Democracia y Espiritualidad. Galindo

DEMOCRACIA Y ESPIRITUALIDAD

León Galindo

Llegó la hora de reintroducir a la espiritualidad en la vida política de las naciones y en las conversaciones del desarrollo del ser humano como animal político, como ciudadano.

Algunos siglos atrás, el abuso excesivo en occidente del lenguaje, símbolos e instituciones humanas dedicadas (en teoría) al desarrollo espiritual, por parte de seres humanos que habían perdido el contacto con su verdadera esencia, resultó en la determinación filosófica y política de asegurar una real y clara separación entre iglesia y estado, entre poder temporal y poder espiritual, entre desarrollo ciudadano y desarrollo espiritual.

Ese cambio fue necesario en su momento, pues en nombre del Misterio, de lo Divino, de lo Trascendental, meros hombres de carne y hueso torturaban, mataban y destrozaban a sus iguales y a pueblos enteros.

Pero el péndulo se ha ido al otro extremo. Ahora, en demasiados lugares, los seres humanos han perdido contacto con la verdad, con la realidad, con la dimensión espiritual de la vida. El resultado: Soledad y alienación, consumismo desenfrenado y la destrucción descontrolado de nuestro planeta, la avaricia y el egoísmo sin límites, el suicidio y la criminalidad, la drogadicción y el alcoholismo masivo, la pornografía y la prostitución…

A ratos pareciera que ciertos países y ciertas regiones del mundo están destinados a derrumbarse en los años venideros ante el asalto masivo por parte de millones de seres humanos atrapados en los tentáculos de la desidia y de la criminalidad, dedicados por ignorantes, pobres o egoístas al tráfico de drogas, armas, arte, animales e incluso de seres humanos. Pareciera, desde algunos observatorios, que en América estamos ante el asalto masivo de los nuevos bárbaros, de masas hambrientas y harapientas de millones de indigentes ignorantes, incultos, insensibles e intransigentes.

Sea cual sea la realidad en el mundo material, es hora de reiniciar una conversación sobre la relación entre desarrollo democrático y desarrollo espiritual, entre política, ética y espiritualidad. Esta es una conversación urgente, necesaria y preciosa que ya no debe, no puede, esperar.

 

 

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