Sexualidad-Espiritualidad. Puerto Pascual

SEXUALIDAD — ESPIRITUALIDAD

Por Cosme Puerto Pascual, o.p.

Sexólogo

INTRODUCCIÓN

Influjos de los dualismos en la sexualidad y espiritualidad

El dualismo del helenismo tardío, tal como aparece expresado en el gnosticismo y en el estoicismo, no tuvo su origen en fuentes judías o cristianas. Sin embargo, influyó profundamente en todas las comprensiones posteriores de la vida sexual y espiritual del cristianismo. Estudiar algo de la tradición cristiana nos ayuda a entender que la teología sexual nunca es pura, sino que siempre encuentra su configuración en la relación con los contextos corporales en los que viven los cristianos. Por lo demás, la comprensión de nuestra herencia religiosa nos ayuda a reconocer las formas en las que se puede no sólo modificar la tradición, sino también introducir cambios fundamentales en la sexualidad humana y la vida espiritual.

Los hombres espirituales tenemos que vivir en contacto con la realidad sexual si no queremos caer en espiritualismos y angelismos. El peligro que amenaza siempre a los hombres de fe es no vivir con los pies en el suelo, en contacto con la realidad sexual y espiritual, tenemos que ayudarnos unos a otros a aceptar el hecho de que quienes somos cristianos somos herederos de una tradición religiosa que ha despreciado el cuerpo sexuado, sexual y erótico como portador y a través del cual podemos y vivimos nuestra vida espiritual y por ello ha negado y reprimido la relación esencial entre sexualidad y vida espiritual cristiana.

Si deseamos seguir siendo miembros de la Iglesia y vivir una rica y transformadora vida en el espíritu, tenemos que poner en tela de juicio esta tradición y transformarla radicalmente. Se requiere algo más que una simple reforma. Me refiero a una transformación revolucionaria. No podemos dejar de hacer menos para ser creíbles hoy en nuestra vida de fe. Nuestro silencio no nos protegerá. Nuestra mejor protección es buscar y decir la verdad de nuestra vida sexual y espiritual mientras podamos, con la presencia y ayuda mutuas, y cultivar juntos cuidadosamente algunas verdades de la relación y unidad de ambas realidades que no podemos decir todavía, verdades que quizá sean aún jóvenes y no estén deformadas. Con las verdades que aportamos seguimos dando forma a la historia de la vida sexual y espiritual.

Experiencia sexual y espiritual

La mayoría de los creyentes cristianos tenemos una cierta dualidad en la experiencia sexual y espiritual de nuestra vida. Es biológica, urgente y omnipresente. Es también una vía para las relaciones afectivas-sexuales y espirituales entre las personas, para bien o para mal. Sin embargo, la persona creyente en Cristo no es una dualidad. La psicología, la filosofía, la teología occidental nos han enseñado a oponernos a esas interpretaciones dualistas, aun cuando no las hayamos superado. Dividir a la persona sexuada en alma y cuerpo, físico y psíquico, libertad y determinación, es demasiado simple. La teología bíblica atestigua que el ser humano es uno, una unidad, que tiene dos aspectos, dos maneras de vivir en esa unidad, carnal y espiritual, pero no dos componentes separados.

Es en esta dualidad de aspectos o maneras de vivir en la unidad del ser lo que fundamenta el problema de la unidad y relación de la sexualidad humana y espiritualidad cristiana. No es posible experimentar y comprender completamente el sexo y la vida espiritual en los humanos si se explican sólo como un mecanismo fisiológico de supervivencia de la especie o una vida sexual que no esta encarnada en esa biología. La sexualidad y la vida espiritual es un problema porque los humanos son tan capaces de vivir en una vida carnal, como en una vida espiritual. La relación siempre variable y dialéctica entre estos dos polos es lo que hace tan precaria la situación humana sexual y espiritual y provoca angustia. Como no podemos superar esta angustia y nos negamos a soportarla, tratamos de evadirnos. Al hacerlo, pecamos al negar lo que es ser humanos.

Nuestra cultura se propone de nuevo la utopía de lograr en su experiencia religiosa esta experiencia de la sexualidad y espiritualidad superando el dualismo. Con todo, llegaremos a comprenderla de un modo más adecuado, aunque nunca completo, al recoger y renovar críticamente lo que algunos predecesores dijeron acerca de nuestra experiencia común.

Excluir de nuestra espiritualidad cristiana una imagen positiva de la sexualidad de Jesús, condiciona la imagen que nosotros tenemos de la nuestra.

Hoy algunos creyentes, guiados por el Espíritu, comienzan a hablar claramente de la sexualidad de Jesús. ¿Por qué? Precisamente porque de la misma manera que nuestra valoración de la humanidad de Jesús depende de la idea que tenemos de la nuestra, así también nuestra aceptación de la sexualidad de Jesús está condicionada por la estima que sentimos hacia la nuestra.

La encarnación, en su sentido real, no estará completa si las personas no han descubierto al Hijo de Dios hecho un hombre sexuado, sexual y erótico en su propia humanidad. Seguiría faltando un elemento de la cristología, mientras no nos permitamos formular imágenes de Jesús que profundicen en su sexualidad tanto como lo hemos hecho en otros dinamismos de su vida. La referencia a todas sus partes era una forma de reconocer explícitamente la anatomía sexual de Jesús y, por tanto, la integridad incuestionable de su humanidad sexuada.

A partir del siglo XIX se ha considerado que lo erótico era indecoroso para la vida espiritual. Pienso que esta manera de sentir y pensar se puede interpretar como una afirmación por defecto sobre la superficialidad de la creencia y espiritualidad contemporánea en la realidad de la encarnación. La vergüenza, el desprecio, la negación, no el reconocimiento de la sexualidad de Jesús, es la que produce hoy y siempre una preocupación insana en la vida espiritual. Si la fórmula «Jesús es como nosotros en todo menos en el pecado» se entiende espiritualmente por el creyente como que «es como nosotros en todo menos en la sexualidad», entonces queda claro cuál es el problema para la teología espiritual de la vida sexual y del crecimiento espiritual.

1. ACTITUDES ESPIRITUALES DE LOS CATÓLICOS HACIA LA SEXUALIDAD

Al analizar las actitudes sexuales de los católicos en su vida espiritual, podemos hacer una lista de comportamientos y de costumbres que hoy nos resultan ya extrañas y casi inverosímiles, pero que muchos de nosotros las hemos vivido y de las que podemos dar fe. Es cierto que todo hay que interpretarlo en su propio contexto, para comprenderlo. Pero comprender no quiere decir estar de acuerdo. Y amar nuestro pasado sexual no significa aprobarlo, sino, más bien, congratularse de que haya pasado y nos ayudara a llegar a una postura de “positividad” ante esta realidades de la sexualidad y espiritualidad.

La Iglesia cristiana desempeña el papel configurador central en la limitación y frustración de nuestras imágenes sexuales y espirituales. Las actitudes sexuales de la historia occidental y la historia cristiana están unidas íntimamente hasta tal punto que son indistinguibles. Esto equivale a decir que la Iglesia cristiana ha sido el artífice principal de una determinada actitud hacia la sexualidad y la vida espiritual durante los últimos diecisiete siglos. Actitud antisexual, obsesiva y de condena de la sexualidad como algo esencial de la espiritualidad cristiana. La actitud religiosa en el pasado ante la sexualidad en la vida espiritual era igual a genitalidad, y la genitalidad es intrínsecamente incontrolable y contraria a la autentica espiritualidad cristiana. El pene en erección que no se puede controlar es la imagen exacta de lo que es un cristiano con respecto a Dios: un rebelde. En esta imagen del historiador francés Michel Foucault intenta resumir en buena parte el legado cristiano de S. Agustín aceptado sobre la sexualidad del varón. Su caricatura en la mujer la hace Tertuliano en Eva, quien, como mujer, era más sensual y carnal que su compañero y, por consiguiente, era el lugar particular de la rebelión y pecado contra Dios.

Sin exagerar podemos decir con seguridad los sexólogos cristianos, en la actualidad, intentamos y nos esforzamos por superar los enfoques negativos y represivos del pasado sexual. Nunca antes hubo dentro de la Iglesia católica tanta agitación por cambiar las actitudes de la Iglesia hacia la sexualidad, por impedir el cambio no deseado, tanta esperanza y tanto miedo ante lo sexual. Vivimos en un momento apasionante y que, al mismo tiempo, nos deja perplejos en lo referente a las ideas cristianas sobre sexualidad y espiritualidad.

Deseo que el lector tenga una grata experiencia al enfrentarse con el problema de la relación entre sexualidad y espiritualidad. No será posible esto si no se coloca en una actitud de positividad ante la sexualidad. La sexualidad es, en si misma, una realidad positiva, buena, pertenece a la creación de Dios. forma parte del ser y de la estructura de la persona y tiene funciones muy importantes en la existencia humana. La sexualidad como tal, no es, como muchos nos quieren hacer creer un mal, o la principal fuente de mal que debe rehuirse o combatir, si bien es verdad que (como cualquier realidad humana física o espiritual) puede vivirse o utilizarse contra los valores de la persona y del Reino de Dios.

Aceptar nuestra sexualidad, su “positividad”, dentro de un proyecto de vida elegido libremente, vivirla serenamente en el ámbito de nuestra fe y religiosidad, integrada y relativizada desde el Reino de Dios y sus valores, constituye la finalidad fundamental para la vivencia y desarrollo de nuestra vida espiritual desde el Dios de Jesús.

2. ¿QUÉ APORTA EL CONCEPTO Y VALORACIÓN HOLÍSTICA DE LA SEXUALIDAD A LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA?

Aquí deseo ofrecer unas pequeñas reflexiones básicas sobre las relaciones de estas dos dimensiones de nuestras vidas: la sexualidad y la espiritualidad. Intentando no caer y superar la corriente dualista de la tradición cristiana que las ha separado para intentar unirlas de nuevo a partir del descubrimiento de que la espiritualidad de la sexualidad es central en una comprensión holística de la sexualidad.

Los cristianos, al enfrentarnos a los conceptos y relaciones entre sexualidad y vida espiritual, necesitamos una revisión de gran parte de la comprensión del concepto de sexualidad y espiritualidad. Resulta hoy imposible hablar de la sexualidad sin hablar, al mismo tiempo, de espiritualidad. Aun cuando se presentan diferentes lecturas, acentos e incluso desacuerdos, hay un amplio consenso del que ya no gozan las ideas de la tradición histórica del pasado. Yo sobre todo voy a intentar esta relectura desde una concepción holística de ambas realidades, sin negar otras posibles lecturas. Como sexólogo cristiano me tomo esa libertad de pensamiento para releer el evangelio de Jesús y ver qué me aporta, para unir y ensamblar ambas realidades como buenas, sanas y realizadoras de la persona.

La sexualidad entendida desde la visión holística y, por tanto, entendida en su acepción plena, es una realidad que se refleja y se expresa en todas las dimensiones de la persona, desde la biofisiológica, psicológica, afectiva, social, cultural, axiológica, higiénico-sanitaria y religiosa. Es un dinamismo personal que se pone al servicio del crecimiento de toda la persona y por tanto también del crecimiento interior y de su relación y diálogo con el Absoluto. La sexualidad, por tanto, no puede ser considerada como un aspecto marginal, sino como una realidad profunda, presente y operante en todas las dimensiones de la persona, quedando incluida sin ningún lugar a las falsas dudas metidas por los falsos dualismos religiosos nuestra vida espiritual.

La sexualidad no es una fecha que debe tenerse en cuenta; más bien es una tarea y un proyecto humano y espiritual de actuación libre, responsable y comprometido a lo largo de toda nuestra existencia. Las funciones, significados y valores, que la sexualidad recibe de la totalidad de la persona, se convierten en norma y criterio de su actuación libre y responsable de nuestra vida. Uno de los objetivos prioritarios de la sexualidad del creyente cristiano es, pues, el desarrollo de una sexualidad sana ordenada y madura en su vida espiritual.

La visión integral me ofrece un concepto y una valoración de la sexualidad más comprensiva, amplia, rica y fundamental para nuestra existencia y vida espiritual que la simple genitalidad reproductora del pasado. Me la hace ver como un todo que implica y está difuminada por todo mi ser personal. Yo no tengo la sexualidad sino que soy persona sexuada, sexual y erótica. De lo que tengo puedo prescindir, pero no de lo que soy. Esto me hace entender que Dios ha dispuesto que la sexualidad no sea accidental ni perjudicial para mi espiritualidad cristiana, sino que, por el contrario, sea una dimensión plenamente integrada y básica de dicha espiritualidad.

Vamos a hablar de la espiritualidad cristiana y nos centramos en ella. Aunque hay diferentes comprensiones de la espiritualidad, simplemente definimos el término “espiritualidad”, como la respuesta de todo nuestro ser de cristiano a lo que percibimos como sagrado en medio de nosotros tal como se lo conoce a través del Dios y comunidad de Jesús. Y por ser una respuesta desde la totalidad de todo nuestro ser, nuestro sexo, sexualidad y erótica, está inevitablemente incluida.

Parto del misterio de la encarnación de Jesús como base y fundamento de todo ello. Es decir, asumo que el verdadero ser de Dios se sigue haciendo carne y mora entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Y, al hacerse carne, Dios se revela mediante las dimensiones sexuales de nuestra vida.

3. ¿CUÁLES SON ENTONCES LOS SIGNIFICADOS CENTRALES DE LA SEXUALIDAD CRISTIANA EN NUESTRA VIDA ESPIRITUAL?

En este punto quiero presentaros unos breves reflexiones sexológicas desde donde podemos entender y responder a la siguiente pregunta: ¿De dónde proceden los significados o funciones que la teología espiritual ve hoy en nuestra sexualidad cristiana?. ¿Qué significados aporta hoy nuestra sexualidad? ¿Son intrínsecos a nuestra sexualidad? ¿Inscritos por nuestro Creador? Y, por otra parte, ¿creamos nosotros esos significados por medio de nuestra relación con los demás? O, en cierto sentido, ¿son verdaderas ambas cosas?

Aquí se aborda el debate actual entre esencialitas y constructivitas. A la hora de dar respuesta a estos interrogantes las dos teorías están enfrentadas. El constructivismo social hace hincapié en que los significados o funciones sexuales están construidos por agentes sociales, culturales y religiosos. Por tanto es posible reconstruirlos de formas más justas, mas completas, más Vivificadoras, mas liberadoras y cristianas. Los esencialitas nos enseñan que la sexualidad humana y cristiana esta arraigada intrínseca y esencialmente en actos queridos por Dios.

Es necesario que nuestras interpretaciones de los significados o funciones de la sexualidad queden configurados por las posiciones de los constructivitas y esencialitas, y los debates entre ellos, aunque desde una visión holística no se puede negar que todos los componentes de la sexualidad contribuyen e influyen en ella. Para un estudio y comprensión integral de ella no debe dejarse ninguno fuera, ya que el tapiz de la vida sexual está tejida por muchos hilos y todos son necesarios para explicarla y comprenderla. La sola fundamentación en lo biológico es tan mala como el que olvida los componentes religiosos o culturales. La comprensión holística de la sexualidad y la vida espiritual exige comprendernos a nosotros mismos como personas cuya sexualidad y vida espiritual cambia continuamente y nos ofrece múltiples funciones o significados que la vida espiritual no niega sino que ayuda a vivirlos plenamente.

He aquí algunos de ellos:

Hoy es un signo profético para el hombre de hoy la necesidad de integrar plena y gozosamente nuestra dimensión sexuada, sexual y erótica en nuestra vida espiritual.

La sexualidad es vista hoy como un dinamismo realizador de nuestra vida espiritual y no como su principal enemigo.

Teológicamente creo que la sexualidad humana, incluye el don divino de la capacidad procreadora sin agotarse en él.

Veo que la sexualidad incluye una invitación a encontrar nuestro destino espiritual no en la soledad, sino en la relación profunda con los otros. Ella nos invita, nos urge y nos persuade a las personas espirituales para que salgamos de nuestra soledad y entremos en relación con Dios y los hombres nuestros hermanos a través de una sexualidad sana en nuestro proyecto de vida espiritual.

La sexualidad es el fundamento fisiológico y afectivo de nuestra capacidad de amar como personas espirituales. Es una forma más de amar y expresar nuestro amor, y en nada debe ser despreciada, sino todo lo contrario, ser muy agradecidos por la ayuda que aporta a salir de nuestro narcisismos y egoísmo.

La sexualidad es el gran sacramento de la unión y comunión con el otro como nos dice a los dominicos nuestro Padre General en su carta: “Promesa de vida”.

Nuestras comunidades cristianas deben ser talleres donde el ser espiritual aprenda a vivir la ternura y caricia no posesiva que exige al mundo de hoy al creyente.

La sexualidad para la persona espiritual es una forma más de comunicación sana que tiene para abrirse a los demás.

La vida espiritual no exige evitar el placer sexual, sino evitar que el egoísmo lo convierta en un impedimento para desarrollarla.

El deseo sexual para el hombre espiritual no se agota en el humano sino en el deseo infinito del OTRO con mayúscula, que sólo se sacia del todo en Dios, donde encuentra su paz. Etc…

4. LA ESPIRITUALIDAD DE LA SEXUALIDAD CRISTIANA NO PUEDE ENTENDERSE SIN REFERENCIA AL REINO DE DIOS

La vida espiritual y la vida sexual del cristiano está siempre subordinadas al Reino de Dios. Desde el Reino de Dios ambos dinamismos dejan de ser absolutos en sí mismos y pasan a ser valores relativos. El valor de ambos dinamismos lo van a tomar del Reino. Ese es el tesoro por el que podemos y debemos vender todo para lograrlo. Esto no es un rechazo de ninguno d e los dinamismos. Jesús nos ofrece una vida espiritual y sexual centrada en el Reino de Dios y desde ese momento todos los absolutos de sus seguidores puede implicar la exigencia del sacrificio del bien menos valioso o del más querido y apreciado. La vida sexual y espiritual de sus seguidores tiene que ser coherente con esta verdad religiosa.

Desde el valor del Reino de Dios hay que corregir ciertas muestras de pietismo en nuestra vida de fe, que transforman nuestra vida sexual y espiritual en una especie de espectáculo religioso, donde lo más periférico lo hacen y lo convierten en lo más central. La fe en Cristo no nos llama a dejar la sexualidad, ni a no vivirla, mucho menos a despreciarla, reprimirla o permitirla en una permisividad sin limites. El evangelio nos enseña a vivirla en el mundo como ciudadanos del Reino de Dios, allí donde Dios quiera que estemos. Estos nos llama a realizar continuamente un discernimiento sobre nuestra vida sexual y espiritual, de lo que tenemos que hacer con ambas realidades, y es lo que yo llamo la conversión continua al Reino.

No cabe duda de que el Reino de Dios es central, es el Absoluto para el creyente, pero ya no se puede seguir afirmando lo mismo de otras cosas como la familia, la amistad, los hijos, las relaciones de padres e hijos, seguridad, profesión, poder, éxito, dinero, la abstención o no abstención de la genitalidad… En otras palabras, la sexualidad, la forma de vivir la espiritualidad, y ni siquiera el propio yo, ya no son centrales. Ninguna de estas cosas es mala en sí misma o por sí misma. Se hacen malas sólo en el momento en que se convierten en fines últimos para nosotros. Mientras podamos decir que algo es para nosotros una condición del Reino de Dios seguimos todavía colocando ídolos junto a Dios en el centro y en la meta de la vida. Por el contrario, si estamos dispuestos a devolver a Dios cualquier cosa que nos pida, como la renuncia a tener hijos, entonces somos libres en este aspecto. La sexualidad es una de las mayores bendiciones de la creación y se ha de recibir con placer y acción de gracias. Si la enseñanza cristiana se echa atrás ante la sexualidad como algo sucio o sospechoso, es falsamente cristiana. Esto no quiere decir que la vida espiritual cristiana, tenga que estar cargada de una especie de pietismo, que haya que convertir el dormitorio en una capilla o que haya que asumir las relaciones genitales en la oración. Significa, por el contrario, que hay que unir y relacionar positiva y sanamente la sexualidad y la vida espiritual, como lo hacemos con todo los demás

5. ¿CUAL ES EL OBJETIVO PRINCIPAL QUE TIENE LA TEOLOGÍA ESPIRITUAL SOBRE LA SEXUALIDAD?

Uno de los objetivos esenciales que tiene la teología espiritual en materia sexual, al igual que en la vida espiritual, es la de relativizar la manera de cómo vivimos la relación y la unidad de ambas realidades con las conexiones que esto implica. Además de destacar la noción de que las cosas sólo pueden ser como son, no podemos volver a vivir el pasado, ni conocemos cómo vamos a vivir la sexualidad y la vida espiritual en el futuro. Las maneras de vivir que tendrá el futuro no podemos saberlas. Lo que podemos hacer es, con ayuda del pasado, tratar de comprender y vivir el presente tal como es y proclamar el evangelio de una forma oportuna para él.

Yo como educador sexual suelo decirles a mis alumnos, que un buen educador, es aquel que del pasado sabe diferenciar lo bueno y malo que le aporta. Mejor educador es aquel, que sabe discernir lo positivo y negativo que le aporta en este campo el presente. Que a su vez sabe unir lo positivo del pasado y del presente para vivir el momento concreto del hoy. Pero es todavía mejor educador, aquel que sabe intuir algo de lo mucho positivo que nos va a aportar el futuro y adelantarlo a nuestro presente. Por tanto es un hombre prudente el que sabe vivir su vida sexual y espiritual abierto a lo positivo que le da el pasado, el presente y lo que intuye del futuro mañana, que rápidamente se hace hoy.

Intentando unir lo positivo del pasado, presente y futuro que intuyo en el campo sexual y espiritual, la teología espiritual cristiana tiene como objetivo prioritario vivir el dinamismo sexual y el dinamismo espiritual de la persona integrados en la unidad del ser personal que nos permite vivirlos de una manera realizadora y gozosa ambos dinamismos.

El hombre es un ser unitario, una realidad armónica, a la vez esencialmente espiritual y sexuado. Debemos de una vez por todas, al hablar de estas realidades, dar por superado el dualismo griego. El hombre es un espíritu corpóreo sexuado, sexual y erótico, un espíritu encarnado o la encarnación de un espíritu. Corporeidad sexuada y espiritualidad son dimensiones constitutivas del ser humano. Por lo mismo todo en el hombre está marcado por la corporeidad y lleva un sello corporal de nuestra sexuación en todas sus instancias o áreas; aún la dimensión de su vida espiritual. El hombre es espiritual hasta en su misma corporeidad sexuada, sexual y erótica. Ese cuerpo sexuado es la cara visible de su espíritu, transparencia, acabamiento y plenitud del alma, medio de encuentro, relación comunicación con la realidad. El hombre sólo se realiza a sí mismo incluso en el ámbito espiritual, en ese cuerpo y ese mundo sexuado y, por lo mismo, en su propia corporeidad sexual.

CONCLUSIONES

Nuestra sexualidad es un don de Dios que hemos de integrar plena y gozosamente en nuestra espiritualidad y hoy nuestro mundo lo exige a los cristianos como una de los signos proféticos que más necesita.

Es imposible establecer adecuadamente una perspectiva cristiana de nuestra vida espiritual sobre la sexualidad sin volver primero al valor de que Dios ha hecho para siempre de la carne humana y de los cuerpos sexuados el lugar privilegiado de encuentro divino con nosotros.

Estoy persuadido en el campo de nuestra vida espiritual de que muchos creyentes simplemente tienen demasiado miedo de tomarse en serio el misterio de la encarnación y de actuar con madurez y libertad en el campo de su vida espiritual sexuada y sexual.

Si Dios ha puesto su confianza en el cuerpo humano y lo ha honrado al tomar forma humana y aceptar la sexualidad humana como una forma de entablar relación con toda la humanidad, cuánto más tenemos que esforzarnos por imitar el modelo de espiritualidad y sexualidad que nos ofrece la Palabra hecha carne. Dios eligió libremente hacerse cuerpo sexuado, sexual y erótico como nosotros.

La vivencia de la sexualidad humana dentro de la perspectiva cristina de un proyecto de vida espiritual de seguimiento a Jesús en la construcción del Reino de Dios recibe un nuevo enriquecimiento, la abre a nuevos horizontes, si se la vive y inserta conscientemente en una visión cristiana de la vida.

Ya no se identifica la espiritualidad cristiana simplemente con el ascetismo sexual, el misticismo, la práctica de las virtudes y de los métodos de oración. La espiritualidad cristiana, la capacidad humana de autotranscendencia, relación y compromiso libre, abarca toda la vida, incluida nuestra sexualidad humana.

La espiritualidad cristiana implica la actualización de esa trascendencia humana a través de la experiencia de un Jesús hecho carne sexuada, sexual y erótica, puesto que la experiencia de Dios Jesús la tiene a través de un cuerpo sexuado, sexual y erótico como el nuestro.

El dualismo espiritualista tiene sus raíces en la dicotomía de cuerpo y espíritu, que todavía abunda mucho en la filosofía cristiana y en la cultura occidental.

Una espiritualidad desexuada, desencarnada ha sido, y sigue siendo, una limitación central de nuestra espiritualidad cristiana.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Únicamente voy a poner los escritos por mí o en colaboración, donde intento ofrecer, la sexualidad desde una visión holística integral. Ya que desde esa teoría sexual he intentado sacar estas reflexiones.

PUERTO PASCUAL, C., El sexo no tiene edad. Ed. Temas de Hoy. Madrid, 1995. Pág. 222.

PUERTO PASCUAL, C., Comprender la sexualidad. Ed. San Pablo. Madrid, 1995. Pág. 100.

PUERTO PASCUAL, C., La sexualidad del anciano con ojos nuevos. Ed. S. Pablo. Madrid 2000.

PUERTO PASCUAL, C., La sexualidad de la pareja desde una visión integral. Ed. S. Pablo, Madrid.

Colaboraciones:

AA.VV., Hacia una vejez nueva. Ed. San Esteban. Salamanca.1989.Capitulo: Hacia una nueva visión de la sexualidad geriátrica, pág. 26.

AA.VV., La vida de pareja evolución y problemática actual. Ed. San Esteban. Salamanca, 1995. Capitulo: La sexualidad de la pareja desde los nuevos roles, pág. 30.

AA.VV., Revisión de la comprensión cristiana de la sexualidad. Ed. Nueva Utopía. Madrid, 1997.Capitulo: La tendencias antropológicas de la sexualidad antes las puertas del nuevo milenio, pág. 46.

AA.VV., Familia y 3ª Edad. Ed. C.S.V. Cristóbal Serrano Villalba. Valencia, 1996. Capitulo: Aceptar envejecer, no es renunciar a la sexualidad, pág. 43 .

AA. VV., El gran libro de la mujer. Ed. Temas de hoy. Madrid, 1997. Capitulo: Sexo hasta el final de la vida, pág. 5.

AA.VV., Nuevo modelo de pareja y familia. Ed. Nueva Utopía. Madrid, 1999, pág. 110

 

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