Libertad y lo político. Benetti

LA LIBERTAD Y LO POLÍTICO

Lic. Santos Benetti

1.La actividad política: actividad de hombres libres

Bien decía Aristóteles que,la actividad política es una actividad propia de hombres libres. Pero no siempre fue idéntico el concepto que se le dio a la libertad política, y por lo tanto, no fue idéntico el concepto que surge de qué es lo político.

Así podemos ver que para los antiguos (griegos y romanos) y para quienes sustentan la teoría democrática, la libertad es entendida como participación en el poder, o como distribución del poder político entre todos los ciudadanos.

En cambio, entre los liberales y neoliberales, se subraya la libertad individual y los derechos individuales: o sea, el goce de la seguridad en la esfera privada.

2. Dos conceptos de libertad: la negativa y la positiva.

a) La libertad negativa significa la facultad de hacer lo que se quiere sin limitaciones ni restricciones de la sociedad o del Estado. Es estar “libre de” impedimentos o restricciones a la hora de elegir y hacer. Es no ser obstaculizados por nadie.

La paradoja de este concepto es que si fuera total, llevaría a la inseguridad general de todos y a una anarquía generalizada, por lo que hay que renunciar a una parte de ella para tener seguridad desde los roles del Estado o gobierno de la sociedad.

b) La libertad positiva es la libertad “para”: para darse los propias normas y el propio gobierno, siendo cada uno su amo y logrando la autonomía.Es libertad para crecer, para desarrollarse, para pensar y realizarse como individuo y como comunidad.

O sea, es un poder activo y creativo.Esta libertad no se pregunta por las interferencias del gobierno sino por su propia capacidad de autogobernarse.

Por tanto, es una libertad que crea el orden social y crea sus normas y leyes, a las cuales después se somete.Como dice el gran politólogo italiano Norberto Bobbio (nac. en 1909):

“El primer sentido, la libertad negativa, es constante de la teoría liberal clásica, según la cual ser libre es gozar de una esfera de acción, no controlada por los órganos de poder estatal. El segundo sentido, la libertad positiva, es el que emplea la teoría democrática… Estado liberal es aquel en que la ingerencia del poder público está restringido al mínimo posible. Estado democrático es aquel en que más numerosos son los órganos de autogobierno” (en “Kant y las dos libertades”)

El liberalismo identifica sin más la libertad negativa con el concepto mismo de la libertad política y de lo político: que el gobierno “deje hacer” (laissez faire) y que cada uno se las arregle.

Fácil es descubrir que la libertad negativa favorece a los sectores sociales que tienen seguridad y poder por sí mismos; mientras que los sectores populares, con menor seguridad por su propia situación, no pueden ejercerla, de modo que su preocupación es la seguridad desde los órganos del gobierno y la protección del Estado (Estado Benefactor).

A los débiles, pobres y excluidos: de poco les sirve la libertad negativa y que el gobierno no le imponga leyes injustas, si no tienen los medios ni la posibilidad de crecer, de vivir dignamente y de responder a sus necesidades mínimas. Lo que necesitan, antes que nada, es:seguridad, protección y que se les faciliten los medios para salir de su situación.

3. Dos conceptos correlativos de lo político:

a) Para los que propician ante todo la libertad negativa, es evidente que entienden que todo orden jurídico o estatal supone un límite a la libertad negativa total, pues “la ley es siempre un grillete, aún si nos protege de cadenas más pesadas que la ley misma: por ejemplo, del caos o del despotismo arbitrario” (Berlin).

Lo político y el derecho aparecen como un “mal necesario”, un mal menor frente al mal mayor de la anarquía o del absolutismo. Por tanto, entienden que la ley limita los excesos del poder político, pero también limita la libertad individual.También suponen que siempre el individualismo de la vida privada y la sociedad civil están por encima del Estado y de los intereses comunes de toda la sociedad.

En este sistema hay libertad y hay intereses particulares, pero no hay igualdad social ni solidaridad.Se propicia, en consecuencia, un Estado mínimo, típica expresión del pensamiento político liberal. Un Estado que está para “frenar los vicios”, órgano de coacción que restringe la libertad individual de los ciudadanos solamente para que no haya excesos.

b) Desde la libertad positiva, en cambio, la ley más que limitación de la libertad es su expresión o realización (siempre que sea una ley autónoma, o sea, surgida desde la misma sociedad…).

Por tanto, el Estado o el poder político, ya no son concebidos como un poder esencialmente represivo que se ejerce sobre otros o contra otros y contra la voluntad libre, sino como el poder fruto de la coincidencia de las libertades, y cuya unión es su fuerza.

Y esto es el poder. Es la unión solidaria con los otros lo que da poder real a la libertad positiva. Todo lo cual supone la participación y el consentimiento de todos los afectados.

La democracia es, entonces, el régimen de la libertad positiva.

Como dice Rousseau: “libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha impuesto”.

Por eso: la preocupación de la democracia no es tanto restringir al Estado o a la ley, sino

-formar una voluntad general para que haya un consenso verdadero y no solo aparente, no forzado ni manipulado, y

-multiplicar los órganos de autogestión que garanticen el protagonismo de todos los ciudadanos en las decisiones colectivas y en la efectiva realización de las libertades públicas.

Por cierto que este concepto no elimina la libertad negativa, ya que siempre la ley tiene que restringir el individualismo y las conductas antisociales.

4. Libertad conquistada. Libertad negativa y positiva, complementarias

Entendemos a la libertad en un sentido fundamentalmente positivo, mundo de lo social y político, lo ético y jurídico, como la forma que la libertad se va dando a sí misma. o es una libertad que viene como un don o un dato “a priori”, sino como una autorrealización, como tarea esencial de la propia acción humana, sólo fruto de un pueblo libre y constituido como un Estado de derecho.

En tal sentido, la libertad tiene que ser conquistada y es meta fundamental de la historia.

En este proceso, hay momentos de libertad negativa, como al inicio del proceso de emancipación (en que hay que liberarse “de” los opresores colonialistas), o cuando la sociedad toma distancia de su sistema político y hace una lectura crítica del mismo y de sus realizaciones, proponiendo un cambio fundamental (por ejemplo, pasar de la monarquía a la democracia).

Pero también la libertad negativa defiende la privacidad y la independencia de los individuos, para que la política no sea confundida con un partido, una ideología, un movimiento o el Estado (como en el fascismo, por ejemplo).

La libertad negativa es el derecho inviolable de la subjetividad (de ser uno mismo), de la comunicación con los otros y de la libre expresión.

Por lo tanto, libertad negativa y positiva no son dos conceptos contrapuestos y excluyentes, sino que tienen que pensarse en conjunto (sin olvidar que estamos en un momento de hegemonía neoliberal que subraya la libertad negativa e individual).

Al mismo tiempo, debemos entender que un exceso de cualquiera de las dos libertades, no sólo limita a la otra libertad, sino a los derechos de otros valores tan fundamentales como la libertad: o sea, la justicia, el amor, la solidaridad, la felicidad y el descubrimiento de la verdad.

5. Rol del Estado

Por lo tanto, el Estado (nacional, provincial y municipal) no puede contentarse con un rol mínimo, pues “violaría los derechos básicos de la gente si no satisfaciera las necesidades mínimas de alimentación, vivienda, atención médica, etc. que son condiciones para la preservación de los bienes protegidos por esos derechos básicos” (Carlos Nino en Ética y Derechos Humanos, 1984).

En este sentido, la libertad no sólo es violada por injustas interferencias del Estado, sino también por sus actos de omisión: cuando no facilita a la gente los recursos y medios necesarios para que puedan satisfacer sus necesidades y desarrollar su proyecto de vida.

Por lo tanto, el Estado como la sociedad en general, no solamente no debe obstaculizar la libertad del sujeto, sino que también debe actuar en forma positiva desde la justicia y la solidaridad.Es una libertad que debe relacionarse con la igualdad social, adquiriendo un carácter más dinámico y concreto.

El Estado debe garantizar que la libertad y la igualdad social puedan realizarse de un modo concreto y en algún grado, y tengan la posibilidad de ampliarse y enriquecerse.

Según el clásico liberalismo, la libertad individual sería como un don innato de la naturaleza, como si todo individuo naciera libre; y fuera la sociedad la que lo limita y coarta.

Pero hoy no es posible compartir esta teoría que alude solamente a una libertad abstracta, pues en la práctica cada individuo nace y se desarrolla en una comunidad concreta, ligado por vínculos muy fuertes e íntimos, en el seno de una familia e integrado a otros grupos sociales de pertenencia, a partir de los cuales va constituyendo lentamente su personalidad, libertad e identidad.

Por lo tanto, el hombre llega a ser libre y se auto-realiza precisamente por medio de lo político, de lo social y de la constitución de un Estado de derecho. Es en el ámbito de la sociedad civil y de la política, donde el hombre desarrolla su libertad y construye otros tipos de comunidades.

Pero ninguna sociedad es totalmente positiva y lineal. Tanto la sociedad civil como la política pueden favorecer o entorpecer el desarrollo del individuo, sea desde la feroz competencia o desde el absolutismo y el autoritarismo.

Siempre se generan desigualdades e injusticias, y las libertades de los individuos se limitan mutuamente y entran en conflictos permanentes. Por eso, la realización de la libertad requiere,

-no sólo una sociedad civil de pertenencia,

-sino un orden político de Estado de derecho que constantemente,restablece la igualdad frente a la ley y permite positivamente una igualdad política y social, y una libertad positiva.

El liberalismo tiende, en cambio, a representar al sujeto “frente” a ese orden, y a resguardar o asegurar ante todo los derechos del individuo frente al Estado. Históricamente, el liberalismo se formó en la lucha contra el absolutismo monárquico del Estado y parece conservar la desconfianza frente a la posibilidad de absolutismo en cualquier Estado.

Por eso reclama un Estado mínimo que “nos trate como individuos inviolables… como personas que tienen derechos individuales… que nos permita decidir nuestra vida y alcanzar nuestros fines y nuestra concepción de nosotros mismos”, como dice el principal teórico del Estado mínimo, Roberto Nozick.

Pero, si el Estado es el que nos “permite” decidir nuestra vida… es porque ya hemos aceptado su absolutismo y no estamos pensando en un Estado democrático…

Un ciudadano consciente de su soberanía y del valor de la democracia, jamás puede emplear ese lenguaje de Nozick. En todo caso debería decir: “El Estado somos nosotros, y nosotros le conferimos al gobierno tales o cuales facultades, pero también se las podemos revocar”.

6. Participación democrática ciudadana.

Por eso, aún más importante que controlar y revocar los poderes del gobierno es la participación activa democrática que promueve el protagonismo de la libertad positiva de los ciudadanos.

Lamentablemente “la cuota de libertad positiva que puede ejercer la gente en las actuales democracias occidentales está reducida a la mínima expresión del voto para la renovación periódica del gobierno. Y tampoco existe un reclamo de mayor participación, sino mas bien al contrario. Lo que se comprueba es una privatización de la existencia, el desinterés o el escepticismo frente a lo público, el debilitamiento de las ideas o proyectos integradores y el avance de un modelo sociocultural fragmentario, replegado en el individualismo, o en los pequeños grupos y en la sociedad civil…”(textual de De Zan)

Por lo tanto,

lo que hoy existe es una gran distancia entre la teoría democrática y la realidad de una libertad positiva, con participación y creatividad de todo el pueblo. Lo que nos indica que tenemos mucho que hacer en esta era posmoderna para alcanzar el progreso en el ejercicio de la libertad y la realización efectiva del concepto de libertad en el mundo.

Al mismo tiempo, la excesiva separación y autonomía de lo privado y de la sociedad civil “implica que el Estado moderno se convierte nuevamente y cada vez más en un poder que no es la expresión de la libertad de los miembros que lo constituyen o del espíritu del pueblo, sino que se enfrenta a ellos como una potencia puramente externa, limitante y represiva.

La estructura administrativa estatal se deshumaniza y se separa de la comunidad viva, se convierte en una maquinaria burocrática autónoma, en un ser anónimo y abstracto.

El Estado ensancha y perfecciona constantemente sus esferas de dominio, pero no como un crecimiento del poder del hombre mismo, de su libertad, sino como un poder que se ejerce sobre el hombre y contra la libertad, un poder que alcanza por momentos formas monstruosas de totalitarismo (como en el estalinismo, en el nazismo,en las dictaduras y en muchos gobiernos llamados “fuertes”).Pero, por otro lado y paradójicamente, el desarrollo de los intereses privados, se produce también desordenadamente como crecimiento desorbitado de la riqueza y del poder de algunos pocos a expensas de los otros y del bien común, generando desigualdades irritantes y la denunciada y nunca resuelta cuestión social” (De Zan)

ACTIVIDAD

1.Analizar cómo vivimos nuestra libertad, si es realmente una libertad creativa o solamente buscamos que los demás no interfieran en nuestros asuntos. O sea, para qué empleamos nuestra libertad.

2.Qué rol le damos al Estado (tanto nacional como provincial y municipal) de cara a los ciudadanos y a la sociedad en general. ¿Cuáles son las funciones que consideramos deben cumplir las autoridades? ¿En qué funciones falla hoy el Estado o es deficiente?

3.¿Cuál es el nivel de participación política y social en nuestro país? Analizar si existe en nuestro medio la oportunidad de participar, si se participa y hay ganas de hacerlo. Y cómo mejorar dicha participación.

 

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