Formación de la Conciencia Política . Benetti

FORMACIÓN POLÍTICA

CONCIENCIA POLÍTICA, DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN

Lic. Santos Benetti

Comencemos preguntándonos: qué implica desarrollar la conciencia política.

1. En primer lugar, la conciencia política nace de un silencio interior que nos permite escuchar la voz y las necesidades de nuestro pueblo, que es nuestra comunidad de pertenencia, pueblo que debe ser el sujeto actor creativo de su propio destino y soberano de todo el poder.

Enrique Angelelli decía: “Con un oído en el pueblo… y con otro en el evangelio”. O sea, pueblo y buena noticia de liberación. Si hoy nuestra clase política dirigencial está tan desprestigiada es porque ha perdido esa capacidad de escuchar y responder a las reales necesidades del pueblo.

El pueblo no se siente escuchado ni interpretado, por eso desconfía de la política y se aparta de ella.

Hace más de 2500 años, esa conciencia política fue muy bien expresada en el libro del Éxodo 3,7, en aquella famosa frase que el autor pone en boca de Dios, cuando el pueblo hebreo gemía bajo la esclavitud egipcia; una frase que expresa la conciencia política de los dirigentes de un pueblo que quería alcanzar su libertad:

“He visto la opresión de mi pueblo y he escuchado sus gritos de dolor. Por eso conozco muy bien sus sufrimientos. Por lo tanto, he decidido liberarlo del poder de sus opresores”.

Observemos los elementos fundamentales de esa conciencia:

Primero: he visto… he escuchado… conozco bien… Ver lo que está pasando, no cerrar los ojos; escuchar la voz, los reclamos y las necesidades; conocer las causas del dolor y sentir ese sufrimiento como propio.Y

segundo: tomar la decisión de responder con una actitud y una acción coherente, dando solución a las necesidades.He aquí la esencia de una conciencia política; y he aquí la primera cualidad de todo ciudadano comprometido y de todo dirigente político que se precie de tal: escuchar desde el corazón (no solamente con el oído) las necesidades del pueblo y responder a ellas hasta las últimas consecuencias.Cuando la política no parte de las necesidades de la comunidad y no responde a sus demandas, entonces tenemos la corrupción política, una acción que sólo responde a los intereses particulares y no al bien común de la sociedad.

Preguntémonos ahora desde un gran silencio interior: qué escuchamos y qué clamor nos llega de los varios millones de compatriotas nuestros que están sin trabajo o con un trabajo precario e inestable…

Qué clamor nos llega de los cientos de miles de familias que viven en la pobreza extrema, sin sus necesidades básicas satisfechas o que apenas tienen para comer hoy, pero que no saben qué comerán mañana; cuál es el clamor de los que reclaman en vano justicia y equidad; cuál la voz de nuestros ancianos y jubilados, de nuestros niños y adolescentes que se preguntan por un modelo de país y por un horizonte de esperanza; cuál el clamor de nuestras mujeres, de nuestros obreros, empleados y campesinos… Y cuál el clamor de tantos millones de compatriotas nuestros que hoy se sienten “excluidos”, sin recursos y sin igualdad de oportunidades, cuanto un pequeño grupo de “incluidos” acaparan poder, dinero, bienes y riquezas, y hasta hacen ostentación de ello.Por lo tanto, comencemos por donde debemos comenzar: escuchemos… escuchemos… y escuchemos…

2. En segundo lugar, de nada vale tener esa conciencia de nuestras necesidades si no tenemos una gran fe y confianza en nosotros mismos y en nuestro pueblo, confianza en que “nosotros podremos” resolver nuestros problemas.

Este es el primer paso que quiebra un estado de postración para pasar a un estado de superación: creer firmemente que está en nuestras manos el poder salir adelante, porque el poder político es nuestro, poder del pueblo, poder demo-crático.Necesitamos creer en nosotros, creer en ese poder político que nos pertenece. Creer en lo que sentimos, creer en lo que pensamos, creer en lo que expresamos con nuestras palabras; creer en nuestras ideas y en todo lo que llevamos dentro.

Es el desarrollo de nuestra autoestima, reconociendo que “somos” … y que “somos valiosos”.Tengámonos fe… Lo nuestro “vale porque es nuestro”. Vale porque es nuestra cultura, nuestro idioma, nuestra bandera, nuestra identidad. No puede haber conciencia política sin esta estima por la propia historia, nuestra “memoria”, y por todos los valores que hacen a nuestra identidad como pueblo y como nación.

3. En tercer lugar, y como corolario de lo dicho anteriormente, la conciencia política implica que tengamos un proyecto de país, de provincia, de municipio, de comunidad. Un proyecto que todos lo sintamos como “nuestro”, porque hemos sido sujetos activos en su elaboración y en su puesta en marcha y ejecución. No el proyecto de alguien o de unos pocos que creen que pueden pensar y decidir por los otros.

Preguntémonos entonces: ¿Tenemos un proyecto nacional y provincial? ¿Tenemos un proyecto que nos una y contenga a todos, un proyecto que nos entusiasme a todos? ¿ Y cuál es el proyecto de nuestro Municipio?

Qué tristeza que con tantos años de vida política, con años de democracia, con cientos de dirigentes políticos, hoy no tengamos ni el borrador de un proyecto auténticamente político, es decir, que responda a los intereses de toda la comunidad ciudadana y que sea elaborado por toda la comunidad.

Un proyecto que ponga al país, primero, y a los intereses partidarios y personales en último lugar. Un proyecto centrado en la comunidad y en el hombre. Un proyecto en el cual participamos todos como actores, tanto en su elaboración como en la ejecución. Y qué difícil tener este proyecto cuando hasta nos lo dan elaborado desde afuera, desde organismos internacionales o multinacionales…

4. En cuarto lugar, existe un último elemento que, de no existir, transforma en un simple sueño nuestra conciencia política: es la realización del proyecto en una acción organizada y eficaz. No basta escuchar las necesidades del pueblo, no bastan los diagnósticos, las estadísticas y las denuncias, de las que tanto se abusa; tampoco bastan los proyectos. Hay que realizarlos.

Y esto supone que nos organicemos, participando en grupos, organizaciones sociales o partidos, porque ésta no es una tarea individualista, sino el fruto de una comunidad organizada. Cada uno sabrá dónde y cómo hacerlo, pero sin una sociedad civil organizada no hay conciencia política, porque la “política” es precisamente la transformación de la sociedad (polis) desde el pueblo organizado.

Todo lo cual implica que nos capacitemos con todas las herramientas propias de la gestión política para saber traducir en hechos concretos eso mismo que está en la intención o en los papeles.

No basta la acción improvisada, menos en un mundo social tan complejo como el nuestro. Necesitamos realizar nuestro proyecto con eficacia y con eficiencia.

Lic. Santos Benetti

 

 

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