Democracia: Pensamientos sobre la… Alain Touraine

PENSAMIENTOS-DEMOCRÁTICOS

Transcribimos algunas ideas extractadas especialmente del libro “¿Qué es la Democracia?” (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires 1995) de Alain Touraine, un francés muy conocedor de la realidad argentina y latinoamericana.

Es preciso concluir en la necesidad de buscar, detrás de las reglas de procedimiento que son necesarias, cómo se forma, expresa y aplica una voluntad que representa los intereses de la mayoría, al mismo tiempo que la conciencia de todos de ser ciudadanos responsables del orden social.

Hoy… ya no podemos contentarnos con garantías constitucionales y jurídicas, en tanto que la vida económica y social permanezca dominada por oligarquías cada vez más inalcanzables.

Por eso, debemos preguntarnos “acerca del contenido social y cultural de la democracia de hoy en día” … ante una democracia que “se degrada en libertad de consumo y en supermercado político…

”En contra de la pérdida de sentido (de la democracia) es preciso recurrir a una concepción que defina la acción democrática por la liberación de los individuos y los grupos dominados por la lógica de un poder, es decir, sometidos al control ejercido por “los dueños y los gerentes de sistemas” para los cuales los individuos y los grupos no son más que recursos”.

Ya no queremos solamente una democracia de participación: necesitamos una democracia de liberación…

“La meta de la acción democrática es liberar a los individuos y a los grupos de las coacciones que pesan sobre ellos”.

Hoy desconfiamos de los que nos piden el sacrificio de los ciudadanos, sea para un partido, sea para un Estado o nación.

Hoy le tenemos que temer precisamente al Estado y a tantos aparatos y formas de poder que son instrumentos de dominación y represión.

Necesitamos liberarnos de toda forma de autoritarismo y dominación personal, que transforma a los sujetos actores en simples individuos que consumen, pagan impuestos y cumplen las leyes.

La libertad es mucho más que la simple razón instrumental (utilitaria, técnica, administrativa), pues defiende y recrea un espacio de invención, al mismo tiempo que de memoria (historia, cultura) para hacer aparecer un sujeto que sea, a la vez, ser y cambio, pertenencia y proyecto, cuerpo y espíritu.

Para la democracia, la gran cuestión es defenderse y producir la diversidad en una cultura de masas…

En un momento en que la sociedad está dominada por poderes (internos y externos, generalmente difusos y no identificables, pero hegemónicos) , la acción democrática tiene que consistir en

·oponerse, antes que nada, a prácticas y normas institucionales que sostienen y protegen el poder de los dominadores,

·enfrentándose con una voluntad colectiva y personal de liberación,

·para trastornar el “orden y las garantías de la dominación”, recurriendo a valores universales contra un poder que está al servicio de intereses particulares.La acción democrática es la institucionalización de movimientos de liberación social, cultural o nacional.La democracia, antes que un conjunto de procedimientos, es una crítica a los poderes establecidos y una esperanza de liberación y de libertad personal y colectiva.

Todos estos temas se reducen a un tema central: la libertad del sujeto. Llamo “sujeto” a la construcción del individuo (o grupo) como “actor”, por la asociación de su libertad afirmada y su experiencia vivida, asumida y reinterpretada.

El sujeto es el esfuerzo de transformación de una situación vivida en una acción libre; introduce libertad en lo que en principio se manifestaba como unos determinantes sociales y una herencia cultural.

Un sujeto que tiene “un proyecto de vida”, un ideal de independencia y de responsabilidad, más preocupado por la lucha contra la heteronomía (ley externa impuesta por otros), los “modelos”, los deberes de Estado y los dogmatismos, que por un contenido.

Un sujeto que resiste todo sistema de dominación; que se ama a sí mismo, tiene conciencia de su valer y de su libertad creadora como principal fuente de su felicidad; pero que también reconoce a los demás como sujetos y los respalda, de modo que las reglas políticas, jurídicas y éticas den al mayor número de personas las mayores posibilidades de vivir como sujetos-actores.

Un sujeto que no se reduce a la razón (idea del modernismo racionalista), sino que se define y se comprende a sí mismo en la lucha contra la lógica y la razón del mercado y de los aparatos técnicos. Más que conocimiento y ciencia, es libertad y liberación, sin dejar de sentir su pertenencia a una comunidad.

¿Cómo se ejerce esa acción de la libertad?…

Se expresa antes que nada, por la resistencia a la dominación creciente del poder social-político sobre la personalidad y la cultura.

La era posmoderna impone el mayor consumo posible, el pensamiento de “masas” y la lealtad al orden establecido. Contra estos y otros sistemas de poder opresivo, “el sujeto resiste y se afirma al mismo tiempo mediante su identidad particular y su deseo de libertad, es decir: de creación de sí mismo como actor, capaz de transformar su medio ambiente…

Hoy avanzamos un paso adelante, reconociendo que los derechos humanos no son simplemente los derechos y deberes de un buen ciudadano, y que la democracia no está al servicio de cierto modelo de sociedad o de los individuos, sino de los seres humanos en cuanto sujetos-actores y creadores de sí mismos, de su vida individual, social y colectiva.

La democracia es el reconocimiento del derecho de los individuos y grupos a ser actores de su historia, y no solamente a ser liberados de sus cadenas.

Por lo tanto, hay tres afirmaciones inseparables:

·la democracia reposa sobre el reconocimiento de la libertad individual y colectiva; pero

·esa libertad no puede existir sin la libre elección de los gobernantes por los gobernados, pero

·esa libertad fundamentalmente es la capacidad de la inmensa mayoría de participar en la creación y en la transformación de las instituciones sociales.

El poder del pueblo no significa que el pueblo se sienta en el trono del rey, porque ya no hay trono.

El poder del pueblo significa la capacidad, para la mayor cantidad de sujetos, de vivir libremente, es decir, construir su vida asociando lo que es y lo que se quiere ser, oponiendo resistencia al poder en nombre de la libertad y de la fidelidad a una herencia cultural (memoria).El régimen democrático es la forma de vida política que da la mayor libertad al mayor número, pero que protege y reconoce la mayor diversidad posible.

Para conseguir esta democracia de liberación sólo es eficaz la constitución de actores sociales capaces de encabezar una acción económica racional (planificada, etc.) al mismo tiempo que de manejar sus relaciones de poder.

Sólo unos movimientos sociales fuertes y autónomos, que arrastren tanto a los dirigentes como a los dirigidos, pueden oponer resistencia al dominio del Estado autoritario modernizador y/o nacionalista, y a los grupos oligárquicos de poder económico, dado que constituyen una sociedad civil capaz de negociar con ellos, dando así una autonomía real a la sociedad política.No hay democracia con la simple invocación de la igualdad abstracta de derechos; se necesita una igualdad para combatir las desigualdades de hecho, y en especial, el acceso a la toma de decisiones públicas.

Si los principios democráticos no obraran como recurso contra las desigualdades, serían hipócritas y carecerían de sentido.

“La sociedad” la definimos como un sistema de relaciones sociales, de actores definidos a la vez por sus orientaciones culturales, sus valores, sus conflictos, y la cooperación y compromiso con otros actores sociales.

La democracia, por tanto, debe definirse como la penetración del mayor número de actores sociales, individuales y colectivos, en el campo de la decisión, de tal modo que el lugar del poder se convierte en un lugar vacío.

Imaginar que el pueblo es un soberano que reemplaza al rey no es avanzar mucho por el camino de la democracia; es en el momento en que ya no hay soberano, en que nadie se apropia del poder, en que el poder cambia de manos según los resultados de elecciones periódicas, cuando nos encontramos con la democracia moderna.

No hay una sociedad “ideal” en el mundo moderno: no puede existir nada mejor que una sociedad abierta, que sea toda ella un actor pleno de su historia.

En cambio, lo que define a la sociedad antidemocrática es su inmovilidad y su índole anti-histórica…

¿Hay peor negación de la libertad democrática que la condena de una mayoría de los seres humanos a no poder ser los sujetos de su propia historia?La democracia no es solamente un lugar de negociación entre intereses opuestos, un mercado político.

Es, ante todo, el espacio político abierto donde se combinan la memoria y el proyecto, la racionalidad instrumental y la herencia cultural

“Unas sociedades que no se enfrentan a sus graves problemas, que demuestran ser incapaces de reducir sus desigualdades sociales, que contemplan cómo se extiende la exclusión, son gobernadas por una élite de poder restringida o sometida a los intereses de una red transnacional de intereses económicos.

Así como es imposible hablar de democracia allí donde no existen elecciones libres a intervalos regulares, del mismo modo sería absurdo denominar democrático a un régimen sin preguntarse antes sobre sus motivos para actuar y las consecuencias sociales de su acción”.

Finalizamos con un texto del chileno Manuel Antonio Garretón, de Hacia una nueva era política, 1995:

Por otra parte, “esta consolidación democrática… no puede hacerse sin una reconstrucción del Estado y de su papel dirigente en el desarrollo, contra todos los mitos que buscan hoy su desarticulación, privatización o desaparición.

Pero reconstruir y fortalecer el Estado exige, al mismo tiempo, reforzar la sociedad civil, la autonomía y capacidad de expresión y participación de los actores sociales y su articulación con un sistema fuerte de partidos que cumplan su papel insustituible de representación.

Pero ni la reconstrucción del Estado, ni el fortalecimiento de la sociedad civil ni la construcción o reconstrucción de un sistema partidario fuerte, pueden asegurarse en términos democráticos en países que mantienen indefinidamente en niveles de subsistencia o inferiores a ellos a la mitad o más de su población.

La democratización política… puede mantenerse si hay deseabilidad democrática, incluso en condiciones materiales negativas, pero es indudable que la deseabilidad democrática desaparece para muchos, transformándose en irrelevancia o en indeseabilidad, si no hay democratización social”.

Por lo tanto, nuestros países no se pueden democratizar “recurriendo a los modelos de desarrollo que hemos conocido hasta ahora ni imitando otras sociedades, ni tampoco con la ilusión de la expansión del mercado por sí sola… Se trata de definir un modelo de desarrollo y hacerlo en conjunto y unificadamente para la región”.

O sea, es necesario que América Latina “defina su modelo de inserción autónoma en este mundo transformado”

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