemente, porque en el espacio de la política, las organizaciones y clases sociales se orientan hacia la conquista y mantenimiento del poder. Pero esto no finaliza allí, ya que el poder es un medio (debería serlo…) para reproducir un modelo de sociedad que se considera el mejor o para transformarla.Señalamos, pues, que la expresión “política” remite no sólo al poder sino también a la capacidad de crear una comunidad.

Con respecto al poder, la capacidad de nuclear distintos grupos sociales para la construcción de objetivos (generalmente propuesto por el grupo minoritario de las cúpulas o élites) se llama hegemonía.
Esta hegemonía se revela en la capacidad de movilización que tiene el poder sobre las fuerzas sociales.
Casualmente, esta capacidad movilizadora puede utilizarse para sostener un régimen económico, un concepto de propiedad, una concepción de justicia, etc. o para lograr ciertas transformaciones.
Aquí no reducimos el ámbito del poder sólo al gobierno, ya que también es posible movilizar fuerzas sociales para cambiar procesos concretos de economía, de organización social, de participación política y apertura ideológica.En otros casos, el uso del poder puede ser reaccionario, ultraconservador e integrista.

Por lo tanto, “cuando relacionamos la noción de la política con la del poder, encontramos que descansa en último término, en la capacidad de un grupo social para nuclear y activar fuerzas sociales”.
Estos grupos sociales de poder, además de las élites políticas, hoy se encarnan en los grupos económicos nacionales e internacionales y en los medios de comunicación social; pero también en organizaciones anti-sociales, como los “carteles” de droga y otros grupos delictivas.

Este nuclear y activar no es un proceo lineal,y sin obstáculos; todo lo contrario: allí se juegan permanentemente los enfrentamientos, la oposición, los conflictos y la competencia entre los grupos de poder, de modo que el campo político es un verdadero escenario de alianzas estratégicas o tácticas, tanto para reforzar el propio poder como para debilitar el poder de los adversarios.


Con respecto a la comunidad
, ya sabemos que la misma palabra “política” (del griego “polis”) hace referencia a la comunidad humana .
O sea: la política tiene que ver con la capacidad humana para estructurar, organizar y profundizar lo que es común a todos.
Por lo tanto, en este sentido, la política se refiere a “las acciones mediante las que concretamos efectivamente a la comunidad en un espacio histórico determinado”.

Recordemos que la comunidad no es algo exterior a sus integrantes; por ello, un proyecto político asume conceptos y valores que constituyen un compromiso de existencia para todos.
La relación de estos dos elementos (poder y comunidad) es, también, la clave para entender el sentido ético de la política. No puede ser ética una política de espaldas a la comunidad. Esto es la corrupción.

5. Poder político, poder económico y poder ideológico
De cuanto llevamos dicho, resulta evidente que el poder político no es el único poder que existe en la vida y configuración de la sociedad. Trataremos de distinguir y relacionar el poder político con el económico y el ideológico para tener una visión global del problema.Estas tres variables: política, economía e ideología,constituyen el poder social.
La primera afirmación es que las formas de poder social determinan en la sociedad asimetrías (desigualdades) estructurales, ya que las relaciones de poder son desiguales y, por lo tanto, conflictivas.

El poder económico

La asimetría y la desigualdad social proviene de la posesión de medios de producción, ya que se descubre que por el satus, por las formas de consumo y otras formas de poder y prestigio, la asimetría puede considerarse como “dominación” (del latín “dominus”, señor, señorío sobre otros). Quien más tiene, más poder tiene.Esto no sucede solamente a nivel local, sino también internacional. De hecho, el carácter dependiente de las economías de la sociedades latinoamericanas es uno de los elementos a tener en cuenta respecto a nuestra realidad política (dependencia económica que genera dependencia política y cultural).

El poder ideológico.
Es la capacidad para producir valores y conceptos que la sociedad asume como propias. Su característica es la universalidad que adquieren las concepciones ideativas, los pensamientos y valores que son propios de un grupo social, país-institución (como la iglesia, un partido, los medios de comunicación…). A este conjunto de valores, ideas y conceptos lo llamamos “ideología”, tema sobre el cual volveremos a menudo.Esta tendencia a la universalidad hace que ideas y valoraciones históricas sean vividas y transmitidas como beneficiosas para los hombres de determinada cultura y aún de todos los tiempos y culturas.

Una sociedad puede convencerse así, por ejemplo, que siempre debe haber ricos y pobres (neoliberalismo), que la familia es la base de la sociedad, que los sabios merecen tener el poder (teoría clásica) , que el progreso y las ciencias son la base de la felicidad (iluminismo), etc. etc.
Se trata de las ideologías o presupuestos ideológicos que, a su vez, promueven ciertas utopías sociales (hoy en decadencia pero de gran importancia en los siglos pasados: progreso universal, autonomía de los pueblos, marxismo, liberación nacional, etc.)

Por tanto,el orden social es el resultado de este conjunto ideológico, económico y político que resulta hegemónico (o sea, dominante) en un determinado tiempo histórico (hoy lo es el neoliberalismo y la cultura postmoderna, como antes pudo ser la revolución social).
De este modo, para ese orden social concreto, será desentabilizante cualquier factor que amenace su hegemonía o estabilidad.Por lo tanto, se verá como demoníaco y caótico todo lo que se le oponga, y como enemigos o adversarios a quienes lo cuestionen.
Y como “anticuadas o reaccionarias”las ideas que no correspondan al modelo imperante. En consecuencia, para que el poder político sea movilizado en beneficio de la comunidad y del pueblo, debe ejercerse con el objetivo estratégico de eliminar las asimetrías de dominación, y entonces, se podrá hablar de bien común.

Esta es la base de una ética política: la búsqueda práctica de los intereses generales de la sociedad; no bastando las declamaciones teóricas.
Siendo la corrupción la búsqueda de,particulares intereses de los grupos de poder que se “apropian” de la voluntad popular en beneficio propio.

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