Religión sin religión. Corbí

RELIGIÓN SIN RELIGIÓN. Extractos.

 

Mariano Corbí 

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Ofrecemos para la reflexión un extracto literal del magnífico libro de M. Corbi titulado “Religión sin religión”. Hay religión con minúscula y Religión con mayúscula, la nueva espiritualidad.

 

I-LAS SOCIEDADES DINÁMICAS ARRASAN LAS VIEJAS CONCEPCIONES Y CERTEZAS DE LOS INDIVIDUOS

 

Para las sociedades pre-industriales estáticas, que debían vivir, durante larguísimos períodos de tiempo, de hacer siempre lo mismo la verdad era lo que Dios había establecido, creado, revelado. Frente a esa verdad no cabía más que la aceptación, la sumisión.

Por esta vía se conectaba, en individuos y grupos la idea de verdad con la de sumisión.

Eso contribuía eficazmente a bloquear los cambios.

 

Para los hombres de la primera revolución industrial, que tampoco vivían de crear conocimientos, la verdad era descubrir la naturaleza misma de las cosas. Lo que las ciencias nos decían era la naturaleza de las cosas. Frente a esa verdad no les restaba a los individuos más que la sumisión.

 

Para los hombres de la segunda revolución industrial, que viven de crear nuevos y nuevos conocimientos, la verdad no puede estar ligada a la fijación, al sometimiento, sino que debe estar conectada con la libertad y el dinamismo de crear nuevas y nuevas verdades.

 

Concomitantemente a esta trasformación de la idea de conocer y de verdad, nos vemos arrastrados a una transformación de la idea de certeza, de convencimiento.

Los individuos no recibirán las certezas, los convencimientos de los que viven, ni de Dios, ni de la naturaleza de las cosas, ni de las ciencias; los individuos tendrán que vivir de las certezas, los convencimientos y las motivaciones que uno mismo, de una forma u otra, se construya. Las certezas de uno se las hace uno mismo…

 

Las sociedades dinámicas arrastran a los individuos hasta forzarlos a reconocer en su vida cotidiana que las motivaciones de la propia vida, que el proyecto que de ella se hacen, que los valores por los que viven, no les vienen dados de fuera, ya construidos y garantizados, sino que todo eso tienen que construirlo apoyándose únicamente en su propio criterio, en su propia calidad y en la garantía que esa calidad le proporciona.

 

II. LAS FORMAS RELIGIOSAS DEPENDEN DE LOS SISTEMAS DE PROGRAMACIÓN COLECTIVA

 

1. LAS RELIGIONES

 

Las religiones son fenómenos de las sociedades preindustriales

 

En las sociedades dinámicas los hechos religiosos se vuelven imposibles si no se diferencia con toda claridad la copa, que es de nuestra exclusiva responsabilidad, del vino. La iniciación religiosa consiste en aprende a sutilizar las facultades hasta llegar a reconocer la finura del vino.

Sólo cuando se aprende a gustar el vino se llega a saber que no es la copa, aunque venga sólo en las copas que construyen nuestras manos

 

Cuando se leen los maestros religiosos desde los paradigmas y patrones de las sociedades dinámicas se puede comprender con toda claridad que su enseñanza es desconcertantemente sencilla y fascinante.

Dicen que en el hombre hay dos posibilidades de conocer, sentir y vivir la realidad:

la que podemos tener desde nuestra condición de seres necesitados, que es una perspectiva egocentrada que toma la estructura de necesidades que es el yo como punto de referencia; y

– la que podemos tener más allá de esa condición de necesitada, como si no existiera ese centro de necesidades como referencia. Esta segunda perspectiva es la religiosa…

 

Todas las religiones del pasado han adoptado formas simbólico-míticas.

 

Los símbolos y los mitos de las sociedades preindustriales modelaban lo sagrado y, haciéndolo, orientaban, dirigían la mente y la sensibilidad de los hombres para experimentar la otra dimensión.

Eran, además de vehículos de iniciación a la experiencia sagrada, vehículos de expresión y ritualización de esa misma experiencia.

Por otra parte, lo que determinaba qué estructura tenían los mitos y cada uno de los símbolos de una mitología era el modo de vida del grupo.

 

Puesto que lo que decían los mitos y símbolos lo decían a través de su estructura, lo que afirmaban las religiones de Dios, de lo sagrado, dependía totalmente del tipo de mitos que se utilizaban.

Unos mitos y símbolos podían poner de relieve unos aspectos de lo sagrado y otros mitos y símbolos otros aspectos.

Las religiones se encontraban mediatizadas por las posibilidades y limitaciones de los mitos que utilizaban. Y las posibilidades y limitaciones de cada tipo de mitos y símbolos dependían, en definitiva, del modo de vida de los pueblos.

 

Desde esta perspectiva, cada forma religiosa decía de esa otra dimensión que llamamos lo sagrado algo nuevo e inédito que otras formas no tenían la posibilidad de decir.

Desde una perspectiva global y ecuménica deben ser escuchadas todas las tradiciones y ninguna debiera perderse en el olvido, porque lo que pudieron decir es único, exclusivo e irrepetible.

 

Nos asemejamos en esto a lo que ocurre en el arte: lo que con un estilo de hacer arte se puede decir de la belleza, no debe caer jamás en el olvido porque lo que aquella forma dijo es único y no podrá volverse a decir en ninguna otra manera.

Toda tradición de expresión religiosa debe ser escuchada con veneración porque dice una palabra y proporciona un aspecto del misterio sagrado que nadie podrá volver a decir…

 

Pero, el papel de los mitos y símbolos no es precisamente religioso; su función es psico-social, su papel es establecer una constitución que construya, en unas condiciones de vida determinadas, a los individuos, las relaciones sociales y el mundo en el que la vida del grupo se desarrolla.

 

El uso religioso de los mitos y símbolos no añade ninguna modificación a esa estructura, ni altera su función que es suplir la programación genética.

Las religiones, (es decir, el uso religioso de los mitos y símbolos, que tienen de por sí una función profana), no aportan ninguna nueva estructuración del mundo, ninguna nueva articulación ni del individuo, ni de las relaciones sociales, ni ninguna  alteración del sistema de valores que estructura al grupo…

 

Los símbolos y mitos utilizados religiosamente conducen, inducen e inician a experimentar y a vivir otro ámbito de realidad en la dirección que apunta su propia estructura pero más allá de ella.

El más allá al que apuntan y que les transciende, los símbolos y los mitos no lo puedan traducir.

Los símbolos y los mitos, expresan, desde el seno de su propia capacidad significativa (que está ordenada a la supervivencia de individuos y colectivos) una significación y realidad segunda, gratuita, inefable y trascendente a la vez que inmanente.

 

Luego lo importante de las religiones está en a dónde nos conducen, no en los modos de pensar y sentir con los que nos conducen; porque las formas de pensar y sentir con las que nos conducen cambian al cambiar las culturas.

Lo central de las religiones no son las concepciones, los sistemas de valores en que se expresan, los modos de representación; todo eso depende de factores relativos; lo fundamental es aquello otro que no depende de factores relativos pero que sólo es accesible y expresable con modos relativos…

 

El reconocimiento simultáneo de la relatividad y de la legitimidad de todos los sistemas mítico-simbólicos que usan las religiones se ha convertido en una necesidad social y cultural y en una necesidad religiosa.

Aunque los sistemas simbólico-míticos sean relativos, fueron y son imprescindibles para acceder a la experiencia religiosa y para expresarla e iniciar a otros; por tanto, hay que adherirse a ellos con firmeza porque sólo ellos pueden conducirnos más allá de ellos mismos.

Los mitos y los símbolos son como una escalera para subir al ámbito de lo otro, que cuando se ha alcanzado se pueden abandonar; aunque será preciso volverlos a utilizar cuando se quiera comunicar la propia experiencia e iniciar a otros.

 

No se puede dudar de la verdad de lo que los mitos y símbolos dicen cuando hablan religiosamente aunque pertenezcan a sociedades que han desaparecido.

Lo que dicen es verdad, aunque no sea toda la verdad ni “la verdad”.

Pero aunque no digan toda la verdad ni sean “la verdad”, ponen en contacto con “la verdad”.

Por este hecho, los mitos y símbolos, construcciones humanas mutables y relativas, se convierten en venerables y sagradas. No cabe pues una actitud agnóstica respecto a las formulaciones mítico-simbólicas porque esa actitud  supondría cerrarse el camino a la tradición y, en el fondo, a la religión…

 

El reconocimiento implícito y explícito de la relatividad cultural de los sistemas de valores en los que se expresan las religiones nos fuerza a no poner el acento en las creencias y prácticas de cada una de las religiones, sino a ponerlo en el proceso con el que nos conducen a esa otra dimensión de la realidad, la dimensión sagrada; nos fuerza a poner el acento en el proceso de transformación interior de los individuos y de los grupos y no en la indoctrinación.

 

Lo que se ha entendido como “religión” ha llegado a su fin

 

En Occidente, la religión siempre se ha presentado como un sistema colectivo de creencias.

Un sistema colectivo de creencias es, también, un sistema de control colectivo.

 

Todo sistema de control requiere de un sistema de poder.

A esta cadena de hechos hay que añadir que el vehículo mítico-simbólico de las religiones, en Occidente, ha sido el mismo vehículo de programación colectiva de las maneras de pensar, sentir y actuar, las cuales deben ser fijadas de forma intocable y rigurosamente controlada.

Las religiones han estado, por ello, conectadas con las creencias, el control y el poder

 

Lo que está muriendo no es la posibilidad de vivir la experiencia religiosa, sino una manera cultural, venerable y milenaria, de vivir esa experiencia.

Crece el interés por la Gran Dimensión de la existencia, una dimensión que está ausente, casi por completo, en nuestra vida cotidiana…

 

“Religiones” son las formas sagradas pre-industriales que se expresan en programas mítico/simbólicos, que son programas culturales de dominio, control, sumisión y exclusión de alternativas.

 

Las “religiones”, pues, se expresan en símbolos y mitos que establecen programas de vida e interpretaciones de la realidad mediante narraciones.

Mediante esas narraciones establecen, también, sistemas de valores y de moralidad; modos de organización familiar y social; sentido de la vida. Todo ello con prestigio intocable porque se afirma de origen divino y procede del cielo.

 

Puesto que las religiones se expresan en programas de control, dominio y sumisión, controlan y someten el pensamiento, las valoraciones, la moralidad, las organizaciones, los sistemas de vida y la misma experiencia religiosa.

 

Con la aparición y generalización de las sociedades industriales se producen tres grandes mutaciones en los sistemas de programación de las colectividades humanas:

 

Primero, se abandonan los sistemas mítico/simbólicos de programación y se sustituyen por procedimientos científicos e ideológicos.

Se abandonan, pues, las interpretaciones de las realidades mediante narraciones.

Se abandonan, igualmente, las formas míticas de establecer y fundamentar la moralidad, los valores colectivos, las  organizaciones familiares y sociales y los modos de vida. Todas esas narraciones mitológicas son sustituidas por teorías científicas y teorías filosóficas.

En esa sustitución los viejos mitos pierden su función y se dan por caducados y falsados…

 

Segundo, se abandonan los sistemas estáticos de programación colectiva.

Las sociedades científicas e industriales son dinámicas y en continua transformación de sus modos de vida. Son sociedades que tienden a vivir de la continua creación de ciencia y tecnología, de la continua innovación…

 

Tercero, se abandonan los sistemas exclusivistas de programación porque tiene que coordinarse la globalidad y la pluralidad propia de una sociedad universal y creativa.

 

Supuestas estas transformaciones radicales de los sistemas de programación colectiva, la experiencia religiosa tendrá que expresarse y vivirse en un contexto cultural de creación y libertad; en un contexto cultural en el que somos conscientes de que sólo nosotros mismos decidimos y construimos nuestro propio destino y que nada nos viene del cielo. En nuestra construcción han de confluir o se han de tener en cuenta todas las maneras de vivir y todas las tradiciones culturales del planeta.

Habrá que abandonar, pues, la vieja y venerable manera de vivir la experiencia sagrada propia de las sociedades pre-industriales, estáticas y provincianas, es decir, la manera propia de las religiones mitológicas, de dominio, sumisión y control y de exclusión…

 

Lo que no es la religión

 

La Religión, la Gran Dimensión, no es una explicación de la realidad, no es una explicación de los misterios de la existencia, ni una explicación de la vida y de la muerte, ni una solución a los problemas metafísicos de la existencia.

 

Las religiones ni explican nada, ni resuelven nada, porque introducen en un tipo de conocer y sentir la realidad que es silencioso; por tanto, introducen en un conocer que no es explicación.

La experiencia de la Gran Dimensión, la Religión, no solventa nada, sólo crea hombres capaces de explicar y solventar problemas.

 

No da certezas, no da certeza de esto y aquello, de verdades, preceptos y valores.

La religión da certeza, pero su certeza es de nada porque es la certeza de la Gran Dimensión en todo esto de aquí; en todo. Esa Gran Certeza, el gran “sí”, es de todo y no es de nada…

 

Por lo mismo, no da seguridades, lo deja todo igual que estaba; o  mejor, lo diluye todo,  pero deja que todo funcione por sí mismo o según nuestro propio criterio y decisión.

 

Sin embargo, proporciona una firmeza silenciosa que por silenciosa, sin palabras, sin articulación, es vacía; pero su vaciedad no es equivalente de nada, es una presencia tan masiva que resulta desnuda, y esa desnudez es la fuente de su firmeza en todo, de su presencia segura en toda la pluralidad, movilidad, transformación e inconsistencia de nuestra realidad.

 

La experiencia de la Gran Dimensión, la Religión, no es ni un sistema de valores, ni un sistema de comportamiento o de moralidad.

La valoración que arranca de la experiencia religiosa no es la propia de un viviente necesitado. La valoración religiosa nace, como el conocimiento religioso, del silencio. ¿Silencio de qué? De la necesidad… , porque no se propone satisfacer las necesidades y sobrevivir sino llegar a sentir y valorar para conocer mejor…

 

Para acceder a la experiencia religiosa hay que volverse con el máximo interés a todo; un interés que tiende a ser incondicional. ….

 

La Gran Dimensión, la Religión, no es una explicación del mundo y de la realidad, porque no es una representación, -especie de mapa estratégico de todo lo que nos rodea, útil para poder actuar y vivir-; tampoco es un sistema de valores y de actuación individual y colectivo, porque es un sentir inmediato de las cosas y en silencio, que no busca nada en ellas.

Por consiguiente, si no estructura el pensar ni el sentir, no es tampoco un sistema de programación colectivo.

 

La Religión no puede decirnos cómo hay que vivir; no puede darnos solventados los problemas de la existencia, ni siquiera los problemas más radicales.

La experiencia religiosa es vacía de soluciones porque no es ni interpretación, ni representación, ni articulación de ningún tipo; es una presencia densa y silenciosa, una presencia que es como un bloque compacto sin fisura y sin distancia…

 

Pero hay más, la Religión no sólo no puede controlar nada sino que además, hace saltar en pedazos cualquier sistema de control porque pone en contacto con la realidad de una manera tal que relativiza cualquier forma de pensar, sentir y vivir…

 

La experiencia de la Gran Dimensión es una experiencia de la verdad que libera de cualquier formulación y sistema de vida.

La experiencia religiosa es experiencia inmediata de una presencia, no de una formulación, por eso libera de toda fórmula.

La verdad religiosa es libertad completa, es el fin de cualquier sumisión.

Por tanto, la Religión debe alejarse, al máximo, de cualquier sistema de dominio….

 

Para que la religión sea control tiene que hacerse poder;poder para imponer maneras de pensar, sentir y vivir; poder para eliminar todo lo que dificulte o impida el control y el poder de ejercer ese control.

 

El auténtico “Poder” de la experiencia de la Gran Dimensión no es ni el poder, ni el control, ni, menos, la legitimación mitológica de ese poder y control.

El auténtico “Poder” de la Religión viene de su profundidad, de lo compacto y masivo de la experiencia que proporciona, de su conocer y valorar silencioso, de la libertad completa que, a partir de esa experiencia, se consigue en el pensamiento, en la sensibilidad y en los proyectos de vida…

 

Las Religiones son tan desnudas que no tienen nada que proponer fuera de la libertad omnímoda de su desnudez completa.

La Religión no es una manera de hacer el cosmos algo más habitable para una especie de vivientes tan precarios como nosotros los hombres.

Tampoco es una manera de mitigar el misterio de la existencia y la muerte.

La Religión no alivia nuestro destino solventándonos el sentido de la vida.

No es un alivio porque nos deja por entero en nuestras manos; deja nuestro destino y el sentido de nuestra vida en las manos de nuestras propias decisiones, proyectos y construcciones….

 

Las Religiones no proporcionan construcciones, mejoran la calidad del constructor.

 

A las nuevas sociedades industriales, las Religiones no deben ofrecerles “nada que creer” porque ofrecerles “algo que creer” es fijar la interpretación de la realidad y bloquear el cambio y es, como consecuencia, fijar las valoraciones, los modos de vida y las organizaciones y bloquear su transformación…

 

Creer es someterse. Tomar con absoluta seriedad lo que dicen las tradiciones religiosas no puede ser someterse sino dejarse enseñar y guiar para poder experimentar por sí mismo, para poder conocer y sentir de forma que no sea preciso creer; es dejarse guiar para poder verse libre definitivamente de toda creencia y de toda sumisión.

 

La Religión ofrece una verdad que es desnudez completa, y una valoración de la realidad que libera de toda forma y de toda sumisión…

 

Pero proporciona una verdad que es presencia compacta, inmediata y silenciosa; proporciona el poder de liberarse de toda sumisión, incluso de la sumisión a sí mismo, para poder decidir y construir el propio destino sin normas externas, sin seguridades y resguardos de fuera, sin certezas exteriores a la propia fuente.

Todo nace desde dentro y se apoya en la propia interioridad y autonomía; pero la base de la propia y total autonomía, iniciativa, creatividad y libertad radical es la experiencia, en uno mismo, de la Gran Dimensión…

 

Según la enseñanza de los maestros, el camino religioso es un proceso de sutilización de todas nuestras facultades; es una invitación a la máxima iniciativa para la indagación libre; es una invitación al silenciamiento de la necesidad y, por tanto, una invitación a la liberación de todos los patrones del pensar y del sentir que impone la necesidad.

 

El camino religioso es una invitación a la libertad completa porque es una invitación a la liberación del constructor, de la necesidad, que es la raíz de toda sumisión…

 

Y el poder que dan las creencias es mayor que cualquier otro poder…

El poder de las creencias alcanza más lejos que cualquier otro poder porque es capaz de penetrar donde no puede alcanzar ningún otro poder: en las conciencias.

 

… La fuerza, el vigor y la vida de las creencias que estructuran a los hombres proviene del cielo, de la revelación divina, del mandato e institución divina, ¿Quién discutirá ese sistema de legitimación? ¿Quién como Dios?….

 

Cuando se concibe y se vive la religión como sistema de creencias, se convierte a la religión en un modo de vida exclusivo y excluyente. Las religiones así concebidas son raíz de enfrentamientos y legitimadoras de las guerras más feroces porque alimentan la violencia y la legitiman desde lo alto de los cielos y desde lo más profundo de nuestra conciencia de vivientes, desde la tierra…

 

2. LA OFERTA DE LAS GRANDES TRADICIONES RELIGIOSAS A LAS SOCIEDADES DINÁMICAS DE LA POSTRERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

 

Primera aproximación a lo que es la Religión

 

Lo que se propone es asumir el propio destino, indagándolo y creándolo hasta perforar con esa creación la realidad de nuestra condición y llegar, así, al otro lado de la frontera que aquí mismo se presenta.

 

La Religión es una indagación.

 

Los maestros religiosos son los maestros de la indagación.

Ellos no dictan el camino a seguir, porque ese camino no se puede dictar sino que hay que crearlo de nuevo en cada caso.

 

El camino hacia la Gran Dimensión de la existencia, se parece al camino hacia la belleza. El camino a la belleza no se puede dictar, sólo se puede enseñar; pero lo que se enseña es a crear el camino.

Lo mismo vale para lo que conduce a la gran experiencia religiosa, hay que crear el camino cada vez de nuevo.

Los maestros sólo orientan cómo hay que hacerlo; y orientan mostrando su propio camino…

 

Cada camino muestra cómo hay que adquirir la libertad de toda fe, de toda sumisión, de toda idolatrización, para recobrar la radical novedad de todo, la frescura que acompaña al trabajo de rehacer la libertad de reestrenar el mundo.

 

El camino religioso es un camino de novedad; se va de novedad en novedad.

Esa novedad es, como en el arte, hija de la indagación intensa y de la creación continua…

La Religión, así entendida, a pesar de su grandiosidad, es una propuesta para todos, es una invitación hecha a todos los hombres. ..

 

La experiencia religiosa es una oferta, una invitación y una posibilidad para todos los hombres…

 

La experiencia religiosa no es nada añadido a todo esto de aquí que es nuestra vida de hombres. No es ni una verdad añadida, ni un tipo de valores ni de comportamientos añadidos, ninguna realidad añadida. Es otro modo de hacer todas estas cosas que son autónomas y no sometidas ni a nada ni a nadie…

 

Conseguir vivir esta nuestra vida de hombres de forma que en ella resplandezca la

Gran Dimensión, es la invitación y la oferta de los maestros religiosos.

Ese es el reino de Dios…

 

Quien, invitado y guiado, consigue reinventar la novedad, la frescura, la maravilla de la completa vida de los hombres en este planeta, dicen los maestros religiosos que se encuentra como en una fiesta de amor y de gozo, como en una boda…

 

No hay esfuerzo ni indagación que sea productiva si no es, a la vez, camino de libertad completa y creación.

A medida que se produce el encuentro empieza la gran fiesta de amor y de gozo. Ese es el único fundamento de la paz humana…

 

La Religión como libertad completa y creación libre, deja de ser excluyente y se hace acogedora.

Los caminos libres y creativos no tienen número, porque lo que hay que indagar es una profundidad y una riqueza sin fin.

Cuanta más indagación libre y creativa se haga, más se enriquecen todos…

 

Creer que sería mejor que no existiera más que mi camino para llegar a la Gran Dimensión es ignorar la inmensidad de la riqueza de lo que hay ahí; es desconocer la precariedad de la condición humana; es desconocer lo que es la libertad y no haber comprendido que sólo en la libre creación se presenta la Gran Dimensión…

 

La actitud religiosa que intenta eliminar la diversidad, la que la reprime, la que ignora, se menosprecia y rebaja a sí misma; la que simplemente no fomenta y ayuda a la vida de las otras tradiciones y maneras de andar el camino religioso, se descalifica por sí misma y, a la larga, se condena a sí misma a la muerte o a la marginación.

En la nueva sociedad de complejidad y pluralidad creciente, tendrá que ser eliminado o marginado todo lo que resulte ser intolerante, excluyente y simplificador.

 

La gran realidad de la oferta religiosa

 

Las tradiciones religiosas invitan a un viaje a lo desconocido. ¿Dónde está esa tierra ignota? Aquí mismo.

No hay que ir a ninguna parte, pero hay que trasladarse muy lejos con la mente, el corazón y los sentidos…

La oferta religiosa es la invitación a un viaje que no tiene fin, en esta tierra, en este nuestro lugar.

Si uno acepta la invitación y atina a ponerse en movimiento, comienza a andar sin moverse del sitio, por el conocimiento, la conmoción y la libertad.

 

Se ha empezado a andar cuando empieza uno a aumentar en el conocimiento. ..

 

Se anda cuando uno crece en el interés por todo, cuando uno va aprendiendo a conmoverse por lo que hay, como es; cuando uno va de ternura en ternura, simplemente porque las cosas son así, como son.

 

Se ha puesto uno en movimiento cuando empieza a quitarse de encima sumisiones.

Primero, sumisiones a lo interno y, después o simultáneamente, sumisiones a lo externo.

La oferta es una oferta de conocimiento que es libertad. La oferta es una invitación a adentrarse en los campos de la libertad, un camino sin fin.

 

Ese viaje a lo desconocido dicen las tradiciones religiosas que es un viaje al gozo; por eso afirman que es un viaje al paraíso. Allá se ve uno libre de toda sumisión y se come y bebe del árbol de la vida.

Esa es vida completa, sin sumisión ninguna, por tanto libre de todo, por eso es vida eterna; vida eterna que es conocimiento, amor y gozo.

Esa es la real oferta de la Vida Eterna, el Empíreo, los Campos Eliseos, el Paraíso, los Reinos del Oeste, el País de la Tierra Pura, el Reino de Dios.

 

Ese lugar de leche y miel es esta nuestra tierra, este nuestro lugar, nuestro pequeño rincón, cuando conseguimos empezar a conocer y ser libres…

 

La oferta religiosa es una oferta de comida, aquí, ya, no una oferta de fe y esperanza en la comida que vendrá en un más allá; es una oferta de conocimiento, de amor, libertad y gozo aquí

 

Lo que invitan a conocer las religiones está aquí mismo, es esto mismo; y el conocimiento al que invitan es un conocimiento que conmueve, enternece y libera.

Se conoce con la punta de la mente y con la punta de la lengua; con los ojos, los oídos, las manos y con toda nuestra carne; y ese conocimiento es una corriente que hace vibrar todo nuestro ser, y conmoviéndolo lo libera de sí mismo y de lo mismo que conoce…

 

¿Qué papel juegan, pues, las creencias en la invitación que hacen las Religiones?

 

Las llamadas creencias, es decir, lo que dijeron los maestros religiosos, lo que dicen las Escrituras Sagradas, lo que transmiten de generación en generación las tradiciones, son un testimonio y una invitación; son los cantos que llegan desde el otro mundo, cantos que provienen de aquellos que han llegado a la otra orilla, de los que han llegado a conocer; son el ladrido lejano, desde el poblado, oído desde la profundidad del desierto; son cuentos de eternidad; son enigmas, mensajes a descifrar con todo el cuerpo.

 

Pero lo que dicen ni describe lo que se llega a conocer, ni es un mapa para el camino, ni es una solución de nada, a la que uno deba simplemente someterse.

Son como un verso, un canto, un rumor.

Pero son una invitación, un sabor anticipado, un lugar donde uno puede contrastar los propios logros.

 

El destino del hombre es indagar por sí mismo, encontrar por sí mismo, conocer y sentir por sí mismo, llegar a amar y ser libre por sí mismo…

 

Lo que dijeron los que nos precedieron sirve como guía, no como solución hecha que uno da por tal; sirve como incitación al propio proceso, a la indagación personal y libre.

Lo que dijeron los que nos precedieron sirve como incitación y empuje, no como lugar de llegada…

 

3. UNA OFERTA DE LIBERTAD, CONOCIMIENTO Y AMOR

 

El camino de la Religión es el camino de la libertad

 

Las verdaderas ortodoxias- enseñanzas correctas- enseñan la libertad de toda sumisión y de toda creencia.

 

Las ortodoxias entendidas como perfecta sumisión a una verdad y valoración fijada, no son ortodoxas, no son enseñanzas correctas.

 

Estos son los rasgos del camino interior: el proceso interior es una transformación; la transformación es un crecimiento continuo en la liberación de la sumisión a creencias; la liberación de sumisión a creencias es sutilización.

Sutilizarse es aprender a percibir realidad y valor en toda forma sin sujetarse a ninguna, en toda concreción, sin quedar fijado en ninguna.

En las nuevas condiciones culturales, sólo es lícito hablar de religión en la más completa libertad.

La nueva regla es: hablar, sentir, actuar y organizarse con plena libertad…

 

Podemos concluir, por tanto, que en las nuevas condiciones culturales, sólo es legítimo hablar de religión si se hace con plena libertad y responsabilidad, sin sumisiones de ningún tipo.

Toda especie de sumisión desvaloriza y desacredita definitivamente lo que se diga en cuestiones religiosas, como la sumisión desacredita lo que se pueda decir en ciencia o en arte…

 

No hay un camino que sea unas formulaciones, unas creencias y unas normas.

 El camino son sólo las personas. Cada persona que atina a andar es el camino...

 

El camino no es nada prefijado de una vez para siempre; el camino es una indagación continua y siempre por hacer por primera vez, una aventura de novedad completa a todo lo largo del sendero que hay que recorrer y en cada uno de los pasos.

El camino religioso es el camino de la libertad, y esa libertad de todo lo que nos enclaustra y somete es la verdad; eso es la verdad.

 

El camino religioso libre conduce al conocimiento

 

La religión nos invita a recuperar y vivir intensamente nuestra libertad constitutiva.

Nos invita a entrar por esa puerta abierta para acceder a la realidad que hay más allá de todas las construcciones de nuestra necesidad…

La libertad es la gran oferta de las religiones, porque ofrecer la libertad sin límites es ofrecer el conocimiento completo.

Ese es el único mensaje de las tradiciones religiosas. Ninguna religión puede dar otro mensaje que ese. Ese es el gran mensaje; esa la buena nueva de mil caras.

Donde no hay libertad no hay espíritu. Donde no hay libertad no está la Gran Dimensión, Dios…

 

El gran error en el camino es someterse a formas.

Quien se somete a formas, pierde su iniciativa, su creatividad, su espíritu de indagación. Tiene que perder todo eso para no correr el riesgo sobrepasar las formas y así quebrantar el sometimiento.

Quien se somete a formas tiene, por fuerza, que satisfacerse con las formas porque, de lo contrario, podría liberarse de ellas y trascenderlas. Ese tipo de proceso genera hipocresía.

 

Este es criterio del verdadero camino religioso: es verdadero el camino que libera de formas, el que quebranta toda sumisión.

Quien conoce desde el silencio se libera de mitos, símbolos, doctrinas, creencias, aunque las use; se libera de todas las formas, aunque las use, porque se da cuenta de la irrealidad y la ilusión de todas nuestras concepciones.

Quien conoce desde el silencio sabe del desatino de todas nuestras construcciones, sobre todo de todas aquellas que pretenden hablar de la Gran Dimensión.

 

Todos los mitos, símbolos, doctrinas, creencias y conceptos religiosos son venerables y deben ser tratados con un respeto sagrado, pero son instrumentos que han de ser usados libremente; son instrumentos que se utilizan, sin someterse a ellos. Son como bastón de ciego que uno usa para tocar con él las realidades presentes pero que nuestros ojos no ven..

Lo que no crea libertad, no es el camino..

 

Son maestros religiosos no los que piden sumisión y dominan, sino los que liberan; no los que piden y toman, sino los que dan; no los que se hacen señores y son servidos, sino los que sirven.

Lo que guía y conduce y no domina, ni somete, ni controla, ni destruye sino que libera.

Ese es el poder máximo; ese es el poder fuerte porque es el más suave.

La Religión ha de excluir todo dominio, en ella la única relación legítima es el amor y el servicio.

 

El camino religioso es un camino de novedad radical…

 

Las tradiciones religiosas nos ofrecen el resultado de las indagaciones de los maestros que nos precedieron para que las utilicemos libremente para investigar y recrear por nosotros mismos, el camino…

 

Acceder al silencio no es moverse en el vacío, es ir más allá de las formas.

Ir más allá de las formas es hacerse libre con respecto a ellas porque se ha atinado a ir a dar a una nueva dimensión de lo que es y vale, que no se sujeta a las formas que nos sometían. ..

 

Estos serían los rasgos del camino del silencio: es un camino de creación continua; que comporta crecimiento en el conocimiento y en el sentir de la realidad; ese crecimiento en el conocer y sentir es, a la vez, crecimiento en la libertad respecto a toda sumisión y a toda forma; el continuo crecimiento en el conocimiento y en la libertad es un camino de sutilización, de espiritualización; en ese camino se marcha de novedad en novedad.

El silencio es novedad, sólo la necesidad ama lo que ya conoce.

El camino del silencio es una buena nueva que es novedad sin fin…

 

El camino del silencio es un camino de conocer y sentir siempre inédito, fresco, imprevisto, impredecible, que siempre desconcierta y descoloca…

 

El camino de continua novedad no puede ser andado dos veces; ya no sería un camino de novedad; ya no sería un auténtico camino religioso…

 

Cuando la religión se concibe como programa colectivo y sumisión, la guía del camino es la fidelidad y el buen comportamiento conforme a las normas; el sometimiento, en suma.

 

Cuando la religión es un camino de creación continua, un camino de libertad y verdad impredecible, lo que se va consiguiendo percibir, sentir y comprender en cada paso, eso lo que guía…

 

Sólo la libertad es el camino del amor

 

Quien no es capaz de mirar todo lo que le rodea más que por el interés por su propia vida, no es capaz de amor, porque cuando dice que ama se ama, en verdad, sólo a sí mismo. Quien no se libra de sus necesidades para mirar las cosas e interesarse por ellas, no puede ni sabe amar. Y sin volcarse total y desinteresadamente por todo lo que hay, no se da el conocimiento.

Sin libertad no es posible el amor.

Así, pues, la libertad, el amor y el conocimiento caminan a la par.

 

La oferta religiosa no transmite doctrinas, creencias o modos de vida; la oferta religiosa sólo invita a hacerse a sí mismo completamente libre, para así poder ser incondicionalmente benévolo y sabio. ..

 

Quien no acoge las realidades tal cual son, quien no las ama y se goza con ellas, no puede ver el amor, la subjetividad y el espíritu que las habita.

Quien sale de sí para ir, sin exigencias, con interés y con ternura a todo lo que aquí hay, no vuelve a la cárcel.

El que actúa con doblez sale hacia fuera para volver cargado a casa.

El que actúa con simplicidad sale de casa para no volver; esa simplicidad de intención le hace frágil, pero esa fragilidad le edifica en la gratuidad, en el amor y en el conocimiento.

 

Sólo quien siente compasión y ternura es sabio. Pero nadie puede sentir así si no es completamente libre. Nadie puede tener compasión por todo, si le quedan residuos de egoísmo.

Quien se compadece de todos y de todo, sin residuos, lo conoce todo. Donde todo es benevolencia, no queda ningún velo. Si todo no es luz, acuerdo, paz y alegría, algo vela y el velo es falta de interés y de amor.

La falta de interés denota que algo tiene presa mi mirada.

 

Este es el camino: hacerse libre para convertirse en pura solicitud y ternura con todo para conocerlo todo.

Y este es el Reino de Dios, conocer y ver la solicitud y la ternura en todo.

Esta es la encrucijada del camino: el interés sin condiciones, el amor, la benevolencia sin exigencias, la ternura.

Quien luchó por la libertad, pudo adquirir esas cosas y entrar en el Reino de Dios…

 

La moralidad que importa en el camino religioso es la que orienta estratégicamente el comportamiento para adquirir con él la libertad, el amor y el conocimiento.

 El comportamiento correcto no es el obediente sino el que busca, tantea libremente, el que es creativo a fin de conseguir el conocimiento…

 

Dicen los maestros que el amor es la esencia del ser humano.

Cuando se camina más allá de las fronteras de la necesidad, se callan los deseos. Si los deseos se silencian, nada de lo que hay fuera de mí puede llevarme tras sí. ..

 

A la sensualidad no hay que darle el nombre de amor, porque no se interesa más que por sí misma. La sensualidad puede despertar al amor; pero hay un gran tramo que recorrer desde la sensualidad al amor.

La distancia de ese tramo es tan larga como la que separa el deseo del silencio…

 

Cuando el interés no se nutre de la necesidad es verdadero amor……

Mientras uno busca sustentar su cuerpo, sustentar el sentido de su vida y salvar su alma, construye el mundo y los dioses a su medida y a su servicio.

Sólo cuando uno atina a abandonar el propio cuerpo, el sentido de su vida y la salvación de su alma, puede aprender a conocer su propia esencia….

 

4. EL CAMINO RELIGIOSO ES UN CAMINO QUE LIBERA DE TODA

SUMISIÓN A CREENCIAS

 

Las formas convencionales y post-convencionales de vivir la religión

 

Desde la perspectiva de las sociedades estáticas, los maestros religiosos eran vistos como los fundadores, los creadores y reveladores de las formas de pensar, sentir, actuar y organizarse del grupo. Ellos eran el origen, la garantía y el sello de las convenciones del grupo. Lo convenido era lo que se decía que había establecido el maestro y fundador.

La religión era homogénea y era, a la vez, el fundamento indiscutible de la moral y del sentido de la vida convencional del grupo…

 

Un lenguaje religioso sin creencias para una sociedad que sólo vive de supuestos…

 

Las sociedades estáticas hicieron de los símbolos el soporte de la creencia. …

Hay que suponer solamente que los símbolos son una guía para la investigación de lo que nos rodea en el sentido en el que ellos nos hablan…

 

Los símbolos religiosos deben volvernos a las cosas mismas; directamente, a todas sin exclusión, a todas tal como vienen.

Si los símbolos religiosos se usaran de manera que parecieran poner otra base para  nuestro conocer, sentir y amar que no fuera la base que ofrece la tierra, se convertirían en instrumentos de perversión porque nos conducirían a tomar como realidad lo que sólo es un apunte nuestro para el camino.

 

Un discurso religioso que nos aparte del conocimiento y amor de las realidades que nos rodean es una de las peores perversiones humanas, porque además de edificar nuestra humanidad en la irrealidad, engendra el menosprecio por lo que realmente existe y, con ello, engendra la dureza del desamor…

 

Para que el camino religioso sea verdaderamente real, no deben aceptarse creencias que mitiguen las condiciones de la existencia.

 

Para tener la posibilidad de conocer lo que aquí viene hay que respetarlo. Respetarlo es aceptarlo y acogerlo tal como viene.

Se le puede negar la acogida de varias maneras:

-menospreciándolo, porque no es como debiera ser o como nosotros quisiéramos que fuera,

-mitigándolo, edulcorando su manera de ser, proyectando sobre él imaginaciones apoyadas y sostenidas por creencias.

 

Así, rechazando o desfigurando lo que en el cosmos o en uno mismo viene ¿cómo vamos a comprender el mensaje verdadero de la realidad?

No hay que usar lo que formulan las creencias para apoyar construcciones imaginarias destinadas a hacer digerible la rudeza de la verdad que viene en las cosas.

Lo que formulan los mitos y los símbolos no debe utilizarse para mitigar la reciedumbre con que se presenta la realidad sino para, dejándola tal cual es, orientar nuestra indagación sobre ella…

Esta es la gran tarea: no huir de la realidad tal como se presenta y viene sino respetarla, acogerla, amarla…

 

Analicemos el caso de la creencia en la inmortalidad del alma.

 

La creencia en el alma inmortal puede resultar ser la gran disimuladora de la inconsistencia del yo porque le evita tener que enfrentarse con toda radicalidad a su absoluta insignificancia.

En la medida en que esa creencia suaviza la muerte y sostiene la ficción del yo, dotándole de un alma inmortal, obstaculiza así la comprensión de la inmensidad del misterio de ser que pasa por mí y que en mí se dice…

 

¿Es que la inmortalidad del alma no tiene ningún sentido religioso positivo?

La creencia en el alma inmortal afirma que aquí, en mi total y completa insignificancia e inconsistencia se dice algo de solidez inquebrantable. En estos palmos de tierra que soy yo, brota una fuente de agua de vida eterna.

Soy la huella de Dios, soy el paso de Dios, el Único…

 

Los grandes instrumentos para abrirse paso a través de los embrollos de las Creencias…

 

La razón, convenientemente usada, es un potente machete para cortar todo tipo de construcciones mentales, para desjarretar todos los presupuestos de las interpretaciones, para diseccionar todo tipo de postulados y valores, para dudar de todas las creencias…

 

Lo que debe guiar el corte de la razón debe ser un sentir y pre-sentir nuevo; y eso no puede proporcionarlo de ninguna manera el cuchillo de la razón. Para ese trabajo se necesita otro instrumento.

Ese instrumento es el silencio, el esfuerzo por comprender y sentir desde el silencio…

La razón y el silencio son los dos grandes instrumentos del camino interior.

El silencio puede ser eficaz sin la razón, pero la razón no puede ser eficaz sin el silencio.

 

Todavía hay otro gran instrumento para abrirse camino: el amor desinteresado, el servicio desinteresado, la acción que no busca el propio provecho, es decir, una relación con todo lo que nos rodea en la que uno sale de casa y no retorna a ella con algo de lo que vivir.

 

El silencio es la manera activa de leer los grandes textos religiosos…

Cuando comienza el silencio, comienza la indagación, porque el silencio es una actitud cognoscitiva, una actitud de intensidad indagadora. Uno calla para no obstruir la recepción de la revelación…

 

Las palabras de los mitos y símbolos nos hablan para que callemos. Apuntan historias y significados para que los recorramos íntegramente, hasta el final, hasta agotarlos; cuando los agotemos por completo, con la mente y el corazón, con la carne toda y con los sentidos, entonces, nos lanzan, como con una rampa, más allá de ellos, a la infinitud sin camino…

 

El silencio es una actitud extremadamente activa de la mente, la sensibilidad y el cuerpo.

Uno calla para ponerse en punta con todo su ser e indagar todo lo que ahí hay, ya no como mi necesidad quiere verlo, sino como es en sí mismo, como yo lo puedo ver cuando ya no busco nada…

 

 

5. LA EXPERIENCIA SAGRADA SIN RELIGIONES

 

En las sociedades industriales, el camino interior tendría que abandonar las formas religiosas…

 

Las sociedades científicas, tecnológicas e industriales avanzadas son  sociedades laicas porque sus tramas culturales no presuponen a Dios

-ni en las interpretaciones que hacen de todos los niveles de la realidad,

-ni en los sistemas de valores y fines que profesan,

-ni en la ética que rige sus comportamientos individuales y sociales.

 

En sociedades así el ofrecimiento del camino interior, -proceso hacia el silencio-, no debiera hacerse en formas religiosas.

 

¿Qué se entiende habitualmente en Occidente por formas religiosas?

-Las formas ligadas a una concepción teísta de la realidad y de la existencia humana,

-las formas sustentadas en la creencia en un Dios Señor,

-por tanto, las formas basadas en la sumisión, el culto y la devoción,

-consiguientemente, formas ligadas a estructuras eclesiales, sacerdotales, jerárquicas, clericales.

 

Esta modalidad religiosa de presentar el camino interior, (que es el camino del silencio), enlaza indisolublemente el proceso al silencio

-con la creencia en un Dios,

-con la sumisión y devoción a ese Dios,

-con la aceptación de un proyecto de vida recibido de Dios al que hay que someterse,

-con unos cuadros de creencias que suponen una interpretación obligatoria de la realidad y de la vida humana,

-con unas normas de comportamiento y unos sistemas de valores y fines, recibidos de Dios y, por ello, obligatorios

-y que proporcionan, además, una solución al problema de la vida y la muerte, la enfermedad y el dolor…

 

¿Cuáles serían las formas no-religiosas del camino interior?

 

Tendrían que ser formas

-que no se presentaran como indisolublemente unidas a la creencia en Dios y a la sumisión a Dios;

-ni atadas a sistemas fijados de pensar en relación a la existencia, la vida, el comportamiento, los valores individuales y colectivos, los fines, las organizaciones;

-ni inseparables de formas cultuales, sacerdotales;

-ni exigiendo prácticas devocionales.

 

Las formas de estructura teísta serán válidas si se presentan como únicamente optativas y sólo en función del proceso al silencio.

Para que quede explícito el carácter optativo de esas formas no deben presentarse nunca como incondicionalmente ligadas a la sumisión

 

Las formas no religiosas de presentar el camino interior serán necesariamente más mentales.

Eso no quiere decir que las restantes facultades humanas, especialmente el sentir, no se empleen; significa sólo que el punto de sutura en la presentación de la propuesta de camino será preponderantemente mental.

 

En las religiones, por el contrario, la propuesta y el punto de sutura de los diversos aspectos del trabajo interior no es algo mental sino que se fundamentan en la creencia, la sumisión, la entrega, la devoción.

 

Las formas no religiosas del camino interior exigen explícitamente la conciencia de autoconducción  y exigen el aprendizaje continuo. Comportan una mayor autonomía de individuos y grupos, puesto que se ha abandonado la vía de la sumisión, y comportan una voluntad más explícita de aprendizaje continuo de los grandes maestros que nos precedieron y de los compañeros del camino….

 

En las sociedades industriales desarrolladas el sentir está empapado del cambio constante en todo. Se siente la continua transformación de todo. Se experimenta que ninguna forma de pensar, actuar, sentir y vivir tiene consistencia ni duración. Se siente que no se puede dar nada como definitivo porque nada está anclado en nada…

 

La sensibilidad de los hombres de las sociedades industriales avanzadas ha perdido la trama teísta.

Quizás todavía formulen que “debe haber algo” o que “hay Dios”, pero ese supuesto o esa creencia no articula la trama de su sentir.

Donde falta la trama teísta del sentir, es inútil presentar el camino interior en formas religiosas. Es inútil porque la propuesta, el mensaje no puede asentarse realmente y penetrar en el sentir…

 

Puesto que es imposible volver atrás al sentir, hay que presentar, proponer, expresar y vivir el camino interior según la manera real de existir del sentir humano…

 

Las nuevas formas religiosas no pueden enfrentarse con las del pasado

 

En el pasado, los enfrentamientos entre las diversas tradiciones religiosas, entre cristianos y musulmanes, entre católicos y protestantes, tenían lugar desde el supuesto de “una verdad con pretensión absoluta y exclusiva” frente a otra “verdad con pretensión absoluta y exclusiva”…

 

La tarea que hay que realizar para reconvertir las tradiciones religiosas a la nuevasituación cultural de las sociedades dinámicas es la de trans-codar la sabiduría del pasado.

Transcodar no significa arrasar ni olvidarse ni enfrentarse ni luchar.

Cuando se transcoda la sabiduría religiosa no hay fundamento para atacar las formas tradicionales de vivir la religión ni hay razón para intentar destruirlas, ni  desacreditarlas o menospreciarlas.

Lo único serio que hay que hacer es poner las condiciones culturales adecuadas y la distancia suficiente de las viejas formas y estructuras para poder realizar con seriedad y radicalidad la transcodación.

Si la transcodación de formas, estructuras y organizaciones es la adecuada a las

condiciones culturales realmente existentes y si está hecha con sinceridad, verdad y conveniente radicalidad se abrirá paso por sí misma y absorberá la sabiduría del pasado.

 

Para poder trabajar, hay, pues, que distanciarse de las viejas formas religiosas de pensar, sentir y organizarse; y hay que hacerlo con sencillez, seriedad, radicalidad y espíritu pacífico para poder así hacerse dignos de absorber y heredar la  integridad de la vieja sabiduría…

 

Los errores de los mitos y sus consecuencias religiosas…

 

Que todavía los humanos estemos sobre la tierra, es el mérito de los mitos y el crédito de su verdad. Así, pues, los mitos, todos ellos, son verdaderos en sus circunstancias

 

Las mitologías dualistas que se articulan en torno de la lucha de un Principio Bueno contra un Principio Malo sostienen, coherentemente, que el pueblo que profesa esa mitología es el pueblo aliado con el Principio Bueno, por consiguiente, es el Pueblo Elegido. Si es el Pueblo de la Alianza y el Pueblo Elegido, lo que piensa y siente, y que ha recibido del Dios Bueno en virtud de la Alianza, es “la verdad y el valor”. El Pueblo Elegido tiene la Revelación y el Pacto.

 

¿De quién va a aprender? Sólo de Dios y de lo que de El ha recibido… No es necesario que aprenda de ningún otro pueblo, de ninguna otra cultura, ni menos de ninguna otra religión. De cualquier cosa que no sea lo suyo, debe alejarse como del mismo Maligno. Desde esa perspectiva el Pueblo Elegido se juzga en la cúspide de lo humano. Los otros pueblos, si algo tienen que hacer, es venir donde está el Pueblo Elegido.

 

Según ese paradigma mítico, los otros pueblos, las otras culturas y más las otras

religiones, son los aliados de Satán, son el error, la maldad, el vicio, lo contra-natura…

El paradigma dualista tiende a producir autocomplacencia, provincialismo, incapacidad de reconocer los propios errores, intolerancia y dureza.

 

… Los mitos, pues, excluyen el error que conduciría al grupo a la muerte, pero pagan por ello un precio de muerte.

Consiguen la motivación del grupo, su cohesión y su colaboración, pero al precio de aniquilar la alteridad. Salvaguardan la verdad, aniquilando la libertad y la iniciativa. Consiguen su increíble logro contraponiendo verdad y libertad, verdad y creación….

 

Las religiones que se expresan en lenguaje mítico, se ven sometidas a todos sus exclusivismos, intolerancias, fijismos, pasividad, sumisión, ausencia de espíritu creativo e indagador; se ven sometidas a la falta casi completa de libertad, a la exclusión de la creatividad…

 

Cuando los mitos se sacralizan por su confluencia con la religión, justifican, con ello, la ignorancia de sus errores, se endurecen, se esclerotizan, se hacen más incapaces de cambio, se vuelven atroces con todo lo que no son ellos y su pretendida sacralidad…

 

Las formas míticas y simbólicas de la religión consiguen expresar la experiencia religiosa con un gran poder globalizante, capaz de movilizar todas las facultades humanas de una manera unitaria. Los mitos y símbolos son, pues, unos instrumentos de movilización colectiva enormemente poderosos….

 

La experiencia religiosa auténtica, en cambio, influirá sutil, real y profundamente en todos los ámbitos de la vida humana pero no resolverá nada por sí misma, ni será la solución de nada, ni dará normas u orientaciones concretas para la construcción de nuestros proyectos y programas de vida.

Tener Religión no equivaldría ya a tener un proyecto de vida, ni una interpretación de la realidad, ni una solución a los enigmas de la existencia, ni un cuadro de finalidades colectivas, ni un sentido claro de la vida, ni ningún tipo de soluciones hechas y bajadas del cielo….

Si queremos que, en las sociedades industriales, los grandes sistemas míticos y simbólicos religiosos del pasado nos transmitan el sabor indudable de sabiduría que poseen y nos empujen al silencio, debemos asegurarnos de que no nos sometan. ..

 

A las grandes formaciones míticas, simbólicas y rituales hay que escucharlas desde la libertad y el respeto. Hay que venerarlas, amarlas y dejarse conducir por ellas, por su dinamismo significativo; pero hay que hacerlo de tal forma que podamos soltarnos de ellas y alzar el vuelo, en cualquier momento.

Hay que acercarse libremente a las Sagradas Escrituras y a las tradiciones para poderlas tocar levemente, sueltos…

 

Si el miedo y la necesidad, si el temor ante la extinción y la precariedad nos llevan a agarrarnos a las afirmaciones de los mitos y de las tradiciones, entonces, esas afirmaciones nos arrastrarán con su lógica, con sus errores, con sus limitaciones y exclusiones, con su palabrería.

 

6. EL SENTIR RELIGIOSO…

 

Acabamos el siglo y el milenio con lo que había sido el sentido de la vida, la moral y la religión, desmantelados,  arrasados…

 

Pero ¿qué pasa en el interior del individuo?…

 

Cuando faltan esas maneras firmes y colectivas, el individuo flota sin rumbo, sin peso y sin raíces, movido y arrastrado por su potente instrumental científico y técnico y por sus intereses inmediatos.

El individuo no sabe cómo comportase con el medio, con sus conciudadanos o con su familia porque, aunque quizás pueda pensar sobre todo eso, no sabe cómo sentirlo profunda y convenientemente.

 

Y no sabe como sentir porque le faltan ejemplares, patrones para construirlo. Como no sabe cómo construir su sentir, su sentir resulta heterogéneo, desordenado, caótico, fluctuante, sin dirección, sin sentido…

Con un sentir así de débil e incoherente, tampoco se puede dirigir y gobernar unos instrumentos tan potentes como las nuevas ciencias y las nuevas tecnologías o las nuevas organizaciones.

 

La nueva base del sentir religioso…

 

Nuestro sentir tiene que cambiar tanto como nuestra interpretación del mundo. Hasta ahora ha cambiado más nuestra interpretación del mundo y nuestra manera de vivir que nuestra sensibilidad…

 

Ya no vivimos, como nuestros antepasados, en un mundo creado por Dios, salvado y redimido por su Hijo, tutelado, protegido por su Madre y por los Santos,  habitado por Ángeles y Demonios.

Vivimos en una inmensidad autónoma que tiene más dimensiones que las que vive nuestra vida cotidiana o científica…

 

Ya sabemos que todos nuestros conceptos y representaciones valen tanto como nuestra pequeñez. No somos más que una vela encendida en la inmensidad del vacío del cosmos; una vela encendida para comprender las inmensidades de los soles, de las galaxias y de las galaxias de galaxias…

 

Las nuevas bases del sentir nos enfrentan a tres puntos de dificultad:

 

1. Es preciso que la nueva manera de comprender y sentir el cosmos nos cale hasta las raíces de forma que barra por completo las supervivencias del pasado preindustrial y agrario-autoritario. Este es un principio de coherencia y realidad.

Hay que realizar el trabajo que conduce a una coherencia plena entre nuestro modo de pensar, nuestro modo de vivir y nuestro modo de sentir; y hay que hacerlo con rigor, con profundidad pero sin agresividad y sin destruir o rechazar las sabidurías del pasado.

 

2. Debemos aprender un nuevo modo de sentir religioso de base y fundamentarlo sin formas teístas, pero de tal forma que sea capaz de incorporar y asimilar todo el saber y la experiencia teísta de nuestros antepasados….

 

3. Debemos esforzarnos por imaginar e intuir cómo se organizará y expresará esa forma nueva religiosa, que tiene base nueva pero que asimila el pasado; cómo se expresará en formas religiosas nuevas y en actos comunitarios y rituales; hay que ver como se releerán y reformalizarán, en la nueva situación, los viejos y venerables rituales del pasado….

 

El camino religioso es un sentir

 

Ha sido preciso poner en claro las nuevas bases del sentir porque el camino religioso es un sentir.

El camino religioso no es mitigar el impacto de la realidad que nos rodea, ni es huir de este mundo, ni es huir hacia adentro. No es huir en ninguna de sus formas…

 

El llamado camino religioso es el camino que hay que recorrer para apreciar la presencia de las cosas; caminar es hacerse capaz de advertir y reconocer la presencia plena, fuerte, rica y  elocuente de todas las cosas.

 

El camino interior es el camino de la transformación que se precisa para hacerse apto para sentir la presencia plena de todas las cosas.

La presencia de las cosas es el estar simplemente ahí de las cosas…

 

El camino religioso tampoco es el camino de la sumisión a unas formas sagradas de interpretar la realidad, de las que se derivan unas formas sagradas de comportarse y organizarse…

 

El camino religioso es un sentir; es el camino de las transformaciones del sentir, donde sólo el sentir es la guía.

 

Hay que aclarar qué se quiere decir cuando se afirma que el camino religioso es un sentir

 

Sentir-guía es un sentir que no está sólo interesado en sí mismo porque el interés por las cosas le arrastra hasta el punto de hacerle olvidarse de sí mismo.

 

… Quien sólo está interesado en sí mismo, no encontrará jamás más que a sí mismo; nunca se topará realmente con las cosas y menos con Dios.

 

Cuando se consigue un sentir no ego-centrado, entonces, sentir algo es reconocer algo y ese reconocer no es concebir ni interpretar, sino testificar una presencia. Reconocer es ser testigo de la presencia de eso de ahí.

Cuando soy testigo de la presencia de un ser vivo o de una persona, lo que realmente importa no es la idea que yo logro hacerme de ese ser vivo y de esa persona; lo importante es sentir y testificar su presencia…

 

 Lo que da la posibilidad y el poder de liberarse de todas las creencias, mitos, símbolos y representaciones es la experiencia inmediata y plena de todo esto que aquí viene, la experiencia inmediata y plena de toda la realidad que nos rodea.

 

Lo que nos interesa es sentir la presencia completa de las cosas, no la interpretación que hacemos de ellas.

Cuando lo que interesa son las cosas mismas y no la utilidad que de ellas podamos sacar; cuando el conocimiento que tenemos de las cosas se interesa por la calidad de su realidad, entonces estamos atrapados por el interés, entonces nos seduce la presencia misma de las cosas que están aquí con nosotros

 

Esta es la causa por la que los sentimientos que se apoyan en creencias y símbolos

tienden a hacerse vacíos e irreales. Los sentimientos en torno a los sustitutos de la realidad se hacen sentimientos sustitutos.

Los auténticos sentimientos sobre las cosas se han de apoyar sobre las cosas mismas, no  sobre sus interpretaciones o representaciones…

 

Hay que aprender a sentir la tierra, cada planta, cada animal y cada ser contando con las inmensidades de los espacios que han sido necesarios para que cada una de esos seres llegue a existir.

Los materiales con los que todo está hecho en este nuestro planeta, se han construido lentamente en el seno de las estrellas. Han tenido que existir las inmensidades de los soles y las inmensidades de sus procesos para que un pequeño ser, una planta o un insecto haya podido llegar a existir.

Así es que cada viviente incorpora en su ser esas inmensidades de tiempo, espacio y procesos.

Lo que se dice de los vivientes vale de la tierra que los alimenta y vale del agua que les da  vida.

 

Nuestro saber nos permite comprender que el más pequeño e insignificante ser, el más pequeño insecto, incorpora en su presencia inmensidades de tiempo, de espacio, de complejidad de procesos, de algo que podríamos calificar como inteligencia.

Las tramas inimaginables de los espacios cósmicos y de las edades cósmicas, las interdependencias de complejidad, riqueza y variedad inabarcables se cruzan y se hacen presentes en cada cosa, en cada ser.

 

Cuando se sienten las cosas, no desde la pequeñez de nuestra vida cotidiana sino desde las dimensiones que le son propias, puede hacerse patente la inmensidad del misterio y de la maravilla de todo esto que está aquí y que por aquí pasa. Cuando esta inmensidad de riqueza y belleza empieza a hacerse patente en todo su inconcebible esplendor, entonces puede decirse que se revela el conocimiento…

 

Cuando se aprende a sentir toda la realidad que nos rodea y la realidad que nosotros mismos somos, bajo el peso de su inmensidad y autonomía entonces se pueden utilizar las narraciones, los mitos y los símbolos de las tradiciones religiosas para orientar nuestra indagación en el sentir, ayudados por los grandes maestros de la historia.

 

Aprender a sentir todas las cosas a la luz de los mitos, símbolos y creencias no significa sentir los mitos, símbolos y las creencias sino sentir las cosas a la luz que todas esas construcciones emiten. Los mitos, símbolos y creencias son lámparas para ver, no para quedar atrapados por su luz….

 

Todo debe conducir a sentir las cosas en su inmediatez, desde el silencio y en la inmensidad  de sus tramas en continuo fluir y transformación.

 

Y dicen los maestros que cuando se consigue sentir todas las cosas así, todo es como un inmenso discurso, como una canción, como una inmensa presencia que arrastra con su peso, su certeza y su belleza; todo es como un inmenso vacío de todo rastro de nuestra pequeñez, todo es como un rostro acogedor que nos mira desde todas partes.

 

Cuando se sienten las cosas en su pura inmediatez todo se hace como una fuente de agua viva que refrigera, como una vida sin fin que brota desde todas partes.

Llegar a sentir así requiere un largo y complejo proceso.

 

7. LA VERDAD RELIGIOSA

 

La verdad religiosa es una verdad silenciosa, no una formulación.

 

…El conocimiento religioso, por tanto, no es un conocimiento de verdades sino el conocimiento de una presencia.

La verdad silenciosa, que es la verdad más profunda, se percibe con el cuerpo, como la belleza.

El conocimiento silencioso no es un saber de la estructura de eso de ahí, ni es un saber recóndito y último referente a eso de ahí. La verdad silenciosa es la comprensión de eso de ahí, como la belleza es su contemplación. ..

 

Y eso de ahí no es un mundo ideal o divino,  no es un mundo sin pobreza, sin mal y sin muerte, es nuestro mundo tal como nosotros lo hemos construido.

En ese mundo tal como viene, cuando lo percibimos silenciosamente, se da el

aquietamiento y la paz.

…Si las escrituras, los dioses o las “fes” nos alejan de la verdad que se hace presente en esto de aquí, tal como viene, no son verdad sino que nos apartan de la verdad….

 

La verdad que induzca a rechazar esto de aquí, a huir de esto de aquí, aunque pretenda conducirnos a los cielos, no es la verdad que enseñan los maestros.

 

Pero el pleno asentimiento y amor, la total reconciliación con esto de aquí, tal cual viene, no equivale a transigir con todo lo que va mal; por el contrario, la reconciliación, la paz y el amor por esto de aquí es interés totalitario, amor sin condiciones que se traduce en pasión por mejorar, reparar, sanar, corregir lo que vaya mal.

La acción de transformación y reforma que brota de esa experiencia, excluye toda agresión, todo rechazo, toda violencia, todo menosprecio, toda falta de amor…

 

A ese conocer silencioso, no le interesa la utilidad que las cosas puedan tener; le interesa la existencia misma de las cosas, su presencia misma. El conocimiento silencioso no diseña, sólo re-conoce el ser de lo que tiene delante, lo re-conoce y lo testifica. Y eso es todo…

 

Este conocimiento sin distancia, sin mediación, engendra comunión y unidad con lo que se conoce. Es un conocer que es interés total por la cosa misma; es conocer y amor, en una pieza…

 

Hay que volcarse totalmente sobre lo que se quiere conocer. Sólo si uno lo hace totalmente, lo hace silenciosamente. ..

De ahí se concluye que el conocimiento religioso se apoya en la percepción y en el sentir…

No hay alternativa: si queremos tener acceso a lo religioso, hay que aprender a usar y cultivar un sentir completo de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea, y dejar atrás tanto los conceptos como las creencias…

 

Lo verdaderamente urgente es romper el monopolio del conocimiento-representación y proporcionar maneras, asequibles para todos, de acceso al conocimiento silencioso…

 

La naturaleza del conocimiento silencioso o conocimiento religioso

 

Dice Valmiki que “aquellos que tienen sed de conocimiento y buscan la Verdad, esos son llamados, con toda razón, seres humanos; todos los demás, no son más que brutos”.

Si se piensa con un poco de detenimiento, nadie dejará de darle la razón a Valmiki:

nuestro conocimiento científico y técnico no nos salva de no ser más que brutos, brutos con un terrible aparato científico y técnico, pero brutos; por tanto, si queremos ser verdaderamente humanos hemos de admitir y buscar el otro tipo de conocimiento, el conocimiento silencioso…

 

El conocimiento silencioso acepta la duda, no la reprime; la acepta para poderla disolver con el peso de la certeza…

 

El conocer y el saber del que hablan los maestros religiosos es conocer y saber con el cuerpo. Es un conocer que es sentir. Así es que el conocimiento tiene que ser a la vez sentir, sentimiento. Y en el ámbito de las experiencias religiosas sólo es válido el sentimiento que es luz, conocer…

 

Desde aquí puede comprenderse que el conocimiento es libertad. Desde la certeza inconmovible de “nada”, (porque no es certeza de nada en concreto), es de la única manera que se es libre de todo…

Puesto que la verdad es el sabor de todo, no hay nada que abandonar ni nada que desear. Esta es la raíz de la libertad…

 

El destino humano según los maestros religiosos.

 

No tenemos nada que hacer en esta hermosa tierra, en este pequeño y maravilloso planeta. No tenemos otra tarea que cumplir que vivir para reconocer toda la maravilla que nos rodea. Vivimos para tener la posibilidad de reconocer.

Reconocer es testificar que hemos visto y sentido lo que está frente a nosotros.

Reconocer es decirle a todo que hemos advertido su presencia, que hemos visto su esplendor, su belleza, su inmensidad y que nos hemos maravillado de su existencia y la hemos amado.

Ese es nuestro destino de hombres…

 

III. CÓMO DEBE PRESENTARSE LA DIMENSIÓN SAGRADA DE LA EXISTENCIA A LAS NUEVAS SOCIEDADES INDUSTRIALES

 

En este apartado pretendemos ofrecer un resumen de los principales puntos que convendría tratar en una sumaria presentación de las dimensiones religiosas a los hombres de las nuevas sociedades.

 

1. No se ofrecen creencias, sino otra dimensión de la realidad

Consejo del Buda: no andéis sobre los pasos de los antiguos. Buscad como ellos mismos buscaron. ..

 

2. La Religión no ofrece una solución hecha, ni para la vida ni para la muerte

 

-La Religión no ofrece una solución ya hecha para la vida

 

En nuestro tiempo, nos hemos visto forzados a tener que comprender que la Religión no es ninguna solución para nada.

A cambio, la Religión nos conduce a más dimensiones de la existencia; nos guía a la Gran Dimensión; nos conduce a ampliar nuestro ser, a afinar nuestro discernir y sentir, a pacificar y serenar nuestro interior; nos conduce a la ternura, al interés incondicional por todos y por todo, al amor.

La religión no es solución para nada porque es sólo un espíritu que hace de nosotros un nuevo ser. Las religiones no dan construcciones, dan espíritu a los constructores.

 

-La Religión no es una solución para la muerte…

 

Las creencias de las sociedades agrarias sobre la vida de ultratumba y sobre la resurrección son más hijas de los modelos agrarios de interpretar la realidad que de la experiencia religiosa…

La muerte es, en manos de los maestros y de las tradiciones religiosas, un  poderosísimo medio de iniciación a la visión y comprensión de la realidad desde otra perspectiva, la gratuita y sagrada…

 

3. Las grandes vías de la experiencia religiosa

 

El silencio es la forma más elevada de instrucción espiritual.

La afirmación central de todos los maestros y de todas las tradiciones religiosas es que la llave del proceso religioso reside en el silenciamiento de todos nuestros mecanismos interiores que construyen la globalidad de nuestra realidad desde la necesidad…

 

La concentración

 

El proceso de liberación se opera por la lucidez, por la vigilancia y la atención.

El sabio endereza su mente, vacilante e inestable, difícil de retener, difícil de refrenar, como el que hace flechas endereza una flecha.

 

Aprender a concentrarse es aprender a dirigir los sentidos, la mente, el corazón y la acción donde uno quiere, a voluntad; es ejercitarse en no ser llevado de aquí para allá por el deseo y la necesidad, como si estuviéramos conducidos y tironeados como los osos de feria, por una cuerda y una argolla fijada en la nariz…

Aprender a concentrarse es aprender a auto-rregirse y conducir por sí mismo todos nuestros niveles de percepción, conocimiento, sentimiento y acción…

 

Los comportamientos y el proceso religioso

 

El amor es la brújula y el criterio para el camino; y la obra de amor es la acción que hace don de sí mismo. El don de sí debe traducirse en acciones concretas.

Cuando uno, con sus obras, hace don  de sí a las personas, a los animales y a todos los seres, los toca con su carne y con su mente sin devorar nada de ellos, sin apoderarse de ellos, sirviéndolos, venerándolos y amándolos. Entonces, y sólo entonces, se produce el conocimiento.

 

Dicen los maestros que cuando, con mi comportamiento, me hago capaz de sentir las cosas sin someterlas a mi servicio sino, por el contrario, sirviéndolas, entonces mi carne puede tocar a Dios en todo lo que me rodea…

 

Por eso sólo hay un precepto: amar. Y el amor no es cosa de sentimientos vagos o dulces, es hacer de sí, con acciones, un don. El don tiene que ser completo y sin reservas y ha de hacerse a este mundo material e imperfecto y a los hombres que nos rodean (depredadores corrientes), no a Dios, a quien no vemos…

 

IV. LA ORGANIZACIÓN DE LOS GRUPOS RELIGIOSOS EN LAS NUEVAS CONDICIONES CULTURALES DINÁMICAS

 

La organización apropiada a un grupo que pretenda hacer el proceso al silencio

 

– Las agrupaciones religiosas serán redes de comunicación, donde toda sumisión y coerción está excluida, porque lo que con la agrupación se pretende es conseguir la libertad completa, la iniciativa total, la creatividad plena de cada individuo y del grupo como tal.

 

– La agrupación religiosa es una unión para la libertad; libertad con los otros, compartida y porque compartida, multiplicada. El grupo no puede menguar la libertad, ha de posibilitar, por el contrario, su crecimiento.

El grupo religioso parte del supuesto de que la libertad con otros es mayor que la libertad sin otros. Este supuesto es el fundamento de la sociedad religiosa…

 

-En el grupo religioso, la única relación legítima es la relación de servicio. En el grupo uno no espera nada, sólo da. Uno se hace responsable del resto, sin esperar nada a cambio.

La articulación del grupo, por tanto, no está en función del dominio y el control sino exclusivamente para la ayudar y el servicio.

¿Cómo se puede servir en el grupo religioso?

Aportando al grupo la indagación personal, la peculiaridad irrepetible y única del propio camino y de sus logros. Lo que uno consigue en el camino, eso es lo que puede aportar a los demás: una verdad que es libertad, amor, aceptación y reconocimiento gratuito de todo. ..

La sociedad religiosa es una asociación desinteresada y para el desinterés.

 

Rasgos propios de una organización para el proceso interior

 

La sociedad religiosa es una asociación libre para hacer hombres libres; en ella, la colaboración de unos con otros no se consigue por la sumisión y el control sino por la plena voluntariedad.

El silencio sólo puede convivir con la libertad y la voluntariedad.

La sociedad religiosa está orientada al proceso libre y exclusivo de cada persona, por ello, la libertad debe ser lo más completa posible.

 

La libertad completa no es contra otros sino con otros, porque el proceso es personal e irrepetible pero no solitario. Las personas aprenden unas de otras y se acompañan estimulándose unas a otras sin instrumentalizarse ni retenerse.

 

La sociedad religiosa no se funda en la jerarquía sino en la maestría.

El maestro religioso no provoca la sumisión sino que despierta la individualidad del proceso…

 

Una sociedad religiosa no puede servirse de sus miembros, sólo puede servirles.

El éxito de la asociación se consigue cuando cada uno realiza su exclusivo camino gracias a su completa dedicación y a la ayuda incondicional de todos los demás…

 

La base de la ayuda mutua es la comunicación. Cuanto mayor sea la calidad de la comunicación personal, mejor para el proceso interior.

La asociación de los individuos en el grupo religioso sólo puede pasar por la comunicación libre.

Así la comunicación se convierte en la primera tarea de la organización religiosa

 

Un grupo religioso es un grupo de hombres en proceso, asociados para el proceso; por consiguiente, cada uno de los individuos y el grupo entero, están sometidos a continuos cambios, lentos y graduales o violentos, pero siempre profundamente cargados de imprevisibilidad… por consiguiente, la sociedad religiosa tiene que contar con la posibilidad de tanteo y de error.

 

Deberá ser consciente de que es un tipo de asociación estructurada para afrontar los posibles errores mediante la continua comunicación con los maestros antepasados y mediante la continua comunicación de todos con todos para conseguir ayuda en el difícil trabajo del progreso hacia el silencio…

 

En el quehacer religioso, por tanto, no se puede evitar una fuerte dosis de incertidumbre y de riesgo. ..

 

La sociedad religiosa es una sociedad dinámica, de aprendizaje continuo, extremadamente personalizado y en equipo…

 

Iniciarse al proceso religioso es aprender a aprender. “Aprender a aprender” es aprender a adquirir un nuevo saber por sí mismo, es aprender a ser autónomo, libre y lleno  de iniciativa en el mismo aprendizaje…

 

El proceso interior es un aprendizaje sin fin en equipo.

Para aprender a conocer y sentir desde el silencio nadie se basta a sí mismo porque lo que se tiene que aprender es tan sutil y huidizo que nadie puede aprenderlo sin la ayuda de maestros y compañeros de viaje….

 

En el camino religioso todos los individuos deben estar en continua transformación; por consiguiente, no puede haber ningún tipo de relaciones comunicativas que no sean extremadamente flexibles y móviles

 

En una sociedad de personas voluntarias en todos los momentos de su asociación, que sólo pueden apoyarse mutuamente por sus relaciones de comunicación profunda, los individuos tienen que enlazarse unos con otros por continuos diálogos, formales e informales.

Las organizaciones religiosas deben exigir de sus miembros la total sinceridad, limpieza y transparencia en las relaciones de unos con otros…

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