Sexo prematuro en niños entre 11 y 14 años

SEXO PREMATURO EN LA PRE-ADOLESCENCIA: NIÑOS ENTRE 11 Y 14 AÑOS 

 Martínez, Jorge; Sánchez Bustosm, Agustín; Sarobe, Paula

Contexto y antecedentes
Consideramos que una de las problemáticas sociales presentes en la actualidad es el sexo prematuro. El rango de las edades establecidas para concebir dicho acto es cada vez más bajo. ¿Será una mera cuestión de valores? O ¿simplemente el entorno insta a los jóvenes el adelanto de etapas de la vida?
El rango de edades que creemos más afectadas son niños de once a catorce años, pertenecientes a todas las clases sociales que viven en distintos barrios de Capital Federal.

El sexo prematuro además de comprometer seriamente la salud de los jóvenes provoca, entre otras cosas, embarazos no deseados, problemas familiares, proyectos que nunca se cumplen. Todas situaciones que pueden desencadenar problemas de índole psicológico. Se trata de una temática altamente estudiada e investigada previamente por diversos profesionales pertenecientes al ámbito de la medicina, la psicología, la sociología, entre otros.

Partiremos de una investigación realizada por la Fundación Educativa Internacional, con respaldo de la Organización Mundial de la Salud, con sede principal en los Estados Unidos de América. En dicho documento, se comienza hablando de que, a nivel mundial, ciertas actitudes tradicionales en relación a la sexualidad, al matrimonio y a la preparación de los jóvenes para la vida familiar, que se habían mantenido por largo tiempo, fueron duramente desafiadas durante las últimas décadas.

Los embarazos adolescentes, las enfermedades transmitidas sexualmente y otros serios asuntos de nuestros tiempos no representaban una gran preocupación pública hasta los últimos años de la década del ’60, cuando empezó a ocurrir un cambio radical en la actitud y en el comportamiento de los jóvenes occidentales.
La marea de cambios continuó hasta revolucionar el clima moral en la mayor parte del mundo y la actual preponderancia de imágenes y lenguaje con referencias sexuales, en la cultura popular, continúa promoviendo una actitud permisiva hacía las relaciones sexuales.

La revolución sexual desarrollada principalmente en Estados Unidos y Europa cambió la actitud social hacia esta temática.
El abandono de las restricciones tradicionales en el comportamiento sexual, dio origen al término “amor libre” y “sexo libre”. La expectativa subyacente era que una mayor libertad sexual conduciría a una mayor felicidad. Pero hoy nos damos cuenta que la revolución sexual trajo consigo una avalancha de problemas sociales que afectan a la salud. Las cicatrices emocionales y psicológicas, que resultan de relaciones sexuales prematuras y sin compromiso, producen ansiedad, baja autoestima, tendencias suicidas, divorcios y rupturas familiares.
Las enfermedades sexualmente transmitidas, incluyendo el SIDA, y los embarazos indeseados han elevado la preocupación acerca de la salud y el bienestar público.

El problema
Una vez determinado el o los contextos teóricos y las redes conceptuales a tratar, formularemos la problemática central y los problemas conexos. Además, presentaremos la hipótesis que encabeza esta investigación.
El problema central es: el inicio de la vida sexual activa a temprana edad.
Los problemas ligados a este son: los embarazos no deseados, las enfermedades sexualmente transmitidas, y los trastornos psicológicos, que a su vez afectan el bienestar público en general.
Hipótesis: el inicio de la vida sexual activa a temprana edad no está determinada por los diversos niveles socioeconómicos de la sociedad.

Desarrollo
En principio la problemática seleccionada para este ensayo no debería sorprendernos. Esto es así dado que en la sociedad en la que convivimos, el sexo aparece constantemente y de manera explícita en todas sus formas. Desde parejas besándose sin ningún tipo de pudor en la vía pública hasta afiches de publicidades insinuantes, que pocas veces tiene que ver con los productos que se desean comercializar. No resulta raro que los adolescentes comiencen a generar su propio interés por el sexo, dado que son ellos quienes están principalmente en contacto con los medios y las vías de difusión que
se encargaran de poner el tema a la orden del día.

Una sociedad como la nuestra no puede pretender resguardar a los jóvenes de esta problemática y a la vez seguir promoviendo de alguna manera este tipo de comportamientos, como se dijo anteriormente. Hoy por hoy, los adolescentes
dejan de lado los valores familiares y culturales, y se hallan incentivados por este tipo de “movidas” que la sociedad misma genera a través de sus estímulos. Se les crea un interés que los lleva a querer experimentar sin tener en cuenta que no se deben saltear etapas ya que esto puede perjudicarlos.
Se convierten en adolescentes sexualmente activos y se exponen a los riesgos que esto implica debido a la poca o nula información que poseen. Podemos decir entonces que existe una gran contradicción a nivel información: por un lado la sociedad aborda el sexo desde todos los medios y sus diversas perspectivas y por el otro, tanto ella y las familias se resisten a brindar la información que se requiere para poder tomar los recaudos necesarios a la hora de una relación sexual.

Nuestro mundo actual cuenta con la mayor cantidad de adolescentes en la historia, el 85% de los mismos vive en países de vía de desarrollo. Para muchos de estos adolescentes, la transición de la niñez a la vida adulta es saludable, puesto que aprenden valores positivos respecto de la sexualidad, las relaciones y la maternidad. Sin embargo, un gran porcentaje de los jóvenes también afronta riesgos en su salud sexual y reproductiva. Los jóvenes, en particular corren riesgo debido a la discriminación respecto al acceso de información y a los servicios, generando como resultado, seres vulnerables a diferentes enfermedades y a temas controversiales, como los abortos en condiciones de riesgo. Es importante destacar que dicho enfoque afecta a jóvenes, sin importar su condición socio económica y lugar de residencia.

Muchos son los debates públicos que se manifiestan en cuanto a la temática y la forma de tratar los riesgos en la salud de la población. Hay quienes argumentan que la mejor solución es que los jóvenes no tengan relaciones sexuales.
Otros señalan que los jóvenes son sexualmente activos en todos los países, independientemente de su estado civil o condición cultural. Muchos adolescentes no pueden controlar la abstinencia sexual debido a la promoción constante de diferentes medios que proporcionan e incitan el sexo. Un ejemplo claro son las tapas de revistas de contenidos generales que muestran casi de manera pornográfica mujeres en la vía pública sin ningún tipo de control, lo mismo sucede con la televisión que no respeta el horario de protección al menor.

Un dato que alarma es el creciente grado de transmisión de enfermedades sexuales como el HIV, de los cuales el 50% de los nuevos casos de infección ocurre en adolescentes. Según estudios realizados en diferentes partes del mundo, los adolescentes sufren altas tasas de abuso sexual y físico. La Organización Mundial de la Salud señala: “Cada cinco minutos un adolescente se suicida en alguna parte del mundo, debido a problemas emocionales y sociales relacionados con la salud sexual y reproductiva”.

Otro punto al cual hacemos referencia es el lugar donde habitan los sujetos implicados. En general son jóvenes que proceden de familias con bajos recursos los que terminan siendo protagonistas de la sexualidad prematura, conduciéndolos a que tengan grandes responsabilidades antes de tiempo, tal como el cuidado de los niños y el deber de sostener económicamente un hogar. Estas consideraciones producen un adelanto en las etapas biológicas de los sujetos propiciando por su desarrollo sexual.
En el caso de los adolescentes que pertenecen a un mejor nivel socioeconómico, la adolescencia también es una etapa de cambios sociales y experimentación que incluye asumir nuevas responsabilidades, descubrir formas de mejorar su apariencia y probar nuevas vivencias, como el consumo de drogas o alcohol.

En cuanto al entorno social, existen diferentes “estereotipos” de mujer y hombre, los cuales determinan otros problemas.
Las adolescentes por ejemplo, al tratar de cumplir con los ideales de belleza que se les ha inculcado y que ellas sienten que las hará más atractivas ante los hombres, hacen dietas excesivas y desarrollan trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia.

Otra característica promovida por la moda actual es que tanto las niñas como los niños visten como personas adultas. Incluso los cambios en la moda pueden visualizarse en la ropa para bebés, donde marcas de renombre visten a sus clientes como “personas adultas”. Esto sin lugar a dudas propicia el sexo prematuro.

Desde una perspectiva gubernamental el Estado promueve los programas de educación sexual en colegios y escuelas de Capital Federal y el conurbano bonaerense. Sin embargo, algunos adultos creen que la educación sexual viola las enseñanzas religiosas, no es sensible a las tradiciones culturales e invade el territorio de los padres. Los opositores de la educación sexual argumentan que motiva el coito sexual antes del matrimonio. Los partidarios a la educación sexual, señalan que dicha educación no fomenta la promiscuidad entre los adolescentes.
Harlem Brundtland, directora de la Organización Mundial de la Salud, afirma: “Los jóvenes necesitan la ayuda de los adultos para lidiar con los pensamientos, los sentimientos, y las experiencias que acompañan a la madurez física”.

Conclusiones
A modo de conclusión creemos conveniente aseverar que es necesario tomar partida sobre el tema tratado, creemos conveniente señalar que la solución a dicha problemática es la de revisar los valores establecidos para reformular nuestra vida cotidiana. Es pertinente señalar que el seno familiar es el tema central y el foco donde deben sostenerse las investigaciones respecto a esta temática.
Los problemas estrechamente relacionados con el sexo prematuro afectan a todos los sujetos sin importar su condición.
Es necesario que se produzcan controles sobre los medios de comunicación masivos y no dejarse llevar por los impulsos propiciados por los mismos.

Bibliografía
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Margulis, Mario y otros. (1997). La Cultura de la noche: la vida nocturna de los jóvenes en Buenos Aires (1ª ed. 2ª reimpr.) Buenos Aires: (de) Editorial Biblos.
Sainz, Carola (1993) El despertar. Sexo en la Adolescencia. Revista Viva. Diario Clarín, Junio 1993.
Secretaría de Programas Sanitarios. Ministerio de Salud. Presidencia de la Nación (2007). Jóvenes y sexualidad. Una mirada sociocultural. (1ª ed.) Buenos Aires: Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación.

 

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