Movimientos sociales y populares en A. Latina. Ezcurra y otros

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y POPULARES EN A. LATINA

Resumen y adaptación de un trabajo de Ana María Ezcurra, con ideas de Alain Toraine y Helio Gallardo. Síntesis de Santos Benetti

 1. Desde mediados de los 70, en A.L. tuvo lugar una progresiva expansión de movimientos sociales populares, así como de organismos locales e intermedios (ONG), abocados a tareas específicas muy diversificadas (derechos humanos, eclesiales, sindicales, étnicas, ecológicas, vecinales, de género, educación popular, salud, comunicación alternativa, etc.).

En algunos países incluso se acentuó durante la dictadura militar. Y en la mayoría cobró impulso con la posterior apertura democrática.Se trató de un proceso notable por su persistencia, intensidad y alcance regional, aunque también hubo variaciones considerables derivadas de las particularidades coyunturales, nacionales y regionales.

2. El aporte de esa corriente organizativa ha sido invalorable en materia de reconstrucción del tejido social. En efecto, en A.L. el programa neoliberal provocó la fragmentación de la sociedad.Así, fenómenos como el desempleo y la subocupación, la proliferación del trabajo informal y el empobrecimiento masivo, han dificultado la conformación de actores colectivos.

Más aún, condicionaron en vastos contingentes de la población un retiro de lo público; o sea, la generalización de comportamientos centrados en la sobrevivencia privada y familiar, patrón de conducta que en algunos países fue reforzado por los procesos inflacionarios.

Por eso, la restauración de lo colectivo tiene lugar, en buena medida, en torno a solidaridades particulares. Es decir, alrededor de demandas o tareas sociales y, a la vez, específicas. Tareas que, como sabemos, fueron dejadas de lado por los partidos políticos.

Entonces, la diversificación, pluralidad y raíz social de aquellas organizaciones responden y se adaptan a condicionamientos históricos precisos, lo que puede explicar, al menos parcialmente, su vitalidad y expansión.

3. Por otro lado, un sector de esas organizaciones y movimientos fue configurando un pensamiento social renovado y original, aunque todavía posee rasgos algo difusos, de escasa organización, así como débiles en materia de sistematización ideológica y teoría.

En otros términos, se trata de un pensamiento identificable, sobre todo, en las prácticas sociales y que aún se encuentra en proceso de formación.

Al respecto, por lo regular, estos grupos y organizaciones sostienen una visión crítica hacia la injusticia y la opresión en una perspectiva macrosocial.

Es decir, frente a los sistemas y modelos sociales dominantes que, además, son interpretados como causa central de la creciente desigualdad y empobrecimiento.Por ende, procuran una mirada estructural y una visión anti-sistémica, como alternativa ante la hegemonía neoliberal y ante la crisis de los partidos.

4. De ahí que ese sector usualmente siga planteando la cuestión del poder con una impronta fuertemente política, habitualmente no partidaria.

Por lo general, no se trata de una orientación hacia la toma del poder (de la dirección del Estado), sino de un anhelo por revertir las asimetrías en el conjunto de la estructura social; postura que conlleva una diferencia substancial con la clásica izquierda y con los movimientos revolucionarios armados de las décadas previas.

Por ello, diversos analistas apuntan que esos sectores se distinguen por “una nueva manera de hacer política” . Entonces, el problema de las asimetrías también se plantea en los ámbitos medio ymicrosocial ( en la educación, comunidades locales, familiares, etc.)

Así, pues, se ha configurado una visión anti-autoritaria que busca coartar la reproducción de las relaciones de poder dominantes y que, además, intenta transformarlas.Por eso, apunta al ideal de una sociedad civil robustecida y autónoma del Estado y de los partidos políticos.

De ahí también el hincapié en modelos participativos de corte autogestivo, con amplia base popular, valoración y estima del “pueblo”. O sea, “contruir un poder” desde el diálogo directo y desde una participación sin representación delegativa.

Todo lo cual conlleva un rechazo, práctico o expreso, de la idea de “vanguardia” y, por eso, una distinción adicional e importante con aquellas tradiciones revolucionarias precedentes.El problema central es, por tanto, de tipo estratégico y táctico, o sea, como estructurar un nuevo poder político-social, que tenga real fuerza en la sociedad, sin caer en la forma tradicional partidaria.

5. También se advierten en estos movimientos algunas debilidades y contradicciones, especialmente la presencia de un modelo de acción autorestringida, pensándose más en lo micro y local que en lo macro y regional o nacional.

Por un lado, ello implica que el grueso de las actividades tiene un impacto muy restringido, lo cual es típico de la mayoría de las ONG de L.A., y desde ya, de la mayoría de las muchas organizaciones sociales de nuestras provincias. En otros términos, su alcance es muy limitado.

No obstante, la “autorrestricción” alude a otro proceso. En efecto, a pesar de aquella preocupación macrosocial, el desarrollo de “micro-alternativas” usualmente no se inscribió en una búsqueda más amplia, orientada a la generación de una nueva sociedad. No hay “grandes utopías”.

O sea, en los hechos hubo y se da un debilitamiento de horizontes de totalidad. Es decir, no se plantean metas y actividades “totalizantes” , lo cual instala una tensión objetiva entre los roles efectivamente desempeñados y aquel pensamiento social o identidad ideológica.

En definitiva, se desdibuja lo macro-político.

Y esto, en la práctica, más en un mundo globalizado, es una gran debilidad

6. Así, pues, tiende a producirse una escisión entre lo local y lo global, entre lo social y lo político, precisamente en un período histórico cuya característica distintiva es que el capitalismo central despliega un “macro-relato” , un proyecto totalizador y político inédito en su alcance.

Por eso Fernando Calederón sostiene que, en rigor, no se habría llegado a configurar auténticos movimientos sociales, sino sólo “expresiones embrionarias de los mismos”.

Más que Movimientos, lo que tenemos son grupos y pequeñas organizaciones. Gerardo Munk agrega que incluso esos movimientos, organizados en torno a experiencias-sociales de pequeña escala, en ocasiones llegan a desarrollar una tendencia “anti-política” que contrapone su propio acento en acciones de base a proyectos de corte global.

Ello demanda una transición desde una estrategia defensiva hacia una ofensiva. Una transición que transforme al movimiento social auto-restringido en un movimiento social políticamente orientado.

Se trata de una transición que convierta a la movilización social en poder político, en fuerza de contrapeso, con voluntad de influir en las estructuras de poder.

En este sentido, la sociedad civil es también sociedad política, autónoma del Estado y de los partidos políticos.

El propio PNUD (Programa de las N.U. para el Desarrollo) apunta la necesidad de que las ONGs amplíen su alcance por medio de una reconversión hacia actividades políticamente orientadas. Constata que buena parte de las ONG se ha concentrado en prácticas locales tendientes defender y conferir poder a los más desfavorecidos. Empero, advierte que en materia de pobreza y desigualdad, su alcance directo es ineludiblemente limitado.

En esta linea constata que a principios de los 80, las ONG del Sur influían en unos 100 millones de personas (60 en Asia, 25 en A.L. y 12 en Africa). Aunque a principios del 90 la cifra subió a 250 millones, la población alcanzada sólo representa una quinta parte de los 1.300 millones de habitantes que se encuentran en situación de pobreza absoluta.

7. Por eso, el PNUD concluye que se requiere un cambio de rol.

Al respecto, apunta que hasta el momento casi todas las ONG se han concentrado en actividades de base, por lo que generalmente han tenido “una mínima influencia” en los debates y políticas nacionales.

Un claro ejemplo es lo que sucede en Argentina en donde hay infinidad de organizaciones sociales y populares, pero atomizadas y sin peso en la sociedad y en las grandes decisiones políticas. Son una excepción las nuevas agrupaciones sindicales, pero que no tienen demasiado sustrato popular fuera de sus ámbitos respectivos.

El cambio consistiría en ampliar esa incidencia, a nivel nacional e internacional, al punto de que la contribución de las ONG en la base “podría muy bien entenderse sólo como una parte relativamente pequeña de su lucha más general por ampliar las oportunidades de desarrollo…”Por lo tanto, el efecto indirecto podría ser mucho más amplio que el aporte directo (local, de base).

8.Por otra parte, este paso desde la autorestricción (auto-limitación de horizonte y actividades) hacia movimientos sociales orientados políticamente, requiere afrontar otra debilidad:la intensa atomización y el agudo fraccionamiento de la acción colectiva.

Existe un proceso paradojal: mientras se combate y supera la fragmentación social (a nivel local o sectorial), también se la reproduce y consolida con infinidad de grupos que o se desconocen mutuamente o que tienen serias dificultades para una acción de conjunto.

Estos movimientos “se asemejan a una galaxia en formación, incandescente y embrionaria, cuyas partículas en agitación aún permanecen distantes entre sí, incapaces de fusionarse y tomar una órbita común” (Fernando Calderón).

Entonces, mientras el capitalismo neoliberal conlleva una lógica de concentración de poder, buena parte de los movimientos sociales populares se encuentran entrampados en una lógica contraria, signada por la segmentación y la consiguiente difusión de poder.

9.En consecuencia, desafío prioritario es el impulso de articulaciones organizativas, de alcance regional y nacional en primer lugar, y de alcance latinoamericano después.

Se trata de promover y favorecer la conformación de movimientos sociales políticamente orientados. Por ende, es importante el tipo de articulación, su calidad organizativa.

Precisamente, la organización es uno de los puntos más débiles de estos grupos y movimientos, embarcados en una constante improvisación y aún reticentes a un modelo organizativo que les dé eficacia y eficiencia.

Por ello, el formato de red puede ser necesario, pero también insuficiente si se limita al intercambio de información, a la realización de acciones conjuntas esporádicas y/o a servicios recíprocos puntuales.Para muchos de estos grupos la “red” no es un sistema fuerte de organización, sino un simple espacio de intercambios y convivencia.

El desafío, entonces, es:construir sujetos-colectivos de mayor alcance, envergadura y poder, que, progresivamente aumenten su capacidad de formular e incidir en las políticas y debates públicos, de favorecer la agregación y ampliación de demandas en los sectores populares y, en definitiva, de disputar hegemonía y participar en la edificación de una “fuerza de contrapeso” , un poder de las mayorías.

Sin duda, se trata de retos políticos y organizativos notablemente difíciles.

Sobre todo, si se considera que A.L. es escenario de una crisis particularmente aguda de la solidaridad externa tradicional.En efecto, desde hace unos años se constata una merma notable del financiamiento exterior provisto por agencias de cooperación comprometidas con la justicia social y la búsqueda de paradigmas de desarrollo alternativos.Muchos de nuestros grupos sociales pudieron desplegar su actividad exclusivamente desde la ayuda externa (de Alemania, por ejemplo), pero no supieron generar otros recursos genuinos para sus actividades.

10.Pero también es cierto que A. L. ha sido y es escenario del surgimiento de movimientos sociales políticamente orientados, sujetos colectivos con mayor poder, estructurados en torno a reivindicaciones sociales y que, a su vez, disputan hegemonía al programa neoliberal.

Hay, pues, experiencias acumuladas y caminos recorridos.

– Puede mencionarse el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) de Brasil. Es un movimiento de masas de alcance nacional y constituye una verdadera organización social. Posee una singular flexibilidad política y una combinatoria amplia de instrumentos de lucha, presión y concertación; con articulaciones y apoyos de otros sectores del país y organismos de L.A.

– Otro caso de notable flexibilidad política es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de Méjico. El EZLN descarta la idea de vanguardia revolucionaria, no se propone la toma del poder sono la concurrencia en un movmiento nacional revolucionario diversificado, pluralista y democrático.

12.A, Latina es hoy, en definitiva, un vasto laboratorio de luchas que parecen expresar una conflictividad en aumento. Luchas protagonizadas, en buena medida, por movimientos y actores sociales. Luchas que en diversos casos sugieren el desarrollo de procesos de participación ampliada, con base de masas, objetivos políticos y alcance creciente.

El PNUD ha dicho en 1993 que:la participación popular se está transformando en “la cuestión central de nuestro tiempo”. Efectivamente, es crucial. Sólo ella puede construir un “poder de contrapeso” y, por ende, una alternativa que, como se apuntó, hoy es ineludible.

Por eso, la participación popular es una cuestión de sobrevivencia: ”Una mayor participación del pueblo ya no es una vaga ideología basada en teorías de unos cuantos idealistas que toman sus deseos por realidades. Se ha convertido en un imperativo y en una condición para la supervivencia”

En síntesis:

La representatividad supone que las demandas sociales se presentan representables, es decir, que se acepten las reglas del juego político y la decisión de la mayoría.

Pero hay muchas demandas que no encuentran respuesta en el sistema político,

§sea porque éste está limitado, paralizado o incluso aplastado por un Estado autoritario,

§sea porque las reivindicaciones mismas no pueden entran en una negociación porque son consideradas de tipo subversivo.La distancia entre estas dos situaciones y las ideologías que las representan es grande.

Por un lado, las movilizaciones colectivas aparecen como un residuo, que no puede ser tratado por las instituciones políticas; por el otro, se corre el riesgo de enfrentar la lucha por los derechos sociales desde la violencia.

No obstante, ninguno de estos dos sistemas de acción colectiva es de inspiración democrática.

Esta conclusión negativa nos ayuda a considerar la acción colectiva de los movimientos sociales, como acciones colectivas que apuntan a modificar el modo de utilización social de los recursos en nombre de ciertos valores de la sociedad, como fue el caso del movimiento obrero que combatió al capitalismo en nombre del progreso y de la producción.

Según esto, un movimiento social debe tener un programa político, porque apela a principios generales al mismo tiempo que a intereses particulares. (Algo similar sucedió con los movimientos de liberación, los de la mujer, los ecológicos y otros sociales de inspiración religiosa).

Movimiento social y democracia, lejos de oponerse, son indisociables.

Pero si un sistema político considera a los movimientos sociales como la expresión de demandas imposibles de satisfacer, pierde su representatividad y la confianza de los electores, aunque se esgriman excusas de tipo internacional, de ajustes o de austeridad.

Por otra parte, sólo hay movimientos sociales si se tienen objetivos sociales; es decir, si se reconocen valores e intereses generales de la sociedad, y por consiguiente, no se reduce toda la política al simple enfrentamiento de sectores, grupos o clases.

Los movimientos sociales son actores que buscan el bien común al mismo tiempo que la defensa de sus intereses particulares (regionales, locales, de etnia, etc.)

De allí que los grandes movimientos apelan a temas universalistas, como la libertad, la justicia, la igualdad, los derechos humanos, la solidaridad, con lo que establecen de entrada un vínculo entre ese actor social y un programa político.

No hay que confundir movimientos sociales con luchas de clases de tipo revolucionario, necesarias en un determinado momento histórico contra una dominación irracional e injusta.

Lo fundamental en el concepto de movimiento social es la categoría de actor social y de sujeto histórico, sin pretensión de crear una sociedad ideal o de entrar en el fin de la historia.

El movimiento social

§no busca anular o aniquilar al sector con el que está en conflicto ni establecer un vínculo de violencia;

§busca, en cambio, desde una actitud crítica, construir una sociedad fundada en la justicia, libertad y respeto al ser humano, los mismos valores sobre los que descansa la democracia.

Las sociedades desarrolladas de tipo neoliberal se han vuelto incapaces de analizar y tratar sus problemas sociales más visibles, pues no quieren hablar de conflictos estructurales entre intereses e ideas contrapuestos.

Quieren dar la imagen de una inmensa clase media mayoritaria, de la que se apartan los marginales que, a su vez, aparecen como víctimas del desempleo o de su propia falta de calificación, o de crisis personales.

La sociedad es vista como una maratón: delante van las estrellas ultrarápidas, aplaudidas por el público; en el medio, un pelotón que corre cada vez más rápido; y atrás, los mal alimentados, mal equipados y víctimas de sus enfermedades… son los excluidos.

El modelo hoy dominante en A. Latina, en los países neoliberales del Este (ayer comunistas) y en otros países, “exterioriza” la violencia y el conflicto y lo desocializa, transformando a esos conflictos en lo peligroso, lo opuesto a la gente decente y trabajadora… lo “subversivo” y desestabilizador.

Esto es aislarse y no querer ver.“Exterioriza el conflicto”: lo pone afuera, al exterior, como algo ajeno y extraño.

El Estado no asume el conflicto como propio y de su responsabilidad.Entonces, nuestras libertades democráticas se degradan porque ya no sirven para tratar unos problemas sociales agudos.

Esta visión crítica debería llevar agua al molino de la democracia para que aprenda a descubrir sus conflictos sociales y entienda la naturaleza de los movimientos sociales.

No se puede estar satisfecho con una democracia para los ricos o para la “clase política”, que deja al margen el espacio público de importantes reivindicaciones.Todavía hay políticos e intelectuales que no han captado la importancia de los movimientos sociales, considerados como instituciones de segunda.

Lo urgente es dirigir esas reivindicaciones hacia el campo político para que la sociedad se vuelva más consciente de sus orientaciones y de sus conflictos.

La negación de los mismos crea un cinturón de violencia en torno a un sistema que se cree pacificado y más preocupado por la seguridad que por la justicia, por la adaptación que por la igualdad.

Pero la democracia sólo es capaz de defenderse a sí misma, si incrementa sus capacidades de reducir la injusticia y la violencia.

Bueno es recordar que todos los sistemas dictatoriales, en todo el mundo, siempre invocaron la ausencia de madurez de sus sociedades o las amenazas externas o internas para instalar sus regímenes.

Todos afirmaban que fuera de ellos estaba el caos, la desorganización y la corrupción.

Y ya sabemos en qué terminaron.Si ayer la democracia debía luchar por elecciones libres y por el pluralismo político, hoy debe hacerlo por el establecimiento de vínculos entre los actores sociales y los agentes de la política.

La democracia solo puede desarrollarse por la relación entre actores políticos y actores sociales, con lo que consigue una total representatividad que limita al poder y que acrecienta la conciencia ciudadana. Jamás la democracia puede reducirse al triunfo de un campo, sector o clase sobre otro, excluyendo al sector vencido.

 

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