Inteligencia emocional: sus componentes

COMPONENTES  DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

A continuación expondremos el significado y sentido de lo que estos investigadores mencionan con un mayor acuerdo:

1 . Autoconsciencia emocional

Es la capacidad para reconocer los propios sentimientos en el mismo momento en que se producen, para expresarlos convenientemente, y para utilizar el sentido intuitivo a

fin de tomar decisiones con las que uno pueda mantener su calidad de vida. Resulta muy arriesgado decidir sin tener en cuenta las emociones .

Este componente es el alfa y la omega de la inteligencia emocional.

Sólo quien sabe por qué se siente como se siente puede manejar sus emociones, moderarlas y ordenarlas de manera consciente.

El «conócete a ti mismo» socrático, del dintel del templo de Delfos, es la piedra angular del control e m o c i o n a l .

 

Para percibir convenientemente las propias emociones, manejarlas y desarrollarlas, necesitamos un distanciamiento interior frente a nosotros mismos: la sensibilidad a las

propias emociones, el reconocimiento de los sentimientos en el instante en que éstos aparecen. La observación desapasionada de las emociones hace que se activen las conexiones neocorticoides, lo que facilita el proceso correcto del razonamiento.

En esta toma de conciencia se asienta el autocontrol. Nadie puede registrar con frialdad su propia indignación y al mismo tiempo estar encolerizado. Las personas conscientes de los estados de ánimo que están experimentando en un momento dado, utilizan positivamente

esa emocionalidad, controlan mejor sus afectos y son psicológicamente más sanas. La vida emocional es más rica para ellos porque perciben más cantidad y calidad de sus emociones.

Cuando no se da esta conciencia, el hombre corre el riesgo de quedar atrapado en el secuestro emocional.

 

Las personas e m o c i o n a l m e n t e d e s a rro l l a d a s,

d i s f rutan de una situación más ventajosa en todos los dominios de la vida;

suelen sentirse más satisfechas; y son más eficaces y c a p a c e s .

 

2. Control emocional

Se define como saber manejar las emociones, controlar los impulsos, sosegar la propia ansiedad, sentir una ira apropiada.

El objetivo del autocontrol no es la represión de las emociones sino el equilibrio y la conveniente utilización de las mismas, porque todo sentimiento es válido y tiene su propio valor y significado.

«Cualquiera puede enfadarse», decía Aristóteles en su “Etica a Nicómaco”, «eso es algo muy sencillo.

Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente, no resulta tan sencillo.»

La persona que maneja eficientemente su mundo emocional soporta bien las tensiones y  permanece sereno ante la incertidumbre, lo que le otorga un gran poder de acción y una gran calidad a sus decisiones.

Estabilidad emocional y madurez psíquica son dos conceptos altamente correlacionados.

«Dadme un hombre que no sea esclavo de sus pasiones y le colocaré en el centro de mi corazón», decía Hamlet a su amigo Horacio. Ser señor de sí mismo es el más difícil de los señoríos, pero es también el componente emocional que más poder de actuación e influencia nos otorga sobre los demás.

Por el contrario, mientras nos encontramos en la fase de alteración emocional, los argumentos de nuestro oponente no tienen la menor oportunidad de ser tenidos en consideración .

En todo caso contribuyen incluso, de forma adicional, a avivar el fuego de la discusión.

Uno de los efectos más perniciosos de la falta de control es el estado de indefensión a que se ve sometido el sujeto, tanto física como psicológicamente, en situaciones de tensión. El autocontrol es particularmente imprescindible en situaciones dificultosas con otras personas para que se produzca la empatía.

 

3. E m p a t í a

Consiste básicamente en saber ponerse en el lugar de los demás, sentir dentro de uno  mismo 1o que los otros están sintiendo.

Un psiquiatra, L. Brothers, la denomina comunicación emocional. Es la capacidad para captar y responder a los sentimientos ajenos. Con su utilización obtenemos, sobre todo a través de los mensajes no verbales, una información valiosísima para las relaciones interpersonales eficientes .

«Si hay una secreto para el éxito », decía H. Ford, «es el siguiente: entender el punto de vista del otro y ver las cosas con sus ojos.»

Ahora bien, como escribe F. Sabater en «Etica para Amador»: «ponerse en el lugar del otro es algo más que el comienzo de toda comunicación simbólica con él: se trata de tomar en cuenta sus derechos. Y cuando los derechos faltan, hay que comprender sus razones». Lo cual no es nada fácil:

«Lo más difícil no es convivir; es comprender a los otros», dice el protagonista de «Ensayo sobre la ceguera », de J. Saramago.

Los fundamentos de este componente se encuentran en la autoconsciencia emocional, pues cuanto más conscientes seamos de nuestras propias emociones mayor será nuestra destreza en la comprensión de los sentimientos ajenos.

Fisher lo expresa filosófica y poéticamente en su ya citada obra «El Caballero de la armadura oxidada»:

«Merlín no cesaba de sorprender al Caballero.

–¿Cómo sabías qué quería preguntaros ?

–Como me conozco, puedo conoceros. Somos parte el uno del otro.»

Y cuando el Caballero inicia el Sendero de la Verdad hacia los Castillos empezó a percibir las diminutas partículas que fluctuaban en el aire; y al mirar el rostro de los petirrojos  vio que no todos eran iguales. Se lo comentó a Rebeca la paloma, quien dijo: «Estáis empezando a ver las diferencias en otras formas de vida porque estáis empezando a ver las diferencias en vuestro interior. »

La ausencia de autoconsciencia lleva a la ausencia de empatía, fenómeno patente en los psicópatas, violadores y pederastas. Su mayor problema es la falta de sintonía con los sentimientos de sus víctimas.

Una característica importante de esta capacidad de la inteligencia emocional es que exige el estado de calma y de receptividad la ausencia de ruidos emocionales distorsionantes para que las señales sutiles de los sentimientos ajenos sean percibidos por el radar del cerebro emocional .

 

4. A u t o m o t i v a c i ó n

 Las emociones son m e c a n i s m o s  importantísimos de conducta que nos ayudan a re a c c i o n a r con rapidez ante los acontecimientos y a tomar decisiones con s e g u r i d a d .                                  

El objetivo del a u t o c o n t rol no es la represión de las emociones sino el

equilibrio y la conveniente utilización de las m i s m a s

 

Como componente de la inteligencia emocional, la automotivación se define como la capacidad para utilizar y desarrollar el potencial existente en la persona el ánimo, fuerza de voluntad, perseverancia oportunismo y pensamiento positivo.

Significa también ser aplicado y tenaz, no dejarse llevar por el desánimo cuando algo no sale bien.

Es tener objetivos en la vida y luchar con entusiasmo por conseguirlos, así como ser capaz de renunciar al presente por el futuro. «Estamos olvidando», escribe J. A. Marma en

“El laberinto sentimental”, «que la capacidad de aplazar la gratificación es el fundamento del desarrollo de la inteligencia y del comportamiento libre ». Su última obra, «El misterio de la voluntad perdida», es un alegato a favor de la recuperación de lo que en su día se llamó carácter y fuerza de voluntad. Es la recuperación del concepto de motivación interna, que es la auténtica motivación.

Goleman llama a este componente «la aptitud maestra». Y es que viene a ser como el director de orquesta, cuya tarea fundamental es gestionar y obtener el máximo rendimiento del talento de sus músicos.

En nuestro caso, de todos los recursos personales de que dispone el sujeto .

Las emociones, en particular, se ven activadas, positivadas y alineadas en la dirección de la eficiencia por esta aptitud.

La persona autónoma mantiene estados de ánimo positivos, lo que incrementa la capacidad de pensar con flexibilidad y complejidad, facilitando el hallazgo de soluciones a los problemas, tanto intelectuales como de relaciones con los demás.

La cantidad y la calidad del tiempo dedicado a la consecución de sus propósitos son elevados, lo que propicia un rendimiento superior. El sujeto tiene la creencia de que dispone de la voluntad y de los medios para llevar a cabo sus objetivos.

El sentimiento de la propia eficacia es uno de los elementos más significativos de esta capacidad de automotivación para la vida afectiva y para el modo de comportarse. «Entre los distintos aspectos del conocimiento de sí mismo», escribe A. Bandura, «quizá ninguno influya tanto en la vida diaria del hombre como la opinión que éste tenga de su eficacia personal.»

El autor distingue entre expectativas de eficacia –convencimiento que uno tiene que realizar con éxito la conducta necesaria para lograr un resultado dado– y la expectativa de  resultado, que él define como la creencia del sujeto en que una conducta producirá resultados esperados.

 

5. Habilidades sociales

El componente de las habilidades sociales se define como la capacidad para crear y mantener relaciones sociales eficientes, para expresar verbalmente los propios sentimientos, saber escuchar, y dominar el lenguaje no verbal propio y de los demás.

Es también la habilidad para reaccionar sincrónicamente con el otro, para manejar el control efectivo de las relaciones a través del control de las reacciones emocionales ajenas.

Para Brockett y Braun significa orientarse hacia las personas, no mirar la vida como un espectador, no observar sólo a los otros sino hacer algo en común con ellos, entenderse mutuamente y sentir la alegría de vivir entre la gente.

La sincronización empática –de los estados de ánimo– es uno de los aspectos más interesantes de este componente de la inteligencia emocional.

Es él quien determina el que nos estemos a gusto o a disgusto en una determinada relación interpersonal.

Una manifestación externa de la misma es la imitación de gestos y posturas entre los interlocutores: un delator habitual de la sintonía emocional existente.

Las habilidades sociales juegan un papel cada vez más importante, tanto en la vida personal como en la profesional. Hay que construir la relación en cada instante. Su raíces se encuentran en el autocontrol y la e m p a t í a .

Las personas con capacidad para ayudar a los demás a manejar sus sentimientos son interpersonalmente muy eficientes y poseen un activo social altamente valorado. Son las personas a las que nos dirigimos cuando tenemos una gran necesidad emocional puesto que, lo queramos o no, cada uno de nosotros forma parte del equipo de herramientas de transformación emocional con que cuentan los demás.

Dice Goleman que «las personas socialmente inteligentes pueden conectar fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sus sentimientos, y también pueden c o n d u c i r, organizar y resolver los conflictos que aparecen en cualquier interacción humana». Son ellos los que acaban constituyéndose en líderes naturales en cuanto que saben expresar los sentimientos colectivos latentes, y articularlos para guiar al grupo hacia sus objetivos.

Las personas brillantes en habilidades sociales, nos resumen Martin y Boeck, lo son en tres ámbitos de la c o n d u c t a :

– Sensibilidad para las señales corporales ajenas.

– Dosificación adecuada de las e m o c i o n e s .

– Sincronización de las propias emociones con las del interlocutor.

 Los fundamentos de la empatía se encuentran en la auto conscie cia emocional, pues cuanto más conscientes seamos de nuestras e m o c i o n e s , c o m p re n d e re m o s mejor los sentimientos ajenos.

 

 

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