Educación ética, Emociones y Sentimientos. Base neurológica. Aplicaciones pedagógicas .Benetti. Damasio

FORMACIÓN ÉTICA, EMOCIONES Y SENTIMIENTOS.

A- Base neurológica de emociones, sentimientos y ética

Lic. Santos Benetti
Introducción
La problemática de la Ética es sin dudas la más conflictiva de esta etapa posmoderna que nos toca vivir a tal punto que podemos afirmar que hoy vivimos una situación casi pre-ética con grandes signos de psicopatía generalizada que ya se extiende incluso al terreno de los adolescentes y de la escuela, con actos antisociales, abusos y desórdenes de todo tipo e incluso actos brutales y asesinatos alevosos de inusitada crueldad, a los que parece hay que acostumbrarse.

No voy a detenerme en esta descripción, harto conocida con sólo mirar a nuestro derredor y seguir los informativos de los medios.

Mi preocupación, y seguramente la de todos los educadores, y en esta palabra incluyo a padres, maestros, docentes, psicopedagogos, psicólogos, comunicadores sociales, es la de encontrar una estrategia o metodología educativa que desarrolle el sentido ético, o lo que es lo mismo, sentimientos, actitudes y valores positivos hacia uno mismo y hacia los demás.

Para eso, debemos encontrar un fundamento, un porqué de la ética que signifique un punto universal de reflexión y de práctica, prescindiendo del sexo, edad, cultura o religión de la persona.

Sabemos que, en general en todas las culturas, la ética estuvo relacionada con la religión, de la que era un complemento importante. Se descontaba que místicos, profetas, sacerdotes y gente del clero eran los responsables de fijar ciertas normas de conducta y que toda la sociedad e incluso el Estado estaban obligados a cumplirlas, ya que se las consideraba como emanadas del mismo Dios o de los Dioses.

Por lo tanto, esta normativa se regía por el principio de autoridad, un principio heterónomo, o sea, al exterior del propio ser humano que nacía y vivía bajo una ley anterior y fuera de sí mismo.

Pero esta situación ha cambiado radicalmente. Hoy entendemos que las normas éticas de origen religioso, no dejan de ser normas originadas en seres humanos o en cierta cultura, bajo la suposición interpretativa de que reflejaban la mismísima voluntad de Dios, un Dios demasiado similar a las personas que lo representaban.

Pero el hombre de nuestra cultura, posmoderna y secular, exige una razón de las normas. Ya no confía en el principio de autoridad: “Esto es así porque lo dice Dios, la Biblia, el Profeta, el Papa…” Se supone que si lo dicen es porque hay un motivo racional anterior. En todo caso, tales personas o instituciones rubrican lo que una razón valedera señala.

Pero resulta que las normas éticas varían de una religión a otra, incluso varían dentro de una misma comunidad religiosa, y que cuando se piden explicaciones del por qué de las mismas, tales explicaciones racionales no existen o se dan por sobreentendidas por aquello de que “in illo tempore”, Dios hizo tal o cual revelación.

Lo cierto es que hoy son muchas las disciplinas e instituciones que se ocupan del tema ético, entre ellas, la educación, la psicología, la antropología, la filosofía y por qué no, la neurobiología, una ciencia que está revolucionando muchos de nuestros conceptos y paradigmas junto a la física cuántica y a la moderna cosmología evolucionista.

Al mismo tiempo las Naciones Unidas (ONU) intentan diseñar un modelo mínimo de convivencia universal entre todos los pueblos con cierto efecto muy moderado hasta el momento, y dejando inmensos vacíos tanto en la conducta de los propios dirigentes como en las motivaciones de sus normativas, expertos mediante.

Y las dos instancias educativas básicas, familia y escuela…

¿comprenden la novedad y hondura de esta situación? ¿Se han cerciorado de que vivimos una revolución cultural de mayor alcance que la del Renacimiento y la Modernidad? ¿Son concientes de que las tradicionales metodologías de formación ética fracasan porque los antiguos fundamentos del principio de autoridad y de tradición ya no son tenidos en cuenta por las nuevas generaciones?

Y los responsables de la Educación, ¿se han percatado de que el cultivo de la tecnología, de la información y de la pura racionalidad en la escuela no es suficiente para generar una conducta ética?

Y si la escuela-educación no desarrolla conductas éticas, conductas sanas y positivas hacia uno mismo y hacia los demás… ¿para qué sirve? Fracasa en lo más importante de su cometido, porque si no se aprende a vivir armónicamente, ¿de qué aprendizaje estamos hablando?

Así, pues, con el fin de aportar algunos elementos reflexivos y prácticos a tan importante cuestión, intentaré presentar algunas ideas partiendo, en este caso, de los aportes de la Neurobiología, para tratar de entender cómo se forman los sentimientos y la praxis ética en cualquier ser humano y cómo la familia y la escuela tienen una fundamental tarea en esa construcción.

Para ello, en la explicación neurobiológica, seguiré el excelente libro  “En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos” ( Crítica, Barcelona, 2005) de Antonio Damasio, uno de los más importantes neurobiólogos de la actualidad que ha dedicado su vida con su esposa Hanna al estudio de las bases neurobiológicas de la vida humana, rescatando ideas del filósofo Spinoza (muerto en 1677) sobre la relación entre la ética y los sentimientos y oponiéndose a la postura de Descartes (1650) de supremacía absoluta de la razón, tema al que dedica otro libro “El error de Descartes”.
Transcribiremos parcialmente textos del capítulo 2, 3 y especialmente 4, abocados al tema de las emociones, los sentimientos y su relación con la ética.

Luego recomendaremos e incluiremos la lectura de otros artículos de especialistas preocupados por la educación de los sentimientos o por la llamada Inteligencia Emocional.

1. Emociones y Sentimientos

Antes que nada vamos a dar conceptos básicos y describir cómo se originan desde el punto neurológico las emociones y los sentimientos que son base de la ética, para preguntarnos luego cómo proceder desde el punto de vista pedagógico.

Si bien a menudo se toman como sinónimos los términos “emociones” y “sentimientos”, Dalmasio, como los neurólogos modernos, los distingue claramente, a pesar de su íntima conexión:

“Las emociones son acciones o movimientos, muchos de ellos públicos, visibles para los demás pues se producen en la cara, la voz y en conductas específicas.

Algunos componentes no se manifiestan a simple vista, pero en la actualidad pueden hacerse “visibles” mediante exámenes-científicos, tales como ensayos hormonales y patrones de ondas electrofisiológicas.

Los sentimientos, en cambio, siempre están escondidos, como ocurre necesariamente con todas las imágenes mentales, invisibles a todos los que no sean su legítimo dueño, pues son la propiedad más privada del organismo en cuyo cerebro tiene lugar.

Las emociones se presentan en el teatro del cuerpo. Los sentimientos en el teatro de la mente….

Las emociones y el sinnúmero de reacciones asociadas… forman parte de los mecanismos básicos de la regulación de la vida… Los sentimientos contribuyen también a la regulación de la vida, pero a un nivel superior.

Las emociones y las reacciones relacionadas parecen preceder a los sentimientos en la historia de la vida… Las emociones son el fundamento de los sentimientos, esos acontecimientos mentales que forman la base sólida de nuestra mente…

¿Por qué las emociones preceden a los sentimientos? La respuesta es sencilla: porque la evolución dio primero las emociones y después los sentimientos. Las emociones están constituidas a base de reacciones simples que promueven sin dificultad la supervivencia de un organismo y de este modo pudieron persistir fácilmente en la evolución…Todos los organismos vivos, desde la ameba hasta el ser humano, nacen con dispositivos diseñados para resolver automáticamente los problemas básicos de la vida, sin que se requiera el razonamiento adecuado.

Dichos problemas son:

– encontrar fuentes de energía,

– mantener el equilibrio químico del interior compatible con el proceso vital;

– conservar la estructura del organismo mediante la reparación del desgaste natural; y

– detener los agentes externos de enfermedad y daño físico.

La palabra homeostasis es el término apropiado para el conjunto de regulaciones y el estado resultante de vida regulada…”  (Homeostasis: de similar posición, estabilidad, equilibrio)

En esta regulación homeostática, para resolver los problemas anteriormente dichos (conseguir alimentos, funcionamiento equilibrado de los órganos vitales, descanso, autoconservación, respuesta a elementos patógenos y dañinos…) hay según Dalmasio, varios niveles, de menor a mayor, de lo más primitivo y automático a lo más evolucionado y necesitado de aprendizaje:

En el nivel básico están:

  1. La Regulación metabólica (de los sentidos, del ritmo cardíaco, respiración, digestión, equilibrio, etc.)
  2. Reflejos básicos ante un peligro, elemento extraño, calor o frío extremos, exceso de luz, golpes…
  3. Sistema inmune que detecta y combate virus y substancias tóxicas…

En el nivel medio:

  1. Comportamientos de placer y dolor (recompensa y castigo) ante determinados objetos o situaciones… que significan beneficios, peligro o enfermedad.
  2. Instintos básicos: hambre, sed, sexo, fuga, ataque, curiosidad, exploración…

En el nivel superior:

  1. Emociones propiamente dichas: alegría, placer, pena, miedo, orgullo, vergüenza, simpatía…
  2. Sentimientos: expresión mental de todos los niveles anteriores de regulación automática. Es la cumbre del equilibrio homeostático y de la armonía vital. Los sentimientos son específicos del ser humano; los elementos anteriores de regulación automática son comunes a todos los seres vivientes (vegetales y animales) en grados diversos.

En la evolución, cada nivel superior no elimina al anterior, sino que lo asume y mejora para una mejor adaptación. Por eso vemos, por ejemplo, que instintos, emociones y sentimientos (fase 5, 6 y 7) están íntimamente unidos y tienden a confundirse en sus manifestaciones psicosomáticas.

La paradoja del ser humano es que, habiendo logrado la culminación evolutiva con el desarrollo de la mente, de la razón, de los sentimientos y de la conciencia, no deja de estar dependiente de los procesos de las etapas anteriores, no sólo de los mecanismos de organización biológica (totalmente automatizados y necesarios para vivir) sino en particular de los instintos y emociones propias de ciertas especies animales, como la sexualidad y la agresividad.

Este aspecto de “animalidad” e “instintividad” fue lo que sorprendió a la religión y a la filosofía que no encontraron el modo de conjugar armónicamente los instintos con la mente racional. Y aún hoy padecemos este “dualismo” cuerpo-espíritu, del que Descartes fue un típico representante racionalista, en la línea de gnósticos, estoicos y del dualismo greco-cristiano.

En síntesis: las emociones, como las de felicidad-alegría-placer, tristeza-dolor, miedo, etc. son un conjunto complejo de respuestas químicas y neurales producidas por el organismo (cerebro) cuando éste detecta un estímulo emocionalmente competente (EEC), o sea, un objeto o acontecimiento cuya presencia real o de rememoración mental, desencadena la emoción.

Las respuestas son automáticas y tienen múltiples manifestaciones somáticas (tensión muscular, palidez, alteración del ritmo respiratorio, digestivo y cardíaco, etc.) y síquicas (euforia, miedo, culpa, rabia, vergüenza…)

En los seres humanos (y aún en muchos animales), basta un recuerdo para que se genere la emoción similar a la primera vez en que se tuvo la experiencia del estímulo.

Es un dato muy importante a tenerlo en cuenta en la educación: el valor de las primeras emociones positivas (infancia con padres afectivos, emociones ante el hermano, el vecino, etc.) cuyo recuerdo perdurará en el tiempo y cuyo “mapa cerebral” se disparará ante una situación nueva similar.

Pero ¿qué sucederá si las primeras emociones ligadas a las experiencias de la vida (familia, vecinos, sexualidad, trabajo, dinero, etc.) son negativas?

Finalidad de las emociones“Las emociones proporcionan un medio natural para que el cerebro y la mente evalúen el ambiente interior y el que rodea al organismo, y para que el organismo responda en consecuencia y de manera adaptativa.”

Hay que tener en cuenta que las emociones evalúan de forma natural y automática (así un estampido nos provoca inmediatamente sobresalto o miedo porque se evalúa “peligro”; un rostro sonriente y amable se evalúa como benigno y acogedor).

En cambio, la mente humana también evalúa, pero en forma conciente y racional, a menudo trabajosamente y buscando ayuda,en otros sujetos, y debiendo elegir entre variables ya que debe evaluar situaciones más complejas y complicadas que incluso demandan tiempo y suponen probabilidad de errores, algunos fatales.

Precisamente hoy estamos ante situaciones de respuestas éticas (saludables para el individuo y la sociedad) sobre cuyos alcances beneficiosos o perjudiciales existe amplia discusión, o cuyas consecuencias a corto o largo plazo desconocemos.

Basta citar el problema de inseminación artificial en humanos, alquiler de vientre, matrimonios de homosexuales con hijos adoptivos, leyes que posibilitan ampliamente el aborto en menores, actitud y legislación sobre la pena de muerte, prostitución, venta de órganos, trata de personas, tenencia de drogas, pornografía y un extenso etcétera que parece agobiarnos especialmente cuando tenemos que tomar decisiones ante nuestros hijos o educandos (relaciones sexuales precoces, métodos anticonceptivos, acceso a las drogas, violencias y discriminaciones…)

Pero siempre disponemos de un instrumento regulador:

“Incluso podemos modular nuestra respuesta emocional.  En efecto, uno de los objetivos clave de nuestro desarrollo educativo es interponer un paso evolutivo no automático entre los objetos causativos y las respuestas emocionales. Intentamos, al hacerlo, modelar nuestras respuestas emocionales y adecuarlas a los requerimientos de una cultura determinada…”

O sea, los seres humanos no somos esclavos de las emociones y a través del “desarrollo educativo” (lo dice un bioneurólogo…) podemos modularlas, socializarlas y controlarlas adecuándolas a nuestros objetivos, salud, conveniencia y valores.

Entre la emoción y los instintos (por ejemplo, sexuales) y la acción a la que tienden hay una distancia. Una cosa es sentir un impulso (sexual, agresivo, por ejemplo) y otra cosa es llevarlo a cabo inevitablemente. En esto lo humanos nos distinguimos de los animales.

El ser humano no es responsable de sus emociones e impulsos instintivos y de sentirlos, porque surgen automáticamente de su inconciente, pero sí de lo que decide y hace con ellos. Esta es la cuestión clave para educadores y psicólogos, para la formación familiar y escolar y para la psicoterapia.

Tradicionalmente ciertas emociones e instintos fueron considerados en muchas culturas como “tentaciones del demonio” y, por tanto, venidos de afuera del sujeto y malos de por sí. Hoy entendemos que nacen de nuestro interior-inconciente y que de por sí tienen una finalidad necesaria para la vida (mantenerla, continuarla, defenderla)

Pero el ser humano tiene la-insólita capacidad (libertad) de emplearlos “adecuadamente” para la vida y el bien social, o para la destrucción de sí mismo o de los otros.

Cómo lograr en la adolescencia esta regulación, cuando las emociones ligadas a los instintos surgen con fuerza espontánea y arrolladora, es sin dudas la gran preocupación de padres y educadores. Pero es una tarea que no termina al final de la adolescencia: es la tarea de toda la vida.

Sede de las emociones y de los instintos

Como ya es sabido por muchas investigaciones realizadas por los neurobiólogos, “algunas de las regiones identificadas como lugares que desencadenan emociones son la amígdala, profundamente situada en el lóbulo temporal (no confundirla con la amígdala de la garganta); una parte del lóbulo frontal, denominada corteza prefrontal ventromediana y además otra región frontal en el área motriz…”Y otras localizaciones cerebrales aún en estudio.

Particularmente la amígdala está relacionada con el miedo, la cólera y el sexo, las emociones más primarias y más necesarias para la conservación de la vida.

Miedo: fuga ante el peligro;cólera: ataque al agresor, sexo: perpetuación de la vida.

De por sí son tres emociones positivas, aunque no suficientemente controladas pueden transformarse en individual y socialmente negativas: miedo excesivo, fobias, baja estima; cólera desmedida, ataque indiscriminado a todo lo extraño o distinto, paranoia; sexualidad egocéntrica, dominante, abusiva, sin respeto.

El lóbulo prefrontal, en cambio, detecta y procesa estímulos más complejos relacionados con las emociones sociales, base de los sentimientos respectivos: empatía, compasión, afecto, tristeza, admiración, asombro, gratitud, felicidad, culpabilidad, vergüenza, indignación, desprecio.

Son fundamentales para la formación del sentido y conciencia éticos.

Sintetizando: “La evolución parece haber ensamblado la maquinaria cerebral de la emoción y el sentimiento en entregas parciales.

– Primero fue la maquinaria para producir reacciones ante un objeto o acontecimiento: es la maquinaria de la emoción.

– Luego vino la maquinaria para producir un mapa cerebral.

– Por último, una imagen mental, una idea para las emociones y para el estado resultante del organismo: es la maquinaria del sentimiento.

El primer dispositivo, la emoción, permitió responder de forma efectiva pero no creativa a una serie de circunstancias agradables o amenazadoras para la vida.

El segundo dispositivo, los sentimientos, introdujo una alerta mental para las circunstancias buenas o malas, y prolongó el impacto de las emociones al afectar de manera permanente la atención y la memoria.

Finalmente, en una fructífera combinación con los recuerdos pasados, con la imaginación y con el razonamiento, los sentimientos a su vez condujeron a la aparición de la previsión (del futuro) y a la posibilidad de crear respuestas nuevas, no estereotipadas…

La naturaleza utilizó la maquinaria de la emoción como punto de partida y añadió chapuceramente unos cuantos componentes más.

En el principio fue la emoción, pero en el principio de la emoción fue la acción”.  Así, pues, cuando las emociones son sentidas concientemente, cuando “se siente que se siente”, hablamos de sentimientos, ya que  “el sentimiento es la percepción de un determinado estado del cuerpo junto con la percepción de un determinado modo de pensar y de pensamientos con determinados temas…

El sentimiento, en el sentido puro y estricto de la palabra, es la idea (o percepción) de que el organismo se encuentra de una determinada manera… traduce el estado de vida en curso en el lenguaje de la mente…”

Por eso, mientras que los animales poseen emociones o respuestas automáticas (incluso y probablemente las plantas) sólo los seres humanos poseen sentimientos porque están dotados de un sistema nervioso “capaz de cartografiar estructuras y estados corporales y transformar los patrones neurales de tales mapas en patrones e imágenes mentales…

Para que se produzca un sentimiento se requiere que su contenido sea conocido por el organismo, es decir, la conciencia es un requisito…”

El cerebro humano es el instrumento que realiza todas estas complejas tareas: es quien produce emociones desde sus elementos más primitivos (sistema límbico, de millones de años de antigüedad, presente ya en los primeros mamíferos), y quien toma conciencia de las mismas y las regula mediante sus elementos más evolucionados (lóbulo frontal, corteza cerebral del homo sapiens).

Desde el punto de vista educativo esto es fundamental: los seres humanos que reaccionamos automáticamente frente a ciertos estímulos (sexuales, de miedo, de ira), podemos regular y modular esas reacciones y la consiguiente respuesta.

Para esto, antes que nada el ser humano debe tomar conciencia de sus emociones y sentimientos…

Una tarea que no es, de por sí, automática, sino fruto de aprendizaje y educación. Ser concientes de las propias emociones y de su causa u origen. Asumir esas emociones como propias y decidir qué trámite darles.

Y estamos de lleno en la tarea de educar emociones y sentimientos. Si los instintos y deseos básicos tienen sede en el cerebro, también la conciencia la tiene, en el lóbulo frontal y en la corteza cerebral, y en la interrelación de estos circuitos neurales, mediante billones de conexiones, se produce un equilibrio individual y social. El desarrollo de este complejo equilibrio es la tarea de padres y educadores.

Repasemos lo visto en la primera parte de este artículo:  “Empecemos con una reflexión de cómo se consiguen los dos emblemas de nuestra vida afectiva: la alegría y la pena, y qué representan.

a- Los acontecimientos se inician por la presentación de un objeto adecuado: el estímulo emocionalmente competente (EEC) (o sea, capaz de provocar una emoción).

b- El procesamiento del estímulo… conduce a la selección y ejecución de un programa persistente de emoción.

c- A su vez, la emoción conduce a la construcción de un conjunto concreto de mapas neurales del organismo, al que contribuyen de manera notable señales procedentes del cuerpo propiamente dicho.

d- Los mapas de una determinada configuración son la base del estado mental que denominamos sentimientos de alegría y sus variantes, algo así como una partitura compuesta en clave de placer.

Otros mapas son la base para el estado mental que denominamos pena que… abarca estados negativos tales como angustia, miedo, culpabilidad y desesperación. Son las partituras en clave de dolor.

Los mapas asociados a la alegría (felicidad) significan estados de equilibrio para el organismo… significan la coordinación fisiológica óptima y la marcha tranquila de las operaciones de la vida. No sólo son propicios para la supervivencia, sino para la supervivencia con bienestar.

Los estados de alegría se definen asimismo por una mayor facilidad en la capacidad de actuar….

Los mapas relacionados con la tristeza… están asociados a un cuadro de desequilibrio funcional.

Se reduce la facilidad de acción. Hay un tipo de dolor, síntomas de enfermedad o señales de conflicto fisiológico; todos ellos son indicativos de una coordinación menos que óptima de las funciones vitales. Si no se contrarresta, la situación es propicia para la enfermedad y la muerte….”

Aquí tenemos una indicación muy importante para la educación, el estudio, la salud y el desarrollo de la personalidad:

Cuando se actúa con sentimientos de alegría, entusiasmo, placer y bienestar se logra el punto óptimo para mantener la salud y para cualquier actividad vital, desde las más primarias (comer con apetito, hacer deporte, dormir) hasta las más secundarias: estudiar, trabajar, cooperar, etc.

Como bien dice Damasio: estos estados “son propicios para la supervivencia… para la supervivencia con bienestar… y una mayor facilidad en la capacidad de actuar”

Esta es una experiencia universal: cuando estos sentimientos positivos están en su punto alto, toda empresa parece accesible y el organismo no conoce el cansancio…

La mejor motivación es sentir placer en lo que se hace… ¿Será por eso que la naturaleza agregó tan gran placer, el sexual, a la gran responsabilidad de engendrar y educar la prole?

Cuando los sentimientos son negativos (desinterés, aburrimiento, apatía, agresividad, etc.) estamos en una situación de depresión, abulia y enfermedad. La vida pierde interés…

Si no hay asombro por nuevos conocimientos, entusiasmo por aprender, vínculos agradables, ganas de triunfar, amor por lo que estudia o hace… la inteligencia no se moviliza (no se motiva) y cuánto más se le exige o castiga, menos responde. Es lo que se llama la “contrainteligencia”. Los sentimientos negativos bloquean el flujo de la mente que se vuelve contra el individuo y le provoca abulia, cansancio, stress, neurosis.

Entonces, ¿qué se puede hacer cuando los adolescentes y niños viven sentimientos negativos en la escuela? Es inútil exigirles que “estudien más y se porten bien”.

El problema no es de falta de inteligencia o de voluntad. Es la falta de sentimientos positivos lo que provoca esos síntomas. Sin sentimientos positivos ni la inteligencia ni la voluntad (toma de decisiones) se estimulan.

Los mismos alumnos que se bloquean para aprender nombres de presidentes o de ríos, memorizan al instante nombres de cantantes o deportistas, sean en castellano o inglés. ¿Aumentó su inteligencia? No. La inteligencia es movida (motivada, empujada, estimulada) por sentimientos positivos…

Sólo hay, entonces, un camino para lograr mejorar el nivel de aprendizaje: modificar y educar los sentimientos. Educar en una escuela interesante, alegre, dinámica, con respuestas a los problemas de los chicos…

Evaluaciones incorrectas

“Pero hemos de estar atentos a que los mapas de alegría pueden estar falsificados por toda una serie de drogas, con lo que no reflejarán el estado real del organismo. Algunos de los mapas de droga pueden reflejar una mejora transitoria de las funciones del organismo. En último término, sin embargo, la mejora es insostenible biológicamente y es el preludio de un empeoramiento de la función…

No existen drogas de abuso destinadas a producir pena y depresión. ¿Quién podría tomarlas y menos abusar de ellas?

Pero las drogas de abuso originan realmente tristeza y depresión como reacción a los momentos de alegría que producen al principio.

Por ejemplo, se ha informado que la droga éxtasis produce máximos caracterizados por un estado tranquilamente placentero acompañado de pensamientos benignos. Sin embargo, el uso repetido de la droga produce depresiones cada vez más graves, que se dan a continuación de máximos que cada vez son menos. Parece hallarse directamente afectada la operación normal del sistema de la serotonina, y una droga que muchos usuarios consideran benigna resulta ser muy peligrosa…”

En el sistema nervioso central la serotonina representa un papel importante como neurotransmisor, en la inhibición del enfado, la inhibición de la agresión, la temperatura corporal, el humor, el sueño, el vómito, la sexualidad, y el apetito. Particularmente, los antidepresivos se ocupan de modificar este control sobreestimulando los niveles de serotonina en el individuo. Luego viene la depresión…

“Cuando la emoción es el miedo, el estado especial puede ser ventajoso, siempre que el miedo sea justificado y no el resultado de una evaluación incorrecta de la situación o el síntoma de una fobia…

La implicación de la ira o la tristeza es menos útil, personal y socialmente. Desde luego, la ira bien dirigida puede desanimar los abusos de muchos tipos y actuar como un arma defensiva como sigue haciéndolo en la naturaleza. Sin embargo, en muchas situaciones sociales y políticas, la ira es un buen ejemplo de una emoción cuyo valor homeostático va en baja…”

Otra tarea interesante de psicoterapeutas y educadores en general: corregir ciertos mapas cerebrales distorsionados por una educación en el miedo (tan común en muchas familias y religiones) o por situaciones sociales, históricas y políticas que alimentaron odios “justificados” o conflictos hipotéticos que generan en estado general de intranquilidad, miedo, depresión o rabia y violencia generalizadas. Piénsese sin más en la relación entre árabes y judíos, blancos y negros, católicos y protestantes, etc. etc.

O lo que sucede en nuestro país, donde el estilo político consiste en una constante confrontación entre unos, que se consideran los buenos patriotas, y otros que son denostados como agentes de desestabilización por tener ideas distintas. Todo el mundo político justifica sus agresiones e incluso sus actos corruptos, y acusa a los adversarios como únicos culpables. En este clima de “fanatismo” a ultranza, es imposible pedir racionalidad y coherencia. Los mapas están falsificados y cada uno actúa según su mapa, sin preguntarse si puede o no tener datos erróneos.

Lo mismo sucede con los mecanismos de los prejuicios de género, étnicos, religiosos o culturales.

Mapas cerebrales (percepciones y juicios de valor) que llevan intactos siglos o milenios, son muy difíciles de modificar, y exigen nuevas percepciones, apertura mental, mucho diálogo y decisión para cambiar. Y sobre todo, tiempo y paciencia…

Y por último, en un terreno más cotidiano, todo maestro de los primeros ciclos y profesores de adolescentes saben con cuántos mapas distorsionados llegan los alumnos sobre la misma función de la escuela, sobre sexualidad, sobre la convivencia, etc. que hacen tan difícil la tarea educativa que primero tiene que modificar esos mapas cerebrales y percepciones ya incorporadas como parte de una experiencia.

Y por eso es tan difícil la reeducación de niños y adolescentes que transitan por el camino de la delincuencia y de la droga desde temprana edad.

Función de los sentimientos

“Así, pues, los sentimientos funcionan como sensores mentales del interior del organismo, testimonios de la vida en marcha. También pueden ser nuestros centinelas. Dejan que nuestro Yo consciente, fugaz y estrecho, sepa del estado actual de la vida en el organismo por un breve período. Los sentimientos son las manifestaciones mentales de equilibrio y armonía, de disonancia y discordancia… ¡Qué intrigante resulta que los sentimientos atestigüen el estado de la vida de nuestro interior más profundo!”.

Sentimientos y comportamiento social. Efectos de las lesiones cerebrales
“Existen pruebas crecientes de que los sentimientos, junto con los apetitos y las emociones, desempeñan un papel decisivo en el comportamiento social.

Nuestro grupo de investigación y otros han demostrado que cuando individuos previamente normales sufren lesiones en regiones cerebrales necesarias para el despliegue de determinadas clases de emociones y sentimientos, su capacidad de gobernar su vida en sociedad se ve gravemente perturbada…

El comportamiento social constituye un área de particular dificultad. A estos pacientes no les resulta fácil determinar de quién pueden fiarse,a fin de guiar en consecuencia sus comportamientos futuros. Carecen del sentido de lo que es socialmente apropiado; pasan por alto las convenciones sociales y pueden violar reglas éticas”.

En concreto: investigaciones y estudios neurológicos (descritos ampliamente por Dalmasio en sus libros) coinciden en que son las lesiones en el lóbulo prefrontal,especialmente la parte ventromediana (área 10 de Brodmann), y frontal, las que provocan conductas que llamamos comúnmente psicopáticas o sociopáticas, anulando el sentido ético del sujeto, pero no otras funciones.Se trata de trastornos de personalidad antisocial y con diversos grados, pero siempre con carencia de afectividad y empatía, sentido ético, responsabilidad y remordimiento.

“Pero estos pacientes con lesiones en el prefrontal parecen estar intactos desde el punto de vista intelectual. Hablan normalmente, andan y no tienen problemas de percepción visual ni auditiva. No se distraen cuando participan en una conversación.

Aprenden y recuerdan los hechos que les ocurren, las convenciones y las normas que incumplen cada día e, incluso se dan cuenta, cuando alguien llama su atención sobre el hecho, de que han roto dichas convenciones y normas. Son inteligentes en el sentido técnico del término, es decir, pueden obtener una elevada puntuación en las medidas del CI. Pueden resolver problemas lógicos”.

O sea, las inconductas no provienen de falta de conocimiento de las normas, o por carencia de lógica o de memoria.Los delincuentes pueden conocer perfectamente el código y todo el conjunto de leyes… y hasta enseñarlas…

“Conocen las premisas del problema, las opciones de acción, las consecuencias probables de esas acciones de forma inmediata y a largo plazo, y de qué manera gestionar lógicamente dicho conocimiento. Pero todo esto es en vano cuando más lo necesitan en el mundo real…

Dichos pacientes son emocionalmente insulsos a nivel de las emociones sociales. Emociones tales como vergüenza, simpatía y culpabilidad parecieran disminuidas o ausentes…

He aquí cómo llegué a la idea de que el defecto que estos pacientes mostraban, su torpeza en el gobierno de la vida, podría ser debido al menoscabo de una señal relacionada con la emoción. Yo sugería que cuando estos pacientes se enfrentaban a una situación determinada… no conseguían activar una memoria relacionada con la emoción que le hubiera ayudado a elegir de manera más ventajosa entre diversas opciones en competencia. Los pacientes no hacían uso de la experiencia relacionada con la emoción que habían acumulado a lo largo de la vida…”

Esto es clave en la educación. Por más inteligente que sea el sujeto, su sentido ético y social no está primeramente ligado a sus conocimientos y razonamientos, sino a determinados sentimientos (y emociones) relacionados con ciertas situaciones, objetos o personas: qué sentimientos asoció con mujer, sexo, dinero, vecino, anciano, trabajo, etc.
Si los “mapas” del cerebro son de emociones negativas (maltrato, violencia, desprecio…) ante una nueva situación similar a las vividas, se dispara “automáticamente” el sentimiento negativo.

Si el sujeto “no conoció” un ambiente de afecto, respeto, amor, cooperación… ante una nueva situación su cerebro no tiene “mapas positivos” con qué relacionarla, y la sola explicación “racional-verbal” (esto es bueno, es malo) no le significa absolutamente nada, porque no hay sentimientos de base para esas elaboraciones racionales. Sin sentimientos experimentados, las palabras son vocablos ininteligibles, como otro idioma incomprensible. Nuestro mundo social y político está lleno de estas palabras vacías.

Es obvio, entonces, que la educación ética no consiste en clases teóricas (generalmente “aburridas”) sobre lo que es bueno o malo, sobre valores y dignidad de la persona, sobre derechos y deberes humanos.

La ética sólo se construye en una comunidad que vive y goza emociones y sentimientos positivos asociados a eso bueno, a ese valor o a esa dignidad, a la vivencia de ese derecho o deber.

Si no hay sentimientos, sólo quedan palabras huecas y vacías.

Pero si hay sentimientos, si hay experiencias emocionales positivas, entonces la razón que ya tiene ese mapa positivo, “completa” el trabajo, perfecciona , desarrolla y aplica a la realidad el sentido ético.

Si un sujeto fue amado y valorado por sus padres, “sabe” lo que es el afecto y la valoración de la persona. “Sabe”, siente, vive, experimenta. Y la emoción sentida es el mejor signo de que “sabe”.

Pero si niños y adolescentes experimentan la sexualidad como algo burdo, desconectado de sentimientos y vínculos, o si la mujer es vivenciada como un simple objeto de placer egoísta… ¿qué mapas cerebrales están elaborando para el resto de su vida? ¿Y qué lógica se puede esperar de la razón que trabaja sobre ese material?

¿De qué manera la emoción y los sentimientos desempeñan un papel en la toma de decisiones?

“La respuesta es que existen muchas maneras, sutiles y no tanto, prácticas y menos, todas las cuales hacen que la emoción y el sentimiento no sean simples actores en el proceso de razonar, sino agentes indispensables.

Considérese que, por ejemplo, a medida que se acumula experiencia personal, se forman categorías (mapas) diversas de situación social.
El conocimiento que almacenamos en relación con estas experiencias vitales incluye:

  1. Los datos del problema presentado
  2. La opción elegida para resolverla
  3. El resultado real de la solución
  4. El resultado de la solución en términos de emoción y sentimiento de manera notable”

Pongamos el caso de un niño que con sus padres toma conocimiento de una familia vecina necesitada,en situación de grave indigencia. Esos son los datos del problema (1) Los padres deciden ayudarla. Es la opción elegida (2) Los vecinos se recuperan y agradecen. Es el resultado de la elección (3) El niño, junto a sus padres, se alegra, se siente gratificado y se predispone a seguir ayudando. Son las emociones y sentimientos emergentes (4)

“O sea, el resultado inmediato de la acción elegida, ¿produjo castigo o recompensa? En otras palabras, ¿estuvo acompañado de emociones y sentimientos de dolor o de placer, pena o alegría, vergüenza u orgullo?

Y no menos importante… el resultado futuro de las acciones será de castigo o de recompensa? ¿Cómo fueron las cosas a largo plazo? ¿Hubo consecuencias positivas o negativas? En un ejemplo típico, romper o iniciar una determinada relación, ¿condujo a beneficios o al desastre?

Una de las principales características de la conducta humana es pensar en términos de futuro. Nuestro bagaje de saber acumulado y nuestra capacidad de comparar el pasado con el presente han abierto la posibilidad de preocuparse por el futuro, de predecirlo, anticiparlo en forma simulada, intentar modelarlo de una manera tan beneficiosa como sea posible. Canjeamos la gratificación inmediata y diferimos el placer inmediato por un futuro mejor y hacemos sacrificios inmediatos sobre la misma base…

Las emociones positivas o negativas y los sentimientos que de ellas se siguen, se convierten en componentes obligados de nuestras experiencias sociales…

Por ejemplo, diferentes opciones de acción y diferentes resultados futuros se hallan asociados a diferentes emociones y sentimientos.

En virtud de dichas asociaciones, cuando una situación que encaja en el perfil de una determinada categoría es revivida en nuestra experiencia, desplegamos de forma rápida y automática las emociones apropiadas…

Entre esas emociones-sentimientos, concedo especial importancia a las que están asociadas al resultado futuro de las acciones.

Precisamente este es un buen ejemplo de cómo las yuxtaposiciones de la naturaleza generan complejidad, de cómo poner juntas las partes adecuadas,produce más que su mera suma.
Así pues,, desplegadas en el contexto adecuado se convierten en presagios de los que puede ser bueno o malo en el futuro cercano o distante. El despliegue de estas emociones-sentimientos anticipatorios puede ser parcial o completo, manifiesto o encubierto”

Qué importantes que son estos conceptos en la educación, precisamente en una etapa en que se prepara a chicos y adolescentes “para el futuro”. Esa ”pre-paración” debe estructurarse sobre experiencias emocionalmente positivas (estudiar, trabajar en equipo, ser responsable…) para que en el futuro ante situaciones similares el cerebro contemple un mapa positivo que impulse hacia una buena elección. Lo mismo dígase para experiencias emocionales negativas: preparan para evitar en el futuro experiencias iguales o similares. De allí la importancia de las emociones y los sentimientos.

Importancia de la señal emocional

“Una sensación emocional-visceral (una emoción) puede hacer que uno evite tomar una opción que, en el pasado, tuvo consecuencias negativas, y puede hacerlo antes que nuestro propio razonamiento nos diga precisamente lo mismo: “no lo hagas”…

La señal emocional no es un sustituto del razonamiento adecuado. Posee un papel auxiliar que aumenta la eficiencia del proceso de razonamiento y lo hace más rápido.

En ocasiones puede hacer que dicho proceso sea casi superfluo, como cuando rechazamos de inmediato una opción que conduciría a un desastre seguro, o por el contrario,nos lanzamos a una buena oportunidad que cuenta con una elevada oportunidad de éxito….

La señal emocional puede producir alteraciones en la memoria funcional, la atención y el razonamiento, de forma que el proceso de toma de decisiones resulte inclinado hacia la selección de la acción que con más probabilidad conducirá a la mejor consecuencia posible, dada la experiencia previa. En estas condiciones intuimos:una decisión y la ejecutamos de manera rápida y eficiente, sin conocimiento alguno de los datos intermedios…  Así sucede cuando afirmamos: Mi corazón me dice que esto es lo que tengo que hacer”.

Cuántas opciones éticas y de vida tomamos desde la emoción que acompaña el simple recuerdo de situaciones similares. Y viceversa. Quien tuvo una mala experiencia emocional de la pareja de sus padres, seguramente tomará muchos recaudos antes de comprometerse con una pareja.

Alteración de los sentimientos por la droga

Damasio insiste en un tema ya abordado, pero importante de cara al futuro. “La miopía del futuro que causan las lesiones cerebrales prefrontales tiene su contrapartida en la condición de quien altera de manera constante los sentimientos normales tomando narcóticos o grandes cantidades de alcohol.

Los mapas de la vida resultantes son automáticamente falsos y siempre informan de manera equivocada al cerebro,y a la mente acerca del estado real del cuerpo.

Se podría pensar que esta distorsión podría suponer una ventaja: ¿Qué mal hay en sentirse bien y feliz? Bueno, parece que realmente es muy perjudicial si el bienestar y la felicidad se hallan de manera sustancial y crónica en contradicción con lo que el cuerpo informaría al cerebro en condiciones normales.

En efecto, en las circunstancias de la adicción, los procesos de toma de decisiones fracasan estrepitosamente, y los adictos toman cada vez decisiones menos ventajosas para ellos y para los que tienen cerca. La expresión “miopía del futuro” describe de forma adecuada esta situación comprometida. Si no se le pone remedio, conduce invariablemente a una pérdida de la independencia social”.

Quienes atendemos a estos pacientes, sabemos que la drogadicción conduce inexorablemente, al igual que el alcoholismo, a situaciones antisociales o sociopáticas en las que son comunes las mentiras, el abandono personal y otras irresponsabilidades hacia uno y hacia los demás que tornan imposible todo proyecto de futuro.

Se nos ha descrito la influencia negativa de las drogas en los mapas cerebrales y de las lesiones cerebrales en pacientes adultos que, en consecuencia, pierden la memoria afectiva relacionada con conductas sociales.

Pero nos quedan dos preguntas: Primera: qué pasa cuando esas lesiones cerebrales se reciben en la infancia o adolescencia. Los efectos ¿son los mismos?

Segunda: por qué hay tantos casos de psicopatía y conductas antisociales en personas que no tienen lesiones cerebrales, aunque los síntomas psicopáticos son los mismos que en aquellas personas con lesiones. A qué se debe la carencia de criterios éticos en tantas personas de nuestra sociedad y por qué fracasan los intentos de educación ética en la familia y en la escuela.

Lesión en pacientes jóvenes

“Los pacientes cuya lesión cerebral tuvo lugar durante los primeros años de su vida tienen todavía un defecto más grave en el comportamiento social, y lo que es más importante, parece que nunca han aprendido las convenciones y normas que violan…

No estamos sugiriendo que todo adolescente con un comportamiento similar tenga una lesión cerebral no diagnosticada. Sin embargo, es probable que muchas personas con conducta similar sin que ésta sea debida a una lesión, tengan un funcionamiento anómalo del sistema cerebral parecido al que ha sufrido una lesión.

El funcionamiento anómalo puede ser debido a una falencia en los circuitos neurales a nivel microscópico. Un defecto tal puede tener varias causas, desde la emisión anómala de señales químicas sobre una base genética hasta factores sociales y educativos.

Ahora podemos comprender por qué sufrir una herida en la región prefrontal en los primeros años de vida tiene consecuencias devastadoras. La primera consecuencia es que las emociones y los sentimientos sociales innatos no se despliegan normalmente. En el mejor de los casos, esto hace que los jóvenes interactúen de manera anómala e inadecuada con los demás.

En segundo lugar, no consiguen un repertorio de reacciones emocionales adaptadas a acciones previas específicas… La experiencia del dolor -que es parte del castigo- se desconecta de la acción que causó dicho dolor-castigo, y así no habrá recuerdo de su conjunción para el uso futuro; lo mismo sucede con los aspectos placenteros de la recompensa.

En tercer lugar, existe una acumulación deficiente del conocimiento individual sobre el mundo social. La categorización de situaciones, de respuestas adecuadas e inadecuadas, y el establecimiento y conexión de convenciones y normas, quedan distorsionados…”

Ahora se comprende por qué es tan difícil la rehabilitación de estos individuos cuyo mapa más profundo, su “disco rígido”, del que surgen sentimientos, ideas y decisiones, está tan distorsionado. Como bien señala Damasio, este cuadro antisocial puede deberse también a factores sociales y educativos.

Es decir: una educación y un ambiente cultural no apropiados desde el punto de vista ético, carente de emociones positivas conectadas a situaciones vinculares y sociales (falta de afectos, de alegría, de buen trato, de arrepentimiento y reparación…), o cargada de emociones negativas (fruto de castigos, escándalos, violencias, desavenencias, agresiones físicas y síquicas, desprecios, burlas, malas influencias…), producirá efectos de inconducta ética y antisocial similares a los de sujetos con lesión.

El sujeto anti-social en diversos grados, carente de emociones (insulso) y de sentimientos de empatía y dolor por el prójimo necesitado, de culpa y responsabilidad ante el mal realizado, de ausencia de experiencias de solidaridad y amor hacia el prójimo, es fruto de una educación y un ambiente socialmente enfermos, y especialmente carentes de emociones y sentimientos positivos, o con exceso de autoritarismo y frialdad racional, sin descartarse posibles inclinaciones innatas o alguna deficiencia neural. Es un tema sobre el cual hay aún mucho que investigar.

Qué pasaría en un mundo sin emociones y sentimientos..? “No hay duda de que la integridad de la emoción y el sentimiento es necesaria para el comportamiento social humano normal, con lo que quiero indicar aquel que se ajusta a las normas y leyes éticas y que puede describirse como justo. Me estremezco al pensar qué sería el mundo, desde el punto de vista social, si toda la población, exceptuando una pequeña minoría, padeciera la condición que sufren los seres humanos con lesión del lóbulo frontal…

De qué manera hubiera evolucionado la humanidad si hubiera alboreado con una población privada de la capacidad de responder hacia los demás con simpatía, afecto, vergüenza y otras emociones sociales de las que se sabe que están presentes en forma simple aún en algunas especies no humanas…”

En esta hipotética situación, según Damasio, no habría altruismo ni bondad, ni censura en los casos necesarios, ni reconocimiento de los propios fracasos, ni negociaciones para resolver conflictos, ni sabiduría para las relaciones sociales, ni normas de justicia… ni religión.

“Es improbable que seres humanos sin emociones ni sentimientos sociales básicos hubieran creado nunca un sistema religioso. Los relatos religiosos pudieron haber surgido como respuesta a presiones importantes, a saber, la alegría y la pena conscientemente analizadas y la necesidad de crear una autoridad capaz de validar y reforzar las normas éticas. En ausencia de emociones normales, no hubiera surgido ningún impulso hacia la creación de la religión.

No hubiera habido profetas ni existido seguidores animados por la tendencia emocional a someterse con temor respetuoso y admiración a una figura dominante a la que se confía un papel de liderazgo, o a una entidad con el poder de proteger y compensar las pérdidas y la capacidad de explicar lo inexplicable. El concepto de Dios, aplicado a uno o a varios, hubiera sido de muy difícil aparición…

En resumen: tanto si uno considera que los principios éticos están en su mayor parte basados en la naturaleza como si uno cree que lo están en la religión, parece que obstaculizar la emoción y el sentimiento en una etapa temprana del desarrollo humano no son un buen presagio para la aparición del comportamiento ético.

La eliminación de la emoción y del sentimiento de la imagen humana implica un empobrecimiento en la subsiguiente organización de la experiencia. Si las emociones y los sentimientos sociales no se despliegan adecuadamente, y se desbarata la relación entre las situaciones sociales y la alegría y la pena, el individuo no va a poder categorizar la experiencia de los acontecimientos en el registro de su memoria autobiográfica según la nota de emoción/sentimiento que confiere “bondad” o “maldad” a dichas experiencias.

Esto impediría cualquier nivel ulterior de construcción de las nociones de bondad y maldad, es decir, la construcción cultural razonada de lo que debiera considerarse bueno o malo, dados sus efectos positivos o negativos”.

Sólo nos queda una inquietante pregunta: ¿No estamos acercándonos a esta sociedad sin emociones y sentimientos? ¿Y qué podemos hacer en la familia, en la educación, en el campo político, social y religioso para revertir esta peligrosa situación?

B- Fundamento de la ética. Educación  ética: cómo hacerla. Rol de la familia y de la escuela

Es evidente, como insiste Dalmasio, que la neurología no explica todo lo relacionado con la ética, por supuesto. Hacen falta los elementos culturales y ciencias humanas: antropología, sociología, psicología, educación, filosofía, religión, etc.  Se trata de un  conocimiento complejo e integrado. Pero emociones y sentimientos juegan un papel “fundamental” (de fundamento) en este desarrollo ético.

 “Parece  sensato sugerir que los sentimientos pudieron haber sido  un cimiento necesario para los comportamientos éticos mucho antes de la época en que los seres humanos empezaron siquiera la construcción deliberada de normas inteligentes de conducta social”.

Los sentimientos aparecieron antes de la existencia de los seres humanos, formando emociones sociales automáticas y estrategias de cooperación aún entre especies animales, tal como lo han comprobado diversos especialistas, y como lo observamos cotidianamente en hormigas, abejas, pájaros, lobos, murciélagos, monos y múltiples especies más.

Véase también al respecto nuestro Artículo en la categoría de Derechos Humanos: “Escuela que vive los DDHH, 2”, especialmente el texto de Maturana y Varela, del libro “El árbol del conocimiento”.

“Los comportamientos éticos son un subproducto de los comportamientos sociales. Y no se limita a los seres humanos, se da en especies animales. Pero el comportamiento ético humano posee un grado de complejidad y complicación que lo hace distintamente humano. Las normas éticas crean obligaciones únicamente humanas para el individuo normal que está al corriente de dichas normas. La codificación es, pues, humana…

En fin, podemos darnos cuenta de que una parte de nuestra constitución biológica/psicológica tiene inicios no humanos, pero nuestra comprensión profunda de la condición humana nos confiere una dignidad única… La historia de nuestra civilización es, hasta cierto punto, la historia de un esfuerzo persuasivo por extender los “mejores sentimientos morales” a círculos cada vez más amplios de humanidad… Que estamos lejos de acabar la tarea es fácil de comprender sólo con que se lean los titulares de los periódicos.

Y hay varios puntos tenebrosos naturales con los que luchar. El rasgo de dominación con su complemento de sumisión, es un componente importante de las emociones sociales. La dominación posee un rasgo positivo en el sentido de que los individuos dominantes tienden a proporcionar soluciones a la comunidad, llevan las negociaciones y la guerra. Encuentran el camino de la salvación a lo largo de las rutas que llevan al agua, a los frutos y al refugio, o a través de los senderos de la sabiduría y la profecía.

Pero estos sujetos dominantes pueden convertirse asimismo en matones pendencieros, tiranos y déspotas, especialmente cuando la dominación va de la mano de su gemelo maligno: el carisma. Pueden llevar mal las negociaciones y conducir a los demás a una guerra equivocada. En estos sujetos, la exhibición de emociones agradables está reservada a un número muy reducido constituido por ellos mismos y por los que los apoyan más directamente.

De igual modo, los rasgos de sumisión, necesarios para conseguir acuerdos  y consensos acerca de un conflicto, pueden hacer asimismo que estos individuos sumisos se encojan ante la tiranía y aceleren la caída de todo un grupo por el mero uso excesivo de la obediencia”.

¿Necesitamos dar ejemplos, o nos basta analizar nuestra historia reciente y actual?

“En tanto que animales concientes, inteligentes y creativos sumergidos en un ambiente cultural, los seres humanos hemos podido modelar las normas de la ética, estructurar su codificación en leyes y diseñar la aplicación de éstas…

La reflexión inteligente sobre la relación entre fenómenos sociales y la experiencia de los sentimientos de alegría y pena (felicidad y dolor) parece indispensable para la actividad humana perenne de diseñar sistemas de justicia y organización política.

Quizás más importante todavía, los sentimientos, en especial alegría y tristeza, pueden inspirar la creación de condiciones en ambientes físicos y culturales que promuevan la reducción del dolor y el aumento del bienestar para la sociedad.

En dicha dirección, los avances de la biología y de las ciencias médicas… ciencias, tecnologías y…artes, han mejorado la condición humana de manera constante…”

Homeostasis y gestión de la vida social. El yo, los otros y la socialización

Si bien la vida humana es regulada en primer lugar por los dispositivos naturales y automáticos de la homeostasis: equilibrio metabólico, apetitos, emociones, etc… la vida humana es mucho más compleja por la variedad de conflictos que surgen, de modo que nuestra supervivencia y bienestar son regulados por otros dispositivos que dependen de la relación con los otros y de la creación de instrumentos consensuados de normas éticas y de justicia.

No estamos solos, y la convivencia social con el descubrimiento de “los otros” abre un nuevo frente en el proceso ético. Nuestro bienestar está asociado al bienestar de los otros. Y buscar este bienestar individual y social constituye la esencia del bien-actuar.

“Nuestra vida debe regularse no solo por nuestros propios deseos y sentimientos, sino también por nuestra preocupación por los deseos y sentimientos de los demás, expresados como convenciones y normas sociales de comportamiento ético.

Dichas convenciones y normas y las instituciones que las hacen cumplir -religión, justicia  y organizaciones sociopolíticas- se convierten en mecanismos para ejercer la homeostasis al nivel del grupo social. A su vez, actividades tales como la ciencia y la tecnología ayudan a los mecanismos de homeostasis social…

Con solo algunas variaciones de acento sobre lo individual o lo colectivo, directa o indirectamente, el fin último de estas instituciones gira alrededor de

-promover la vida y evitar la muerte,

-aumentar el bienestar y reducir el sufrimiento…

Es evidente que, a medida que las sociedades humanas se hicieron más complejas, sobre todo durante los diez mil o más años pasados desde que se desarrolló la agricultura, su supervivencia y bienestar dependieron de un tipo adicional de gestión  no automática en un espacio social y cultural. Me estoy refiriendo a lo que generalmente asociamos con el razonamiento y la libertad de decisión.

No es sólo que los seres humanos mostremos compasión por otro ser que sufre, como pueden hacerlo los bonobús y otras especies no humanas.

También sabemos que sentimos compasión, y quizá como consecuencia, hayamos estado influyendo en las circunstancias que hay tras los acontecimientos que en el inicio provocaron emoción y sentimiento.

La naturaleza ha tenido millones de años para perfeccionar los mecanismos automáticos de la homeostasis, mientras que los dispositivos no automáticos tendrían una historia de unos pocos miles de años.

Otra diferencia importante tiene que ver con los fines en relación con los medios y las maneras.

Los fines, los medios y las maneras de los dispositivos automáticos están bien establecidos y son eficaces.

Pero cuando observamos los dispositivos no automáticos, vemos que mientras existe un cierto consenso generalizado en torno a algunos fines (por ejemplo, no matar al prójimo, amarlo) muchos otros siguen aún abiertos a la negociación y no están todavía establecidos: como por ejemplo, de qué manera ayudar exactamente a los enfermos y menesterosos.

Además los medios y maneras para alcanzar esos fines han variado notablemente dependiendo del grupo humano y del período histórico, y son de todo menos fijos”.

O sea, los sentimientos tan relacionados con los valores, pueden ayudar a encontrar objetivos y fines, pero no los medios y  maneras tan dependientes de muchas circunstancias personales y culturales.

Una cosa son los objetivos y fines, y otra las estrategias, metodologías y caminos para lograrlo.

Parece estar comprobado que el cerebro tiene mecanismos automáticos que mueven a la cooperación social en todos los organismos vivientes para mantener la vida y adaptarla a nuevas circunstancias. Pero no determinan los medios específicos par alcanzar ese fin, lo que supone un largo aprendizaje.

Los seres humanos tendemos a preservar la vida y mejorar individual y socialmente, pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo conseguir los éxitos necesarios, cómo conservar el medio ambiente, hacer respetar nuestros derechos, o combatir una enfermedad o hacer frente a un enemigo que intenta destruirnos, o eliminar la pobreza o la delincuencia?

Muchísimos problemas actuales no están referidos a los fines sino a los medios: cómo combatir el Sida, cómo controlar los impulsos sexuales, cómo defender la dignidad de una chica violada, cómo respetar los derechos de los homosexuales…

Y en el campo escolar: cómo lograr un desarrollo integral de los educandos, cómo promover un mejor aprendizaje, cómo mejorar la convivencia…

“Desde esta perspectiva, los sentimientos siguen siendo fundamentales para mantener aquellos fines que el grupo cultural considera inviolables y merecedores de ser perfeccionados.

Los sentimientos son también una guía necesaria para la invención y gestión de medios y maneras que, de algún modo, no entren en conflicto con la regulación básica de la vida, y distorsionen la intención que hay detrás del fin.”

En definitiva, tanto los dispositivos automáticos como los sociales, tienen como fin último conservar la vida y aumentar el bienestar, y orientan en esa dirección.

Pero el estudio neurobioético de todo este proceso está en sus comienzos y se necesita el esfuerzo de la antropología, psicología, pedagogía, política, etc.

Es importante que todas las instituciones y organismos (nacionales e internacionales), especialmente los políticos, comprendan que están al servicio de la vida y del bienestar.   La historia de la humanidad, en especial la del siglo XX, nos dan una imagen muy negativa sobre esta comprensión.

El fundamento de la virtud

“Un organismo vivo, conocido por su dueño porque la mente de éste ha construido un yo (el ser humano), posee una tendencia natural a preservar su propia vida; y el estado de funcionamiento óptimo de este mismo organismo, subsumido por el concepto de alegría, resulta del esfuerzo exitoso por resistir y construir…

La realidad biológica de la autopreservación conduce a la virtud porque en nuestra necesidad inalienable de mantenernos a nosotros, hemos de preservar, por necesidad, a los demás yoes. Si no conseguimos hacerlo, perecemos y de este modo violamos el principio fundacional y renunciamos a la virtud que reside en la autopreservación.

Así, pues, el fundamento secundario de la virtud es la realidad de una estructura social  y la presencia de otros seres vivos en un complejo sistema de interdependencia con nuestro propio organismo…

Los seres humanos son como son: vivos y equipados con apetitos, emociones y otros dispositivos de autopreservación que incluyen la capacidad de saber y razonar.

La conciencia, a pesar de sus limitaciones,  abre el camino para el conocimiento y la razón,  y a su vez, permite a los individuos descubrir qué es bueno y qué es malo. El bien y el mal no son revelados sino descubiertos, individualmente o por acuerdos entre seres sociales.

La definición de bien y de mal es sencilla y sensata. Los objetos buenos son los que promueven, de manera fiable y sostenida los estados de alegría (felicidad) que… aumentan el poder y la libertad de acción. Los objetos malos son los que evocan el resultado opuesto…

Las acciones buenas o malas no son simplemente acciones que concuerdan o no con los apetitos y emociones del propio individuo. Las buenas acciones son las que, al tiempo que producen un bien al individuo a través de los apetitos y emociones naturales, no causan daño a otros individuos.

El precepto es inequívoco. Una acción que fuese beneficiosa individualmente pero que hiciese daño a otros no sería buena porque causar daño a otros siempre inquieta y finalmente daña al individuo causante del daño.

En consecuencia dichas acciones son malas: “nuestro bien reside especialmente en la amistad que nos liga a otros seres humanos y a ventajas para la sociedad” (Spinoza, Ëtica, V, 10)

Más allá de cada yo existen otros, como individuos o entidades sociales, y su propia autopreservación, es decir, sus apetitos y emociones, han de tenerse en cuenta…

La empresa de vivir en acuerdo pacífico y compartido con otros es una extensión de la empresa de autopreservarse a sí mismo. Los contratos sociales y públicos son extensiones del mandato biológico personal…

Más allá de la biología básica, existe un mandato humano que también tiene raíces biológicas pero que sólo surge en el entorno social y cultural, un producto intelectual del saber y la razón…

Hemos de trabajar duro a la hora de formular y perfeccionar el mandato humano, pero en cierta medida nuestro cerebro está constituido para cooperar con otros en el proceso de hacer que el mandato sea posible. Éstas son las buenas noticias.

Las malas, desde luego, son que muchas emociones sociales negativas, junto con su explotación en las culturas modernas, hacen que el mandato humano sea difícil de implementar y mejorar…”

Es probable que se piense que el fundamento social-humano de la ética y del amor al otro sea un tanto egoísta: “porque te necesito, te amo y coopero contigo”

Pero los organismos vivientes son esencial y necesariamente “sociales” y mutuamente dependientes, desde antes de nacer, dependiendo de unos padres para existir… y manteniendo esta dependencia de los otros hasta el fin de sus días. Pero es una dependencia mutua: necesitamos al otro y otros nos necesitan.

Siempre hay un “egoísmo” biológico y psicológico en los seres humanos, o  sea, siempre cada uno busca conservar su vida y acrecentarla con felicidad, y aprende que su felicidad depende de su buena relación con los otros. Necesitamos de los otros para vivir y vivir con bienestar.

Algo muy distinto es el egoísmo moral o ético: una actitud individualista, que ignora lo social, que nunca contempla la relación con el otro ni el bien del otro. Ego-ismo es una palabra latina “ego-idem”, que significa “yo mismo”.

Por eso hasta el viejo mandato de la sabiduría humana que a través de la Biblia nos llegó, lo dice claramente: “Ama a tu prójimo como ya te amas a ti mismo”. Lo primero es amarse a uno mismo, amar su vida y su bienestar.

Lo segundo, el mandato, es amar al otro; lo dado y natural, lo obvio es que uno se ama a sí mismo. Pero no podemos amarnos (vivir, crecer y desarrollarnos sana y felizmente) sin el amor al otro que, por cierto, nos devuelve su amor.

Podríamos modificar el dicho bíblico de esta forma: “Porque te amas a ti mismo, ama también a tu prójimo”… Y el prójimo dirá lo mismo…

En esto también radica el fundamento de la autoestima, tan importante para construir nuestra identidad. El que ama al otro más que a sí mismo, el que se pospone, pierde su identidad y va camino de la depresión y del masoquismo. El que se ama a sí mismo (el que lucha por vivir sanamente y crecer con armonía y felicidad) es el que está en mejores condiciones para amar al otro y darle felicidad.

Cuando “estamos bien”, cuando estamos plenos de felices sentimientos, qué profundo y auténtico es nuestro amor al otro, y cómo ese amor nos enriquece y nos sostiene.

Esto es lo que los antiguos llamaban “sabiduría”, o sea, el arte de “saborear” y disfrutar la vida. Por eso los pueblos antiguos, como nuestros aborígenes, no conocían la propiedad privada, ya que todos los bienes eran compartidos por todos sin que nadie sufriera necesidad. Y entendían, al mismo tiempo, que quien cometía una falta grave (rompiendo una ley o un tabú) ponía en peligro a toda la comunidad. Había una responsabilidad común tanto en los bienes como en los males. Algo que nuestro individualismo actual no comprende.

Finalizando: “El proceso de aprender y recordar acontecimientos emocionalmente competentes es diferente hacerlo con sentimientos conscientes de lo que sería sin ellos. Algunos sentimientos optimizan el aprendizaje y la memoria. Otros, en particular los extremadamente dolorosos, perturban el aprendizaje y suprimen la memoria como protección.

En general, el acuerdo de la situación sentida promueve, concientemente o no, la evitación de acontecimientos asociados a sentimientos negativos y la búsqueda de situaciones que puedan causar sentimientos positivos”.

Mediante la educación y la socialización, tomamos conciencia de nuestros sentimientos, los fortalecemos y reflexionamos para llevarlos a una óptima condición que nos posibilite una vida feliz y nos evite experiencias negativas y destructivas.

Tal el sentido de la ETICA, con mayúsculas, o sea, el arte de vivir con plena felicidad individual y socialmente.

Nos queda ahora la tarea de sacar algunas conclusiones pedagógicas que surgen espontáneamente de este análisis neurobiológico.

Se trata de ser coherentes. Si nuestro organismo biológico mediante el cerebro funciona de esta manera, busquemos una educación acorde con ese funcionamiento.

Si las emociones y los sentimientos son el fundamento de las conductas sociales y éticas, será la educación de las emociones y sentimientos el primer y fundamental paso para construir una conciencia ética. Algo que algunos educadores y psicólogos intuyeron hace mucho tiempo, pero que nuestra escuela nunca tuvo en cuenta a la hora de diseñar su estilo educativo, tradicionalmente de espaldas a emociones y sentimientos, afectos y alegrías.

Consideraciones sobre la educación ética 

1. El primer concepto que tenemos que revisar es precisamente el concepto de “ética” a la que comúnmente se la considera como un conjunto de normas emanadas por otros y se la identifica sin más con la moral, que en realidad son las costumbres propias de cada cultura.

De acuerdo a lo que vamos viendo y a lo que hemos escrito al hablar de los derechos humanos, entendemos a la ética como la postura del ser humano frente al cosmos, a la vida, a sí mismo y a sus semejantes.

La ética, fundamentada en los más profundos sentimientos humanos, está íntimamente relacionada con el sentido de la vida, con la forma como queremos vivir, con la armonía en nuestro interior, la armonía con la naturaleza, con los seres vivientes y con toda la sociedad. Armonía… homeostasis…

Cada persona, cada grupo humano, cada cultura buscará la forma concreta de vivir de acuerdo a sus circunstancias particulares.

Por lo tanto, la formación ética no consiste en un teórico aprendizaje en alguna hora de clase, considerada por docentes y alumnos, como “materia aburrida”.

Qué increíble que el tratamiento de la “mejor forma de vivir” sea considerado como aburrido, y más increíble aún si consideramos que la base de la ética, su esencia misma, no son conceptos y racionalizaciones, sino los más profundos y sentidos sentimientos humanos hacia uno mismo y hacia los otros.

Este es nuestro punto de partida: la ética (del griego ethos que significa comportamiento humano, actitud humana) define nuestra forma de vivir, de vivir con bienestar, de vivir disfrutando y gozando la vida, de convivir placenteramente con los otros, de vivir en constante crecimiento.

Por eso pienso que la otra palabra que la define es “Sabiduría”: el arte de vivir.

2. Por lo tanto, y como primera consecuencia, la educación ética es el aprendizaje de vivir, aprendizaje que se inicia con el nacimiento y finaliza con la muerte.

La educación ética es una experiencia de vida, una experiencia de emociones y sentimientos que dan sabor a la vida y a todas las relaciones del ser humano consigo mismo, con el cosmos, con la sociedad.

La educación ética no es la reflexión de los filósofos ni la obediencia a las normas de una religión u otra institución. Es simplemente la experiencia gozosa, sana, agradable, profunda, total de vivir, y de vivir con el mayor bienestar integral (físico, síquico, social, espiritual).

¿Y dónde se aprende a vivir así? Sabemos la respuesta: primero en la familia, que junto a la escuela mediante, nos abre a la sociedad preparándonos para una vida adulta.

La familia es la matriz ética, no por medio de conceptos, retos y castigos (algo que sucede con mucha frecuencia) sino por medio de un trato afectuoso, por la experiencia del amor, de las relaciones cálidas, de vínculos positivos, de un diálogo confiado.

Ese ambiente familiar (cuando decimos “familiar” ya decimos algo hermoso) en el que se viven las primeras y más profundas emociones es, como lo hemos visto a lo largo de este artículo, la condición básica para una conducta ética. Allí se forman los primeros y definitorios mapas cerebrales sobre las experiencias vitales. Mapas afectivos que se harán presente en circunstancias similares del futuro.

Qué importante que los niños, desde muy pequeños, sientan cómo sus padres les expresan sus sentimientos con gestos y con palabras en un clima de respeto, diálogo, sinceridad y alegría. Eso es un lenguaje… y el niño aprende ese lenguaje.

Los docentes saben que los alumnos no vienen a la escuela como una “tábula rasa”, como una página en blanco. Vienen con sus mapas, a menudo distorsionados y falseados.

Por tanto, la primera tarea es conectarse con la familia, y trabajar juntos sobre los mismos sentimientos que fundamentan una conducta ética, sentimientos que se transforman en “valores” permanentes. Los valores son el concepto mental de los sentimientos.

Sentimiento y valores no se enseñan con conceptos y palabras. Se viven y se aprenden desde esa vivencia.

En una segunda instancia, los mismos padres, al igual que la escuela y la religión, profundizan esas experiencias y les dan formas concretas y puntuales según las muchas situaciones e instancias de la vida y dentro del estilo propio de cada comunidad.

¿Acaso no es ésa nuestra propia experiencia?

3. Y llegamos a la escuela y nos preguntamos: ¿Cómo hacer educación ética?

Y damos la misma respuesta que para la familia, sólo que su aplicación resulta más complicada. La escuela es la primera experiencia grande de socialización de los niños: allí se encuentra con muchos “otros”, tanto de su misma edad como más grandes o pequeños, y se encuentran con otros adultos que no son sus padres… Como educador he visto cómo lloraban tantos niños al encontrarse por primera vez con ese ambiente tan grande y extraño… ¿Dónde está mamá? ¿Y mi abuela? ¿Y mis juguetes?

Y este nuevo lugar ¿es algo completamente distinto a la familia, o tiene elementos comunes?

Por lo tanto: la escuela se define por la vivencia de sentimientos positivos en primer lugar, o por un conjunto de instrumentos institucionales y formales construidos de espalda a los sentimientos?

Qué prioriza la escuela: ¿el aprendizaje pasivo de conceptos y teorías, de conocimientos y técnicas, o las buenas relaciones entre compañeros, de los docentes entre sí, de los directivos con alumnos y docentes?

Qué papel juegan las emociones y sentimientos en la escuela? Nada digamos en la escuela secundaria donde falta la presencia “maternal” y permanente de la maestra.

Por lo tanto: educar en la ética es educar en las emociones y sentimientos. Eso es lo primero. Después se reflexiona y se hacen las aplicaciones concretas a situaciones puntuales de la vida, tanto sobre ejes transversales como en momentos especiales, por ejemplo, debates sobre derechos y deberes humanos, análisis de la Constitución, encuentros sobre valores o actitudes religiosas, etc.

Este es el gran cambio educativo que se necesita: crear una escuela que en su misma estructura y en todos sus vínculos viva los buenos sentimientos, viva los derechos humanos, viva los valores proclamados.

Nuevamente me remito a los artículos sobre derechos humanos: “Escuela que vive los derechos humanos”.

Es importante que la escuela tenga una estructura afectiva y afectuosa, serena, alegre, creativa, espontánea, dialogante. Que docentes y alumnos se expresen, que expresen especialmente sus emociones y sentimientos (algo considerado propio de niñas), que lo hagan con gestos, con palabras y por un medio muy descuidado: el arte.

A través de un arte creativo, danzas, canto, música, dibujos y pinturas, artes audiovisuales, los chicos aprenden a expresarse, a sacar afuera lo que sienten.

Recomendamos los artículos de educación artística de nuestra página.

Pero el instrumento principal de educación ética que tiene la escuela es la convivencia de docentes y alumnos durante largos años. En esa convivencia social de aprende a vivir con los otros, a respetarlos, escucharlos, amarlos, ayudarlos.

No solamente la convivencia rutinaria de estar juntos (o amontonados) sino convivencias especialmente aptas para desarrollar los sentimientos sociales: juegos, deportes, educación física, salidas, campamentos, excursiones, etc.

En esas circunstancias el cuerpo que expresa las emociones juega un papel importante y más espontáneo que cuando se está sentado en clase.

Las emociones corporales nos dicen cómo nos relacionamos con los otros, con simpatía o indiferencia, cómo nos alegramos con los compañeros, cómo sufrimos por ellos, cómo vivenciamos ganar o perder en un deporte, cómo reaccionamos con ira o paciencia, con orgullo o sumisión…

En fin, que las emociones y sentimientos se hacen vida en esas experiencias. Y esas experiencias son la mejor “materia” para aprender y evaluar.

Señalemos, a modo de conclusión, algunas metas a conseguir en la educación ética:

a)      Que niños y adolescentes (también los educadores) tomen conciencia de sus emociones y sentimientos, que los reconozcan como propios, que descubran su valor positivo, que los sientan como aliados para conocerse, para detectar conflictos internos y externos, y como guía para posibles soluciones.

b)      Aprender a modular las reacciones emocionales instintivas, a distanciar la emoción de los actos a los que tienden, a enfriar impulsos mediante la reflexión y el análisis de los efectos de un impulso no controlado. Tarea difícil, pero no imposible y muy necesaria. Ser responsables de emociones y sentimientos. Aprender a expresarlos, pero adecuadamente y sin herir a otros.

c)      Aprender a llegar a los objetivos y fines a los que tienden emociones y sentimientos positivos mediante el análisis racional de los medios más adecuados: “cómo expresar mi sexualidad, cómo expresar el amor a la pareja y construir una pareja estable y feliz, cómo saber defenderme cuando me siento herido o atacado, cómo resolver conflictos con los otros, cómo vincularme con los padres que me tratan como un niño, cómo hacer respetar mis derechos…” Esta es la tarea de toda la vida: aprender desde la escuela a escuchar otras opiniones, a buscar opiniones, a debatirlas, a salir de lo que siempre se ha hecho, a evaluar consecuencias para uno mismo y para los otros…

d)      Aprender a vincularse sanamente con los otros: padres, hermanos, compañeros, pareja. Es aquí donde nuestra sociedad se halla más en falta. Desarrollar, por tanto, los sentimientos específicamente sociales y vinculares: empatía, dolor por el que sufre, alegría por los éxitos, responsabilidad reparatoria… La mayoría de os problemas éticos de la sociedad pasan por la variable comunicacional.

La educación ética en la familia, en la escuela y en la sociedad en general, es la gran asignatura pendiente de nuestra cultura.

Nadie puede decir que tiene la solución integral del problema. Sólo nos queda seguir reflexionando con audacia y aplicar metodologías que estén acorde con el funcionamiento del cerebro y con nuestros valores.

 

 

 

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