Buda y Budismo

BUDA Y BUDISMO

Buda, literalmente, “el iluminado”. Figura que alcanzó importancia en India y cuyas doctrinas se difundieron hasta sentar las bases de una religión ecuménica. La doctrina fundamental sostiene que el individuo posee los medios para acceder a la salvación personal, la leyenda cuenta que Siddharta Gautama (alrededor de 563 -479 a.A.) príncipe del norte de la India, se convirtió en Buda.
Buda jamás negó el panteón indio y sostuvo que en vidas anteriores había sido INDRA, dios hindú del Sol.

Cuando llegó el momento del nacimiento de Buda, terremotos y milagros dieron testimonio de su ascendencia divina. Su madre Maya, soberana de un pequeño reino situado en la moderna frontera entre India y Nepal, soñó que vio a Siddharta, el futuro Buda, descender hasta su útero en forma de elefante blanco.
Ese sueño (que equivalía a una concepción milagrosa) y los signos naturales correspondientes fueron interpretados por sesenta y cuatro brahmanes, que auguraron el nacimiento de un niño que se convertiría en monarca del mundo o, si tomaba conciencia de los sufrimientos humanos, en salvador del mundo.

Según una de las leyendas, Maya murió siete días después de dar a luz al príncipe. Al haber alcanzado el conocimiento supremo y por piedad filial, Buda ascendió a los cielos y allí residió tres meses, predicando la ley a su madre.
Preocupado por la profecía según la cual el joven príncipe no se convertiría en un gran gobernante si era testigo del dolor del mundo, el padre de Siddharta hizo lo imposible por protegerlo del mundo exterior. Mando construir un lujoso palacio en el que se ofrecían todos los placeres imaginables para entretener al joven e incluso prohibió el uso de palabras como “muerte” y “dolor”.

Cuando Siddharta expreso su deseo de ver el mundo exterior, el rey lo llevó a una ciudad próxima, aunque antes ordenó que limpiaran las calles, las adornaran con flores y retiraran todo lo que pudiera ser desagradable. Pese a los esfuerzos de su padre, Siddharta vio a un inválido, a un anciano y a un cadáver que trasladaban hasta el lugar de la incineración y se sobresaltó al saber que las personas enferman, envejecen y mueren.
Para apartar de su mente esa revelación, el rey organizó el matrimonio del joven con una bella princesa, que le dio un hijo. Sin embargo, el nombre que Siddharta escogió para su vástago, Rahula, que significa “cautiverio”, demuestra que, pese a los esfuerzos de su padre. Siddharta se sentía prisionero en el palacio.
Una noche en que deambulaba por el palacio, Siddharta vio a las bailarinas que dormían tras los excesos de la velada y le llamó la atención el contraste con los movimientos delicados y graciosos que ejecutaban al danzar. Siddharta decidió abandonar el trono, la familia y a su hijo y buscar el mundo real. Se cortó el pelo y se cambió el nombre por el de Gautama.

Gautama se convirtió en un asceta errante y decidió a descubrir la naturaleza del mundo. Durante seis años intentó, sin éxito, seguir el camino del sufrimiento físico. Después se dirigió a Boda Gaya, donde había una higuera conocida como el Árbol de la Sabiduría. Decidió sentarse a meditar bajo el árbol hasta agotar su búsqueda.

Mientras Gautama meditaba, el demonio MARA intentó hacerlo caer en la tentación. Mara envió a sus bellas hijas para que sedujeran a Buda, pero éste las rechazó. Luego lo amenazó con monstruosos demonios que tampoco lograron perturbar su concentración en un arrebato de desesperación ante la calma imperturbable de Buda, Mara le arrojó el arma demoníaca definitiva, un disco ígneo que tenía la capacidad de atravesar las montañas. Pero, el disco se convirtió en un dosel de flores que flotó sobre la cabeza de Gautama.
La contemplación duró cinco semanas. Gautama incluso permaneció inmóvil en medio de una abrumadora tormenta, protegido por Muchalinda, el dios serpiente cuya impresionante capucha a menudo aparece cubriendo al monje que medita.

Cumplida la quinta semana, Gautama alcanzó la iluminación, comprendió las raíces del sufrimiento y supo que, para evitarlo, hay que alcanzar un estado de ausencia de deseo. Por eso se convirtió en Buda, aquel que está libre de todo sufrimiento y del ciclo de la reencarnación
Buda se vio enfrentado a una elección. Podía entrar en el nirvana, el estado no perturbado de la conciencia suprema, y abandonar el mundo o, renunciando momentáneamente a la liberación personal, enseñar el camino a sus congéneres. Mara lo apremió para que escogiera la primera opción y BRAHMA para que se decantase por la segunda. Al final Buda cedió a las súplicas del dios creador. Se dedicó a viajar y a enseñar, fundó una orden monástica y sentó las bases de la era budista en la civilización india.

Después de la muerte de Buda, la religión se dividió y la mitología budista se desarrolló aún más en el seno de las escuelas de pensamiento rivales.

También se adoró a otras encarnaciones de Buda, como AVALOKITESHVARA, un bodhisattva o aspirante a Buda. En China se creía que el bodhisattva Manjusri guiaba a los seres sufrientes a la iluminación. En India y el este de Asia desempeña un papel equivalente el bodhisattva Ksitigarbha, que deambula por los reinos del infierno consolando a las almas torturadas.
Algunas sectas creen en un Buda futuro llamado Maitreya. En Japón este salvador último recibe el nombre de Fugen-bosat-su. También hay un Buda primordial y autoexistente llamado Amitabha, que en Japón se conoce como Amida-nyorai.

 

EL BUDISMO:

 

Religión articulada en torno a la figura de Buda cuyo principal objetivo consiste en alcanzar un estado de iluminación conocido como “nirvana”. En más de 2.500 años de historia, incluye una gran diversidad de tradiciones.

B

 

U

 

D

 

I

 

S

 

M

O

DIOS
  • El Budismo primitivo no habla sobre Dios, aunque en el budismo posterior (Mahayana) se da culto a Buda como a Dios.
MEDIACIONES:

. Mitos y relatos
. Ritos y fiestas.
. Lugares
sagrados

. Oración

. Moral

 

 

  • No existe ningún libro que reúne los relatos de esta religión.
  • Los mitos y relatos más representativos son sobre la vida de Buda y los relatos que recogen su palabra.
  • El personaje más importante de esos relatos es Buda.
  • La fiesta principal es en mayo, cuando se conmemora el nacimiento, la iluminación y la entrada en el nirvana de Buda.
  • Lumbini (Nepal). Nacimiento de Buda.
  • Bodhgaya (India). Iluminación de Buda.
  • Sarnath (India). Primer sermón.
  • Kusinagara (India). Muerte de Buda.
  • La oración es muy importante para el Budismo, el monje, modelo para el budista, pasa su vida orando.
  • El monje budista: mendicidad, celibato, no violencia.
  • En general cinco preceptos: no robar, no matar, castidad, veracidad, no ingerir productos intoxicantes que oscurecen el espíritu.
ACTITUD RELIGIOSA    El budista no manifiesta ninguna actitud ante la       divinidad

 

 

Cosmología Budista

Traducción: José Silvestre Montesinos

 

Los siguientes apartados explican algunos de los conceptos e ideas del Budismo que tienen un carácter más marcadamente metafórico o, simple y llanamente, mitológico. Sin embargo, estas ideas aparecen incluso en los textos más elaborados, así que el estudiante Budista debería estar familiarizado con ellas, incluso a pesar de que parece que más que contribuir, lo que hacen es alejarnos de un conocimiento más profundo del Dharma.

 

Los occidentales se sienten más incómodos en este ámbito que los orientales, que han crecido con estos términos. Pero sólo con pensar un poco el lector se dará cuenta de que contamos con conceptos similares en occidente: Cielo e infierno, espíritus y ángeles, la trinidad, los santos… Tanto si los tomamos literalmente como si no, es evidente que forman parte de nuestro modo de contar las historias.

 

Los Budistas, siguiendo las tradiciones de sus ancestros indios, contemplaban el universo como infinito en tiempo y en espacio, y pensaban que estaba lleno de un número infinito de mundos como el nuestro.

Por encima de nuestro mundo ordinario, existen dos reinos: el reino de la forma (rupadhatu) y el reino más superior aún de la ausencia de forma (arupa-dhatu).

 

Por debajo de ambos está el reino del deseo (kama-dhatu) que contiene seis dominios (gatis), cada uno con su propio tipo de seres:

  1. Devas o dioses
  2. Asuras o titanes (o semidioses)
  3. Manusyas o humanos
  4. Tiryaks o animales
  5. Pretas o almas en pena
  6. Narakas o demonios (seres malignos)

 

Todos estos reinos, incluso los de la forma y la ausencia de forma, están en el samsara, la existencia imperfecta, y por tanto gobernados por el karma y sus frutos (vipaka).

El mundo se extiende alrededor del Monte Meru. Más allá de la cima está el reino de los campos (o los cielos) de Buda. En la vertiente más alta están los dioses. Los titanes viven en las más bajas. Los animales y los humanos viven en las planicies que se extienden alrededor de la montaña. Las almas en pena viven en la superficie o justo debajo. Y el infierno está en lo más profundo de la tierra. Todo este escenario está rodeado de un gran océano.

 

En la Cosmología Budista se mide el tiempo en kalpas. Originalmente, un kalpa equivalía a 4.320.000 años. Los estudiosos budistas lo ampliaron gracias a una metáfora: frota una vez cada cien años una roca cúbica de una milla de diámetro con un trozo de seda; cuando la roca se haya difuminado, ¡todavía no habrá pasado un kalpa! Durante un kalpa, el mundo adquiere su ser, existe, es destruido y a esto le sigue un período de vacío absoluto. Después, todo vuelve a comenzar de nuevo.

 

Algunos de los actores que aparecen en escena en la mitología budista son…

Brahma: el deva supremo, que convenció a Buda para que comenzara a enseñar.

Indra: un deva principal, originariamente el dios de los cielos del Hinduismo

Prajña: la diosa del conocimiento. Se consideraba que la madre de Buda era su encarnación.

Mara: un deva asociado con la muerte y un obstáculo para la iluminación. Fue Mara quien trató de tentar a Buda bajo el árbol de la iluminación.

Yama: el rey de los 21 infiernos

Nagas: grandes serpientes (o dragones, o criaturas del agua). El rey de los Nagas protegió a Buda de una tormenta.

Gandharvas: seres angelicales que ofrecen música a los dioses.

 

TRIKAYA

En la tradición Mahayana y especialmente para los Vajrayana, la idea de Buda y su Dharma evolucionó hacia un sistema más elaborado llamado el Trikaya, o los tres cuerpos de Buda:

  1. Nirmanakaya: los Budas (y los Bodhisattvas) terrenales, personificados

característicamente por Siddhartha Gautama. En el Tibet, la reencarnación intencional de un maestro fallecido.

  1. Sambhogakaya: los Budas en sus cielos como resultado de los méritos acumulados. O, en el Zen, la iluminación. En el Budismo tibetano, se refiere a los medios necesarios para alcanzar el Dharmakaya, por ejemplo, la capacidad de la meditación sobre la visualización de varias deidades llamadas yidams, que son símbolos arquetípicos de diferentes cualidades de la iluminación.
  2. Dharmakaya: las enseñanzas de Buda, y la verdadera naturaleza de Buda, que lo contiene a todo. La mente de Buda o Shunyata.

En el Tibet, también se refieren al cuerpo, el habla y la mente de un maestro. Están representados por el mudra, el mantra y el mandala, respectivamente.

 

Familias de Budas

Budas trascendentes (Dhyani Budas)

Simbolizan aspectos de la conciencia iluminada:

  1. Vairochana: Centro, blanco, familia tathagata, ignorancia y sabiduría, el Buda primordial.
  2. Akshobhya: Este, azul, familia vajra (diamante), agresión y sabiduría en espejo.
  3. Ratnasambhava: Sur, amarillo, familia ratna (joya), orgullo y ecuanimidad.
  4. Amitabha (1): Oeste, rojo, familia padma (loto), pasión y agudeza de conciencia, gobierna la época presente.
  5. Amoghasiddhi: Norte, verde, familia karma, envidia y sabiduría absoluta.

 

Bodhisattvas y Budas

 

Correspondiendo con estos cinco Budas Trascendentes, existen cinco Bodhisattvas y cinco Budas terrenales:

  1. Samantabhadra Krakucchanda
  2. Vajrapani Kanakamuni
  3. Ratnapani Kashyapa
  4. Avalokiteshvara (Kuan Yin) (2) Shakyamuni (Siddhartha Gotama)
  5. Vishvapani Maitreya (el Buda del futuro) (3)

(1) Amitabha es el Buda trascendente para la tradición “Tierra Pura” del Oeste. Amitabha gobierna este período de tiempo presente.

(2) Avalokiteshwara (Chenrezi, Kwan Yin, Kwannon) es el Bodhisattva de la compasión. Avalokiteshwara se representa a menudo en la tradición Mahayana con una figura femenina o ambigua. (Ver imagen de la derecha)

Las Taras son un conjunto de 21 mujeres salvadoras, nacidas de las lágrimas de Avalokiteshwara. La Tara verde y la Tara blanca son las más conocidas.

(3) Maitreya es el Buda del futuro, que nacerá dentro de 30.000 años. El monje chino Putai (Ho-tei en japonés), “el Buda risueño”, se considera una preencarnación de Maitreya.

 

© Copyright 2007, C. George Boeree, José Silvestre Montesinos

 

KARMA
Los actos tienen consecuencias

La doctrina budista fundamental es la de la coproducción condicionada. Todo surge en dependencia de ciertas condiciones y nada tiene una esencia fija y básica; tampoco nosotros. Lo que somos ahora es el resultado de las condiciones de nuestro pasado. Lo que seremos en el futuro estará determinado por las condiciones del presente y uno de los factores determinantes principales de lo que seremos en el futuro es nuestro comportamiento actual.

Nuestros actos determinan lo que somos. Esta premisa hace posible una vida espiritual y el Buda así lo entendió. Al empezar a cambiar nuestro comportamiento también comenzamos a hacernos diferentes. Ésta es la raíz de toda creatividad. No estamos predestinados a repetir las pautas de comportamiento del pasado, volviendo a ser la misma persona una y otra vez, sino que podemos convertirnos en una nueva persona. Cada instante de la vida presenta una serie infinita de posibilidades.

La ley del karma

La forma en que configuramos nuestra personalidad, es decir, lo que somos, está determinado por la clase de karma que tenemos, o sea, por los actos de voluntad. Se suele pensar erróneamente que el karma es una forma de retribución universal divina. Sin embargo, muy al contrario, la ley del karma sólo sugiere que las acciones volitivas acarrean consecuencias inevitables. Se trata, sencillamente, de una extensión de la doctrina fundamental de la coproducción condicionada.

Cinco clasess de condicionalidad

Según el Attahasalini sutta, uno de los primeros tratados, existen cinco clases distintas de condicionalidad o niyamas,cuyo estudio arrojará algo de luz al concepto budista de karma.

La primera clase y la más importante es la condicionalidad “física inorgánica”, que comprende todas las leyes que determinan la manera en que funciona la materia a nivel inorgánico, es decir, todas las leyes de la física y la química.

El siguiente nivel, un tanto superior, es el “físico orgánico”, que abarca todas las leyes de las ciencias biológicas.

Luego tenemos el nivel “psicológico”, Citta Niyama en el que se sitúan todas las leyes que rigen el funcionamiento involuntario e instintivo de la mente. Por ejemplo, el hecho de retirar la mano al tocar un hierro candente constituye una muestra del funcionamiento de esta clase de condicionalidad.

Después esta el nivel “kármico”, Kamma Niyama que engloba todas las leyes que gobiernan la forma en que la actividad volitiva afecta a la conciencia.

Finalmente encontramos el nivel “dhármico”, Dhamma Niyama, que describe lo que podríamos denominar también como condicionalidad “trascendental”, una clase que experimentan los miembros de la arya sangha. Como este nivel de condicionalidad sólo nos afecta en la medida en que nos relacionamos con esos seres ilustres e, incluso, en ese caso no podríamos percibirlo, lo dejaremos fuera de consideración.

El énfasis occidental y el oriental

Tenemos nociones de los tres primeros niveles de condicionalidad (la física inorgánica, la física orgánica y la psicológica) desde la época escolar, cuando realizábamos prácticas en el laboratorio, provocando explosiones o haciendo competir a los ratones en un laberinto. En Occidente hemos penetrado con más profundidad en estas áreas de conocimiento que cualquier otra cultura en la historia.

En cambio, sólo tenemos una conciencia muy rudimentaria, incluso primitiva, de la dimensión kármica o ética de la vida. A diferencia de lo que acostumbramos a considerar los occidentales, la vida budista se basa, quizá por encima de todo, en un conocimiento de la dimensión kármica de la coproducción condicionada, pues el núcleo principal de esta doctrina radica en la posibilidad de cambiar las pautas de comportamiento, lo cual resulta de la comunión del ser con el samsara.

Lo que cuenta es la intención

La esencia de la ética budista reside en el hecho de que el comportamiento condiciona al ser. Sin embargo, no sólo importan nuestros actos. El estado mental que nos impulsa a obrar es crucial. La ética budista es una ética de intención. Los actos en sí mismos son neutrales. Lo que importa es el estado mental, la voluntad que se esconde detrás de la acción.

El budismo no habla en términos de correcto o incorrecto, bueno o malo, sino que trata de intenciones positivas o negativas. La voluntad positiva, basada en la generosidad, el amor y la claridad, produce resultados positivos desde el punto de vista kármico, nos aleja del engaño y nos conduce hacia la iluminación.

La voluntad negativa, basada en la codicia, el odio y la ignorancia espiritual nos mantiene en el samsara, girando en una rueda infinita de dependencia repetitiva y habitual.

Moralidad natural y moralidad convencional

El budismo distingue entre “moralidad natural” y “moralidad convencional”. Esta última se compone de una serie de normas y costumbres que surgen del grupo en que se aplican.

Varia según el lugar o la época. Por ejemplo, algunas culturas practican la poligamia, que es condenada por otras. Los cristianos comen cerdo sin ningún problema, mientras que los musulmanes y los judíos lo encuentran repugnante. La moralidad convencional aparece, por lo general, como respuesta a ciertas circunstancias sociales concretas, pero suele sobrevivir después de ellas. Por ejemplo, aunque ya no existen razones higiénicas para rechazar la carne de cerdo, en Jeddha o Jerusalén aún resulta difícil encontrarla en las carnicerías.

La moral natural se basa en los hechos de la psicología humana y el funcionamiento de la ley del karma. Juzga las acciones como positivas o negativas, no a partir de los puntos de vista o las costumbres del grupo, sino por su capacidad de generar resultados espirituales beneficiosos. Los actos positivos, que nos alejan del samsara nos aportan una expansión, una claridad y una felicidad mayor y, por lo tanto, menos egocentrismo. Los actos negativos, que refuerzan el sentido del ego, conducen a la limitación al unirnos al samsara. En resumen, los actos se juzgan como positivos o negativos en función de su capacidad para acercarnos a la iluminación o alejarnos de ella.

Renacimiento

El renacimiento no es la reencarnación del “yo”. El budismo enseña que no siempre se experimentan los resultados del karma de forma inmediata; en ocasiones se cumplen mucho más tarde, incluso en otra vida. A lo largo de los años, los budistas han sostenido que el proceso de volver a ser se produce no sólo en esta vida, donde nos renovamos cada minuto, sino también más allá de la barrera aparente de la muerte, donde nuestra voluntad determina, asimismo, la forma en que renacemos.

En este sentido, “renacimiento” no es sinónimo de “reencarnación”. No se trata de que una esencia espiritual fija e inamovible encuentre cobijo en otro cuerpo cuando el primero ya se ha gastado. Lo que ocurre es que el ritmo de cambio continuo sigue su curso, del mismo modo que una llama de fuego avanza por un conjunto de ramas, pasando de una a otra. La llama nunca cesa de cambiar. De igual modo, nunca es el mismo “yo” el que renace.

El renacimiento: un concepto difícil de aceptar
La idea del renacimiento resulta difícil de aceptar para algunos budistas occidentales, quienes argumentan que, a falta de evidencias empíricas, la postura más razonable a este respecto es el agnosticismo.

Otros afirman que, aunque escasas, sí existen algunas pruebas, ya sea empíricas o de otra clase, que refuerzan la teoría del renacimiento. * Aducen toda una serie de estudios científicos sobre el tema: ejemplos de regresión hipnótica, el recuerdo involuntario de detalles sobre vidas pasadas, experiencias cercanas a la muerte y el caso de niños prodigio como Mozart, que interpretaba y componía a la edad de cuatro años. Asimismo, algunos mantienen que existen más pruebas (aunque de poca relevancia) de la continuación de la conciencia después de la muerte que de su fin, teoría que, por definición, no se halla sujeta a determinación empírica.

Bien pensado, el renacimiento es de lo más cotidiano
Independientemente de las tendencias actuales en Occidente, durante los últimos 2,500 años, ningún maestro budista reconocido, por muy iconoclasta que sea, ha cuestionado la idea del renacimiento, una doctrina budista tradicional.

Si consideramos nuestra propia experiencia con detenimiento, observaremos que el proceso de renacer tiene lugar a lo largo de la vida. De hecho da la impresión de que morimos y renacemos continuamente. Así, como siempre nos renovamos, nunca somos exactamente los mismos de un día para otro. Visto de este modo, la idea de que la voluntad que determina ese renacimiento continúa operando después de la muerte no parece más absurda que la teoría occidental que sostiene que, de alguna forma, la conciencia surge de la nada en algún momento entre la concepción y el nacimiento. Aunque aceptemos esta premisa o, incluso, la consideremos “científica”, en realidad no es más que una doctrina de aparición milagrosa: la conciencia surge de la nada milagrosamente. Desde este punto de vista, quizá la doctrina del renacimiento no es tan extraña después de todo.

Los actos cuentan
La idea del renacimiento aparece unida a una afirmación muy alentadora. Los esfuerzos espirituales nunca son en vano. Todos los esfuerzos destinados al crecimiento se conservan, por así decirlo y en su momento producen los resultados esperados. Esto significa que todos nuestros actos cuentan y que siempre vale la pena esforzarse en ser positivo. En cualquier caso, para ser budista no es absolutamente necesario creer en el renacimiento. En cambio, sí se debe tener la convicción de que es posible alcanzar la iluminación a lo largo de la vida.

Historia y “evidencias” de renacimiento

A lo largo del tiempo ha existido una amplia “evidencia” y razones de apoyo que nos permiten aceptar, por lo menos provisionalmente, la creencia acerca del renacimiento. Ninguna de estas evidencias constituye pruebas completas; en este tópico en particular es muy difícil encontrar evidencias concluyentes, ya que muchos de los fenómenos ofrecidos como evidencia se pueden explicar de una forma diferente. Sin embargo tomados en conjunto, todos los diferentes hechos pueden darle credibilidad a la teoría del renacimiento.

Creencia de renacimiento en la historia: India, Norte América y África.
Es interesante observar, en primer lugar, que la creencia en el renacimiento  ha existido ampliamente en la historia humana. De ninguna manera es una peculiaridad de las grandes religiones de la India: Budismo, Hinduismo y Jainismo. Muchas tribus del mundo, como los indios de Norteamérica, los polinesios y algunas tribus africanas sostienen dicha creencia. De acuerdo a un relato griego, los antiguos egipcios creían en el renacimiento, aunque algunos eruditos modernos lo han cuestionado.

Celtas, Griegos, Gnósticos y Neoplatónicos
Por el otro lado antes de que fueran cristianizados, los celtas consideraban que todas las personas vivían muchas veces. Entre los griegos se extendió esta teoría a través de las escuelas de Orfeo y así los pitagóricos la heredaron. Es probable que de ellos Platón haya derivado el famoso “Mito de Ur” que se cuenta en La República, que nos describe las experiencias pos-mortem que conducen al renacimiento. Muchos gnósticos y neoplatónicos crían en la reencarnación, y lo más sorprendente de todo es que en el cristianismo temprano la creencia existía.

Padres de La Iglesia Cristiana
Se sabe de dos padres de la Iglesia: Orígenes y Justino, que daban enseñanzas con respecto a la preexistencia del alma. No fue sino hasta el siglo VI que se declaró anatema a la teoría de Orígenes con respecto a la metempsicosis.

Los Cataros
En los siglos XII y XIII los cataros del sur de Francia e Italia reconocían la reencarnación como uno de sus dogmas principales. Y fue para erradicar esta herejía que se iniciaron las primeras Cruzadas europeas, y que se estableció el Santo Oficio o Inquisición. Se continuó sosteniendo la creencia a través de Europa a pesar de la fuerte oposición de la Iglesia, la que reforzó su ortodoxia con violencia cada vez que lo consideró necesario.

No se ha cuestionado esta doctrina en el Budismo
En conexión con esto, es interesante ver que, a pesar de que los budistas nunca han llegado a perseguir a aquellos que estaban en desacuerdo, nadie ha desafiado seriamente la enseñanza del renacimiento de su tradición, mientras que muchos cristianos han estado dispuestos a morir por esta creencia.

Otras figuras históricas

Gente como Voltaire, Benjamín Franklin, Napoleón, por nombrar a los más prominentes, declararon haber tenido una vida anterior. La creencia repetida y extendida no prueba de ninguna manera la verdad del renacimiento. Debe notarse, sin embargo, que muchas versiones independientes de la creencia en la reencarnación muestran fuertes similitudes.

Evidencia por testimonio
Puede hallarse evidencia a través de gente que sostiene haber renacido. En muchas tradiciones hay personas que han contado supuestos recuerdos de una vida pasada. El Buda mismo, se dice, tuvo la capacidad de recordar muchas de sus vidas pasadas y les habló de ellas a sus seguidores. En la tradición budista tibetana hay una detallada enseñanza contenida en lo que se conoce como el Libro tibetano de los Muertos, acerca del proceso de la muerte y el renacimiento, y se dice que se derivó de la experiencia directa.
Relatos históricos de éste tipo no son susceptibles de ningún tipo de verificación.

Estudios de casos reportados
Por el otro lado parece ser que algunos niños declaran recordar haber vivido anteriormente. En Occidente se rechazan declaraciones de este tipo y se consideran fantasías, o algo peor aún. En Oriente, donde la creencia en el renacimiento es más aceptada, se toman estas declaraciones más seriamente.

Algunos investigadores académicos modernos han llevado a cabo estudios directos, en Oriente y Occidente, con respecto a casos de este tipo, y los reportes de sus hallazgos han sido sorprendentes. Algunos niños han declarado recordar una experiencia pasada en lugares que nunca habían visitado en esta vida; han dado detalles de ese pasado que nadie allí pudo haber conocido, y el que, al ser verificado, ha resultado extraordinariamente preciso. A pesar de que los diversos casos provienen de culturas bastante diferentes, existe una vez más una considerable concurrencia en los detalles generales de las historias, y ciertas escenas parecen repetirse. Se necesita llevar a cabo mucha más investigación, pero por el momento la evidencia de que por lo menos algunos niños han tenido vidas anteriores está aumentando.

Es imposible lograr una prueba absoluta en esta área, ya que no se puede controlar un medio ambiente, en la naturaleza de las cosas, que regule todas las otras fuentes potenciales de información, como los recuerdos de una vida pasada. Algunas veces se desechan estas historias, calificándolas de supercherías o confabulaciones, de influencias inconscientes de experiencias olvidadas, No obstante, estas historias pueden constituir una evidencia adicional.

EL BODHISATVA y el bodhichita

Qué es un bodhisatva. Un bodhisatva es aquél que ha orientado todo su ser hacia el despertar. Se le define como alguien que busca alcanzar la iluminación, no sólo por beneficio propio, sino por el de todos los seres sensibles.

Surge, pues, una pregunta práctica de suma importancia: ¿cómo se convierte alguien en un bodhisatva? En otras palabras, ¿cómo llegamos a realizar este ideal espiritual tan sublime? La respuesta tradicional es bastante corta y directa, aunque requiere una explicación considerable. Uno se convierte en bodhisatva cuando surge en él el Bodhichita.

Qué es el bodhichita Veamos por un momento el término sánscrito original, bodhichita-utpada. Bodhi significa “iluminación espiritual” o “despertar espiritual” y consiste en ver la realidad cara a cara. Chita significa “mente”, “pensamiento”, “conciencia” o “corazón”. Utpada significa, simplemente, “surgimiento” o, de una manera más poética, “despertar”.

Bodhichita-utpada es uno de los términos budistas más importantes, especialmente en el campo del mahayana. Se traduce generalmente como “surgimiento del pensamiento de la iluminación“, pero eso es exactamente lo que no es. En cierta forma no puede haber peor traducción que esa. Podemos pensar en la iluminación tanto como queramos. Podemos pensar, leer, hablar al respecto. Podemos, de una manera superficial, decir lo que es o no es la iluminación, pensando que sabemos todo sobre ella. Incluso, ahora mismo podemos estar pensando en la iluminación. Entonces, sin lugar a dudas ha surgido el pensamiento de la iluminación en nuestra mente mientras hablamos de esto, pero no ha surgido el bodhichita, no nos hemos transformado en bodhisatvas.

El bodhichita es mucho más que pensar en la iluminación. Guenther lo traduce como “actitud de iluminado”. Personalmente, yo [Sangharákshita] lo traduzco algunas veces como “la voluntad hacia la iluminación” o “el corazón bodhi”. A pesar de que todas estas traducciones alternativas son mejores que “el pensamiento de la iluminación”, ninguna de ellas es completamente satisfactoria. Esto no se debe a las limitaciones del idioma sino al problema del lenguaje mismo. Podemos decir que el “bodhichita” es un término bastante insatisfactorio para definir al bodhichita.

Lo que el bodhichita no es

El bodhichita no es un estado mental (o una actividad o función mental) en absoluto. Ciertamente, no es un “pensamiento” (que ninguno de nosotros pueda contemplar). Si pensamos en la iluminación, eso no es el bodhichita. Éste no tiene nada que ver con el pensamiento. Ni siquiera es “un acto de la voluntad”, si con eso queremos decir nuestra voluntad personal. No es tampoco el “estar consciente”, si eso quiere decir que yo estoy consciente o que nosotros estamos conscientes de que existe la “iluminación”. El bodhichita no es ninguna de estas cosas.

La manifestación de algo trascendental
El bodhichita representa básicamente la manifestación, incluso la erupción, dentro de nosotros de algo trascendental. En términos tradicionales (pensando en la exposición que hace Nagaryuna en un ensayo corto pero profundo, en el que escribió acerca del bodhichita), se le incluye como parte de los “cinco skandhas”, lo cual es bastante interesante y nos da una idea importante con relación a la naturaleza del bodhichita.

Para las personas que no están suficientemente familiarizadas con los “cinco skandhas”, digamos queskandha es otro de esos términos intraducibles. Generalmente se le traduce como “agregado” o “confección”, pero resulta insatisfactorio. En realidad es intraducible. En un sentido literal significa “el tronco de un árbol”, pero eso no nos lleva muy lejos. Sin embargo, los “cinco skandhas” representan una de las categorías doctrinales básicas del budismo. Ya sea en la literatura pali, sánscrita, tibetana o china, una y otra vez se hacen referencias a los “cinco skandhas” o a los “cinco agregados” o, como se complace en traducir el término el doctor Conze, las “cinco pilas”, que una vez más, no nos ayuda mucho. Entonces regresemos a estos “cinco skandhas” para aseguramos de lo que queremos dilucidar.

Los cinco skandhas
El primero de los “cinco skandhas” es rupa, que significa cuerpo-forma. Esto quiere dar entender cualquier cosa que se percibe a través de los sentidos.

En segundo lugar está vedana, que significa “sensación” o “emoción”, ya sea positiva o negativa.

En tercer lugar está samjña, que a grandes rasgos se traduce como “percepción” (algunas veces se traduce corno “sensación”, pero realmente “sensación” es una traducción más apropiada para vedana). Samjña es el reconocimiento de algo como “esa cosa en particular”, que podemos identificar, señalar y etiquetar.

En cuarto lugar están los samskaras, término que es aún más difícil de traducir. Algunos eruditos alemanes lo traducen como “las fuerzas direccionales”. Nosotros lo podemos traducir en general como las “actividades volitivas”, es decir como los actos de la voluntad.

El quinto es vijñana, que significa “conciencia”. Ésta es la conciencia a través de los cinco sentidos y a través de la mente en varios niveles.

Éstos son los “cinco skandhas”: rupa (forma material), vedana (sensación o emoción), samjña (percepción), samskaras (actividades volitivas) y vijñana (conciencia). Si queremos entender la metafísica y la filosofía budistas debemos conocer estos “cinco skandhas” de arriba abajo. Tenemos que estar muy familiarizados con ellos, de tal manera que sepamos de lo que estamos hablando.

Todo entra en los cinco skandhas
En el pensamiento budista los “cinco skandhas” son considerados como lo que conforma toda nuestra existencia psicofísica. En la gama entera de nuestra existencia psicofísica, en cualquier nivel, no hay nada (no hay pensamiento, no hay sentimiento ni hay aspecto alguno de nuestra existencia física) que no esté incluido en uno u otro de los “cinco skandhas”. Es por eso que al principio del Sutra del Corazón, el texto dice que el bodhisatva Avalokiteshvara, al meditar en lo profundo de la Perfección de la Sabiduría, miró abajo (a la existencia condicionada) y vio cinco pilas (cinco skandhas). Eso fue lo que vio, nada más. Vio que toda la existencia condicionada consistía en sólo estas cinco cosas. Nada ocurre, nada existe en el nivel condicionado de la existencia (el nivel sámskreta) que no pueda incluirse bajo uno u otro de los “cinco skandhas”.

Los cinco preceptos

Una guía para seguir en el camino hacia la iluminación
El comportamiento acarrea consecuencias kármicas que afectan el progreso a lo largo del camino. Sin embargo, hasta que alcanzamos la iluminación, no siempre podemos estar seguros de que nuestros actos de voluntad son positivos. En ocasiones nosotros mismos desconocemos los motivos verdaderos.

Por esta razón se precisan ciertas directrices éticas, como la lista de los cinco preceptos. Esta guía describe el comportamiento natural y espontáneo de una persona iluminada. Si queremos alcanzar la iluminación debemos intentar emular dicho comportamiento, puesto que modificando nuestra conducta también cambiaremos nuestro nivel de conciencia.

Principios de adiestramiento

Los preceptos no son normas ni mandamientos. No existe ningún ser superior que nos observa desde arriba para comprobar si seguimos el buen camino. A diferencia de otras listas, como los Diez Mandamientos, los cinco preceptos no indican “lo que todos los budistas deben hacer”, sino que se adoptan de forma voluntaria, en calidad de “principios de adiestramiento”. Los cinco preceptos, que presentamos aquí traducidos del pali clásico, son los más comunes:

Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de matar.
Acepto el principio de adiestramiento de no tomar lo que no me ha sido dado.
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de malas conductas sexuales.
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de la mentira.
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de ingerir intoxicantes.

Una formulación positiva para Occidente
Algunos budistas occidentales han formulado los equivalentes positivos a dichos preceptos:

Con acciones de amor y bondad  purifico mi cuerpo.
Con generosidad  purifico mi cuerpo.
Con tranquilidad, sencillez y contento purifico mi cuerpo.
Con una comunicación veraz purifico mi habla.
Con una conciencia clara y lúcida purifico mi mente.

Realizamos un cambio en nuestro modo de vivir
Como directrices de entrenamiento, los preceptos son la extensión, en la vida cotidiana, del proceso de buscar refugio en las Tres Joyas. Los preceptos lo hacen efectivo al dotarle de una expresión práctica. No se trata sólo de que quisiéramos dirigirnos hacia la iluminación sino que, adoptando los preceptos, empezamos a cambiar nuestro comportamiento para que concuerde con nuestros ideales. Al igual que existen cuatro niveles de búsqueda de refugio, existen cuatro niveles correspondientes de práctica de los preceptos.

Cuatro niveles de práctica de los preceptos

En el nivel étnico, los preceptos se reducen a las normas de conducta de un grupo o sociedad. Como tales, sólo forman parte de la moralidad convencional y no se adoptan como reglas de adiestramiento en la senda espiritual.

En el nivel provisional, los nuevos budistas asumen los preceptos e intentan vivir de acuerdo con ellos para alcanzar una mejor comprensión del budismo, es decir, intentan practicarlos para comprobar cómo afectan a sus vidas.

En el nivel efectivo, el individuo se compromete a vivir según los preceptos y, aunque todavía se siente atrapado en el samsara, realiza un esfuerzo coherente para vivir de acuerdo con la ética.

En el nivel real, las acciones se corresponden con los preceptos de forma natural y devienen una expresión del modo de ser del individuo. Así, los preceptos describen el comportamiento natural, libre y espontáneo de los miembros de la arya sangha.

El respeto a la vida
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de matar.
Con acciones de amor y bondad purifico mi cuerpo

Verse privado de la vida significa privarse, al mismo tiempo, de todo cuanto uno quiere. La voluntad de vivir es común a todas las cosas vivas. No aceptar este principio representa la contradicción más importante de la regla de oro que reza: “Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.

A todos los seres vivos les aterroriza el castigo.
Todos temen a la muerte.
Si todos somos iguales, nadie debería matar al prójimo.
A todos los seres vivos les aterroriza el castigo.
Para todos, la vida es un bien preciado.
Si todos somos iguales, nadie debería matar al prójimo.*

En el budismo, la regla de oro no se circunscribe al dominio exclusivo de la humanidad, pues respeta la voluntad de vivir de todos los seres sensibles. Cuando matamos o dañamos al prójimo de cualquier forma consciente dejamos de identificarnos con él como seres vivos, lo vemos sólo como un objeto intrínsecamente separado de nosotros. Esto refuerza la dicotomía sujeto/objeto y nos conduce a un estado de penosa limitación. Así pues, cuando matamos, no sólo privamos a otro de lo que le es más preciado, sino que también nos dañamos a nosotros mismos.

El amor, identificación emocional de los demás con nuestro yo, difumina las fronteras entre nosotros y el mundo, proporcionándonos una experiencia más rica y profunda de la vida. Los budistas no sólo se abstienen del asesinato y otros actos de violencia, sino que tampoco abortan ni fomentan el aborto. Por lo general son vegetarianos, les preocupa el medio ambiente y el bienestar de otras especies y no toleran el comercio de armas o cualquier otro producto que perjudique a los seres vivos.

Los textos del Dharma

Los textos sagrados
En este artículo se describirá el espíritu de los textos del budismo o del Dharma a través de evocarlo dentro de las diferentes formas que la tradición ha tenido a lo largo de su historia. Hablaremos de la forma en que el Buda describía su enseñanza y trataremos de entender lo que significa con un comentario posterior.

En el Tiratanabandana el Buda dice:
-Bien comunicada es la enseñanza del Ricamente Dotado,
inmediatamente aparente, perenne, de la naturaleza de una invitación
personal, progresiva, para que el sabio la comprenda de manera individual.

-Toda mi vida voy a refugio a la verdad.

-A todas las enseñanzas de la verdad del pasado,
a todas las enseñanzas de la verdad que han de venir,
a todas las enseñanzas de la verdad que ahora hay,
a ellas se dirige mi veneración de modo incesante.
No hay para mí otro refugio que la verdad.
¡Supremo refugio!
¡Oh! ¡Por la virtud de esta verdad
que abunden la gracia y la victoria!

Enseñanzas a la medida
El Dharma del Buda está “bien comunicado”. El Buda conoció la verdad por medio de su propia experiencia directa y cualquier cosa que él dijo y todo lo que hizo fue una expresión directa de eso. Como era extremadamente sensible y capaz de sentir empatía fue un maestro en el arte de la comunicación y, por esta razón, sus enseñanzas eran “inmediatamente aparentes”. Las personas con las que hablaba no necesitaban ser graduados en filosofía o teología para entenderle. Él hablaba directamente a la experiencia inmediata de cada individuo.

Sin fecha de caducidad
Lo que el Buda enseñó era “perenne”. Tenía mucho sentido hace 2,500 años y sigue teniendo mucho sentido ahora. Cuando vamos atravesando las diversas capas de tantas traducciones llegamos a lo que el Buda estaba descubriendo en realidad. Su significado se torna completamente claro y relevante. El Buda se refirió a la condición humana esencial, al hecho de que existe el sufrimiento y a la forma de vencerlo. Esto es algo que no cambia con el tiempo.

Una invitación personal
Mas lo que pronuncia la mente iluminada, no obstante su grandeza y aun cuando se halla fuera del espacio y el tiempo, se dirige siempre a los individuos; tiene “la naturaleza de una invitación personal”. El Buda enseña de un modo condicional: “Si quieres escapar del sufrimiento, esto es lo que haz de hacer”.No hay imperativos aquí, como tampoco hay lugar jamás para el dogma, mucho menos para el uso de la fuerza cuando se trata de aplicar la enseñanza del Buda.

Un camino gradual
El Dharma es, además, “progresivo”. Conforme lo ponemos en práctica en nuestras vidas vamos cambiando para bien y aumenta nuestra sabiduría y comprensión. Con una claridad cada vez mayor volvemos al Dharma y lo que ahora ya entendemos nos lleva aun más adelante en el sendero. El camino a la iluminación es gradual. Éste es el primero de los ocho atributos “sorprendentes e impactantes” que, en el Udana, el Buda afirmó que caracterizaban a su Dharma:

Monjes, así como fluye el océano, se desliza y tiende a descender poco a poco y no tiene una caída abrupta, de igual modo en esta disciplina del dhamma el entrenamiento es gradual, la acción es gradual, el avance es gradual. No hay una penetración abrupta en el conocimiento. Puesto que así es (monjes), ésta es la primera cosa extraña y maravillosa por la cual, cuando los monjes la perciben, se deleitan en esta disciplina del dhamma. (F. L. Woodward, traductor, The Minor Anthologies of The Pali Canon, part ii, Udana: Verses of Uplift and Itivuttaka: As it Was Said, Oxford University Press, Londres, 1948, p. 65)

El sabor de la liberación

Finalmente, el Dharma es “para que el sabio lo comprenda de manera individual”. Cuando una persona alcanza la iluminación lo hace como sólo ella podría hacerlo. La iluminación de Nagaryuna se manifestó de un modo distinto a la iluminación de Vasubandhu. Tara o Mañjusri, Sariputra o Modgalyayana, cada uno expresa su comprensión individual del Dharma y aun así, paradójicamente, mientras más lo asimilamos de una manera individual para nosotros mismos, más cerca estamos de comprender las profundas percepciones de los demás. Mientras más participamos nosotros mismos en la vida del Dharma más hondo nos adentramos en ese enorme océano que tiene un solo sabor, el sabor de la libertad.

En el texto antes citado el Buda lo dice así:

Monjes, así como el poderoso océano tiene un solo sabor, el sabor de la sal, del mismo modo, monjes, este dhamma tiene sólo un sabor, el sabor de la liberación. Puesto que así es (,monjes), ésta es la sexta cosa extraña y maravillosa (por la cual, cuando los monjes la perciben, se deleitan en esta disciplina del dhamma). (Ibíd., p.67)

Textos invaluables
Los textos del Dharma, que aparecen sobre el loto que está detrás del Buda, tienen un solo propósito, liberar a todos los seres. Su valor no tiene precio. Son más que libros y quizá cuando los visualicemos deberíamos contemplarlos con palabras flamantes escritas sobre El cosmos en el Budismo

Tiempo, espacio (materia) y consciencia

Tiempo:
Cómo se mide el tiempo de acuerdo al budismo:
La duración de un kalpa Para medir el curso de los acontecimientos que tienen lugar en el plano material,Samsara, incluyendo la evolución y la involución de los mundos, se requieren unidades de magnitud inconcebible.

Cosmológicamente
el budismo dice que es inmenso el número de renacimientos que han experimentad  los discípulos del Buda y los demás seres humanos y que:

la leche materna que han mamado y las lágrimas que han derramado en previas existencias tienen mucho mayor volumen que las aguas de los poderosos océanos

Preguntas al Buda sobre Kalpas

Un bhikkhu (monje) preguntó una vez cual era la duración del Kappa (sánscrito: Kalpa), la unidad ordinaria para medir vastísimos períodos. El Buda le respondió:

-Largo es el eón verdaderamente, hermano, imposible de calcular. Tantísimos años, tantísimos siglos, tantísimos milenios, tantísimos cientos de miles de años.

 

 -¿Pero puede ser dada una ilustración, Señor? -Sí se puede, hermano. Si hubiera un gran montaña de cuatro leguas de longitud, altura y anchura, sin hendidura o grieta alguna, sin agujeros, una masa sólida de roca y un hombre, al final de cada siglo, fuera y lo frotara suavemente una vez con una tela de Benarés, antes se desgastaría el gran risco por este método que pasaría un eón. Así de largo es el eón. Muchos eones como éste han pasado, muchos cientos de eones, muchos miles de eones, muchos cientos de miles de eones” tomado del dialogo del buda en el Samyutta-Nikaya II.

El kalpa se divide en cuatro períodos o eones
La palabra traducida aquí como “eón” también se ha traducido como “período-mundo”, lo cual nos da más indicios de su significado. Un kalpa es el período de tiempo que se requiere para que todo el sistema de mundos -periodo mundo- evolucione, desde lo que se llama, en los textos budistas, el mundo de Brahma o el plano más alto y sutil* de la existencia fenoménica, hasta que, después de un periodo de involución, se devuelva hacia él.

Cada kalpa se divide en cuatro períodos o cuatro eones:

1. el eón de involución (samvatta-kappa),
2. la continuación de la involución (samvatta-tthayi),
3. el eón de la evolución (vivatta-kappa) y
4. la continuación de la evolución (vivatta-tthayi).

Imposible de calcular
Según el Buda, ni siquiera es posible calcular la duración de estas subdivisiones del kalpaen cientos o miles o, incluso, cientos de miles de años. Aunque se hayan usado los términos “evolución” e “involución” como equivalentes de samvatta y vivatta, no ha de suponerse que estos términos científicos modernos correspondan en absoluto a los términos originales arios y antiguos.

Espacio (o materia) y conciencia:
Dos planos paralelos: una de conciencia involucionando y el otro de materia evolucionando
La cosmología budista, en contraste con la ciencia, propone como principio un mundo o plano espiritual subjetivo o de consciencia (el brahmaloka, que no debe confundirse con el estado no dualista y trascendental del nirvana), además del mundo o plano objetivo de la materia, el del mundo externo.

Por lo tanto la cosmología budista mantiene que la línea de desarrollo biológico que va desde la amiba hasta el hombre no es sencilla sino doble.

Es el proceso conjunto de degeneración espiritual o involución (de la conciencia) El desarrollo material o evolución (del plano material)

Los eones de la involución
El primero de los cuatro kalpas el asamkheyya-kappas: el eón de la involución, es el vasto lapso durante el cual se destruye completamente el sistema de mundos previo, el chakkavala, y todo vuelve a sus elementos constituyentes. La mayoría de los seres que habitan en los diferentes planos renacen entonces en el mundo Brahma, el único que no se somete al proceso de disolución

Antes de la vida en cualquier mundo
Durante el segundo Kalpa: asamkheyya-kappa, el período de la continuación de la involución, nos encontramos, por un lado, con la energía residual de la materia que representa el extremo de lo objetivo y, por el otro lado, con el mundo Brahma y sus habitantes, que representan el extremo de lo subjetivo. Ambos existen en completo aislamiento, en polos opuestos de la existencia fenoménica.

El proceso de interacción no comienza hasta mucho después del principio del Tercer kalpa asamkheyya-kappa, el eón de la evolución. Entonces, el sistema de mundos re-evoluciona, partiendo de la energía residual de la materia.

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