Los Riesgos socioculturales y el Rol que debe asumir el sistema educativo en la prevención y concientización

 

 LOS RIESGOS SOCIONATURALES Y EL ROL QUE DEBE ASUMIR EL SISTEMA EDUCATIVO EN LA PREVENCIÓN Y CONCIENTIZACIÓN

IES Nro 9-011 “Del Atuel”.

 Grupo de Estudios de Riesgos Ambientales y de los Efectos del Cambio Climático en Establecimientos Educativos (GERACC).

San Rafael, 20 de febrero de 2017

Por los profesores Liliana Ruiz y Gabriel Negreira

Liliana Ruiz: Profesora del 3er Ciclo de la EGB y de la Educación Polimodal en Sociología, egresada de la Esc. Nº 9-003 Normal Superior “Mercedes Tomasa San Martin de Balcarce”. Integrante de REDULAC RRD / Capítulo Argentina. Integrante de REDULAC RRD / Capítulo Argentina

Gabriel Negreira: Profesor de Grado Universitario en SIG, egresado de la FFYL/ UNCUyo, Lic en SIG egresado de la UNTREF. Integrante de REDULAC RRD / Capítulo Argentina.

Agradecemos la colaboración en la redacción de este documento a todos los integrantes del GERACC.

  1. Introducción

La prevención y concientización de riesgos de desastres son temas que cotidianamente van ganando terreno en diferentes ámbitos de discusión. En el presente artículo abordaremos la gestión del riesgo de desastres desde el sistema educativo en la prevención y concientización junto al rol que debe asumir en la problemática del riesgo socionatural desde la perspectiva de género. Por estos motivos hemos intentado plasmar las ventajas de incorporar a las instituciones educativas en el debate, al mismo tiempo hacemos un breve recorrido sobre los conceptos centrales empleados para hacer referencia a los fenómenos adversos que aquejan a la comunidad, para finalizar rescatamos algunos de los puntos salientes de los incendios ocurridos en Chile entre el 18 de enero y el 5 de febrero de 2017.

  1. Desarrollo

Las noticias que a menudo recibimos de grandes desastres ocurridos en distintos puntos del globo, generan en nosotros la idea de que convivimos de manera lejana con el riesgo, sin embargo cuando estos fenómenos son padecidos por nuestra comunidad alterando la cotidianidad, nos recuerdan que habitamos la región cuyana, la que casualmente posee el mayor riesgo sísmico de la Argentina, por ello estos sucesos nos invitan a reflexionar sobre cuál es la percepción de nuestra sociedad sobre los riesgos socionaturales presentes en el territorio del Sur mendocino. Podemos mencionar que los eventos que nos acontecen con mayor frecuencia son, el viento zonda, los aluviones, los incendios, el vulcanismo y el riesgo tecnológico, además del riesgo sísmico con el que convivimos de forma permanente.

Virginia García Acosta, afirma que “…los desastres en América Latina y El Caribe, han sido producto del crecimiento poblacional, de los procesos de urbanización, de las tendencias en la ocupación del territorio, del creciente empobrecimiento de importantes segmentos de la población, y de la utilización de inadecuados sistemas en la construcción de viviendas… por ello se ha incrementado “continuamente la vulnerabilidad de la población frente a una amplia diversidad de eventos.” (LA RED, 1993). (García Acosta. 2005. p.11)

Por ello desde el sistema formador docente nos formulamos la siguiente pregunta ¿Qué tan importante es concientizar a la población en general y a los futuros profesores en particular sobre los riesgos socionaturales?

Para responder a este interrogante nos apoyaremos en dos casos notorios que fueron comentados y analizados durante la exposición de la especialista Gloria Bratschi durante la jornada organizada por GERACC el día 29 de noviembre de 2016 en San Rafael (Mza).

Gloria Bratschi: Promotora para Argentina Campaña “Ciudades Resilientes UNISDR-EIRD.ONU”, Integrante de las Plataformas Regional y Nacional de Argentina para la RRD. Consultora Internacional en Comunicación, Gestión de Riesgos. Docente Titular Comunicación Institucional, Universidad Nacional de Cuyo. Periodista, locutora nacional, dirección y producción artística. Integrante de REDULAC RRD / Capítulo Argentina.

El primero de estos sucesos que mencionaremos ocurrió en Haití la tarde del 12 de enero de 2010, cuando se produce un sismo de 7.3° de magnitud en la escala de Richter. El epicentro se localizó a 15 kilómetros de la capital de Puerto Príncipe. Según las cifras oficiales ofrecidas por el gobierno haitiano un año después del terremoto, las víctimas fueron de 316,000 muertos, 350,000 heridos y más de 1.5 millones de personas perdieron sus hogares.

El segundo caso se produjo el 27 de febrero de 2010, cuando siendo aproximadamente las 03:34 Hs, se registra uno de los mayores terremotos en la historia de Chile con una magnitud de 8,8° en la escala de Richter. En este caso el movimiento telúrico tuvo una duración de cuatro minutos con epicentro en el Océano Pacífico a unos 400 kilómetros al sur de Santiago de Chile, según la Cruz Roja chilena el número de víctimas fatales fue de 525 personas, en su mayoría debido al tsunami que también abarcó una parte significativa del territorio trasandino.

Como podemos apreciar la magnitud del terremoto de Chile con 8,8° en la escala de Ritcher, resulta superior a la del terremoto de Haití con 7,2° de la misma escala, sin embargo la cantidad de muertos y desaparecidos en ambos eventos es diferente, registrándose además una menor destrucción en Chile a diferencia de Haití. Estas diferencias se deben no solo a las características socioeconómicas de ambos países, sino a que también la población chilena se encuentra organizada para hacer frente a las catástrofes y posee a su vez una adecuada percepción de los riesgos a los que se encuentra expuesta.

Desde el Grupo de Estudios de Riesgos Ambientales y de los Efectos del Cambio Climático en Establecimientos Educativos (GERACC) del IES Nro 9-011 “Del Atuel”, adherimos al concepto que sostiene que los riesgos no son naturales.

Coincidimos con Virginia Acosta (2005) al decir que “es cada vez más evidente de comprender a los desastres no como eventos, sino como procesos que se van gestando a lo largo del tiempo hasta derivar en sucesos desastrosos para las poblaciones”. (p.9). Al mismo tiempo el riesgo es el resultado de una construcción social, producto de un complejo proceso sociohistórico, cultural, económico y político.

En la misma línea de opinión  Natenzon y Ríos (2016), agregan que;

“Si bien los escenarios de riesgo y las catástrofes en tanto su manifestación, son producto de las configuraciones socioespaciales engendradas en tiempos históricos precedentes, en algunos casos vinculadas  con procesos de << larga duración>>… pensamos que es necesario darle prioridad en la indagación a los procesos socioespaciales que vienen configurando esos escenarios de riesgo a lo largo de las últimas décadas, Son las dinámicas socioespaciales contextualizadas en la etapa actual de la globalización capitalista, signada por el modelo hegemónico neoliberal, las que le otorgan sentido y significación a la producción de escenarios de riesgo de desastres contemporáneos, los cuales, sin lugar a dudas, se hallan en un momento de veloz e intensa mutación, como nunca antes había ocurrido en la historia”. (p. 16,17)

Ante lo recién expuesto y en este nuevo siglo que apenas comienza, resulta paradójico y hasta contradictorio observar en los medios de comunicación la cantidad de personas afectadas y los bienes perdidos luego de ocurrido un desastre, los espectadores tienen la sensación de que la experiencia acumulada durante el siglo XX, el conocimiento y la tecnología actual no son útiles para prevenir, y mucho menos para gestionar el territorio antes, durante y después de ocurridos los eventos. Al mismo tiempo y al someter bajo análisis los hechos, observamos que éstos en ocasiones son tratados de manera coyuntural y naturalizada, instaurando involuntariamente la idea de que la sociedad sólo puede aceptar pasiva y resignadamente sus efectos.

Como docentes debemos reconocer que desastres y amenazas naturales o antrópicas no son sinónimos y que las condiciones para que los desastres ocurran son socialmente construidas y diferencialmente percibidas e interpretadas por la población.

Pero ¿Qué es el Riesgo?, antes de continuar con nuestro análisis se hace necesario definirlo como “la probabilidad de que ocurran resultados imprevistos o consecuencias poco anticipables que derivan de decisiones, omisiones o acciones de los diversos actores sociales”. (Beck 1998), (Natenzon.2016.p.5).

El riesgo constituye una condición latente para la sociedad representando la probabilidad de daños, los cuales, si alcanzan un cierto nivel, que es en sí socialmente determinado, pasarán a ser conocidos como “desastres”. El riesgo, que es inherente a la vida en el planeta, se conforma por la interacción en un tiempo y territorio específicos de dos factores (aunque no los únicos como ya veremos más adelante) las amenazas y las vulnerabilidades sociales. La relación entre ambos factores es dialéctica y dinámica, cambiante y cambiable. Estos cambios se deben tanto a la dinámica de la naturaleza, como a la dinámica de la sociedad (Lavell, 2000: 19), (Acosta. 2005. p. 12, 13)

A ambas definiciones podemos resumirlas diciendo que para que exista riesgo deben encontrarse amenazadas las personas y sus bienes juntos o por separados.

El riesgo como fenómeno es complejo y multidimensional, Claudia Natenzon (1995) identifica cuatro elementos básicos del riesgo íntimamente vinculadas entre sí, estas son: peligrosidad, vulnerabilidad, exposición e incertidumbre. Cada uno de ellos representa las dimensiones que lo atraviesan.

Pasando en limpio lo recién dicho podemos sintetizar la definición de riesgo en una sencilla fórmula:  Riesgo = Peligrosidad x Vulnerabilidad x Exposición x Incertidumbre.

El lector debe entender que de acuerdo a la fuente de peligro y/o amenaza al riesgo podemos clasificarlo en los procedentes de una fuente natural  y los procedentes de orígenes  antrópicos también conocidos como riesgos tecnológicos.

Nuestra perspectiva sobre la conceptualización del riesgo coincide con la óptica de Allan Lavell (1998), quien ha diagramado una categoría para definir las amenazas que reciben el nombre de “socionaturales”, y comprenden las fuentes de peligro que toman la forma de amenazas naturales y, de hecho, se construyen sobre elementos de la naturaleza, sin embargo su concreción es producto de la intervención humana en los ecosistemas y ambientes naturales. Así, por ejemplo, la destrucción de cuencas y la deforestación contribuyen en determinados casos a un aumento en la incidencia e intensidad de inundaciones y sequías; la urbanización sin infraestructuras adecuadas para el drenaje pluvial cambia el equilibrio del ecosistema local generando inundaciones urbanas. (p. 11)

Por otro lado entre los riesgos que poseen fuentes de peligro de origen humano llamados también riesgos tecnológicos o antrópicos encontramos a todos aquellos derivados de las actividades de las personas dándose por la rotura de un oleoducto, el mal funcionamiento del sistema de compuertas de un embalse, o un accidente industrial, ejemplificamos este último en la figura de la tragedia de Bhopal (India), donde  según las fuentes consultadas:

“La madrugada del 3 de diciembre de 1984 una nube tóxica (isocianato de metilo) invadió la capital del estado de Madhya Pradesh, en el centro del país. La fábrica de pesticidas de la empresa estadounidense Union Carbide sufrió un escape de gas mortal que se llevó la vida de prácticamente todo aquel que encontraba a su paso. Mucha gente estaba durmiendo a esa hora y no tuvo tiempo de escapar. Según las cifras oficiales del Gobierno, murieron 5.000 personas. Las asociaciones que dan apoyo a las víctimas suben esa cantidad a 25.000 y hablan de 500.000 afectados con distintas incapacidades”. http://www.elmundo.es/internacional/2014/12/03/547db7aa22601d1c4c8b4598.html)

A continuación definiremos brevemente los cuatro componentes del riesgo socionatural, vistas desde la teoría social del riesgo:

Peligrosidad o Amenaza: Están materializadas por las fuentes naturales (sísmicas, volcánicas, atmosféricas, etc) o humanas desencadenantes que afectan a la personas y sus bienes.

Vulnerabilidad: Es la estructura social junto a los aspectos económicos de los grupos humanos involucrados previa a la ocurrencia del evento.

Exposición: Constituyen los aspectos ambientales y poblacionales del lugar junto a la distribución territorial de la población.

Incertidumbre: Hace referencia al conocimiento y a la percepción que los grupos sociales involucrados poseen sobre el riesgo al que se encuentran expuestos.

Como podemos apreciar, la problemática del riesgo socionatural es multidimensional y por ello compleja, por lo cual su análisis y tratamiento requiere indefectiblemente del abordaje multidisciplinario de ciencias tales como la pedagogía, la geografía, la historia, la sociología, la arquitectura y las ingenierías, no se deben dejar de lado las diversas escalas territoriales y la inclusión de todos los sectores sociales, políticos, económicos más aquellos sectores que ejercen el poder real y simbólico de un determinado lugar.

Abordar el riesgo desde este enfoque, implica realizar una tarea de desnaturalización del fenómeno, tarea que ya no debe estar vinculada solamente a un grupo técnico profesional específico que trabaja aislado, sino que se debe abordar de manera participativa con la intervención de toda la comunidad, y que sea esta conjunción de saberes quién evalúa según las características específicas de su territorio, las fortalezas, debilidades y amenazas, para luego a partir de ese análisis crear junto a los organismos del estado, su propio diagnóstico, en las etapas componentes del ordenamiento territorial que Buzai y Baxendale (2011) organizan en los siguientes estadios de trabajo, ordenamiento[iii], planificación[iv] y gestión territorial (V) resumidos en el siguiente cuadro.

FIGURA 1. Componentes del ordenamiento territorial, fases de trabajo y ubicación de la Geografía Aplicable-

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Fuente: Buzai y Baxendale (2011). Análisis espacial con sistemas de información geográfica. 

Dentro de este orden de ideas y relacionado con el ordenamiento territorial, Ramírez Rojas (s.f), opina que los desastres que frecuentemente afectan a los países nos demuestran que prepararse solamente, sin considerar otras áreas de la gestión del riesgo termina en fracaso, el mismo autor se pregunta ¿De qué otra forma se puede explicar la gran cantidad de daños que provocan los eventos adversos cuando estos se materializan? (p.14), debido a esto las etapas recién explicadas deben considerar las acciones enmarcarse en el ciclo de los desastres, es decir junto a las tareas de prevención[vi], mitigación[vii] y preparación[viii] en el “Antes”, en las tareas de respuesta[ix] en el “Durante” y en las tareas de recuperación[x] y rehabilitación en el “Después” ante los diferentes escenarios de riesgos de desastres, todo ello tendiente a favorecer la resiliencia[xi] de la población partiendo necesariamente desde el sistema educativo mediante mesas de gestión sociocomunitarias.

Cuadro 1. Fases del Ciclo de los Desastres

Antes Durante Después
Prevención  

 

 

Tareas de respuesta

 

Recuperación
Mitigación  

Rehabilitación

Preparación
Alerta

Fuente: Elaboración propia

En cuanto a la interpretación y percepción de los desastres, Aparicio y Balmaceda (2015) et al coinciden en identificar hasta cuatro distintos enfoques o paradigmas en la concepción de los desastres … Si bien estos paradigmas presentan diferencias profundas entre sí, podrían sintetizarse en dos enfoques. En el 1er enfoque, se hallan aquellos que equiparan a los desastres con los fenómenos naturales a los cuales están asociados, atribuyendo mayormente la responsabilidad de las catástrofes a los eventos físicos, relegando a la sociedad a un rol pasivo y promoviendo visiones fatalistas que obstaculizan las acciones preventivas. (p.163)

A este enfoque recién enunciado podemos encuadrarlo en lo que Ramírez Rojas (s.f), llama la – Cultura del Desastre -, este autor sostiene que;

“ya que el viejo paradigma del desastre está sustentado en actitudes y conductas inadecuadas y en creencias y comportamientos de las personas y de las comunidades, ajenos a la realidad. Estas condiciones, personales y colectivas son también la cultura del desastre. Esta cultura determinada en gran medida por los estilos de vida de las poblaciones induce a que los esfuerzos de las comunidades se centren en la preparación y en la respuesta solamente, como medios para mitigar los daños ocurridos, para evitar que se compliquen las situaciones adversas sucedidas y para salvar algunas de las vidas de las personas que resultaron lesionadas o afectadas. Esa es la cultura del actuar cuando queda poco por hacer, cuando el desastre se ha consumado. Las personas que actúan según esta cultura, se ubican en posiciones generalmente extremas. En algunos casos, se caracterizan: por el desinterés en conocer los factores que provocan el riesgo, por la poca preocupación de actuar en forma preventiva y por la indiferencia que muestran cuando son advertidas de que tienen la posibilidad de sufrir algún daño o pérdida ante amenazas indiscutibles”.(p.15)

Continuando con Aparicio y Balmaceda (2015), en el 2do enfoque encontramos, “aquellas miradas que consideran que el riesgo se construye socialmente por las acciones u omisiones de cada uno de los sujetos expuestos, de esta manera es sencillo observar que, la predominancia de uno u otro enfoque, es relevante por las consecuencias directas en la reducción o incremento de la vulnerabilidad de la población”. (p.163)

El planteo, recientemente expuesto en el 1er enfoque, resultaría dificultoso de superar si no incorporamos al sistema educativo como agente indispensable en su abordaje, desde una perspectiva pedagógica que permita superar la conciencia ingenua. Freire Pablo  (1972, p.90), y favorezca el protagonismo en los sujetos de aprendizaje con capacidad de intervenir en su entorno, para que de ese modo puedan transformarlo en un espacio más seguro de habitar. De este modo desde las aulas se generaran los procesos de concientización en la población coadyuvando al desarrollo de actitudes proactivas frente al riesgo y cimentando el compromiso comunitario en la gestión territorial, a través de acciones tendientes a reducir la vulnerabilidad, la exposición y la incertidumbre, en palabras de Aparicio y Balmaceda (2015) sostenemos que “…mientras determinados enfoques de los docentes pueden contribuir a formar sujetos «irresponsablemente» pasivos ante el riesgo e inconscientemente constructores del mismo, otros podrían favorecer la formación de ciudadanos no sólo conscientes de su responsabilidad en la reducción o mitigación del riesgo sino, también, preparados para desarrollar acciones consecuentes con tales propósitos”.(p.162), como podemos apreciar esta postura está en sintonía con el 2do enfoque.

Desde nuestro grupo de estudios, entendemos que en este análisis no podemos desvincular la mirada social, geográfica e histórica en la planificación y gestión territorial y mucho menos de la prevención del riesgo socionatural, ya que en esta mirada sociohistorica de nuestro entorno y de las actividades que desarrollamos en él, entendemos que la distribución territorial de los asentamientos humanos no es casual ni caprichosa, en palabras del geógrafo Pierre George (1967) podemos decir que Si el hombre se encuentra situado en un determinado marco de existencia es porque unos encadenamientos sucesivos de circunstancias atrajeron o rechazaron a sus antepasados al lugar en el que vive, ya sea a causa de procesos de conquista, ya sea a causa de procesos de frustración”. (p.21)

Entonces ¿Cuál es la relación entre los procesos sociohistoricos de ocupación del territorio y los desastres? Virginia Acosta (2005) nos responde diciendo que “la creciente evidencia, derivada de estudios de casos, de que muchos de los desastres tradicionalmente atribuidos a causas naturales eran generados, en buena parte, por prácticas humanas relacionadas con la degradación ambiental, el crecimiento demográfico y los procesos de urbanización, todos éstos vinculados en gran medida con el incremento de las desigualdades socioeconómicas a escala local, regional, nacional y, desde luego, internacional. (p.7)

¿Cómo podemos considerar en prepararnos para hacer frente a una eventual catástrofe si perdemos de vista a la sociedad que se encuentra amenazada ya sea por fenómenos de índole natural o antrópica?. Es evidente que tampoco podemos perder de vista nuestra historia y los motivos que impulsaron a nuestros antecesores a forjarse un destino en estas latitudes.

Los riesgos socionaturales como su nombre lo indica constituyen un fenómeno social, por tal motivo es la sociedad en su conjunto, con las instituciones con las que cuenta y respetando la especificidad de funciones, quien debe asumir el rol protagónico que le corresponde para su abordaje. Siendo  el sistema educativo y particularmente el sistema formador docente quien debe ponerse a la vanguardia e instaurar el debate social para que de manera responsable podamos atrevernos a hablar de riesgos de desastres.

De modo similar opina la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe, argumentando que  “La integración del enfoque de la gestión del riesgo en el sector educativo es determinante para incrementar la concientización sobre el efecto y causa de los desastres. Las escuelas que incluyen acciones de gestión del riesgo contribuyen a una cultura para la prevención, esencial para el desarrollo sostenible de los países. Estas acciones reducen los riesgos de desastres y fortalecen las capacidades de las comunidades más vulnerables para responder a las emergencias”. (http://www.unesco.org/new/es/santiago/education/disaster-risk-management-education/)

Para que ello suceda debemos pensar en la incorporación de la problemática de los riesgos socionaturales en los diseños curriculares y en los planes de formación para docentes de todos los niveles contemplando la formación profesional en el nivel universitario en todas las carreras.

Al observar la recurrencia de eventos desastrosos en nuestro país, como inundaciones, incendios, vulcanismo y aluviones, solo por mencionar algunos fenómenos, vemos cómo la sociedad padece sus efectos incluso aumentando el número de afectados en cada suceso, estos se constituyen en evidencia suficiente para demostrar que como sociedad no hemos realizado el esfuerzo necesario para convertir al sistema educativo con todas sus capacidades en un factor más de concientización y de prevención de riesgos de desastres en el ejercicio mismo en la construcción responsable de ciudadanía. Ello se debe a que “Los sistemas educativos de la región siguen siendo alimentados, en gran medida, con esquemas tradicionales muy formales y academicistas, con currículas cerradas, poco flexibles, que se reflejan en el trabajo de aula del docente y en la falta de preparación de los alumnos en aspectos vinculados con la vida, con la realidad, como es el caso de la educación sobre riesgos y desastres”. (Campos Armando, 1998, et al, p. 1)

Al indagar sobre estos temas, podemos percibir que nuestro problema social es aún más profundo, se trata de una cuestión cultural como también de falta de políticas de estado, ya que aún no llegamos a considerar de manera concreta al ordenamiento territorial junto a la prevención y concientización sobre riesgos de desastres como objetivos educativos a ser tratado al interior de las aulas como una problemática más de la realidad social. Para consolidar esta ambiciosa meta, debemos consensuar y construir un andamiaje teórico metodológico que articule los objetivos educativos de cada nivel, junto a las políticas públicas necesarias para modificar la realidad socioterritorial, contemplando las amenazas naturales y antrópicas que podrían afectarnos, sin ceder ante las presiones del capital financiero especulativo en bienes inmobiliarios, que muchas veces proponen urbanizaciones en zonas inundables o propensas a aluviones.

Por otro lado resulta claro que los desastres, la construcción social del riesgo y su percepción son procesos dinámicos y complejos. Al entenderlos y por lo tanto, estudiarlos en perspectiva sociohistórica, el énfasis no se concentra en el evento desastroso aislado sino que busca identificar los procesos socioterritoriales que subyacen en ellos, para lo cual es necesario historizar los desastres, a fin de poder estudiarlos contribuyendo a la consolidación de la memoria colectiva.

Dentro de esta perspectiva Brito y Martínez (2005), sostienen que “las experiencias vividas en el presente, las formas de imaginar el porvenir y la memoria son dimensiones esenciales en la constitución de la subjetividad; dicho de otro modo, podría decirse que el pasado, entendido no como algo terminado sino como un proceso en continua construcción, es un elemento que dota de sentido a la realidad social y participa de los modos en que los sujetos significan y dan sentido al mundo que les rodea”. (p.4)

Asimismo en esta perspectiva histórica Allan Lavell (1998) agrega que:

“ La vulnerabilidad se construye socialmente y es una de las normas de concreción de los modelos económicos impulsados. Con referencia a esto, se ha sugerido que la acumulación de vulnerabilidades, y la propensidad de sufrir desastres es más rápido en América Latina en aquellos países de más rápido crecimiento y transición, por las mismas irracionalidades que los procesos de acumulación de capital han introducido en términos del territorio, el ambiente y la sociedad, en general. (Maskrey, 1994). Desde ahí, surge la importancia de historizar el problema de los desastres, de analizarlos en una perspectiva temporal larga, de examinarlos desde la perspectiva de su proceso de construcción social y no solamente como eventos consumados, palpables, sentidos, medibles , sufridos y lamentados”. (p.9)

Desde las diferentes disciplinas pero en especial desde las ciencias sociales, para el sistema educativo será más sencillo producir el cambio de paradigma en cuanto a la conceptualización y la percepción del riesgo a nivel comunitario, este nuevo paradigma debe permitirnos migrar de la cultura centrada en el desastre o – Cultura del Desastre -, a una cultura social comprometida con la reducción de los factores de riesgo y de la vulnerabilidad social, disminuyendo la exposición e incertidumbre, lo que traerá aparejado la reducción de riesgo de desastre. Dentro de este marco Ramírez Rojas (s.f) sostiene que “debemos crear e integrar los recursos disponibles necesarios para prevenir el riesgo, apoyados en una educación de calidad que permita la formación en las personas de actitudes, el fortalecimiento de los valores, el conocimiento de la realidad, la adopción de un compromiso con su seguridad y la de los demás y el desarrollo de competencias para reducir los riesgos”. (p.17)

Para alcanzar esta meta el Comité Andino para la Prevención y Atención de Desastres (CAPRADE), puntualiza las características básicas del docente que dinamiza la educación en Gestión del Riesgo, estas son:

  • Maneja con propiedad conceptos básicos que fundamentan la Gestión del Riesgo.
  • Conoce la dinámica del ecosistema del cual forma parte.
  • Procura la integración, tanto de los conocimientos disciplinares como de los saberes ancestrales con los que cuenta su comunidad, reconociendo en ellos potencialidades para la comprensión y manejo de problemáticas frente al riesgo.
  • Emprende procesos de reflexión crítica para integrar el análisis de situaciones de riesgo a su práctica pedagógica.
  • Comprende los retos de la educación en Gestión del Riesgo, como un compromiso con su comunidad para el vivir bien.
  • Articula las acciones de la educación para la Gestión del Riesgo con la propuesta educativa institucional.
  • Comunica sus conocimientos sobre la educación en Gestión del Riesgo, utilizando los medios y espacios de comunicación a su alcance, y las tecnologías de información y de la comunicación disponibles.
  • Lee, interpreta y deriva comprensiones de la realidad, a través de la experiencia directa, de la interacción con la gente, de su contacto con los medios de comunicación a nivel local, nacional e internacional.
  • Promueve en la comunidad educativa la participación y el trabajo en equipo como estrategias para la comprensión y el manejo de situaciones de riesgo.
  • Propone y ensaya metodologías, estrategias y herramientas apropiadas para el abordaje de la temática de la educación para la Gestión del Riesgo.
  • Planifica las acciones educativas para la Gestión del Riesgo en el marco de la propuesta educativa institucional.
  • Genera alianzas con otros grupos o instituciones para el cumplimiento de los propósitos educativos en la temática.

A las características recién enunciadas debemos agregar de manera obligatoria la perspectiva de gestión de riesgos desde el enfoque de género, en este punto desde GERACC, presentamos en diciembre de 2016 ante el Honorable Concejo Deliberante de la Municipalidad de San Rafael, un proyecto de ordenanza de acuerdo a lo establecido por el art. 100 bis del reglamento interno del mencionado órgano, el cual expresa:

“Art.100º Bis)TODO CIUDADANO del Departamento de San Rafael o representante legal de Organización no Gubernamental, podrá presentar proyectos de Ordenanzas o de Decretos, el que deberá encontrarse debidamente fundado. La iniciativa deberá ser suscripta por algún Concejal. Si no lo fuere, lo será por el Presidente del Honorable Concejo Deliberante, al solo efecto de habilitar su tratamiento y pase a la Comisión respectiva”.

Mediante esta normativa proponemos se trate en las primeras sesiones ordinarias de 2017, y se declare – de interés departamental al día “30 de mayo[2]”, fecha del aniversario del terremoto ocurrido en las localidades de “Colonia Las Malvinas y Villa Atuel”, como “Día Departamental de Concientización sobre Desastres Socionaturales desde el Enfoque de Género”.

Sismo del 30 de mayo de 1929: Destruyó las construcciones de Colonia Las Malvinas y Villa Atuel, Dpto. San Rafael. Causó la muerte de 30 personas y numerosos heridos. El sismo fue sentido hasta San Juan al norte, Buenos Aires al este, Neuquén y Río Negro al sur. Su intensidad fue de VIII grados Mercalli. Fuente: http://contenidos.inpres.gov.ar/sismologia/historicos

En la fundamentación de nuestra propuesta que capitaliza la experiencia recogida en la Argentina sino también por otros países expresamos que:

“En el vecino país de Chile, la Ministra de la Mujer y la Equidad de Género Claudia Pascual Grau, quien es además Antropóloga Social egresada de la Universidad de Chile sostiene que, “Durante las catástrofes, es frecuente que las mujeres, además de tener que hacerse cargo de sus propias pérdidas y necesidades, asuman responsabilidades como el cuidado de quienes no pueden valerse por sí mismos, la contención emocional de los miembros de la comunidad afectada, la preparación de alimentos, la limpieza de los lugares comunes y el restablecimiento de redes de apoyo y asociatividad disueltas por la emergencia. Al mismo tiempo, el estrés posterior a los siniestros y las condiciones provisorias de sobrevivencia, aumentan el riesgo de que las mujeres experimenten vulneración en sus derechos y no pocas veces situaciones de violencia de género”. El mismo ministerio agrega que “en los países donde la discriminación y violencia contra las mujeres es aceptada social y culturalmente, las niñas y mujeres quedan en una situación de especial vulnerabilidad después de un desastre natural o ante situaciones de peligro. Las cifras demuestran que no solo mueren más mujeres y niñas que hombres durante y después de los desastres, sino que también aumenta exponencialmente la violencia de género – en la que se incluye el abuso sexual, la trata de personas y la violencia doméstica -”. (p.2,3)

Al día de la fecha la presente propuesta de ordenanza aún aguarda su tratamiento por el HCD, no obstante somos optimistas en que se dará el visto bueno a su moción.

 

Conclusión

A lo largo del trabajo hemos manifestado nuestro convencimiento de que la sociedad en su conjunto es responsable de la ocurrencia de los desastres, en palabras de Allan Lavell diremos que:

“La sociedad misma es la causa principal de los desastres, y no los eventos físicos, naturales o no, con los cuales se asocian, y también, en muchas oportunidades, se confunden. Un desastre claramente no es un sismo o huracán, sino los efectos que estos producen en la sociedad. Los eventos físicos son claramente necesarios y un prerrequisito para que sucedan los desastres, pero no son suficientes en sí para que se materialicen. Debe haber una sociedad o un subconjunto de la sociedad vulnerable a sus impactos; una sociedad que por su forma particular de desarrollo infraestructural, productivo, territorial, institucional, cultural, político, ambiental, y social resulte incapacitada para absorber o recuperarse autónomamente de los impactos de eventos físicos “externos”. (Blaikie, et al,1996; Wilches Chaux,1998; Maskrey,1993); (Lavell 1998; Lavell 1999, p. 10).

Al momento de esbozar las últimas ideas de este documento, e intentando capitalizar las experiencias transmitidas por los medios de comunicación luego del gran incendio forestal que afectó tres regiones del sur de Chile entre el 18 de enero y el 5 de febrero del corriente año, nos encontramos que la catástrofe tuvo un costo de USD 26,5 millones, consumió en total 467.000 hectáreas, dejando 6 mil damnificados según un balance oficial. (INFOBAE: http://www.infobae.com/)

Ante este hecho de nada sirvieron las advertencias del especialista chileno  Michel De L’Herbe, quien el 3 de enero de 2017, fuera invitado por la comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados para exponer sobre las políticas públicas en prevención y combate de incendios forestales. Allí, anticipó la inminencia de que se desatarían siniestros como los que han arrasado miles de hectáreas en la zona centro-sur del país. (Emol: http://www.emol.com/), para la sorpresa de todos a la reunión no concurrió el director de CONAF[xii] ni el director de la ONEMI[xiii], lo que según el perito evidencia una falta de comprensión institucional grave acerca de este problema y sus soluciones, el gobierno chileno desestimó la información suministrada por el especialista con las consecuencias ya por todos conocidas. (The Clinic: http://www.theclinic.cl/)

Ampliando el punto anterior en el mismo medio digital y haciendo alusión al sistema de  “Gestión de Emergencias”, Michel De L’Herbe decía que este, es utilizado por los países con altos niveles de desarrollo a lo largo del mundo: “Es un área de la gestión que tiene que ver con emergencia, que en Chile se desconoce al punto que se considera que la emergencia es solo la fase de respuesta. Cuando hablamos de ‘Gestión de Emergencia’ se habla de un ámbito que se preocupa de la mitigación, prevención, preparación, respuesta y recuperación. Es un ciclo completo”. (Emol: http://www.emol.com/)

¿Cómo es posible que los funcionarios de uno de los países que registra la mayor proporción de eventos desastrosos de la región no tuvieran en cuenta la advertencia del especialista en incendios?

Pero … ¿Acaso no ha sucedido lo mismo en Argentina en las recurrentes inundaciones del litoral y de Buenos Aires?, en Mendoza acaso ¿no se han urbanizado barrios y emprendimientos turísticos en lugares expuestos al riesgo aluvional o propensos a los efectos de las dinámicas de laderas?

Las evidencias anteriores son sorprendentes y alarmantes considerando la experiencia acumulada no solo en Argentina sino que también en el vecino país. ¿Los argentinos que hemos aprendido e incorporado luego de los terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas padecidas por el pueblo chileno?, sin duda esta es una pregunta con la respuesta aún abierta y que puede obtener respuesta en la aplicación de la ley 27.287 del Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo y la Protección Civil, aprobada el 28 de septiembre de 2016 en la Cámara de Diputados de la Nación, la cual  crea un Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo.

Con estos fundamentos sostenemos que el sistema educativo es la institución idónea para producir el cambio de paradigma necesario en lo referido a conceptualización, percepción y construcción del riesgo socionatural, para ello insistimos en que es imperioso incorporar esta temática en los planes de estudio de todos los niveles y carreras. Quizás así en el futuro los funcionarios públicos, médicos, docentes, técnicos y sociedad, tendrán en cuenta las advertencias de los especialistas y veremos disminuir el número de personas afectadas y bienes perdidos en cada evento.

Finalizamos esta reflexión con el lema de nuestro grupo de estudio que de forma sucinta resume las ideas que hemos intentado expresar.

“Conocer y comprender el riesgo socionatural, es responsabilidad de todos”

NOTAS

[iii]         Ordenamiento Territorial: Procesos y acciones organizadas entre sí, de carácter intelectual (plan) y ejecutivas (gestión), que tienen como meta el desarrollo sostenible en un área.

[iv]         Planificación Territorial: Proceso con base técnico-científica que permite la realización de una herramienta de carácter intelectual (plan) diseñada para la acción futura.

[v]          Gestión Territorial: Conjunto de decisiones, diligencias y actuaciones que conducen a la administración de recursos, al desarrollo de actividades económicas y a la ejecución de planes.

[vi]         Prevención: expresa el concepto y la intención de evitar por completo los posibles impactos adversos mediante diversas acciones que se toman con anticipación. Entre los ejemplos se incluyen la construcción de represas y de muros de contención para eliminar el riesgo de las inundaciones; reglamentaciones sobre el uso de los suelos que no permiten el establecimiento de asentamientos en zonas de alto riesgo; y diseños de ingeniería sísmica que velan por la supervivencia y el funcionamiento de los edificios que se consideren como vitales en caso de un terremoto.

[vii]        Mitigación: Las medidas de mitigación abarcan técnicas de ingeniería y construcciones resistentes a las amenazas, al igual que mejores políticas ambientales y una mayor sensibilización pública.

[viii]        Preparación: Su objetivo principal es desarrollar las capacidades necesarias para gestionar de forma eficaz todos los tipos de emergencia y lograr transiciones metódicas y ordenadas desde la respuesta hasta una recuperación sostenida. La preparación se basa en el análisis sensato del riesgo de desastres y en el establecimiento de vínculos apropiados con los sistemas de alerta temprana. La preparación incluye actividades tales como la planificación de contingencias, la reserva de equipos y suministros, el desarrollo de disposiciones para la coordinación, la evacuación y la información pública, y la capacitación y los ejercicios de campo correspondientes.

[ix]         Respuesta: El suministro de servicios de emergencia y de asistencia pública durante o inmediatamente después de la ocurrencia de un desastre, con el propósito de salvar vidas, reducir los impactos a la salud, velar por la seguridad pública y satisfacer las necesidades básicas de subsistencia de la población afectada.

[x]          Recuperación: Contiene las tareas de rehabilitación y reconstrucción comienzan inmediatamente después que ha finalizado la fase de emergencia, y deben basarse en estrategias y políticas preexistentes que faciliten el establecimiento de responsabilidades institucionales claras y permitan la participación pública.

[xi]         Resiliencia: Es la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficaz, lo que incluye la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas.

[xii]        CONAF: La Corporación Nacional Forestal, http://www.conaf.cl/

[xiii]        ONEMI: Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior. http://www.onemi.cl/

 

Bibliografía

 

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