Poder y Política. De Zan

PODER POLÍTICO. CONCEPTOS BÁSICOS

Con ideas de Julio De Zan en su libro Libertad, Poder y Discurso, Almagesto, Buenos Aires

1 Conceptos

a) El Imaginario del Poder

“La palabra poder no es en general una palabra simpática. El común de la gente la relaciona con la soberbia, la prepotencia o la fuerza, la crueldad, el privilegio y la corrupción, el engaño o el cinismo. Despierta sentimientos contradictorios como el odio, la rebeldía, el temor, la envidia, la admiración y el deseo. La imaginación colectiva parece rodear todavía la imagen del poder con un halo de misterio, como un lugar de intrigas, presiones y negociaciones secretas cuyos manejos e intenciones a veces se adivinan, pero la mayoría de las veces permanecen indescifrables, y en todos los casos resultan sospechosos. Todo lo cual hace al poder un tema inquietante. Como todo lo enigmático despierta el interés y atrae la curiosidad” (De Zan)

b) Los políticos y el poder

Para la gente interesada por la política, la palabra poder es asociada con el Estado y el gobierno, porque se piensa que el poder se sienta en los sillones de los despachos oficiales.Sin embargo, es evidente que el poder no se agota en el gobierno y en los aparatos del Estado. Actualmente el poder es el gran desconocido, pues¿quién ejerce el poder?, ¿dónde se ejerce? Podemos saber aproximadamente quién explota, hacia dónde va el beneficio, por qué manos pasa y dónde se vuelve a invertir; pero el poder… Lo único que sabemos exactamente es que no son los gobernantes los dueños del poder, al menos los únicos.

No se niega el poder del aparato estatal, pero “nada cambiará en la sociedad si no se transforman los mecanismos de poder que funcionan fuera de los aparatos del Estado, por debajo de ellos, a su lado, de manera mucho más minuciosa y cotidiana”.El poder, pues, se genera en la trama de la base social y es, en cierto modo, anterior al Estado. Está presente en la familia, en la relación de los esposos y en cualquier grupo social.

c) Foucault, un gran estudioso del tema,distingue entre poder y dominación:

“El poder no es un mal. El poder consiste en juegos estratégicos… Y ejercitar el poder sobre otro en una suerte de juego estratégico abierto, donde se pueden dar vuelta las cosas, no es malo… El problema radica, más bien, en saber cómo evitar… los efectos de la dominación”. Por lo tanto: todos los ciudadanos responsables tenemos que aspirar al poder, pues sin poder somos “impotentes” y a merced de los que abusan de él. Aspirar al poder de pensar, hablar, decidir y provocar los cambios necesarios. Esto supone también aspirar al poder político ocupando cargos y funciones para mejor beneficio de nuestra sociedad.La dominación, en cambio, es una relación asimétrica y unilateral en sentido verticalista e irreversible. Es estar unos sobre otros, sin reconocer su igualdad y libertad.

Otra idea de Foucault es no considerar el poder solamente como el poder de prohibir, del “tú no debes”. El poder es fundamentalmente algo positivo, es un verbo-activo: poder vivir, crecer, pensar, etc. Es el poder al servicio del cambio histórico y de la cultura.

d)El poder político

De estas ideas generales sobre poder, importa analizar el poder político como tal, como algo específico y distinto de otros tipos de poder. O sea, investigar cómo se produce en la sociedad, cómo funciona y en qué consiste en última instancia el fenómeno del poder político. O (como dice Max Weber) ver los motivos que explican la obediencia política y de los cuales resulta la legitimación del poder político, entendido como el poder de influir con éxito sobre el comportamiento de los miembros de un grupo social“mediante mandatos que son obedecidos habitualmente en cuanto sus contenidos son asumidos como máximas de conducta”.

e) El fenómeno del poder, su funcionamiento y el proceso de su constante crecimiento a lo largo de la historia, parece ser independiente tanto de las formas de gobierno y regímenes políticos, como de las distintas concepciones teóricas sobre el poder. En realidad está siempre presente en la vida humana, tanto en una pareja como en un gran conglomerado social. Su máxima demostración y despliegue se concentra en la guerra que pone a prueba la capacidad de supervivencia, y es el desafío más decisivo a todas las pretensiones de dominio y supremacía. No solo las guerras modernas son más destructivas que las del pasado, sino que el Estado moderno tiene mayor capacidad para movilizar la economía y todos los recursos y fuerzas sociales para un caso de conflicto bélico.

f) También ha crecido el poder estatal especialmente en el aspecto burocrático y administrativo, y de promoción que se extiende a todas las áreas de la vida social. Este poder, lejos de aminorarse después de la caída de los regímenes absolutistas, se ha agrandado en las democracias liberales. En la burocracia el poder se hace más anónimo, se despersonaliza y aparece como la expresión de la voluntad general.

Como dice Hanna Arendt(1906-75, filósofa alemana radicada en los EEUU)

“A estas formas fundamentales deberíamos hoy agregar la más nueva y quizás la más temible forma de dominación que es la burocracia, o el dominio que se ejerce a través de un complejo sistema de funcionariado, en el cual ya no hay ningún ser humano a quien pueda imputarse la responsabilidad. Ni a uno ni a algunos pocos, ni a los mejores ni a la mayoría, y que por lo tanto podría describirse de la mejor manera diciendo que es la dominación de nadie”.

O sea, un poder deshumanizado y hecho carne en la maquinaria burocrática de tal manera que las propias víctimas no pueden ya identificar al enemigo. Basta pensar lo que generalmente nos sucede cuando hacemos trámites en las ventanillas de las oficinas públicas…

Por eso, tanto los políticos como otros que luchan por el poder, no tienen interés alguno en limitar un dominio o “disminuir una posición a la cual esperan acceder un día, ni en paralizar una máquina que un día les llegará el turno de usar” (Benjamín Constant, 1872). Lo cierto es que el paso de la monarquía a la democracia fue acompañado de un desarrollo prodigioso de medios coercitivos como nunca rey alguno pudo disponer. La etapa más completa de poder estatal la tuvimos, paradójicamente, en los regímenes socialistas tal como se ejercieron en la Europa del Este y en la ex Unión Soviética.

g) Las teorías filosóficas sobre el origen y fundamento de la soberanía

han intentado de diferentes maneras poner límites al poder y subordinarlo a alguna instancia superior que sirviera de criterio de su legitimación y pusiera límites a sus arbitrariedades. Pero, en la práctica han tenido el efecto contrario, fortaleciendo cada vez más el poder estatal y justificando la creencia de los hombres en la legitimidad moral del poder, y con ello produciendo ya un efecto de legitimación que inducía o reforzaba la obediencia civil.

Entre estas teorías están las que fundamentan el poder

-en el derecho natural (liberalismo),

-en la autoridad divina (teocracia y monarquía teocrática)

-en el contrato o pacto social de los propios individuos de la sociedad (democracia)

Todas estas teorías otorgan al poder un derecho de regir a los demás, los que quedan sometidos al deber de la obediencia. Así “el poder soberano” queda revestido de una dignidad tan augusta que transforma la obediencia política en una obligación moral o religiosa, que ata la propia conciencia de los individuos. Por eso los filósofos de la política, aunque no queriéndolo, terminaron por darle al poder político una exagerada dimensión.

A pesar de la diferencia entre lo que debiera ser y lo que es en la realidad, tales teorías siempre han terminado jugando a favor de los intereses conservadores de las estructuras de poder y de las formas de hegemonía establecidas, justificando ideológicamente también su crecimiento.

2.Concepto de poder-fuerza

a)El poder no es lo mismo que la fuerza o la violencia.

Fuerza es ante todo una propiedad material que todo individuo posee en alguna medida como algo dado por la naturaleza, al igual que los animales y otros elementos de la naturaleza. Estas fuerzas naturales pueden acrecentarse con la práctica y otros instrumentos técnicos, armas, etc. Pero ninguna de estas características de la fuerza,definen al poder político en cuanto tal: no es algo dado por la naturaleza, ni una propiedad material, ni algo que todo individuo posea. Ni nadie lo puede tener aislado de la sociedad o grupo social como atributo propio.

b) El poder es, ante todo, un fenómeno social y político

Generalmente está combinado con una cuota de fuerza, pero no siempre. También hay que distinguir entre poder político y poder económico. Aunque muy relacionados entre sí, se trata de dos poderes diferentes y que tienen lógicas distintas.

b.1 Max Weber (sociólogo y economista, 1864-1920) dice que “el poder significa la chance de imponer la propia voluntad a otros en una relación social, aún contra la resistencia de los otros”.

Poder es la disponibilidad de los medios para influir sobre la voluntad de los otros, de tal manera que su comportamiento sea el deseado para el éxito de la propia acción (en una empresa, por ejemplo, de acuerdo a los fines establecidos).

Tales medios son estrategias que frustran los fines de los otros y hacen prevalecer los propios, pero sin el uso de la violencia. Pero se incluye, en cambio, el empleo de ciertas amenazas o sanciones, y las llamadas “medidas de fuerza” (como la huelga). No se trata de una fuerza material sino social que deriva del control de los medios de producción, de comunicación, etc. (Medios de Comunicación con propaganda, publicidad, manipulación, formación de la opinión pública, etc.) Los conflictos no se resuelven mediante la lucha sino por la negociación, que admite cierto tipo de presiones y amenazas dentro de los límites fijados por la ley. Se da así un conjunto de relaciones que son “juegos de poder”.

b.2.Para Hannah Arendt el poder se forma en la “acción comunicativa”.

No se trata de presionar la voluntad de los otros sino de formar una voluntad común mediante el diálogo.El poder es la capacidad que tienen los hombres, no sólo de hacer algo, sino de llegar a la unión con los otros, y de actuar de acuerdo con ellos. No es nunca un individuo el que dispone del poder, pues quien lo posee es siempre un grupo humano, y el poder perdura solamente mientras el grupo se mantiene unido. Cuando decimos que alguien detenta el poder, esto sólo significa que él ha sido autorizado por un determinado número de hombres para actuar en su nombre.

Queda clara la diferencia entre ambos conceptos. El segundo se refiere a lo que “debiera ser el poder” en un mundo perfectamente democrático y respetuoso. Supone, por lo tanto, que el poder político nunca tiene que utilizar la fuerza ni la violencia, pues basta la razón y la buena voluntad; por eso se lo ha acusado de ingenuo, utópico y poco realista.

Según esta segunda teoría, el poder (que surge con la unión de los hombres) pertenece a la comunidad en cuanto tal, pertenece al sujeto social y político. No es, por tanto, un mero instrumento externo, sino un fin en sí mismo: la unión con los otros, la constitución de lo político y del poder, la vida en común (superior a la vida aislada del individuo).

En este sentido, el poder se manifiesta:

-en la dinamicidad de la vida política misma, en la comunicación entre los ciudadanos, en el diálogo y en el consenso, y en la vitalidad de las instituciones que expresan la libertad;

-en el ordenamiento que protege esa libertad política positiva;

-en la defensa contra las fuerzas enemigas, internas o externas, y

-en aquellos movimientos revolucionarios y de emancipación que niegan obediencia a las instituciones ilegítimas, anulan la fuerza coercitiva de un aparato estatal impotente, ilegítimo o carente de verdadero valor, fundando un nuevo poder y nuevas instituciones en libertad.

“Lo que otorga poder a las instituciones y a las leyes de una nación es el apoyo del pueblo, el cual no es, a su vez, sino la continuación o actualización de aquel consenso originario que ha dado vida y puesto en vigencia a dichas leyes e instituciones… Todas las instituciones políticas son manifestación y materialización del poder; ellas quedan entumecidas y caen o están listas para la caída, tan pronto como el poder vital del pueblo no se encuentre detrás de ellas y las sostenga” (Arendt, 1985).

Aunque el poder puede disponer, llegado el caso, de la fuerza, el poder no es tal por la fuerza de que dispone. Incluso puede carecer de fuerza o ser aniquilado por la fuerza. Pero la fuerza nunca engendra poder.

El ejemplo típico se dio cuando los tanques soviéticos aniquilaron la revuelta popular en Hungría y Checoslovaquia. Otro ejemplo es la lucha de Gandhi contra el imperio británico, o la lucha del pueblo contra tantas dictaduras “fuertes”.Cuando se pierde el poder (impotencia), entonces se recurre a la fuerza o se es tentado a recurrir a ella (Basta ver nuestra historia nacional en que la falta de poder legítimo de los militares fue sustituida por un régimen de fuerza o tiranía).

Como dice Arendt: “La forma del Estado tiránico es la que corresponde a la combinación de la impotencia con la fuerza. Y cuando finalmente logra imponerse (nazismo, etc.) entonces su precio es excesivamente alto. La construcción comunicativa de los ciudadanos es suplantada por el aislamiento de los individuos, el miedo, la desconfianza-recíproca, la vigilancia, el espionaje y el cercenamiento de todas las libertades y de una opinión pública independiente. El miedo que asciende hasta el nivel del terror, obliga a cada uno a cerrarse frente a todos los otros”.

Por lo tanto: distinguir siempre entre un poder legítimo y el poder ilegítimo de la fuerza.

c) Libertad, igualdad y obediencia

Nos queda preguntar ahora cómo compaginar la necesidad de obediencia política con el respeto a la libertad e igualdad de todos los individuos, cómo compaginar el concepto de poder recién vertido con el de obediencia y, por consiguiente, de mando de parte de la autoridad.

La respuesta es la siguiente: quien manda adquiere poder solamente en la medida en que sabe interpretar la voluntad común y el interés general de la sociedad, y lo acata.

El que obedece, el pueblo, sigue a sus dirigentes en tanto se ve interpretado por ellos, y mientras tenga la conciencia de ser él quien manda a través de sus representantes. Pero cuando el que manda, no obedece la voluntad de sus mandantes sino que sino que la traiciona (como tantas veces sucedió en nuestra historia), entonces pierde poder político, y a la larga o a la corta tiene que buscar otro tipo de sustentación. Entonces el pueblo. al sentirse frustrado y traicionado, tarde o temprano se subleva y retoma el poder o lo transfiere a otros.

Todo esto, por cierto, es en teoría. En la práctica de nuestras democracias liberales todos conocemos la crisis de la representación y cómo el mandato del pueblo ha sido sustituido por el mandato de las élites que utilizan al pueblo como legitimación formal de un poder que les viene de otro lado..

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