Disciplina escolar. Los cambios. Pasman

DE LOS CASTIGOS A LOS CONSEJOS DE DISCIPLINA ESCOLAR

Cecilia Pasman

A lo largo de la historia de la pedagogía una parte importante de sus energías estuvieron dedicadas al gobierno del cuerpo de los alumnos, tanto en base a la coacción y el castigo físico como a la gestión cotidiana de lo que se considera como normalidad.
En un repaso de algunos puntos clave de este recorrido, se ofrecen aquí algunas evidencias acerca de la forma que ha ido adquiriendo esta dimensión del discurso pedagógico.
La disciplina se convierte en un asunto, no de castigo por los errores cometidos en el sentido del viejo testamento, sino en un asunto de mantenimiento del eje institucional, de reproducción de las relaciones sociales de la escuela en general: de inducir respeto a los marcos generales en los que otras transacciones puedan tener lugar. (Paul Willis, Aprendiendo a trabajar, p. 82.)

Castigos para los alumnos y método para los maestros

“No definió mal al hombre el que dijo que era un Animal disciplinable, pues verdaderamente no puede, en modo alguno, formarse el hombre sin someterle a disciplina” .

Con esta afirmación de Comenius (1592-1670. Considerado el Padre de la Pedagogía) se establece una correspondencia importante entre disciplina y educación. Aún así, son muy pocas las secciones de la obra de este pedagogo que están destinadas al desarrollo de este concepto: más bien por el contrario, se focaliza en el diseño y exposición del método que deberá utilizar el docente para la enseñanza, así como también a la correcta organización de los estudios en una escuela.
No es entonces la disciplina escolar el eje de la pedagogía de Comenius como si lo ha sido, en cambio, en la de La Salle (1651-1719. Pedagogo fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas): “La disciplina escolar es un motor del buen funcionamiento educacional y pasa a ocupar el lugar que en la pedagogía comeniana ocupaba el método”.

De todas formas, el que el eje central de Comenius se encuentre en el método y no en la disciplina, no excluye que este tema no fuera considerado de importancia por él para el correcto desenvolvimiento escolar.
Según sus palabras, la disciplina era necesaria para “estimular a todos para que cumplan sus deberes con viveza y entusiasmo” :
Finalmente, lo que es la prensa en el arte tipográfico debe ser la disciplina en las escuelas, única capaz de conseguir que nadie deje de recibir la enseñanza debida. … así todo el que ingrese en las escuelas para ser instruido debe quedar sometido a la disciplina común.

Por el contrario, La Salle nos dice que “la corrección de los alumnos es de las cosas más importantes que se practican en la escuela” .
En su esquema, las relaciones en la escuela están signadas por un rígido sistema de reglas y pautas. La segunda parte de la Guía de las escuelas cristianas es un compilado de instrucciones sumamente precisas sobre cómo debe mantenerse la disciplina escolar. En este esquema cobran prioridad el silencio, “es uno de los principales medios para establecer y conservar el orden en las escuelas”, y la vigilancia del maestro, la cual es señalada como primera entre las cosas que pueden “ayudar a establecer y mantener el orden en las escuelas” .

La vigilancia del maestro en la escuela consiste particularmente en tres cosas:
1. Corregir todas las palabras que diga mal el que lee;
2. Conseguir que sigan todos los que están en la misma lección;
3. Exigir que se guarde en clase silencio muy exacto. Debe prestar constantemente atención a estas tres cosas.
Basta con leer en este texto que “haber hablado, jugueteado, reído” es motivo de un “palmetazo” o que “haber mirado para atrás” es motivo de “castigo” para adherir a la percepción que señala

Narodowski de que las instituciones escolares eran “un espacio controlado hasta la exasperación”. 
Sin embargo, el espíritu de estas reglas era preventivo; a través del silencio que permite el permanente control de los alumnos, se conseguirá que los castigos deban aplicarse lo menos posible.
Para evitar la frecuencia de castigos, lo que constituye grave desorden en la escuela, es preciso señalar claramente que lo que promueve el buen orden en la escuela es el silencio, la vigilancia y la buena compostura del maestro, y no la dureza y los golpes. Hay que ejercitarse mucho en actuar con habilidad e ingenio para mantener a los alumnos en orden, sin tener que emplear apenas los castigos.

El concepto de orden
a través de la mirada del maestro también se lo encuentra en Comenius cuando establece que los alumnos “deben ser seguidos por la vista por donde quiera que se dirijan” . También en él hay un componente de gradualidad respecto al tipo de castigo a aplicar:
La disciplina tiene grados diversos.
El primero es la atención constante. ….
El segundo, la reprensión, mediante la cual los que se extralimitan son traídos de nuevo al camino de la razón del deber. Por último, el castigo, si se resisten a obedecer las indicaciones o advertencias. Pero en todo ello ha de observarse extremada prudencia.

Por lo tanto se podría decir que para los autores modernos la disciplina era necesaria no sólo como una concepción didáctica, en el sentido del orden ineludible en la escuela -o más precisamente en el salón de clase- para la correcta transmisión de conocimientos, sino también como una forma de inculcar conductas morales y sociales. Sin embargo, en la definición de disciplina de estos autores predomina el concepto de orden más que una forma de dirimir aquellos conflictos que se generan en el ámbito escolar.

Convivencia y disciplina

Para comprender los cambios que se sucedieron en la concepción de disciplina escolar, en primer lugar hay que hacer notar que en muchos ámbitos la expresión convivencia escolar se está utilizando en reemplazo del término disciplina.
Autores como Zaritzki afirman que “existen fuertes diferencias entre controlar la disciplina y enseñar a convivir” .

Siguiendo esta idea se han promovido desde las autoridades educativas la conformación en las escuelas de los Consejos de Convivencia Escolar conformados por padres, alumnos y docentes.
A modo de ejemplo se puede nombrar la Ley 223/99 de la Ciudad de Buenos Aires o el Programa de Convivencia Escolar del Ministerio de Educación .

Detrás de esta idea está la búsqueda de la democratización de la institución escolar:
La creación de Consejos de Convivencia (….) no sólo se propone trabajar frente al conflicto instalado que demanda una respuesta, sino delinear nuevos modos de convivencia más democráticos que involucren a toda la institución…

En refuerzo de lo anterior se puede citar los fundamentos del mencionado Programa del Ministerio Nacional entre los cuales encontramos la necesidad de  …transferencia y recreación de la cultura democrática en el espacio público de la escuela a cargo del Estado (…) Convivencia social y convivencia escolar son dos trayectos de interacciones inseparables.
En su convivencia cotidiana la escuela forma en una cultura democrática si consigue vivenciar la igual dignidad de todas las personas, el valor de la justicia, la promoción de la autonomía crítica, la deliberación y el escrutinio público de sus decisiones, la cooperación en la diversidad.

Gallart
, por su parte, sostiene una postura diferente acerca del porqué “la disciplina se ha transformado en convivencia” . Su tesis se basa en la concepción de que la disciplina es el espacio de poder del alumno en la escuela:
El manejo de la incertidumbre en la disciplina conforma el espacio incierto del poder del alumno. La pedagogía es el lugar del profesor, donde la dialéctica profesor-alumno está, habitualmente, paralizada; el profesor enseña y el alumno aprende.
Dentro de la actual estructura de poder, en la que el alumno es el último eslabón, no puede discutir desde la pedagogía, la cual se le presenta fraccionada; su campo de batalla, donde tiene poder crítico y tiene posibilidad de cuestionar, es la disciplina.
Bajo esta mirada sostiene que, como la matrícula se ha convertido en un “recurso crítico para gran cantidad de escuelas”, esto produjo que la “relación de poder entre alumnos e institución se ha modificado”. Sería, entonces, la necesidad de contención o retención de los alumnos por parte de algunas escuelas aquello que hace que las mismas deban variar “hacia la permisividad” .

Lugares
Sin perder de vista estas diferentes posturas de la transformación de disciplina en convivencia, repasemos ahora, los roles que han ocupado los principales actores de la institución educativa (docentes, padres y alumnos) bajo la visión de la pedagogía moderna y el lugar que ocupan hoy:

Los docentes
Gallart sostiene que “La disciplina nace fundamentalmente de la relación entre alumno y escuela, aunque el aula sea uno de los teatros de esa dialéctica” . Sin que esto deje de ser cierto, es el docente la figura que, por excelencia, representa y ejerce el orden y la disciplina escolar.

Sin embargo y aunque parezca extraño, en el esquema planteado por La Salle, así como existe un control total sobre el alumno, este mismo control es también ejercido sobre el maestro.

Narodowski
dirá al respecto:Vigilante vigilado, la cadena de autoridad escolar pone los conocimientos del que enseña en función de una estrategia disciplinaria general de la que ni él, que es su principal ejecutor, puede escapar.

Como se señaló anteriormente una mirada posible hacia la concepción de convivencia tiene su base en la democratización y, por lo tanto, en la participación de toda la institución escolar en la elaboración de las normas que la regirán. En este sentido, el docente ya no es un simple ejecutor del reglamento de la institución a la cual pertenece, como lo era en la concepción lasallana sino que tiene ahora la posibilidad no sólo de opinar sino también de disentir.

Los padres
En el caso de los padres se puede aplicar la misma lógica y decir aquí que, a partir del reemplazo de la concepción de disciplina por la de convivencia, se ha dado un lugar a la familia en la elaboración de normas que antes no poseía.

Sin embargo, independientemente de que la legislación promueva la participación de los padres, aspecto que por sí mismo implica un cambio de concepción pedagógica, cabría preguntarse si, desde el punto de vista de la institución escolar ha habido un cambio en la visión -o aceptación- de la participación de los padres en las concepciones disciplinarias u ordenamiento de normas escolares.

En la actualidad se suele escuchar a docentes renegar por la desautorización que reciben desde las familias, por los criterios disciplinarios impuestos en la escuela.
Ejemplos sobran: “En la escuela no pueden tener el celular prendido y una nena recibe un mensaje ¡de su mamá!, así que la norma la desautoriza la madre” o también casos más extremos de padres que “se presentaron ante el Juzgado del Crimen e interpusieron un recurso de amparo, por el que se solicitaba que las amonestaciones (aplicadas a su hija) quedaran sin efecto” .

Esto hace pensar en el surgimiento de una tensión en la alianza escuela-familia.
Para la pedagogía moderna esta la alianza fue el dispositivo “capaz de garantizar que la escuela absorbiera efectivamente a la infancia” .

Este dispositivo se basó
en la transformación del niño en alumno y la transferencia de la autoridad desde el padre hacia el maestro.
Rosseau es claro cuando indica que Emilio “debe honrar a sus padres, pero sólo a mi debe obedecer, esta es mi primera, o más bien, mi única condición”
Lo mismo Kant cuando dice “es necesario que los padres abdiquen su autoridad enteramente a favor del pedagogo” .
Es necesario aclarar que las implicancias de esta alianza impuesta a las familias abarcan aspectos que van más allá de la disciplina escolar .

Sin embargo ¿se puede afirmar que la divergencias de
criterios disciplinantes entre familia y escuela es un producto sólo de nuestra época?. En realidad no.
Ya en La Salle se percibe cierta tensión con la familia por este tema: en las indicaciones sobre los datos que deben contemplar los registros de los escolares, La Salle indica que hay que asentar para cada niño si a sus padres “no les gusta que se lo castiguen” .
También en otro pasaje (posiblemente inconcebible para la sociedad y la pedagogía actual) se lee:
… cuando se quiera corregir a un alumno por haber mirado hacia atrás o por haber jugueteado en la iglesia, no hay que decirle que se lo corrige por haber jugueteado, reído, etc., sino por no haber rezado; pues si los alumnos van a sus casas diciendo que se los ha corregido por haber jugueteado, reído, etc., a algunos padres no les gustaría, por considerar la falta demasiado ligera y no merecedora de tal castigo.

No se busca aquí profundizar en la historicidad
de la relación escuela-familia ya que la misma tiene aristas complejas que exceden los objetivos de este texto. Sin embargo, cabe decir que sí se puede hablar de un cambio en el sentido de esta alianza.
Siguiendo a Narodowski podemos sostener que mientras en la modernidad los conflictos se dirimían a favor de la cultura escolar –por que la cultura escolar era la cultura legítima- hoy la situación de conflicto no tiene, entre la cultura escolar y cultura popular, una resolución única y previsible.

Los alumnos
¿Cuál podría decirse que es el cambio del marco conceptual en la relación alumno-docente en lo que respecta a la disciplina?
La relación de autoridad docente–alumno se busca en la actualidad es la de “un maestro emancipador y un alumno que recorre sus propios caminos para aprender. Una relación entre alguien que habilita y alguien que se autoriza a si mismo/a”.

En este punto cabe destacar que la idea de convivencia escolar se suele presentar como la contra-cara obligada de los viejos modos de pensar los clásicos lugares de poder en la imposición de la disciplina, el acatamiento, el castigo arbitrario, la medida ejemplificadora, la amonestación sin sentido, sin posibilidad de que cada parte haga escuchar su propia voz.

La pedagogía moderna consideraba al alumno como un ser dependiente del adulto e incapaz de tomar decisiones autónomas, derivándose así la concepción de que la disciplina y la buena conducta de un alumno consistían en “la capacidad de permanecer en silencio, quieto y limitándose a acatar consignas” . Debido a esto es que, quienes marcan las diferencias entre disciplina y convivencia, señalan básicamente, el rol que se otorga al alumno:

El control disciplinario
suele colocar al alumno en un lugar pasivo, sin que cuenten demasiado el nivel de adhesión a las normas que haya alcanzado.

En cambio, la idea de formar a los alumnos para convivir en un marco de respeto por los derechos propios y de los demás, alude a un sujeto activo, capaz de integrar a su vida las normas como un recurso que permite garantizar una pauta de equidad entre las personas.

Muchas instituciones escolares
se han apropiado de este discurso pedagógico. A modo de ejemplo, podemos citar un Proyecto Educativo Institucional que señala en relación a la convivencia:

Se prioriza las actitudes
de respeto y tolerancia en un clima de armonía y reflexión entre las partes. Las normas de convivencia tienen como principio rector la “autodisciplina guiada” siendo ésta el máximo valor de la disciplina y consiste en el cumplimiento de las pautas de conducta que regulan la relación de la comunidad escolar aún sin la presencia directa de los miembros del cuerpo docente.

Además, la democratización de las normas escolares se materializan, en muchos casos, a través de la presencia del alumno en los Consejos de Convivencia Escolar, donde se busca una participación activa de los mismos en la definición de los códigos de convivencia de su escuela así como su opinión acerca de qué sanción se habrá de aplicar ante determinada falta. Se busca de esta forma que los jóvenes “se autoricen a si mismos” .
No hará falta decir que el rol que ocupa hoy el alumno, en lo que se refiere a este tema, resulta impensado en la pedagogía Comeniana y más inaudito aún en los términos de La Salle.

Bibliografía:

Comenius (Jan Amós Komensky): Didáctica Magna, Madrid, Akal 1986. (Primera edición en checo: 1632; primera edición en latín: 1640).
Escuela de Educación Técnica “Herny Ford”: Proyecto Educativo Institucional. Revisión noviembre 2004. Obtenido de http://www.henryford.esc.edu.ar Internet.
Gallart, María Antonia: La construcción social de la escuela media. Una aproximación institucional. Colección Itinerarios. Editorial Stella. La Crujía Ediciones. Primera Edición, Buenos Aires, 2006.Greco,
María Beatriz: Autoridad, ley y palabra. Tres conceptos para pensar la práctica docente. Texto obtenido de Violencia y escuela. Propuestas para comprender y actuar. Compilado por Lucia Bozzalla (et. al.). Editorial Aique, Colección Nuevos Escenarios. Primera Edición. 2005.
La Salle, Juan Bautista: Guía de las Escuelas Cristianas. Texto obtenido de Obras Completas II. Obras pedagógicas y escolares. Edición patrocinada por las Conferencias de Provinciales de la Agrupación Regional Lasallana de España y Portugal (ARLEP) y de la Región Latinoamericana Lasallista (RELAL), 1720.
Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología, Secretaría de Educación: Programa Convivencia Escolar. (http://www.me.gov.ar/convivencia/ )
Narodowski, Mariano: Infancia y Poder, la conformación de la pedagogía modera. Buenos Aires, Aique. 1994.Narodowski, Mariano: Después de Clase. Buenos Aires, Ediciones Novedades Educativas, Colección edu\causa. 1999.
Rosseau, Juan Jacobo: Emilio, o De la educación, editado por www.elaleph.com. 1762.
Zaritzki, Graciela: Con derecho a vivir sin violencia. Los derechos del niño y la Convivencia en la escuela. Texto obtenido de Violencia y escuela. Propuestas para comprender y actuar. Compilado por Lucia Bozzalla (et. al.). Editorial Aique, Colección Nuevos Escenarios. Primera Edición. 2005. ÂÂ

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