Una sexualidad bíblica saludable y gozosa. Maldonado

HABLEMOS SOBRE UNA SEXUALIDAD BÍBLICA, SALUDABLE Y GOZOSA

Jorge E. Maldonado

La sexualidad humana –según la Revelación Bíblica y la ciencia– va más allá de las diferencias anatómicas que separan a hombres y mujeres y que les capacita para el acto sexual y la procreación. La sexualidad es una dimensión de nuestro ser que nos conecta con la raíz de nuestra existencia. Cuidada y bien orientada, la sexualidad nos impulsa al amor, al placer, al cuidado mutuo, a la procreación, a la fidelidad, al compromiso, a la solidaridad.   Distorsionada, nos puede llevar a la brutalidad, a la explotación, a la violencia y a la muerte.

 

Una reflexión cristiana sobre la sexualidad humana parte de la convicción de que Dios es el Creador de la humanidad. La creación de los seres humanos incluye su sexualidad, los géneros masculino y femenino, el compañerismo de hombre y mujer en una relación matrimonial íntima, y el don de la procreación.

 

La Creación

 

En el relato de la Creación, la decisión de la Comunidad Divina: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” culmina con: “Y creó Dios al hombre a su imagen, conforme a su semejanza; varón y hembra los creó” (Génesis 1:26-27).                                                                             Nuestra sexualidad da testimonio de la Comunidad Divina. Lleva el sello del Creador. Tiene el potencial de sacarnos de nuestra soledad, de ponernos en “la comunidad de a dos” y en la comunidad humana, y de transformarnos en colaboradores de Dios en la continuación de Su obra creadora y redentora. Por propia declaración de Dios para toda la creación, la sexualidad es buena: “Y vio Dios todo lo que había hecho y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).

 

El Creador se muestra en toda la revelación bíblica como un Dios-en-relación. Al crearnos a su imagen y semejanza imprime en nosotros esa capacidad relacional. Varón y hembra son bendecidos, y reciben juntos el doble mandato: procrear y señorear (v.28). Desde la perspectiva cristiana, la pareja humana no es simplemente el fruto del impulso biológico para perpetuar la especie, ni el resultado práctico de un contrato social, ni el emocionante objetivo de dos corazones enamorados. La pareja humana tiene raíces y responsabilidades trascendentes y sagradas.

 

El disfrute de la sexualidad

 

La Biblia presenta la sexualidad humana tal como fue percibida por los hebreos, de una forma natural: sin espiritualizarla, sin esconder sus abusos y sin hacerla portadora de todas las promesas de felicidad, como tiende a hacerlo la cultura que nos rodea. En nuestro ambiente latinoamericano, que por siglos ha guardado silencio y ha censurado el disfrute del placer sexual, incluso en la relación conyugal, vale recordar pasajes claros e historiasbíblicas gozosas como las siguientes (los énfasis son míos):

 

  1. En Génesis 2:24-25 Dios no sólo que establece el vínculo matrimonial que tiene el potencial de hacer de hombre y mujer “una sola carne”, sino que bendice la desnudez sin vergüenza de la primera pareja humana. “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y la mujer, y no se avergonzaban”.

 

  1. En Génesis 18:12, cuando Sara escucha nuevamente la promesa de tener un hijo dice: “después que he envejecido tendré deleite? “…voy a sentir el placer?, traduce la Biblia de Jerusalén.

 

  1. En Deuteronomio 24:5 se manda eximir al recién casado, por un año, de sus obligaciones ciudadanas, incluyendo la guerra, a fin de “alegrar a la mujer que tomó”. Para “recrear a la mujer que ha tomado” dice la Biblia de Jerusalén.

 

  1. La literatura sapiencial tiene muchas referencias al disfrute sexual. “Alégrate con la mujer de tu juventud… sus caricias (“pechos” en el Hebreo) te satisfagan en todo tiempo y en su amor recréate siempre” (Prov.5:18-19). Todo el libro de Cantar de los Cantares, con su lenguaje tan gráfico y corporal, representa una celebración de la belleza y el encanto del amor físico.

 

  1. San Pablo en sus cartas hace alusión a la vida conyugal. En la Primera Carta a los Corintios (capítulo 7), cuando responde a las preguntas sobre la vida sexual no sólo afirma la necesidad de mantener una vida marital constante, como un deber espiritual: “para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (v.5), sino que también subraya la plena igualdad de los sexos y la mutualidad de la relación. “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro” (v.4-5).

 

En mi anterior ponencia plenaria en este Congreso presenté a Susan Johnson como una investigadora y terapeuta conyugal que ha profundizado en los vínculos emocionales de las parejas y en un “concepto científico” del amor. En su libro Abrázame fuerte, una de las siete conversaciones para un amor duradero se enfoca en el sexo y en el contacto físico como los medios para crear y/o reforzar el vínculo matrimonial. Aunque ella no se pronuncia como una cristiana practicante, encuentro sus conclusiones en consonancia con una concepción bíblica de la sexualidad. Resumo aquí el capítulo 6 con mis comentarios.

 

  • Johnson señala que la cultura occidental nos ha llevado a pensar que es natural que la ardorosa pasión sexual al principio de un matrimonio decae con el tiempo; que hemos sido inducidos a considerar el sexo como un fin en sí mismo, y en saciar el deseo como su objetivo principal; que el énfasis se ha puesto en la mecánica, las técnicas y los artefactos para aumentar el éxtasis físico y el placer inmediato.

Ella insiste en que el vínculo afectivo, el apego solícito, el saber que uno cuenta con el otro es lo fundamental para una relación sexual saludable y satisfactoria. Sabíamos que una buena relación sexual en el matrimonio ayuda a construir el vínculo, pero en realidad, un vínculo seguro y una práctica sexual satisfactoria van de la mano; se apoyan y se amplían mutuamente.

“La conexión emocional –dice Johnson–proporciona un sexo fantástico, y el buen sexo forja un vínculo afectivo más profundo… Las parejas seguras se sienten libres de rendirse a la sensación en los brazos del otro, confían en su pareja, exploran y colman sus necesidades sexuales a la vez que comparte sus alegrías, anhelos y aspectos vulnerables más profundos. En estos casos, la expresión hacer el amor cobra un sentido pleno” (p.210).

Esta conclusión de Johnson conecta con la enseñanza bíblica sobre la capacidad relacional con la que Dios nos bendijo a los humanos al crearnos a Su imagen y semejanza y al instituir el matrimonio como el espacio en el que dos se hacen “una sola carne” (Génesis 2:24).

 

  • Según datos que Johnson proporciona de sus investigaciones, los cónyuges felices atribuyen sólo un 15 – 20 % de su bienestar a una buena vida sexual, mientras que las parejas infelices atribuyen el 50 – 70 % de su malestar a los problemas sexuales. Sabíamos que el sexo es lo primero que se resiente cuando falla la relación. Pero en realidad –concluye Johnson– cuando falla el vínculo el sexo no funciona, y si el sexo no funciona se deteriora el vínculo. Por eso es posible afirmar que cuando empiezan las dificultades en la cama, el vínculo de la pareja ya está resentido, se han perdido la confianza, lo cual conduce a una falta de deseo, que lleva a que el sexo sea menos satisfactorio, con lo que se sienten más heridos, con lo que se debilita más su conexión emocional. Esto señala no sólo la espiral descendente en la que puede entrar una pareja cuando descuida su relación, sino sobre todo la importancia de mantener el vínculo, el diálogo, el perdón, y de esmerarse por cultivar el amor en todos sus sentidos.

 

  • Los dos metros cuadrados de piel que llevamos a cuestas en la edad adulta son el órgano de sensibilidad más grande que poseemos — nos recuerda Johnson. La necesidad de contacto físico responde a dos impulsos fundamentales: el sexo y el deseo de ser sostenido y reconocido por otro especial. Las caricias excitan, pero también tranquilizan y consuelan.

Los hombres parece que tendemos a padecer más esta ansia de contacto que las mujeres, posiblemente porque de niños no nos alzaban en brazos lo suficiente y nos acariciaban menos, pero no lo expresamos.

Las mujeres aunque expresan más fácilmente sus frustraciones, necesitan que el plano físico y emocional estén coordinados; para disfrutar del sexo necesitan comunicación y contacto.

El libro de Biblia Cantar de los Cantares, aunque procede de una época definidamente patriarcal, se explaya en describir y celebrar el romance en términos del afecto, la emoción, las caricias, el toque de un hombre y una mujer vinculados por el lazo de un amor sólido y feliz.

 

  • Entonces, la mejor receta para disfrutar de un buen sexo es crear una relación segura estable entre dos personas que han aprendido a conectarse mediante conversaciones abiertas, respetuosas y comprometidas. Johnson encuentra que acostumbrarse a pedir caricias y ternura al cónyuge enriquece el vínculo de pareja. Además, conocer el cuerpo del compañero más íntimamente, qué lo excita y qué lo complace se convierte en una parte muy importante de una conexión de pareja del tipo “sólo por ti, sólo contigo” (p.217).

 

El mejor manual de todos para una relación sexual apasionada y creciente procede de la capacidad de crear vínculos significativos y de sintonizar con el cónyuge en los aspectos cotidianos de la vida.

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