Violencia escolar: una pandemia según OMS

LA VIOLENCIA ESCOLAR ES UNA PANDEMIA

Así lo declaró la Organización Mundial de la Salud porque provoca trastornos en la salud mental de niños y adolescentes.

Carina Pérez

Problemática sin solución. Muchos pequeños sufren violencia física y psicológica a diario en las escuelas Chicos que les temen a sus compañeros, docentes que llegan a desarrollar fo­bias hacia la escuela, padres que descuidan a sus hijos porque deben trabajar muchas horas para subsistir son parte del triste recuento de problemas que cru­zan a la educación en Mendoza.

En este mal clima escolar cada día es más difícil sostener el proceso de ense­ñanza-aprendizaje.

Este fue uno de los ejes de análisis del primer Congreso de Salud Mental y Edu­cación que organizó la Comuna de Godoy Cruz junto con la Asociación Argentina de Salud Mental y la World Federation for Mental Heath.

Lo peor, la violencia escolar

La violencia escolar ya es considerada por la Organización Mundial de la Salud como una pandemia, porque está generalizada en Europa, Asia y América.

Alejandro Castro Santander, miembro del Directorio del Observatorio Internacio­nal de la Violencia Escolar (Universidad de Bordeaux 2, Francia), dijo que “la agresividad es parte del ser humano para defenderse de los problemas o peli­gros, pero la violencia es un acto voluntario contra otra persona o contra sí mis­mo. La violencia ya es considerada por la OMS como la nueva pandemia, porque ocurre en todo el mundo y es una enfermedad social. Por este motivo, la violen­cia es incluida dentro de un congreso de salud mental”.

Según este especialista, “lo más notable es la violencia silenciosa en las escue­las, fenómeno conocido como bullying, que no sólo ocurre entre los chicos sino también entre los docentes, que son sobrecargados de tareas, incomunicados por los directivos y por sus propios compañeros. En algunos casos llegan a desarrollar fobias hacia la escuela”.

“Este crecimiento de la conflictividad dentro de la escuela no permite tener un clima adecuado para aprender”, agrega Castro Santander.

Trastornos de aprendizaje

Mariana Caroglio, directora de Educación de Godoy Cruz, indicó que “nos llama la atención en el trabajo que hacemos a diario en las escuelas el incremento sostenido de los trastornos de aprendizaje como resultado de otros emergentes sociales, abandono de los padres, falta de nutrición, violencia fuera y dentro de la escuela. Es decir, los chicos no pueden estudiar porque están muy afectados por las carencias sociales. Antes, un docente tenía tres o cuatro chicos con pro­blemas para aprender, hoy esta cifra alcanza el 50%, sobre todo en zonas mar­ginadas”.

Caroglio concuerda con Castro Santander sobre la situación de los docentes. Hoy , los maestros están sobrecargados de tareas, atienden más problemas so­cia los que propios de la enseñanza, no cuentan con gabinetes psicopedagógicos y están mal pagos. En es te con texto su tarea es muy difícil y por eso no se pre­sentan a los llamados a concurso.

Tienen miedo

En una en cuesta realizada entre 2007 y 2008, sobre 6.000 chicos de nivel medio, se descubrió que uno de cada cuatro les tiene miedo a sus compañeros. Esta proporción aumenta entre los 12 y los 15 años, donde uno de cada tres les teme a sus pares.

“La medición implica que los adolescentes se sienten rechazados por sus pares, en una etapa de la vida donde lo más importante es ser aceptado por el grupo”, indica Castro Santander

Las consecuencias de sentirse rechazado en esta etapa de la vida pueden ir des­de una de presión severa y el desarrollo de enfermedades psicosomáticas para evitar ir a la escuela, hasta deseos de venganza contra los compañeros e inten­tos de suicidio.

Educación sexual y salud

Otro de los temas abordados como parte de la salud mental es la necesidad de educar a los chicos sobre su sexualidad, para que la disfruten y aprendan a cuidarse.

En una ponencia de la psicóloga Marta Abate se destaca que, ante los escasos avances en la materia, “los niños y adolescentes quedan solos en el proceso de aprendizaje de un aspecto tan relevante de sus propias vidas y que ineludiblemente deben realizar. Se los deja expuestos a la hiperestimulación en sexualidad que actualmente se observa y al tipo de información que proviene de los programas televisivos y la publicidad, sin acompañamiento, sin mediación, sin posibilidad de ponerles palabras a las sensaciones y experiencias que desde los mismos se provocan e incitan”.

Abate defiende el rol de la escuela como educadora e indica también que “los detractores de la educación sexual insisten en sostener que ésta es tarea de la familia. En este argumento se omite ver que los padres también provienen de una educación en la que los mandatos que han primado son el silencio, la prohibición, la desinformación y los mitos, por lo que no cuentan con herramientas suficientes para una educación diferente de la que ellos tuvieron”.

¿Cómo educar a chicos más felices?

El psicólogo Lucas Mailiasi afirma que “la manera de educar a chicos más felices es enseñarles a reconocer sus emociones. Siempre se enseñó el mundo en sus diferentes aspectos (geográfico, histórico, simbólico) en tanto aquello que existe de la piel del educando hacia afuera, pero nunca en la educación básica se instruyó al niño para conocer y descubrir aquello que existe de su piel hacia adentro: sus emociones, necesidades y pensamientos”.

Dicha educación lo llevará a descubrir su vocación, sus gustos, sus habilidades, sus intereses, la persona que es y quién quiere ser.

Para el especialista, la educación emocional ayudaría a superar el complicado panorama que viven actualmente los adolescentes y niños.

“Los niños y adolescentes de hoy presentan conductas agresivas, delictivas, suicidas, adictivas, depresivas, evasivas y desafiantes, entre otras”.

Concretamente, se puede decir que en la Argentina actualmente las tasas de suicidio de adolescentes varones de entre 10 y 14 años se han duplicado; hay otros casi cuatrocientos mil con trastorno negativista desafiante y hasta seiscientos mil con trastorno disocial del comportamiento. A esto se suman un altísimo índice de ausentismo y un gran número de niños que no están escolarizados.

Una encuesta del 2006 pudo registrar quinientos once mil niños que repiten anualmente y otro medio millón que abandona la escuela, poniendo en evidencia la crisis educativa por la que estamos atravesando como comunidad.

Asimismo, se ha registrado un aumento de la depresión infanto-juvenil, con aparición de su sintomatología a edades cada vez más tempranas, como también se observan niños con angustia crónica.

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