Espiritualidad Mapuche reflejada en su lengua. Morales

LA ESPIRITUALIDAD DEL PUEBLO MAPUCHE DE CHILE REFLEJADA EN SU LENGUA

Nekul Painemal Morales. Corporación Nacional de Desarrollo Indígena – Chile

Una de las características que es atribuida a las comunidades indígenas en el mundo refiere a su marcada espiritualidad y peculiar relación con el entorno y en su propia vida. Así, cuando en nuestro mundo que está agobiado por diferentes y fuertes crisis va hacia el camino de una pérdida acentuada de esta característica, concluimos que el mundo llamado civilizado ha perdido esa condición espiritual al contrario de la concepción los pueblos indígenas.

Esa espiritualidad que manifiestan los pueblos indígenas puede a veces ser vista como un obstáculo para su inserción a un mundo materialista cada día mas globalizado y tecnologizado, mas en esta visión podemos encontrar que la característica de la espiritualidad constituye un factor fuerte de unidad y de resistencia y son las bases de su propia epistemología ontológica. Las propias culturas indígenas se refugian en su espiritualidad para conservar sus mas preciados tesoros de conocimiento y de valores éticos y morales, de su ethos, creando con ellos su propia visión de mundo, su weltanschauung, su cosmovisión.

Sin duda que esa espiritualidad es inherente a estas comunidades y pueblos y se refleja en su expresión lingüística, es decir en su prolación, en sus procesos comunicativos y aquí podemos conferir una relación intima entre las palabras y su contenido espiritual que es reflejada en la cultura. En este artículo argumentaremos las ideas de los Mapuche sobre la lengua con propio espíritu, y que ya no es un mero instrumento de comunicación y diálogo, sino la expresión del espíritu del pueblo que la usa. Se llega a inferencias lógicas en cuanto a la sacralidad de la palabra cuando la palabra es usada con respeto y mesura, puede ser utilizada tanto para maldecir como para bendecir, para liberar la fuerza de las palabras a través de la expresión humana, así el lenguaje o la lengua podemos considerarla un ente con capacidad de influir en los espíritus y esa sería la característica y la aspiración de las palabras en el contexto de los pueblos indígenas.

Basado en las reflexiones socráticas realizamos un paralelismo con las lenguas indígenas y sus consecuencias, que reflejadas en sus expresiones culturales propias las hacen muy particulares expresiones de un idealismo lingüístico con nuevos argumentos basados en las premisas de la estética. Nos referiremos a los principios socráticos y al idealismo de B. Croce y G. Gentile, filósofos del lenguaje de la corriente idealista italiana, y sus seguidores tales como Vossler, E. Cassirer, H-G. Gadamer.

1.-El hablar es una actividad humana que posee una variabilidad ilimitada pensando en las diferentes culturas que constituyen la humanidad, y que cada una de ellas posee una determinada forma de uso y de comunicarse a través de la palabra, existiendo algunas categorías universales como el de la nominación y la descripción dinámica de los fenómenos físicos perceptibles a la sensibilidad humana, esto refiere a las categorias de nombre y verbo como universales. En esta definición del habla también cabe señalar la condición puramente histórica de su desarrollo, pues su base se encuentra en la sociabilidad de los grupos humanos y en su contacto social prolongado.

Podemos también señalar al lenguaje como un sistema funcional completo perteneciente a la constitución síquica o espiritual del ser humano, aun cuando su función radica sobre todo en la actividad cerebral, y que evidentemente tanto las realidades síquicas como las espirituales estarían en ese centro vital, y su realización delante de los fenómenos naturales asociado a las diversas experiencias compartidas se va creando la imagen perceptible que deriva en simbolismos, en palabras y en último término en elementos lingüísticos. Nos referimos aquí a lo espiritual no como elemento de religión sino como expresión interna del ser humano muchas veces definida como el ánima, el logos o la conciencia. Aun cuando en este artículo proponemos una manera diferente de enfocar el fenómeno lingüístico en el sentido de considerarla en su facticidad, en su realización, acerca de las consideraciones que se aprecian en un mundo poco conocido como lo son las comunidades de los pueblos indígenas, en este caso en el pueblo Mapuche.

Muchas de estas apreciaciones coinciden con las investigaciones en las áreas de la filosofía del lenguaje, sobre todo de la corriente idealista desde Platón, Wilhelm von Humboltd y siguiendo con aquellos que señalaremos oportunamente. Tal vez estas apreciaciones puedan ser parecidas a una lógica primitivista, mas es necesaria una mirada generosa para entender que en cada cultura existe en su interior una serie de elementos comunes que nos permiten reflexionar sobre estos temas.

2.- En la cultura  mapuche son llamadas algunas personas de  kimche; señalan con esa designación a una persona sabia, persona con saber y ese saber sin duda, se constituye como saber desde el momento en que es ejercitado, en el que es utilizado fundamentalmente a través del lenguaje, el lenguaje culto que trata sobre temas que verdaderamente interesan a las comunidades desde lo cotidiano hasta las reflexiones vitales.

Existen también otras categorías culturales de personas a quienes les es reconocida su capacidad y dominio en algunos temas específicos, señalamos aquí solo la información pertinente. Existen algunas de las categorías culturales como los weupife:  que como la palabra lo señala al realizar una segmentación; weu: competir, ganar, y –pi-: decir, pronunciar, y –fe: profesión, lo que equivale a decir “aquel que puede competir en el uso de las palabras” es decir, es un verdadero retórico de la lengua.

Existe otra categoría cultural conocida como koyaütufe: “aquel que es profesional del discurso o del dialogo,” este personaje ya no está pretendiendo ganar a alguien, sino que su tarea primordial es el llevar una conversación en la lengua propia de la mejor manera, conservando los ritmos y las maneras aceptadas colectivamente y le dan la calidad y el reconocimiento de buen dialogador, para ambos les es exigido un amplio conocimiento de la lengua y ser validados por la propia comunidad. De ese modo, para entender esa lógica, comenzamos por discutir algunas de las máximas de la comunicación que a través de estos señalados personajes se realizan y se pueden percibir las normas culturales que rigen sobre el tema del uso de las palabras y de la comunicación.

Una de esas máximas es el respeto por lo que se pronuncia ante los semejantes, es decir, palabra pronunciada por un miembro de la comunidad es una palabra que se cumple y se respeta, sobre todo en lo que refiere a las promesas, y llega a tal nivel ese respeto que cuando no es cumplida esa consideración por lo proferido se señala como “palabra de winka” – deriva de winkü, “asaltante, ladrón”-  es decir es palabra que no es nuestra, es de los no mapuche, es palabra de blanco, como sinónimo de palabra dada pero no cumplida. En esos términos, no significa que en el léxico de este pueblo no existan las palabras maledicientes u otras parecidas , sino que estas palabras son usadas en otros contextos, esta situación de habla se da en los círculos íntimos, en los que es permitido el habla obscena y/o el habla erótica.

Decurrente de las observaciones anteriores sobre algunas de las condiciones del habla, podemos destacar el cómo es considerado ese acto de habla en la cultura mapuche, el lenguaje es considerada una dádiva espiritual; en los ceremoniales colectivos las  machi o chamán señala que es el dios del pueblo mapuche quien le otorgó esa capacidad del habla y del lenguaje que sirve para comunicarse como para nombrar tanto al dios que le dio vida como a todo lo creado, por lo tanto ese canal de comunicación con lo divino debe ser respetado y preservado. Aquí es válida la tesis heredada desde Humboldt según la cual las lenguas son modos de ver y de concebir el mundo de manera que es casi imposible salirse de nuestras propias cosmovisiones cuyas estructuras someten al individuo. Nos movemos en un mundo lingüístico y nos insertamos en el mundo a través de la experiencia lingüística socialmente compartida.

3.- Desde los textos etnográficos que describen la relación espiritual a través de las palabras en el pueblo mapuche, podemos señalar a Bendini (1992:338) en que describe algunas palabras mapuche que hacen de clave para hacer conexión con los espíritus, y esas palabras aparentemente sin sentido ni significado son entonados para invocar la fuerza de ese espíritu relacionado a su linaje; palabras como, “ellelo”: llamado del zorro, “kaykayle”: llamado del águila, “mamaile”: llamado de la piedra, cada una de estas palabras son de uso de los miembros de un determinado linaje que en caso de la necesidad de la ayuda de su espíritu protector hace el llamado a través de la entonación de esas palabras. Con esto queremos indicar de algún modo la sacralidad de la palabra en este pueblo; hay palabras que influencian a los espíritus, que afectan en el nivel sicológico a las personas y que podemos decir de ellas que tienen poder espiritual.

Podría argumentarse que la característica de sacralidad de las palabras es resultado del carácter oral de estas lenguas, pues en la oralidad se hace necesario un respeto al máximo por las palabras que es lo único que mantiene la cohesión de la propia comunidad y una relación estable con comunidades vecinas. A su vez, si consideramos que a través de la escritura el carácter sacro de las palabras adquiere nivel sumo en las sociedades occidentales, pues en la sociedad contemporánea la tendencia es que nada que no sea escrito tiene validez, nos demuestra que el carácter oral de la lengua de por sí, no es garantía de sacralidad en lo que se profiere. Esa distinción deviene de las consideraciones epistemológicas que acerca del lenguaje tienen los pueblos indígenas.

En esas comunidades el lenguaje es considerado como algo que tiene una potencialidad propia, ya que cada individuo nace bajo una cobertura cultural heredada que ya ha sido establecida, reconocida y asumida por su pueblo, tanto su cosmovisión como también el lenguaje, solo nos queda aceptarla y seguir sus caminos de expresión según los criterios de esta cultura. Podemos hacer una comparación con la imagen de algo externo que llega al espíritu del ser humano, como en los textos platónicos, cuando en Protágoras  hace una comparación entre el manjar material y el alimento espiritual, donde el primero se puede rechazar tal vez por consejo médico, mas el alimento espiritual, es decir la palabra y sus sentidos cuando es recibido, son asimilados siempre tanto en forma como en contenido.

4.-Retomando nuestra argumentación sobre las condiciones de la comunicación podemos hacer un paralelo con las consideraciones que un pueblo indígena hace de la palabra, una de las premisas del decir productivo, vale decir que es posible decir algo solo cuando alguien está preparado para escuchar, de otro modo es lo mismo que no hablar, y los que saben deben saber dosificar lo que digan, pues existen personas que no pueden asimilar tan fácilmente temas que son de alta abstracción. Con esto se quiere decir que para cada cosa existe su tiempo y oportunidad mas siempre se está practicando el hablar cuidadoso, mesurado, en la medida que lo exija el proceso de la comprensión. Aquí nos remitimos a Platón que descubrió la tarea que sólo el filósofo y el dialéctico eran capaces de resolver: el de dominar el discurso destinado a aportar luz de tal modo que se utilicen siempre los argumentos adecuados para aquellos que son sus receptores.

Tenemos aquí un saber práctico, una phronesis aristotélica, todo lo que se sabe puede ser expresado en el lenguaje, el hablar es una existencia compartida, a tal punto que una demostración de lo que se sabe solo puede ser confirmada si existe la capacidad de que otros lo comprendan tan bien como el que emite ese saber. Así entonces según los  criterios de personas de comunidades indígenas existe la convicción que el lenguaje es la expresión del ser humano universal, pues todos tienen ese espíritu natural de comunicación y de comunión, mas debe existir una ética del decir, una adecuación en el uso, elección y modo de utilización de las palabras. De ahí es que en el lenguaje no es tan fundamental la palabra grabada ni la palabra reglamentada; la descripción de la lengua es considerada una disección, una taxonomía, pues la esencia del lenguaje no reside en esos elementos extraídos por medio de la abstracción y análisis, lo esencial del lenguaje está en esa labor eternamente reiterativa del espíritu para hacer del sonido articulado una expresión del pensamiento.

Así considerado podemos entonces señalar que las palabras son una expresión del espíritu, allí las ideas crean su dominio, es decir, en las palabras con sentido está el espíritu del pensamiento puro, y ampliando más esta definición podríamos señalar que el espíritu de un pueblo se refleja a través de su lenguaje, y cuando se pierde la lengua de un pueblo entonces es que ese pueblo ha perdido su espíritu; he ahí la gravedad del desaparecimiento o extinción de las lenguas de las diferentes culturas indígenas, su extinción es la extinción de una parte del cuerpo de la humanidad y también de su parte espiritual.

Aquí podemos superar nuestra propia reflexión sobre el lenguaje como espejo de la cultura, es verdad que a través del espejo del lenguaje podemos conocer las cosmovisiones de los pueblos e incluso la estructura concreta de su cultura (Gadamer, 1994: 146-147) podemos conocer su historia y sus concepciones del mundo subjetivo, en otras palabras la historia de la ciencia del lenguaje como cualquier otra historia es la historia del espíritu humano.

5.- Para hablar y pensar sobre el lenguaje siempre será bajo el mismo lenguaje, solo podemos pensar dentro del lenguaje y cómo el pensamiento logra penetrar en el lenguaje es un verdadero enigma que trata de desentrañar el pensamiento, solo que es a través del lenguaje únicamente que se puede resolver esto. Y aquí podemos decir que el lenguaje no es solo un medio mas que la conciencia usa para la comunicación con el mundo, no es una herramienta, no un instrumento que el ser humano puede utilizar o dominar su uso, no es como un objeto herramienta que tomamos y luego dejamos una vez que ha ejecutado su servicio. El comunicarse a través del lenguaje implica un proceso de selección y clasificación de las palabras para colocar en ellas una carga emotiva y de sentidos profundos que de algún modo nos enriquece con significados que quedan grabados en nuestro espíritu, aun cuando en general no tenemos una verdadera conciencia sobre el lenguaje propio. Esta reflexión solo es alcanzada cuando en las ceremonias rituales en los pueblos indígenas se piensa en el lenguaje como comunicación con el mundo de los espíritus o en la relación con el Espíritu creador.

Al relacionar los conceptos lingüísticos con la percepción que pueda tener una cultura sobre el tema, sin duda no es fácil, por no existir referencias escritas sobre esta actividad y su reflexión en los pueblos indígenas, lo que solo nos permite un acercamiento sobre conceptos básicos, como la definición de enunciado o de palabra como unidad básica de expresión, en la lengua mapuche se usa el término zugun: que implica, palabra, asunto, idioma. En términos generales nunca se entiende una palabra aislada sino dentro de un sistema de palabras, en la que una palabra atrae otra y así sucesivamente hasta componer un enunciado; en la lengua mapuche aquello se conoce como rakizuam (raki: contar, zuam: deseo) “los deseos contados” y que es entendido como “pensamiento”. Aquí se percibe la capacidad de la palabra por si misma de componerse y visualizar otras palabras que necesariamente y por sí mismas obligan a su uso, de ese modo la palabra se constituye cuando pasa al uso comunicativo. Y esto no ocurre por la arbitrariedad del usuario, sino mas bien son las palabras las que obligan a la utilización de otras que se enmarquen con el sentido que el hablante quiere imponer. Este uso lingüístico sugiere como si tuviésemos un depósito de palabras en el bolsillo y que las utilizamos según nuestra voluntad, pero de lo que hemos señalado, el uso del lenguaje no depende exclusivamente del que lo usa, de algún modo es como si el propio lenguaje se resistiera al abuso, es el propio lenguaje el que prescribe su uso y esta situación no es mitologizar al lenguaje sino una característica y una exigencia de un lenguaje no reducible al arbitrio personal subjetivo.

6.-Aquí entramos al campo de los significados, es decir a una semántica, a una oscilación de significados que se reajustan entre sí para ser portadores de sentidos. Así entonces podemos decir que una palabra suscita la generación de otra en la realización y la marcha del discurso. Toda experiencia práctica al analizar la fluidez de nuestra exposición de ideas a través del lenguaje es como un auto olvido, en el que las palabras salen a veces atropelladamente en la constitución de frases que necesitamos para conformar nuestro discurso frente a lo que queremos comunicar y sobretodo de poder comunicar nuestros estados espirituales.

En referencia a las prácticas del pueblo mapuche en sus ceremonias en que se destaca su carácter eminentemente lingüístico, se sabe o por lo menos se espera que cada integrante en sus diferentes funciones tendrá la capacidad de distinguir el momento oportuno de utilizar el lenguaje formal, el lenguaje ceremonial, y esto se consigue a través de la enseñanza que se da desde pequeños a los miembros de la comunidad, y son imbuidos de los momentos especiales en que el lenguaje es emotivo y muchas veces musical, puesto que una de las formas de diálogo en las comunidades es realizado entonando las palabras. Esta experiencia, el autor de este artículo la ha vivido múltiples ocasiones, en los llamados  trawün, (reuniones) y los  ngillatun (ceremonia religiosa).

Así, podemos hacer un paralelo con la actitud de un médico que aun sabiendo muchas cosas, técnicas y usos, pero que no sabe dónde y cuándo aplicarlos, no es un verdadero médico, así también son evaluados en las comunidades mapuche a los poseedores del uso de la palabra, entre los que tienen la competencia léxica suficiente y sus palabras mesuradas entran a la categoría de  kimche o sabios. En términos técnicos podríamos decir que estos retóricos de la palabra comunitaria, sin saberlo son retóricos y manejan una práctica dialéctica, a través de las formas de persuasiónpor la palabra, una tarea de convencer que es inseparable del verdadero conocimiento y de la verdad, y deben también llevar el ritmo que las propias palabras les imponen, esforzándose en la secuencia del orden sintagmático como también del raciocinio lógico de su expresión, ardua tarea.

Hemos tratado de describir algunas de las consideraciones que unidos a la reflexión sobre el lenguaje intentamos aplicarlas a la perspectiva que un pueblo como el Mapuche de Chile tiene y que aun en este nuevo siglo, recién se comienza a dotarles de un alfabeto, por lo tanto toda su historia y su prehistoria está basada en la oralidad, fuente y refugio de sus valores éticos y culturales, medio de transmisión de sus saberes internos y de sus secretos sobre la mantención de su cultura. Sin duda que esta reflexión está inacabada, y hemos intentado dar una breve reseña, tal vez como un ensayo sobre la filosofía del lenguaje y una comunidad indígena.

Queda por reafirmar el carácter espiritual de la lengua en términos generales, pues aun se conserva esta consideración dentro del pueblo, y así debería ser considerado en los procesos de instrucción, de formación y de educación general contemporáneos. No debe ser considerado un primitivismo, ni un anacronismo, sino una realidad que por mucho que existan razones para matematizar o tecnologizar el lenguaje en ordenadores o en sistemas informáticos, quedará aun la resistencia de las comunidades expresadas a través de sus lenguas de las que se ha tratado de mostrar en este trabajo.

Bibliografía

Gadamer, Hans-Georg 1994. Verdad y método II. Salamanca: Sígueme.

Bendini, Mónica (org.) 1992. Testimonios mapuches en Neuquen. Buenos Aires

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