Aborígenes norteamericanos: espiritualidad. G de la Paz

ESPIRITUALIDAD INDÍGENA NORTEAMERICANA

José Javier González de la Paz.  Mi formación incluye la publicidad ,el periodismo, la filosofía , la literatura y la teología.

Un breve paseo por los principios religiosos de las tribus amerindias y sus antecedentes árticos y asiáticos.

Desde el punto de vista espiritual, los mitos más significativos son los que hablan de las actividades de los dioses, sobre todo los referentes a la creación de la tierra, el universo y el hombre, y el origen de la muerte.

Las gentes sólo narraban estas historias en momentos muy concretos del año y en circunstancias especiales. Los mitos más corrientes eran los que se contaban durante todo el año y tenían un fin de entretenimiento o pedagógico, y por ello eran más flexibles tanto en la interpretación como en la elaboración.

Principios comunes

Todas las tribus compartían la creencia de que todo aquello que se mueve está vivo y de que todo lo vivo posee un espíritu. Es por esto que para los indios todo era sagrado: un río, un palo, un árbol, el viento, cada animal por pequeño que fuera, una piedra… ¿una piedra? ¿es que, acaso, tenían los indios algún concepto del movimiento de los átomos y moléculas? ¿si para ellos la vida era el movimiento cómo podían considerar viva a una piedra? Otro misterio, pero así era.

Cualquier objeto podía cambiar de forma con ligereza y actuar de acuerdo con su propia voluntad, pues cualquier cosa que formara parte de la naturaleza, incluyendo los objetos manufacturados que de ella habían salido, era dueña de su propia existencia.

Esta forma de comprensión nació como expresión de los sentimientos de impotencia de los humanos ante las fuerzas incontrolables de la naturaleza. Como dependían totalmente de ella, el miedo les hizo atribuir poderes sobrenaturales a los fenómenos naturales.

La vida en estas circunstancias hubiera sido una serie interminable de terrores de no haber contado con alguna defensa contra los espíritus malignos. Los amuletos, los diversos sortilegios, cantos y sacrificios, y hasta el recitado de los mitos, ofrecían esperanzas para contrarrestar la fuerza del destino.

Los chamanes

Únicamente el chamán tiene el poder de comunicarse con los dioses y espíritus, de mediar entre ellos y los mortales, de hablar con las almas de los muertos en nombre de los vivos. El chamán suele ser un personaje extraordinario, tanto en su aspecto físico como en sus capacidades de interpretación. Suele ser a la vez místico, músico, poeta, sabio, sanador de enfermos, depositario de historias y guardián de la tribu.

Para convertirse en chamán era necesario que la persona recibiera la llamada, vivir una experiencia religiosa y ser iniciado por otro chamán (se trataba de auténticos linajes espirituales) en los misterios correspondientes. Mediante la muerte simbólica (sueño hipnótico, producido por cualquier medio, y/o narcótico) y la resurrección, el chamán adquiere una nueva forma de ser, su esquema físico y mental experimentan un cambio completo. Tras esta experiencia y durante el periodo de noviciado, abandona su cuerpo en repetidas ocasiones y, como un espíritu, recorre los cielos y el inframundo. Allí le serán presentados los diferentes espíritus y aprenderá a cuál de ellos dirigirse en las diferentes ocasiones.

Aquellos que no llegan a poseer toda la serie de atributos chamánicos, se convierten sólo en sanadores o curanderos.

Los tótems

Se fabricaban en madera labrada y representaban a los seres míticos que eran el origen de los clanes (águila, lobo, oso, etc.) y que los habían ayudado y concedido poder. También solían erigirse como monumento funerario junto a la tumba del jefe muerto del clan. Algunos se apostaban junto a los ríos o lagos para que fueran vistos por los que se acercaban navegando. Aunque era una práctica común en toda Norteamérica, los más famosos talladores de tótems fueron los indios del noroeste.

Los antecedentes

Recordemos aquí el principio de la serie de artículos dedicados a los indios norteamericanos y su origen, recordemos su marcha por Siberia y el Ártico hasta llegar a Alaska y comenzar su difusión por América. Pues bien, entre estas tribus del hielo, como los esquimales o los inuit, encontramos también el animismo que otorga un alma a cada ser vivo y a cada fuerza de la naturaleza, encontramos también un profundo respeto hacia el entorno y hacia los animales; y, sobre todo, encontramos también la figura del chamán como un personaje central de la tribu, el personaje que habla con los espíritus de los muertos en nombre de los vivos. Y también aquí, antes de convertirse en chamán, ha de pasar primero por un duro proceso de iniciación.

Pero sigamos hacia atrás. Recordemos que habíamos dicho que hace decenas de miles de años, aquellas hordas que atravesaron los hielos habían partido de las llanuras centrales de Asia.

Ya hace siglos que Mongolia ha sido culturalmente invadida por el budismo, el islamismo y el cristianismo nestoriano. Pues bien, aún hoy en día, cuando las epidemias o el hambre azotan a las familias, abandonan los cultos oficiales y rezan a los espíritus de sus antepasados representados en el tótem del clan (caballo, toro o ciervo) y lo hacen mientras el antiguo chamán entra en trance al ritmo hipnótico de su tambor.

Es de Mongolia de donde parte la leyenda más antigua que tenemos del origen del chamanismo: un joven de quince años fue dado por muerto por su familia y sacado fuera de la tienda. Su espíritu salió del cuerpo y llegó al otro mundo, donde habló con dioses y espíritus. Se admiraron de su valor, pues en realidad no estaba muerto y era la primera vez que un vivo accedía a aquel reino, así que le concedieron muchos poderes y la facultad de volver allí cuando quisiera. Cuando volvió a su cuerpo, los cuervos ya habían devorado sus ojos, pero no le importó porque tenía la capacidad de ver el futuro. Aquel chico vivió muchos años, hizo feliz a mucha gente y fue el primer chamán de la historia.

 

 

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