Educación de la conciencia. S Benetti

FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA    

Lic. Santos Benetti

Es evidente que hoy en esta cultura posmoderna se vive una profunda crisis ética debido al rechazo generalizado a cualquier tipo de normas y límites externos, y al desprestigio de las instituciones normativas tradicionales.

Por tanto, la formación de la conciencia, crítica y autónoma, es una de las tareas ineludibles de los educadores (padres, docentes, psicopedagogos, etc) transformando la conciencia heterónoma (la ley viene de afuera) propia de una sociedad no-democrática en una conciencia autónoma (la ley surge de dentro de uno mismo, de la propia comunidad)

Para lograr esta conciencia crítica y autónoma, se sugieren estos elementos:

Desarrollo de la Libertad del sujeto y de su autonomía, de tal modo que sea el sujeto a lo largo de su maduración quien decida en diálogo con los otros aquellas normas que son sanas y convenientes en cada caso. No es una libertad total del individuo sino una libertad condicionada por la misma sociedad, donde todos tienen derechos y deberes mutuos; de allí la necesidad de un consenso y de un diálogo constructivo. Niños y adolescentes tienen derecho a este diálogo con sus pares y con los adultos.

– Para ello, desarrollar la Racionalidad inherente a toda norma, ver sus porqués y para qué. No hay normas válidas “porque sí, porque están mandadas”, sino que surgen como una necesidad para el vínculo sano y la convivencia armónica. Esto implica crear un grupo o comunidad sanos, donde cada sujeto conozca sus derechos y los derechos ajenos; luego sepa defender los propios sin violar los ajenos desde el principio de igualdad y tolerancia. Importancia en esto de los Derechos y Deberes Humanos.Por tanto, no basta enunciar principios morales (esto es bueno o malo) sino que hay que mostrar su racionalidad, apelando fundamentalmente al criterio de lo que es sano y conveniente “para el sujeto y para la comunidad”. Para sí y para el otro.

– Si estas bases existen, entonces sí se puede apelar a la Responsabilidad del sujeto, ya que aceptando como propias las normas es capaz de ser responsable de su cumplimiento. Una responsabilidad que supone la Reparación si el sujeto ocasiona daño a otros o a sí mismo.

– En función de estos principios (libertad, diálogo, racionalidad, responsabilidad) todo el sistema educativo familiar y extrafamiliar (incluido el religioso) debe reestructurarse, ya que en general se trata de instituciones poco democratizadas y que siguen guiándose por el principio autoritario y heteronómico. La cuestión no es enseñar Ética o Derechos Humanos sino crear una estructura educativa que viva los derechos y los deberes, en armonía con el cosmos, con la vida y con los otros seres humanos.

– Al mismo tiempo, es fundamental distinguir entre corregir y retar, corregir y castigar, castigar y reparar. La corrección (siempre necesaria en la sociedad) no debe ser humillante ni vengativa, sino un medio para que el sujeto comprenda su imperfección, inmadurez o inconveniencia (hacia sí mismo o hacia los otros) y repare ese proceder, ya que él mismo ha sido menoscabado u otros han sido heridos en sus derechos.

Recordar que “co-rregir” es acompañar a otro para que sepa regirse (y actuar rectamente como un rey) o autogobernarse, como hacía el adulto que acompañaba al niño rey hasta su adultez. Los castigos y humillaciones o descalificaciones siempre logran el resultado contrario al deseado: fortalecen las inconductas y vuelven rebeldes a los sujetos que buscarán la forma de vengarse con nuevas inconductas o bien tratarán de evitar el castigo adoptando conductas simuladas e hipócritas.

En lugar del castigo, cuando hubo una falta, corresponde la reparación del mal hecho o la corrección de la conducta incorrecta.

Y en lugar de los premios para lograr resultados, lo que genera una conciencia deformada y una moral de la conveniencia, los padres y educadores pueden recurrir a ciertas “gratificaciones”, o sea, detalles, atenciones, palabras y gestos, que expresan “gratis” el afecto o subrayan el esfuerzo realizado.

La madurez de la personalidad exige ineludiblemente esta formación de un “sujeto” crítico, libre y dialogante con los otros. Y solo una comunidad crítica y dialogante puede lograr estos resultados. Una comunidad que no busca la “perfección” (imposible en el ser humano) sino la salud armónica, lo que supone la posibilidad de “enfermarse” y de “curarse”. No hay modelos de perfección ni leyes absolutas, sino un continuo encontrar formas de mejor convivencia y respeto al otro, teniendo en cuenta diversas circunstancias.

Tampoco existen valores e ideales apriorísticos: también aquí está el esfuerzo de la comunidad por consensuar aquellos valores e ideales que considera los mejores para crecer. La historia de la cultura y de las religiones nos hablan de este constante proceso. Lo que ayer fue un valor (la limosna al pobre, por ejemplo) hoy puede ser un antivalor. Lo que ayer fue un ideal (el niño obediente y sumiso) hoy es una conducta inaceptable y alienante. Nos queda esta pregunta : Cómo lograr en la escuela y en la familia una conciencia sana, madura y responsable.

 

Conciencia, formación de la..

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Artículos – Educación primaria y secundaria

La formación de la conciencia, crítica y autónoma, una tarea ineludible.

LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA    

 

Lic. Santos Benetti

 

Es evidente que hoy en esta cultura posmoderna se vive una profunda crisis ética debido al rechazo generalizado a cualquier tipo de normas y límites externos, y al desprestigio de las instituciones normativas tradicionales.

Por tanto, la formación de la conciencia, crítica y autónoma, es una de las tareas ineludibles de los educadores (padres, docentes, psicopedagogos, etc) transformando la conciencia heterónoma (la ley viene de afuera) propia de una sociedad no-democrática en una conciencia autónoma (la ley surge de dentro de uno mismo, de la propia comunidad)

 

Para lograr esta conciencia crítica y autónoma, se sugieren estos elementos:

Desarrollo de la Libertad del sujeto y de su autonomía, de tal modo que sea el sujeto a lo largo de su maduración quien decida en diálogo con los otros aquellas normas que son sanas y convenientes en cada caso. No es una libertad total del individuo sino una libertad condicionada por la misma sociedad, donde todos tienen derechos y deberes mutuos; de allí la necesidad de un consenso y de un diálogo constructivo. Niños y adolescentes tienen derecho a este diálogo con sus pares y con los adultos.

 

– Para ello, desarrollar la Racionalidad inherente a toda norma, ver sus porqués y para qué. No hay normas válidas “porque sí, porque están mandadas”, sino que surgen como una necesidad para el vínculo sano y la convivencia armónica. Esto implica crear un grupo o comunidad sanos, donde cada sujeto conozca sus derechos y los derechos ajenos; luego sepa defender los propios sin violar los ajenos desde el principio de igualdad y tolerancia. Importancia en esto de los Derechos y Deberes Humanos.Por tanto, no basta enunciar principios morales (esto es bueno o malo) sino que hay que mostrar su racionalidad, apelando fundamentalmente al criterio de lo que es sano y conveniente “para el sujeto y para la comunidad”. Para sí y para el otro.

 

– Si estas bases existen, entonces sí se puede apelar a la Responsabilidad del sujeto, ya que aceptando como propias las normas es capaz de ser responsable de su cumplimiento. Una responsabilidad que supone la Reparación si el sujeto ocasiona daño a otros o a sí mismo.

 

– En función de estos principios (libertad, diálogo, racionalidad, responsabilidad) todo el sistema educativo familiar y extrafamiliar (incluido el religioso) debe reestructurarse, ya que en general se trata de instituciones poco democratizadas y que siguen guiándose por el principio autoritario y heteronómico. La cuestión no es enseñar Ética o Derechos Humanos sino crear una estructura educativa que viva los derechos y los deberes, en armonía con el cosmos, con la vida y con los otros seres humanos.

 

– Al mismo tiempo, es fundamental distinguir entre corregir y retar, corregir y castigar, castigar y reparar. La corrección (siempre necesaria en la sociedad) no debe ser humillante ni vengativa, sino un medio para que el sujeto comprenda su imperfección, inmadurez o inconveniencia (hacia sí mismo o hacia los otros) y repare ese proceder, ya que él mismo ha sido menoscabado u otros han sido heridos en sus derechos.

Recordar que “co-rregir” es acompañar a otro para que sepa regirse (y actuar rectamente como un rey) o autogobernarse, como hacía el adulto que acompañaba al niño rey hasta su adultez. Los castigos y humillaciones o descalificaciones siempre logran el resultado contrario al deseado: fortalecen las inconductas y vuelven rebeldes a los sujetos que buscarán la forma de vengarse con nuevas inconductas o bien tratarán de evitar el castigo adoptando conductas simuladas e hipócritas.

En lugar del castigo, cuando hubo una falta, corresponde la reparación del mal hecho o la corrección de la conducta incorrecta.

Y en lugar de los premios para lograr resultados, lo que genera una conciencia deformada y una moral de la conveniencia, los padres y educadores pueden recurrir a ciertas “gratificaciones”, o sea, detalles, atenciones, palabras y gestos, que expresan “gratis” el afecto o subrayan el esfuerzo realizado.

 

La madurez de la personalidad exige ineludiblemente esta formación de un “sujeto” crítico, libre y dialogante con los otros. Y solo una comunidad crítica y dialogante puede lograr estos resultados. Una comunidad que no busca la “perfección” (imposible en el ser humano) sino la salud armónica, lo que supone la posibilidad de “enfermarse” y de “curarse”. No hay modelos de perfección ni leyes absolutas, sino un continuo encontrar formas de mejor convivencia y respeto al otro, teniendo en cuenta diversas circunstancias.

 

Tampoco existen valores e ideales apriorísticos: también aquí está el esfuerzo de la comunidad por consensuar aquellos valores e ideales que considera los mejores para crecer. La historia de la cultura y de las religiones nos hablan de este constante proceso. Lo que ayer fue un valor (la limosna al pobre, por ejemplo) hoy puede ser un antivalor. Lo que ayer fue un ideal (el niño obediente y sumiso) hoy es una conducta inaceptable y alienante. Nos queda esta pregunta : Cómo lograr en la escuela y en la familia una conciencia sana, madura y responsable.

Lic. Santos Benetti

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