Brindar aprendizajes desde la pedagogía del amor. Sánchez

BRINDAR APRENDIZAJES DESDE LA PEDAGOGÍA DEL AMOR

Por: Marta Sanchez

En este momento histórico que vive la educación venezolana, es necesario promover la reflexión como proceso en el cual cada uno de nosotros nos autoevaluamos de acuerdo con los indicadores cualitativos que hayamos definido, tenemos que realizar un ejercicio para mirar, revisar y reencontrarnos con ese ser interno que somos, pero que muchas veces nos empeñamos en ocultar, porque los resultados de la Consulta Nacional por la Calidad Educativa (2014), develan la necesidad que tenemos como maestras y maestros de redimensionar, reconceptualizar y dignificar nuestra labor docente.

En este sentido, es imperativo que precisemos nuestro proyecto de vida, definamos una visión y determinemos un objetivo bien definido, para ello debemos realizar una mirada respetuosa hacia nosotros mismos desde la “pedagogía de la interioridad”, es insoslayable que apliquemos esta pedagogía para mirar nuestro interior y analizar la triple dimensión que nos caracteriza como seres humanos (cuerpo, psiquismo y espíritu). Se requiere cultivar nuestra inteligencia emocional y espiritual, como eje dinamizador para que como personas adultas aprendamos a vivir desde lo mejor de nosotros mismos, desarrollemos acciones que nos ayuden a reconocer, valorar y gestionar nuestro propio mundo interior y logremos convivir en la sociedad como ejemplo de vida que refleja amor, paz, felicidad, libertad, plenitud, unidad, compromiso, entre otros. Es necesario comprender que debemos realizar procesos reflexivos que nos permita determinar hasta dónde hemos llegado en nuestra función docente, porque no podemos acompañar las y los estudiantes más lejos de donde nosotros mismos hemos llegado.

Es pertinente señalar que los resultados de la Consulta Nacional por la Calidad Educativa demuestran que “Los estudiantes anhelan que se les convoque al aprendizaje de forma amorosa, que sus horas de clase sean de descubrimiento del sentido de la vida, de estímulo a la curiosidad, de comprensión de los problemas y desafíos de la realidad local y global de una manera sencilla sin perder profundidad”. Es propicio plantear la siguiente interrogante ¿Cómo es mi manera de actuación docente? ¿Soy una maestra o maestro amoroso? Esto nos lleva a la necesidad revisar nuestra esfera afectiva, porque para dar amor primero debemos amarnos a nosotros mismos. Es imprescindible revisar la concepción que tenemos sobre la profesión docente, porque para actuar amorosamente debemos amar lo que hacemos; es fundamental redimensionar la pedagogía tradicional desde la pedagogía del amor, porque el aprendizaje significativo, pertinente y perdurable se logra con amor, cariño y ternura.

Para transformar nuestra manera de actuación y convertirnos en maestras o maestros amorosos, debemos identificar los componentes que caracterizan la pedagogía del amor, entre los que destacan: la afectividad, la alegría, la espiritualidad, la tolerancia, la motivación, el asombro, la expresividad… Debemos impregnarnos de estos componentes de manera consciente e intencionada, porque sólo así podemos planificar, organizar y desarrollar el proceso educativo con estrategias que den atención a todas las esferas de personalidad de las y los estudiantes, con la finalidad de lograr una formación integral que aporte a la sociedad ciudadanas y ciudadanos felices, amorosos, solidarios… es decir buenas personas.

También, los resultados de la Consulta Nacional por la Calidad Educativa revelan que “Las familias manifestaron la necesidad de que sus hijos se formen para tener una mente abierta, perspicaz, capaz de resolver problemas en la vida, atenta y los docentes aseguran que una pedagogía de la pregunta podría ayudar a incentivar la inteligencia.” Para poder dar respuesta esta exigencia en imprescindible que nos hagamos la siguiente pregunta ¿Las maestras y los maestros hacemos uso y posibilitamos preguntas que desestabilicen el propio conocimiento, y que a su vez propicien la curiosidad, la indagación, la creatividad y la libertad cuestionadora en las y los estudiantes?

Desde la perspectiva planteada, es necesario que seamos conscientes que muchas veces contestamos preguntas que las y los estudiantes no han hecho, o respondemos con otra pregunta. Por consiguiente, para que el estudiante aprenda desde la curiosidad, las maestras y los maestros debemos apropiarnos de la pedagogía de la pregunta vinculada a la pedagogía de la respuesta; es fundamental potenciar nuestras habilidades para presentar preguntas pedagógicas y propiciar que las y los estudiantes generen preguntas que favorezcan el aprendizaje significativo, pertinente y perdurable.

Es elemental que comprendamos que cuando las y los estudiantes preguntan tienen una motivación resultante de la curiosidad, en este sentido, la pregunta pedagógica es el recurso que ellos utilizan cuando se asombran, se sorprenden o se maravillan ante situaciones que experimentan directamente. Para apropiarnos de la pedagogía de la pregunta vinculada a la pedagogía de la respuesta, se requiere que las maestras y los maestros nos movamos de nuestra zona de confort y aceptamos los retos pedagógicos que implican cambios en la mentalidad y en nuestra manera de actuación docente.

Asimismo, los resultados de la Consulta Nacional por la Calidad Educativa develan que “Los y las estudiantes y las familias desean que los maestros y demás trabajadores de la escuela sean testimonio de vida para sus hijos e hijas y que sus orientaciones se acompañen con los discursos de manera coherente.” La sociedad aspira que tengamos una influencia positiva en las y los estudiantes, es momento oportuno de hacernos la siguiente pregunta. ¿Realmente las maestras y maestros somos testimonios de vida para las y los estudiantes? ¿Cómo convertirnos en testimonio de vida?¿Cuáles serían las huellas de una maestra o maestro que es testimonio de vida? Ser testimonio de vida conlleva a desarrollar que el ejercicio de la docencia tenga muchos alcances, que pueden traducirse en logros, huellas, modelaje, marcas profundas, entre otros. La ejemplaridad edifica el rol docente, debemos ser maestras y maestros que inspiremos a nuestros estudiantes, docentes, padres, madres, en fin a la sociedad en general. Es relevante acotar, que como seres humanos cometemos errores y la sociedad nos perdona, pero como maestras y maestros debemos cuidar nuestra imagen; como responsables del proceso de formación, tenemos que reflejar lo que queremos lograr en las y los estudiantes.

Debemos superar la desvinculación que hay entre la palabra y la acción, ser fieles a nuestros principios y actuar con ética profesional. Para ser maestras o maestros ejemplares debemos valorar la labor docente como vía de autorrealización, reflejar en nuestras acciones amor, paz, armonía, cooperación, solidaridad, compañerismo, tolerancia, sensibilidad, responsabilidad, puntualidad, alegría… Es necesario eliminar las actitudes que propician conflictos y violencia entre los colectivos educativos, solo así las maestras y maestros podemos lograr que nuestro legado (nuestro ejemplo de vida) se manifieste de manera significativa en nuestros estudiantes.

De acuerdo con la responsabilidad que tenemos las maestras y los maestros para brindar a las y los estudiantes aprendizajes desde la pedagogía del amor, la pregunta y el ejemplo, considero que es el momento de asumir desde nuestros intereses profesionales, la motivación intrínseca y el compromiso social, procesos de investigación, autoformación y formación que nos ayuden a mejorar nuestras potencialidades y habilidades creativas, para generar procesos educativos de acuerdo con las exigencias de la sociedad venezolana.

Autora: Marta Elena Sánchez Martínez. Doctora en Ciencias Pedagógicas. Abogada. Responsable de la Consulta Nacional por la Calidad Educativa Zona Educativa Barinas. Docente Universitaria. Escritora de artículos educativos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *