Violencia escolar en Argentina. a- Datos alarmantes. Adaszko

PREOCUPA EL NIVEL DE VIOLENCIA EN LAS AULAS ARGENTINAS

El investigador del instituto Gino Germani de la UBA, Dan Adaszko, contó en Radio 10 los resultados de un estudio efectuado en 21 provincias que indica que el 52% de los alumnos sufre o ejerce agresiones

Adaszko explicó en Radio 10 que realizaron una investigación en 86 escuelas del país para descubrir los patrones, que “los docentes marcaban como un verdadero problema”, de la violencia juvenil.

“Nosotros hicimos una investigación específica de violencia entre adolescentes; y por lo menos la mitad de ellos, habían sufrido o ejercido la violencia”, dijo el especialista.

Para ello, Adaszko explicó que para efectuar el estudio “definimos dos grandes formas de violencia”, “una habitual, la física” y la otra que “es más sutil y tiene que ver con “la cargada constante, la burla, con no reconocer al otro como un ser diferente”, subrayó.

“La violencia que aparece en los vínculos de estos adolescentes tiene varios orígenes”, dijo el especialista que sostuvo que aquellos “en cuyos hogares hay más agresión, comprobamos que tienden a reproducir esos vínculos”.

“Otros aspectos son la carencia o falta de proyecto de vida más allá de la escuela”, agregó el investigador de la Universidad de Buenos Aires por Radio 10.

Adaszko aclaró que el nivel de violencia que existe en los jóvenes argentinos no ocupa un “lugar preocupante a nivel mundial”; pero a fin de cuentas, “vivimos en una sociedad cada vez más violenta. Los adolescentes no son tan distintos como el resto de la gente”.

Por último, el especialista reveló que aquellas instituciones (colegios y escuelas) que promueve canales de comunicación entre sus alumnos tienen menos problemas de violencia.

“En las escuelas donde se propicia más el diálogo y la participación, los niveles de agresión entre los jóvenes disminuyen notablemente”, concluyó.Violencia escolar: Argentina gana ranking latinoamericano El complejo escenario social llevó la violencia a las aulas. El cuadro, que se puede chequear a diario en las escuelas, está presentado en una investigación de la UNESCO (organismo de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura) sobre las condiciones en las que desarrollan su labor los docentes de la Argentina. Según el estudio, el 84 por ciento considera que representa “un problema grave en la escuela”.

Esa cifra ubica a la Argentina en el lugar más alto entre los seis países latinoamericanos que abarcó la encuesta. En Uruguay, el 54 % de los docentes percibe a la violencia como un problema grave en la institución escolar, en México un 60 %, en Perú un 69 %, en Chile un 70 % y en Ecuador un 72 %.

De acuerdo con la muestra, que aparece en la publicación de la Dirección General de Cultura y Educación “Portal educativo”, Argentina también está al tope del indicador cuando se habla del padecimiento del docente: un 37 % de los encuestados en distintas zonas del país manifestó haber recibido amenazas a su integridad física. Está cerca Chile con un 35 % y más atrás quedan Ecuador (25 %), Perú (15 %), México (8 %) y Uruguay (7 %).
En este sentido un 57.9 % de los maestros argentinos dijo haber recibido alguna forma de intimidación al entrar al colegio y un 62 % al salir. En tanto, un 56.2 % padeció esa forma de agresión dentro del edificio escolar.

En otro de los aspectos reflejados en la publicación se señala que para un segmento considerable del plantel docente argentino, la institución resulta un espacio poco amigable: el 33 % cree que “existen formas de violencia organizada dentro de la escuela”. También en este caso nuestro país ofrece el cuadro más inquietante, pero comparte el lugar con Chile. Lejos quedaron Ecuador (18 %), México (15 %), Perú (13 %) y Uruguay (9 %).La encuesta de la UNESCO fue realizada en 2004.

Desde la Dirección General de Cultura y Educación se informó que pinta con claridad el cuadro en el sistema educativo y dentro de ese universo general (para el caso argentino) el de la Provincia. El vicepresidente del Consejo General de Cultura y Educación y especialista en ciencias de la educación, Rafael Gagliano, consideró: “las relaciones sociales están signadas por la agresión y una forma de violencia difusa que obedece a un grado de injusticia social e incomodidad, respecto a la construcción de futuro, de parte de las generaciones jóvenes.

Eso parte de las desigualdades de origen que impiden alcanzar, con los mismos recursos, el mismo capital simbólico y material. En los chicos eso es un motivo de insatisfacción profunda e indiferencia respecto de la consideración del otro”. El funcionario consideró que debe prestarse atención a esta situación: “me preocupa más el enraizamiento de las relaciones que la propia violencia cuando estalla, porque ese es el efecto terminal”.

Habitualmente, las autoridades educativas se apartan del concepto de violencia escolar. Gagliano se ubicó en esta línea argumentando que “hay pocas situaciones de violencia que tienen como causa a la escuela. No uso el concepto de violencia escolar porque sería endilgarle al colegio situaciones propias de la cuestión económica y social”.Entonces, a la institución se le presenta el desafío de actuar en esas condiciones. El vicepresidente del Consejo General de Cultura y Educación manifestó que “la escuela es la única institución pública que puede ayudar a trabajar. Tiene una pluralidad de recursos que puede domesticar la violencia social”.

En este sentido expresó que el objetivo es “impedir que produzca estragos en la subjetividad, porque las relaciones sociales fundadas en la violencia hacen víctima a los niños y adolescentes, y comienzan a incorporarse como aspecto de los vínculos sociales

Con respecto a los números de la encuesta, Gagliano analizó que “son altos porque ahora tenemos modos de conocer el fenómeno”. Según el funcionario “la escuela fue impermeable y funcionó como una caja negra. Hoy es una institución pública transparente y se puede ver lo que ocurre adentro”.
En las aulas, según señalan en Educación, también repercute la falta de acuerdos entre padres y docentes. “Esa pérdida de solidaridad intrageneracional ha impactado en la ausencia de diálogo y entendimiento. Los adultos no establecen acuerdos básicos y así se da por descontado que todo el mundo sabe ser padre”, concluyó. Fuente: Diario: EL DÍA de La Plata.

NOTICIAS.
El 52% de los alumnos sufre o ejerce violencia
Según una encuesta en 21 provincias de nuestro país sobre agresión escolar, el 52% de los alumnos sufre o ejerce violencia.
El 17% de los casi 5000 estudiantes secundarios consultados inició una pelea
en el último año para hostigar a otro compañero.
Ignorar al compañero, ridiculizarlo o insultarlo son situaciones que hicieron sentir a otro o que vivieron en carne propia más de la mitad de 4971 alumnos del secundario de escuelas públicas de 21 provincias argentinas.
Y el caso llegó a mayores para alrededor de un 17 % de los adolescentes consultados. Muchos de ellos optaron directamente por los golpes, ya sea como autores o víctimas, según un estudio sobre violencia en la escuela media realizado por investigadores del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
“Los mayores niveles de violencia se presentan en el Nordeste argentino, los
menores se producen en el conurbano bonaerense, mientras que en la ciudad de
Buenos Aires ronda el promedio general del país”, destacan los sociólogos Ana Lía Kornblit y Dan Adaszko, autores del trabajo que también puntualiza: “La pelea de golpes de puño sigue siendo una modalidad muy presente en lo que hace a la resolución de conflictos entre los adolescentes, lo que ha crecido entre las mujeres”.

El fenómeno de la violencia en la escuela dejó de ser un suceso que se veía
por televisión en otros países. Pero sin llegar al extremo del ataque de un chico contra sus compañeros con un arma ocurrido en Carmen de Patagones en 2004, la violencia parece asistir a clase. Por eso, el equipo de la UBA realizó una encuesta a adolescentes de entre 15 y 19 años en ciudades del país con más de 50.000 habitantes.
Los ataques revelan distintos niveles de agresión. Algunos maltratos son sutiles, como impedirles a otros que participen de un grupo o cargarlos. De este hostigamiento fue víctima y protagonista el 52% de los chicos consultados, y un 16,6% dijo haber cometido un acto de violencia en el último año como irse a las piñas o amenazar u obligar a otro a hacer algo indeseado. Un 16,9% expresó haber sido víctima de ese maltrato.
“No son grupos excluyentes. Por momentos, algunos son víctimas, pero los
mismos son agresores en otros momentos. Es un escenario generalizado de vínculos violentos”, define Adaszko. Sin hallarse en una u otra posición, tres de cada cuatro jóvenes admitió haber sido testigo de actos hostiles y un tercio, de hechos de violencia.

Datos preocupantes

¿Estos resultados colocan al país en niveles inquietantes? “Son preocupantes, pero esto no pasa sólo en la Argentina”, indica Kornblit, que también es psicóloga, médica, antropóloga e investigadora del Conicet.
“Este fenómeno -explica- tiene que ver con la identidad adolescente. Los cambios de la sociedad en su conjunto, en cuanto a la inserción laboral de los jóvenes, llevan a desarrollar en las culturas juveniles una postura crítica a la sociedad de los adultos, pero sin alternativas. La escuela no acompaña este proceso, porque sigue manteniendo patrones del modelo de socialización de 50 años atrás. Esto motiva estas manifestaciones de violencia en la escuela, aunque no sólo allí.”
En este sentido, los adolescentes consultados, que dijeron tener un proyecto
de vida futuro, estaban más alejados de los modos violentos en la escuela. Los varones y los que confesaron que no les gusta la escuela son los que protagonizaron más hechos violentos, sin observarse diferencias entre los niveles socioeconómicos.
Aunque sí influyó si el hogar es conflictivo, con peleas o discusiones fuertes, así como un bajo nivel de autoestima. En este caso, son más propensos tanto a agredir como a ser víctimas de la violencia, papel en el que no suelen defenderse, lo que alimenta aún más su desvalorización.En tanto, cuando participan como agresores “lo hacen como un modo de
mostrarse ante sus pares y de ocultar sus miedos e inseguridades en un contexto en que el uso de la fuerza física es altamente valorado”, señala el estudio.

Algo natural
La violencia es vista como algo natural. Un alto porcentaje de los encuestados adhirió a frases como “las peleas que se producen entre los jóvenes los fines de semana son inevitables”.A pesar de que estos chicos nacieron en los años 90, los estereotipos expresados mostraron componentes tradicionales. El 75% de la muestra coincidió con frases como “las mujeres que sufren violencia de sus maridos o parejas algo habrán hecho o se lo habrán buscado” o “el hombre que parece más agresivo es más atractivo”.
También expresaron xenofobia, en especial contra los gitanos, los judíos y los orientales. “Los adolescentes históricamente han tenido el rol de modificar prejuicios, pero en este caso reproducen estereotipos retrógrados y conservadores”, subraya Adaszko.
Pero no todo fue malestar o agresividad en los adolescentes que participaron. “Los climas sociales escolares favorables, donde se propicia el diálogo, se valora el esfuerzo del alumno, su integración y participación y se minimizan las prácticas autoritarias, disminuyeron considerablemente la frecuencia de las situaciones violentas”, concluyen los autores. (Fuente: Cecilia Draghi para La Nación, Julio, 2007)”Los mayores niveles de violencia se presentan en el Nordeste argentino, los menores se producen en el conurbano bonaerense, mientras que en la ciudad de Buenos Aires ronda el promedio general del país”, destacan los sociólogos Ana Lía Kornblit y Dan Adaszko.

Me permito manifestar mi duda sobre la afirmación referida al conurbano bonaerense. Cierto es que en la totalidad de los indicadores sociales el NEA, supera al tradicionalmente considerado “atrasado” NOA ( de paso, y a modo de chivo, los invito a admirar y comprar artesanías formidables hechas por las mujeres y adolescentes wichis de El Potrillo, Depto. de Ramón Lista, escondidas en el stand de la Provincia de Formosa en la Rural).
Pero el conurbano bonaerense tiene en general los indicadores de violencia de la totalidad de la zona templada del país, de Mendoza a Concordia, pasando por
Córdoba, Rosario y Mar del Plata,en los picos extremos de la estadística. De lo afirmado en la nota se desprendería que la Capital presenta índices promedio, y por lo tanto superiores a los del Gran Buenos Aires, que seria la zona de menor incidencia.

Tendría que ver como fue tomada la muestra en Gran Buenos Aires y en Capital. Los investigadores son muy serios y prestigiosos y no habrán tomado sectores no representativos del todo social, pero me atrevo a señalar que el recorte del universo a escuelas públicas podría afectar las conclusiones.

Si se confirmara que en esto la Capital, con un 52% de víctimas-victimarios, está peor que la provincia de Buenos Aires, habría que comenzar una profunda autocrítica sobre lo hecho en los últimos años en materia de adolescencia en la ciudad, desde cuando esos niños cursaban la escuela primaria.
Muy preocupante, y fuente de mal pronóstico,es también el dato sobre visualización de la violencia de género: El 75% de la muestra coincidió con frases
como “las mujeres que sufren violencia de sus maridos o parejas algo habrán hecho o se lo habrán buscado” o “el hombre que parece más agresivo es más atractivo”.
Si el promedio de edad de estos adolescentes es de quince años, y han recibido educación formal desde los cinco: ¡Cuánto queda por hacer en el área!
Hablando de eso : ¿quien es el responsable de políticas de juventud? ¿que dirá y que hará con estos datos?Mis cordiales saludosAtilio Álvarez.

 

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