Educar las emociones. Vivas y otros

EDUCAR LAS EMOCIONES

Mireya Vivas /Domingo Gallego /Belkis González

 

I. CONTENIDOS TEMÁTICOS

1. La inteligencia emocional

La inteligencia emocional (IE) es el uso inteligente de las emociones: hacer que, intencionalmente,

las emociones trabajen para nosotros, utilizándolas de manera que nos ayuden a guiar la conducta y

los procesos de pensamiento, a fin de alcanzar el bienestar personal. Peter Salovey y John Mayer,

de las universidades de New Hampshire y de Yale fueron de los primeros investigadores en utilizar

el término “Inteligencia emocional” con el mismo sentido de uso actual, pero el concepto adquirió

mayor notoriedad a partir de la publicación del libro “La inteligencia Emocional” escrito por

Daniel Goleman, en 1995.

El concepto de inteligencia emocional es quizás la gran revelación de la psicología del siglo

XX, en cuanto a los nuevos elementos que aporta para la comprensión de la inteligencia humana.

Estos nuevos conocimientos permiten una visión más realista y válida de los factores que

conducen a la eficacia y adaptación personal, ayudando a tener una visión más equilibrada del

papel que juegan la cognición y la emoción en la vida de las personas. Es tal el auge de las

investigaciones en este campo, que se puede afirmar que la inteligencia emocional es un concepto

en amplia expansión.

De acuerdo con Goleman (2001), las personas emocionalmente desarrolladas, es decir, las

personas que gobiernan adecuadamente sus emociones y que también saben interpretar y relacionarse

efectivamente con las emociones de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos

los dominios de la vida. Estas personas suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces y más

capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad. Quienes, por el contrario,

no pueden controlar su vida emocional, se debaten en constantes luchas internas que socavan su

capacidad de trabajo y les impiden pensar con suficiente claridad.

 

Inteligencia emocional: un concepto en expansión

La inteligencia emocional se refiere a la capacidad de identificar, comprender y manejar las

emociones en uno mismo y en los demás. La inteligencia emocional es la base de la competencia

emocional, entendida como una capacidad adquirida que puede desarrollarse a través del

modelamiento y la educación.

Para Fernández Berrocal y Ramos (2002:20) una definición general y breve de la IE es: “la

capacidad para reconocer, comprender y regular nuestra emociones y las de los demás”. Desde

esta perspectiva, la IE es una habilidad que implica tres procesos:

 

1. Percibir: reconocer de forma consciente nuestras emociones e identificar qué sentimos y ser

capaces de darle una etiqueta verbal.

2. Comprender: integrar lo que sentimos dentro de nuestro pensamiento y saber considerar la complejidad

de los cambios emocionales.

3. Regular: dirigir y manejar las emociones tanto positivas como negativas de forma eficaz.

 

Para Goleman (1996) la inteligencia emocional se refleja en la manera en que las personas

interactúan con el mundo. Las personas emocionalmente inteligentes toman muy en cuenta sus propios

sentimientos y los de los demás; tienen habilidades relacionadas con el control de los impulsos,

la autoconciencia, la valoración adecuada de uno mismo, la adaptabilidad, motivación, el entusiasmo,

la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, que configuran rasgos de carácter como la

autodisciplina, la compasión o el altruismo, indispensables para una buena y creativa adaptación.

 

Las personas emocionalmente inteligentes

De acuerdo con lo planteado por Goleman (1996, 1999, 2001), la inteligencia emocional tiene

un componente intrapersonal y un componente interpersonal. Lo intrapersonal comprende las capacidades

para la identificación, comprensión y control de las emociones en uno mismo, que se manifiestan

en la autoconciencia y el autocontrol. El componente interpersonal, comprende a su vez la

capacidad de identificar y comprender las emociones de las otras personas, lo que en psicología se

denomina ser empático; y la capacidad de relacionarnos socialmente de una manera positiva; es

decir, poseer habilidades sociales.

 

Fuentes consultadas:

– Cooper, R. y Sawaf, A. (1998). La inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones.

Bogotá: Norma.

– Fernández-Berrocal, P. y Ramos, N. (2002). Corazón y razón. En Fernández-Berrocal, P. y Ramos, N. (Eds.).

Corazones inteligentes. (pp. 17-34). Barcelona: Kairós.

– Goleman, D. (1996). La inteligencia emocional. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.

– Goleman, D. (1999). La práctica de la inteligencia emocional. Barcelona: Kairós.

– Goleman, D. (2001). Emotional Intelligence: Issues in Paradigm Building. En Cherniss, C. y Goleman, D.

(Eds.). The emotionally intelligent workplace.(pp.13-26). San Francisco: Jossey-Bass

 

2. Las emociones y el proceso emocional

 

El interés científico por las emociones ha tenido gran impulso en la última década del pasado

siglo. La emoción se ha convertido en un tema de interés para distintas disciplinas. Resulta difícil

definir en un sentido estricto lo que significa la palabra emoción. Investigadores como Palmero,

Fernández-Abascal, Martínez-Sánchez y Chóliz (2002) exponen que la investigación básica sobre

las emociones aún no proporciona una base firme donde apoyar muchos de los resultados parciales

que continuamente provee la investigación, y afirman que, por sorprendente que parezca, actualmente

se carece de una definición y hasta de un concepto de emoción que sea aceptado por todos.

A pesar de estas limitaciones y dificultades conceptuales, destacamos lo siguiente:

 

a) La emoción es un proceso complejo, multidimensional, en el que están integradas respuestas de

tipo neuro-fisiológico, motor y cognitivo.

b) En los seres humanos emoción y cognición están integrados. Ser solamente racionales nos niega

el acceso a una fuente compleja de conocimiento emocional, que informa adaptativamente a la

acción y contribuye a la resolución de problemas y a la toma de decisiones. Las emociones son

indispensables para la toma de decisiones porque orientan en la dirección adecuada.

c) Nuestro bagaje emocional tiene un extraordinario valor de supervivencia y esta importancia se

ve confirmada por el hecho de que las emociones han terminado integrándose en el sistema

nervioso en forma de tendencias innatas y automáticas (Goleman, 2001).

d) En un sentido real, todos tenemos dos mentes, una mente que piensa y otra que siente, y estas

dos formas de conocimiento interactúan para construir nuestra vida mental. La mente racional

es la modalidad de comprensión de la que solemos ser más conscientes, nos permite ponderar

y reflexionar. El otro tipo de conocimiento, más impulsivo y más poderoso –aunque a veces

ilógico- es la mente emocional (Goleman, 2001).

 

e) Existe una razón para que seamos emocionales. Nuestras emociones son parte de nuestra inteligencia.

Es necesario resolver la división entre emocional y racional, dando un nuevo paso

evolutivo cultural. (Greenberg, 2000).

f) Las emociones son importantes para el ejercicio de la razón. El cerebro emocional se halla tan

implicado en el razonamiento como lo está el cerebro pensante. La emoción guía nuestras

decisiones instante tras instante, trabajando mano a mano con la mente racional y capacitando,

o incapacitando, al pensamiento mismo. Evans (2002) sostiene, incluso, que un ser que careciera

de emociones no sólo sería menos inteligente, sino que también sería menos racional.

 

Una nueva mirada al mundo de las emociones

En la tradición occidental, la reflexión e investigación sobre la emoción y la cognición se ha

desarrollado de manera paralela, e incluso, se han considerado estos conceptos como opuestos. Ya

desde los antiguos griegos, los filósofos destacaron el lado racional de la mente en detrimento del

emocional y concibieron ambas partes por separado, y argumentaron que la inteligencia era necesaria

para dominar y reprimir las pasiones más primarias.

Debido a esta dicotomía, nuestra cultura está profundamente impregnada por la creencia

fundamental que la razón y la emoción son nociones separadas entre sí e irreconciliables y que,

en una sociedad civilizada, la racionalidad debe prevalecer. Investigaciones más recientes comienzan

a perfilar una nueva mirada al mundo emocional y proporcionan evidencias con respecto

al importante papel que han jugado las emociones en la génesis de las capacidades mentales

más elevadas como la inteligencia, el sentido de la moralidad y de sí mismo. En tal sentido,

 

Greenspan (1998:15), sostiene: “Las emociones, y no la estimulación cognitiva, constituyen los

cimientos de la arquitectura mental primaria”. Este autor va mucho más allá en su planteamiento

acerca de la importancia de las emociones cuando argumenta que el papel más decisivo de las

emociones consiste en crear, organizar y coordinar muchas de las más importantes funciones

cerebrales. La tesis de Greenspan (1998:15), se resume en la siguiente afirmación:

La afectividad, la conducta y el pensamiento deben entenderse como componentes

inextricables de la inteligencia. Para que la acción y el pensamiento tengan sentido,

deben ser guiados por la finalidad o el deseo (a saber, el afecto). Sin afecto, ni la conducta

ni los símbolos tienen sentido alguno.

Goleman (1996) afirma que emoción e inteligencia actúan en armonía con las otras inteligencias

y no son, en absoluto, incongruentes. Salovey y Mayer (1990) destacan que a menudo las emociones

son presentadas como interrupciones que desorganizan la actividad mental. Argumentan que

esta visión es equivocada por cuanto las situaciones emocionales intensas en ocasiones estimulan la

inteligencia, ayudando a los individuos a priorizar los procesos del pensamiento. Por tanto, más que

interrumpir el pensamiento lógico, las emociones ayudan a un mejor pensamiento.

 

Concepto de emoción

 

Con fines didácticos, a continuación exponemos el concepto de emoción elaborado por Bisquerra

(2000: 63), no sin señalar como se hizo al principio de este trabajo que aún está por realizarse una

definición que sea ampliamente aceptada:

Las emociones son reacciones a las informaciones (conocimiento) que recibimos en

nuestras relaciones con el entorno. La intensidad de la reacción está en función de las

evaluaciones subjetivas que realizamos sobre cómo la información recibida va a afectar

nuestro bienestar. En estas evaluaciones subjetivas intervienen conocimientos previos,

creencias, objetivos personales, percepción de ambiente provocativo, etc. Una emoción

depende de lo que es importante para nosotros. Si la emoción es muy intensa puede producir

disfunciones intelectuales o trastornos emocionales (fobia, estrés, depresión)

 

Elementos constitutivos de la emoción

En una emoción se dan los siguientes elementos:

a. Una situación o estímulo que reúne ciertas características, o cierto potencial, para generar tal

emoción.

b. Un sujeto capaz de percibir esa situación, procesarla correctamente y reaccionar ante ella.

c. El significado que el sujeto concede a dicha situación, lo que permite etiquetar una emoción, en

función del dominio del lenguaje con términos como alegría, tristeza, enfado, entre otros.

d. La experiencia emocional que el sujeto siente ante esa situación.

e. La reacción corporal o fisiológica: respuestas involuntarias: cambios en el ritmo cardíaco o

respiratorio, aumento de sudoración, cambios en la tensión muscular, sudoración, sequedad en

la boca, presión sanguínea.

f. La expresión motora-observable: expresiones faciales de alegría, ira, miedo, entre otras; tono y

volumen de voz, movimientos del cuerpo, sonrisa, llanto y otros.

 

El proceso emocional

 

La investigación sobre el cerebro emocional tiene sus antecedentes en las investigaciones de

Sperry y MacLean. Roger Sperry fue el investigador que ganó el Premio Nobel de Medicina en

1981 al descubrir que el hemisferio derecho de nuestro cerebro contribuye a la inteligencia tanto

como lo hace el hemisferio izquierdo. Por su parte, Paul MacLean (1949), estableció que la totalidad

del cerebro está conformada por tres estructuras diferentes: el sistema neocortical, el sistema

límbico y el sistema reptil. Estos sistemas, según MacLean, son física y químicamente diferentes,

pero están entrelazados en uno solo que denominó cerebro triuno. Las emociones se localizan, de

acuerdo con esta teoría, en el sistema límbico.

 

El sistema límbico, también llamado cerebro emocional, asocia diferentes partes del sistema

cerebral (amígdala, hipotálamo, hipocampo y tálamo) con las emociones. Goleman (2001) explica

que la amígdala en los seres humanos es una estructura relativamente grande en comparación con

la de los primates. Existen en realidad dos amígdalas que forman parte de un conglomerado de

estructuras interconectadas organizadas en forma de almendra. Se hallan encima del tallo encefálico,

cerca de la base del anillo límbico, ligeramente desplazadas hacia adelante. El hipocampo y la amígdala

fueron dos piezas claves del primitivo “cerebro olfativo” que, a lo largo del proceso evolutivo,

terminó dando origen al córtex y posteriormente al neocórtex. La amígdala está especializada en las

cuestiones emocionales y en la actualidad se entiende que es una estructura límbica muy ligada a los

procesos de aprendizaje y memoria. La amígdala compone una especie de depósito de la memoria

emocional y, en consecuencia, también se puede considerar como un depósito de significado.

 

LeDoux (1999), neurocientífico del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva

York, fue el primero en descubrir el importante papel que desempeña la amígdala en el cerebro

emocional. Este investigador encontró que junto a la larga vía neuronal que va al córtex, existe una

pequeña estructura neuronal que comunica directamente al tálamo con la amígdala. Esta vía secundaria

y más corta (una especie de atajo) permite que la amígdala reciba algunas señales directamente

de los sentidos y emita una respuesta antes de que sean registradas por el neocórtex, lo que

explica la forma en que la amígdala asume el control cuando el cerebro pensante, el neocórtex,

todavía no ha llegado a tomar ninguna decisión.

Este descubrimiento ha dejado obsoleta la antigua noción que la amígdala depende de las señales

procedentes del neocórtex para formular su respuesta emocional, a causa de la existencia de esta

vía de emergencia capaz de desencadenar una respuesta emocional. Por ello, la amígdala puede

llevarnos a actuar incluso antes que el neocórtex despliegue sus también más refinados planes de

acción.

LeDoux (1999) afirma que, anatómicamente hablando, el sistema emocional puede actuar

independientemente del neocórtex. Existen ciertas reacciones y recuerdos emocionales que tienen

lugar sin la menor participación cognitiva consciente. La investigación sugiere que el hipocampo

(que durante mucho tiempo se había considerado como la estructura clave del sistema límbico) no

tiene tanto que ver con la emisión de respuestas emocionales como con el hecho de registrar y dar

sentido a las percepciones, es decir con la memoria emocional. La principal actividad del hipocampo

consiste entonces en proporcionar una aguda memoria del contexto, algo que es vital para el significado

emocional de los acontecimientos.

 

La conexión con la amígdala es muy rápida, una conexión directa, pero no muy precisa, puesto

que la mayor parte de la información sensorial va a través del otro camino hacia el neocórtex, donde

es analizada en varios circuitos mientras se formula una respuesta. Entre tanto, la amígdala valora

rápidamente los datos para ver si tienen un significado emocional y puede dar una respuesta mientras

el neocórtex todavía está ordenando las cosas.

Las emociones pueden ser muy difíciles de controlar porque la amígdala conecta otras partes del cerebro

antes de que lo haga el cerebro pensante, el neocórtex. Puesto que la amígdala tiene distintas conexiones

con las partes del cerebro que controlan el sistema nervioso autónomo, así como conexiones con el córtex,

que es el responsable de la experiencia consciente, existe la hipótesis que la amígdala sirve de lugar de convergencia,

lo que le confiere un papel principal en la vida emocional, de modo que puede movilizar el cuerpo para responder

con una emoción fuerte, especialmente el miedo, antes que el cerebro sepa exactamente lo que está pasando.

 

Goleman (2001) sostiene que las conexiones existentes entre la amígdala y el neocórtex constituyen

el centro de gravedad de las luchas y de los tratados entre los pensamientos y los sentimientos.

Explica esta relación entre el córtex y la amígdala de la siguiente manera: mientras la amígdala

prepara una reacción ansiosa e impulsiva, otra parte del cerebro emocional se encarga de elaborar

una respuesta más adecuada. El regulador cerebral que desconecta los impulsos de la amígdala

parece encontrarse en el lóbulo prefrontal, que se halla inmediatamente detrás de la frente. Habitualmente

las áreas prefrontales gobiernan nuestras reacciones emocionales. En el neocórtex, una serie

de circuitos registra y analiza la información, la comprende y organiza gracias a los lóbulos prefrontales,

y si, a lo largo de ese proceso, se requiere de una respuesta emocional, es el lóbulo prefrontal quien

la dicta, trabajando en equipo con la amígdala y otros circuitos del cerebro emocional. Éste suele ser

el proceso normal de la elaboración de una respuesta que, con la sola excepción de las urgencias

emocionales, tiene en cuenta el discernimiento. Cuando una emoción se dispara, los lóbulos prefrontales

ponderan los riesgos y los beneficios de las diversas acciones posibles y apuestan por la que considera

más adecuada. El tiempo cerebral invertido en la respuesta neocortical es mayor que el que

requiere el mecanismo de las urgencias emocionales porque las vías nerviosas implicadas son más

largas. Pero no debemos olvidar que también se trata de una respuesta más juiciosa y considerada

porque, en este caso, el pensamiento precede al sentimiento.

 

Fuentes consultadas:

– Bisquerra, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis.

– Evans, D. (2002). Emoción: La ciencia del sentimiento. Madrid: Taurus.

– Goleman, D. (1996). La inteligencia emocional. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.

– Goleman, D. (2001). Emotional Intelligence: Issues in Paradigm Building. En Chemiss, C. y Goleman, D. (Eds.).

The emotionally intelligent workplace.(pp.13-26). San Francisco: Jossey-Bass

– Greenberg, L. (2000). Emociones: una guía interna. Bilbao: Desclée De Brouwer.

– Greenspan, S (1998). El crecimiento de la mente. Barcelona: Paidós.

– LeDoux, J. (1999). El cerebro emocional. Barcelona: Ariel/Planeta.

– Mora, F. (2000). El cerebro sintiente. Barcelona: Ariel Neurociencia.

– Palmero, F., Fernández-Abascal, E., Martínez, F. y Chóliz, M. (Coords.) (2002). Psicología de la Motivación y

la Emoción. Madrid: McGraw-Hill.

– Salovey y Mayer (1990). Emotional Intelligence. Imagination, Cognition and Personality, 9, 185-211.

 

3. Los diferentes tipos de emociones

 

Muchos autores han intentado realizar una tipología de las emociones; sin embargo, aún no se

ha podido llegar a un consenso; al respecto, Goleman (2001: 419) asegura que “La verdad es que

en este terreno no hay respuestas claras y el debate científico sobre la clasificación de las emociones

aún se halla sobre el tapete”.

Una de las clasificaciones más empleadas es la de distinguir entre emociones básicas y emociones

complejas o secundarias. Las emociones básicas, también denominadas primarias, puras o

elementales, se reconocen por una expresión facial característica. El argumento sobre la existencia

de al menos algunas emociones que no son aprendidas sino universales e innatas se debe en cierta

medida a Paul Ekman (1992) de la Universidad de California, quien descubrió que las expresiones

faciales de estas emociones son reconocidas por personas de distintas culturas, lo cual les otorga un

carácter de universal.

 

Las emociones básicas se inician con rapidez y duran unos segundos cada vez. Los investigadores

discrepan en lo que concierne al número de ellas, pero en general se reconocen como tales:

la alegría, la aflicción o tristeza, la ira, el miedo, la sorpresa y el asco. No existe cultura alguna de

la que estén ausentes estas emociones. No son aprendidas sino que forman parte de la configuración

del ser humano. Esto se evidencia en la presencia de las mismas expresiones faciales en los

ciegos congénitos. Se pueden usar palabras o conceptos distintos para describir una determinada

emoción, pero la expresión facial es la misma. Las emociones básicas están grabadas en los

circuitos nerviosos de los genes y no a través de la cultura. Sólo una vez activada la conciencia,

transcurridos unos cientos de milisegundos, las reglas de exhibición culturalmente determinadas

se imponen sobre la respuesta biológica elemental.

 

Evans (2002: 35) propone un cambio de perspectiva en la discusión acerca de los tipos de

emociones. Argumenta que más que pensar en las emociones básicas y las culturalmente específicas

(también llamadas secundarias) como dos clases completamente diferentes, deberíamos

concebirlas como los extremos de un mismo espectro. De tal manera que: “Dependiendo de

cuántas condiciones específicas se precisen para el desarrollo de una emoción determinada, y

dependiendo asimismo de su grado de especificidad, la emoción se aproximará más al extremo

“básico” o al polo “culturalmente específico” del espectro”. Esto significa que la distinción entre

emociones básicas y emociones culturalmente específicas es una discusión de grado más que de

clase. Por consiguiente, existiría todo un espectro de innatismo en las emociones básicas ubicadas

en el polo de lo muy innato y las emociones culturalmente específicas en el extremo de lo

menos innato.

 

Evans (2002) también apoya la propuesta de incluir una tercera categoría denominada emociones

cognoscitivas superiores, las cuales serían menos innatas que las emociones básicas, pero

más innatas que las culturalmente específicas. Las emociones cognoscitivas superiores difieren de

las emociones básicas en que no son tan rápidas y automáticas ni se hallan asociadas universalmente

a una única expresión facial. Se cree que estas emociones se procesan en áreas del neocórtex,

por lo que estarían más expuestas a la influencia de los pensamientos conscientes y por lo tanto,

más susceptibles de variación cultural. Esta propuesta considera que esas emociones son universales

porque forman parte de la naturaleza humana, presentan una mayor variabilidad cultural, su

desarrollo y extinción toman más tiempo que en las emociones básicas.

 

Entre las emociones

cognoscitivas superiores se incluyen las siguientes: amor, culpabilidad, vergüenza, desconcierto,

orgullo, envidia y celos.

Por su parte, autores como Fernández-Abascal, Martín y Domínguez (2001: 308), clasifican

las emociones en primarias, secundarias, positivas, negativas y neutras. Las describen de la siguiente

manera:

Emociones primarias: parecen poseer una alta carga genética, en el sentido que presentan

respuestas emocionales preorganizadas que, aunque son modeladas por el aprendizaje y la experiencia,

están presentes en todas las personas y culturas.

Emociones secundarias: emanan de las primarias, se deben en gran grado al desarrollo individual

y sus respuestas difieren ampliamente de unas personas a otras.

Emociones negativas: implican sentimientos desagradables, valoración de la situación como

dañina y la movilización de muchos recursos para su afrontamiento. Ej.: el miedo, la ira, la tristeza y

el asco.

Emociones positivas: son aquellas que implican sentimientos agradables, valoración de la situación

como beneficiosa, tienen una duración temporal muy corta y movilizan escasos recursos

para su afrontamiento. Ej.: felicidad.

Emociones neutras: son las que no producen intrínsicamente reacciones ni agradables ni desagradables,

es decir que no pueden considerarse ni como positivas ni como negativas, y tienen como

finalidad el facilitar la aparición de posteriores estados emocionales. Ej.: la sorpresa.

 

Descripción de algunas emociones

A partir de los aportes realizados por Marina y López (1996), Fernández-Abascal, Martín

y Domínguez (2001), Greenberg (2000) se presenta a continuación la descripción de algunas

emociones:

 

El miedo

Es una emoción primaria negativa que se activa por la percepción de un peligro presente e

inminente, por lo cual se encuentra muy ligada al estímulo que la genera. Es una señal emocional de

advertencia que se aproxima un daño físico o psicológico. El miedo también implica una inseguridad

respecto a la propia capacidad para soportar o manejar una situación de amenaza. La intensidad de

la respuesta emocional de miedo depende de la incertidumbre sobre los resultados. El miedo es una

de las emociones más intensas y desagradables. Genera aprensión, desasosiego y malestar. Su

característica principal es la sensación de tensión nerviosa, de preocupación y recelo por la propia

seguridad o por la salud, habitualmente acompañada por la sensación de pérdida de control. Otro

de sus efectos subjetivos más típicos es la sensación de cierta tendencia a la acción evitativa. Se

asocia al miedo los siguientes términos: alarma, terror, nerviosismo, pánico, tensión, pavor, desasosiego,

susto, temor, preocupación, horror, ansiedad.

 

La ira

Es una emoción primaria negativa que se desencadena ante situaciones que son valoradas como

injustas o que atentan contra los valores morales y la libertad personal; situaciones que ejercen un

control externo o coacción sobre nuestro comportamiento, personas que nos afectan con abusos

verbales o físicos, y situaciones en las cuales consideramos que se producen tratamientos injustos y

el bloqueo de metas.

La ira produce efectos subjetivos o sentimientos de irritación, enojo, furia y rabia. También va

acompañada de obnubilación, incapacidad o dificultad para la ejecución eficaz de los procesos

cognitivos. La ira a su vez produce una sensación de energía o impulsividad, de necesidad subjetiva

de actuar física o verbalmente de forma intensa e inmediata, para solucionar de forma activa la

situación problemática. Se aprecia como una experiencia aversiva, desagradable e intensa. Es la

emoción potencialmente más peligrosa ya que su propósito funcional es el de destruir las barreras

que se perciben. Desde una perspectiva evolutiva, la ira moviliza la energía hacia la autodefensa. Se

asocian a ella los siguientes términos: enfado, enojo, malhumor, indignación, amargura, venganza,

desprecio, irritación, exasperación, furia, odio, desagrado, cólera, aversión, resentimiento, celos,

hostilidad, menosprecio, violencia, rencor.

 

La tristeza

Es una emoción que se produce en respuesta a sucesos que son considerados como no placenteros.

Denota pesadumbre o melancolía. La tristeza es una forma de displacer que se produce por la

frustración de un deseo apremiante, cuya satisfacción se sabe que resulta imposible. Los

desencadenantes de la tristeza son la separación física o psicológica, la pérdida o el fracaso; la

decepción, especialmente si se han desvanecido esperanzas puestas en algo. Los efectos subjetivos

se caracterizan por sentimientos de desánimo, melancolía, desaliento y pérdida de energía. Se asocian

a la tristeza los siguientes términos: pesimismo, pesar, decepción, remordimiento, rechazo,

bochorno, sufrimiento, añoranza, depresión, aislamiento, melancolía, vergüenza, abandono, desánimo,

infelicidad, desaliento, condolencia.

 

El asco

Es la respuesta emocional causada por la repugnancia que se tiene a alguna cosa o por una

impresión desagradable causada por algo. Es una emoción compleja que implica una respuesta

de rechazo a un objeto deteriorado, a un acontecimiento psicológico o a valores morales repugnantes.

Los desencadenantes del asco son los estímulos desagradables, fundamentalmente los

químicos, los potencialmente peligrosos o los molestos como, por ejemplo, comida descompuesta,

los olores corporales o la contaminación ambiental. El suceso es valorado como muy desagradable.

Los efectos subjetivos del asco se caracterizan por la necesidad de evitar o alejarse del

estímulo desencadenante.

 

La felicidad

Es el estado de ánimo que se complace en la posesión de algún bien. La felicidad facilita la

empatía, lo que promueve la aparición de conductas altruistas. Asimismo, contribuye al rendimiento

cognitivo, la solución de problemas, la creatividad, el aprendizaje y la memorización. Los

desencadenantes de la felicidad son los éxitos o los logros, la consecución de los objetivos que se

pretenden. Igualmente se produce por la congruencia entre lo que se desea y lo que se posee, entre

las expectativas y las condiciones actuales, y en la comparación con las demás personas. Se asocia

a la felicidad los siguientes términos: jovialidad, contento, triunfo, dicha, alegría, júbilo, entusiasmo,

alborozo, deleite, regocijo, buen humor, gozo, embeleso.

 

La sorpresa

Es la más breve de las emociones. Es una reacción causada por algo imprevisto o extraño,

como un trueno o una celebración no anunciada. Los acontecimientos cognitivos también provocan

sorpresa. La sorpresa también se da cuando se producen consecuencias o resultados inesperados o

interrupciones de la actividad en curso. El significado funcional de la sorpresa es preparar al individuo

para afrontar de forma eficaz los acontecimientos repentinos e inesperados y sus consecuencias.

La sorpresa suele convertirse rápidamente en otra emoción. Se asocian a la sorpresa los siguientes

términos: asombro, pasmo, estupefacción, extrañeza.

 

La ansiedad

Es un estado de agitación, inquietud y zozobra, parecida a la producida por el miedo. La ansiedad

es desproporcionalmente intensa con relación a la supuesta peligrosidad del estímulo. La ansiedad,

como todas las emociones, es en principio un conjunto de procesos adaptativos, reacciones

defensivas innatas garantes de la supervivencia de las personas. Hay dos tipos de ansiedad: la ansiedad

inespecífica, que no está asociada a estímulos determinados y la ansiedad específica, que está

suscitada por un estímulo concreto que puede ser real o simbólico. La ansiedad es, a su vez, el

componente patológico de los llamados “trastornos por ansiedad”, los cuales están relacionados

con una reacción de miedo desmedida e inapropiada: sin duda, también es la reacción que produce

la mayor cantidad de trastornos mentales, conductuales y psicofisiológicos. La ansiedad produce

efectos subjetivos de tensión, nerviosismo, malestar, preocupación, aprensión e incluso puede llegar

a sentimientos de pavor o pánico. Asimismo, produce dificultades para el mantenimiento de la

atención y la concentración.

 

La hostilidad

Es una emoción secundaria negativa que implica una actitud social de resentimiento que conlleva

respuestas verbales o motoras implícitas. Es un sentimiento mantenido en el tiempo, en el que

concurren el resentimiento, la indignación, la acritud y la animosidad. Los desencadenantes de la

hostilidad son la violencia física y el sufrir hostilidad indirecta. La hostilidad se desencadena cuando

percibimos o atribuimos en otras personas, hacia nosotros o hacia personas queridas de nuestro

entorno, actitudes de irritabilidad, de negativismo, de resentimiento, de recelo o de sospecha. Los

efectos subjetivos de la hostilidad implican usualmente sensaciones airadas. El componente afectivo

incluye varios estados emocionales como el enojo, el resentimiento, el disgusto o el desprecio. Los

efectos fisiológicos son básicamente similares a los de la ira, pero más moderados en intensidad y,

en cambio, más mantenidos en el tiempo.

 

El amor/cariño

Es el afecto que sentimos por otra persona, animal, cosa o idea. La reacción de amor puede

implicar dos tipos de reacción: el amor apasionado y el de compañero. El amor apasionado,

llamado también “amor obsesivo” o “enamoramiento”, es una emoción intensa que se refiere a un

estado de intenso anhelo por la unión con el otro. El amor de compañero, llamado “amor verdadero”,

“cariño”, “amor conyugal”, es una emoción menos intensa, que combina sentimientos de

profundo cariño, compromiso e intimidad. El procesamiento cognitivo del amor se inicia ante una

situación que suele poseer una alta novedad, pero con cierto grado de predictibilidad. El suceso

se valora como relevante para el bienestar general y psicológico. Los efectos subjetivos del

amor, especialmente del apasionado, son sentimientos que están mezclados con otras experiencias

emocionales intensas como la alegría, celos, soledad, tristeza, miedo e ira. Se asocia al amor

los siguientes términos: atracción, añoranza, afecto, deseo, ternura, pasión, cariño, compasión,

capricho, simpatía.

 

La vergüenza

Emoción negativa desencadenada por una creencia en relación con el propio carácter.

El desprecio y el odio

Emociones negativas desencadenadas por creencias sobre el carácter de otros. (El desprecio

lo induce el pensamiento de que el otro es inferior; el odio, el pensamiento de que es malo).

La culpa

Emoción negativa desencadenada por una creencia sobre la acción de otro.

El amor propio o dignidad

Emoción positiva provocada por una creencia sobre el propio carácter.

La simpatía

Emoción positiva provocada por una creencia sobre el carácter de otro.

El orgullo

Emoción positiva provocada por una creencia sobre la propia acción.

La admiración

Emoción positiva provocada por una creencia sobre la acción realizada por otro.

La envidia

Emoción negativa causada por el merecido bien de alguien.

La indignación

Emoción negativa causada por el bien inmerecido de alguien.

La congratulación

Emoción positiva causada por el merecido bien de alguien.

La compasión

Emoción negativa causada por la desgracia no merecida de alguien.

 

Fuentes consultadas:

– Ekman, P. (1992). An argument for basic emotions. Cognition and Emotion, 6, 169-200.

– Evans, D. (2002). Emoción: La ciencia del sentimiento. Madrid: Taurus.

– Fernández-Abascal, E., Martín, M. y Domínguez, J. (2001). Procesos Psicológicos. Madrid: Ediciones Pirámide.

– Goleman, D. (2001). Emotional Intelligence: Issues in Paradigm Building. En Chemiss, C. y Goleman, D. (Eds.).

The emotionally intelligent workplace.(pp.13-26). San Francisco: Jossey-Bass.

– Greenberg, L. (2000). Emociones: Una Guía Interna. Bilbao. Descleé de Brower.

– Marina, J. y López, M. (1999). El diccionario de los sentimientos. Barcelona: Anagrama.

«La esencia de la inteligencia emocional es tener tus emociones trabajando

para ti y no en tu contra».

Reuven Bar-On Emociones PrimariasEmociones SocialesEmociones Secundarias

 

4. La autoconciencia emocional

 

La autoconciencia emocional es la conciencia de los propios estados internos, recursos e intuiciones.

Es reconocer las propias emociones y los efectos que éstas tienen sobre nuestro estado

físico, comportamiento y pensamiento. Las personas dotadas de esta competencia saben qué sensaciones

están sintiendo y por qué; comprenden los vínculos existentes entre sentimientos, pensamientos,

palabras y acciones; conocen el modo en que sus sentimientos influyen sobre las decisiones

que toman y saben expresar sus emociones.

 

La autoconciencia es el eje básico de la inteligencia emocional, por cuanto la toma de conciencia

de nuestros estados emocionales es el punto de partida para otras habilidades de la inteligencia

emocional como el autocontrol, la empatía y las habilidades sociales. Goleman (1996) utiliza la

expresión “self-awareness”, conciencia de uno mismo o autoconciencia, para referirse a la atención

continua a los propios estados internos, esa conciencia autorreflexiva en la que la mente se

ocupa de observar e investigar la experiencia misma, incluidas las emociones.

A través del conocimiento de nuestras emociones, y del proceso que siguen nuestros pensamientos

(metacognición), podemos llegar a darnos cuenta de la diferencia que existe entre “sentir

una emoción” y ser consciente de lo que se está sintiendo y verse arrastrado por ella. La autoconciencia

exige un conocimiento íntimo y exacto de nosotros mismos y de las emociones. Asimismo, requiere

la comprensión y la predicción de nuestras reacciones emocionales ante las situaciones. El desarrollo

de la conciencia emocional supone la alfabetización emocional, es decir poseer un vocabulario

adecuado y suficiente para definir o describir lo que se está sintiendo. Igualmente implica el desarrollo

de la atención consciente para distinguir lo que estamos sintiendo.

 

Para aumentar la autoconciencia es necesario que meditemos seriamente y con valor sobre

cómo reaccionamos ante las personas y hechos que forman parte de nuestra vida. En particular,

debemos (1) examinar nuestros juicios, (2) sintonizar con nuestros sentimientos, (3) saber cuáles

son nuestras intenciones y (4) prestar atención a nuestros actos. Wiesinger (2003) sugiere que para

el desarrollo de nuestra autoconciencia, dar respuesta a las siguientes interrogantes: ¿Qué siento

ahora mismo? ¿Qué quiero? ¿Cómo estoy actuando? ¿Qué valoraciones estoy haciendo? ¿Qué me

dicen los sentidos?

 

Reconocer nuestras propias emociones así como sus efectos en nosotros y en otros es una de

las aptitudes indispensables de la inteligencia emocional. Si nos falta somos vulnerables y podemos

cometer graves errores. Todos sentimos impulsos emocionales que pueden ser ira, miedo, felicidad,

amor, sorpresa, disgusto o tristeza (por citar algunas emociones) que son valiosos avisos que bien

interpretados nos pueden llevar en una dirección constructiva. En algunos casos, esa falta de oído

emocional se presenta como mensajes que el cuerpo trata de enviarnos bajo la forma de jaquecas,

dolores de espalda, sueño, etc, para hacernos saber que algo está mal.

 

La conciencia emocional comienza cuando nos contactamos con nuestras emociones, las cuales

están presentes en todos nosotros y entendemos de qué forma afecta a lo que percibimos, pensamos

y hacemos. Las emociones corren en paralelo con nuestros pensamientos, siempre experimentamos

alguna emoción pero a veces es tan sutil que no le damos tanta importancia en nuestra actividad

diaria. Literalmente experimentamos cientos de emociones con diversa intensidad, que vienen

y van con los acontecimientos cotidianos. Las sensaciones nos acompañan siempre, pero rara vez

les prestamos atención. Se requiere que hagamos una pausa mental para captar el murmullo interno

de las emociones, algo que no estamos acostumbrados, y sólo cuando se desbordan tomamos

conciencia.

 

Fuentes consultadas:

– Gallego, D., Alonso, C, Cruz, A. y Lizama, L. (1999). Implicaciones Educativas de la Inteligencia Emocional.

Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

– Goleman, D. (1996). La inteligencia emocional. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.

– Weisinger, H. (2003). La inteligencia emocional en el trabajo. Madrid: Suma de Letras.

 

5. El manejo de las emociones y estrategias para su control

 

Una de las habilidades fundamentales de la inteligencia emocional es el adecuado manejo de las

emociones en uno mismo, también llamada autocontrol emocional. El control de las emociones no

significa que ellas deban suprimirse, sino que se refiere a cómo manejarlas, regularlas o transformarlas

si es necesario. Supone poseer una serie de habilidades que permitan a la persona hacerse cargo

de la situación, tomar decisiones entre alternativas posibles y reaccionar de manera controlada ante

los diversos acontecimientos de la vida. El autocontrol puede ser enseñado y aprendido, de allí que

sea uno de los objetivos de los programas de educación emocional. El autocontrol emocional persigue

encontrar el equilibrio emocional para alcanzar la autonomía y el bienestar personal.

Poseer control emocional no significa que no tengamos que enfrentarnos en la vida diaria a

situaciones que impliquen conflictos con otras personas o situaciones, por cuanto así es la dinámica

de la vida misma. El autocontrol significa saber superar los bloqueos emocionales que ciertas situaciones

pueden provocar. Lo verdaderamente importante es intentar reconocer y controlar las emociones

negativas para que no desplacen las positivas.

 

Hay personas que poseen la habilidad para enfrentar positivamente las tensiones emocionales,

sin embargo, a otras les cuesta mucho o se enfrentan de manera inadecuada, se escapan o las

evitan. La evitación y el escape no son buenas soluciones para enfrentarse a las tensiones emocionales

porque no resuelven las fuentes del conflicto, crean grandes insatisfacciones y terminan por

debilitar la integridad emocional.

La dinámica de la sociedad actual enfrenta a las personas de manera continua a situaciones que le

ocasionan enfado o irritaciones, ansiedad o preocupación, estrés, miedo o depresión. El autocontrol

emocional supone el conocimiento de uno mismo e implica la observación y percepción de nuestras

emociones en esas circunstancias, para poder generar estrategias de afrontamiento apropiadas.

Tradicionalmente se ha pensado que el control sólo se requiere para las emociones negativas,

una mirada más amplia de lo que significa la regulación emocional implica considerar también la

habilidad para inducir emociones y estados de ánimo positivos en uno mismo y en los demás.

 

En ese sentido se recomienda:

Autoconocerse a través de la propia reflexión para identificar las emociones positivas y negativas

que experimentamos.

Controlar la expresión de las emociones negativas y promover la expresión de las emociones

positivas, esto favorece nuestro bienestar personal y las relaciones con los otros.

 

A continuación se presenta una breve reseña de algunas estrategias para el control de las emociones.

Por razones de presentación aparecerán separadas, pero es frecuente que en la práctica se

integren para alcanzar mejores resultados.

 

a. La respiración

 

La respiración es esencial para la vida. Una respiración correcta es un antídoto contra el estrés.

Los ejercicios de respiración han demostrado ser útiles en la reducción de la ansiedad, la depresión,

la irritabilidad, la tensión muscular y la fatiga. La respiración nos proporciona una mejor oxigenación

optimizando la vida, cuanto más oxigenado tengamos el cerebro, seremos más claros, más lúcidos y

más eficaces.

La mayoría de las personas creen que la respiración es una función vital que se produce de

forma automática; sin embargo, de todos los sistemas vitales del cuerpo, el respiratorio es el más

fácilmente controlable y modificable.

Existen dos tipos de respiración que generan efectos sutilmente diferentes. Una superficial, rápida

y entrecortada, que normalmente se asocia a la respuesta de lucha, huída o estrés. Este tipo de respiración

se caracteriza por un movimiento ascendente y frontal del tórax, de este modo el aire únicamente

accede a la parte media y superior de los pulmones; es un sistema poco eficaz para oxigenar la sangre,

por lo que si se mantiene de manera indefinida, intensifica la sensación de estrés y ansiedad.

 

La otra respiración es abdominal o diafragmática, también llamada profunda, que oxigena mejor

la sangre porque permite el acceso del aire a la parte inferior de los pulmones y requiere el uso

consciente del diafragma. Cuando inspiramos, el diafragma se contrae y desciende, ayudando a que

el aire penetre en la parte inferior de los pulmones. Cuando expiramos, el diafragma se relaja y sale

el aire. La respiración abdominal fomenta un estado mental sosegado y tiene efectos psicológicos

beneficiosos, como la reducción de la presión sanguínea y la disminución del ritmo cardíaco. La

respiración abdominal da al cuerpo el mayor aporte de oxígeno con el menor esfuerzo.

Los ejercicios que estimulan la respiración abdominal ayudan a relajar la mente. El mero hecho

de concentrarnos en el acto de respirar detiene el flujo de pensamientos inquietantes y angustiosos

que se suelen experimentar en un estado de estrés o ansiedad.

 

b. La relajación

 

La relajación es un estado del cuerpo y de la mente, que se alcanza de forma progresiva;

contribuye a reposar los músculos, liberar tensiones y al logro de mayores niveles de concentración.

La relajación es tan importante como la respiración, ambas están interrelacionadas a tal

punto que una modifica la otra. Cuando nuestro cuerpo está en tensión, envía señales al cerebro

de que no estamos tranquilos y se genera un círculo promotor de ansiedad. Para mantener la

regulación emocional es importante mantener también un cuerpo relajado y tonificado. La relajación

muscular profunda reduce la tensión fisiológica y es incompatible con la ansiedad.

La relajación física resulta esencial para combatir estados emocionales relacionados con la

ansiedad, el estrés, el miedo, el manejo de la rabia y la depresión, entre otros. No siempre es posible

eliminar las causas que generan estos estados emocionales, pero aprender a relajar el cuerpo ayuda

a reforzar la resistencia a esas situaciones y asumir mejor las exigencias cotidianas.

 

c. La visualización

 

La visualización es una técnica muy útil para conseguir un mayor control de la mente, las

emociones y el cuerpo, y para efectuar cambios deseados en la conducta. Consiste en concentrarse

en imágenes mentales. El propósito de la visualización es reprogramar las actitudes mentales de la

persona y así capacitarlo para efectuar cambios positivos en su mente, emoción y conducta.

La visualización se utiliza con diferentes propósitos, por ejemplo, desarrollar relaciones más

armoniosas o ganar seguridad en situaciones de carácter social; puede también emplearse como

técnica de relajación mental y como método de ayuda para controlar el estrés.

Uno de los fundamentos de la visualización es que es posible modificar el estado de ánimo,

imaginando una escena, un objeto o una imagen que contrarrestará una disposición anímica o una

situación negativa.

La clave para desarrollar nuestra capacidad de imaginar colores, formas y situaciones consiste

en soltarnos internamente, trabajar mentalmente de forma constante y disciplinada, para fomentar el

no pensamiento, así como estimular la visión interior.

La visualización también nos ayuda a aumentar nuestra capacidad de concentración y a mantener

el foco en cada uno de nuestros esfuerzos. La práctica de la visualización siempre debe ir

acompañada por unos minutos de relajación física y mental, pues al soltar las tensiones y al mantener

alejadas todas las preocupaciones, podemos concentrarnos en crear más fácilmente la imagen

mental en positivo de aquello que deseamos.

 

d. La meditación

 

La meditación es un estado de sosiego que permite observar los propios pensamientos y actitudes.

Es beneficiosa tanto física como mentalmente, y estimula la agudeza mental.

Se ha comprobado que la meditación resulta efectiva al crear un estado de profunda relajación, en

un período relativamente corto de tiempo. En ella, el metabolismo del organismo se enlentece; así

como disminuye el consumo de oxígeno, la producción de dióxido de carbono, la presión sanguínea,

la frecuencia respiratoria y cardiaca. Además, reduce la cantidad de ácido láctico, sustancia producida

por el metabolismo del músculo esquelético, asociada con la ansiedad y la tensión. Se ha demostrado,

igualmente, que las ondas alfa del cerebro, presentes en el estado de relajación profunda, con la

meditación aumentan en intensidad y frecuencia.

A través de la meditación se puede aprender a enfocar críticamente la atención sobre una cosa

cada vez. Es un tipo de autodisciplina que aumenta la efectividad en fijar y conseguir un objetivo.

Como el proceso de enjuiciar de forma acrítica una cosa en un tiempo se generaliza a otros aspectos

de la vida, poco a poco nos encontramos con que somos capaces de darnos cuenta de todo lo que

hacemos. Asimismo, somos más capaces de conocer y aceptar las pautas habituales de percepción,

pensamiento y sentimiento, que ejercen una influencia importante en nuestras vidas y que generalmente

operan a un nivel inconsciente o automático.

 

e. El control del pensamiento o terapia cognitiva

En las situaciones normales de la vida diaria, entre los sucesos y la emoción existe un diálogo

interior. En la mayoría de los casos la emoción procede de la interpretación del suceso y no del propio

suceso, y esta interpretación está mediada por los pensamientos que se tengan al respecto. En ocasiones,

se tienen pensamientos deformados o distorsionados de la realidad que hacen estallar y/o exacerbar

emociones negativas, es lo que se denomina distorsiones cognitivas o pensamientos automáticos.

Los pensamientos automáticos son nuestra charla interna o auto diálogo con nosotros mismos,

a nivel mental, expresados como pensamientos o imágenes y que se relacionan con estados emocionales

intensos (como la ansiedad, la depresión, la ira o la euforia). A menudo forman «versiones»

subjetivas de las cosas que nos ocurren que suelen ser bastantes erróneas, en el sentido de dar una

falsa imagen o interpretación de las cosas y los hechos, por lo que se le dice que están basados en

«distorsiones cognitivas».

 

En psicología las llamadas distorsiones cognitivas se tratan a través de diversos métodos, entre

los que se encuentra el denominado terapia cognitiva. Beck (1995) inicia el desarrollo de esta terapia

a principio de la década de los sesenta para ayudar a los pacientes con tales distorsiones en el

pensamiento. La terapia cognitiva pretende identificar y modificar las cogniciones desadaptativas,

resaltar su impacto perjudicial sobre la conducta y las emociones y sustituirlas por otras más adecuadas.

La terapia cognitiva de Beck consiste básicamente en identificar pensamientos distorsionados

que causan dificultades en el estado emocional, con el objeto de modificarlos.

Según Beck las cogniciones negativas se caracterizan por aparecer de forma refleja (sin razonamiento

previo), ser irracionales e inadecuadas, ser aceptadas por la persona por considerarlas

posibles y ser involuntarias.

 

A continuación se presenta una descripción de los tipos de distorsiones

cognitivas señaladas por Beck (1995).

 

1. Filtraje o abstracción selectiva: esta distorsión está caracterizada por una especie de visión

de túnel; sólo se ve un aspecto de la situación con la exclusión del resto. Palabras claves para

detectar esta distorsión son: «Es horrible», «Es insoportable». «Es perfecto». Para contrarrestarlo

conviene preguntarse ¿Es esto realmente así?

 

2. Pensamiento polarizado: Consiste en valorar los acontecimientos en forma extrema sin tener

en cuenta los aspectos intermedios. Las cosas se valoran como buenas o malas, blancas o

negras, olvidando grados intermedios. Esto crea un mundo polarizado y las personas que lo

padecen reaccionan a los eventos de un extremo emocional a otro. Por ejemplo, si no es perfecto

o brillante entonces sólo podrá ser un fracasado o un imbécil. Palabras claves para detectar

esta distorsión son todas aquellas que extreman las valoraciones olvidando los grados intermedios

y matices. Ejemplos: «Fracasado», «Cobarde», «Inútil», «Excelente», «Perfecto», etc.

Para contrarrestarlo conviene preguntarse ¿Entre esos dos extremos, hay grados intermedios?

¿Hasta qué punto eso es así?

 

3. Sobregeneralización: esta distorsión del pensamiento consiste en sacar una conclusión general de

un solo hecho particular, sin base suficiente. Por ejemplo, una persona que busca trabajo, no lo

encuentra y concluye: «Nunca conseguiré un empleo». Palabras claves que indican que una persona

esta sobregeneralizando son: todo, nadie, nunca, siempre, todos o ninguno. Para contrarrestarlo

conviene preguntarse ¿Cuántas veces ha ocurrido eso realmente?, ¿Qué pruebas tengo para

sacar esa conclusión? ¿Hay algún caso contrario que demuestre que no siempre es así?

 

4. Interpretación del pensamiento: Se refiere a la tendencia a interpretar sin base alguna los

sentimientos e intenciones de los demás. A veces, esas interpretaciones se basan en un mecanismo

llamado proyectivo que consiste en asignar a los demás los propios sentimientos y

motivaciones, como si los demás fueran similares a uno mismo. Por ejemplo, una persona

nota como la miran unos extraños y piensa: «Sé que piensan mal de mí». Otra persona está

esperando a otra en una cita y ésta tarda cinco minutos y sin mediar prueba alguna, se le viene

a su cabeza: «Sé que me está mintiendo y engañando». Palabras claves de esta distorsión son:

«Eso es porque..», «Eso se debe a..», «Sé que eso es por…». Para contrarrestarlo conviene

preguntarse ¿Qué pruebas tengo para suponer eso? ¿Puedo hacer algo para comprobar si esa

suposición es cierta?

 

5. Visión catastrófica: Consiste en adelantar acontecimientos de modo catastrofista para los

intereses personales, en ponerse sin prueba alguna en lo peor para uno mismo. Por ejemplo,

una persona con un dolor de cabeza empieza a pensar que quizás tenga un tumor cerebral. Los

pensamientos catastróficos a menudo empiezan con las palabras “y si …”. . Para contrarrestarlo

conviene dejar de anticipar, centrarse en el presente y valorar posibilidades. Preguntarse:

¿Otras veces lo he pensado, y qué ocurrió realmente?, ¿Qué posibilidades hay de que eso

ocurra?

 

6. Personalización: La persona cree que todo lo que la gente hace o dice es alguna forma de

reacción hacia ella, y tiene la tendencia a compararse con los demás. Por ejemplo: En el trabajo

una persona tenía la impresión de que cada vez que el encargado hablaba de que había que

mejorar la calidad del trabajo se referían exclusivamente a él. Esta persona pensaba: «Sé que lo

dice por mí». Palabras claves son: «Lo dice por mí», «Hago esto mejor (o peor) que tal». Una

forma de contrarrestarlo es aceptarse tal como es y preguntarse ¿Realmente lo dice por mí?

 

7. Falacia de control: La persona se suele creer muy competente y responsable de todo lo que

ocurre a su alrededor, o bien en el otro extremo, se ve impotente y sin que tenga ningún control

sobre los acontecimientos de su vida. Ejemplos: «Si otras personas cambiaran de actitud yo me

sentiría bien», «Yo soy el responsable del sufrimiento de las personas que me rodean». Palabras

claves son: «No puedo hacer nada por…”, «Sólo me sentiré bien si tal persona cambia», «Yo

soy el responsable de todo..». Para contrarrestarlo se requiere un pensamiento más equilibrado

y preguntarse: ¿Qué pruebas tengo para creer que eso depende solo de mí? ¿Es cierto que lo

que me sucede es responsabilidad de..?

 

8. Falacia de justicia: Consiste en valorar como injusto todo aquello que no coincide con nuestros

deseos. Una persona suspende un examen y sin evidencia piensa: «Es injusto que me hayan

suspendido». Otra piensa sobre su pareja : «Si de verdad me apreciara no me diría eso».

Palabras claves son: «¡No hay derecho a!… «Es injusto que…», «Si de verdad tal, entonces…cual».

Para contrarrestarlo es necesario dejar de confundir lo que se desea con lo justo. Para contrarrestarlo

se recomienda escuchar los deseos de otros y preguntarse: ¿Si las cosas no salen

como quiero entonces son necesariamente injustas?

 

9. Razonamiento emocional: Consiste en creer que lo que la persona siente emocionalmente es

cierto necesariamente. Si una persona se siente irritado es porque alguien ha hecho algo para

alterarle, si se siente ansioso es que hay un peligro real, etc. Las emociones sentidas se toman

como un hecho objetivo y no como derivadas de la interpretación personal de los hechos. Las

palabras claves en este caso son: «Si me siento así es porque soy/ o ha ocurrido…»

 

10. Falacia de cambio: Consiste en pensar que el bienestar de uno mismo depende de manera

exclusiva de los actos de los demás. La persona suele creer que para cubrir sus necesidades

son los otros quienes han de cambiar primero su conducta. Por ejemplo, un hombre piensa: «La

relación de mi matrimonio sólo mejorará si cambia mi mujer». Las palabras claves son: «Si tal

cambiara tal cosa, entonces yo podría tal cosa». Comprobar si usted puede hacer algo, haga el

otro algo o no. Para contrarrestarlo conviene preguntarse ¿Qué pruebas tengo para creer que el

cambio sólo depende de esa persona? Aunque eso no cambiase, ¿Podría hacer yo algo?

 

11. Etiquetas globales: Cuando etiquetamos, globalizamos de manera general todos los aspectos

de una persona o acontecimiento bajo el prisma del ser, reduciéndolo a un solo elemento. Esto

produce una visión del mundo y de las personas estereotipada e inflexible. Por ejemplo, una

persona piensa que todos los argentinos son pedantes. Un paciente piensa de manera idealizada

de su terapeuta: «Es una persona estupenda». Es el efecto de englobar bajo una etiqueta

hechos distintos y particulares de modo inadecuado. Las palabras claves son: «Soy un», «Es

un», «Son unos..». Para contrarrestarlo se recomienda buscar casos que escapen a la etiqueta

y preguntarse: ¿Soy así siempre? ¿Hay otros aspectos de mí que escapen a esa etiqueta?

Hacer lo mismo cuando calificamos a otra persona.

 

12. Culpabilidad: la persona sostiene que los demás son los responsables de sus problemas,

o toma el punto de vista opuesto y se culpa a sí misma de todos los problemas ajenos. Por

ejemplo, una madre cada vez que sus hijos se alborotaban o lloraban, tendía a irritarse con

ellos y consigo misma echándose la culpa de no saber educarlos mejor. En este caso las

palabras claves aparecen en torno a: «Mi culpa», «Su culpa», «Culpa de…». Para contrarrestarlo

conviene buscar los motivos o razones del problema sin que necesariamente haya

que encontrar culpables.

 

13. Los deberías: La persona posee una lista de normas rígidas sobre cómo deberían actuar tanto

ella como los demás. Las personas que no cumplen esas normas le enojan y también se siente

culpable si las viola ella misma. Ejemplos de este caso son: Un médico se irritaba constantemente

con los pacientes que no seguían sus prescripciones y pensaba: «Deberían de hacerme caso»;

eso impedía que revisara sus actuaciones o explorara los factores que podían interferir en el

seguimiento de sus indicaciones. Las palabras claves como puede deducirse son: «Debería

de…», «No debería de…», «Tengo que…», «No tengo que…», «Tiene que…». Para contrarrestarlo

conviene flexibilizar la regla, comprobar su efecto y preguntarse: ¿Qué pruebas tengo para

decir que eso debe ser así necesariamente? ¿Puedo comprobar si es tan grave si eso no ocurre

como yo digo que debería ocurrir?

 

14. Tener razón: Consiste en la tendencia a probar de manera frecuente, ante un desacuerdo con

otra persona, que el punto de vista de uno es el correcto y cierto. No importan los argumentos

del otro, simplemente se ignoran y no se escuchan, la persona se pone normalmente a la defensiva.

Las palabras claves que denotan esta distorsión son: «Yo tengo razón», «Sé que estoy en

lo cierto el/ella está equivocado/a». Para contrarrestarlo se recomienda dejar de centrarse sólo

en sí mismo, escuchar al otro, y preguntarse: ¿Estoy escuchando realmente al otro? ¿Tiene esa

persona derecho a su punto de vista? ¿Puedo aprender algo de su punto de vista sin hacerme

una idea prejuzgada de ella?

 

15. Falacia de recompensa divina: La persona espera cobrar algún día todo el sacrificio, como

si hubiera alguien que llevara las cuentas. Consiste en la tendencia a no buscar solución a problemas

y dificultades actuales suponiendo que la situación mejorará «mágicamente» en el futuro,

o uno tendrá una recompensa en el futuro si la deja tal cual. El efecto suele ser el de acumular un

gran malestar innecesario, el resentimiento y el no buscar soluciones que podrían ser factibles en

la actualidad. Las palabras claves que indican esta distorsión son: «El día de mañana tendré mi

recompensa», las cosas mejorarán en un futuro». Para contrarrestarlo conviene buscar las soluciones

en el presente. Preguntarse: ¿Tengo pruebas para decir que no puedo hacer algo para

cambiar esto? ¿Qué podría ir haciendo ahora mismo?

El poder del pensamiento positivo nos sirve en todo momento para dirigir nuestra energía

mental y nuestros esfuerzos en una dirección determinada. Cuando apoyamos nuestros anhelos con

pensamientos positivos y con imágenes mentales acordes con lo que queremos alcanzar o experimentar,

estamos muy cerca de lograr que se conviertan en realidad.

 

Fuentes consultadas:

– Beck, A. (1995). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Buenos Aires: Paidós.

– Davis, M., Robbins, E. y McKay, M. (1985) Técnicas de autocontrol emocional. Barcelona: Martínez Roca.

– Gallego, D., Alonso, C, Cruz, A. y Lizama, L. (1999). Implicaciones Educativas de la Inteligencia Emocional.

Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

EDUCAR LAS EMOCIONES. Mireya Vivas / Domingo Gallego / Belkis González

42

– Ruiz, J. e Imbernón, J. (1996). Como afrontar los problemas emocionales con la terapia cognitiva Disponible

en: http://www.psicologia-online.com/ESMUbeda/Libros/Sentirse_Mejor/sentirse.htm

«La ciencia moderna nos está demostrando todos los días que es la inteligencia

emocional, no el coeficiente intelectual (CI) ni la sola potencia cerebral, lo

que sustenta muchas de las mejores decisiones, las organizaciones más dinámicas

y rentables, y las vidas más satisfactorias y de éxito».

Robert Cooper y Ayaman Sawaf (1998)

«Sin el estímulo y guía de la emoción, el pensamiento racional se enlentece y

desintegra. La mente racional no flota por encima de lo irracional; no puede liberarse

y ocuparse sólo de la razón pura».

O. Wilson (1998 en Mora, 2000, p. 19)

«El profesor ideal para este nuevo siglo tendrá que ser capaz de enseñar la

aritmética del corazón y la gramática de las relaciones sociales. Si la escuela y la

administración asumen este reto, la convivencia en este milenio puede ser más

fácil para todos y nuestro corazón no sufrirá más de lo necesario».

Natalio Extremera y Pablo Fernández-Berrocal (2002:374)

 

6. El arte como un medio para la expresión de las emociones

 

El lenguaje del arte se apoya en el principio de la comunicabilidad de la experiencia y, por tanto,

de lo ininteligible, al estar mediado por la subjetividad. El arte siempre ha sido uno de los medios

para acceder a la esfera emocional y en cualquiera de sus manifestaciones (drama, pintura, música,

poesía, cine, teatro, danza, etc.) nos permite habitar otros mundos, experimentar placer, deleite,

gozo y también, experimentar dolor y displacer, aún siendo conscientes de que lo que allí se

representa o escenifica es ficción. El arte, entonces, nos ofrece un recurso inagotable para la expresión,

evocación y exploración de las sensaciones, emociones y sentimientos.

Ser creativos es una experiencia subjetiva de naturaleza personal y permite una profunda comunicación

con los estratos más profundos de la mente humana. Los individuos creativos están en

estrecho contacto con sus emociones, buscan la razón de lo que están haciendo, y son sensibles al

dolor, al aburrimiento, a la alegría, al interés y a las demás emociones. El arte entonces permite la

exploración del mundo sentimental, así como también el manejo de emociones propias y ajenas.

El lenguaje del arte resulta ser un instrumento efectivo para la expresión emocional; en consecuencia

el arte se constituye en una estrategia de la educación emocional para la mejora de los

procesos expresivo-comunicativos e intersubjetivos de los sujetos.

 

Natalie Rogers, en entrevista que le realizara Guadiana (2003) sostiene que el arte y la expresión

sirven al crecimiento personal y grupal en la Terapia Expresiva Centrada en la Persona, en la

cual se propicia la expresión auténtica y el autoconocimiento, haciendo énfasis en lo intuitivo, creativo

y emocional, apoyándose en las artes expresivas. El término “artes expresivas” significa la utilización

de varias formas de arte, como la narrativa, la plástica, la danza, la pintura y la música, entre otras.

En esta terapia se alienta la expresión personal, sin prestar atención al valor comercial o a la calidad

del producto. Las artes del movimiento, lo visual, lo sonoro y la redacción creativa se conciben

como lenguajes del alma y el espíritu que pueden aprovecharse para explorar las emociones humanas

y permiten desarrollar un sentido positivo de sí mismo.

 

Las artes expresivas pueden constituirse en un medio para aproximarse al miedo, la vergüenza,

la culpabilidad o el enojo, inconsciente o no expresado, que frecuentemente nos ata a un patrón de

silencio. La expresión creativa, que se acepta y comprende puede ayudar al participante a enfrentar

estos sentimientos oscuros y tender un puente a la alegría, la sensualidad, el amor y la compasión.

Por su parte De la Torre (2000), en la misma dirección de reconocer el valor del arte como medio

para la conexión y expresión de las emociones, destaca el uso del cine como estrategia para educar

actitudes y sentimientos. Las películas son una historia de vida, real o imaginaria, pero con la fuerza

suficiente para generar emociones y sentimientos de diversa índole en el espectador. El cine tiene la

ventaja de manejar espacios y tiempos imaginarios, y permite acercarnos a la expresión de los sentimientos

más variados y profundos: ira, rabia, asco, miedo, violencia, alegría, entusiasmo, excitación, felicidad.

 

Igualmente, señala este autor que la música también es un estímulo apropiado para producir

estados emocionales y educar la sensibilidad. A través de la música se pueden generar situaciones en

las que se conjuguen los procesos de pensamiento y sentimiento, momentos en los que el pensar se

deja arrastrar por el sentir y el sentir arraiga en forma de reflexión.

Gabrielle Roth (1990) quien de igual modo se ha dedicado al desarrollo de terapias de

encuentro con el yo a través de la danza y la música, también destaca que el canto y la canción son

una parte integral de toda cultura. En las canciones expresamos nuestra furia y dolor, nuestros gozos

y penas, nuestro amor y preocupaciones. Las canciones para muchas personas son una parte de la

vida: la gente escucha canciones noche y día, en sus autos, en casa. Ella argumenta que la gente

pareciera que necesita de los cantantes y canciones para aprovisionarse de energía emocional y

refiere que precisamente las canciones son una de las pocas áreas en que la exploración de toda la

gama de las emociones está aprobada y aceptada socialmente, incluso en nuestra cultura, cuya

tendencia es reprimir los verdaderos sentimientos. Roth (1990) sostiene que al cantar y bailar se

descubre y libera la energía de la emoción, permitiéndole fluir.

 

Para concluir, subrayamos que, tal como lo planteaba Vigotski (1972), el arte no debe concebirse

meramente como un adorno, un realce de la vida, sino un camino en sí mismo, un camino para

salir de lo previsible y convencional, un mapa para el autodesarrollo.

 

Fuentes consultadas:

– Cubero, L. y Romero, C. (2003). La educación a través del arte dramático. Ponencia al XXII Seminario

Interuniversitario de Teoría de la Educación. Disponible en: www.uab.es/div5/site/pdf/ponencia2/

– De La Torre, S. (2000). Estrategias creativas para la educación emocional. Revista Española de Pedagogía,

LVIII (217), 543-572.

– Guadiana, L. (2003). Las artes expresivas centradas en la persona: un sendero alternativo en la orientación y

la educación. Entrevista a Natalie Rogers. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 5 (2). Disponible

en: http://redie.ens.uabc.mx/vol5no2/contenido-guadiana.html.

– Roth, G. (1990). Mapas para el éxtasis. Barcelona: Urano.

– Vigotsky, L. (1972). Psicología del arte: Barcelona: Barral, Barcelona.

«Hemos llegado a creer que una persona “es inteligente” si tiene títulos académicos

o una gran capacidad en alguna disciplina escolástica (matemáticas,

ciencias, vocabulario). Pero los hospitales psiquiátricos están atiborrados de pacientes

con esas credenciales. El verdadero barómetro de la inteligencia es una

vida feliz y efectiva, vivida cada día, y cada momento de cada día».

Wayne W. Dyer , 1976.

 

7. Las habilidades sociales

 

Las habilidades sociales se asocian con comportamientos emocionales o conductuales que se

manifiestan en las relaciones interpersonales y que se caracterizan por ser aceptados socialmente en

una determinada cultura. Están referidas a determinados contextos, es decir una misma conducta

puede ser adecuada en una situación concreta pero totalmente inadecuada en otro contexto. Es

importante también destacar que el sentido de la adecuación está altamente influenciado por el

componente cultural. Son conductas aprendidas para relacionarse socialmente y pueden mejorarse

a través del aprendizaje intencionado.

Las habilidades sociales permiten vincularnos con los otros, crear nuevos vínculos, reforzar los

existentes, disfrutar y compartir el afecto. Igualmente, permiten manifestar necesidades y resolver

conflictos: pedir lo que uno desea, poder decir que no, expresar opiniones, defender los derechos,

pedir que el otro cambie su conducta, enfrentar críticas y hostilidad.

 

En muchas ocasiones nos «cortamos al hablar», no sabemos pedir un favor, nos cuesta ir

solos a realizar actividades sencillas, no podemos comunicar lo que sentimos, no resolvemos

situaciones con los amigos, o con la familia, puede ocurrir que no tengamos amigos… Todas estas

dificultades subyacen a la carencia de habilidades sociales. Podríamos añadir muchas otras, todas

aquellas que tengan que ver con las relaciones difíciles con los otros.

Es creencia común que la simpatía y el atractivo social de algunas personas son totalmente

innatos. Sin embargo, es algo que también se adquiere a través de experiencias que van moldeando

a las personas hasta hacerlos expertos en estas habilidades. Aunque es en la infancia donde

aprendemos en mayor medida a relacionarnos con los demás, es un proceso continuo durante

toda la vida.

 

Ser socialmente competentes proporciona gratificaciones personales que pueden venir derivadas

de percibir nuestra capacidad de desarrollar determinadas habilidades de manera eficaz

(autoeficacia), de considerarnos capaces de dominar nuestros sentimientos (autocontrol) y de desarrollar

relaciones fructíferas (empatía). Este autoreforzamiento o autoafirmación, genera pensamientos

positivos que llevan a aumentar la autoestima y que a su vez repercuten en nuestra competencia social.

Según Caballo (1993: 6):

La conducta socialmente habilidosa es ese conjunto de conductas emitidas por un

individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos,

opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación, respetando

esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la

situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas.

 

Elementos de las habilidades sociales

De acuerdo con Goleman (1999) las habilidades sociales abarcan siete elementos: comunicación,

influencia, liderazgo, catalización del cambio, resolución de conflictos, colaboración y cooperación

y habilidades para el trabajo en equipo.

 

La comunicación

Es la capacidad de emitir mensajes claros y convincentes. Las personas dotadas de estas

competencias: saben dar y recibir mensajes, captan las señales emocionales y sintonizan con su

mensaje; abordan directamente las cuestiones difíciles; saben escuchar, buscan la comprensión

mutua y no tienen problemas para compartir la información de la que disponen; alientan la comunicación

sincera y permanecen atentos tanto a las buenas noticias como a las malas.

 

La capacidad de influencia

Es poseer habilidades de persuasión. Las personas dotadas de estas competencias: son muy

conviccentes; utilizan estrategias indirectas para alcanzar el consenso y el apoyo de los demás, y,

recurren a argumentaciones muy precisas con el fin de convencer a los demás.

 

El liderazgo

Es la capacidad de inspirar y de dirigir a los individuos y a los grupos. Las personas dotadas de

estas competencias: articulan y estimulan el entusiasmo por las perspectivas y objetivos compartidos;

cuando resulta necesario saben tomar decisiones independientemente de su posición; son capaces

de guiar el desempeño de los demás y liderizan con el ejemplo.

 

La catalización del cambio

Es la capacidad para iniciar o dirigir los cambios. Las personas dotadas de estas competencias:

reconocen la necesidad de cambiar y de eliminar fronteras; desafían lo establecido; promueven el

cambio y consiguen involucrar a otros en ese cambio y modelan el cambio de los demás.

 

La resolución de conflictos

Es la capacidad de negociar y de resolver conflictos. Las personas dotadas de estas competencias:

Manejan a las personas difíciles y a las situaciones tensas con diplomacia y tacto, reconocen los

posibles conflictos, sacan a la luz los desacuerdos y fomentan la disminución de las tensiones y,

buscan el modo de llegar a soluciones que satisfagan plenamente a todos los implicados.

 

La colaboración y cooperación

Es la capacidad para trabajar con los demás en forma cooperativa y colaborativa en función de

alcanzar los objetivos compartidos. Las personas dotadas de estas competencias: equilibran la concentración

en la tarea con la atención a las relaciones; colaboran y comparten planes, información y

recursos.

 

Las habilidades de equipo

Es la capacidad de crear la sinergia grupal en la consecución de las metas colectivas. Las

personas dotadas de esta competencia: alientan cualidades grupales como el respeto, la disponibilidad

y la colaboración; despiertan la participación y el entusiasmo; consolidan la identificación grupal

y, cuidan al grupo, su reputación y comparten los méritos.

 

La comunicación interpersonal y emocional

 

El ser humano es en esencia un ser comunicativo, que se desarrolla en redes que le permiten ser

parte de una comunidad. La comunicación es un proceso bidireccional en el cual necesariamente

hay un receptor y un emisor en interacción permanente; en esa interacción se intercambian percep

ciones, experiencias, conocimientos, sentimientos, creencias. La comunicación humana abarca tres

tipos de lenguajes que actúan de modo simultáneo:

 

El lenguaje verbal: lo que decimos con las palabras.

El lenguaje no verbal: lo que decimos con los gestos de la cara y del cuerpo, así como con

nuestra imagen.

El lenguaje paraverbal: lo que decimos con la calidad y cualidad de la voz.

 

La ausencia de congruencia en la comunicación produce desconfianza en el receptor. Por

congruencia se entiende que los tres lenguajes, el verbal, el no verbal y el paraverbal comuniquen en

la misma dirección, el mismo mensaje, el mismo contenido. Además, conviene recordar el papel que

juegan la mirada, la distancia entre los interlocutores y la postura corporal en la comunicación.

 

La forma en que miramos es muy importante en la interacción con los demás. Tanto, que puede

afianzar, quitar importancia o desmentir aquello que nuestros labios están diciendo. Si miramos a

nuestro interlocutor conseguiremos mayor respuesta que si estamos mirando hacia otro lado, la

mirada es un indicativo de que seguimos la conversación y que nos interesa. Sin embargo hay que

tener en cuenta que un exceso de contacto ocular muy fijo y continuo puede resultar molesto a

nuestro interlocutor. Si retiramos la mirada estamos indicando desinterés, timidez, sumisión o sentimientos de superioridad.

 

Asimismo, existen investigaciones acerca de las distancias en las que generalmente se sitúan las

personas en la comunicación, distinguiendo entre distancia íntima, distancia personal y distancia

social.

a) Distancia íntima (0-50 cm.): En esta distancia se sitúan las personas amadas y familiares.

b) Distancia personal (50-125 cm.): Es el espacio personal de cada uno, una especie de esfera

protectora que nos gusta mantener entre nosotros y el resto de los individuos.

c) Distancia social (1,25-3,5 m): Distancia que se usa para trabajar en equipo o en relaciones

sociales ocasionales.

d) Distancia pública (más de 3,5 m): Distancia que nos gusta mantener con los desconocidos (por

ejemplo al caminar por la calle).

Hay situaciones en las que no se respetan estas distancias o la persona se sitúa en una distancia

que no le corresponde, entonces nos sentimos incómodos. Esto se produce en los dos sentidos,

tanto si un desconocido se coloca en nuestra distancia personal como si una persona muy cercana

se mantiene alejada y evita el acercamiento.

 

La postura corporal es la manera como colocamos nuestro cuerpo en el acto de la comunicación

y es algo que el interlocutor percibe a simple vista y que transmite un mensaje. Son muchos los

aspectos posturales que se asocian con un mensaje. Por ejemplo, la inclinación del cuerpo hacia el

interlocutor suele ser interpretado como muestra de atención y acercamiento, mientras que estar

echado hacia atrás indica desinterés o rechazo. El tener los brazos cruzados se ha asociado con una

actitud defensiva, mientras que la distensión y relajación de los brazos trasmite una actitud confiada.

El auge de la investigación sobre inteligencia emocional ha favorecido poner la atención más

específicamente en el proceso de la comunicación de las emociones. Es así que también se habla de

la capacidad de comunicación emocional referida a la habilidad para compartir sentimientos y

opiniones con apoyo y comprensión, crear cercanía e intimidad en un marco de respeto mutuo

(igualdad de derechos y de poder).

 

La capacidad de comunicación emocional entonces comprende habilidades de expresión y de

recepción de la información emocional. La expresión de lo que sentimos es lo que permite que haya

una verdadera comunicación con los demás y que las relaciones no sean superficiales. Es la única

herramienta que tiene el ser humano para luchar contra la soledad, el aislamiento y la inestabilidad

emocional. Cuando hay emociones no placenteras que provocan angustia, como los celos, la inseguridad

o la desilusión es igualmente importante que se expresen. Guardarse esas emociones, provocan

lo que los terapeutas llaman deuda emocional. Esta deuda emocional se va acumulando, y un

día de tantos estalla provocando un conflicto que podría ser irreconciliable. Por eso, ya sean sentimientos

positivos o negativos, es fundamental que se expresen y que sean evidentes para la otra

persona. Asimismo, la apertura mental es un factor fundamental en la expresión de los sentimientos

y por tanto en las relaciones humanas. Pero no sólo nos referimos a evitar tabúes y prejuicios, sino

incluso a estar dispuesto a escuchar al otro.

 

La expresión de las emociones tiene como punto de partida la conciencia emocional, puesto

que se requiere darse cuenta de la emoción que experimentamos para luego decidir expresarla (a

quién, cuándo, cómo), satisfaciendo así nuestras propias necesidades de comunicación y de

interrelación con los otros. Identificar y comunicar los sentimientos promueve la cercanía y la intimidad,

y permite expresar nuestros deseos y conocer los del otro. Las dificultades para comunicar

emociones pueden ser por miedo (a lo que pasaría si expresaran sus emociones) o por falta de

contacto con las propias emociones. Igualmente, no poseer un vocabulario emocional amplio limita

la expresión de la emoción, pues se carece de suficientes palabras para denominarlas.

 

La escucha atenta

 

La recepción de la comunicación emocional de los otros requiere el desarrollo de las habilidades

de escucha activa, también llamada escucha atenta, que implica oír al otro con total apertura, de

manera que la persona sienta que puede expresarse sin miedo a ser juzgada, aún cuando el oyente

no esté de acuerdo con lo que dice. La escucha activa es el primer paso hacia el fomento de las

buenas relaciones ya que permite una actitud abierta a la discusión y favorece la resolución positiva

de los problemas.

En la escucha activa se pueden distinguir conductas observables y no observables. La observable

está referida a las señales que emite el que está recibiendo el mensaje y que indican conexión

emocional con el otro, como por ejemplo asentir, preguntar, establecer el contacto corporal y visual

cuando corresponda. Lo no observable se refiere al pensamiento del que está escuchando.

Existen patrones o roles que se asumen en la comunicación que interfieren la escucha atenta, es

necesario tener conciencia de ellos puesto que obstaculizan una comunicación emocional efectiva

con los otros.

 

Patrón Descripción

No se centra en la persona que habla, su mente está en otra parte a pesar de dar señales externas de

que está atento: asiente con la cabeza, establece contacto visual y en ocasiones murmura “ajá”.

No permite que la persona que está hablando termine de hacerlo; no le hace ninguna pregunta para

clarificar ni solicita ningún tipo de información adicional. Está demasiado ansioso de hablar. Muestra

muy poco interés por la otra persona.

Esta persona intenta de manera precipitada interpretar todo lo que otra persona dice y por qué lo

dice. Juzga las palabras de su interlocutor o intenta acoplarlas a su propia lógica, sin tener suficientes

elementos de juicio para ello. Suelen utilizar expresiones como: « Tú lo que sientes es….».

El simulador

El interruptor

El interpretador

 

La comunicación asertiva

 

La comunicación es asertiva cuando expresamos nuestras ideas, pensamientos, preferencias u

opiniones; también se es asertivo cuando hacemos valer nuestros derechos de una manera clara,

directa, firme, honesta, apropiada, sin agredir y respetando los derechos de las otras personas. En la

práctica, esto supone el desarrollo de la capacidad para:

Expresar sentimientos y deseos positivos y negativos de una forma eficaz, sin negar o menospreciar

los derechos de los demás y sin crear o sentir vergüenza.

Discriminar las ocasiones en que la expresión personal es importante y adecuada.

Defenderse, sin agresión o pasividad, frente a la conducta poco cooperadora, apropiada o

razonable de los demás.

La habilidad de ser asertivo proporciona dos importantes beneficios: incrementa el auto respeto

y la satisfacción de hacer alguna cosa con la suficiente capacidad para aumentar la confianza, la

aceptación y el respeto de los demás, en el sentido de que se hace un reconocimiento de la capacidad

de uno mismo de afirmar los derechos personales.

 

Patrón Descripción

Utiliza las palabras de su interlocutor únicamente como un medio para transmitir su propio mensaje.

Cuando la persona dice algo, el aprovechado se apropia del enfoque y lo modifica en la dirección de

su propio punto de vista, su opinión, su historia o sus hechos. Sus expresiones favoritas son:

“Bueno, eso no es nada en comparación con lo que me pasó a mí…”; “Yo recuerdo cuando yo era…”

Esta persona sólo escucha el tiempo necesario para refutar lo dicho. Su objetivo es utilizar las

palabras de su interlocutor en su contra. En el peor de los casos, lo discute todo y desea demostrar

que el otro está equivocado. Como mínimo, intenta siempre que su interlocutor reconozca su punto

de vista.

Ofrecer consejos es, en algunas ocasiones, positivo; sin embargo, en otras, este comportamiento

interfiere con la capacidad de escucha, ya que no permite que la persona que está hablando exprese

totalmente sus sentimientos o ideas; no contribuye a resolver los problemas, impide airearlos;

también puede ser humillante para la persona que habla, ya que resta importancia a su preocupación

al ofrecerle una solución rápida.

 

El aprovechado

El discutidor

El consejero

 

La asertividad suele estar asociada a derechos humanos básicos como ser escuchado, cambiar

de opinión, poder elegir, cometer errores, pedir lo que se desea y tener la posibilidad de decir no. La

asertividad también incluye el reconocimiento de los derechos del otro y en ese sentido, los demás

igualmente tienen derecho a ser escuchados, a que se respeten sus elecciones, a cometer errores, a

discrepar con nuestras ideas, y aceptar esa diferencia.

Se pueden diferenciar dos tipos de comunicación asertiva: de rechazo u oposición y de aprobación

o aceptación Se consideran habilidades de oposición asertiva aquellas que se aplican a situaciones

de interacción con el fin de manejar conductas poco razonables de los demás. Una de las

principales consecuencias de la oposición asertiva es la conservación de la autoestima. De otro lado,

la aceptación asertiva se relaciona con la capacidad de ofrecer y recibir reconocimientos y cumplidos.

Estas habilidades se inhiben con demasiada frecuencia olvidando las ventajas que comportan.

Debe tenerse en cuenta que ofrecer reconocimientos y cumplidos ante la conducta adecuada o

gratificante del otro, aumenta la probabilidad de su repetición. Estas habilidades permiten aumentar

la autoestima tanto del emisor como del receptor al mostrar aceptación y afecto hacia los demás, y

en definitiva, facilitan la relación de confianza aumentando la satisfacción mutua y ayudan a establecer

relaciones positivas con los demás.

 

Tipos de asertividad

En el acto de comunicación con los otros se pueden manifestar tres estilos de comunicación: agresivo,

inhibido o pasivo y asertivo. A continuación se destacan las expresiones verbales frecuentes, los

efectos en la conducta y las posturas corporales asociadas a cada una de ellas.

Estilo agresivo

Estilo inhibido

Estilo asertivo

 

Recomendaciones para desarrollar la comunicación asertiva

Exterioriza tus sentimientos: “Me siento feliz”, “Te quiero mucho”, “Eres un buen amigo”, “Tu

presencia me es grata”, “No es la orden que pedí”, “No me hables de esa forma”.Contra

ejemplo: Quedarse callado, titubear o mostrarse agresivo

Contradice directamente, de manera razonable, cuando estés en desacuerdo con alguien. Por

ejemplo, “Particularmente en ese punto no estoy de acuerdo”, “Tengo un punto de vista diferente

al respecto”, Contra ejemplo: “Como usted diga”, “Es verdad..”

Utiliza en lo posible la palabra “YO”. Cada persona debe hablar en términos de lo que piensa,

siente o desea, independientemente del criterio de otros. Ejemplo: “Yo pienso que esa idea es

equivocada”. Contra ejemplo: “La gente dice…” “Parece que…”

Acompaña tus frases con expresiones corporales adecuadas.

Pregunta “¿Por qué?…” y opina.

Procura siempre hacer y lograr lo que realmente deseas: actúa siempre en congruencia contigo

mismo.

 

La empatía

La empatía es la capacidad de percibir el mundo interior emocional y vivencial de otras personas,

por tanto, es la raíz de la comunicación emocional y de las relaciones positivas con los otros. En

inglés se utiliza el término “social awareness” que en español se entendería como conciencia social

de tipo emocional, es decir la conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de las

demás personas. Según Goleman (1999) la empatía comprende cuatro elementos: la comprensión

de los demás, la orientación hacia el servicio, el aprovechamiento de la diversidad y la conciencia

política.

 

La comprensión de los demás

Es la capacidad de captar los sentimientos y las perspectivas de los demás e interesarse genuinamente

por sus preocupaciones. Las personas dotadas de estas competencias permanecen atentas

a las señales emocionales de los demás; son sensibles y comprenden los puntos de vista de los

demás, y los ayudan basándose en la comprensión de sus necesidades y sentimientos.

 

La orientación hacia el servicio

Es anticiparse, reconocer y satisfacer, en la medida de lo posible, las necesidades de los otros.

Las personas dotadas de estas competencias comprenden las necesidades emocionales de las demás

personas y tratan de satisfacerlas; brindando desinteresadamente la ayuda necesaria y poniéndose

en su lugar.

 

El aprovechamiento de la diversidad

Es saber aprovechar las oportunidades que nos brindan diferentes tipos de personas. Las personas

dotadas de estas competencias respetan y se relacionan con individuos de diferentes estratos;

comprenden diferentes visiones del mundo y son sensibles a las diferencias existentes entre los grupos;

consideran la diversidad como una oportunidad y, afrontan los prejuicios y la intolerancia.

 

La conciencia política

Es la capacidad de darse cuenta de las corrientes emocionales y de poder subyacentes en un

grupo. Las personas dotadas de estas competencias advierten con facilidad las relaciones de poder,

perciben las redes sociales más importantes, e interpretan adecuadamente tanto la realidad externa

como interna de una organización o grupo.

 

Fuentes consultadas:

– Bolett, M. (2001): Lengua y comunicación. Material Instruccional. Caracas: Universidad Nacional Abierta.

– Caballo, V. (1993). Manual de evaluación y entrenamiento en las habilidades sociales. Madrid: Siglo XXI.

– Gallego, D., Alonso, C, Cruz, A. y Lizama, L. (1999). Implicaciones Educativas de la Inteligencia Emocional.

Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

– Goleman, D. (1999). La práctica de la inteligencia emocional. Barcelona: Kairós.

– Lynn, A. (2001). 50 actividades para desarrollar la inteligencia emocional. Madrid: Centro de Estudios

Ramón Areces.

– Pascual, V. y Cuadrado, M. (2001). Educación emocional. Programa de actividades para la Educación

Secundaria Obligatoria. Barcelona: Cisspraxis.

– Primero, G. (S/F) Problemas vinculados con los trastornos de ansiedad. Disponible en: http://

www.geocities.com/ansiedadyvinculos/index.htm

– Sebastián, C. (2001) La comunicación emocional. Madrid: Prentice Hall.

«Es bastante concebible que los expertos de los próximos 100 años puedan

ridiculizar nuestras creencias o tener mucha compasión con nosotros, al considerarnos

como primitivos en el estudio de la inteligencia». y Powell, (1986:980)

«Ser emocionalmente inteligente involucra estar en sintonía con las emociones»

Geetu Bharwaney

«Las emociones pueden ser inteligentes».John Mayer

 

 

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