Indisciplina: factores y propuestas de acción. Rodríguez y De Tena

FACTORES RESPONSABLES DE LA INDISCIPLINA
Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓN

Rosa Isabel Rodríguez y Carmen Luca de Tena
Universidad de las Islas Baleares

“En tanto los maestros no se tomen la molestia
o no sean capaces de infundir en sus alumnos
un vivo interés por aprender,
no tienen derecho a quejarse de su falta de atención
ni de la aversión de algunos niños hacia la enseñanza”
J. H. Pestalozzi .

RESUMEN


En este artículo se analizan las causas que determinan los comportamientos indisciplinados y se proponen pautas de actuación encaminadas, especialmente, a la prevención. Se precisan los factores que determinan dicha conducta considerando cuatro categorías: comportamiento del alumno y del profesor, características de la institución escolar y factores extraescolars o sociales.

¿QUÉ CAUSA LA INDISCIPLINA?


Aunque no existe unanimidad a la hora de determinar qué comportamientos pueden considerarse indisciplinado s o no, si es cierto que a nivel general suele aceptarse como indisciplina toda conducta que repercute en el desarrollo de la vida normal en la escuela y que dificulta la convivencia y el aprendizaje. En cualquier caso, y a pesar de la gran variedad en cuanto a formas de conceptualizar la disciplina escolar, es posible analizar las causas que determinan estos comportamientos, de manera que pueda establecerse pautas de actuación encaminadas, especialmente, a la prevención.

Una de las posibles clasificaciones respecto a los factores determinantes de una conducta indisciplinada estaría formada por las siguientes cuatro categorías (González Blanco, 1995; Rodríguez y Luca de Tena, 2001):


a. Comportamiento del alumno

Cada alumno tiene unas características individuales que deben tenerse siempre presentes a la hora de analizar las posibles causas que desencadenan las conductas disruptivas, que podemos clasificar en: causas afectivas (inseguridad, falta de cariño, rechazo…), causas de adaptación (dificultad de integración en el grupo clase, aislamiento, agresividad, no aceptar los valores educativos, marginación…) y causas académicas (dificultades de aprendizaje, rendimiento bajo, fracaso escolar continuado…)


b. Comportamiento del profesor

Es importante recordar el carácter interactivo de la situación de aula, así como la necesidad de que el profesor desempeñe su liderazgo de forma adecuada. El profesor debe establecer una relación con sus alumnos que posibilite el aprendizaje y los anime a la autodirección, pudiendo ser por tanto causa de conflicto debido a sus características personales, docentes o a su forma inadecuada de entender la disciplina y dirigir el aula. Pueden generar conflicto diferentes aspectos de su comportamiento:

·Vulnerabilidad psicológica: Algunos profesores por su estructura de personalidad son incapaces de enfrentarse a las situaciones conflictivas desarrollando niveles de ansiedad elevados que conlleva sentimientos de inseguridad y falta de control de sus emociones negativas (nerviosismo, miedo, agresividad, etc.) y de esta forma se enturbian y dificultan las relaciones con sus alumnos.

·Modelo de liderazgo: Tradicionalmente desde los estudios de Lewin, Lippitt y White (1939) se establecen tres formas de entender la autoridad en función del grado de control que se ejerce sobre los alumnos. Los profesores autoritarios establecen reglas y normas de forma impositiva y no están dispuestos a la negociación o explicación sobre su necesidad. Los profesores liberales o “laissez-faire” no establecen normas, actuan de forma permisiva y carecen de control del grupo. Los profesores democráticos establecen las normas a traves de la negociación, se basan en la explicación de su necesidad y en el diálogo, logrando de esta forma una mayor implicación personal de los alumnos en su cumplimiento.

El tipo de disciplina que surge de estas formas de entender la autoridad reciben el nombre de autocrática o impositiva, libertaria o autogestionaria y democrática o participativa. La más adecuada de ellas es la democrática ya que favorece tanto la autonomía como la independencia del alumno, mientras que una disciplina impositiva genera dependencia, tensión y miedo en el grupo (aunque en algunos casos mejora el rendimiento académico), por su parte una disciplina permisiva despierta en los alumnos la sensación de frustración y ansiedad, aumentando en ambos casos la insatisfacción de los miembros del grupo.

·Relaciones interpersonales en el aula: Un clima humano favorable en la clase mantiene el deseo de aprender del alumno y la implicación necesaria para lograr un aprendizaje significativo.

·Capacidades pedagógicas: Todos somos conscientes de que las clases monótonas, aburridas, carentes de recursos didácticos, poco atractivas, hacen difícil que el alumno mantenga su interés y atención aumentando las dificultades de control del proceso de enseñanza- aprendizaje. Un buen docente ha de ser capaz de desempeñar el papel de mediador social.


c. Características de la institución escolar

La propia institución escolar puede ser responsable de generar niveles altos de ansiedad en los alumnos y actitudes de rechazo ante cualquier normativa disciplinaria como sería en caso de implantar normas inadecuadas o incoherentes, falta de coordinación entre los profesores del centro en temas referentes a la disciplina, infracciones de los propios docentes en el ejercicio de su actividad (retrasos, absentismo, falta de interés o dedicación, etc.) o sistemas de evaluación inadecuados. Por otra parte, a pesar de que los alumnos tienen derecho a participar en la elaboración del reglamento de régimen interno (RRI) y formar parte de la Comisión de Convivencia del Centro que tiene como fin “(…) resolver y mediar en los conflictos planteados y canalizar las iniciativas de todos los sectores de la comunidad educativa para mejorar la convivencia, el respeto mútuo y la tolerancia en los centros docentes” (artículo 6, Real Decreto 732/1995 de 5 de mayo), son pocos los centros que promueven o facilitan el ejercicio de dichos derechos (Notó, 2000).

Por último, no podemos dejar de mencionar la carencia de recursos humanos (profesores de apoyo, psicopedagogos, etc) y/o recursos materiales (falta de espacio o mala distribución del mismo, falta de material, etc.) sin olvidar la insuficiente comunicación entre la familia y la escuela.


d. Factores extraescolares o sociales

En muchos casos las causas de los conflictos se deben a factores sociales externos al propio ámbito escolar como la situación socio económica familiar, las condiciones del barrio, los grupos de amigos (pandillas adolescentes), los medios de comunicación, marginación, droga, etc.


LA PREVENCIÓN A
NIVEL INSTITUCIONAL


De todos los factores mencionados, la escuela puede actuar sólo sobre los de tipo institucional, es decir, los relativos a los profesores y la institución escolar, mientras que, especialmente a corto plazo, su influencia sobre las disposiciones personales del alumno o sobre las características estructurales de nuestra sociedad es escasa (Rodríguez y Luca de Tena,2001).

Por tanto, una estrategia práctica para que los profesores entiendan y reduzcan la indisciplina empieza por centrarse en lo institucional, más concretamente en su propia aula. No decimos con ello que lo personal y lo social tenga que ser olvidado, sino más bien, destacamos que hay que trabajar sobre aquello que realmente produce beneficios, en nuestro caso, sobre lo que produce cambios reales que permiten la buena marcha de nuestros alumnos.

Las tendencias actuales hacia este tema pasan por una actuación preventiva sobre los posibles problemas de disciplina de los centros escolares y orientada a educar en la convivencia.

Debemos recordar que tanto la prevención como la intervención no dependen sólo del profesor, sino de una actuación consensuada y cooperativa entre los distintos miembros de la comunidad educativa. Incluso, en las ocasiones en donde el problema de comportamiento se limite a un solo docente, el buscar soluciones reflexionadas y pactadas entre todos puede dar al profesor la seguridad y el apoyo necesarios para que en el futuro no se repitan dichos problemas (Rodríguez y Luca de Tena, 2001).


El trabajo en equipo queda patente como una de las características de los centros escolares menos conflictivos, pudiendo señalarse como formas de funcionamiento generadoras de un clima de convivencia y de prevención de la violencia escolar algunas de las siguientes (Trianes, 2000):

·Cohesión interna del claustro de profesores, respeto mutuo, consenso en objetivos y métodos, trabajo en equipo, implicación personal.

·existencia de normas claras y consensuadas que no permitan la violencia e impulsen la cooperación y el trabajo académico.

·Relaciones interpersonales entre los profesores, disponer de espacio y tiempo para discutir, fonnación compartida.

·Profesores con ideologías docentes democráticas y preocupados por el desarrollo integral de sus alumnos.


Por último, cabe mencionar algunas medidas que deberían evitarse como son:

·La detección precoz de alumnos problemáticos, en el sentido de aceptar que las escuelas deberían identificar lo antes posible a aquellos alumnos que pueden ser motivo de conflicto y aplicar medidas preventivas. Con esta idea estamos “marcando” a dichos alumnos, creando para ellos unas expectativas de fracaso que pueden llegar a confinnarse (profecía autocumplida) (Rosenthal y Jacobson, 1968). La atención a la problemática individual del alumno no debe asociarse, por tanto, al etiquetado puesto que podría conllevar a la estigmatización y dificultar el cambio de comportamiento.

·mecanismos de separación del grupo del alumno problemático. Si alejamos a los alumnos problemáticos de los que no lo son, llegaremos a crear “escuelas-ghetto”, lugares en donde los alumnos difícilmente podrán aprender a vivir en sociedad, a respetar las normas, a integrarse.

·El castigo como uso habitual. Creemos que el castigo debe ser siempre la última alternativa a usar como intento de cambiar la conducta de los alumnos conflictivos, tendiendo en cuenta las repercusiones negativas que acarrea (sentimientos negativos hacia el profesor y la tarea; deterioro en la auto estima, etc.).


LA PREVENCIÓN A
NIVEL DE AULA


.La estructura y la organización diaria de la clase debe intentar ofrecer un entorno académico satisfactorio que reduzca al mínimo las’ dificultades planteadas por el control de la clase. Se trata, en definitiva, de realizar una buena gestión o gobierno del aula, entendiendo con este nombre la fonna en que cada profesor pone en práctica sus métodos didácticos y organiza la propia clase como factor de ayuda para el aprendizaje (Gotzens 1997).

Disponer de los recursos necesarios para una buena gestión conlleva lograr un clima de aula y una situación de enseñanza – aprendizaje que en sí misma prevendrá la aparición de problemas de indisciplina.

Son numerosos los autores que han intentado analizar las estrategias y técnicas utilizadas por los profesores eficaces, es decir, por los buenos gestores. Partiendo de las propuestas de Kounin (1970), Good y Brophy (1996) y Gotzens (1997) entre otros, destacamos a continuación las orientaciones más interesantes intentando dar respuesta a tres preguntas básicas:


a.
¿ Cómo llevar a cabo una enseñanza cualificada?

Es necesario tener en cuenta ciertos requisitos para llevar a cabo la instrucción de fonna correcta desde el antes (planificación), hasta el durante (enseñanza – aprendizaje) y el después (evaluación,feedback) de la instrucción. Para ello debemos, entre otras cosas:

·Adecuar las tareas a las aptitudes e intereses del alumno: En este sentido los objetivos de aprendizaje deben ser asequibles para los alumnos, facilitando un aprendizaje significativo que reforzará su sentido de competencia. Al ofrecer propuestas instruccionales atractivas e interesantes para el alumno aumentará su motivación por el aprendizaje.

·Determinar claramente los objetivos instruccionales: La mayor parte de los profesores dan por sentado, no sólo el interés del alumno, sino que este es consciente en todo momento de qué se tiene que aprender y cuales son los objetivos finales que se persiguen. Afortunadamente en el aula contamos con una gran diversidad de alumnos que serán más o menos dependientes y su estilo cognitivo encajará o no con nuestro estilo de enseñanza por lo tanto, en este sentido, no se pueden generalizar decisiones sobre el grado de estructuración que se debe dar a los contenidos instruccionales. Aunque podemos decir que nuestra cultura valora la independencia y en nuestras aulas intentamos favorecerla, esto no constituye ningún impedimento para tratar de mantener una estructuración de los contenidos a enseñar que sea lo suficientemente clara para el alumno y que facilite la comprensión. Hacer uso de los organizadores previos que nos propone Ausubel al comienzo de la clase y aclarar al alumno qué objetivos se persiguen y qué aplicaciones puede tener en la vida real, no sólo hace más atractiva la tarea sino que facilita los procesos cognitivos del alumno, ya que habrá recuperado de su memoria a largo plazo aquella información relativa al tema tratado. El supuesto básico que manejan la mayor parte de los estudiosos del tema de la disciplina es que cuando el aprendizaje resulta atractivo, posee un grado de dificultad tolerable y se cuenta con el apoyo del profesor cuando es necesario, no se presentan problemas de disciplina.

·Supervisar y controlar el proceso de aprendizaje: Es preciso ofrecer un feedback inforlnativo continuo al alumno para poder controlar los avances y dificultades que presenta el aprendizaje. En este sentido la evaluación se convierte en un instrumento eficaz pará determinar las razones por las que no se logran los objetivos académicos, facilitando el diagnóstico de la situación que hace posible tomar decisiones respecto a las estrategias de aprendizaje que se deben entrenar en el alumno para acometer la tarea, los métodos de enseñanza más adecuados en cada situación de aprendizaje y los diferentes tipos de actividades que deben ofrecerse al alumno para superar las dificultades y/o seguir avanzando hacia las metas instruccionales propuestas.

·Mantener un ritmo de aprendizaje correcto: Aunque parezca una obviedad en muchos casos los profesores están más preocupados por abarcar todo el curriculum que por adaptar el ritmo de su enseñanza al de aprendizaje de sus alumnos. Cuantas veces los alumnos se quejan amargamente del exceso de información ofrecida durante la clase que dificulta la comprensión y claridad de la misma. El desarrollo de las actividades, así como la transición entre las mismas, debe realizarse con suavidad, manteniendo un “tempo” estimulante pero que al mismo tiempo no genere ansiedad en los alumnos por no poder seguir su evolución, ya que tan sólo lograremos que se des enganchen del aprendizaje. Manteniendo el ritmo correcto se aprovechará el tiempo efectivo de aprendizaje al no tener que dedicarlo a aclaraciones innecesarias, procurando simultáneamente mantener el máximo de alumnos implicados en las actividades.

·Solucionar los problemas que se plantean durante el proceso de enseñanza-aprendizaje: Para lograr un aprendizaje significativo es preciso centrar la preocupación de la instrucción en el propio proceso, asistiendo en cada momento al alumno en sus dificultades. A través de la interacción verbal y la comunicación no verbal el profesor puede solicitar al alumno que explicite sus procesos de pensamiento para hacerlos conscientes, animándole a buscar soluciones alternativas y descubrir sus errores. En esta etapa es importante recordar que ciertos alumnos por sus características de personalidad (retraimiento, timidez) son menos propensos a solicitar este tipo de ayuda pero no por ello deben ser olvidados. Debe mantenerse cierta flexibilidad adaptando las estrategias a las dificultades que van surgiendo y al tipo de tarea propuesta. Los profesores disponen además de diversos recursos tecnológicos audiovisuales e informáticos que, siempre que estén vinculados a los objetivos instruccionales, servirán para mantener y mejorar la atención del alumno así como para facilitar la comprensión de lo explicado en clase.


b. ¿Cómo planificar la disciplina?

Directamente relacionada con la prevención de problemas de comportamiento en el aula se encuentra la planificación de las normas que deben regir el orden del grupo y los procedimientos que se aplicarán para hacerlas cumplir. En este sentido los acuerdos establecidos en el Consejo Escolar dan como resultado el Reglamento de Régimen Interno, documento que recoge las reglas, preceptos e instrucciones mediante las que se pretende regular el régimen de cada centro escolar. Este documento debe tenerse siempre presente a la hora de establecer las normas del grupo clase, recordando que cuanto más contextualizadas estén en función de las características de dicho grupo, mayor eficacia se logrará en su cumplimiento.Apuntamos a continuación algunos aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de realizar la planificación de las normas del grupo clase:
·El profesor debe reflexionar sobre las características de su grupo así como determinar qué tipo de normas cree necesarias y prever las posibles situaciones de indisciplina a las que se tendrá que enfrentar seleccionando posibles estrategias de intervención.

·Establecer las normas del grupo clase. Es aconsejable recurrir a la negociación de las mismas con los alumnos, tal como propone el modelo democrático de la disciplina (Ausubel, 1976), aunque en ningún momento esto signifique que el profesor renuncia a su papel de educador y líder.


A la hora de redactar las normas se deben tener en cuenta que éstas deben ser: necesarias; realistas; claras; estar redactadas en términos positivos y adaptadas a las características de un alumnado concreto.

·El profesor debe informarse sobre el tema a través de lecturas especializadas, compartir experiencias con sus compañeros y debatir sobre los problemas que surjan ya que de esta forma aumentará su flexibilidad, creatividad y lucidez a la hora de tomar una decisión ante una situación de conflicto.

·Es importante mantenerse constantemente alerta ante las incidencias de la clase. Los profesores más eficaces supervisan de forma continua lo que sucede en cualquier lugar del aula y se percatan rápidamente de los problemas interviniendo cuando estos son aún menores, mientras que los profesores menos eficaces intervienen tardíamente, de forma excesiva o bien errónea ante los conflictos.

·Informar durante el primer o primeros días de clase de las normas que van a regir las interacciones entre todos los miembros de la clase. Es aconsejable ser claro y consistente desde los primeros días, informando sobre las expectativas, reglas y procedimientos procurando al mismo tiempo estimular la responsabilidad del alumno no sólo en el cumplimiento de las normas sino también en su implicación en el aprendizaje.

·No hay mejor inversión que dedicar los primeros días a establecer entre todos las normas a respetar y a sentar las bases de la convivencia.

·Utilizar la red de asesoramiento y orientación de que disponen los centros: director, tutores, coordinadores, jefe de estudios, orientadores etc. Para que funcione la comunidad educativa en temas de disciplina, serán precisas reuniones regulares para analizar los casos o situaciones que aparezcan así como para hacer un seguimiento de los acuerdos. La participación democrática y comprometida de los integrantes de la comunidad escolar es la mejor alternativa para la prevención y resolución de conflictos.


c. ¿Cómo dirigir eficazmente la clase?

En el proceso de enseñanza – aprendizaje adquiere un papel fundamental la interacción profesor alumno. El profesor desempeña el papel de mediador del conocimiento, pero su trabajo se lleva a cabo en un contexto de aula con características únicas, por lo que serán múltiples los factores que inciden sobre los resultados finales de aprendizaje: características del profesor, expectativas, capacidad docente, características de los alumnos, contexto escolar, influencias socioculturales, etc.


Entre las principales características de personalidad que debería poseer un profesor y que facilitan su acción docente encontraríamos (Rodríguez y Luca de Tena, 2001):

·El carisma o capacidad de atraer o influir en los demás mediante la propia personalidad.

·El dominio o la capacidad de obtener control sobre una situación.

·El poder intelectual o el conocimiento o dominio de una materia determinada.

·Los recursos implícitos al propio poder o la capacidad para organizar todos los aspectos de las actividades de los alumnos.

Por otro lado, es imprescindible reflexionar sobre las dificultades que plantea cualquier acción docente en el contexto del aula. El profesor debe tener en cuenta los múltiples factores implicados a la hora de analizar las situaciones de conflicto y tomar decisiones de forma cautelosa. Doyle (1986) nos ofrece un interesante análisis de las características de cualquier contexto de aula que nos sirven para entender las dificultades para llevar a cabo la acción docente.

·Multidimensionalidad: En las aulas suceden varias cosas al mismo tiempo y se realizan diferentes tareas, lo que dificulta el control de todas las acciones, además es una situación social compartida por diversas personas que difieren en expectativas, necesidades y forma de interpretar la realidad.

·Â Simultaneidad: Todo sucede al mismo tiempo. Puesto que no podemos atender a varias cosas a la vez es posible que algunas escapen a nuestro control.

·Inmediatez: Sucede aquí y ahora, sin permitir en muchos casos la reflexión profunda al docente. No podemos congelar la acción ni exigir que transcurra más lentamente o en otro momento para poder hacerle frente de forma más calmada.

·Impredictibilidad: Es difícil predecir que puede suceder en cualquier momento, estamos sujetos a imprevistos.

·Publicidad: Las aulas son lugares “públicos”. Cualquier acontecimiento es observado por todos los participantes, profesor y alumnos, por lo que cualquier decisión tomada actuará mediante los principios del aprendizaje por observación (por ejemplo: a Luis no le ha dicho nada el profesor por hacerse el gracioso y los compañeros pueden pensar que ese tipo de conducta no tiene repercusiones).

·Cronicidad: En las aulas existe una historia común, un pasado, compartido por todos los que conviven en ella. Las experiencias pasadas están determinando los comportamientos actuales e influirán sobre los futuros.


Por último, y respecto a las orientaciones de actuación para la gestión del aula, enumeramos a continuación una serie de normas sencillas que pueden facilitar la tarea basadas en las propuestas de Fontana (1989), Good y Brophy (1996), Gotzens (1997) y Rodríguez y Luca de Tena (2001):

·Desarrollar habilidades de comunicación: El profesor es ante todo un comunicador que a través de la interacción con sus alumnos transmite conocimientos, procedimientos y actitudes. Si bien la comunicación por sí misma no garantiza el aprendizaje, se trata de una condición necesaria, aunque no suficiente. Es imprescindible ser capaz de comunicarse verbalmente de forma clara y precisa no sólo para favorecer el aprendizaje, sino también para evitar los equívocos en las relaciones interpersonales. Hemos de añadir a ello la capacidad de decodificar correctamente los mensajes de los alumnos así como dominar el campo de la comunicación no verbal.

·Rutinas organizativas: Gran parte de los comportamientos del profesor en el aula se inician de forma automática, bien cuando se pone en marcha una actividad en clase, se controla el aula o se planifica la instrucción. La ventaja que reportan las rutinas es liberar al docente de tener que dedicar su atención a aquellas situaciones u acontecimientos que él sabe bajo control. Las rutinas son por tanto aconsejables ya que el docente puede reservar sus energías para aquello que es realmente importante y le permiten concentrarse en aspectos o acontecimientos que requieren atención, deliberación, conclusión y respuesta.

·Atender individualmente al alumno: Dentro del aula cada alumno desea cubrir sus necesidades básicas de aceptación, competencia y autonomía. El profesor debe mostrar su interés por él y dedicarle el tiempo suficiente según sus necesidades tanto dentro del aula como en las tutorías o en los periodos de ocio escolar. No queremos dejar de recordar los efectos que se producen en las interacciones entre profesor y alumno según las expectativas que cada uno de ellos posee sobre el otro, el conocido como efecto “pigmalión” (Rosenthal y Jacobson, 1968). Mantener expectativas realistas sobre los alumnos facilita una comunicación clara y una relación basada en el respeto mutuo, favoreciendo en el alumno metas realistas que le llevarán a mejorar su competencia y autoestima.

·Favorecer la autorregulación del alumno: Tanto a nivel de control del comportamiento, como de los procesos de aprendizaje, el camino del alumno hacia la independencia es largo y costoso. Para fomentar su autonomía se puede delegar en los alumnos gran cantidad de tareas rutinarias aumentando así su implicación en la vida del aula y su responsabilidad. Conviene dar cabida a sus iniciativas y ofrecer posibilidades de elección cuando sea posible en la realización de actividades, agrupamientos etc.

·Mantener siempre una actitud positiva y no perder el sentido del humor: El humor ayuda a modificar la perspectiva del problema y a des dramatizar la situación por lo que es fundamental para enfrentarse productivamente a los conflictos que surgen a diario en el aula. La risa puede ayudar a que nos mantengamos sanos, psíquica y físicamente.

·Practicar la seducción instruccional: En los estudios clásicos sobre la expresividad del profesor (Ware y Williams 1975) se analizaban las características de los docentes que eran valoradas por los alumnos y que repercutían en el rendimiento de los mismos. La “expresividad” o “seducción instruccional” lo definen como: entusiasmo, humor, amabilidad, carisma y personalidad. Una visión positiva de los conflictos, sin posturas tremendistas o catastrofístas, unida a la habilidad de escuchar de forma activa y empática a los implicados, hace más fácil lograr acuerdos y soluciones ante los mismos. No está nunca de más descubrir la parte amable y simpática de la vida diaria, pues no debemos olvidar que ante todo el profesor es un educador que acompaña al alumno en un periodo de su vida.


CONCLUSIONES


Hace tan solo unas décadas que la disciplina se consideraba un requisito necesario para poder desempeñar la tarea educativa. Las normas y el control adulto se convertían en el eje del proceso de enseñanza aprendizaje por lo que la violación de las reglas de juego impuestas desencadenaba restricciones y sanciones al comportamiento del alumno. En este contexto el término disciplina fue acumulando connotaciones negativas al asociarlo a la privación o el castigo por lo que resulta necesario recuperar el significado real del término, etimológicamente relacionado con la enseñanza de los neófitos.

Desde que Ausubel definió en 1961 la disciplina democrática el cambio ha sido progresivo e irreversible, considerándola en la actualidad un medio para lograr un fin más ambicioso, la socialización y formación de la personalidad del individuo. En este sentido ha dejado de considerarse un problema individual para convertirse en social, ya que el comportamiento de cualquier individuo repercute directamente en el resto de los miembros del grupo al que pertenece, tomando forma el nuevo concepto de convivencia.

Por otra parte cabe destacar el cambio de enfoque que se ha dado en este campo al dar prioridad a las actuaciones preventivas frente a las propuestas tradicionales centradas en la intervención. Un supuesto básico a considerar es que al ofrecer al alumno situaciones de enseñanza – aprendizaje atractivas, con un grado de dificultad ajustado a sus características y el apoyo necesario, se favorecerá la satisfacción de sus tres necesidades básicas: competencia, autonomía y aceptación, dificultades la aparición de problemas de disciplina. Parece aconsejable por tanto que ante las múltiples causas que pueden generar la indisciplina los docentes se centren en aquellas más controlables a través de su ejercicio profesional.


La planificación de la disciplina a nivel de grupo clase, los acuerdos conjuntos entre los integrantes de la comunidad educativa y el compromiso en la toma de decisiones y seguimiento ante los problemas que puedan aparecer, son requisitos necesarios para una gestión adecuada de la disciplina a nivel institucional. La prevención de los conflictos pasa por la mejora de la calidad de los centros en los que se deben comprometer todos los miembros de la comunidad educativa para mejorar tanto los recursos materiales como humanos.


Por su parte el docente debe orientar sus esfuerzos hacia una práctica educativa de calidad centrándose en el perfeccionamiento de sus habilidades pedagógicas y manteniendo un espíritu reflexivo y crítico respecto a su papel social como educador.

La tarea común a realizar se debe centrar en una enseñanza basada en la valoración del individuo en su complejidad y que destaque el carácter educativo y socializador de la escuela.

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