Clase política y sus factores de poder. Mosca

LA CLASE POLÍTICA Y SUS DIVERSOS FACTORES DE PODER

Presentamos en forma abreviada este capítulo de Gaetano Mosca, “La clase política”, extractado de “Diez textos básicos de Ciencia Política”,de Almond y otros, Edit.. Ariel, Barcelona.

1. “Entre las tendencias y los hechos constantes que se encuentran en todos los organismos políticos, aparece uno cuya evidencia se impone fácilmente a cualquier observador: en todas las sociedades, desde las medianamente desarrolladas hata las más cultas y fuertes, existen dos clases de personas: la de los gobernantes y la de los gobernados.
La primera, que siempre es la menos numerosa, desempeña todas las funciones políticas, monopoliza el poder y disfruta de las ventajas que van unidas a él.
La segunda, más numerosa, es dirigida y regulada por la primera de una manera más o menos legal, o bien de un modo más o menos arbitrario y violento, y recibe de ella, al menos aparentemente, los medios materiales de subsistencia y los indispensables para la vitalidad del organismo político”.
En la práctica todos reconocemos la existencia de la clase política o dirigente consistente en una minoría de personas influyentes que dirigen la cosa pública. Y de buen o mal grado, la mayoría le entrega la dirección, No podemos imaginarnos una sociedad dirigida sólo por una sola persona o donde todos tengan la misma jerarquía y todos dirijan los asuntos públicos por igual.

Hay hechos políticos que así lo demuestran.

El primero es la comprobación que en todo organismo político hay siempre alguien que está en la cumbre de la jerarquía de la clase política y dirige el llamado “timón del Estado” (rey, primer ministro, presidente, incluso dos o tres personas en forma simultanea).
El segundo hecho comprobable es que la presión proveniente del descontento de la masa de los gobernados y las pasiones que la agitan, pueden ejercer cierta influencia sobre la dirección ejercida por la clase política.
Pero el hombre que es jefe de Estado no podría gobernar sin el apoyo de una clase dirigente que hiciera cumplir y respetar sus órdenes, de tal modo que no puede prescindir de ella ni destruirla en su totalidad. Si así sucediera, surgiría inmediatamente otra en su reemplazo.Por otra parte, aun admitiendo que el descontento de las masas llegara a derrocar a la clase dirigente, en el seno de la misma masa surgiría otra clase minoría organizada que la sustituiría.

2. “Lo que constituye la verdadera superioridad de la clase política (Como base para la investigación científica) es la preponderancia que tiene su diversa constitución en la determinación del tipo político, y también del grado de civilización de los diferentes pueblos”.
Así la jefatura puede ser hereditaria y casi omnipotente, o hereditaria con limitaciones, o electiva (monarquía absoluta, monarquía constitucional, república), aunque en la práctica siempre encontramos sistemas “mixtos” (ahora tenemos conducción electiva pero con una dirigencia oligárquica).

3. Se puede objetar que así como uno solo no puede gobernar sin apoyo de la minoría dominante, tampoco puede esa minoría mandar a las mayorías.
Pero la realidad muestra “el predominio de una minoría organizada, que obedece a un único impulso, sobre la mayoría desorganizada. La fuerza de cualquier minoría es irresistible frente a cada individuo de la mayoría, que se encuentra solo ante la totalidad de la minoría organizada.
Al mismo tiempo se puede decir que ésta es minoría precisamente porque es organizada.
Cien que actúen siempre concertadamente y con inteligencia, triunfarán sobre mil tomados uno a uno y que no estén de acuerdo; y al mismo tiempo, si son cien y no mil, les será mucho más fácil a los primeros entenderse y actuar concertadamente”.
Por tanto, cuanto más grande sea una comunidad política, más difícil es que las masas se organicen, y menor proporción necesita la minoría organizada para imponerse.Además de la enorme ventaja que da la organización, los individuos de la clase política suelen tener algunas cualidades que les otorgan cierta superioridad material e intelectual, y hasta moral; o bien son los herederos de quienes tenían esas cualidades.
O sea, tienen algunos requisitos, verdaderos o aparentes, que son muy apreciados por la sociedad y que les permiten imponerse como dirigentes.

4. En las sociedades primitivas y en las premodernas, (donde la guerra de conquista y la cacería son hechos constantes) el valor militar, la valentía,es esa cualidad dominante que permite el acceso a la clase dirigente.
Generalmente pronto aparece una clase guerrera dominante que mantiene su dominio aún fuera de los períodos de guerra, con derecho a llevar armas y otros privilegios (sólo ocasionalmente se reclutaban guerreros de las clases populares).
En general, en todos los pueblos que van entrando al estadio agrícola y sedentario, relativamente más civilizado, encontramos el hecho constante de que la clase militar es también la clase política y dominante.

5. Así, poco a poco, las clases guerreras y dominantes fueron acaparando la propiedad casi exclusiva de las tierras, principal fuente de riqueza. “Pero a medida que la civilización progresa, el rendimiento de estas tierras aumenta, y entonces, si otras circunstancias concuerdan, puede producirse una transformación social muy importante: la cualidad más característica de la clase dominante pasa a ser la riqueza antes que el valor militar; los gobernantes son los ricos, más que los fuertes”.
Este cambio implicó un cambio social importante: el respaldo de la fuerza pública a la propiedad privada que ahora es tutelada suficientemente por la fuerza práctica y real de las leyes para que no sea necesaria la tutela del propietario.
Así se va pasando de una sociedad de tipo feudal a otra de tipo burgués-burocrático, todo esto facilitado por el progreso de las costumbres pacíficas y de ciertas práticas morales que la sociedad va adquiriendo a medida que progresa la civilización.
Por tanto, así como el poder político produjo riqueza (conquistas, tierras), ahora es la riqueza la que produce el poder.
Prohibida o reducida la lucha armada, ahora la competencia se ejerce por el dinero y el comercio. Quien tiene el dinero puede tener el poder.
Aún en los estados democráticos que gozan de gran igualdad política, también es cierto que un rico es mucho más influyente que un pobre, y hasta puede “comprar” a los políticos, jueces y burócratas, manipular las elecciones e imponer su influencia en el parlamento, etc., como también comprar un título universitario o un puesto para sus hijos o amigos.

Es decir, “en todos los países del mundo, los ricos siempre adquirirán más fácilmente que los pobres otros medios de influencia social, como serían la notoriedad, la gran cultura, los conocimientos especializados, los grados elevados de la jerarquía eclesiástica, administrativa y militar”.


6. En las sociedades en las que las creencias religiosas tienen gran importancia y los ministros de culto forman una clase especial, se constituye siempre una aristocracia sacerdotal que obtiene una parte más o menos grande de la riqueza y del poder político.
Esta clase sacerdotal acentúa su poder por ser poseedora de los conocimientos científicos y jurídicos (además de los religiosos), con tendencia a monopolizarlos y a prohibir que el resto de la población tenga acceso a ellos, o bien obstaculizando su acceso mediante las lenguas muertas y otros procedimientos, fenómeno muy extendido tanto el oriente como en occidente.

Sólo en una fase muy avanzada de la cultura
(en occidente a partir del Renacimiento y de la Ilustración) la ciencia se independiza de la religión y se va convirtiendo en una fuerza política importante y en otro instrumento para el acceso al poder político, especialmente para quienes manejaban las aplicaciones prácticas de las ciencias a los diferentes campos del quehacer social (guerra, administración, comercio, industria, etc.).

Los juristas y abogados van ocupando un lugar cada vez más destacado.Simultaneamente tomar vigor “la aristocracia de los funcionarios”del aparato burocrático, imbuidos de los conocimientos pertinentes aún con carreras especializadas.

7. “En ciertos países encontramos castas dirigentes: la clase gobernantes se halla absolutamente restringida a un número determinado de familias, y el nacimiento es el único criterio que decide el ingreso a dicha clase o la exclusión de la misma”.
Prácticamente no hubo civilización antigua que al menos no haya pasado por algún período de dirigencia hereditaria.
Hagamos dos observaciones importantes:
Primera: que en la práctica todas las clases políticas tienden a volverse hereditarias, si no de derecho, al menos de hecho (la llamada ley de hierro de la oligarquía). Las fuerzas políticas tienden a la inercia, o sea, a mantenerse en el poder una vez que accedieron a él, aún por elección popular.
Una vez que se llega a él (se llega arriba) es más fácil acceder a otros cargos y privilegios. Gobernantes y funcionarios tienen las “ventajas de las posiciones adquiridas”, entre ellas una gran variedad de relaciones que les permiten sortear exámenes y concursos para ser designados por via de parentesco o amistad.
Segunda: “cuando vemos una casta hereditaria que monopoliza el poder político en un país, se puede estar seguro de que tal estado de derecho ha sido precedido por un estado de hecho”.
El derecho y la costumbre rubrican un monopolio ejercido de hecho anteriormente hasta acallar toda resistencia.

El privilegio de las clases dirigentes es reforzado a menudo con su supuesto origen sobrenatural o, al menos, diferente y superior. Se trata de justificar el propio poder y los privilegios con algún principio religioso o moral, sin excluirse el mito de la superioridad étnica (de los blancos, arios, etc.).

El argumento de la superioridad cultural y de mejor capacitación es muy esgrimido, olvidándose obviamente que dicha superioridad viene por la educación, la que en general está supeditada a los ingresos económicos. La esmerada educación de la clase dirigente es un punto de partida importante para su superioridad cultural y política.
Por supuesto que en la medida en que la educación y capacitación se democratiza, se advierte que cualquiera puede tener esa superioridad, si tiene las aptitudes naturales correspondientes.(También en la antigüedad se suponía que las clases populares eran inaptas para la guerra o la caballería, pero bastó adiestrarlas para demostrarse lo contrario).

8. Otro hecho universal y constante es que determinados cambios históricos y culturales hacen que una clase dirigente pueda perder su rol y ascienda otra más adecuada a los tiempos. Si en una sociedad aparece una nueva estrategia de guerra (la caballería o la pólvora, por ejemplo), o una nueva fuente de riqueza o de saber práctico, o nuevas ideas o religiones, etc., entonces van surgiendo cambios y modificaciones en la clase dirigente (baste pensar en el cambio de la sociedad feudal y sacerdotal de la E. Media a la burguesa e ilustrada).


Las clases dirigentes declinan
inexorablemente cuando ya no tienen las cualidades que ahora llevan al poder, o cuando decae su servicio a la sociedad.
También las clases dirigentes tienden al encierro y a la inmovilidad, lo que produce una inevitable renovación de la sociedad desde otros elementos reformadores y revolucionarios. Entonces individuos más apasionados, activos, audaces y lúcidos, pueden abrirse paso desde los grados inferiores de la escala social hasta los màs elevados.
Este movimiento, una vez iniciado, no puede ser interrumpido de golpe y se origina una nueva clase dirigente que volverá a repetir el ciclo, pasando del momento revolucionario al de calma y conservadurismo, monopolizando nuevamente el poder en beneficio de unos pocos.

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