Convivencia Educativa y Disciplina: Dos grandes Estrategias. S Benetti

DOS GRANDES ESTRATEGIAS-EDUCATIVAS
PARA LA CONVIVENCIA

Lic. Santos Benetti

→ Es conveniente leer primero el artículo: Nuevo Modelo de Escuela

Es por todos sabido que las situaciones adversas de convivencia escolar y de indisciplina constituyen hoy el principal problema educativo en la mayoría de los países, lo que repercute seriamente en la calidad educativa, en el rendimiento escolar de los alumnos y
en la salud y autoestima de los educadores. Pero lo llamativo de esta problemática es que este fenómeno se produce cuando en general ha aumentado la capacitación docente, sus conocimientos psicológicos, los recursos didácticos y tecnológicos, los presupuestos educativos nacionales, el número y la calidad de las escuelas, los cursos de capacitación, pero sin que se pueda resolver el problema disciplinario de la convivencia.

¿Qué es lo que falla, entonces?

Se trata de docentes (educadores en general) con buena disposición, bien preparados, con excelentes calificaciones en sus estudios de profesorado o licenciatura, pero incapaces para dar respuesta a los problemas de conducta de los educandos.
¿Por qué tal suma de Profesorados, Terciarios y Universidades fracasa ante un puñado de jovencitos imberbes y de niñas quinceañeras?

Desde mi punto de vista, y después de más de 50 años de labor educativa que aún continúo, y con la experiencia de largos años de consultorio psicológico y de encuentros con docentes y padres, creo haber encontrado la clave de todo este proceso tal como lo expondré a continuación.

La formación educativa (de docentes, preceptores, personal administrativo y de gestión, psicopedagogos, psicólogos, etc.) sobreabunda en conceptos teóricos, en teorías de aprendizaje, en lecturas psicoanalíticas, en buenas disposiciones, pero carece

– de un Pensamiento Estratégico y de

– Estrategias concretas para encarar la problemática educativa.

Tenemos hermosos proyectos, exhaustivos diagnósticos, ricos objetivos, variadas propuestas, una bibliografía inagotable, pero carecemos de estrategias, aunque ingenuamente ahora llamemos estratégicos a nuestros proyectos y propuestas porque está de moda esta palabra.

Pero, ¿alguna vez nos pusimos a pensar qué significa realmente Estrategia y cuáles son sus elementos fundamentales?
¿Hemos tenido en nuestra formación docente clases, encuentros, talleres o alguna asignatura llamada de estrategia?

Entonces, somos “un ejército” que va a la batalla con muchas buenas intenciones y recursos teóricos pero sin estrategia para ganar la batalla.
Y un ejército sin estrategia está derrotado antes de luchar. De la misma manera que un equipo de fútbol con buenos jugadores camina a la derrota si no tiene una buena estrategia.

Por lo tanto, propongo que reflexionemos en primer lugar sobre lo que es la estrategia, cuáles son sus elementos y criterios básicos, y luego vamos a plantear, desde mi óptica, dos estrategias fundamentales para resolver este problema educativo en cuestión, problema que al no ser resuelto se transforma automáticamente en un “conflicto”, o sea, en una lucha destructiva.

Concepto de estrategia

La palabra estrategia proviene de los griegos que en una guerra elegían a un general en jefe al que llamaban strategós, al cual suponían dotado de la Sabiduría o genio para llevar al ejército a la victoria.
Hablaban, pues, de la strateguia, mando o sabiduría del jefe. Ciertas técnicas estratégicas eran la stratéguema (estratagema) En tanto el ejército era stratiá y el guerrero el stratiótes.

Como primer concepto, por tanto, la estrategia es
la sabiduría, arte, camino o conducción para conseguir la victoria, o sea, el logro del objetivo propuesto. Y no es casualidad que la Estrategia como ciencia y como arte técnico se haya desarrollado en la guerra, cuando los pueblos enfrentaban situaciones extremas de supervivencia o de extinción, de vida o de muerte.
Entonces tenían que apelar a una “inteligencia práctica máxima” para movilizar todos los recursos necesarios, organizar y armar al pueblo con una excelente preparación y moral alta para formar un solo cuerpo al mando del jefe más capaz a fin de conseguir la victoria con el mínimo de muertos y heridos. Y esa inteligencia práctica es la estrategia, también llamada “la sabiduría del estratega” (sofía strategú)

Pero fueron los chinos los primeros que escribieron sobre la estrategia militar, y fue el chino Sun Tzu quien en el siglo VI antes de Cristo escribió el libro titulado El arte de la guerra, libro que fundó el arte estratégico y que aún hoy se edita en todos los idiomas y puede encontrarse en Internet.
Su ideario fue seguido y completado por su discípulo Sun Bin en el siglo siguiente.

En estos libritos encontramos los fundamentos del arte estratégico, fundamentos tenidos en cuenta por los grandes estrategas de la historia (Alejandro, Aníbal, Julio César, Napoleón), por las empresas económicas posteriormente y por los grandes estadistas, y algunos de los cuales hoy podemos y debemos aplicar a la pedagogía, que si bien no tiene enemigos ni adversarios a vencer, sí tiene obstáculos que superar con vistas a un objetivo victorioso.

Sintetizando: las estrategias son pautas o criterios generales para encarar todas las acciones tendientes a lograr los objetivos propuestos y conseguir así la victoria o el éxito con el menor costo posible. Se trata de pensar inteligentemente y anticipadamente:

-qué recursos (humanos, materiales, metodológicos) necesitamos, los suficientes y necesarios,

-para que con el menor costo posible (en salud, heridos o muertos, en dinero, etc.)

-alcancemos los objetivos

-en un determinado espacio y tiempo (escenario).

Estas estrategias, pautas o criterios generales, deben ser aplicados al mismo tiempo por toda la organización que no solamente debe compartir la misma visión de los objetivos a alcanzar sino el único camino que se ha diseñado para llegar al éxito. Pensar estratégicamente es, por lo tanto, asumir la cultura del éxito.

Algunos Criterios fundamentales de la Estrategia

1. La voluntad de vencer. La voluntad y firme convicción de vencer es lo primero: creer firmemente que podemos resolver el conflicto y confiar en nosotros mismos.

“Antiguamente los guerreros expertos primero se hacían invencibles a si mismos, y después aguardaban para descubrir la vulnerabilidad de sus adversarios. La invencibilidad está en uno mismo; la vulnerabilidad en el adversario. Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; descubrir la vulnerabilidad del adversario signfica conocer a los demás.
En consecuencia, un ejército victorioso gana primero, y entabla la batalla después.
En cambio, un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después. Esta es la diferencia entre los que  tienen estrategia y los que no la tienen” (Sun Tzu).

Esta es la gran paradoja de la estrategia: conocernos tan bien y conocer los obstáculos,de tal manera que tengamos asegurado el éxito y nos domine una alta estima y un gran entusiasmo. ¡Cuántos educadores hoy se sienten derrotados y carentes de recursos y se acercan a las aulas con miedo y a la defensiva!
Bien dice Sun Tzu:
“Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no la tienen”.

El desaliento generalizado, la conciencia del fracaso, el stress al que se es sometido, las depresiones y somatizaciones, y ese sentir que “no hay nada que hacer” y quejarse constantemente que los adolescentes no son como los de antes, todo ese lenguaje derrotista y deprimente de los educadores es el principal enemigo a vencer.

En cambio “Cuando un ejército tiene la fuerza del ímpetu, incluso el tímido se vuelve valiente…
Cuando hay entusiasmo, convicción, organización, recursos, compromiso, tienes la fuerza del ímpetu, y el tímido es valeroso”.

Pero si nos sentimos vulnerables y derrotados, y a los obstáculos los creemos invencibles ¿qué se puede esperar de nosotros?
Lo primero, pues, es conocernos, conocer nuestras fortalezas y capacidades, organizarnos inteligentemente. Lo demás viene solo.
Sólo desde la organización de todo el cuerpo educativo y desde sus estrategias bien diseñadas se puede tener el sentido de invencibilidad, la garantía de que se puede tener éxito. Sigamos, pues.

2. Conocer el Escenario y adaptarse al mismo. Ahora sí que nos encontramos en el nudo del problema: toda estrategia para ser tal debe
conocer el escenario en el que se desarrollarán las acciones
y adaptarse constantemente a sus posibles cambios.
Bien lo expresa Sun Tzu: “A menos que conozcas las montañas y los bosques, los desfiladeros y los pasos, y la condición de los pantanos, no puedes maniobrar con una fuerza armada… Sólo cuando conoces cada detalle de la condición del terreno (escenario…) puedes maniobrar y combatir…
En consecuencia, los estrategas que conocen las variables posibles,para aprovecharse del terreno, saben cómo manejar sus fuerzas.
Si no saben cómo adaptarse de manera ventajosa, no pueden aprovecharse de él.
En consecuencia, la victoria nunca es repetitiva, sino que se adapta en forma permanente. Determinar los cambios apropiados significa no repetir las estrategias previas para obtener la victoria… Así, pues, un ejército no tiene siempre la misma formación, lo mismo que el agua no tiene una forma constante.
Se llama genio a la forma de obtener victoria cambiando y adaptándose según el adversario.”
¿Cuál es el principal problema de la educación y su garrafal error?
Que desde hace cientos de años aplica la misma estrategia a los educandos sin darse cuenta de los profundos cambios que hoy plantea la posmodernidad.
Si bien la educación de niños y jóvenes viene desde tiempos remotos (chinos, egipcios, semitas, griegos y romanos, Iglesia) fue desde la mitad del siglo XIX en que se transformó en escuela universal, pública y gratuita a cargo del Estado (especialmente Prusia, Francia, Inglaterra) y de otros instituciones privadas (como las Iglesias).

Entonces en plena Modernidad se aplicaron estrategias de aprendizaje y educación según criterios y valores de la modernidad que eran vividos y aplicados por el Estado, por la sociedad en general, confesiones religiosas, estamentos civiles y científicos, por las familias y, por cierto, por los niños y adolescentes.
En consecuencia, la escuela (educación) tenía una estrategia coherente y perfectamente adaptada a la cultura moderna.

Pero hoy estamos con nuevos paradigmas en las antípodas de esos criterios y valores, y sin embargo se sigue aplicando la misma estrategia de hace doscientos y trescientos años.
Las supuestas reformas que se aplicaron al sistema educativo fueron y son sinceramente ridículas: sacar una asignatura y poner otra, cambiar la pizarra negra por una verde, sacar un grado o curso y agregar otro; emplear tizas de colores, filminas, videos o computadoras “para motivar al alumno”; castigar físicamente o aplicar amonestaciones, eliminar las amonestaciones; no dar importancia al alumno díscolo, sacar al alumno díscolo de clase o enviarlo a la dirección, o que dé vueltas al patio o escriba 50 veces “no debo portarme mal” y un sinfín de supuestas “estrategias” que no quieren reconocer el problema de fondo: el escenario educativo ha cambiado,y por lo tanto, como dijo Sun Tzu hace 2.500 años, las estrategias deben cambiar.Y mucho más deben cambiar si constatamos que no nos llevan al éxito sino a un rotundo fracaso. Podremos no saber cuáles son las nuevas estrategias, pero sí sabemos que las que aplicamos no nos sirven. Es, pues, de inteligentes, cambiar.
Cuáles son estos cambios de escenario?
 
Sin pretender agotar el tema de los cambios culturales que plantea la posmodernidad (claramente desde la segunda mitad de siglo XX), veamos los que tienen incidencia directa en los adolescentes y en la metodología y estrategia educativa.

Pero antes tenemos que conocer y re-conocer
que estamos viviendo una nueva era histórica (que por el momento llamamos “posmodernidad”) con cambios más radicales y profundos que los que protagonizara la Modernidad a partir del Renacimiento y con respecto a la Edad Media.Porque en los siglos XVI y XVII se descubre el conocimiento racional de la ciencia, de las investigaciones científicas emancipadas del conocimiento teológico, de un nuevo arte y del valor del cuerpo (son algunos ejemplos) pero sin quebrarse el valor y el rol de las grandes instituciones sociales:– El Estado: cada vez más absolutista y autocrático con el surgir de los nacionalismos y formador de un modelo de ciudadano nacional,
– la Iglesia (en su doble variable católica o protestante) y cuya influencia moral se siente aún fuertemente con un reconocimiento universal y no discutido del valor ético de la Biblia, y
– la Familia cada vez más afirmada como célula básica de la sociedad.
Pero con la Posmodernidad todo ha cambiado en una especie de tsunami que ha barrido las más caras tradiciones para debatirse en la construcción de una sociedad no sólo “nueva” (que eso significa “moderna”) sino incluso en las antípodas de la cultura anterior.
Una cultura anárquica, precristiana o poscristiana, que prescinde de Dios y de las religiones como fuentes de autoridad, con un Estado confundido, pluralista y ausente en la formación del ciudadano, y con nuevos modelos de Familia totalmente impensados hace pocas décadas.
Veamos algunos de estos cambios con incidencia directa en la escuela:
1. Se quiebra el valor de las Instituciones tradicionales. Antes, en la modernidad, los niños y adolescentes (y también los adultos) aceptaban como normal el criterio de autoridad: algo era bueno y verdadero si era anunciado o dictaminado por los padres, los maestros, sacerdotes o pastores, por la Biblia o tal Manual o autoridad competente. Tal criterio de autoridad se combinaba con el criterio de obediencia y aceptación.

Las “verdades” (conocimientos, creencias, normas) eran aceptadas “naturalmente” sin dudas ni objeciones o discusiones.
En todo caso, la tarea del educador era internalizar las normas externas y conocimientos (todos con calidad de verdades indiscutibles) a través de explicaciones, repeticiones, ejercicios memorísticos, resúmenes, etc.
Era una educación básicamente heteronómica: el paquete de conocimientos y normas venía desde afuera del sujeto y lo antecedía como un dato previo de autoridad indiscutida.El alumno podía tardar en asimilar, o distraerse, o charlar con el vecino, o asimilar incorrectamente, pero siempre aceptaba como correcto el dictamen del profesor.
Eso no se discutía.
Para el alumno lo normal era hacer silencio, escuchar, repetir lo enseñado al pie de la letra.
Ese era el ideal del buen alumno que aspiraba a estar en el cuadro de honor y ser el abanderado del curso.

Pero hoy el escenario ha cambiado radicalmente
.
El argumento de autoridad y de tradición es simplemente rechazado. Lo valioso no es lo que viene de los otros, ni lo viejo y tradicional, sino lo nuevo que emerge de la propia construcción de los educandos.

El educando ha dejado de ser un objeto vacío y pasivo que había que “llenar” para transformarse en un sujeto activo dotado de Derechos.
La Convención de Derechos Humanos del Niño (de cero a 18 años) de 1989 lo reconoce claramente al decir:
Artículo 12: Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño.

Artículo 13:
El niño tendrá derecho a la libertad de expresión; ese derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño.

Artículo 14:
Los Estados Partes respetarán el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.

Por lo tanto: desde el momento en que el niño o adolescente es sujeto de escolarización y aprendizaje, es también sujeto del derecho de opinar sobre todo lo que le atañe, sea sobre normas de convivencia y disciplina, sea sobre las actividades a realizar o sobre los conocimientos que se impartan.
Allí comienza su proceso de autonomía y de vida democrática dando los pasos correspondientes según su madurez.Y si es apto para la escolarización es que ya tiene cierta madurez para pensar, sentir, opinar y expresar sus sentimientos y opiniones.Y por cierto que esto vale para la educación familiar en la que los padres deben aceptar y respetar estos derechos de sus hijos.

Y si hay derecho de expresar su opinión libremente, de pensamiento, conciencia y religión, esto quiere decir que el niño y adolescente tiene derecho a discrepar y emitir opiniones diversas de las del educador en un clima por cierto de serenidad y mutuo respeto que si se lo vive desde los primeros años constituye la base de una convivencia armónica en la pluralidad.
Cuanto antes se intente crear este clima, mejores y más rápidos resultados se consiguen.
Esta es la experiencia de padres y educadores que siguen este modelo pedagógico.

Por lo tanto, frente al quiebre del valor de la autoridad, lo que corresponde no es el silencio de los educadores ni la permisividad absoluta ni la represión, sino la construcción de un clima de armonía en el que todos, educadores y educandos, hacen uso de sus derechos de “pensar con la propia cabeza” (¿hay otro modo de pensar?), de sentir lo que se siente (¿hay otro modo de sentir?) y de expresar los propios pensamientos y sentimientos.

En consecuencia: las normas de convivencia (o disciplina) se construyen y redactan entre todos y con plena participación de los educandos, quienes serán también los responsables de su ejecución y posible sanción reparatoria.

Por otro lado, los conocimientos no son un dato a priori según pura voluntad de los docentes (“los que saben, los que enseñan a los que no saben”) sino que el aprender se transforma en un proceso en el que todos participan, todos aprenden y todos enseñan desde la propia experiencia y reflexión.
Los pro-gramas son solamente indicativos como primera pro-puesta para adaptarse o corregirse según las necesidades y situación real de los educandos.
¡Cuántos temas están absolutamente descolgados de la realidad y cuántos otros están ausentes teniéndose en cuenta el escenario social de los educandos!
Sobre este tema volveremos posteriormente en las Estrategias.

2. Fracaso de la educación puramente racional y voluntarista. Otro cambio importante desde el punto de vista educativo es el fracaso de un aprendizaje puramente racional, enciclopedista y memorístico.
El paradigma de la modernidad sobrevaloró el conocimiento racional con un desprecio casi total por el sentimiento y por los vínculos afectivos.
El “alumno” era una especie de ser abstracto, carente de emociones y sentimientos, que debía aplicar su razón al conocimiento y su voluntad a la ejecución de las normas establecidas desarrollando la virtud suprema de la “obediencia”. Inteligencia (abstracta, lógica y matemática) y Voluntad eran las dos únicas instancias del psiquismo humano.
La escuela “ilustraba” a la inteligencia, y la voluntad llevaba a la práctica según un “modelo” militarista de estilo prusiano (no olvidemos que las primeras escuelas públicas fueron creadas en Prusia, país de profunda vocación militarista).El alumno que “no rendía” era por falta de inteligencia o por mala voluntad. Esto se traducía en evaluar al alumno según su conducta y aplicación con las respectivas notas o calificaciones.
Este modelo militar impregnó toda la educación aún en los edificios escolares extrañamente similares a un cuartel: el alumno que no respondía al modelo merecía castigo (generalmente físico) ya que se suponía mala voluntad de su parte.
Con obediencia y voluntad debía aplicar su inteligencia a los nuevos conocimientos y normas.
Se suponía que los males sociales de la humanidad se debían a la ignorancia y que el futuro promisor de la humanidad consistía en desterrar la ignorancia con un conocimiento disciplinado previamente organizado por la institución educativa estatista.
Pero las guerras desastrosas de carácter mundial y originadas en Europa por su avaricia irrefrenable, con sus sesenta millones de muertos puso en jaque al modelo iluminista europeizante.
No hace falta decir cuánto ha cambiado el actual escenario de la posmodernidad. Hay un rechazo frontal al sistema conducta-aplicación, inteligencia-voluntad, mientras entra de lleno el valor de las emociones y sentimientos, de los afectos y vínculos positivos, de la familiaridad en el trato entre educandos y educadores y en lo que incluso se llama hoy “pedagogía de la ternura”.

Se dice que los alumnos de hoy ya no respetan a sus educadores. Sí, no respetan desde el esquema autoritario anterior en que “respeto” significaba “miedo”. Hoy niños y adolescentes respetan a las personas que aman y de las que se sienten amados;
es un respeto indisolublemente unido a un vínculo afectivo y positivo.
Los sentimientos positivos pasan a ser el sostén del vínculo educativo y el fundamento de la ética y de la convivencia escolar.
Un cambio revolucionario que ha tomado desprevenidos a muchos educadores y que requiere, por lo tanto, una nueva estrategia educativa.
La inteligencia deja de ser sinónimo de inteligencia abstracta, racional y matemática para hablarse de las muchas inteligencias propias del ser humano, especialmente de la inteligencia emocional, la inteligencia artística, la mecánica, la deportiva, etc.
Ya no hablamos de una enseñanza enciclopedista sino de un “desarrollo integral” del ser humano que incluye todas sus capacidades y todas sus necesidades.

Hoy valoramos a las personas de carne y hueso (no hay otras) con buenos y sanos sentimientos y entendemos que la sociedad actual por la vía del puro conocimiento racional y técnico puede llegar a su total autodestrucción, mientras que si formamos ciudadanos con “buenos sentimientos” logramos una sociedad armónica, justa y pacífica.

Por cierto que no descartamos los conocimientos racionales, nocionales y técnicos
pero los subordinamos a la práctica de sentimientos sociales, biológicos y cósmicos que conforman la estructura básica de toda educación.
Más aún, gracias a la bioneurología hoy
sabemos que son los sentimientos positivos (alegría, afectividad, amor) los que permiten el pleno desarrollo de la inteligencia racional.

Por lo tanto, el actual escenario posmoderno nos requiere a todos los educadores la construcción de vínculos positivos, sanos y afectivos en la misma estructura educativa como requisito y como contenido básico de la educación.
Los educadores, preparados casi exclusivamente para una didáctica de materias de conocimiento, deberán aprender a desarrollar sanamente las emociones-sentimientos, no como una “materia más” sino como una praxis constante de la tarea educativa.

Lo mismo dígase de los Derechos Humanos y de la Ética que no son “materias de aprendizaje” (generalmente aburridas y tediosas) sino son una práctica de toda la comunidad educativa (Dirección, Docentes, Preceptores, Padres, Alumnos) sobre la que se estructura todo el proceso educativo.
→ Sobre este tema remitirse a:Artículos sobre “Formación Ética”

3. Final del Hombre esencialista-universal-europeizante y
renacimiento de las culturas regionales y particulares. 
No hace falta recordar (y menos aquí en América Latina, África o Asia) que fueron los países de la Modernidad quienes se propusieron como su meta y vocación nacional la conquista de los otros continentes para dominarlos y “civilizarlos” (como seres ignorantes y cuasi humanos) según el modelo de hombre europeo, blanco y cristiano considerado como modelo del hombre ideal y universal.
Los países colonialistas llevaron e impusieron su modelo cultural-educativo y su religión arrasando culturas y modelos culturales diferentes, siempre considerados inferiores.
También las nuevas ciencias modernas aplicaron el mismo modelo, considerándose que lo que era válido en Alemania, Francia, Inglaterra o Península Ibérica lo era también en cualquier parte del mundo.
Baste pensar en los estudios psicológicos y pedagógicos y en el modelo psicoanalítico de Freud que fueron trasplantados a nuestros países como si no hubiera diferencia alguna entre un habitante de Viena o Londres y uno de Argentina, Perú, Colombia o Sudán.
Todos los grandes maestros de educación fueron europeos como eran europeos los amos del mundo y los conductores religiosos.

Por su parte los nuevos países independientes de las metrópolis europeas desde comienzos del siglo XIX en adelante, como sucedió en América Latina, mantuvieron una rígida dependencia cultural de Europa con desprecio de la propia cultura autóctona e indígena, y copiaron el modelo centralista aplicándolo a su propio país totalmente dependiente de la “capital” en oposición al “interior” (aún en los países federales) que debió soportar como en el caso argentino el total atropello de Buenos Aires sobre las culturas de las provincias.Surgió así un sistema educativo europeizado y centralista que fue sin más aplicado al resto del país que debió soportar un régimen educativo, un currículum, manuales e instrucciones totalmente ajenos a la cultura local, incluso con prohibición de las lenguas o dialectos locales.

Pero hoy vivimos una situación diferenteNo sólo hay un reconocimiento de las diversas culturas desarrolladas a lo largo y ancho de la tierra y un re-conocimiento de las mismas, por las Naciones Unidas y los Derechos Universales, por la misma globalización y por las técnicas universales de comunicación social, sino que dentro de cada país se toma conciencia de las realidades sociales y culturales locales, provinciales, departamentales o municipales.

Todo lo cual implica un nuevo modelo pedagógico que parta de la realidad local, que investigue las necesidades de los niños y adolescentes de cada escenario para pensar en una estructura educativa fundamentalmente municipal o al menos regional.De esta manera la escuela responde a las necesidades reales de cada región con sus características específicas (urbanas, rurales, industriales, turísticas, etc.), con programas de aprendizaje adecuados al momento que vive cada región, y lo que es más importante aún, con una estructura directiva en la que los padres (las familias) y los educandos ejerzan su poder democrático de pensar la educación que desean y de organizar las escuelas en conformidad.

Toda la región que comparte la misma cultura, necesidades y recursos, costumbres, lengua, etc. se transforma en una Unidad Pedagógica que, teniendo en cuenta los lineamientos nacionales los adapta a su situación concreta.

Y desde lo particular la escuela se abre en círculos concéntricos hacia lo más general, la Nación, el Continente, la Humanidad, el Cosmos. 
No hace falta pensar que, por ejemplo en Argentina, no sólo se descuidó siempre la cultura e historia de las provincias, sino que se ignoró sistemáticamente la historia y cultura de los países latinoamericanos, para estudiar con obsesiva escrupulosidad la historia, geografía y cultura de Europa.

En una palabra, si queremos una escuela dialogante y participativa, debemos partir del ámbito local, de los sujetos reales y concretos que viven una determinada cultura, y desde la cual pueden dialogar y crecer.
También aquí debe regir el principio de Autonomía por sobre el de Heteronomía.

4. Otras características. Sin pretender agotar un tema, casi infinito por sí mismo, podemos señalar como datos característicos del nuevo escenario:

– La excitación constante a la que son sometidos niños y adolescentes desde temprana edad, especialmente por los medios de comunicación social e Internet, lo que fomenta la instantaneidad, la cultura del “zapping” y la mayor dificultad para concentrarse, para leer, para seguir un mismo tema por varios minutos, para estar sentados largas horas y atender a temas desconectados de la emocionalidad.

Todo lo cual implica encontrar un modelo educativo mucho más dinámico, con técnicas de aprendizaje a través de investigaciones y trabajos grupales, un esquema de aula diferente, y un desarrollo mucho más intenso de las capacidades artísticas y corporales que permiten armonizar el cuadro de excitación dominante para que niños y adolescentes canalicen y descarguen su ritmo ansioso en múltiples tareas artísticas, deportes de todo tipo, fiestas, concursos, campamentos y una gran variedad de iniciativas comunitarias.

El viejo sistema militar de niños sentados sin moverse, escuchando y tomando notas, ha llegado a su fin.
La vieja “clase” ahora debe transformarse en un taller donde todos se sienten aprendices desde las propias necesidades y desde los objetivos concretos que se plantean.Mueren los “alumnos” y surgen niños y adolescentes con nombre y apellido, personalidades únicas, que quieren vivir plenamente su infancia y adolescencia, que necesitan sentir y expresar sus sentimientos, y que quieren desarrollar sus propias capacidades artísticas, corporales, técnicas, artesanales sin descuidar los elementos de una cultura general que los hace partícipes de la vivencia de su país y del mundo.Fortalecer y desarrollar las particularidades de cada uno en un contexto general de globalización nacional y planetaria es el nuevo desafío.
Pero siempre se debe priorizar al sujeto, a lo local, a la identidad madre frente a lo global y lo general.
– La inmediatez de las reacciones y conductas desde emociones no controladas. Esta característica del nuevo escenario está muy conectada con la anterior: a niños y adolescentes les cuesta cada vez más controlar sus emociones para darles una salida adecuada en tiempo y espacio, de tal manera que reaccionan inmediatamente impulsados por la emoción dominante sin intercalar un espacio de reflexión y espera.Esto explica el clima generalizado de violencia e indisciplinas de todo tipo, contestaciones y provocaciones verbales de inusitada virulencia, conductas sexuales y adictivas descontroladas y un clima generalizado donde parece que la razón ya no tiene lugar a la hora de moderar las emociones.Se ha pasado de una ética excesivamente racional, controladora y represiva a una “ética emocionalista”:
“hago lo que siento, me dejo llevar por la espontaneidad”.
“Siento ganas de… y por lo tanto lo hago”,
sin medirse las consecuencias, sin atender a los derechos del prójimo y lo que es más grave aún, sin atender a la propia salud física, psicológica o social.
Se trata de conductas cada vez más generalizadas y legitimadas por el grupo (todos lo hacen) y cada vez más psicopáticas, o sea, carentes de una conciencia social.Esta característica vuelve a plantearnos en toda su crudeza el tema de la Educación de las emociones y sentimientos, tema aún ausente en las carreras del Magisterio y de los Profesorados.
→ Remitimos al lector a los excelentes artículos sobre Educación de los sentimientos “

Lo que sí queda claro es que la vieja estrategia de dar normas y consignas, de aplicar amenazas y sanciones, ya no da resultado, por lo que urge trabajar desde los casos particulares en un diálogo sincero y permanente para lograr consensos mínimos que signifiquen la salud y el bienestar de toda la comunidad.
No se trata de anular o reprimir las emociones y los sentimientos para imponer el dictamen de la razón, sino de aprender a expresar emociones y sentimientos sin hacerse daño y sin hacer daño a los demás. Una estrategia positiva que encauza el torrente emocional hacia formas sanas y adecuadas. Al decir “sanas” entendemos una salud integral: salud física-psíquica-social, según lo expresa la OMS.

3. Los pasos a seguir para un Plan Estratégico
Una vez que conocemos el escenario en el cual se van a desarrollar nuestras tareas pedagógicas, ahora corresponde lograr una Visión Compartida,siguiendo los siguientes pasos de acuerdo a una Organización Estratégica:
a) Diagnóstico detallado de la problemática de la convivencia escolar.Este diagnóstico debe ser realizado por toda la comunidad educativa, profundizando el conocimiento del escenario de cada escuela o colegio, viendo todos los detalles que conforman el cuadro de situación, buscándose al mismo tiempo las posibles causas del problema. Distinguir el diagnóstico general de la escuela, de los diagnóstico particulares (Primaria, Secundaria, Primeros cursos, Últimos Cursos, etc.)

b) Se formulan los Objetivos a lograr (el éxito, la victoria) que no son más que la cara contrapuesta del Diagnóstico. Por lo tanto, si el diagnóstico está bien hecho, los objetivos son su cara positiva.

c) Posicionamiento de los actores: el cuerpo educativo reflexiona sobre cómo se siente preparado para lograr los objetivos propuestos, analizando especialmente sus fortalezas y debilidades.

d) Se buscan las Estrategias más aptas para lograr los objetivos. Este es el tema que vamos a desarrollar a continuación, teniendo en cuenta el Escenario global de la actual educación.

e) Se formulan los proyectos o actividades necesarios para poner en práctica las estrategias elegidas.

f) Se organiza la Gestión del Proyecto, las funciones y roles de cada uno, los tiempos de ejecución y los sistemas de evaluación.

h) Se realiza una Evaluación constante de todos los aspectos señalados (se van revisando diagnósticos, objetivos, estrategias, etc.) y se hacen evaluaciones parciales y totales para realizar los ajustes del caso.

4. Las Dos Grandes Estrategias para lograr una convivencia armónica en la Escuela

Teniendo en cuenta el Escenario global de todo el panorama educativo, especialmente de América y Europa, y una extensa bibliografía, parte de la cual figura en nuestra página en el rubro “Convivencia escolar y disciplina”, formulo dos estrategias generales que permitirán abordar todos los problemas en su raíz y en su conjunto. Estas estrategias deben ser compartidas y llevadas a cabo por toda la comunidad educativa que las revisa constantemente y las adapta a nuevos cambios de escenario.
Las estrategias son la clave del éxito. Si son inadecuadas, todo el proyecto educativo fracasa.
Si son las correctas, sólo queda esperar los resultados positivos.


PRIMERA ESTRATEGIA: 
Actuar siempre desde un vínculo sano y positivo.

Por lo tanto, más importante que LO QUE se dice o se hace,
es el VÍNCULO desde el cual se dice o se hace.
El Diálogo es  siempre la forma normal de comunicación educativa.

Esta estrategia es la “Primera” porque entendemos que si fracasa esta estrategia, todo el proceso educativo se viene abajo. Sólo se educa desde el diálogo en un vínculo sano.
Por lo tanto: lo primero (antes que nada y constantemente, siempre y en todas partes) a lograr es un estilo vincular entre el cuerpo directivo y el resto de la comunidad, entre los educadores, entre educadores y educandos, y entre educandos entre sí, entre educadores-educandos y familia, basado en sentimientos positivos de respeto, de confianza, de afecto y de solidaridad.

Entendemos que no se puede enseñar ni aprender si no hay un buen vínculo, porque el vínculo positivo es el puente sobre el que se deslizan conocimientos, acciones y normas educativas, de tal manera que si se rechaza el vínculo, automáticamente se rechaza a la persona y se rechazan conocimientos, acciones y normas.
Los vínculos son como los rieles sobre los que se desplazan los vagones de contenidos educativos.
Aclaremos esto:
lo primero no es enseñar ni aprender,
lo primero no son los conocimientos ni las ciencias,
lo primero no es desarrollar un programa curricular,
lo primero no son las normas disciplinarias.
Lo primero es establecer un vínculo positivo, afectuoso, impregnado de simpatía hacia los educandos.
Así, pues, los vínculos son el Puente entre los distintos miembros de la comunidad educativa, y desde el vínculo cada interlocutor interpreta el mensaje verbal o explícito que le llega.
Si el educando rechaza el vínculo propuesto por el docente (porque lo siente lejano, o agresivo, o indiferente, etc.) automáticamente rechazará todo lo que provenga de ese docente.

Pero si el educando acepta el vínculo propuesto (porque se siente bien tratado, respetado,
apreciado, amado) entonces todo su psiquismo se dispone a recibir favorablemente los posibles “contenidos” que le llegan del educador.
Y esto vale para la escuela  y para la familia.
Por eso decimos En el vínculo está el mensaje

Hay que tener en cuenta, siguiendo la Neurología
de las emociones y sentimientos, que emociones y sentimientos (con sede en el sistema límbico) siempre anteceden al proceso de la lógica racional (cuya sede es el lóbulo central frontal), de allí la importancia de llegar a los educandos desde un vínculo afectivamente positivo, sereno, confiado y amigable.
El sistema límbico “informa” al cerebro racional sobre cómo deben ser recepcionados los mensajes.

Es probable que especialmente los adolescentes (escuela secundaria) vengan con un preconcepto o prejuicio negativo respecto a toda la escuela o respecto a tal profesor o directivo.
Motivo más para  enviar claros mensajes vinculares positivos que contrarresten el prejuicio, sin enfadarse por ciertas actitudes de los chicos y sin ponerse a la defensiva o asumir un papel de víctimas.

Es evidente que si este sistema vincular positivo ya se logra en la primaria, o en los primeros grados o cursos, con facilidad se conseguirá un buen vínculo en los años sucesivos.
Pero si se comienza el proyecto vincular, aplicando esta primera estrategia en el segundo, tercer o cuarto año, habrá una cierta inercia negativa que vencer hasta lograrse la confianza de los educandos.

Por todo ello es aconsejable que en las primeras semanas de escuela toda la comunidad educativa realice actividades encaminadas a lograr un buen vínculo, comenzando por crear un clima sereno y alegre, realizando actividades no tradicionales como pueden ser deportes, actos musicales, jornadas reflexivas con proyección de películas, algún campamento, etc.

Y por cierto, en todo momento establecer un trato sereno y amigable con los educandos y con  los colegas.
Pero tener en cuenta que en un primer momento esta estrategia de vínculo positivo también es un objetivo a lograr con todas las dificultades de las relaciones intersujetivas.

Hablamos de vínculo positivo, o sea, que descansa y se apoya en sentimientos positivos:
respeto, afecto, sinceridad, cordialidad, alegría, escucha, colaboración.

Y es el lenguaje pre-verbal (postura corporal, gestos, mirada, silencios) y
para-verbal (entonación de la voz) lo que expresa en todas las culturas el estilo vincular.
Cuando las palabras o el mensaje explícito no coinciden con el mensaje pre y para verbal, lenguaje de los sentimientos, tenemos una ruptura llamada “doble mensaje”.
En tal caso, siempre se atiende al lenguaje vincular del sentimiento y se desecha el mensaje verbal.
De allí la importancia de que los educadores se conozcan a sí mismos, sepan expresarse con lenguaje armónico que diga lo que se siente y que sea recibido en la misma sintonía.

El vínculo positivo se transforma en estrategia 
si se aplica a todas las actividades escolares sin excepción, tanto al dictado de clases como a la elección de las normas de convivencia.

a- Esto quiere decir que los docentes practicarán el diálogo amigable durante el dictado de cualquier asignatura, promoviendo la investigación y los aportes individuales, el trabajo en equipo y facilitando la expresión de ideas y sentimientos.
También pueden realizar consultas a los alumnos sobre los temas a tratar o sobre la incorporación de nuevos temas, sobre la metodología a emplear, sobre los momentos de descanso, sobre las formas de evaluación, etc.

Y hablando de evaluación o de exámenes, no borrar con el codo lo que escribimos con la mano. El momento de la evaluación está comprendido dentro de la estrategia primera.
Por tanto debe ser realizada en un clima sereno y amigable, como parte del aprendizaje y, a ser posible y según las asignaturas, con ciertos elementos de autoevaluación.
No es un misterio que muchos alumnos (chicos y grandes) se bloquean con sólo ver la cara del profesor!

En cambio el vínculo sereno y amigable permite a la inteligencia y a la memoria expresarse con amplia libertad y eficacia. Es una experiencia universal avalada por la neurología y la psicología. De allí la importancia de educar y enseñar desde la alegría, algo que tan a menudo brilla por su ausencia en nuestras escuelas.
Suelo tener este axioma:
Lo que se estudia con alegría, se aprende,
lo que se estudia sin alegría,
se estudia para el examen.
He allí la diferencia.

→ Ver nuestro Curso de Comunicación- Vínculos

b-  Pero donde más debe aplicarse la estrategia del diálogo y del vínculo positivo es en la elaboración de las normas de convivencia.
Estas no vienen dadas a priori por la autoridad sino que constituyen el ejercicio de una ética autónoma y democrática.
Niños y adolescentes deben reunirse y elaborar las normas de convivencia, en forma separada y luego en conjunto con los padres y educadores.

La sana convivencia es responsabilidad de toda la comunidad, y por lo tanto toda la comunidad es quien elabora el estilo de convivencia que se quiere disfrutar.
Los educandos asumen su responsabilidad desde el inicio y no solamente “aplicando” las normas dadas por los adultos.
Quienes han hecho o hemos hecho esta experiencia, sabemos con qué responsabilidad y exigencia los niños y adolescentes, según su edad y madurez, asumen esta tarea.
Entonces entienden que las normas de convivencia no sólo surgen de ellos mismos, sino que ellos mismos son los principales beneficiarios y responsables de su cumplimiento..

Estas normas tienen dos categorías bien diferenciadas:
– Unas son permanentes en la vida de toda persona y tienen que ver con la práctica de los derechos humanos: con el respeto a la vida y a la integridad propia y de los otros, con la no discriminación, con el respeto y la defensa de los más débiles, con la seguridad, con saber expresar lo que se siente y piensa con un lenguaje adecuado sin herir a los otros, con actitudes de compromiso y solidaridad, con la conservación de un medio ambiente sano, etc.

O sea, constituyen normas de ética valederas para toda la vida.
Estas son normas encaminadas a la “salud” integral de cada uno y de la comunidad, salud física, psíquica, espiritual y social.
Estas normas se preguntan por lo que es Sano y Sabio para alcanzar una Armonía integral de la persona y el Sentido de la Vida.

– Otras, en cambio, son normas que se preguntan por lo que es “conveniente y adecuado” en “esta circunstancia” escolar en que se vive. Por ejemplo, cuál es el horario adecuado en verano o en invierno, cuál es la ropa adecuada para venir a clase o para practicar deporte, cuál la forma adecuada para atender en clase, solicitar un permiso o para realizar cualquier actividad escolar. Si bien estas normas deben ser cumplidas para mantener un orden y una armonía en la comunidad, es evidente que no tienen la importancia de las normas de la salud integral. Son normas relativas y opcionales para situaciones particulares.

Los educadores ayudarán
a los educandos en esta diferenciación y, al mismo tiempo, ayudarán a que todas las normas tengan una explicación racional, un porqué que las justifique.

Tras varias reuniones tanto de padres, como de educadores escolares como de alumnos, se pueden nombrar delegados que armonicen todas estas normativas de convivencia, las redacten y las presenten a toda la comunidad para su posible corrección y su aplicación.

Respecto a la supervisión del cumplimiento de las normas de convivencia, lo mejor es que los propios educandos se responsabilicen de ello, por ejemplo mediante una comisión elegida ad hoc que puede ser mixta (alumnos y educadores) Si no hay control, todo puede quedar en el vacío.

Cuando exista incumplimiento de las normas democráticamente asumidas, el equipo responsable debe aplicar sanciones reparatorias previamente fijadas por la comunidad.
Decimos sanciones reparatorias, no decimos “castigos” ni tampoco “premios” cuando se cumplen las normas.
La reparación (tan ausente en nuestra sociedad) es una conducta contrapuesta al incumplimiento que reconstruye la armonía rota. Así, si alguien ofendió a un profesor o a un compañero, deberá pedir disculpas; si alguien no trae un trabajo práctico, la reparación es traerlo dentro de un plazo determinado, y así sucesivamente.
Ante ciertas faltas reiteradas puede procederse en etapas: hablar con la persona, hablar con sus padres, imponer una sanción reparatoria comunitaria, etc.

Lo importante es mantener la estrategia de base: todo se dice y todo se hace desde un vínculo
positivo y sano. Por lo tanto: no se insulta al transgresor, no se lo humilla, no se lo castiga, no se lo descalifica.
Es el paso del modelo represor al modelo democrático constructivo.


Aceptada por toda la comunidad educativa esta primera estrategia, lo que resta a cargo de alumnos, docentes, preceptores, padres, etc. es implementar diversos proyectos o actividades para poner en práctica esta estrategia, desarrollarla y fortalecerla.
Por ejemplo, como lo han sugerido numerosos grupos de reflexión con los que he trabajado: a través de campamentos, de jornadas deportivas, de tareas comunitarias, de radios o periódicos educativos, de proyectos de embellecimiento de la escuela, de actividades artísticas (coros, teatro, danza, etc.), de fiestas escolares, de festejos de cumpleaños, etc.
Es una escuela que vive y que goza viviendo… y que aprende desde el gozo.

SEGUNDA ESTATEGIA: 
Actuar siempre COMPARTIENDO EL PODER con la PARTICIPACIÓN de toda la comunidad,
siendo los educandos los Protagonistas.


Esta segunda estrategia general complementa a la primera y es su consecuencia. Será falso todo diálogo educativo que no cambie la estructura de poder de  la escuela. 

Seguramente esta estrategia podrá ser resistida por muchos directivos y docentes que le tienen miedo a la democracia “dentro de la misma escuela”. Y este es el problema.
Es evidente que el conocimiento otorga poder y que el controlar a los demás, el educarlos, el dirigirlos, el sancionarlos, otorga un gran poder. Por lo tanto, podemos hablar del Poder Educativo.

Pero la pregunta es dónde reside o debe residir el poder educativo.
En el viejo esquema modernista-militarista-enciclopedista era evidente que el poder educativo residía en la Institución Educativa del Estado o de la Iglesia, en la gente que sabía y que enseñaba y orientaba la vida de los que no sabían, de los que no tenían la palabra (in-fantes), de los que no eran maduros porque estaban creciendo hacia la adultez (adolescentes).
El poder educativo bajaba verticalmente siempre desde arriba (los “superiores”) en grados descendentes hasta llegar a los “alumnos” que pasivamente abrían su boca para recibir el alimento del conocimiento.
Deseo recordar que la palabra “alumno” proviene del latín alumnus, del imperio romano, e indicaba la gente pobre que era alimentada por el Estado.

Pero hoy vivimos, al menos teóricamente, en democracia y la escuela debe democratizarse, ya que el poder educativo reside en toda la comunidad educativa:
padres-educandos- educadores-directivos.

Y lo que resulta más significativo es que este poder reside fundamentalmente en los propios padres e hijos que llegan a la escuela para ejercer su derecho y hacer efectivo ese poder que ya lo tienen desde el momento en que deciden educarse en tal escuela, para lo cual pagan sus impuestas o sus cuotas en escuelas privadas.
Son los niños y adolescentes los realmente interesados en la escuela, son los que la necesitan como un instrumento para desarrollarse y para obtener un título o certificado que los habiliten para ser útiles a la sociedad y ciudadanos comprometidos.

El resto -docentes, preceptores, administrativos y directivos- están al servicio de la familia y de los niños y adolescentes, aunque generalmente de servidores de la familia-hijos se transforman en dueños del saber y de la educación.

Al hablar de estrategias educativas
no estamos pensando (como suele suceder) en cómo dominar a los alumnos, cómo vencerlos o con-vencerlos para que acepten nuestro sistema.
Los alumnos no son los adversarios a dominar como el pueblo no es el objetivo a dominar por parte de los dirigentes políticos (aunque en la práctica muchas veces es así).
Los educandos son, si se me permite la expresión, “el pueblo educativo” que tiene el poder de aprender, de desarrollar sus capacidades, de elegir tal o cual escuela, y por lo tanto, tiene el poder de organizar su modelo educativo en conjunto con el resto de la comunidad educativa, conformando todos un solo Cuerpo Colegiado.


Lograr esta estructura democrática de la escuela
es nuestro gran desafío, superando un estilo escolar autoritario, antidemocrático, impositivo con una radical división entre Educadores y Educandos, unos arriba y otros abajo.
Directivos, profesores, preceptores, administrativos son los aliados de los educandos-familia para que logren su objetivo con el menor costo posible y de la manera más eficaz.
Por lo tanto, todo este Cuerpo Colegiado, toda esta Comunidad Educativa:
–         lucha por los mismos objetivos y éxito: el desarrollo integral de niños y adolescentes
–         en un clima de democracia participativa y
–    cumplimiento de los Derechos Humanos Universales.

→ Véanse los varios artículos sobre Educación en Derechos Humanos

Como ya lo hemos señalado, los niños y adolescentes no son súbditos de los educadores, no son miembros pasivos frente a la actividad docente, sino que son Sujetos de Derecho con el derecho de desarrollarse plenamente según indica la Convención de los Derechos del Niño:

Artículo 28 1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a la educación y, a fin de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de oportunidades ese derecho, deberán en particular: a) Implantar la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos…

Artículo 29. 1. Los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a:
a) Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades;
b) Inculcar al niño el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales y de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas;
c) Inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizaciones distintas de la suya;

d) Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena;
e) Inculcar al niño el respeto del medio ambiente natural. 

Pero mal puede la escuela
“preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia”
si esa responsabilidad el niño no la ejerce en la propia escuela en la que no asume una vida responsable ni se siente libre ni vive un espíritu de comprensión, paz y tolerancia.

El error de nuestra educación es que pretende “enseñar responsabilidad y democrática” durante largo años en que los niños y adolescentes no viven la responsabilidad ni la democracia, en un régimen antidemocrático, dirigista, autoritario y con el mínimo de participación de los educandos. Todo un monumento a la incoherencia.

La escuela debe ser una “escuela de aprendizaje democrático” no para el futuro, sino ya desde el presente.
La democracia y la responsabilidad ciudadana, como la ética y los derechos humanos, no se aprenden con clases teóricas y lectura de libros sino sólo desde el ejercicio actual en una estructura educativa que vive la democracia, que reparte y comparte el poder y por lo tanto la responsabilidad, que vive todos y cada uno de los derechos humanos.
Esta es la gran y segunda estrategia para la convivencia “con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad”, como dice la Convención del Niño.

Por lo tanto, necesitamos una escuela que en su propia estructura, en su organización, en su funcionamiento viva la democracia, el diálogo, la igualdad y la libertad, la comprensión y la tolerancia. Lo demás es un discurso hueco si no se asienta sobre una real democracia, cuyos sujetos de derecho, son en primer lugar los padres y sus hijos educandos.
Recordar que el desarrollo integral supone siempre que cada uno es actor de su propio desarrollo y no solamente beneficiario.

Para ayudarlos en esta tarea de “desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades” están los aliados, los guías, los acompañantes que son los adultos que ofrecen esta inestimable ayuda.

Me gusta llamar a los adultos educadores los mistagogos, o sea los que acompañan y guían a niños y adolescentes hacia el misterio de la vida. Porque de eso se trata.
No vivimos para ir a la escuela ni para estudiar ni para cumplir normas, sino que estudiamos, vamos a la escuela y cumplimos normas de convivencia para vivir y vivir plenamente.

Reitero
: el poder reside en toda la comunidad y por tanto, la responsabilidad educativa es compartida por toda la comunidad.
A veces escucho: “de la disciplina se encargan los preceptores o la dirección; de la educación se encargan los docentes”.
Grave error: tanto de la enseñanza y del aprendizaje, como de la educación, como de la disciplina de convivencia se encargan y responsabilizan todos, especialmente la familia y los educandos.
Se comparte el poder y se comparte la responsabilidad correspondiente.
Lo que es distinto en cada estamento de la comunidad es el rol o la función que se le asigna a cada uno. Se delegan funciones; no se delegan responsabilidades ni poder.

Esta distribución de poderes y responsabilidades significará un gran alivio para los docentes que sienten que deben encargarse de todo y perder gran tiempo de la docencia en interrupciones disciplinarias con un gran desgaste psicológico.
En el esquema que propongo, los docentes asumen la función de la docencia, valga la redundancia, los alumnos la del aprendizaje y su formación, y los padres la supervisión y gestión general.
Y todos asumen la responsabilidad del desarrollo integral de los educandos.

Este criterio participativo ya fue expresado por Sun Tzu hace 2.600 años cuando hablando de un ejército dijo:
“Cuando hay entusiasmo, convicción, orden, organización, recursos, compromiso con los soldados, tienes la fuerza del ímpetu, y el tímido es valeroso.
Así es posible asignar una tarea a los soldados según sus capacidades y habilidades, y encomendarles deberes y responsabilidades adecuados. El valiente puede luchar, el cuidadoso puede ser centinela, y el inteligente puede estudiar, analizar y comunicar. Cada cual es útil.”

Cómo se reparte el poder y la responsabilidad

Este cambio de estructuras que provoca la segunda y gran estrategia es la tarea a realizar por toda la comunidad educativa.
Seguramente cada escuela irá viendo sus posibilidades y desarrollará concreciones distintas, teniéndose en cuenta la edad de los educandos, el estilo de cada escuela, el grado de compromiso de padres y docentes, los recursos, las fortalezas y debilidades, etc.

Lo que sí está claro es que esta segunda estrategia dice
. que toda la comunidad educativa y en toda circunstancia
. buscará el mayor reparto posible de poder y la mayor participación de los educandos.
Decimos “participación” y no decimos “colaboración”.
En la participación el mismo poder es repartido según funciones y responsabilidades encaminadas al mismo fin;
en la colaboración unos detentan el poder (piensan, deciden, gestionan, controlan) y los otros co-laboran en un rol subsidiario y dependiente. Unos planifican y deciden, y otros ejecutan y obedecen.


Por supuesto que en la mayoría de las escuelas, esta segunda estrategia es al mismo tiempo un objetivo a lograr, y un largo aprendizaje.
Lo importante es que toda la comunidad, insistimos “toda”, se proponga poner en práctica esta estrategia que resolverá junto a la primera la mayoría de los conflictos que hoy padece la escuela.

Tener en cuenta en esto el factor humano: seguramente habrá algunos directivos, supervisores, ministros de educación, docentes, alumnos o padres con un perfil negativo y derrotista que intentarán boicotear o frenar este proceso democratizador.
Motivo más para hacer todo un trabajo de concientización, de reflexión, de análisis de las fortalezas y debilidades de la comunidad, a fin de lograrse una visión compartida  que incluya el diagnóstico del escenario, los objetivos a concretar y las estrategias a implementar.

¿Tienen todos los actores de la comunidad educativa la misma visión sobre el diagnóstico, el escenario, los objetivos y las estrategias? ¿O cada uno se las arregla como puede?

Nuevamente aquí es útil recordar a Sun Tzu:
“Un ejército victorioso gana primero, y entabla la batalla después. En cambio, un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después. Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no la tienen.”

La democratización interna de la escuela es perfectamente posible.
Pero ¿existe en la comunidad educativa decisión y confianza para ello?
Hay dos sectores de la comunidad educativa en los que hay que fortalecer el reparto de poder y la participación: Padres y Educandos.
– Respecto a los padres: siempre se insiste en su importancia, pero en la práctica se los convoca para cuestiones disciplinarias de sus hijos, por problemas de estudios, para recaudar fondos,
para actos escolares (y a menudo para “retarlos”), pero siempre por iniciativa de docentes y directivos, y como “convidados de piedra”.
En esta nueva estrategia  proponemos:
se aspira a que los padres sean actores de la educación participando en un consejo directivo,
en organismos de consulta permanente, escuchándolos en todos los aspectos educativos.
Se aspira a que no miren la escuela desde afuera sino desde dentro.
Buenas experiencias que se están haciendo confirman que esto no sólo es perfectamente posible, sino necesario. Estamos hablando siempre de la escuela obligatoria, primaria y secundaria, la que está al servicio de la comunidad local y atiende a sus necesidades.

– Respecto a los niños y adolescentes:
son muchísimas las iniciativas que pueden promover esta estrategia. Ya hablamos de que todas las normas de convivencia se deben realizar con la participación de los educandos (y de sus padres).

También podemos hacer que participen en el cuidado y embellecimiento de la escuela, de las aulas y de los patios, generando una estructura edilicia acorde con sus necesidades. Deben participar también con su opinión sobre el contenido de las asignaturas, sobre la metodología y didáctica del profesor, sobre la forma de las evaluaciones, con evaluaciones a los profesores, incluso en el control de las asistencias.
Un campo especial de participación es la organización de todo tipo de actividades extra-curriculares, especialmente las de tipo artístico, cultural, recreativo y deportivo.

Y por supuesto, mientras que los adolescentes mayores pueden participar en el Consejo Directivo con algún o algunos delegados, siempre estarán presentes todos por medio de la participación de sus padres en dicho Consejo.

Muchas de estas actividades participativas ya se están realizando. Lo que resta es transformarlas en una estrategia general para ser aplicada siempre y en todas las actividades en grados correlativos a la madurez de los educandos y con funciones y roles específicos según el esquema de cualquier organización inteligente y estratégica.

Una dificultad que se presenta es la obligatoriedad de la escolarización en los adolescentes que en muchos países llega hasta el quinto año del secundario, entre los 17 y 18 años. Esta extensa obligatoriedad provoca cansancio, aburrimiento y resistencia.

Y hay cierto contrasentido: se obliga a ir a la escuela para aprender a no actuar “obligados.” Es tarea de los padres principalmente y de los docentes el ayudar a los niños y adolescentes a comprender que es una etapa transitoria y necesaria para que no se sientan indefensos en la vida.

Personalmente considero que la obligatoriedad del estudio primario y secundario es suficiente que se aplique desde los 6 o 7 años hasta los 14-15, o sea, hasta el tercer año del secundario.
Queda a cargo de adolescentes y padres continuar  voluntariamente con otros estudios específicos de 1, 2 ó 3 años según necesidades (culturales, tecnológicas, agrotécnicas, etc.) de cada región, para ingresar posteriormente quienes lo deseen a la Universidad o a Centros Superiores de Estudio.

Entiendo que si se aplican las dos grandes estrategias que propongo, y que surgen de una gran cantidad de investigaciones en Europa y América, se gana en intensidad de aprendizaje, ya que la prolongación de la obligatoriedad no significa necesariamente mejor educación.
Con seis grados de la primaria y tres años de la secundaria se puede mantener un muy buen ritmo de aprendizaje, recordando que cuando la persona estudia con alegría y buenos sentimientos, cuando está motivada por vínculos sanos y por una intensa participación, la inteligencia rinde al máximo de sus posibilidades.

Finalizo con un texto del discípulo de Sun Tzu, que dejo para la reflexión de todos los que creemos en la participación de toda la comunidad: “Mira con los ojos de todo el mundo y no habrá nada que no puedas ver.
Escucha con los oídos de todo el mundo y no habrá nada que no puedas oír.
Piensa con la mente de todo el país y no habrá nada que no puedas conocer” (Sun Bin).

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