Tao Te King, su sabiduría

SABIDURÍA  DEL TAO TE  KING

Dào Dé Jing (camino – virtud- libro)

 

LA SABIDURÍA 

 

 

Traducido por Onorio Ferrero  

 Y editado por Ignacio Prado Pastor

 

Traducido por Antonio Rivas

 

 

II Pares opuestos complementarios

 

Al conocer lo bello como bello

todos conocen la fealdad en el mundo.

Todos saben que el bien es el bien

y entonces conocen el mal.

Así es como:

Ser y no-ser se engendran uno a otro.

Lo difícil y lo fácil mutuamente se integran.

Ancho y angosto se forjan uno a otro.

Voz y tono se armonizan uno a otro.

 

Por eso el hombre sabio

encausa los asuntos sin imponerse.

Enseña estando callado.

No se opone a los seres que nacen

ni se apodera de sus vidas.

Nunca se apodera de la obra cumplida.

Por no permanecer en ella,

no hay quien se la pueda arrebatar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando se reconoce la Belleza en el Mundo
Se aprende lo que es la Fealdad;
Cuando se reconoce la Bondad en el Mundo
Se aprende lo que es la Maldad.

De este modo:
Vida y muerte son abstracciones del crecimiento;
Dificultad y facilidad son abstracciones del progreso;
Cerca y lejos son abstracciones de la posición;
Fuerza y debilidad son abstracciones del control;
Música y habla son abstracciones de la armonía;
Antes y después son abstracciones de la secuencia.

El sabio controla sin autoridad,
Y enseña sin palabras;
Él deja que todas las cosas asciendan y caigan,
Nutre, pero no interfiere,
Da sin pedirle,
Y está satisfecho.

 

 

 

Las dualidades, bello-feo, etc. son concebidas por el oriente tradicional como correlativas,

No aislables y como dos polaridades que emanan de una misma unidad.

En los textos budistas se designan como “parejas”.

El concepto parejas significa la interrelación que siempre existe entre los dos términos que

conforman la dualidad y que parecen opuestos.

 

 

XI Unir lo manifiesto con lo no manifestado,

valor de lo vacío (yin)

 

Treinta rayos convergen hacia el centro de una rueda,

pero el vacío en el medio hace marchar el carro.

Con arcilla se moldea un recipiente,

pero se lo utiliza por su vacío.

Se hacen puertas y ventanas en la casa

y es el vacío el que permite habitarla.

Por eso, del ser provienen las cosas

y del no-ser su utilidad.

 

 

 

 

 

 

Treinta radios se unen en el centro;
Gracias al agujero podemos usar la rueda.
El barro se modela en forma de vasija;
Gracias al hueco puede usarse la copa.
Se levantan muros en toda la tierra;
Gracias a las puertas se puede usar la casa.
Así pues, la riqueza proviene de lo que existe,
Pero lo valioso proviene de lo que no existe

 

 

 

Imágenes simbólicas de lo manifestado (del cual provienen las cosas concretas) y de lo no manifestado (vacío) por el cual se utilizan.

Es todavía el Yin (vacío) que complementa con el Yang (lleno).

 

 

XIX Retorno a lo interior y espontáneo

 

Corta con la vana sabiduría, rechaza la astucia

y la gente se beneficiará cien veces.

Corta con el deber (humanidad impuesta)

y rechaza la “justicia”

y la gente recobrará la piedad y el cariño.

Corta con la habilidad, rechaza la ganancia

y no habrá ladrones y bandoleros

 

 

 

Si pudiésemos abandonar la sabiduría y la sagacidad
La gente podría disfrutar el ser todos iguales;
Si pudiésemos abandonar el deber y la justicia
Todo podría basarse en las relaciones de amor o amistad;
Si pudiésemos abandonar el artificio y el provecho
La corrupción y el robo podrían desaparecer.
Revela tu auténtico yo, Abraza tu naturaleza original,
Abandona tu propio interés, Controla tu deseo.

 

 

 

Solamente las virtudes practicadas espontáneamente contienen plenitud y están siempre vacías.

La “humanidad” impuesta a toda la sociedad, vacía pronto su contenido al volverse una actitud externa y convencional.

La “justicia” formalmente reglamentada, deja de ser tal (summun jus, summa injuria).

Tan solo la “simple hondura“ encuentra todas estas virtudes en su unidad primigenia.

 

 

 

XXIII Idendificación con el Tao

 

Aquel que poco habla, es natural.

Una tormenta no dura una mañana.

Una lluvia torrencial no puede durar un día entero.

¿De donde proceden? Del cielo y la tierra.

Si el cielo y la tierra no pueden hacer que estos cambios duren eternamente.

¡Mucho menos el hombre!

 

Quien sigue el camino del Tao se identifica con él.

Quien tiene virtud, se identifica con la virtud.

Quien tiene defectos, se identifica con los defectos.

Aquel que se identifica con el Tao

recibe la bienvenida ( se convierte en )del Tao.

Aquel que se identifica con la virtud

recibe la bienvenida de la virtud.

Aquel que se identifica con la pérdida

recibe la bienvenida de la pérdida.

El que no tiene fe,

no puede pedir fe a los demás.

 

 

 

 

 

 

La Naturaleza dice pocas palabras:
El viento fuerte no dura mucho,
La lluvia torrencial no cae durante mucho tiempo.
Si las palabras de la Naturaleza no permanecen
¿Por qué habrían de hacerlo las del Hombre?

Para seguir el Tao, conviértete en Tao;

el Tao te aceptará.
Para dar virtud, conviértete en virtud;

la virtud te aceptará.
Si pierdes con el Tao, la pérdida te aceptará.
Has de confiar para que confíen en tí.

 

 

 

 

 

 

 

El sentido del texto se refiere a que los procesos naturales son graduales si están destinados a perdurar. Los hechos abruptos y violentos no tienen duración y por su carácter “accidental” no pueden referirse a la constante ley de la naturaleza: “magistra vitae”.

 

 

XXIV  Espontáneos y sencillos, contra artificios

 

El que está en puntas de pie, no está firme.

El que alarga sus piernas no camina.

El que quiere brillar no es luminoso.

El que se justifica a sí mismo no es apreciado.

El que se ensalza a sí mismo no es creíble.

El que se exalta a sí mismo no logrará la excelencia.

Estos, para el Tao son excrementos

y tumores que repugnan a todos.

Por lo tanto, quien posee el Tao

no se identifica con ellos.

 

 

 

Si te mantienes de puntillas

no te mantienes mucho tiempo;
Si das pasos demasiado largos

no puedes caminar bien;
Si te muestras a ti mismo no puedes ser bien visto;
Si te autojustificas no puedes ser respetado;
Si te halagas a ti mismo no puedes ser creído;
Si te enorgulleces demasiado

no puedes alcanzar la excelencia.
Todos estos comportamientos

son excrecencias y tumores,
Cosas desagradables evitadas por el virtuoso.

 

 

 

Aquí se condena la falta de espontaneidad y de simplicidad naturales y todo lo que pasa cuando el artificio humano viene a sustituirlas

 

 

XXVIII  Conjugar lo masculino y lo femenino

 

El que conoce el principio masculino

y se mantiene conforme a lo femenino

es como el profundo cauce del mundo

donde confluye todo bajo el cielo.

 

Quien conoce lo luminoso,

pero elige lo obscuro,

se vuelve el eje del mundo.

Siendo el eje del mundo

su poder es estable y no mutable,

y sin moverse vuelve al estado primordial.

 

Quien conoce su gloria y sigue siendo humilde

es el valle del mundo.

Siendo el valle del mundo,

adonde la virtud eterna es inagotable,

realiza su retomo a lo informal.

Lo informal al dispersarse produce todas las formas.

 

Por eso, el sabio siendo señor de los vasallos

preside el imperio en su conjunto y no se ocupa de detalles

 

 

 

 

 

Conociendo lo masculino, y

convirtiéndose en lo femenino,
Se llega a ser la vía a través de la cual

se mueve el Mundo,
Estar unido a la virtud,
Y renacer de nuevo.

Conociendo la luz y convirtiéndose en la oscuridad,
Uno se convierte en el Mundo,
Llegando a ser la virtud,
Y volviendo al Tao.
Conociendo el honor y siendo humilde,
Uno se convierte en el valle del Mundo,
Llenándose de la virtud,
Y siendo como un tronco no cortado.
Cuando el tronco es cortado se convierte en herramientas.
Usadas por el sabio, son poderosas;
Así pues, un buen carpintero no desperdicia madera.

 

 

La perfección del hombre – en cuanto miembro de la especie – reside en la conjugación de la fuerza (Yang) con la gracia y la gentileza (Yin).

Si la paciencia y la modestia (Yin) residen en el hombre consciente de su poder (Yang) este se vuelve el cauce (o pasaje estrecho) del mundo (imperio) puesto que ocupa el lugar intermediario donde actúa la ley del cielo.

“El niño no tiene nada que hacer con el saber; su conocimiento es del todo espontáneo” (Wang Pi).

 

 

XXXVI La sutil sabiduría, parejas complementarias 

 

Si quieres que algo se contraiga,

antes tienes que dejar que se expanda.

Si quieres que algo se debilite,

antes necesitas hacerlo fuerte.

Si quieres que algo caiga hacia abajo,

es menester que lo levantes en alto.

Si quieres despojar a alguien de algo,

antes tienes que enriquecerlo.

 

Esta es la sutil sabiduría de la vida.

Lo débil y lo frágil vencen a lo duro y a lo fuerte.

Que nunca salga el pez de la profundidad del agua.

Las armas del reino

no se muestran al extranjero

 

 

 

 

 

 

Para reducir la influencia de alguien,

auméntala primero;
Para reducir la fuerza de alguien,

increméntala primero;
Para hacer caer a alguien, primero haz que se eleve;
Para tomar algo de alguien, dale algo primero.

Esta es la sutileza con la cual el débil vence al fuerte,
Así como el pez no debería abandonar sus profundidades,
Y el soldado no debería abandonar su camuflaje.

 

 

 

.

 

 

 

 

 

XXXVIII  La virtud (Te) superior

 

La virtud superior no es ostentosa.

Por eso posee la eficacia de la virtud.

La virtud inferior no puede liberarse

de su conciencia de ser virtuosa,

Por eso no es virtud.

La virtud superior actúa sin mostrarse

y no persigue ningún fin.

Lo que está por encima de la humanidad

actúa sin intención.

Lo que está por encima de la justicia,

nada hace con intención.

 

Los grandes ritos actúan y al no tener respuesta,

insisten con fuerza hasta lograr su fin.

Al decaer el gran Tao, se recurre a la virtud.

Al decaer la virtud, se recurre a la humanidad (amabilidad).

Al decaer la humanidad, se recurre a la justicia.

Al decaer la justicia, se recurre al rito.

El rito parece ahora la ley verdadera;

pero es el principio de todos los contrastes

 

LXXVII El camino del cielo

 

El camino del cielo semeja a quien tensa el arco.

Humilla lo alto y alza lo bajo.

Rebaja lo que sobra y completa lo que falta.

El camino del cielo es quitar al que le sobra

y dar al que le falta.

 

El camino del hombre, sin embargo, es muy distinto:

quita al que le falta y añade al que le sobra.

¿Quién ofrece al mundo todo lo que le sobra?

Sólo quien tiene el Tao.

El sabio hace y no retiene, nada exige por su obra

y oculta su sabiduría.

 

 

 

 

El virtuoso no actúa.
El amable actúa sin interés propio;
El justo actúa no desatendiendo su propio interés;
El religioso actúa para reproducir su propio interés.
Si el Tao se pierde, queda la virtud;
Si la virtud se pierde queda la amabilidad;
Si la amabilidad se pierde, queda la justicia;
Si la justicia se pierde, queda la religión.

Las jerarquías bien establecidas no pueden desarraigarse fácilmente;
Las creencias firmes no pueden cambiarse fácilmente;
Por eso la religión permanece generación

tras generación.

La religión es el fin de la virtud y la honestidad,
El comienzo de la confusión;
La Fe es una esperanza o miedo muy colorida,
El origen de la estupidez.

 

 

 

 

El saber de los antiguos no es más que la flor del Tao, y se ha El carácter contemplativo e interior del Taoísmo está bien afirmado en este texto vuelto ahora el principio de la locura.

Por eso el hombre que posee plenitud, piensa en la esencia y no en las formas. Busca el fruto y no la flor.

Elige la sustancia y no las apariencias.

Shang Te, la “virtud o poder superior” no aparece como tal; lo que en este mundo aparece es Hsiah Te o sea la “virtud o poder inferior

 

 

XLIII Silencio y “no hacer”

 

Lo más tierno en este mundo domina lo más duro.

Solamente el no-ser puede penetrar en lo impenetrable.

En eso se manifiesta la virtud del no-hacer.

Aprende la enseñanza del silencio

y tendrás la ventaja del no-hacer.

Muy pocos bajo el cielo comprenden su importancia.

 

 

 

Lo blando vence a lo duro;
Lo que carece de forma penetra lo impenetrable;
Hay valor en no actuar.
Enseñando sin palabras,
Trabajando sin acción,
Es algo que pocos pueden comprender.

 

 

 

 

 

 

XLVI Moderar los deseos

 

Cuando el Tao reina en el imperio

los caballos de combate fertilizan los campos.

Cuando el Tao no reina en el imperio, los caballos

de combate se crían hasta en las fronteras.

No hay peor desgracia

que dejarse arrastrar por los deseos.

No existe mal mayor que estar insatisfecho.

No hay daño mayor que ser codicioso.

Por eso:

Solo el que sabe lo que es suficiente,

tendrá siempre lo suficiente.

 

 

 

 

Cuando el Mundo no está en acuerdo con el Tao,
Los caballos transportan a los soldados a través de los campos;
Cuando el mundo está de acuerdo con el Tao,
Los caballos tiran de arados a través de los campos.
No hay mayor maldición que el deseo;
No hay mayor miseria que el descontento;
No hay mayor enfermedad que la codicia;
Pero el que se conforma con lo que posee
Siempre será rico.

 

 

 

 

XLVII Mirar a lo lejos, mente meditativa

 

Sin salir de la puerta

puedes conocer los caminos del mundo.

Sin mirar por la ventana

puedes conocer los caminos del cielo.

Cuanto más lejos te vas, menos aprendes.

Por eso, el hombre sabio,

llega sin necesidad de caminar.

Sabe sin necesidad de mirar.

No actúa pero realiza

 

 

 

 

 

Sin un solo paso más allá de la puerta
Puedes conocer el Mundo.
Sin una mirada hacia la ventana
Puedes ver el color del cielo.
Cuanto más experimentas, menos sabes.
El sabio vagabundea sin conocer,
Mira sin ver,
Alcanza sin actuar

 

 

 

 

Este es uno de los textos mas hermosos y significativos.

Explica como el poder de la mente concentrada, no solo reemplaza a los sentidos, sino que tiene mayores posibilidades fundamentalmente la de concebir sintéticamente, lo que de manera analítica sería absolutamente imposible de percibir con los sentidos.

Por eso, es la mente meditativa (no salir de la puerta) la que permite una visión total del mundo y de sus caminos así como de las constelaciones (caminos del cielo) y las leyes que rigen el mundo celeste, terrenal e intermediario

 

 

LII Retorno al principio

 

Cierra tu boca.

Mantén cerradas las puertas

y no tendrás penas hasta el fin de tus días.

Si abres tu boca,

si te preocupas de tus propias cosas,

hasta el fin de tus días no encontrarás bienestar.

 

El que ve lo pequeño es un vidente.

Quien conoce su debilidad mantiene fortaleza.

Quien emplea su propia luz

para volver a su misma claridad y

no gasta su cuerpo inútilmente,

cultiva lo que es perdurable

 

 

Tapa los orificios,

cierra las puertas,

y vivirás sin fatiga.

Abre los orificios,

aumenta los trabajos,

y estarás indefenso toda la vida.

Ver lo pequeño  es clarividencia.

Conservarse débil es fortaleza.

Usar la luz para volver a la claridad,

y proteger el cuerpo de todo daño,

es vestirse de eternidad

 

 

 

El tema del retorno al Principio está aquí vinculado con el símbolo de la madre del mundo, que a su vez se relaciona con los símbolos de la raíz y de la puerta (doble). Para conocer los diez mil seres hay que remontarse a la madre, de la misma manera como la raíz es la causa de todas las ramas del árbol, y la doble puerta del nacimiento y de la muerte.

Esta madre es el Tao, que hay que tener siempre presente, para evitar los peligros.

 

El texto habla de riesgo de “abrir la boca” y entregarse a la acción en el sentido de identificarse con este mundo, pero también en el sentido de retener la respiración, en relación con los “cinco alientos de la fuente de la vida” de los que se habla en la doctrina taoísta.

“Ausencia de agitación, honda serenidad” (Wang Pi).

No hay que olvidar la función que tiene para los taoístas el corazón (al cual nos hemos referido como el equivalente a la mente) y la percepción de las cosas sutiles e imperceptibles.

 

El retorno a la madre es una valoración de lo interior, de lo íntimo, de lo primigenio y arquetípico del ser.

 

 

LIII Verdadera sabiduría (tao) y la insensatez

 

Quien posee el más pequeño grano de sabiduría,

va por el gran camino del Tao.

El único temor es el de la notoriedad

que lo apartaría del camino.

El camino del Tao es grande,

pero la gente prefiere otros caminos.

 

La corte esta repleta de magnificencia.

Los campos están repletos de hierbas malas.

Los almacenes públicos vacíos.

Ellos visten trajes elegantes y hermosos,

llevan filudas espadas en la cintura

y se hastían con vinos y manjares.

Poseen riquezas que no pueden usar.

Son ellos los heraldos del bandidaje.

No están con Tao.

 

 

 

 

Quisiera poseer la sabiduría

para poder marchar por el gran camino

sin temor a desviarme.

El gran camino es llano

pero la gente ama los senderos.

 

 

La corte de todo tiene abundancia

pero los campos están llenos de malas hierbas

y los graneros vacíos.

Vestirse ropas lujosas,

ceñir afiladas espadas,

hartarse de bebida y de manjares,

retener grandes riquezas,

es como el robo;

no es Tao.

 

 

El Tao es el gran camino, y el gran camino atrae a los caminantes (She Ching). EI I Ching observa que quien sigue el gran camino (cuyo símbolo en la China fue la ruta de la seda) encuentra un terreno llano y fácil.

Las expresiones muy duras que nuestro texto usa contra la vida que se lleva en la corte real y su contraposición con las despensas vacías, representan no solo una condenación de las pompas del mundo (hay que pensar que la etiqueta imperial pretende modelarse en el augusto orden del cielo) sino con la relación entre estas pompas (“adornar el exterior es excitar las pasiones” dice el I Ching) y la vida de apariencias puramente externa a la cual se contrapone la pobreza interior (despensas vacías). La ostentación de lo que aquí se define como “rapiña” es lo opuesto al Tao.

 

 

LVI La sabiduría del decir sin hablar

 

El que sabe no habla.

El que habla no sabe.

Mantén cerrada tu boca.

Cierra tus puertas.

Desafila lo cortante.

Desenmaraña los nudos.

Suaviza el resplandor.

Adáptate a tu polvo

 

Quien  conoce no habla

y quien habla no  conoce.

Tapa los orificios, cierra las puertas,

suaviza las asperezas, disuelve la confusión

atenúa los resplandores,

identifícate con el polvo,

esta es la unidad misteriosa.

 

No se le puede atraer;

no se le puede rechazar;

no se le puede beneficiar;

no se le puede perjudicar;

no se le puede honrar;

Por esto, es lo más valioso del mundo.

 

 

Este texto se refiere a la sabiduría y a la naturaleza inefable de la verdad y de lo que es esencial. El hablar y el pensamiento discursivo y lógico, como cualquier otra formalización, están encerrados dentro de limitaciones y relatividades (léase semántica) que no tienen absolutamente nada que ver con el Tao.

El hablar es también un hacer, una acción “Wei”; y la comunión con el misterio del que habla nuestro texto es posible tan solo a través del silencio.

Solo cuando el lenguaje es usado de manera sugestiva o alusiva por referirse a algo que lo supera y que puede ser meditado en silencio, tendríamos una especie de hablar-no-hablando, que es el método de los taoístas posteriores y de los budistas zen.

 

 

LXVII Los tres tesoros

 

Yo poseo tres perlas preciosas

que tengo ocultas como tres tesoros.

La primera se llama “compasión”.

La segunda se llama “moderación”.

La tercera se llama “humildad”.

Porque tengo compasión, es que soy valiente.

Porque tengo moderación, es que soy activo.

Porque tengo humildad, soy señor de los vasallos.

 

Sin embargo hoy día,

se pretende ser valiente sin compasión.

Ser activo sin moderación.

Dominar al pueblo sin humildad.

Esto en verdad es la muerte

 

Solo vence el que combate con compasión.

Solo defiende el estado quien tiene compasión.

Cuando el cielo quiere salvarnos,

nos protege mediante la compasión.

 

 

 

 

 

Poseo tres tesoros que guardo:

el primero es amor,

el segundo es moderación,

el tercero es humildad.

Por el amor puedo ser valeroso.

Por la moderación puedo ser generoso.

Por la humildad puedo ser el primero.

Pero sin amor no se puede ser valeroso,

sin moderación no se puede ser generoso,

sin humildad no se puede ser el primero.

 

De otro modo se camina a la muerte.

Quien ataca con amor, vence.

Quien se defiende con amor, es firme.

Quien por el cielo es salvado, le protege el amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LXXI Reconocer lo que uno es

 

Saber el no-saber, he aquí lo sublime.

Saber y no saber,

he aquí la enfermedad.

Si uno no se considera enfermo

no cesa de estar enfermo.

El sabio no está enfermo,

Porque considera la enfermedad como enfermedad.

Por eso tiene el secreto de la salud.

 

 

 

 

 

Conocer y no saberlo, ésta es la perfección.

No conocer y estimarse sabio,

éste es el mal.

Conocer el propio mal

es liberarse de mal.

El sabio no tiene mal;

porque lo reconoce no lo padece.

 

 

El conocimiento acumulativo, lógico, discursivo, y el saber intuitivo que se presenta como un no-conocer.

Podría decirse en nuestra época que la “cultura”, la  “ciencia” y la “erudición”, representan la

antítesis de la sabiduría.

 

EL SABIO

 

 

VII Sabio humilde y desprendido

 

El cielo dura eternamente; la tierra permanece.

Son eternos y permanentes

porque no viven para sí mismos.

Por eso son eternos y duraderos.

 

Es así que el hombre sabio,

al ponerse en el último lugar, es el primero.

No pensando en sí mismo, se encuentra satisfecho.

No buscando su bien, lo realiza

 

 

 

 

 

 

 

La Naturaleza es eterna

debido a que carece de conciencia de sí misma.

De este modo, el sabio:
Se sirve a si mismo en último lugar,

y se encuentra atendido;
Observa a su cuerpo como accidental,

y encuentra que resiste.
Debido a que no atiende a su Ego,

éste se encuentra satisfecho

 

 

 

Notar la insistencia en la acción espontánea, desinteresada y desprendida del yo.

El bien que se realiza no buscándolo, es el bien que proviene de la voluntad del cielo y no de las aspiraciones individuales

 

 

 

 

VIII Sabio espontáneo y armónico como  el agua

 

La suprema bondad es como el agua,

sin oposición llega a todos.

Fluye en los lugares que los hombres aborrecen

Y así se acerca al Tao más rápidamente.

Así el sabio se mantiene en armonía en su sitio,

ama lo profundo en sus pensamientos,

ama la bondad en su trato con la gente,

ama la veracidad en sus palabras,

ama el justo orden en el gobierno,

actúa conforme a como debe actuar,

actúa en concordancia con el ritmo del tiempo.

Porque no se impone,

ningún reproche le cabe.

 

 

 

 

 

 

El mejor de los hombres es semejante al agua,
La cual beneficia a todas las cosas,

sin ser contenida por ninguna,
Fluye por lugares que otros desdeñan,
Donde se acerca más deprisa al Tao.
Así, el sabio:
Donde mora, se acerca más deprisa a la tierra,
En el gobierno, se acerca más deprisa al orden,
Hablando, se acerca más deprisa a la verdad,
Haciendo tratos, se acerca más deprisa a los hombres,
Actuando, se acerca más deprisa a la oportunidad,
En el trabajo, se acerca más deprisa a lo competente,

 

 

 

 

 

IX Actuar mesuradamente

 

Mejor es la renuncia que llenar hasta la saturación

lo que llevas en la mano.

Una espada demasiado templada

no puede durar mucho.

Una habitación llena de oro y piedras preciosas

nadie la puede conservar.

Aquel que por ser rico y poderoso se torna altanero

se arruina a sí mismo.

Acabada la obra y realizado la meta,

retirarse en la oscuridad es la norma del cielo.

 

 

 

 

Tensa un arco hasta su límite

y pronto se romperá;
Afila una espada al máximo

y pronto estará mellada;
Amasa el mayor tesoro

pronto lo robarán;
Retirarse una vez la meta ha sido alcanzada

es el camino de la Naturaleza.

 

 

 

Este poema se dirige contra el activismo y sus frustraciones.

Acabar la obra hecha espontáneamente y sin apego y realizar el nombre, significa cumplir cabalmente con la voluntad del cielo. Retirarse en la oscuridad es lo que hacen el sol, la luna, las estrellas y el hombre que ha cumplido su ciclo.

 

 

X Actuar como un niño, lo femenino

 

Haz que el cuerpo y el alma vital estén unidos

en un abrazo sin separación.

Que el aliento vital te vuelva tierno y fresco

como el de un niño recién nacido.

 

Purifícate alejando las visiones demasiado ambiciosas para no gastarte en vano.

Amando a los demás,

gobernando el estado,

aprende a realizar el no-hacer.

Al abrirse y cerrarse la puerta del cielo

aprende a realizar lo femenino.

 

Entendiéndolo todo

se como aquel que nada sabe.

Producir y cultivar,

producir y no poseer,

producir y no almacenar,

aumentar y no dominar.

Esta es la verdad secreta.

 

 

 

 

 

Abrazando al Tao, serás abrazado.
Con facilidad, suavemente, serás como renacido.

 

 

Aclara tu visión, serás iluminado.
Alimenta tu compasión, serás imparcial.
Abre tu corazón, serás aceptado.
Aceptando al Mundo abrazas el Tao.

Sosteniendo y alimentando,
Creando pero no poseyendo,
Dando sin pedir,
Controlando sin autoridad,
Eso es la virtud.

 

 

 

El niño recién nacido es una imagen taoísta de la conciencia difusa y sin apegos al yo. Nótese como en este texto Lao Tzu insiste en las actitudes conformes al Yin.

Las paradojas que siguen tienen un significado hermético, y originaron prácticas algo extravagante.

Es muy interesante observar en la iconografía taoísta, la sonrisa entre irónica y benévola de las figuras de sus dioses e inmortales. Esto explica la aparente ignorancia de parte de los sabios, que muchas veces escondían su sabiduría, bajo el disfraz de la ironía, del humorismo, de la torpeza o las locuras simuladas antes en el taoísmo posterior.

 

 

 

 

XII Valorar lo interno

 

Los cinco colores ciegan el ojo del hombre.

Los cinco sonidos ensordecen el oído del hombre.

Los cinco sabores deterioran el gusto del hombre.

La carrera y la caza enloquecen la mente del hombre.

Las cosas raras y difíciles de obtener

incitan al hombre al mal.

 

Por eso, el sabio alimenta lo interno y no lo externo.

Excluye lo uno y acoge lo otro.

 

 

 

 

 

 

Demasiado color ciega el ojo,
Demasiado ruido ensordece el oído,
Demasiado condimento embota el paladar,
Demasiado jugar dispersa la mente,
Demasiado deseo entristece el corazón.

El sabio provee para satisfacer las necesidades,

no los sentidos;
Abandona la sensación

y se concentra en la sustancia

 

.

 

 

 

Como las sensaciones y las percepciones llenan la mente de impresiones e imágenes.

Si es un craso error identificar al ser con el cuerpo, más grave lo es todavía identificarlo con la mente, con sus cambios continuos debido a sus captaciones externas.

 

 

XV Los antiguos sabios

 

Los antiguos maestros poseían sutil sabiduría

y profundo conocimiento

a tal grado que nadie podía entenderlos.

Tan solo porque no podían ser entendidos

me esfuerzo en ofrecer una imagen:

 

Eran prudentes como el que cruza un río en invierno.

Atentos como aquel que está rodeado de peligros.

Modestos como los huéspedes.

Desprendidos, como el hielo que está por derretirse.

Auténticos, como trozos de madera no trabajada.

Amplios como los valles.

Mezclándose libremente con el agua turbia.

¿Quién puede recostarse en un lugar fangoso?

Este lugar se aclara quedándose quieto.

¿Quién puede mantener su calma por mucho tiempo?

Quien abraza el Tao no desea estar lleno.

Precisamente porque nunca está lleno

no puede agotarse ni renovarse.

 

 

 

Este texto se refiere al sabio de la época cercana a la tradición primordial.

La primera paradoja quiere poner de relieve como la gente mediana o vulgar, la gente que se identifica con este mundo, no puede entender al sabio. También indica, en un sentido más general, el origen no humano de la sabiduría primordial.

Pero, quedándose quieto, el mundo humano de los deseos y las pasiones (el lugar fangoso) se aclara; la paz actúa y devuelve la vida (espiritual).

 

El estar lleno (de deseos, preocupaciones) es lo que impide al hombre recibir la luz del Tao.

She Ching: “Nada más profundo que un manantial”.

Chuang Tzu: “Lo que está lleno no puede ya recibir y desborda; lo que está vacío, aspira a los seres”

Weng-Tzu: “E1 vacío es el lugar no ocupado; la paz, el corazón (la mente) sin apegos”.

 

 

XX Diferencia entre el sabio  y el  necio

 

Abandona el estudio y no tendrás angustias.

Entre el sí y el no ¿qué diferencia existe?

¿Entre bien y mal qué diferencia existe?

Lo que los hombres temen,

¿de veras es temible?

Esto es como un desierto sin límites.

La gente mundana está de fiesta

como en los días de los grandes sacrificios,

o cuando en primavera se asoman a las terrazas.

 

Yo solo estoy tranquilo, sin tareas que cumplir,

como chiquillo que no sonríe todavía;

siempre desamparado, como quien no tiene hogar.

La gente mundana tiene de sobra, aun para guardar. Yo solo soy pobre.

Tengo la mente de un loco,

estoy confundido, oscurecido.

La gente vulgar es clara y brillante.

Yo solo soy como una sombra.

Ellos son agudos, seguros de sí mismos.

Yo estoy decaído, me muevo como el océano,

voy a la deriva, sin rumbo.

La gente  tiene un proyecto que cumplir.

Yo solo soy torpe, estoy fuera de ambiente.

Soy diferente de todos los demás.

Yo me nutro del seno de la madre.

 

 

 

 

 

 

No conozco nada y nada me preocupa.
No veo diferencia entre sí y no.
No veo diferencia entre bien y mal.
No temo aquello que la gente teme en la noche.

La gente está feliz como en una fiesta suntuosa
O jugando en el campo en primavera;
Pero yo permanezco tranquilo y vagabundeando,
Como un recién nacido antes de aprender a sonreir,
Solitario, sin hogar.

La gente tiene lo suficiente y para compartir,
Pero yo no poseo nada,
Y mi corazón es ignorante,
turbio y ensombrecido.

La gente está radiante y segura,
Mientras yo sigo ciego y confuso;
La gente es inteligente y sabia,
Mientras permanezco torpe e ignorante,
Sin objetivo, como una ola en la superficie del mar,

Sujeto a nada.
La gente está ocupada con un propósito,
Mientras sigo impractico y tosco.
Estoy aparte del resto de la gente
Todavía sostenido por la Naturaleza

 

 

 

Este texto sobrecogedor y no despojado de una sutil ironía muestra las diferencias entre el sabio y la gente vulgar. La soledad del sabio se contrapone a “los hombres vulgares” que en el mundo van siempre en grupo (Tien Tsu) aman la agitación y huyen de la paz (Chuang Tzu). Lo que oyen por los oídos les sale por la boca Según el I Ching “el placer es una enfermedad crónica que se desarrolla y crece aun si uno no se muere de él”.

 

 

XXII Sabio humilde

 

Quien se desdobla quedará entero.

Quien se inclina será enderezado.

Quien esta vacío será llenado.

Quien anda andrajoso será adornado.

Poseer poco es adquirir.

Poseer mucho es el error.

 

Por eso el sabio está consigo mismo

y se vuelve arquetipo del mundo.

No se luce y por eso resplandece.

No se justifica y por eso brilla.

No se alaba y por eso es alabado.

No se exalta y por eso es exaltado.

Como no discute con nadie,

en el mundo no hay quien discuta con él.

 

 

 

Inclínate y serás recto,
Vacíate y quedarás lleno,
Decae, y te renovarás,
Desea, y conseguirás,
Buscando la satisfacción quedas confuso.
El Sabio acepta el Mundo
Como el Mundo acepta el Tao;
No se muestra a si mismo, y así es visto claramente,
No se justifica a si mismo, y por eso destaca,
No se empeña, y así realiza su obra,
No se glorifica, y por eso es excelso,
No busca la lucha, y por eso nadie lucha contra él.
Los Santos decían, “acepta y serás completo”,
Una vez completo, el Mundo es tu hogar.

 

 

Texto inspirado en la meditación de un trozo del I Ching: “El gusano se dobla para extenderse”.

“Los dragones y las serpientes hibernan enrollándose para conservarse en vida”. Solamente aquel que deja su parte a la actividad de la voluntad del cielo podrá mantener su integridad y conseguir su integración.

La idea de una integración del ser humano está aquí en relación con la capacidad de contraerse (concentrarse) en la interioridad (sobre sí mismo) para poderse desplegar en su plenitud. El “no se exalta y por eso es exaltado”, recuerda el texto evangélico del sermón de la montaña

 

 

XXVII Desapego y suavidad del sabio

 

Buen caminante no deja huellas.

Buen orador no ofrece blancos.

Buen contador no necesita ábacos.

Buen cerrajero no usa cerrojos

y sin embargo nada que cierra se puede abrir.

Amarra bien sin cuerdas ni nudos

y nadie podrá desenredar.

 

Por eso, el sabio elige ayudar a los hombres.

No rechaza a ninguno.

Prefiere aceptar todo y no perder nada.

 

Por lo tanto el hombre bueno

es maestro del hombre no bueno

y el hombre no bueno es su buen material.

Porque el buen maestro no tiene interés,

porque a su material no le tiene apego.

Permanece oscuro a pesar de ser resplandeciente.

Este es el secreto esencial del Tao.

 

 

 

 

 

El buen viajero no deja huella que pueda seguirse,
El buen hablador no deja palabras que puedan ser cuestionadas,
El buen contable no deja cálculo sin comprobar,
El buen cerrajero no deja cerradura que pueda ser forzada,
El buen atador no deja nudo que pueda ser deshecho.

Así, el sabio cuida a todos los hombres
y no abandona a ninguno.
Acepta todo y no rechaza nada.
Atiende hasta el menor detalle.

Así el fuerte debe guiar al débil,
pues el débil es el material

de donde hacer a los fuertes.
Si la guía no es respetada
O el material no es cuidado
Se origina confusión,

no importa cuan inteligente sea uno.
Esta es la esencia de la sutileza.

 

.

 

 

Este texto sugestivo expresa el ideal taoísta de la acción impersonal en oposición al individualismo confuciano.

El sentido profundo de este texto, que esotéricamente indica la posibilidad de dejar deseos o influencias en este mundo (Pi), es el desapego total que se remonta, como en los ejemplos anteriores, a la doctrina del Wei-Wu-Wei. Actuar sin el sello de la personalidad, enseñar sin oficiar de maestro, ayudar en secreto sin que se sepa quien ayuda, (lo que recuerda el pasaje evangélico que indica: “no sepa tu derecha lo que hace tu izquierda”) es el sentido de esta enseñanza anónima.

 

 

XXXIII  Interioridad del sabio

 

Quien conoce a los hombres es inteligente.

Quien se conoce a sí mismo es iluminado.

Quien vence a los otros posee fuerza.

Quien se vence a sí mismo es aún más fuerte.

Quien se conforma con lo que tiene es rico.

Quien obra con vigor posee voluntad.

Quien se mantiene firme donde encontró su hogar,

perdura largamente.

Morir y no perecer es la verdadera longevidad

 

 

 

 

El que conoce a los hombres es sabio;
El que se conoce a si mismo está iluminado.
El que vence a los otros es fuerte;
El que se vence a sí mismo es poderoso.
El que se contenta con lo que tiene es rico;
El que obra con determinación tiene voluntad.
El que es capaz de mantener su posición resistirá mucho tiempo;
El que es capaz de mantener su influencia vivirá después de su muerte.

 

.

 

 

El carácter contemplativo e interior del Taoísmo está bien afirmado en este texto

 

 

XLIX Las virtudes del sabio

 

El sabio es constante en su mente.

Hace de la mente del pueblo su propia mente.

Es bueno con el bueno.

Es bueno con el no bueno.

Esa es la virtud de la bondad

Es sincero con el sincero.

Es sincero con el no sincero.

Esa es la virtud de la sinceridad.

La existencia del sabio no inspira temor a los hombres,

permanece abierto a todo el mundo.

Mientras el pueblo lo contempla

él trata a todos como a sus propios niños

 

 

 

El sabio no tiene un espíritu rígido.

Hace suyo el espíritu del pueblo.

Ama a los buenos

y también a los que no son buenos,

y así consigue la bondad.

Confía en el sincero

y también en los que no son sinceros,

y así consigue la fidelidad.

El sabio vive en el respeto de todos.

A todos reúne en su espíritu.

El pueblo vuelve hacia él sus ojos y acerca sus oídos,

y el sabio los trata como a niños

 

 

 

LI  Secreta virtud

 

Dar la vida y no reclamar nada.

Actuar y no mantener.

Gobernar y no mandar.

Esta es la secreta virtud.

 

 

 

El Tao engendra. La virtud nutre.

La materia conforma. La energía perfecciona.

Por esto, de todos los seres no hay ninguno

que no venere al Tao y estime la virtud.

Esta veneración al Tao y la estima de la virtud

no es impuesta sino eterna inclinación espontánea.

Porque el Tao los engendra, la virtud los nutre,

los hace crecer, los perfecciona, los conserva, los madura y los protege.

Engendrar y criar, engendrar sin apropiarse,

obrar sin pedir nada, guiar sin dominar,

esta es la gran virtud

 

 

 

 

 

LV  Sabio como un niño

 

Quien tiene en sí la plenitud de la virtud

es parecido a un niño recién nacido.

Las serpientes venenosas no lo muerden.

Las fieras salvajes no lo atrapan.

Las aves de rapiña no lo raptan.

Sus huesos son tiernos, sus tendones flexibles,

pero se aferra con fuerza.

No conoce la cópula entre el macho y la hembra,

pero su órgano sexual puede ser estimulado

mostrando la perfección de su semen.

Llora todo el día y no se vuelve ronco.

Por eso él encarna la armonía perfecta.

 

Conocer la armonía es conocer lo duradero.

Quien conoce lo duradero es iluminado.

Abusar de la vida es nefasto.

Ser demasiado fuerte es empezar a decaer.

Todo esto está en contra del Tao.

Y todo aquello que está en contra de Tao

Perece prematuramente.

 

 

 

 

Quien alcanza la mayor virtud

es como un recién nacido.

Los reptiles venenosos no le pican.

Las fieras salvajes no le atacan.

Las aves rapaces no le arrebatan.

Tiene blandos los huesos

y débiles los tendones,

pero agarra firmemente.

Ignora la unión de los sexos,

pero posee la íntegra plenitud de su esperma.

Grita todo el día,

pero no enronquecer;

es la perfecta armonía.

Conocer la armonía es eternidad.

Conocer la eternidad es ser iluminado.

Intensificar la vida es nefasto.

Controlar el aliento es fortaleza.

Los seres, cuando han llegado a su madurez,

empiezan a envejecer.

Esto ocurre a todo lo opuesto a Tao.

Y lo puesto a Tao pronto acaba

 

 

 

 

Este texto típicamente taoísta, vuelve sobre el símbolo del niño, cuya  virtud es – segun Wang Pi – la de “no oponerse, ni atacar a los seres”. Por esto es inatacable e invulnerable.

Debajo de su aparente debilidad, él posee en potencia su fuerza viril intacta y libre de deseos y de pasiones, lo que indica la riqueza de su interioridad.

 

Es remarcable la relación entre las ideas de armonía, eternidad e iluminación. La plenitud en el sentido, fisiológico y psicológico es considerada aquí como el inicio de la decadencia, de la vejez, del declinar del ciclo.

El Tao es vida eterna e inagotable y no está sujeto al ciclo de evolución – involución que caracteriza las cosas y los seres perecederos

 

 

LXIII Paradojas del sabio

 

Realiza el no-hacer.

Actúa no actuando.

 

Descubre lo sabroso en lo insípido.

Halla la grandeza en lo pequeño.

Encuentra lo mucho en lo poco.

Devuelve el odio con la comprensión.

Emprende lo difícil en su facilidad.

Usa lo pesado en su levedad.

 

Las cosas más difíciles del mundo,

deben ser fáciles en sus principios.

Las cosas más grandes del mundo,

deben ser pequeñas en sus comienzos.

 

Por eso el hombre sabio

no hace cosas grandes en su vida

aun siendo el único capaz de hacerlas.

Quien fácilmente promete difícilmente cumple.

Quien cree que todo es fácil

encuentra muchas dificultades.

Por lo tanto:

El hombre sabio considera todo como difícil

y jamás encuentra dificultades.

 

 

 

 

 

crédito.

El que todo lo encuentra fácil

difícil le será todo.

Por esto, el sabio en todo considera la dificultad,

y en nada la halla Actuar y no actuar,

realizar y no realizar,

sabroso e insípido,

grande y pequeño,

mucho y poco,

en todo rige la virtud.

Acomete la dificultad por su lado más fácil.

Ejecuta lo grande comenzando por lo más pequeño.

Las cosas más difíciles se hacen siempre abordándolas

en lo que es más fácil,

y las cosas grandes en lo que es más pequeño.

 

El sabio no emprende grandes cosas,

y en ello está su propia grandeza.

El que promete a la ligera

merece poco

 

 

 

El no-actuar, “el actuar en el no-actuar” (Wang Pi) implica una actitud con respecto a los hombres y a las cosas que, paradójicamente, se presenta como una inversión de valores. Pero no es así, si se piensa en la relatividad de lo que es concebido como fácil o difícil.

La actitud cautelosa del sabio lo preserva de los obstáculos en cuanto no se identifica con lo que hace.

“Las plantas cuyas raíces están entrelazadas deben ser extraídas juntas” (I Ching). Las dificultades previstas ya no son tales.

 

 

LXIV Sabiduría de lo pequeño

 

Las cosas simples son fáciles de plasmar.

Lo que no manifiesta malos indicios es fácil de predecir.

Lo que es frágil es fácil de romper.

Lo que es liviano es fácil de dispersar.

Haz los utensilios que aún no se han hecho.

Ordena las cosas antes que se hayan desordenado.

 

Un árbol que apenas se puede abrazar

nació de una minúscula raíz.

Una torre de nueve pisos nació de un poco de tierra.

Un viaje de mil millas comenzó con un solo paso.

El que mucho se agita en hacer algo,

terminará equivocándose.

El que se apega a algo terminará perdiéndolo.

 

Por eso el hombre sabio

no se agita por nada y nunca se equivoca,

no se apega a nada y nada pierde.

En sus negocios el hombre vulgar

siempre termina malogrando las cosas.

Si cuidas el final como el comienzo, nada perderás.

 

Por lo tanto, el hombre sabio:

Desea no desear.

No da valor a las cosas difíciles de obtener.

Aprender lo que no se puede aprender, es su doctrina.

Enseña al pueblo a volver sobre sus pasos.

Ayuda a las cosas de acuerdo a su naturaleza

y no hace nada para forzarlas.

 

 

 

Lo que está en reposo es fácil de retener.

Lo que no ha sucedido es fácil de resolver.

Lo que es frágil es fácil de romper.

Lo que es menudo es fácil de dispersar.

Prevenir antes de que suceda,

y ordenar antes de la confusión.

 

El árbol que casi no puede rodearse con los brazos,

brotó de un germen minúsculo.

La torre de nueve pisos,

comenzó por un montón de tierra.

El viaje de mil [ li ], empezó con un paso.

 

Quien actúa, fracasa. Quien tiene, pierde,

Por esto, el sabio nada hace y no fracasa;

nada posee, y nada pierde.

El hombre suele malograr la obra cuando

va a concluirla.

Cuidando del final como del principio,

ninguna obra se perdería.

 

Por esto, el sabio aspira a no desear nada

y a despreciar lo valioso.

Aprende a no aprender,

regresa por el camino que los demás ya han recorrido,

y así, sin atreverse a obrar,

favorece la evolución natural de todos los seres

 

 

 

El inicio de las cosas es casi imperceptible y no se le atribuye importancia, sin embargo sus

consecuencias  pueden ser incalculables.

Frente a este conocimiento, el sabio “se abstiene de pensar y de actuar y queda en reposo sin ningún movimiento” (I Ching), puesto que conoce el valor de lo pequeño.

 

 

LXXII  Conocerse y Amarse a sí mismo

 

Que nadie encuentre estrecha su casa.

Que nadie esté descontento con su vida.

Solamente si uno desea amargarse

lleva una vida llena de amarguras.

 

Por eso el hombre sabio:

se conoce a sí mismo, pero no se muestra.

Se quiere a sí mismo, pero no se exalta.

Prefiere lo que está adentro a lo que está afuera.

El sabio no es enemigo de sí mismo

porque mantiene la misteriosa comunicación entre el cielo y la tierra,

y se nutre en el seno de la madre.

Se ama, pero no se cree precioso;

se conoce pero no busca la estimación ajena.

Deja lo exterior por lo interior.

Vive en paz consigo mismo y con los demás.

 

 

 

 

 

 

Si el pueblo no teme el peligro,

le amenaza el peor peligro.

No padezcas por tu casa estrecha,

no padezcas por tu vida pobre.

No permitas la pena y no la sufrirás.

 

El sabio se, conoce

y no se exhibe.

Se ama a sí mismo

pero no se aprecia.

Deja esto y sigue aquello

 

 

 

LXXVIII Sabios como el agua

 

Nada existe en el mundo

tan dócil y débil como el agua.

Pero para atacar a lo duro y lo fuerte

no existe nada que pueda superarla.

No hay nada que la pueda sustituir.

Lo débil vence a lo fuerte y lo frágil vence a lo duro.

Esto todo el mundo lo sabe pero nadie lo practica.

 

Por eso el sabio dice;

Quien se hace cargo de los males de un reino

es un señor que se sacrifica por su pueblo.

Quien se hace cargo de las calamidades de un reino,

éste se vuelve señor del imperio.

 

 

 

Nada hay en el mundo tan blando como el agua.

Pero nada hay que la supere contra lo duro.

Lo blando vence a lo duro,

lo débil vence a lo fuerte.

Nadie desconoce esta verdad

pero nadie la practica.

Por esto el sabio dice:

Aquel que asume todas las corrupciones de un reino,

merece ser su soberano.

Aquel que soporta todos los males de un reino,

puede ser soberano del imperio.

Las palabras de la Verdad parecen paradójicas

 

 

Estas palabras son verdaderas aunque parezcan paradójicas.

Otra vez el símbolo del agua es asimilado al Te (virtud y poder) del Tao. EI fenómeno de la erosión demuestra su superioridad sobre la naturaleza de las rocas, pero por un proceder lento y gradual.

El agua es símbolo del mundo psíquico o sutil y de su poder sobre el mundo material. La segunda parte de nuestro texto se refiere a los sacrificios expiatorios del soberano a los espíritus terrestres Kwei, en el sentido de sacrificarse para su pueblo asumiendo sobre su persona, como mediador, las fuerzas oscuras del Yin.

 

 

 

 

 

LXXXI Mostrar lo esencial

 

Las palabras veraces no son hermosas.

Las palabras hermosas no son veraces.

Lo bueno no es elocuente.

Lo elocuente no es bueno.

El sabio no es erudito.

El erudito no es sabio.

 

El sabio no actúa para acumular.

Cuanto más entrega a los demás

tanto más posee para sí.

Cuanto más dones ofrece a los demás

tanto mas consigue para sí.

La norma del cielo es dar beneficios y no dañar.

El proceder del sabio es actuar sin violencia.

 

 

 

 

 

Las palabras veraces no son agradables,

y las agradables no son veraces.

El hombre bueno no gusta de discutir,

y el que discute no es hombre bueno.

 

El sabio no es erudito

y el erudito no es sabio.

El sabio no atesora,

y ofreciendo a los demás,

se hace rico.

El camino del cielo beneficia y no perjudica.

La norma del sabio es obrar sin combatir.

 

 

 

 

Texto inicial dirigido en contra de los letrados y de la importancia que ellos atribuyen a la elocuencia.

El sentido es que la verdad no tiene necesariamente que presentarse como algo hermoso, sino como lo que es. La elocuencia es un artificio cuya esencia no puede ser la bondad, por proceder de manera no espontánea.

Tampoco la erudición es sabiduría, puesto que es cuantitativa en el sentido acumulativo (se refiere a los estudios y continuas citas de los Ching propias de los letrados, que las aprendían de memoria, de manera que, según la tradición, pudieron reconstruirse cuando Shi Hwan Ti ordenó quemarlos.

Hay alusión a la suprema libertad de la mente que es condición para conseguir la sabiduría,

consistente en una actitud siempre abierta a todo y a todos.

Se explica aquí que las discusiones y luchas, en opiniones fundamentalmente, y cuyo proceso es puramente dialéctico y discursivo, no tienen nada que ver con la sabiduría.

 

 

EL BUEN GOBERNANTE

 

 

 

III Gobernante sabio

 

No alabes al sabio

y el vulgo no se enfrentará a él.

No estimes las cosas difíciles de obtener

y no habrá quien se anime a robar.

No mires los objetos deseables

y la mente no se turbará.

 

Por eso, el hombre sabio en el gobierno,

vacía la mente de vanos deseos y llena los vientres.

Debilita las ambiciones y fortifica los cuerpos.

El pueblo quedará limpio de conocimientos y deseos

y el presumido se abstendrá de actuar.

Actúa sin actuar

y el pueblo gozará del orden universal.

 

 

 

 

 

No alabando al honrado se evita el engaño,
No estimando lo raro se evita el robo,
No ostentando la belleza se evita la lujuria.
Así pues, el sabio controla a la gente:
Vaciando sus corazones,
Llenando sus vientres,
Debilitando sus ambiciones,
Y fortaleciendo sus cuerpos.

Si la gente carece de conocimiento y deseo
El más hábil entre ellos es incapaz de actuar;
Si se evitan las acciones
Todos viven pacíficamente.

 

 

 

 

 

Llenar el vientre y reforzar los huesos corresponde a una necesidad natural para seguir viviendo, no así llenar la mente o la voluntad de vanos deseos y de vanos pensamientos. Lo que se busca es la paz del pueblo

 

 

XVII  Los antiguos gobernantes

 

Acerca de los antiguos

todo lo que se sabe es que existían.

Los sucesores fueron amados y alabados

y los siguientes fueron temidos.

Los que vinieron después aborrecidos.

Como no tienen plena confianza en los vasallos,

Éstos le serán infieles.

Entonces también las palabras rituales estaban medidas.

 

 

XVIII Falsa autoridad

 

Cuando se abandona el Tao

aparecen la virtud y la justicia.

Con la inteligencia y la astucia

surgen los grandes hipócritas.

Cuando no existe armonía entre los  parientes,

se necesita la piedad filial y el amor paternal.

Cuando hay revueltas en el reino,

se inventa la fidelidad del buen súbdito.

 

 

 

 

 

Los mejores gobernantes son apenas conocidos por sus vasallos;
Los siguientes mejores son amados y alabados;
Los siguientes son temidos;
Los siguientes despreciados:
No tienen fé en sus vasallos,
Por tanto, sus vasallos tampoco tienen fé en ellos.

Cuando el mejor gobernante alcanza su objetivo
Sus vasallos lo celebran como si fuese el objetivo de ellos mismos

 

 

 

 

XXX Contra la guerra y la violencia

 

El que está en el camino del Tao

no refuerza el imperio con las armas.

Toda acción violenta provoca reacciones.

En el lugar donde acampó el ejército

solo nacieron zarzas y espinos.

Después de los grandes ejércitos

siempre siguieron años de hambruna.

El buen general vence y allí se queda,

no se atreve a abusar de su poder.

Vence y no se sobrestima.

Vence y no se jacta.

Vence y no se enorgullece.

Vence porque ese es su oficio.

Vence pero no busca fama.

Todo lo que alcanza su plenitud,

Comenzará a declinar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los hombres poderosos no deben usar la violencia,
Pues la violencia tiene la costumbre de retornar;
Las zarzas crecen donde quiera que vaya un ejército,
Y años de hambre siguen a una guerra.

Un general está bien advertido:
De que ha de hacer nada más que lo que indican sus órdenes,
No importa cuan fuerte sea su ejército;
De que ha de conseguir cumplir sus órdenes,
Pero no la gloria o el sentirse orgulloso;
De hacer lo que dicta la necesidad,
Pero no la sed de sangre;
Pues, incluso la más poderosa fuerza decaerá con el tiempo,
Y la violencia volverá en contra, y le destruirá.

 

 

 

 

XLVI Moderar los deseos

 

Cuando el Tao reina en el imperio

los caballos de combate fertilizan los campos.

Cuando el Tao no reina en el imperio, los caballos

de combate se crían hasta en las fronteras.

No hay peor desgracia

que dejarse arrastrar por los deseos.

No existe mal mayor que estar insatisfecho.

No hay daño mayor que ser codicioso.

Por eso:

Solo el que sabe lo que es suficiente,

tendrá siempre lo suficiente

 

 

 

 

Cuando el Mundo no está en acuerdo con el Tao,
Los caballos transportan a los soldados a través de los campos;
Cuando el mundo está de acuerdo con el Tao,
Los caballos tiran de arados a través de los campos.

No hay mayor maldición que el deseo;
No hay mayor miseria que el descontento;
No hay mayor enfermedad que la codicia;
Pero el que se conforma con lo que posee
Siempre será rico.

 

 

 

 

LVII Buen gobierno

 

El imperio se gobierna con la rectitud.

Con la estrategia se dirige un ejército.

Con el no-hacer se conquista el mundo.

 

¿Cómo se yo que las cosas marchan de esta manera?

Observándome a mí mismo

A más edictos y prohibiciones en el imperio,

más pobreza en el pueblo.

A más cantidad de armas,

más confusión en el imperio.

A más habilidad del pueblo en las técnicas,

mayor producción de cosas extrañas.

A más leyes y ordenanzas,

más bandoleros y ladrones.

 

Por eso el sabio dice: No hago nada ansiosamente

y la gente espontáneamente se transforma.

Estoy tranquilo y la gente espontáneamente se corrige.

No tengo interés en las ganancias

y la gente espontáneamente se enriquece.

Practico el no-hacer

y el pueblo vuelve a la simplicidad.

 

 

 

 

Con rectitud se gobierna el Estado.

Con sagacidad se lucha en la guerra.

Con la no-acción se conquista el mundo.

Cómo lo sé? Por esto:

Cuantas más limitaciones y prohibiciones haya,

más pobre será el pueblo.

Cuantas más armas, mas desorden habrá en el reino.

Cuanta más astucia, mas hechos extraños ocurren.

Cuantas más leyes y decretos, más ladrones aparecen.

Por esto el sabio dice:

Yo nada hago y el pueblo por sí mismo progresa.

Yo quedo en  la quietud

y el pueblo por sí mismo mejora.

Yo no negocio y el pueblo por sí mismo se enriquece.

Yo nada deseo

y el pueblo por sí mismo vuelve a la sencillez

 

 

Texto dirigido en contra del activismo y de la pretensión de cambiar la naturaleza de los hombres y de las cosas a través de la acción.

El texto exalta la virtud del Wei-Wu Wei y de la espontaneidad natural. Aquí la ironía está aparentemente dirigida contra el ideal confuciano de la educación y de la racionalización que implican la agitación permanente y sus efectos contraproducentes. Pero, como en el I Ching, es susceptible de una interpretación mas profunda, que refiere al hombre que quiere organizar su vida sobre la base de rígidas normas racionales y morales, sin tener conciencia que puede desencadenar reacciones psicológicas en sentido opuesto o desviado.

 

 

LVIII.  Sabio   gobernante

 

Cuando el gobernante es indulgente

el pueblo se halla en la abundancia.

Cuanto más severo es un gobernante

más se encuentra el pueblo en la indigencia.

La felicidad se apoya en el desprendimiento.

La infelicidad está latente en el seno de la fortuna

¿Quién conoce sus limites?

Lo que es normal se convierte en anormal

Los buenos auspicios se vuelven ominosos.

La bondad se transforma en hipocresía.

 

Por lo tanto:

El hombre sabio es cuadrado pero no cortante.

Es anguloso pero no hiere a nadie.

Es recto pero no duro.

Resplandece pero no deslumbra.

 

 

 

Cuando el gobierno es inactivo,

el pueblo es diligente.

Cuando el gobierno es activo,

el pueblo es indolente.

La desgracia reposa en la dicha,

y la dicha reposa en la desgracia.

¿Quién conoce el punto medio?

No hay una norma.

La rectitud degenera en extravagancia

y la bondad en monstruosidad.

Mucho tiempo hace que el hombre se engaña por esto.

 

Así, el sabio es recto pero no tajante,

anguloso pero no hiriente,

firme pero no insolente,

claro pero no deslumbra

 

 

El Wei-Wu-Wei reproduce la estrella polar que, estando inmóvil, dirige todos los movimientos, y cuya función con respecto al mundo humano es esencialmente orientadora.

La degeneración de la justicia y de la bondad (virtudes naturales) en manías y extravagancias, es debida a las continuas interferencias de las opiniones que los hombres se forman de ellas y que buscan transformar en normas.

 

 

LXVI Colocarse en el último lugar

 

Si el mar es el señor de los ríos y torrentes

es porque está situado más abajo que ellos.

Por eso es el señor de los ríos.

Por lo tanto:

 

El hombre sabio reina sobre el pueblo

calificándose despectivamente.

Es la cabeza que se pone en el lugar de la cola.

Por ello permanece en lo alto,

y el pueblo no tiene que preocuparse de él.

Permaneciendo en lo alto

Y no recibe el pueblo ningún daño.

El pueblo lo coloca al frente y no se cansa de él.

Porque nunca discute

no hay quien pueda disputar con él.

 

 

 

 

Los ríos y los mares son los reyes de los Cien Valles

porque se mantienen abajo.

Por esto, pueden ser reyes de todos los valles.

Así, el sabio que quiere ser superior al hombre

se rebaja en sus palabras.

Para ser la cabeza del pueblo,

se queda atrás.

Así, el sabio permanece arriba

y el pueblo no siente su peso.

Conserva el primer puesto

y no molesta al pueblo.

Todo el mundo lo alza con entusiasmo

sin cansarse de él.

Como a nadie combate, nadie le ataca.

 

 

 

 

LXIX No violencia

 

Buen general no ama la agresión.

Buen guerrero no conoce el odio.

Si quieres vencer al enemigo, no te enfrentes a él.

Si quieres dominar a los hombres

ponte por debajo de ellos.

 

Esto se llama el poder del no-luchar.

Esto es usar la habilidad de los hombres.

Esto se llama desde la antigüedad

estar en armonía con el cielo

y es el poder más grande.

 

Entre los guerreros existe este proverbio:

Es mejor ser huésped que anfitrión.

Mejor es retroceder un pie que avanzar una pulgada.

Esto se llama avanzar sin moverse.

Rechazar sin agitar los brazos.

Capturar al enemigo sin enfrentarse a él.

Conquistar sin emplear las armas.

 

No existe mal mayor que atacar con temeridad.

Desestimando al enemigo se pierden los tesoros.

Por eso, entre dos ejércitos que combaten,

aquel que no ama la violencia vencerá.

 

 

 

 

Dice un viejo proverbio militar:

«Es preferible ser huésped que anfitrión.

Es preferible retroceder un pie

que avanzar una pulgada».

 

A esto se llama

progresar sin avanzar,

rechazar sin usar los brazos,

replicar sin herir,

y vencer sin armas.

No hay peligro mayor

que desestimar al enemigo.

Así se arriesga el tesoro.

Por esto, el ejército más afligido por la guerra,

alcanza la victoria.

 

XXXI

Las armas son instrumentos nefastos.

El hombre de Tao nunca se sirve de ellas.

El hombre de bien considera la izquierda

como sitio de honor,

pero permanece a la derecha cuando porta armas.

Las armas son instrumentos nefastos,

no adecuados para el hombre de bien.

Sólo las usa en caso de necesidad,

y lo hace comedidamente, sin alegría en la victoria.

El que se alegra de vencer

es el que goza con la muerte de los hombres.

Y quien se complace en matar hombres

no puede prevalecer en el mundo.

Para los grandes acontecimientos

el sitio de honor es la izquierda,

y la derecha para los hechos luctuosos.

El segundo jefe se coloca a la izquierda,

y el primer jefe a la derecha, que es el lugar reservado

en los ritos fúnebres.

Quien haya matado debe llorar con dolor y tristeza.

La victoria en la guerra debe seguir el rito funerario.

 

 

 

 

LXXV La codicia del poder

 

El pueblo sufre hambruna

porque el rey cobra impuestos en demasía.

Por eso hay hambruna.

 

El pueblo es difícil de gobernar

porque el rey actúa

en beneficio de sus propios intereses.

Por eso el pueblo es difícil de dirigir.

 

Al pueblo no le importa la muerte

porque ama intensamente la vida.

Por eso al pueblo no le importa la muerte.

 

 

 

 

El pueblo tiene hambre

porque los monarcas exigen muchos impuestos,

Por esto tiene hambre.

El pueblo se rebela

porque el monarca actúa demasiado.

Por esto se rebela.

El pueblo no teme la muerte

porque vive con dificultad.

Por esto no teme la muerte.

Quien vive con mucha dificultad

no puede estimar la vida

 

 

LXXVI Evitar la violencia

 

Cuando el hombre nace es suave y flexible.

Cuando el hombre muere se vuelve duro y rígido.

Las plantas y los árboles nacen delicados y tiernos

pero al morir se vuelven secos y ásperos.

Por eso lo duro y rígido son símbolos de la muerte;

lo suave y flexible son símbolos de la vida.

Por lo tanto;

Un ejército demasiado poderoso no vencerá.

Un árbol duro está condenado a ser derribado.

Así; lo fuerte y poderoso deben estar abajo.

Lo débil y lo tierno deben estar arriba.

 

 

 

 

El hombre al nacer es blando y flexible,

y al morir queda rígido y duro.

Las plantas al nacer son tiernas y flexibles

y al morir quedan duras y secas.

Lo duro y lo rígido son propiedades de la muerte.

Lo flexible y blando son propiedades de la vida.

Por esto, la fortaleza de las armas

es la causa de su derrota,

y el árbol robusto es abatido.

Lo duro y fuerte es inferior

y lo blando y frágil es superior

 

 

El niño, la hierba, el arbolito, todo lo que está destinado a crecer es tierno. La fuerza representa la rigidez de la muerte. “‘El empleo de la fuerza es peligroso”

 

DOCTRINA TAOISTA

Onorio Ferrero, Lima

 

Título del libro y leyenda de su origen

 

 

El Tao Te Ching es seguramente uno de los libros más importantes y enigmáticos que ha producido el pensamiento oriental.

Por tratarse de una obra discretamente conocida en occidente y aun fuera de los ambientes

especializados, hemos preferido no traducir el titulo.

 

La palabra Tao significa vía, camino. Algunos traductores siguiendo una interpretación china más tardía describen camino celeste debido a una correspondencia simbólica con la vía láctea.

Otros usan la palabra regla o regla celeste, lo que rinde en forma demasiado libre, en nuestro concepto, la idea de Tao pudiéndose entender en un sentido normativo y dogmático, lo que no corresponde a la concepción metafísica de los taoístas.

Mucho peor nos parece el uso del termino razón, que se remonta según creemos a los misioneros.

Además de referirse al pensamiento lógico y discursivo -que nada tiene que ver con el Tao- no tiene en cuenta que el chino prefiere las implicaciones de la imagen a lo explícito del concepto.

Por otro lado, la fama consagrada por la larga historia de esta palabra constituye una razón suficiente para no traducirla.

 

La idea es la de un principio primordial anterior a toda manifestación: más allá de todo nombre, origen de todo y al cual todo debe retornar. Se trata del camino por excelencia y

no de un camino.

 

La palabra Te significa eficacia, manera de conformarse a (Tao). Ha sido traducida por virtud (en el sentido del latín clásico virtus cuya raiz vis, fuerza, del sánscrito var, no tiene connotación moral) y también por poder, traducciones que hemos empleado en nuestra versión según los casos.

El Taoísmo es esencialmente una doctrina iniciática, que implica realizaciones en el orden

metafísico, y no “místico” como algunos interpretes han traducido erróneamente.

Por esta razón, y sin que esto signifique negar la existencia histórica de Lao Tzu, la doctrina taoísta se dirige mas hacia el mito y la cosmogonía que a la historia; por esto el simbolismo y las imágenes tienen mayor importancia que los hechos históricos en cuanto tales.

La leyenda de Lao Tzu y el origen del Tao Te Ching se relaciona entonces muy estrechamente con la comprensión profunda de la doctrina taoísta. Por otro lado, los antropólogos y los historiadores de las religiones saben muy bien lo que significa un mito de origen que se remonta a un tiempo indeterminado.

 

Es conocida la existencia de una leyenda de fundación o mito de origen en toda organización iniciática.

En dicha leyenda Lao Tzu aparece en este mundo por nacimiento virginal. Su madre lo dio a luz bajo la sombra de un ciruelo, después de haber tragado un huevo en forma de

pera. El embarazo duro setenta y dos años.

Lao nació como niño viejo, con cabello cano y rostro arrugado, y como tenia orejas mas grandes de lo normal se le dio el nombre de Li-Ar (orejas de ciruelo); luego tuvo el nombre de Li-Tan (orejas largas), el que fue sustituido después por sus seguidores por el de Lao Tzu (el viejo sabio).

 

La leyenda indica después varios viajes a distintos países de oriente y su vuelta a la China donde ejerció un cargo de funcionario en el estado de Chu. Pero termino bruscamente su carrera cuando subió sobre un carro conducido por un buey azul para alcanzar las fronteras del reino.

Allí encontró a Yin-hi oficial gobernador del paso de Han-ku, hombre virtuoso que escondía su sabiduría. Yin-hi que había tenido una premonición de que iba a encontrarse con un gran sabio, luego de haber conversado con Lao Tzu le suplicó que pusiera por escrito su enseñanza.

Este seria el origen del Tao Te Ching, según la leyenda, en la que el libro aparece como una especie de testamento espiritual dejado por el sabio antes de pasar la frontera del Tíbet o de la India.

Entre las numerosas implicaciones que el simbolismo de la leyenda nos ofrece, tenemos que

considerar de manera especial, que ‘la frontera del imperio”, a la cual hay muchas alusiones en el texto, equivale a los limites o umbrales del mundo (entendiéndose este como el mundo humano y civilizado).

 

La leyenda se relaciona también estrechamente con la doctrina del “alma embrionaria”, cuyo

desarrollo depende únicamente de cada ser humano y de su manera de vivir siguiendo la voluntad del cielo, lo cual no implica ninguna revelación particular. Esta realización fue objeto de numerosas enseñanzas y practicas taoístas.

La idea de la madre embrión está en evidente relación con la madre secreta y universal, que se halla en numerosos pasajes de nuestro texto.

En cuanto al equilibrio necesario para el desarrollo del alma embrión este depende de un cultivo armónico entre el cuerpo y las varias almas (vital, mental, espiritual). La doctrina de las almas múltiples se deriva de la antigua enseñanza china.

 

I

El Tao que puede ser expresado

no es el verdadero Tao.

El nombre que se le puede dar

no es su verdadero nombre.

Sin nombre es el principio del universo;

y con nombre, es la madre de todas las cosas.

Desde el no-ser comprendemos su esencia;

y desde el ser, sólo vemos su apariencia.

Ambas cosas, ser y no-ser,

 tienen el mismo origen, aunque distinto nombre.

Su identidad es el misterio.

Y en este misterio

se halla la puerta de toda maravilla

 

IV

El Tao es vacío,

imposible de colmar,

y por eso, inagotable en su acción.

En su profundidad reside el origen

de todas las cosas.

Suaviza sus asperezas,

disuelve la confusión,

atempera su esplendor,

y se identifica con el polvo.

Por su profundidad parece ser eterno.

No sé quién lo concibió,

pero es más antiguo que los dioses.

 

 

XXI

La grandeza de toda virtud

reside en su fidelidad al Tao.

El Tao es algo confuso e intangible.

Es confuso e intangible, pero tiene formas.

Es confuso pero brillante porque abarca muchas cosas.

Es profundo y oscuro pero contiene una esencia.

Esta esencia es verdadera.

Desde los tiempos más remotos conserva invariable su nombre.

Es el origen de todos los seres.

¿Cómo conocer el origen de todos los seres?

Por esto mismo.

 

XXV

Antes aún que el cielo y la tierra

ya existía un ser inexpresable.

Es un ser vacío y silencioso, libre,

inmutable y solitario.

Se encuentra en todas partes

y es inagotable.

Puede que sea la Madre del universo.

No sé su nombre,

pero lo llamo Tao.

Si me esfuerzo en nombrarlo

lo llamo «grande».

Es  grande porque se extiende.

Su  expansión le lleva lejos.

La  lejanía le hace retornar.

El Tao, pues, es grande y el cielo es grande.

La tierra es grande y también lo es el hombre.

En el universo hay cuatro cosas grandes,

y el hombre del reino es una de ellas.

El hombre sigue la ley de la tierra.

La tierra sigue la ley del cielo.

El cielo sigue la ley del Tao.

El Tao sigue su propia ley.

XXIV

El gran Tao es como río que fluye

en todas las direcciones.

Todos los seres le deben la existencia

y él a ninguno se la niega.

Cuando realiza su obra, no se la apropia.

Cuida y alimenta a todos los seres

sin adueñarse de ellos.

Carece de ambiciones,

por eso puede ser llamado pequeño.

Todos los seres retornan a él sin que los reclame,

y por eso puede ser llamado grande.

De la misma forma, el sabio nunca se considera grande,

y así, perpetúa su grandeza

 

 

Fuentes de la doctrina taoísta

 

Las remotas fuentes de la doctrina taoísta se hallan seguramente en los primeros desarrollos de la más antigua cultura china que toma su denominación del río amarillo (Hoang Ho) y de la gran llanura fertilizada por este río.

Antes de su expansión hacia el norte y el oeste esta cultura de campesinos se manifestó con una asombrosa originalidad, y de ella salió la idea del Tao al parecer concebida primero como principio del orden universal impersonal, que en sus sucesivas elaboraciones metafísicos, sociales, políticas y morales, debía dar vida a todo el pensamiento chino, sea al de Confucio como al de Lao Tze.

 

La doctrina del Tao es entonces mucho más antigua que el Taoísmo propiamente dicho. La tabla publicada por Hsu-Ti-Shan indica como los brujos y los analistas que rodeaban al rey campesino contribuyeron cada uno por su lado, a su formación arcaica de acuerdo con sus investigaciones, las que tenían como denominador común las preocupaciones cósmicas puesto que su asesoramiento se refería a la confección del calendario, para asegurar la correspondencia armónica entre el ciclo de las estaciones y el ciclo de la vida agrícola y social.

De estas dos escuelas habría nacido el I Ching (Libro de los Cambios) obra metafísica y

cosmológica que luego fue usada como oráculo imperial a través de una serie de añadiduras y elaboraciones posteriores.

 

Del I Ching provienen las doctrinas confucianas, taoístas y la del Tao Te.

Aunque señalando influjos recíprocos Hsu-Ti-Shan indica como antecedentes directos de la doctrina específicamente taoísta, la doctrina de los “brujos” del I Ching, la “escuela de los números”, luego la doctrina de las artes mágicas, de los adivinos, de los astrónomos y astrólogos, la del Tao Te y las escuelas de Mo Tzu. Siguen la medicina, la higiene sexual, la escuela del calendario y la del Yin Yang, la doctrina de los cinco elementos y la de la inmortalidad. Todas ellas habrían confluido en la formación del taoísmo. Pero nos parece evidente que una línea más directa por cuanto se refiere a Lao Tzu y al taoísmo antiguo puede señalarse a partir del I Ching en las “escuelas” del Tao Te, la del Yin Yang y de la Inmortalidad.

La idea de la armonía entre cielo y tierra y el hombre (por excelencia el rey) intermediario entre los dos, son principios comunes a toda la cultura china.

 

La doctrina del Yin Yang en el Tao Te Ching

 

La doctrina del Yin Yang es uno de los productos más geniales de la metafísica china, pero no siempre bien entendida por los interpretes occidentales.

La unidad es concebida como Tai Ki, la monada, en ambos casos en el sentido metafísico y no matemático.

La diada de los pitagóricos se asemeja algo al Yin Yang, pero no ha tenido ni la importancia, ni las aplicaciones sucesivas a todas las ciencias que se han producido en la cultura china debido a que a Grecia le faltaba un libro como el I Ching.

Se han registrado también analogías entre Lao y Heráclito, y estas no pueden negarse por cierto en lo que se refiere al uso constante de la paradoja, a una dialéctica subordinada a la metafísica, la que lleva siempre implícita la idea de una unidad superior. En este sentido el Logos heracliteo tiene cierto parecido con el Tao.

 

Como todos los pueblos dedicados a la agricultura, los chinos han atribuido una gran importancia a los ciclos astronómicos y a su influencia constante en la vida de la sociedad humana.

El periodo Yin durante el año corresponde al otoño y al invierno y durante el ciclo diario a la noche y a la luna. En este período no hay trabajo en el campo. La sociedad subsiste por las labores de las mujeres que tejen, que son activas en el hogar.

El periodo Yang durante el año corresponde a la primavera y al verano, al día, al sol, al calor. Los hombres trabajan el campo. Yang corresponde al sexo fuerte.

 

Las antiguas canciones nupciales chinas celebran los “matrimonios” masivos que se efectuaban durante la primavera, cuando los jóvenes cruzaban a nado el río para unirse con las jóvenes y procrear.

Esta era la unión del Yin Yang.

Para pensar en las fases de la luna primero hay que pensar en la luna; de esta manera primero hay la idea de un orden y luego de sus ritmos.

 

Así el Yin Yang es un principio metafísico y en forma subordinada: aspectos de la naturaleza del cosmos, de la especie humana, de los animales, de las plantas y hasta de las cosas, que no son concebidas como inanimadas porque llevan fuerzas Yin y Yang. Hay un orden de prioridad que se expresa así:

 

Tao Yin Yang

y no Tao = Yin Yang.

 

Algo enigmática aparece la razón por la cual el Yin receptivo y obscuro antecede tradicionalmente al Yang expansivo y luminoso.

Los sociólogos aducen una razón histórica y antropológica, la de que el régimen matriarcal habría sido anterior al patriarcal en la China arcaica y este hecho explicaría porque la tradición pone el Yin antes que el Yang.

Pensando en el alma-embrión, hay que tener en cuenta la anterioridad de la situación subterránea, oscura, de la semilla, del caos, del huevo, a la del árbol, del orden cósmico, de las aves y de los seres orgánicos.

Hay que considerar la idea de lo embrionario, en cuanto tiene en sí, en principio, toda la virtualidad de sus desarrollos futuros. Es sabido como esta idea es de suma importancia en el taoísmo y en su constante del retorno al caos primordial, que es una imagen de la unidad indistinta a partir de la cual se expandió el mundo mediante un movimiento en torbellino, que hizo que las cosas individuales (los diez mil seres) se desprendiesen en sus distintas combinaciones de Yin y de Yang.

De otro lado, no hay lector perspicaz de nuestro texto, que no vea la insistencia en los símbolos del Yin. Particularmente significativa en relación con el Te.

Los confucianos – que conciben el Yin Yang con menor profundidad – sitúan el Yang en absoluta superioridad y le confieren también un rasgo de superioridad moral.

 

Es innegable que aunque nuestro texto se inspira en una noble afirmación de sabiduría, hay en él, algunos pasajes que pueden prestarse a practicas de magia. Quizá debido al influjo de lo que se ha propiamente denominado la “escuela del Yin Yang” (a la que se remonta la alquimia china) por lo menos en la redacción de Wang Pi (siglo II DC).

 

Hacer-no-haciendo (Wey-Wu-Wey)

 

Ofrecemos una explicación indispensable acerca de la expresión Wu-Wei: no-hacer, muy usada en nuestro libro, y que muchos occidentales poco perspicaces han interpretado como quietismo y pasividad.

Aquí podríamos citar aquel fragmento de Heráclito que se refiere al poder del niño y que puede confrontarse con los numerosos pasajes que nuestro texto ofrece acerca del niño.

En verdad, es muy difícil para un hombre occidental moderno entender una doctrina de la acción como aquella del Wey-Wu-Wey (hacer-no-haciendo).

 

La idea taoísta es la de un retorno a la acción espontánea, como la del niño que juega únicamente por jugar, como la del viento que mueve los árboles, como la del riachuelo que corre.

La moderna psicología occidental ha notado en el hombre el prevalecer de la memoria de los hechos remotos y el remontarse a la niñez como a una “edad de oro”, lo que explica también la predilección de los viejos hacia los niños y su mayor comprensión de la mentalidad infantil. Hechos cuya importancia no está desprovista de significado si se piensa en la experiencia de la vida que el anciano posee.

 

Los taoístas están aquí en oposición abierta y expresan su rechazo por los ideales confucianos y por la falacia de su manera de concebir la existencia humana, valorizando esencialmente la maduración racional y la experiencia como factores enteramente positivos. Rechazan además la imposición de las actitudes solemnes en el trato con los demás y con todos los convencionalismos fijados por el ritual que el niño desconoce.

Esto nos aclara además las aparentes extravagancias y los modales de niños traviesos adoptados por los taoístas en los medios populares.

 

La conciencia “difusa”, la visión abierta de los niños, cuya mente no esta todavía esclavizada por los prejuicios y los hábitos, es comparable a la actividad natural y puede relacionarse con otros famosos textos taoístas como aquel que afirma que el sol no necesita conciencia de dar la luz y el calor (la vida) a la tierra para darla; que el cielo manda la lluvia sin ‘”tener la intención” de beneficiar a la tierra, etc.

“El buen caminante no deja huellas” dice nuestro texto. Se trata de la acción impersonal, espontánea, que actúa como los fenómenos naturales.

La conciencia del “yo” y la “referencia al yo” se adueña de la acción, la estropea y la malogra, porque la subordina – más o menos claramente – a sus propios fines.

 

La aceptación receptiva (y no pasiva) de la voluntad del cielo es la que está representada

repetidamente en nuestro texto, mediante el símbolo del “valle” y “el espíritu del valle”; es la ley del sabio, y el actuar conforme a esta ley – sin tener en cuenta sus propios deseos o su propia voluntad – es el camino trazado por el cielo, es llegar al Tao, puesto que la ley de la tierra es el cielo y la ley del cielo es el Tao.

En la concepción de los taoístas, el hombre está rodeado de fuerzas que tienden a desvirtuar sus acciones y su conducta. No solamente el contacto con los hombres es contaminante, sino lo es también con las cosas, con los objetos que pueden servir de soporte a las “influencias errantes”, fuerzas invisibles que el hombre profano desconoce pero que pueden determinarlo a asumir como propios, deseos y logros que provienen de estos influjos.

 

Así mismo, el taoísmo condena la autosuficiencia, la ley que uno se da a sí mismo, arbitrariamente, puesto que se fundamenta en la ignorancia de sus causas ocultas. Por eso, el verdadero sabio se presenta a los hombres como un mendigo, como un torpe, como un loco. Todo el convencionalismo social, hace que el sabio tome esta actitud de contra pie y se presente como envuelto en las fuerzas oscuras del Yin, templando la luz interior, como dice nuestro texto. Porque esa no es “su luz”, sino la luz; no es “su gloria”, sino la gloria.

Solo así puede ser el “valle del mundo” o el “cauce del mundo”, solo así puede “estar en el centro” que es la posición polar; ser el inmóvil señor del movimiento, que todo lo dirige sin dirigirlo.

Hacer-no-haciendo es “nutrirse en el seno de la madre” (cósmica) como dice el texto, lo que

constituye su gloria suprema.

 

El Wu~Wei es entonces una doctrina de la acción.

El Te que realiza este tipo de acción tiene su fundamentación en una ley que es aquella de las “acciones y reacciones concordantes”.

Esta ley se halla indicada en nuestro texto y en particular en uno de los capítulos, pero con laindicación final que prohibe enseñarla a los profanos.

Por lo que sabemos de fuentes taoístas orales, se trataría de uno de los pilares de la tradición taoísta y tiene una especial aplicación referida a la ley del movimiento.

 

Puesto que la ley del mundo, en cuanto a su dinámica, es Yin Yang, ésta se aplica a los dos tipos de movimientos que al alternarse caracterizan la vida biológica y natural. Al movimiento Yin = contracción, sigue el Yang = expansión y elcontinuum de la vida esta constituido por esta discontinuidad en cuanto es rítmica.

Producir una contracción significa provocar una reacción expansiva. Según los taoístas, se trata de cosas que todo hombre profano sabe, pero a las que no se les da todo el alcance que tienen.

Solamente tenemos que aclarar que el Te está esencialmente fundamentado en esta doctrina, teniendo en cuenta que el criterio ético no tiene nada que ver con ella.

“Que se quede el pez en la profundidad del agua”, dice Lao Tzu. Porque es demasiado evidente que esta ley puede ser aplicada para conseguir fines no precisamente nobles.

 

La concepción del hombre en el taoísmo

 

El taoísmo ha impreso un sello particular a la concepción general del hombre que es propia de la China tradicional, o sea a aquella que tiene su origen común en el pensamiento arcaico.

Entre las muchas triadas que existen en la tradición china una de ellas se refiere al hombre, situado entre el cielo (lo transcendente, lo espiritual) y la tierra (lo inmanente, lo material); siendo el hombre – como hijo del cielo y de la tierra – intermediario entre los dos, este rol es personificado por excelencia en el rey y luego por el emperador “hijo del cielo”.

 

Esto está en cierta correspondencia con otra triada: cielo, tierra y centro (espacio intermediario) lo que corresponde a los “tres mundos” del cosmos religioso hindú y también a las tres pachas de la religión incaica.

La concepción del hombre se halla relacionada con esta posición central; por eso el emperador al celebrar los grandes sacrificios, tenía que estar situado en el centro.

 

Si consideramos al taoísmo como una religión, tendríamos que clasificarlo entre las religiones del orden eterno del mundo en contraposición con aquellas que se fundamentan en la revelación histórica de Dios. Sería entonces una religión que pertenecería al mismo grupo en el cual se sitúan el hinduismo y el budismo.

 

Pero aunque el taoísmo debía tomar en un determinado momento la forma de una religión, todos reconocen que eso no proviene de su naturaleza propia, sino de un influjo posterior del budismo, única religión que apareció al principio de nuestra era en la China.

Esto permitió al taoísmo influir notablemente en el budismo chino y especialmente en la escuela Chan, más conocida en occidente por la versión japonesa el budismo zen.

Pero el taoísmo – a pesar de sus características religiosas formales – no ha sido nunca una religión en el sentido propio del termino. Fue esencialmente una metafísica y un modo de vida en su aspecto mas elevado, y sus oscilaciones posteriores entre la metafísica, la alquimia y la magia, no le quitaron nunca su carácter esotérico, ni el prestigio de ciertos conocimientos secretos, del que gozo en la antigua aristocracia, así como en los estratos populares.

 

Es innegable que al taoísmo se debe la creación de la alquimia, de la medicina china tradicional y de variadas practicas de adivinación, entre las que fue particularmente cultivado el estudio detenido de los signos corporales.

La idea inicial de la longevidad se halla relacionada con el armónico desarrollo del alma

embrionaria que supone un equilibrio constante entre el cuerpo y las diferentes almas, evitando que una de estas partes se desarrolle en exceso, debilitando a otras.

Esto ha producido también en los medios taoístas unas practicas respiratorias, similares a las del Yoga hindú, así como unas practicas de dietética y hasta eróticas, todas las cuales, parece ser, fueron importadas de la India.

La longevidad taoísta, así como la concepción de los “inmortales” no fue nunca, en los círculos taoístas ilustrados, sino el símbolo de una integración del ser humano con la emanación del principio transcendente que reside en él y es en este sentido que deben entenderse los grandes textos taoístas como Lao Tzu, Chuang Tzu, Lieh Tzu.

 

La cosmogonía china y el taoísmo

 

Una cosmogonía filosófica aparece en nuestro texto (cap.42) y en las numerosas alusiones de Chuang Tzu, aunque todas parecen remontarse a una tradición común, con una interpretación específicamente taoísta.

En nuestro texto se hallan numerosas alusiones a los “espíritus”. A la muerte del hombre, el alma espiritual “Hun”, vuelve a su origen cósmico mientras que el alma inferior P’o,

receptáculo de las emociones, deseos, memorias, etc. queda desencarnada en la tierra. Su naturaleza es Yin y por eso se asimila a los espíritus Kwei, ligados a la tierra y con ciertos rasgos demoníacos.

Los espíritus Shen, de naturaleza Yang, son celestes y luminosos y podrían compararse con los ángeles.

A estas legiones innumerables hay que agregar las “influencias errantes”, Pai, muy temidas por su influjo sobre los hombres.

Los inmortales son los hombres superiores, los sabios. Son inmortales por haber emanado

directamente del Tao, mucho antes de la creación del cielo y de la tierra. Son los que viven

eternamente.

Encontramos en el taoísmo la misma distinción común a todo el oriente, a pesar de las diferencias de detalles, entre lo no manifestado y la manifestación, que se divide en informal y formal, y esta ultima en psíquica o sutil y sensible o corporal.

 

La tradición y la crítica histórica

 

La tradición china hace remontar la existencia histórica de Lao Tu y la composición de nuestro texto al siglo VI a. C. y lo presenta como contemporáneo de Kung~Fu-Tzu y de Buda.

Los primeros occidentales que se preocuparon por el estudio de la cultura china, durante el siglo XVII dedicaron mucha importancia a los “Ching” del canon confuciano y estudiaron luego el budismo chino, pero desconocieron los libros de los taoístas, que calificaron de “ateos y políticos”. Esto se explica, entre otras cosas, a que vivían en constante contacto con los letrados confucianos, hasta el punto de vestir sus trajes y adoptar sus ritos.

Otra razón debe buscarse en la existencia de las sociedades secretas de inspiración taoísta, que participaron activamente en la política del imperio.

Más tarde, cuando el anarquismo surgió en Europa, Lao Tzu fue considerado en occidente como uno de los más calificados representantes o precursor de un pretendido anarquismo individualista.

 

Fue el siglo XIX el que vio surgir los primeros estudios serios y las primeras traducciones del Tao Te Ching, estudios y traducciones que se intensificaron y multiplicaron en nuestro siglo.

Todas las fuentes indican el siglo VI como el siglo de Lao Tzu.

 

Los estudiosos chinos y japoneses han resumido su posición en los siguientes tres puntos:

1) Que el texto que hoy se presenta no puede tener como autor a Lao Tze contemporáneo de    Confucio.

2) Que un texto muy parecido existía al final de la época de los Reinos Combatientes, época en la cual se disolvió el primer feudalismo chino que surgió en el Siglo IX a. C.

3) Que muchos de los aforismos que figuran en nuestro texto, circulaban desde hacia mucho

tiempo en los círculos filosóficos, pero que no eran atribuidos a Lao Tzu.

 

El acentuado individualismo que caracteriza a la crítica occidental y el prevalecer de sus

preocupaciones históricas, el ansia de demostrar la falsedad de toda tradición, es su lugar común.

Un texto que exalta el anonimato y la obscuridad y que dice que el buen caminante no deja huella, nos parece que debería desanimar un poco a todos aquellos que buscan su paternidad.

Por otro lado reconocemos como muy probable que el Tao Te Ching – cuya inspiración en el I Ching es innegable – haya sido compuesto mediante sucesivas estratificaciones, como lo fue el Libro de los Cambios.

No hay que olvidar que el individualismo de Confucio, que ha servido como punto de referencia para estas inútiles especulaciones, es algo excepcional en la antigüedad oriental, en la que es costumbre atribuir doctrinas desarrolladas por unos discípulos, de acuerdo con una determinada tradición y a veces durante siglos, a su fundador, sin necesidad de pensar que se trate de un ser mítico y sin ponerle un “pseudo” por delante.

 

 

 

 

 

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