Cómo leer e interpretar hoy los relatos bíblicos del antiguo y nuevo testamento. Álvarez

CÓMO LEER E INTERPRETAR HOY LAS NARRACIONES BÍBLICAS.

MITOS EN LA BIBLIA: ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO.

 Transcribimos un libro de Luis Álvarez, que es un gran aporte para dar a los antiguos textos bíblicos un valor actual. Se trata de cómo leer e interpretar HOY escritos muy antiguos que tienen un estilo literario muy distinto a los actuales.

El libro se titula “EN TORNO A LA MÍTICA CUEVA DE BELÉN”, pues alude a la cueva de Belén donde habría nacido Jesús, como un referente típico de un relato bíblico que sin dejar de ser mítico transmite Hoy un mensaje siempre nuevo.

LA ESPIRITUALIDAD cristiana surgida de JESÚS, necesita fundamentarse en una mejor comprensión de los textos del Nuevo Testamento, acorde con los actuales estudios críticos.

 Se ha respetado totalmente el texto; solamente hemos cambiado el orden de los capítulos por fines didácticos para facilitar su lectura.

 INTRODUCCIÓN:

REACCIONES ANTE LOS RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS HISTÓRICOS Y TEOLÓGICOS

En las últimas décadas se ha dado un paso de gigante en el conocimiento de las bases históricas y de los textos sagrados del cristianismo y en general en la investigación de muchos conceptos teológicos tradicionales.

Los resultados de esos estudios suelen permanecer escondidos, al alcance solo de los expertos y de los que, por curiosidad como es mi caso y el pequeño círculo en que desarrollamos nuestras investigaciones, queremos saber por dónde van los tiros en todas estos temas.

La primera impresión es de asombro, perplejidad porque nos encontramos ante un cuadro muy distinto de lo que habíamos conocido, aprendido o creído. Algunas cosas se van a ver a lo largo de este artículo. Otras son ya conocidas. No pretendo descubrir el Mediterráneo, pero estoy seguro que para la mayoría será como una ventana abierta de aire fresco.

Los resultados de las investigaciones, una vez conocidos por el público creyente, pueden producir diversasreacciones. Desde el rechazo porque es un poner en solfa muchas verdades aceptadas como divinas, hasta experimentar en muchos casos una crisis de la fe tenida hasta entonces, alba de una verdadera reconversión hacia lo más fundamental y profundo, al descubrimiento del Jesús más real, aunque sea al precio de soltar lastre de muchas cosas, consideradas verdades que nos parecían fundamentales, pero sin valor auténtico.

En definitiva es el dilema de aceptar lo que está basado en la realidad, en la Historia o en la fantasía.

Esto nos lleva a reflexionar sobre lo que llamamos Mito.

  1. CONCEPTO DE MITO. LOS RELATOS MÍTICOS EN LA BIBLIA (A.T).

A-    CONCEPTO DE MITO

1 La palabra “mítico/a, mito” suele tener dos significados populares:

  1. a) El significado popular actual es: “muy famoso”, “excepcional y de referencia obligada”.

Ejemplos sacados de Internet: El mítico director de cine John Ford, un mítico café en Buenos Aires, un discurso mítico, el mítico programa de Canal + “El día después”…

No nos debe extrañar la unión del adjetivo mítica con la cueva de Belén. Porque ésta ha sido para los cristianos un lugar “muy famoso”, “excepcional”, porque se supone tradicionalmente que allí nació el Salvador. De eso diremos algo después. Podemos hablar, en este sentido, de “la mítica cueva de Belén “

  1. b) El significado de Mítico como Sinónimo de mitológico, legendario, fantástico, fabuloso. Aquí la cosa se complica y hay que ir despacio y con cautela.

En el lenguaje ordinario, en los diccionarios, mito es igual a producto de la imaginación; un relato de ficción, hermoso pero tenido por falso; relato que narra fabulosamente ( = falsamente) hechos en oposición a la verídica narración de la Historia. En el lenguaje ordinario, en los diccionarios, mito es igual a producto de la imaginación; un relato de ficción, hermoso pero tenido por falso; relato que narra fabulosamente ( = falsamente) hechos en oposición a la verídica narración de la Historia.

No quisiera provocar ningún problema en las creencias de nadie, pero la fe tiene que estar basada en la verdad. Como decía Aristóteles, discípulo de Platón: “Amicus Plato, sed magis amica Veritas”. Platón es  mi amigo, pero más amiga es la Verdad.

 2 Concepto científico actual de mito

 Según la Gran Enciclopedia Planeta, Mito es un relato popular o literario que explica aspectos importantes de la vida social narrando cómo se produjeron la primera vez.

 2.1. Características de los mitos.

 -Los Mitos presentan seres sobrenaturales, celestiales, divinos y acciones imaginarias, en el que se proyectan los acontecimientos vividos por un pueblo y los fundamentos de las relaciones sociales: origen, fin, totalidad, justificación de la vida.

-El mito se enmarca en el tiempo lejano, no en el de la Historia, que remite al origen de las cosas, distinto a la vida real. No tiene autor conocido porque pertenece al pueblo.

-El mito, como la poesía, ofrece una nueva manera de interpretar el mundo a través de la metáfora, el lenguaje alegórico.

-Los relatos mitológicos cuentan la verdad a su manera, no a la manera de la ciencia ni la filosofía

-Muchos mitos, sobre todo en las religiones de salvación, miran al fin de los tiempos y narran lo que sucederá

2.2. Valoración positiva de los mitos desde el siglo XIX –XX desde varias ramas del saber.

Todas las culturas acuden a los mitos para explicar los orígenes del mundo, de los dioses, de la etnia, o de las instituciones.

  1. Cassier (filósofo de la cultura, muerto en 1945) consideró al mito como una forma simbólica esencial, junto con el lenguaje y la ciencia.

Levi-Strauss, muerto en octubre de 2009, dio al mito una posición central y este ha sido tratado también por el psicoanálisis y la psicología del inconsciente colectivo (JUNG)

El ser humano sigue necesitando el nivel mítico de la conciencia y continúa recreando mitos a pesar del esfuerzo de la desmitologización.

2.3. El porqué de los mitos: explicación de lo ininteligible.

-En la vida humana, especialmente en la época prehistórica, el mito ha sido una explicación de lo ininteligible, lo angustioso o amenazador. El mito ha sido un esfuerzo por entender los misterios de la vida y la naturaleza.

-En el siglo VI a.C. nació en Grecia la Filosofía, precisamente como voluntad de entender los fenómenos naturales apelando a la razón y dando así un salto cualitativo en la historia del pensamiento: fue el paso del Mito al Logos, del Mito a la razón. El Logos es el discurso racional que permite comprender las cosas, entender el mundo natural a partir de fuerzas naturales y no por causas sobrenaturales y divinas.

2.4. Temas comunes a muchos mitos de diversas civilizaciones.

Algunos temas mitológicos son comunes a muchas culturas y revelan unos sentimientos profundos del inconsciente colectivo (teoría de Jung). El mito griego de Pandora, por ejemplo, es equivalente a la Eva bíblica: representa la degeneración de la humanidad. El Deucalión griego, así como el Manu de la India, corresponden al Noé Bíblico.

Igualmente se podrían recordar los mitos diluvianos de Mesopotamia, los eslavos o los de la América precolombina. Todos ellos hablan de un gran diluvio como consecuencia de los pecados de los hombres y en los que un ser divino pone fin a la humanidad decadente y luego surge una humanidad nueva.

2.5. CRITERIOS DE INTERPRETACIÓN de textos antiguos, especialmente bíblicos

Conviene decir algo sobre los criterios de interpretación de los textos antiguos, como es el caso de la Biblia. Siguiendo las directrices que presentó en 1993 la Pontificia Comisión Bíblica, Los principales criterios son estos:

– Rechazo de la lectura FUNDAMENTALISTA, la cual lee e interpreta la Biblia LITERALMENTE en todos sus detalles. Este ha sido uno de los mayores problemas que hemos tenido en el Cristianismo, que durante muchos siglos se ha interpretado al pie de la letra lo que decían las Escrituras, con los errores y consecuencias desastrosas pertinentes. Creíamos literalmente que vinieron a adorar a Jesús en Belén unos magos guiados por una estrella, o que Noé se libró del diluvio metiéndose en un arca y `por no creer literalmente verdaderas las imágenes del Génesis sobre la centralidad de la Tierra, Galileo fue condenado por la Inquisición. Y más ejemplos.

– Carácter indispensable del MÉTODO HISTÓRICO-CRÍTICO, teniendo en cuenta la crítica textual, el análisis lingüístico y semántico, los géneros literarios y el proceso de redacción.

Es el método indispensable para el estudio científico de los textos antiguos.

Podemos decir que hoy se conocen los textos de la Biblia con una profundidad que nunca se había conseguido anteriormente.

-Necesidad del acercamiento sociológico al CONTEXTO donde han nacido los textos.

– Acercamiento desde la antropología cultural, las características de la sociedad donde se originaron los textos.

LA PRIMERA CONCLUSIÓN:

Es peligroso ponerse a leer la Biblia sin una preparación previa en interpretación y exégesis; no basta la buena fe y la simple intuición. Porque nos vamos a encontrar, por ejemplo, con palabras intercaladas por copistas posteriores y creeremos que fueron las originales del texto bíblico.

O también va a ocurrir que leamos unas palabras que parece ser que dijo Jesús (por ejemplo “El Padre y yo somos una sola cosa” del evangelio de Juan) y resulta que fueron puestas en su boca por el evangelista. (J.D. Crossan calcula que solo el 18% de las palabras que los evangelios ponen en boca de Jesús podrían haber sido pronunciadas por él.)

Sin pretender escribir un tratado sobre el Mito, es interesante ver algunos conceptos para ver si se pueden aplicar a la Biblia. Podemos preguntarnos si en la Biblia hay relatos míticos y cómo leerlos.

B-. MITOS E HISTORIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO (Biblia Hebrea antes de Cristo)

Como es lógico, al aplicar el método histórico-crítico a los relatos del AT (Antiguo Testamento) se descubrió que no podían ser libros históricos, porque lo que querían era difundir un mensaje espiritual.Es lógico que la Biblia presente errores, contradicciones, mitos mezclados con hechos reales. (Juan Arias en La Biblia y sus secretos)

Ejemplos de relatos míticos en el AT: la creación del mundo, creación del hombre, relato del Edén , la caída de Adán y Eva y expulsión del paraíso, el diluvio universal, los hijos de Dios (ángeles) que se unen con mujeres y nacen los gigantes, la torre de Babel, destrucción de Sodoma y Gomorra, la vida de Moisés (salvado de las aguas, las plagas de Egipto, paso del mar Rojo …), parada del sol durante la batalla de Josué, caída de las murallas de Jericó al son de las trompetas, David mata al último gigante Goliat, etc.

  1. Arqueología y Biblia: dos tendencias opuestas

La arqueología es una aliada muy importante para estudiar la historia de las épocas antiguas. Existen dos tipos de tendencias en la arqueología bíblica:

-La del Minimalismo bíblico: los arqueólogos de esta tendencia afirman que el AT fue una creación mítica de una comunidad judía después del destierro de Babilonia.

Los recuerdos sobre los Patriarcas bíblicos son tenidos como ficción; no existieron las 12 tribus de Israel ni los Reyes David o Saúl.

-Maximalismo bíblico: La mayoría de los arqueólogos de esta tendencia acepta los modernos estudios bíblicos, pero afirma que los relatos bíblicos son referentes históricos. La arqueología no tiene ninguna prueba sobre la existencia de los patriarcas. Están divididos en cuanto a aceptar que los patriarcas sean personajes históricos o ficticios. Aceptan la existencia real de personajes como Saúl, David o Salomón. (Wikipedia. Arqueología bíblica)

  1. La Biblia desenterrada: revolución copernicana en la concepción de la Historia de Israel

En 2001 los arqueólogos judíos I. Finkelstein y N. A. Silberman publicaron el libro “La Biblia desenterrada”, (lo llamaremos F/S) situándose en un término medio hacia el minimalismo bíblico. Dicho libro provocó una fuerte reacción en los arqueólogos conservadores e incluso entre los políticos más nacionalistas de Israel.

Según F/S las narraciones sobre Abraham, Moisés, Josué o Salomón probablemente reflejen recuerdos históricos pero los grandes personajes son irreales y contradichos por las evidencias arqueológicas.

Basados en la evidencia arqueológica, con una bibliografía de 150 libros analizados, F/S llegó a la conclusión de que la saga relatada en el Pentateuco es un brillante producto de la mente humana, pero muchos episodios nunca existieron.

Muchos mitos hebreos de la Biblia fueron tomados de culturas varias: el relato de Moisés salvado de las aguas es un calco del atribuido al rey de Asiria Sargón I 1000 años antes. La creación del hombre es una copia del poema del siglo XVIII a.C. Uta-na-pistim, dentro del poema Gilgamesh y el mito del diluvio es copia del poema épico del Gilgamesh mesopotámico, muchas de cuyas historias fueron incorporadas al Génesis: creación del hombre en un jardín paradisiaco, introducción del mal en un mundo inocente

-Los patriarcas

Dos siglos de búsqueda de los patriarcas no han dado ningún resultado positivo. La arqueología ha demostrado que no hubo, en tiempos de Abraham, ninguna emigración hacia el oeste, hacia Canaán. Especialistas en crítica textual descubrieron que las crónicas patriarcales habían sido escritas en tiempos de la monarquía (S. X-VIII) o en el exilio (S.VI-V). Detalles como las alusiones a camellos como animales de carga, los cuales no fueron domesticados hasta mucho más tarde, delatan el momento de la composición.

-Esaú y Jacob

La historia bíblica de Esaú y Jacob nos muestra un ejemplo claro de las opiniones del S. VII con ropaje antiguo. Dios dijo a Rebeca: “Dos naciones hay en tu vientre y un pueblo vencerá al otro y el mayor servirá al menor” (Gen 25, 27) La descripción de los dos hermanos sirve como legitimación divina de la relación política entre las dos naciones judío-israelitas de la monarquía tardía: Judá e Israel.

-La historia de José y el Éxodo.

La historia del ascenso de José en Egipto (Génesis) es el relato de unos inmigrantes cananeos que alcanzan el poder en Egipto. Pero hay otras fuentes que narran lo mismo desde el punto de vista egipcio.

Los Hicsos eran refugiados cananeos que se desplazaban a Egipto y alcanzaron el poder. Los estudiosos identificaron a los hicsos como los reyes de la XV Dinastía de 1670 a 1570. Se demostró, por las excavaciones en el Delta del Nilo, que la invasión de los hicsos fue un proceso gradual de inmigración de Canaán a Egipto y de una toma pacífica del poder en el Delta. Los Hicsos llegaron a gobernar Egipto durante cinco siglos hasta que los egipcios los expulsaron.

La historia de la expulsión de los hicsos por los registros egipcios y la arqueología es lo más parecido al Éxodo hebreo. Los archivos egipcios no conservan ningún rastro de una presencia judía de 4 siglos en su territorio. No hay ninguna evidencia de que el Éxodo trascurriera como lo describe la Biblia.

Los egipcios controlaban todo el territorio con fuertes militares, incluido el desierto del Sinaí. Era imposible que más de 600.000 hebreos estuvieran 40 años sin ser vistos. No hay el menor indicio arqueológico de su paso por el desierto.

-La conquista de Canaán

Tampoco existieron grandes batallas. No hubo conquista militar de Canaán. Los hebreos nunca conquistaron Palestina. La arqueología ha desvelado una espectacular discrepancia entre la Biblia y la situación de Canaán.

F/S cita un hecho aceptado por todos los arqueólogos: muchas de las ciudades que Josué se supuso que saqueó a finales del siglo XIII a.C., habían dejado de existir para ese tiempo. Por ejemplo, el Jericó cuyas murallas fueron derribadas al son de las trompetas según la Biblia, había dejado de existir en 1500 a.C., unos 300 años antes. Por aquel tiempo de Josué Jericó era un pobre caserío que carecía de murallas que pudieran derrumbarse.

La mayoría de Israelitas no vinieron de fuera de Canaán en un éxodo masivo de Egipto sino que surgió de su interior. En origen, los israelitas fueron cananeos.

-Politeísmo vs Monoteísmo

los hebreos eran nómadas convertidos en agricultores. Casi todos los israelitas del tiempo de la monarquía fueron politeístas. Está claro en El Pentateuco que para los israelitas, Eloim, o más tarde Yahvé, era su dios más importante entre otros dioses existentes. (Un ejemplo: Éxodo 15,11 “Quién como tú, Yahvé, entre los dioses”). El monoteísmo fue un ideal de los escritores bíblicos. El monoteísmo, los relatos del éxodo y la alianza establecida con Dios aparecieron 500 años más tarde.

 -La edad de oro de David y Salomón

Según la Biblia, tras siglos de luchas, Israel encontró su centro espiritual en el Templo y palacio de Jerusalén, culminando las promesas a Abraham con la unción de David como rey de todas las tribus de Israel. Conquistó un vasto imperio y su hijo Salomón fue sabio y construyó el Templo de Jerusalén.

Hasta hace poco muchos creían que la monarquía era el primer período que se podía llamar histórico, a diferencia de los patriarcas, Éxodo, o la conquista de Canaán. Pero la historicidad de David y Salomón también ha sido cuestionada. La arqueología no ha podido encontrar pruebas del reino de David, de sus conquistas. Las excavaciones en Jerusalén no han dado pruebas de que fuera una gran ciudad en tiempos de David y Salomón. No hay en Jerusalén señales de arquitectura monumental o de la existencia de una ciudad importante. Jerusalén era un pequeño poblado.

La falta de pruebas tendría enormes consecuencias: si no hubo patriarcas, ni Éxodo, ni conquista de Canaán, ni monarquía próspera ¿podemos decir que el primitivo Israel bíblico del Pentateuco, Jueces y Samuel existió realmente?

Es más, se puede hablar de un giro copernicano en la reconstrucción histórica del pasado de Israelpropuesta por F/S. La masa de nuevos datos arqueológicos y análisis literarios ha alcanzado cotas antes insospechadas.

-La formación de la Biblia en el reinado de Josías, rey de Judá

En el siglo VII a.C. Palestina estaba dividida en dos reinos: al Norte, Israel, y en el Sur, Judá. En esta época Israel fue sometido por Asiria mientras que Judá experimentó un resurgimiento como potencia.

En el reinado de Josías, rey de Judá, surgió la idea de compilar el texto de la Biblia (el Antiguo Testamento) compuesto por una colección de relatos históricos, recuerdos, leyendas, cuentos populares, poemas… Esta obra maestra de la literatura, la mitad original y la otra mitad adaptaciones de versiones anteriores, sirvió de fundamento del pueblo de Judá.

La Biblia se escribió en 600 años, entre el año 1000 y 400 a.C.: suma de escritos dispares y géneros literarios diversos. El Pentateuco, 5 libros, atribuido falsamente a Moisés, los Profetas, Escritos (poemas, salmos, proverbios…) escritos entre el siglo V y II a.C.

El objetivo era crear una nación unificada, una nueva religión.

El plan que dio origen al monoteísmo tenía como finalidad construir un solo pueblo judío, con un solo Dios y gobernado por un solo rey del linaje de David.

  1. 3. Confirmación desde el estudio de los textos bíblicos de lo afirmado por la arqueología.

 Según la recopilación del profesor A. Piñero:

 Todos los investigadores del AT, incluidos teólogos y exegetas católicos, admiten que el politeísmo era normal en el pueblo hebreo desde los inicios (Siglo XII a.C.) hasta la época del exilio en Babilonia (S. VI a.C.), y lo hacen basándose en la lectura e indicios ofrecidos por los textos de la Biblia.

Hasta el S. IX la adoración a Yahvé aparece en lucha contra el predominio de Baal. En el S. VIII las profecías de Oseas nos muestran cómo gana terreno el culto a Yahvé, pero no se niega la existencia de otros dioses. Sólo en el S. VI – momento del exilio- se puede decir que ha triunfado el monoteísmo. (Deuteronomio 4, 35: “Sólo Yahvé es Dios. No hay más dioses aparte de Él”). La gran lucha de los profetas fue contra el politeísmo, muy normal en su época.

Pero de la lectura del Génesis y Pentateuco por parte de un lector no especialista-la mayoría- se obtiene la impresión de que desde el principio Yahvé es el único Dios adorado por todos, pero el pueblo es débil y cae en la idolatría con frecuencia.

Es decir, la Biblia dice que el monoteísmo más estricto existió siempre en Israel, lo cual no es correcto históricamente.

Conclusión de Piñero:

La fe en el único Dios, Yahvé, ha determinado la redacción definitiva de la Biblia que se comenzó a hacer en la época del exilio. La Biblia ofrece una historia distorsionada por una idea teológica previa.

La redacción definitiva de la Biblia judía es un proceso de reescritura del material anterior, por redactores diferentes, pero con un mismo espíritu monoteísta: Yahvé, Dios único, ha intervenido en la Historia de una manera especial.

La Biblia hebrea, un material muy antiguo, envuelto en sagas y leyendas, fue manipulado en un momento en que se dio forma definitiva movida por una concepción teológica muy clara de cómo había que entender la historia de Israel. “Lo que el lector moderno tiene en sus manos, -concluye Piñero- la Biblia hebrea, no es pura historia sino ante todo teología.”

4 La historicidad de los relatos del AT según la moderna historiografía

El profesor Mario Liverani, catedrático de Historia de Oriente Próximo en Roma y uno de los mejores especialistas en Historia del Antiguo Oriente, considera que las narraciones bíblicas son invenciones posteriores. La mayoría de ellas responde a la necesidad en que se encontraban los que volvían del destierro de Babilonia de dar una base a su retorno.

Los patriarcas prefiguran la vuelta del destierro babilónico. El Éxodo justifica la vuelta de los desterrados, al igual que la conquista de Canaán. El reino unido de David y Salomón es un ideal. La invención de la Ley es muy posterior. Evoluciona el concepto de pacto, que sigue modelos asirios. El relato de Josué es un manifiesto utópico que pretende reforzar el proyecto de retorno del exilio.

En el siglo VI-V los sucesos del éxodo y la conquista de Canaán reelaboraron en función de la deportación de Babilonia y del retorno de los desterrados, que se convirtió en su nuevo éxodo prefigurado del mítico.

Se está de acuerdo, desde hace muchos años, que en el recorrido del Éxodo y en la ambientación topográfica de la entrega de la Ley, hay elementos de tiempos posteriores a la cautividad de Babilonia e incrustados en el texto para dar una unidad narrativa entre dos elementos de la promesa: la huida de Egipto y la promesa de la tierra.

5 La crítica del judaísmo del profesor Israel Shahak (1933-2001. Estudioso crítico del sionismo)

En su libro “Historia judía, religión judía” Shahak no esconde sus críticas al etnocentrismo xenófobo del judaísmo ortodoxo, al mesianismo sionista, la discriminación étnica anti árabe y la política imperialista del Estado de Israel.”Los judíos deben poner fin a las atrocidades relacionadas con el judaísmo y la religión judía ortodoxa.”

El más importante de los errores populares – escribe Shahak- es que la religión judía es, y ha sido, siempre monoteísta. Una lectura atenta del Antiguo Testamento revela que esta perspectiva ahistórica está absolutamente equivocada. En muchos libros del AT se recurre a la existencia de otros dioses. (Iahvé es muy celoso de sus rivales y prohíbe a su pueblo que los adore. Ver Ex. 20, 3-6) Solo en momentos muy posteriores, en algunos profetas tardíos se niega la existencia de todo dios que no sea Iahvé. (Isaías 44, Jeremías 10).

Socialmente los reinos judíos de Judá e Israel eran similares a los reinos vecinos, incluidos los cultos religiosos de la mayoría. Las ideas que serían típicas en el judaísmo posterior- el segregacionismo étnico y el exclusivismo monoteísta- estaban limitados en esta época a un pequeño círculo de sacerdotes y profetas.

Después del regreso del exilio de Babilonia, el Imperio Persa impone la religión judía, tal como se había elaborado en el círculo de sacerdotes y escribas (Esdras 7:25-26). En el libro de Nehemías se ve como la coacción del rey persa Artajerjes fue decisiva para imponer la religión judía. En el período helenístico, la libertad que disfrutaron los judíos helenistas fuera de Palestina permitió que surgiera una literatura judía escrita en griego que luego fue rechazada por el judaísmo y preservada por el cristianismo. El propio surgimiento del cristianismo fue posible gracias a esta libertad de las comunidades que vivían fuera de Palestina y Mesopotamia.

La tolerancia del Imperio acabó en 200 d.C. cuando los romanos impusieron la religión judía elaborada en Palestina a todos los judíos del Imperio.

Lo sorprendente es que el judaísmo clásico, hasta el S. XVIII, estaba en su mayor parte lejos del monoteísmo puro. (Se extendió la Cabalá, el misticismo judío, según el cual el universo estaba gobernado por varias divinidades).El judaísmo clásico hoy es el judaísmo ortodoxo. En la época del judaísmo clásico, los judíos hacían de clase media, por ello los campesinos se oponían a ellos, pero también la clase media no -judía

Otro error, común entre los cristianos, es pensar que el judaísmo es una religión bíblica, que el AT tiene la misma autoridad que tiene la Biblia para los cristianos, católicos o protestantes.

En el judaísmo la interpretación de los textos sagrados está rígidamente fijada, no por la Biblia sino por elTalmud, incluso si es contrario al sentido literal. Muchos pasajes bíblicos son interpretados en un sentido diferente a su significado literal o al que perciben los lectores.

Un ejemplo de esto es el Decálogo. “No robarás” (Éxodo 20,15) se entiende en el judaísmo ortodoxo como prohibición de un secuestro de una persona judía. Según el Talmud los judíos pueden secuestrar gentiles (no judíos).

El famoso “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18) se interpreta como una orden de amar al prójimo judío, no a cualquier ser humano. A un judío le está prohibido salvar la vida de un gentil porque no es su prójimo. Lo resume el dicho “a los gentiles no se les debe sacar de un pozo ni tirarlos dentro.”

En el Libro de la sabiduría, de Maimónides, se puede leer que “hay que exterminar a los judíos infieles”, ente ellos “Jesús de Nazaret y sus discípulos”, pero esta última frase curiosamente no aparece en las traducciones del hebreo.

La política del Estado de Israel se basa en la restauración de las fronteras bíblicas como fronteras del Estado judío.

Ben Gurión en 1956, en la Guerra de Suez, afirmó que la auténtica razón para hacer la guerra era la restauración del Reino de David y Salomón en sus fronteras bíblicas.

Los rabinos ultraortodoxos como Meir Kahane predican laerradicación de todos los árabes de la tierra de Israel y consideran una orden divina la conquista de ese territorio para Israel.

En 1993 Ariel Sharon propuso que Israel debía adoptar el concepto de “fronteras bíblicas” como política oficial.

Un componente muy importante de la política del Estado de Israel está basado en la ideología judía, la cual se basa en las actitudes del judaísmo histórico hacia los no – judíos.

Los fundamentos del judaísmo clásico, tal como lo estableció el Talmud, se basan en la influencia platónica y en la imagen de Esparta, tal como aparece en Platón, adoptado por el judaísmo ya en el período macabeo (142- 63 a.C.). Consistía que en que todas las conductas humanas se someten a sanciones religiosas que habían de ser manipuladas por los rabinos. Esta visión sigue influenciando profundamente en la sociedad israelí –judía actual y determina en gran medida la política de Israel.

Esto es lo que Karl Popper llamó Sociedad cerrada. En el período anterior a la llegada del Estado moderno, el llamado judaísmo clásico, la observancia de las leyes del judaísmo fue impuesta a los judíos a través de la coerción física. Los tribunales judíos podían castigar legalmente a un judío con azotes, cárcel, hasta con la pena capital. Todo esto se omite en la historiografía judía con el fin de propagar el mito de que los judíos mantuvieron su religión milagrosamente.

Con la llegada del Estado moderno la comunidad judía perdió su poder para castigar al judío individual. Los vínculos de una de las mayores sociedades cerradas se quebraron. El resultado fue, desde el mundo judío, un ataque al imperio de la ley, el humanismo, como anti-judío.

En el S. XVII comenzó en Holanda el intento de volver a imponer el totalitarismo judío, el sionismo.

*Sionismo es el movimiento de liberación del pueblo judío que tomó su nombre del monte Sión de Jerusalén y que surgió en el S. XIX en Europa bajo el liderazgo de Theodore Herzl.

El objetivo del sionismo era colonizar toda la “Tierra prometida” a los hebreos, según la Biblia, con la creación del Estado de Israel. Se hizo obligatoria la emigración a Israel.

El sionismo partía de la idea de que el exilio judío desde el año 70 d.C. era debido, no a un castigo de Dios como decía la doctrina tradicional, sino a la debilidad judía. Desde el principio el sionismo se encontró con la oposición de los dirigentes rabinos.

En los años 20-30 del S. XX hubo una gran emigración judía hacia Palestina acompañada de muchos actos de terrorismo. Pero fue el holocausto nazi de los judíos en la II Guerra Mundial lo que precipitó la creación del Estado judío en 1948, en forma de compasión mundial hacia los judíos, respaldando a los sionistas. No se puede identificar sionismo y judaísmo, pues hay muchos judíos que no aceptan los principios del sionismo.

El judaísmo, según Shahak, es un xenófobo sistema de creencias totalitarias que se ha transformado en una ideología sionista y fanática que ahora amenaza al mundo entero.

Detrás de la política de Israel hay, como en gran parte del movimiento sionista, una vuelta a la sociedad cerrada judía. Los judíos deberían poner fin a las atrocidades relacionadas con el judaísmo y la religión judía ortodoxa.

Decía el dominico Roland de Vaux, biblista, arqueólogo director de la Escuela francesa Ecole Biblique de Jerusalén: “Si la fe de Israel no está fundamentada en la Historia, será errónea y por tanto también lo será nuestra fe

Es importante el reto que significan estos descubrimientos para la fe judía y cristiana, porque el cristianismo está fundamentado y es superación del AT. Podría generar un problema y una aporíainsoluble para las autoridades religiosas, tanto judías como cristianas si se aceptasen esas tesis universalmente.

*Aporía: Situación sin salida en un razonamiento. Es una dificultad objetiva inherente al razonamiento mismo que procede de los modos de explicar los términos del problema, siendo las soluciones alternativas igualmente inaceptables, de modo que a partir de ahí el razonamiento no puede proseguirse.

(Gran enciclopedia Planeta)

III. LOS RELATOS MÍTICOS DEL NUEVO TESTAMENTO EN LOS EVANGELIOS DE LA INFANCIA. El concepto mítico-teológico de ENCARNACIÓN

Introducción

a.Mitos y cristianismo. ¿Desmitologización o Remitificación?

Según Juan Martín Velasco, (Mito y desmitologización, en Nuevo diccionario de Teología, Ed. Trotta), para la teología cristiana desde S. Agustín el mito era una mala imitación de la religión. Pero el mejor conocimiento moderno de los mitos y la crítica ilustrada al cristianismo planteó de nuevo la relación mito-cristianismo.

Strauss (1808-1874) afirmó que los evangelios contienen relatos míticos, igual que el AT. Se distingue en la vida de Jesús una capa histórica y otra mitológica. Desde entonces se buscará en la Biblia los posibles mitos, si las narraciones son históricamente verdaderas o son fábulas con fondo histórico.

-Para J. M. Velasco hoy se ha superado este planteamiento desde el moderno concepto de mito. Un conocimiento más completo del cristianismo y sus textos ha descubierto elementos míticos comunes con otros complejos míticos, pero a los que la fe judeo-cristiana ha reelaborado, como se ve en el relato de la creación, que obligan a interpretar el cristianismo dentro de la actividad mítica del ser humano. Eso ha llevado a nuevas formas de interpretar el mito.

-El cristianismo mitifica de forma peculiar al reconocer en la Historia humana una historia de la salvación que tiene a Dios como agente.

Bultmann decía que el mensaje revelado tiene una forma mítica de pensar diferente de la ciencia y la Historia moderna. Para captar ese mensaje hay que desmitologizarlo y expresarlo en términos comprensibles hoy.

Lo positivo de esta opinión es que utiliza el concepto moderno de mito: El mito es solo un ropaje de un mensaje del que podría separarse.

Pero esta concepción no responde a lo que entienden por mito los sujetos religiosos.- concluye Velasco- Un creyente crítico puede desmitificar la imagen del mundo que subyace a los mitos, pero para pensar la Transcendencia tendrá que recurrir a esquemas espacio-temporales, tendrá que volver a mitificar y simbolizar. Solo hará REMITIFICACIÓN

b- Mito y educación religiosa

Para poder entender los textos de la Escritura donde se hallan relatos míticos J. M. Velasco propone realizar un proceso como el siguiente:

-Primero, familiarizarse con expresiones míticas.

Luego, identificar los elementos míticos del cristianismo, evitando la LECTURA LITERAL de los relatos como si fueran documentos histórico- científicos.

-Situarse en el nivel simbólico a que pertenecen los textos. Evitar la interpretación alegórica.

-Tener muy presente que los humanos modernos somos hijos de la crítica y nos es imposible aceptar un material surgido de culturas muy diferentes de la nuestra.

Por consiguiente no basta con repetir los datos míticos de la Tradición.

-El objetivo no es DESMITIFICAR sino REMITIFICAR la conciencia del cristiano.

LOS EVANGELIOS DE LA INFANCIA:

1 Son los últimos relatos de la vida de Jesús en aparecer en el NT.

Los primeros escritos del Nuevo Testamento que aparecieron son las cartas de Pablo (años 50-60). Luego sigue el evangelio de Marcos (sobre el año 70). Posteriormente escribieron Mateo (85-90), Lucas (año 90) y Juan (alrededor del 100).

Ni Pablo, Marcos o Juan hablan del nacimiento de Jesús. Para Pablo el acontecimiento clave de la vida de Jesús es la muerte y resurrección. Después Marcos piensa que también la vida y predicación de Jesús son importantes. Del nacimiento no se sabe nada.

Solo Mateo y Lucas presentan relatos sobre el nacimiento e infancia de Jesús; son los llamados evangelios de la infancia.

  1. No son relatos históricos como entendemos modernamente. ¿Podríamos llamarlos mitológicos?

 La mayoría de exégetas y teólogos niegan el valor histórico de los relatos evangélicos de la infanciay los explican como leyendas nacidas de la tradición judía de que el Mesías debía nacer en Belén.

-En los relatos de Mateo y Lucas hay elementos contradictorios e inverosímiles.

Hay demasiados interrogantes:

¿La concepción fue anunciada por un ángel a María? ¿Jesús fue virginalmente concebido? ¿No fue insensato que José llevara a María embarazada a Belén recorriendo 130 km desde Nazaret? ¿Y se aventuró a viajar a Egipto con una chica joven y un bebé? ¿Por qué Marcos y Juan no dicen nada? ¿Por qué Mateo y Lucas ofrecen genealogías tan distintas, un género literario muy riguroso para los judíos? ¿Es verosímil que una estrella (cometa…) se mueva, indique el camino hacia Belén a los magos y se pare?

-Otras contradicciones de los evangelistas: Mateo dice que los padres, José y María, eran nativos de Belén y tras el nacimiento de Jesús se trasladaron a Nazaret. Lucas dice que los padres eran de Nazaret y acudieron a Belén para dar a luz.

La anunciación del ángel, el nacimiento en Belén en un pesebre o una cueva, la visita de los pastores y los magos, la estrella de oriente, la matanza de los inocentes o la huida a Egipto son aceptados , por gran número de exégetas de hoy como narraciones no históricas. Cada relato pretende transmitir un contenido teológico de envergadura y no fácil de interpretar

Aunque estén al principio del evangelio, los evangelios de la infancia fueron escritos después de reflexionar sobre la pasión, la experiencia pascual, en orden cronológico inverso.

  1. Expresan una fe en Jesús resucitado y exaltado, Mesías, Hijo de Dios, de los dos cristianismos primitivos: judeocristianismo y helenismo paulino

Es necesario recordar que los evangelios nacieron en comunidades que creían de manera distinta que Jesús era el Mesías, el Señor, el Hijo de Dios salvador.

Hoy está aceptado históricamente que existieron hasta los años 70 del siglo I dos tipos de cristianismo:

-Los judeocristianos, (alrededor de Santiago, Pedro Y Juan), quienes eran los discípulos judíos que conocieron a Jesús y lo interpretaron como el Mesías de Israel, exaltado por Dios por su resurrección, pero un ser humano excepcional, nunca igual a Dios, y que tenía que venir a completar su misión mesiánica, (la parusía) exclusivamente para Israel. Este grupo, como una secta dentro del judaísmo, desapareció con la conquista romana de Jerusalén en el año 70.

-El segundo tipo de cristianismo fue el de los helenistas, judíos de lengua griega cuyo jefe era Esteban, y luego Pablo y sus discípulos ya de origen no judío; completado por los evangelistas sinópticos y sobre todo por Juan. Todos ellos, especialmente Pablo y Juan, desarrollaron una teología nueva sobre Jesús, al considerarlo el Cristo (= Mesías), Salvador universal de toda la humanidad, Hijo “natural” de Dios, preexistente y encarnado en un ser humano, Jesús de Nazaret. Este tipo de cristianismo, universalista, no exclusivamente judío, es el que quedó hegemónico y, completado por los Concilios cristológicos, se ha propagado hasta nuestros días en todas las iglesias cristianas. (A. Piñero, en Fuentes del cristianismo)

  1. ¿Por qué triunfó el tipo de cristianismo paulino-helenista?

La cultura y teología judeocristiana (circuncisión, Jesús Mesías davídico…) no podía ser aceptada por los grecorromanos porque no les decía nada. El evangelio de Pablo ignora totalmente la vida y enseñanza de Jesús. El Jesús histórico es completamente sublimado al sobrenatural y redentor suceso de su muerte y resurrección. La explicación de su éxito en el mundo pagano es que el mundo griego estaba inundado de religiones mistéricas con mitos de muerte y resurrección de dioses. (M. A. Bosch en la recopilación “Elaboración de los mitos cristianos”)

El evangelio de Pablo significa el anuncio de una salvación universal por obra de Jesús, Hijo de Dios, y de su muerte expiatoria. Jesús ha librado a la humanidad del pecado. La salvación futura ha comenzado ya porque emana del acontecimiento salvífico que es Jesús.

El evangelio de Pablo es el anuncio de la inmediata parusía, venida de Jesús-Cristo-Salvador. Abandonado el concepto judío de salvación como rescate de Israel de la opresión pagana, Pablo construye una imaginería esotérica-gnóstica* que presentaba a la humanidad en estado de miseria espiritual,consecuencia de la dominación demoníaca sobre el universo. La salvación planeada por Dios sería obra de un ser divino preexistente encarnado en la persona de Jesús. El Mesías de Israel se transmutaba en el salvador de toda la humanidad.

*Gnosis: movimiento espiritual que predica el logro de la salvación mediante el verdadero “conocimiento” revelado por Dios. Fue un movimiento simultáneo del cristianismo y de gran influencia sobre él junto al neoplatonismo enfatizando la dualidad cuerpo-espíritu.

El Cristo de Pablo, nominalmente identificado con el mesías judío, viene a ser representado con categorías helenísticas de logos y gnosis. El mesianismo judío quedaba vaciado de su especificidad y radicalmente espiritualizado, apto para las masas gentiles del Imperio Romano. (Piñero en Fuentes del Cristianismo)

Los evangelistas y en concreto Mateo y Lucas, se inscriben, con sus peculiaridades, dentro del grupo helenista-paulino y esa teología e interpretación de Jesús se ve reflejada en los evangelios, -concretamente en los de la infancia- pues presentan a Jesús como Hijo de Dios desde el nacimiento y como el Mesías anunciado por los profetas en el antiguo Testamento.

  1. Los géneros literarios y las posibles fuentes de los evangelios de la infancia

Hay que interpretar el texto según su género literario: La esquemática biografía de Marcos debió ser completada por Mateo y Lucas con los relatos de la infancia del héroe, de acuerdo con las normas helenistas de todo relato biográfico: importancia del recién nacido, peligros y acechanzas en el entorno de su nacimiento y milagrosa salvación del infante.

La dignidad divina de Jesús se pone de manifiesto ya en su nacimiento extraordinario virginal. Todos los signos que rodean su nacimiento pregonan una grandeza sin par (A. Piñero, Fuentes del Cristianismo)

Seguramente jamás existió la célebre huida a Egipto sino que, siguiendo el género del “midrás”, había que elevar a Jesús a la altura de Moisés haciendo que se dirigiera a Egipto.

Sería explicable que para narrar la concepción de Jesús se recurriera a Mitos antiguos de Grecia, Egipto o la India. Muchos personajes antiguos eran considerados nacidos de madre virgen (Pitágoras, Confucio, Buda,…) Ciertas vírgenes habrían sido fertilizadas por una divinidad.

El Cristo de la fe se fue configurando según el modelo de los dioses solares con todas sus iconografías. (En el Siglo IV la Iglesia quiso suprimir las fiestas paganas e imponer las cristianas: Navidad en el solsticio de invierno antes fiesta del Sol invicto, la Pascua en la primavera…)

Así, datos inverosímiles de los evangelios de la infancia se hacen razonables: señales cósmicas, pastores, animales mansos (el buey y la mula aportados por el apócrifo Pseudo-Mateo), el malvado que persigue a los niños (Faraón a Moisés, Herodes a  Jesús) forman parte de decorados literarios habituales que fueron recogidos por los evangelistas.

Mateo acomoda las profecías mesiánicas de Enmanuel (Isaías 7, 14ss) al nacimiento de Jesús, pero ignora que hubo una mala traducción de la Biblia hebrea de los LXX al griego al utilizar “Virgen por doncella”. (Ll. Busquets, id)

Concluye Torres Queiruga que lo que la teología de la Iglesia primitiva está intentando expresar es la intimidad única de la unión de Jesús con Dios, y su rol también único en hacer viva la presencia salvadora de Dios.

El vocabulario del tiempo empujaba a expresarlo en conceptos e imágenes de un ser celestial procedente de la esfera divina. Este lenguaje tenía una tendencia natural a objetivarse, más fácil en aquellos que —a diferencia de los discípulos directos— tenían ya una distancia vital, intelectual y de medio cultural respecto al Jesús terreno, como fueron Pablo y “Juan” (sin duda, los dos grandes promotores de la evolución cristológica).

5.1 La matanza de los inocentes.

Mateo quiere que Jesús sea concebido como Moisés, pero el Éxodo (1, 22) en que se narra el nacimiento de Moisés y el edicto del Faraón de matar a los niños, es sobrio.

Por eso Mateo se sirve de las tradiciones populares recogidas por Flavio Josefo (Antigüedades judías) y Las antigüedades bíblicas del Pseudo-Filón. En ellas el Faraón ordena matar a los niños tirándolos al río. Iahvé se presenta en sueños a Amran, padre de Moisés y le dice que el niño dará la libertad al pueblo de Israel, será el Salvador del pueblo. No es de extrañar que Mateo lleve a la Sagrada familia a Egipto para establecer relaciones con Moisés.

5.2 El nacimiento de Jesús

Antes del nacimiento, Lucas elabora una serie de anuncios como los personajes del A T para llevarnos a la concepción virginal por obra del Espíritu Santo.

Lucas sigue el estilo de “Las vidas paralelas de Plutarco” (46-120 d.C.). Zacarías duda de las afirmaciones del ángel, María no. En el AT un niño predestinado solo podía salir de una pareja estéril o anciana (Abraham y Sara). Lucas contrapone el nacimiento del Bautista (padre estéril) al de Jesús.

Según Suetonio (Vida de los Césares), al explicar el nacimiento de Augusto, su madre Acia es fecundada por el dios Apolo. Acia no era virgen, pues tenía una niña; María, sí. Por eso Jesús es superior a Augusto.

Para Duquesne, siguiendo a H. Dodd, “la creencia en la concepción virginal no es esencial para la fe cristiana. La virginidad es más una afirmación teológica que BIOLÓGICA.”

5.3 Parecidos entre las creencias mitológicas y la presentación de Jesús.

Los mitos paganos modelaron en parte la comprensión de Jesús. Los cultos mistéricos brindaban la protección de una divinidad. Su factor decisivo era la salvación individual conseguida con ritos.

Considerados los dioses míticos venerados en la antigüedad en un solo ser como Osiris-Dionisio, los cristianos topamos con muchas sorpresas al ver la vida de Jesús a partir de la tradición recibida. Así, por ejemplo, Dionisio, en “las bacantes” es “Señor Dios, nacido de Dios” y dice a sus discípulos que ha cambiado la forma inmortal para adoptar la similitud humana.

En el mito de Osiris- Dionisio éste se presenta como el Salvador e Hijo de Dios.

Si queremos afrontar esos tramos con la máxima honradez – escribe Ll. Busquets – lejos de meter la cabeza bajo el ala, deberemos seleccionar algunos relatos parecidos surgidos en la creencia de este mito en relación con la creencia en Jesús:

En los misterios de Dionisio se celebra un matrimonio sagrado del cual nace en un establo un niño divino.

En Eleusis se celebraba el prodigioso nacimiento del Hombre-Dios de una doncella.

Un poema egipcio comienza así: Nos ha nacido el niño. ¡venid a adorarlo!

Los misterios de Adonis se celebraban gritando: “la Estrella de la salvación nos ha nacido en oriente”.

Mitra, dios-hombre de los misterios persas, nace el 25 de diciembre con el testimonio de tres pastores.

El 6 de enero es el día de Osiris y Dionisio en oriente.

Empédocles cree que debe adorarse a Dios con incienso, mirra y miel.

La virgen María asume el papel pagano de la Gran Madre parecido a la Isis egipcia o Sémele, madre de Dionisio ascendida al cielo.

La idea de comulgar con la divinidad ingiriéndola- “Tomad y comed, esto es mi cuerpo…”-es un rito que se encuentra en el Libro de los muertos egipcio.

El hecho de comer o participar en la comida del hombre-dios se repite en los misterios de Atis.

Términos pronunciados por el dios-hombre Mitra: “Quien no coma de mi cuerpo y no beba de mi sangre no conocerá la salvación”. ( Godwin, J., Mystery religions in the ancient World, citado por Ll. Busquets en Última noticia de Jesús el nazareno)

5.4 Dónde nació Jesús

No existe un acuerdo entre los especialistas. Mateo y Lucas dicen que nació en Belén.

El exégeta J.D. Crossan cree que el nacimiento en Belén no es una afirmación histórica sino simbólica. A Jesús se le conocía como Jesús el nazareno. Es probable que hubiera nacido en Nazaret.

Lo mismo afirma J.A. Pagola (en Jesús, aproximación histórica): “Jesús probablemente nació en Nazaret, aunque Mateo y Lucas hablan de Belén por razones teológicas”.

Según Mateo, debía nacer en Belén para hacer frente a las objeciones judías de que Jesús fuera en verdad el Mesías de Israel, pues el Mesías debía descender de David, oriundo de Belén.

La opción de Belén es más un dato de tipo teológico que una noticia estrictamente histórica.

5.5 La cueva de Belén

Los evangelios de la infancia no dicen que Jesús naciera en una cueva. Sin embargo, la tradición del nacimiento en una cueva fue ampliamente aceptada, como se puede ver en Orígenes.

También se reproduce en los evangelios apócrifos (Libro de la infancia del Salvador, Protoevangelio de Santiago: “Y José encontró allí una gruta e hizo entrar a María”).

Sobre el sitio tradicional de la Natividad se levantó una iglesia, (Santa María de la Natividad, obra del emperador Constantino y ampliada por Justiniano) y debajo de ella, la gruta de la Natividad.

Después de todo lo dicho anteriormente, en particular sobre el lugar de nacimiento de Jesús, que cada cual juzgue lo que crea oportuno sobre la historicidad de la cueva como lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret y si es válido decir cariñosamente LA MÍTICA CUEVA DE BELÉN.

5.6 Cuándo nació Jesús

En esto no me extenderé porque ya es muy conocido. Solo recordar que los evangelios no hablan de fecha alguna. La Iglesia primitiva no celebraba, como es lógico, la Navidad. La celebración en el 25 de diciembre parece ser una decisión de la Iglesia Constantiniana (S. IV) para cambiar el contenido de la fiesta pagana del Sol Invicto que se celebraba en esa fecha, solsticio de invierno.

  1. El mito de la ENCARNACIÓN según el teólogo anglicano John Hick

Hick en 1977 escribió un libro famoso, “El mito de Dios encarnado”, que produjo una polémica parecida al libro “Honest to God”, Sinceros para con Dios, del obispo Robinson. Años más tarde reelaboró el contenido del libro y lo publicó con el título “La metáfora de Dios encarnado”.

Para Hick, “mitológico” no quiere decir falso, sino, más bien, metafórico. La encarnación del Hijo de Dios definida en el concilio de Calcedonia es una manera de conceptualizar la autoridad de Jesús, a la manera del mundo grecorromano.

El mito es una historia explicada, pero que no es LITERALMENTE VERDAD, o una idea o una imagen que se aplica a alguien o a alguna cosa, pero no literalmente, despertando una actitud particular en quien lo escucha (J.Hick en Jesús y religiones del mundo). El mito es una verdad práctica, una verdad por apropiación.

Gracias al resultado de la búsqueda exegética, se demuestra, sigue Hick, que las doctrinas sobre la Trinidad y la Encarnación son una creación de la Iglesia definidas solamente en el concilio de Calcedonia (siglo V).

Jesús no enseñó nunca que él fuera Dios encarnado. La Iglesia se habría animado a pensar que el Jesús histórico había dicho que “El Padre y yo somos uno” (Jn 10,30), en vez de hacerles conocer el consenso de los especialistas según el cual fue un escritor (Juan?) de cerca de 60 años después de Jesús el que, expresando una teología elaborada en su comunidad, puso esas palabras en boca de Jesús.

Estas palabras puestas en boca de Jesús reflejan más bien la teología de la comunidad joánica de finales de S.I. Después de los estudios de Strauss y Bauer, el evangelio de Juan ya no puede ser tomado por nadie como fuente de palabras auténticas de Jesús. (Hick, La metáfora de Dios encarnado)

En consecuencia, las ideas representadas en los credos y en las liturgias, son un producto humano de carácter opcional y mitológico.

Por eso habla Hick de la Metáfora de Dios encarnado. Esto no era nuevo en absoluto; hacía tiempo que la mayoría de expertos lo habían aceptado; lo nuevo era que aquella tesis la estuvieran anunciando públicamente unos teólogos; en vez de seguir siendo la encarnación considerada como intocable y sacrosanta, debía ser abiertamente reconsiderada. (J. M. Vigil en Teología del pluralismo religioso, cap. 12)

Otro teólogo famoso, James Dunn confirma lo mismo: El judeocristianismo no aceptó una doctrina de la Encarnación, Dios hecho carne; ni un alumbramiento virginal; ni siquiera las cartas de Pablo lo afirman.

En el Nuevo Testamento no se desarrolló una teología de la Encarnación ni de la Trinidad, cosa que ocurrió en los siglos siguientes. (M. Àngel Bosch en Recopilación “Elaboración de los Mitos cristianos”)

En conclusión: el dogma de la encarnación es cuestionado por un gran número de teólogos.

Se ha de reinterpretar la comprensión de la encarnación. El mito, la metáfora, teologúmeno, simbolismo de la encarnación de la 2ª persona de la Trinidad, ha tenido una potencia extraordinaria.

Se impone un período de deconstrucción de las fórmulas dogmáticas, sin excluir la posibilidad de revisión y reformulación.

Como ya dijo Y. Congar : abrir un período de re-recepción de los escritos simbólicos, de los decretos conciliares o pontificios.

El Magisterio de la Iglesia no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio para enseñar lo transmitido. El contenido del dogma no puede sobrepasar el contenido de la realidad de Cristo tal como es accesible en la Escritura (Rahner).

  1. Ante la celebración de la NAVIDAD

 Es obvio que la infancia de Jesús se mitificó por completo, en el buen sentido del término, a partir de los evangelios de Mateo y Lucas y en la tradición cristiana. Sin embargo, al margen de mitos y fantasías, nos resulta muy importante recuperar la humanidad de Jesús, concreta, histórica.

Como dice Borja Vivanco (“El Jesús histórico y la navidad mitológica”) el futuro del cristianismo en nuestro mundo racionalista implica dar a conocer a Jesús de Nazaret tal como era realmente, sin mito alguno, (“desmitologizando” /“remitificando”, como se quiera). Si no es así, la misión evangelizadora seguirá teniendo escaso éxito.

Rechazar la cultura racionalista, como hizo la Iglesia y sigue haciendo hoy en parte, tiende a condenar al fracaso cualquier intento de evangelizar.

Por lo tanto, desmitificar/… el nacimiento de Jesús de Nazaret es un necesario punto de partida para que la Navidad recobre su significado cristiano para las gentes del siglo XXI.

Hago mías las preciosas reflexiones del teólogo Joxe Arregui (en el artículo “Quiero celebrar la navidad de Jesús”):

Yo sé que Jesús muy probablemente no nació en Belén, pero qué importa. Yo sé que en Belén no hubo coros de ángeles, ni estrella, ni magos, pero quiero volver a leer los bellos textos de los evangelios y escuchar a los ángeles anunciando la paz en la tierra para todas las criaturas.

Yo admito que Dios se oculta y encarna en la belleza y bondad de todos los seres, pero quiero celebrar todo el Misterio en la fragilidad del niño Jesús, en la compasión del hombre Jesús.

Resulta maravillosa la multiculturalidad que se observa en estas fiestas navideñas.

Lo más detestable, a mi juicio, es el consumismo desenfrenado, anti ecológico, egoísta y la propaganda comercial cansina de la Navidad ¡¡ desde Noviembre!!

Por lo demás, bienvenidos sean los Reyes Magos, los villancicos,  los Christmas carols, el hombre de nieve, el árbol de Navidad, el Belén, els pastorets, Santa Claus, la zambomba…y todas las tradiciones populares, sin dejar la misa de Nochebuena.

Todo ayuda a descubrir el misterio de Dios, quien está dentro de los seres humanos. Bienvenidos los deseos de paz, felicidad y amor para estas fiestas…y que sean para todo el año y para todos.

Pero si queremos conectar con el espíritu, la idea motriz de Jesús, está claro que es el Reino de Dios, del cual los pobres, los más desamparados son los protagonistas. El Reino une, la Iglesia divide cuando no coincide con el Reino (escribió Pere Casaldàliga)

El Reino de Dios nos une a todos los seres humanos con los que compartimos la Gran Utopía, la lucha por la causa de los pobres (la causa de Jesús), la justicia, la vida en abundancia, sin que sea obstáculo la pertenencia a otra religión o a ninguna.

La mejor Navidad será aquella en que hagamos algo para cambiar lo mucho que no funciona en este mundo. Conceptos como solidaridad, compartir, emplear algo de nuestro tiempo y dinero de nuestra vida ayudando a los que no tienen nada, como hacen magníficamente cooperantes, ONGs y misioneros.

 

  1. LOS RELATOS MÍTICOS DE LA VIDA ADULTA DE JESÚS.

Influencia decisiva de Pablo: la fe cristiana fundamentada en la RESURRECCIÓN DE JESÚS.

1 Pablo de Tarso y los orígenes del cristianismo

Según A. Piñero, el cristianismo es un fenómeno complejo que tiene varios orígenes.

Jesús no fue el fundador sino su base e impulsor.

La religión de Jesús fue judía, no cristiana.

El cristianismo es una reflexión creativa, reinterpretación del legado de Jesús. Los seguidores de Jesús judeocristianos reinterpretaron la misión y figura de Jesús a partir de unos presupuestos previos (su mesianismo y resurrección) y por una exégesis de textos considerados mesiánicos y de otros textos judíos, los apócrifos del AT.

El cristianismo actual es básicamente paulino.

Se puede decir que el principal fundador del cristianismo de hoy es Pablo de Tarso.

Su teología se resume así:

El cumplimiento de la Ley de Moisés es innecesaria para la salvación; solo se salva quien cree que Jesús es el Mesías y que su sacrificio en la cruz con su resurrección, es lo que reconcilió a la humanidad con Dios.

Pablo resolvió bien el problema de la salvación de los paganos por una justificación por la fe, sin necesidad de las prácticas judías ni la iniciación de los misterios, por ello el cristianismo paulino era el que podía tener más éxito en el mercado religioso del Imperio romano.

Pablo cambia radicalmente la figura del Jesús histórico, pues hace de él un salvador universal, como las divinidades salvadoras helenistas y no un Mesías judío.

A la vez cambia el mensaje de Jesús histórico: de ser un anuncio de la venida del Reino, irrelevante para el mundo helenístico, pasa a ser en Pablo el anuncio de que la muerte y resurrección de Jesús, realizan la salvación, lo cual encaja bien con el mundo grecorromano preocupado por las ansias de salvación.

Hay que hablar de cristianismos porque hay diferencias entre los cristianos en la interpretación de las Escrituras, en la naturaleza del salvador Jesús, la naturaleza de la Iglesia y de la salvación.

El cristianismo solo es tal cuando aparece, hacia finales del S. I, como una doctrina que supone un salto teológico cualitativo sobre el judaísmo y sobre el pensamiento de Jesús; la base principal de esa disidencia es la divinización de Jesús.

Cuando se lleve a cabo (siglos II, III) la consolidación de la Iglesia mediante el control de la comunidad por la Jerarquía “sucesora de los Apóstoles”, controlando el depósito de la tradición y de la interpretación de la Escritura, se puede hablar de constitución completa del cristianismo.

  1. ¿Qué pasó en la resurrección de Jesús?

Está claro que el cambio radical producido en los seguidores de Jesús fue producido por el suceso que conocemos como resurrección de Jesús

Como historiador, Piñero afirma honradamente (en Guía para entender el NT) que al ser la resurrección un hecho sobrenatural y por encima de las leyes de la naturaleza, no pertenece al ámbito de la historia sino al de la fe. El historiador no puede afirmarlo ni negarlo.

Pero puede poner de relieve que los textos del NT (los cuales presentan este hecho tan importante sin el cual es imposible explicar la aparición del cristianismo) están llenos de ambigüedades e inconsistencias.

Cuando se analizan críticamente las historias de Pascua en la sucesión en que fueron compuestas (Pablo-Mc-Mt-Lc-Jn) es imposible obtener de ellas un relato coherente.

Pablo ofrece una lista de apariciones (1 Cor 15) sin dar detalles. La aparición a Santiago, el hermano de Jesús, no es mencionada en los evangelios, sí en un apócrifo (El Evangelio de los Hebreos); tampoco la manifestación a los “500 hermanos”; el orden de apariciones no coincide con los evangelios; Pablo no menciona la tumba vacía, que debió ser importante para los primeros discípulos.

El permiso para recoger el cadáver de Jesús en Marcos lo da el centurión, en el resto de evangelios lo da Pilato. Sólo Mateo habla de un terremoto cuando muere Jesús.

En Marcos las mujeres quieren ir a la tumba para ungir el cadáver, cosa bastante inexplicable teniendo en cuenta el horror de los judíos por los cadáveres y la impureza que eso suponía.

Jesús en la unción en Betania explica que ese acto tiene como fin ungir su cuerpo para el funeral, con lo que otra unción es innecesaria.

Mateo no menciona el propósito de la unción y Juan evita toda dificultad afirmando que José y Nicodemo habían ya ungido el cadáver de Jesús (Jn 19, 39).

Mateo señala que la tumba se abrió sola ante dos mujeres ( no 3 como Mc y Lc) mientras que Lc y Jn indican que ya estaba abierta (Mt 28, 2; Lc 24,2; Jn 20,1).

La misión angélica en la tumba no está clara. En Mt hay un solo ángel que transmite un mensaje (28,6, luego repetido por Jesús en v. 10, lo que hace inútil la tarea angélica), en Juan son dos ángeles sentados guardando la tumba.

En Lucas no hay ángeles sino dos hombres y en Mc un ángel dentro del sepulcro.

Lucas ( Lc 24, 22s) contradice a Mateo y Juan , negando que las mujeres hayan visto a Jesús en las cercanías de la tumba.

La contradicción más importante es que para Lucas no hubo apariciones en Galilea, solo en Jerusalén, mientras que Marcos las sitúa todas en Galilea.

La interpretación de esas discordancias se presta a una clara ambivalencia. Para los autores creyentes se explican por las diversas tradiciones, para los escépticos es una prueba de la inconsistencia de la tradición en un puno crucial para la fe, lo que hace imposible considerar como histórico el hecho de la resurrección.

  1. Los primeros pasos de los seguidores de Jesús tras la crucifixión

-Está aceptada como histórica la dispersión de los seguidores de Jesús tras su muerte. La mayoría volvió a Galilea después del fracaso de proclamar de inmediato la venida del Reino. Desconcertados, entraron en una crisis radical, afirma Pagola.

No es seguro que siguieran como predicadores itinerantes. Lo que hicieron fue intentar rehacer sus vidas.

Un grupo siguió en Jerusalén. Es posible que quisieran rehabilitar la buena fama de Jesús, muerto ignominiosamente.

Los discípulos de Jesús se preguntaban si Jesús, con todo lo dicho, hecho y después de una muerte tan ignominiosa, podía acabar -según la concepción clásica judía- en el “Sheol”, es decir, en la región de las tinieblas (Pagola en Jesús, aproximación histórica)

La impresión de la figura de Jesús seguía viva entre sus seguidores.

-Poco después de su muerte algunas mujeres de entre los antiguos discípulos sintieron vivamente que no era posible que Jesús hubiera desaparecido para siempre. En algunas de ellas surgió una certeza: ¡Jesús continuaba vivo! Su presencia espiritual podía palparse.

En aquella época una de las maneras de expresar esos sentimientos era afirmar que el muerto había resucitado.

En unos tiempos en los que se creía en continuos milagros, viajes celestes, raptos del alma, apariciones de seres sobrenaturales… era esta una idea perfectamente plausible.

El sentimiento de que Jesús seguía vivo, que había resucitado comenzó ciertamente en el grupo de mujeres, pues los evangelios indican que los varones no las creyeron y se resistieron a admitir la posibilidad de una nueva luz tras la noche del fracaso.

-Según Pagola, los discípulos de Jesús afirmaban convincentemente que “Jesús, el Crucificado, vive, Dios lo ha resucitado”. De diversas maneras y con un lenguaje diferente ésta es la expresión común.

Y esta fe cristaliza muy pronto a través de fórmulas muy sencillas que circulan entre los cristianos de la primera generación entre los años 35-40: Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos (ésta es la expresión más antigua y podemos encontrarla ya en Pablo (Rom. 10,9).

Cabe notar que la idea de la resurrección la expresan a través de dos términos griegos: “Egeírein” =“despertar”, “Anistánai” = “levantar”.

Dos metáforas que expresan una novedad extraordinaria y grandiosa, como que Dios, bajando al ”Seol”, “ha despertado” de la muerte al Crucificado y lo “ha levantado” a la vida… Jesús ha muerto y ha resucitado. En esta fórmula no se habla de la intervención de Dios, sino que la atención se desplaza a Jesús, pero siendo Dios el que activa esta potencia. Así lo concibe Pablo en 1Tesal. 4,14.

-De la misma época son los cánticos e himnos en los que se expresa la convicción de la resurrección, pero con otro esquema mental y otro lenguaje: Dios “ha exaltado a Jesús, lo ha elevado a su gloria, sentándolo a la derecha de su trono, constituyéndolo como Señor…” (Filip. 2,6-11; 1Tim. 3,16; Ef. 4,7-10; Rom. 10,5-8.)

-Sin embargo, la confesión de fe más significativa se encuentra en Pablo entre los años 55-56 en la comunidad de Corinto (ciudad cosmopolita en convivencia con diferentes religiones helenistas y orientales, con templos erigidos a Isis, Serapis, Zeus, Afrodita, Asclepio o Cibeles…).

La buena nueva que predica Pablo no es de su invención sino la transmisión de lo que él ha recibido de otros. 1Cor. 15,30-31:

“En primer lugar yo os transmití la misma enseñanza que igualmente recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como decían las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día, como decían las Escrituras, y se apareció a Cefas y después a los doce”.

– La resurrección “al tercer día”, significa el “día decisivo”. Ver Oseas 6,1-2, así como el carácter midrásico del texto. Hay investigadores que proponen en este punto la mentalidad judía: un difunto no está muerto hasta el tercer día…

Pablo, al hablar de la resurrección en el Aerópago de Atenas, no tiene seguidores como se comprueba en Hech. 17,32.

– Y sin distorsionar la fe en el resucitado se busca un lenguaje más apropiado para el mundo helenista.

Es Lucas quien introduce una nueva expresión del concepto de “resucitado” como “aquel que vive…, el viviente”. Lc. 24,5; Lc.24,23; Hech.1,3; 25.19.

– Posteriormente, el Apocalipsis, compuesto hacia el año 95, pone en boca del resucitado expresiones alejadas de las primeras fórmulas: “Soy el que vive: estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y de su reino”. Apoc. 1,17-18; 2,8.

  1. ¿En qué consiste la resurrección de Jesús?

Aquí seguimos a Pagola. ¿Qué piensan, qué entienden o qué quieren decir los primeros cristianos cuando hablan de “Cristo resucitado?

La resurrección es algo que le ha pasado a Jesús y no a la imaginación de sus seguidores. Un hecho real no producto de la fantasía ni resultado de una reflexión.

La resurrección no es que en los seguidores de Jesús se haya despertado, de nuevo, la fe en él.

La resurrección es el acontecimiento que ha transformado a  los seguidores de Jesús, después del desconcierto y de la frustración, en una nueva adhesión.

¿Qué no es la resurrección?

– La resurrección no es un retorno a la vida biológica anterior.

– La resurrección no es la reanimación de un cadáver.

– La resurrección no es una supervivencia misteriosa según la concepción griega de la inmortalidad del alma.

– La resurrección no es una sobre-vivencia despojada de corporeidad.

– La resurrección no es un “hecho histórico” demostrable, sino que pertenece a un “hecho real” no demostrable.

¿Qué es la resurrección?

La resurrección es una actuación / intervención de Dios que, con su fuerza creadora, que introduce a Jesús en la plenitud de su propia gloria.

La resurrección es una nueva vida liberada en la que la muerte no tiene poder sobre ella.

La resurrección, procediendo de Dios, ningún evangelista se atreve a describirla ya que:

– La resurrección es un acontecimiento que desborda todo el entramado de la vida terrenal.

– La resurrección es un acontecimiento que va más allá de cualquier experiencia de este mundo.

– La resurrección es un acontecimiento que no puede expresarse ni compararse con nada ya que no hay testimonio alguno de esta actuación trascendente de Dios.

– La resurrección, en lenguaje de Pablo, es aquel acontecimiento por el que “Jesús ha resucitado por la fuerza de Dios…”.

  1. ¿Cómo concebían los seguidores de Jesús la resurrección?

 Para Piñero, los judíos piadosos aceptaban la posibilidad de resucitar.

Los judíos creían que Juan el Bautista podía haber resucitado (Lc 9,7ss).

La creencia de que Jesús seguía vivo explica que algunos miembros de la comunidad afirmaran que Jesús se les había aparecido: la creencia en la resurrección explica el hecho de las apariciones.

Aquí lo único que puede hacer el historiador es constatar que sin la creencia firme de que Jesús seguía vivo entre los discípulos, que había resucitado, no se explica el origen del movimiento de sus seguidores que en pocas decenas de años formarían un grupo diferenciado del judaísmo.

A pesar de la disparidad de tradiciones textuales sobre este acontecimiento, no es imposible que se apoderara pronto del grupo de Jerusalén la idea de que el Maestro seguía vivo: la vivencia era la misma (la creencia en la resurrección), pero la expresión de esta vivencia, las tradiciones, se realizó por personas diferentes y en lugares diferentes.

Esto explica que la vivencia fuera común pero que se generaran tradiciones diferentes: cada uno contaba su experiencia como le parecía, por ello los relatos son tan diferentes y contradictorios. (Para unos Jesús se había presentado como un cuerpo etéreo, que podía atravesar las paredes (Lc 24, 36ss); otros lo habían visto como un cuerpo real que podía comer y ser palpado (Jn 21, 12; 20, 17).

Poco a poco a estos relatos se unieron a otros sobre la tumba vacía de Jesús.

Lo cierto es que el grupo de seguidores de Jesús de Jerusalén tenía un poderoso motivo para cohesionarse: ¡Jesús estaba vivo! ¡Había resucitado!

Pero había que explicar por qué Jesús había muerto de aquella manera.

Estas reflexiones fueron el comienzo de lo que sería la teología neo testamentaría, la religión cristiana.

El grupo de judíos seguidores de Jesús que se había concentrado en Jerusalén se diferenciaba del resto de judíos en que creían que el ajusticiado Jesús era el Mesías y que Dios había hecho justicia a su muerte terrible resucitándole de entre los muertos.

Por lo demás eran judíos en todo: iban al Templo, cumplían las normas de la religión judía…

Las primeras indagaciones teológicas del grupo tuvieron como fin explicar el tremendo fracaso de Jesús al morir de aquella manera. Pensaron que la mejor manera era encontrar en la Escritura alguna explicación.

La única explicación debía estar en los planes de Dios, ignorados hasta el momento. Por eso buscaron en la ley y los profetas, como había hecho Jesús.

El relato de los discípulos de Emaús explica este proceso (Lc 24).

Lo que Lucas quiere decir es que había un plan de Dios, del que no habían caído en la cuenta.

Era preciso que el mesías padeciese y resucitase. Jesús había predicado la venida inminente del Reino del que él sería el agente mesiánico.

En estos momentos se añade a esta idea una variante importante: ese Mesías aparentemente fracasado, había sido resucitado por Dios y sentado a su derecha.

Jesús se consideró mesías al final de su vida.

Por eso los discípulos confirmaron este título, pero con un contenido algo distinto al que pensó Jesús en vida.

El primer discurso de Pedro: “A este Jesús lo resucitó Dios…y ha hecho Señor y Mesías a este Jesús a quien habéis crucificado” (Hch 2, 32ss).

Según Lucas había sido el mesías incompleto. Su misión la llevaría a cabo después de la resurrección.

Era creencia judía común que, si la empresa del pretendiente a mesías terminaba mal, era porque ese mesías no era el verdadero. Había sido abandonado por Dios a su suerte. Pero a Jesús le pasaba algo especial: la muerte no era el final de su mesianismo: ¡había resucitado y estaba en los cielos!

La idea que subyace a lo que dice Pedro en los Hechos es que, para la primera comunidad, Jesús durante su vida había sido un mero hombre, excepcional y taumaturgo, profeta y proclamador del Reino, pero un ser humano como los demás.

Gracias a su resurrección por la acción divina, ese hombre había sido exaltado al rango de señor y mesías y por fin iba a terminar su misión.

Pertenecía ya al ámbito de Dios, era su ayudante, como podían serlo para los judíos Henoc o Melquisedec.

Este mesías vendría como juez mesiánico a juzgar a las 12 tribus de Israel, a instaurar el Reino.

Esta perspectiva podía ser aceptable para un judío, a pesar de la muerte del mesías. La noticia de que el mesías Jesús había de venir pronto a cumplir su misión debía ser extendida por todos los judíos.

La primera expansión de la nueva fe en Jesús, según los Hechos, fue en la fiesta de Pentecostés, a la que acudían muchos judíos de afuera. A estos judíos se les llamaba helenistas porque su lengua materna era el griego y tenían una mentalidad algo distinta por haber sido formados dentro de la cultura griega. Estos judíos helenistas piadosos debieron acoger con gusto el programa que les presentaban – según los Hechos- Pedro y sus compañeros.

  1. El camino de la nueva fe en Cristo resucitado.

 ¿Cómo ha sido posible que las primeras generaciones cristianas dieran un vuelco tan sorprendente pasando de la crisis en Jesús a una adhesión tan sólida?

En esta aproximación al insólito hecho de la resurrección que sorprende y supera nuestra experiencia y capacidad de comprensión, estamos viendo diferentes posturas en los investigadores porque se cruzan el rigor científico con las creencias personales.

El profesor Piñeroes respetuoso con la fe, pero declara claramente que no le compete al historiador elucubrar sobre estos temas teológicos.

Pagola, por el contrario, es un buen investigador sobre el Jesús histórico, pero como creyente no puede prescindir del Cristo de la fe, lo cual se ve en su trabajo. El lector debe decidir con qué postura se queda.

*Cuando Pagola sacó de sus casillas a los guardianes de la ortodoxias por la publicación de su libro “Jesús, aproximación histórica”, acusándolo de arriano, el profesor Piñero, en su blog, lo alabó y se quedó extrañado de los furibundas e injustas diatribas porque, según su criterio, el libro de Pagola es completamente ortodoxo, y desde la crítica histórica y literaria se queda corto e incluso fomenta ciertos mitos en torno a una figura un tanto edulcorada de Jesús, mitos que se han ido formando en nuestros días.

Aproximación a la adhesión de los primeros cristianos en la fe en Jesús resucitado, según Pagola.

-A través de métodos histórico-científicos no es posible establecer de forma segura y definitiva lo qué sucedió, así como penetrar en el contenido de esta experiencia.

Se trata de un proceso complejo en el que concurren varios factores:

-Preguntas, reflexiones, acontecimientos inesperados, vivencias de fe… que sólo Dios les ha podido revelar!

-Los discípulos de Jesús -así como los judíos de la época- esperaban “la resurrección de los justos” al final de los tiempos. Esta convicción era reciente y era expresada con lenguajes diferentes.

-El problema se planteó ante la muerte cruel (168-164 a.C) de judíos fieles a Dios martirizados por Antíoco Epífanes a quienes para ellos Dios no podía abandonarlos a la muerte. Daniel 12,1-

-Los discípulos de Jesús comparten esta fe judía, exceptuando los saduceos que la rechazan.

-Y, en general, los judíos piadosos recitaban todos los días la oración “Eres bendito, Señor, que haces vivir a los muertos…”.

Todo ello ayudaba a interpretar mejor lo que estaban viviendo: La experiencia de Jesús vivo!

-Y en este proceso cabe decir que Dios está inspirándoles la respuesta a sus preguntas. Se dan cuenta queDios les está revelando el crucificado en plenitud de vida.

-De esta presencia da cuenta Pablo ya que él es el único que habla de lo que ha vivido 1Cor. 15,8-11.

Una experiencia que no describe en términos psicológicos sino que ha sido como una gracia o un regalo que atribuye a la iniciativa de Dios o a la intervención del resucitado.

En esta experiencia Pablo descubre el poder de la “resurrección” que les lleva a proclamar: “Ya no soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí” Gal. 2,20.

7 Repensar la resurrección

Torres Queiruga es uno de los teólogos españoles que se ha esforzado en reflexionar con rigor sobre la resurrección de Jesús desde la doble fidelidad de creyente cristiano a la fe común y como investigador fiel a la necesidad de interpretar el cristianismo con un lenguaje que puedan entender las personas de hoy.

En la web de ATRIO presentaron su libro “Repensar la resurrección” diciendo que “se ha esforzado en todo momento por moverse dentro de la fe común y al mismo tiempo no ha ocultado nunca su libertad para elaborar su peculiar propuesta dentro de la diferencia teológica. “

Respecto de Jesús- escribe Queiruga- significa que la muerte en la cruz no fue lo último, sino que a pesar de todo sigue vivo, él en persona; y que, aunque de un modo distinto, continúa presente y actuante en la comunidad cristiana y en la historia humana.

Respecto de nosotros, significa que en su destino se ilumina el nuestro, de suerte que en su resurrección Dios se revela de manera plena y definitiva como “el Dios de vivos”.

Lo cierto es que, en relación a la resurrección, la ruptura moderna ha supuesto un cambio radical de paradigma, de suerte que obliga a una reinterpretación muy profunda.

Esta situación aumenta lo delicado y aun arriesgado de la tarea; pero por lo mismo la hace también inesquivable, so pena de hacer absurdo e increíble el misterio de la resurrección.

El trabajo de reinterpretación precisa ir en tres direcciones distintas: dilucidación histórico-crítica del origen, explicitación y consolidación de la experiencia; comprensión de su contenido, es decir, del ser de la resurrección y del modo como se realiza; finalmente, intentar dilucidar las consecuencias, tanto para la vida en la historia como para el destino más allá de la muerte

8 La génesis de la fe en la resurrección

El cambio cultural se manifestó en dos fenómenos principales: El primero fue el fin de la lectura literal de los textos que ha obligado a buscar su sentido detrás del tenor inmediato de la letra.

El segundo consistió en el surgimiento de una nueva cosmovisión, que ha obligado a leer la resurrección en coordenadas radicalmente distintas a las presupuestas en su versión original.

  1. La resurrección en el Antiguo Testamento.

 El pueblo de Israel tuvo la aguda experiencia de contraste entre el sufrimiento del justo y la intolerable injusticia de su fracaso terreno.

Como se anuncia con claridad ya en los Cantos del Siervo y se formula de manera impresionante con los mártires de la lucha macabea ( 2 Mac 7), sólo la idea de resurrección podía conciliar el amor fiel de Iahvé con el incomprensible sufrimiento del justo. (La idea de resucitar parece ser de origen persa)

Es muy probable que en esos textos encontrase Jesús un importante alimento para su propia experiencia; y, con seguridad, ahí lo encontraron los primeros cristianos para su comprensión del destino del Crucificado.

 1La resurrección de Jesús en el Nuevo Testamento.

 Esa herencia pasó al Nuevo Testamento como presupuesto fundamental, porque constituía el marco de vivencia tanto para Jesús como para la comunidad.

La fe en la resurrección de los muertos estaba ya presente en la vida y en la predicación del Nazareno: la novedad que introduce la confesión de la suya, se realiza ya dentro de esta continuidad radical.

Hay una profunda reconfiguración que el Nuevo Testamento realiza en el concepto de resurrección heredado del Antiguo.

Hay que tener presente la conciencia del carácter “escatológico” de la misión de Jesús, que adelantaba y sintetizaba en su persona la presencia definitiva de la salvación de Dios en la historia: su destino tenía el carácter de lo único y definitivo.

En estrecha relación con él está el hecho terrible de la crucifixión, que parecía anular esa presencia.

La durísima “experiencia de contraste” entre, por un lado, la propuesta de Jesús, garantizada por su bondad, su predicación y su conducta, y, por otro, su incomprensible final en la cruz, constituía una “disonancia cognoscitiva” de tal magnitud, que sólo con la fe en la resurrección podía ser superada (un proceso que, a su manera, había adelantado ya el caso de los Macabeos ).

Algo que se confirma en la historia de los grandes líderes asesinados, es que el asesinato del líder auténtico confirma la fidelidad de los seguidores: la fe en la resurrección, que los discípulos ya tenían por tradición, encontró en el destino trágico de Jesús su máxima confirmación, así como su último y pleno significado.

Lo expresó muy bien, por boca de Pedro, el kerygma primitivo: Jesús no podía ser presa definitiva de la muerte, porque Dios no podía consentir que su justo “viera la corrupción” (cf. Hch 2, 24-27).

  1. Lo nuevo en la resurrección de Jesús

 El carácter definitivo y la experiencia de contraste hizo posible la revelación de lo nuevo en la resurrección de Jesús: él está ya vivo, sin tener que esperar al final de los tiempos y lo está en la plenitud de su persona, ya sin el menor asomo de una existencia disminuida o de sombra en el sheol (lugar subterráneo y oscuro de los uertos)

Lo que se esperaba para todos al final de los tiempos, se ha realizado en él, que por eso está ya exaltado y plenificado en Dios. Y desde esa plenitud sigue presente en la comunidad, reafirmando la fe y relanzando la historia.

Había ciertos antecedentes en el Antiguo Testamento y en el judaísmo intertestamentario (piénsese en las alusiones a los Patriarcas, a Elías o al mismo Bautista); y tampoco era totalmente ajena al entorno religioso medio-oriental y helenístico, con Dioses que mueren y resucitan o con personajes que se hacen presentes después de muertos.

De todos modos, el carácter único de la persona y la misión de Jesús, hizo que la fe en su resurrección supusiese un avance definitivo en la historia de la revelación. De nadie se había hablado así: nunca, de ninguna persona se había proclamado con tal claridad e intensidad su estar ya vivo, plenamente “glorificado” en Dios y presente a la historia.

De los textos resulta que esa fe en la resurrección actual de Jesús y en la permanencia de su misión se manifestó en vivencias extraordinarias de su nuevo modo de presencia real, que, en aquel ambiente cargado de una fortísima emotividad religiosa, los protagonistas interpretaron como “apariciones”.

En todo caso, como tales fueron narradas a posteriori en el Nuevo Testamento, en cuanto explicitación catequética y teológica del misterio que se intentaba transmitir.

En ese mismo marco se forjaron también las narraciones acerca de la “tumba vacía”.

Con las narraciones se nos entrega el objeto de la fe.

Dada su composición por escritores que no habían sido testigos directos, sino que escriben basados en recuerdos y relatos ajenos, entre cuatro y siete décadas más tarde, no pueden considerarse sin más como descripciones de acontecimientos fácticos, tal como los narrarían, por ejemplo, un cronista o un historiador actuales.

De suerte que la interpretación más concreta de lo sucedido fácticamente constituye una delicada tarea hermenéutica, que ha de tener en cuenta el distinto marco cultural y los nuevos instrumentos de lectura crítica. Circunstancia que resulta decisiva a la hora de interpretar el modo de la resurrección y del ser mismo del Resucitado.

9.El modo y el ser de la resurrección

En este apartado el cambio cultural es lo que se ve como prioritario. Cambio en la visión del mundo, que, desdivinizado, desmitificado y reconocido en el funcionamiento autónomo de sus leyes, obliga a una re-lectura de los datos.

Piénsese en el ejemplo de la Ascensión: tomada a la letra, hoy resulta simplemente absurda.

Escribe Pagola en “Jesús, aproximación histórica”: Sobre la ascensión (Lc.24, 50-53 es el único evangelista que la narra), es preciso decir que se trata de una composición literaria imaginada con una intención teológica muy clara: La culminación solemne del tiempo de Jesús… El nuevo tiempo de la Iglesia… y La misión evangelizadora… “… una nube se lo llevó y lo dejaron de ver” (Hech. 1,6-11). Después, vuelven aJerusalén, pero no al Templo, sino al Cenáculo donde recibirán el “Espíritu” que ha de impulsarlos y confortarlos en la misión evangelizadora

Cambio también en la misma teología que se halla en una situación nueva, sobre todo por lo que respecta a la concepción de la creación, la revelación y la cristología.

La acción de Dios no se concibe bajo un patrón intervencionista y “milagroso”, que no responde a la experiencia ni religiosa ni histórica y que amenazaría la trascendencia divina.

La revelación no es un “dictado” milagroso y autoritario que deba tomarse a la letra.

Y la cristología no busca lo peculiar de Jesús en su apartamiento sobre-naturalista, sino en su plena realización de lo humano: la cristología como realización plena de la antropología, la divinidad en la humanidad.

En este sentido, resulta hoy de suma importancia tomar en serio el carácter trascendente de la resurrección, que es incompatible, al revés de lo que hasta hace poco se pensaba con toda naturalidad, con datos o escenas sólo propios de una experiencia de tipo empírico: tocar con el dedo al Resucitado, verle venir sobre las nubes del cielo o imaginarle comiendo; son pinturas de innegable corte mitológico, que nos resultan sencillamente impensables.

  1. El sepulcro vacío

Dice Pagola (en Jesús, aproximación histórica) que en una época ya relativamente tardía, cuando los cristianos ya viven la fe en Cristo resucitado, aparecen unos relatos encantadores, narraciones que recogen tradiciones anteriores:

El sepulcro vacío (años 70).

Una celebración anual que tenía lugar cerca del sepulcro de Jesús o un relato que nació en ambientes populares en que se entendía la resurrección corporal de Jesús de manera material o física en continuidad con su cuerpo terrenal…

Sigue escribiendo Torres Queiruga:

No es exageración optimista hablar de lo enorme del cambio ya acontecido. Ya nadie confunde la resurrección con la revivificación o vuelta a la vida de un cadáver. Ni se la confunde con las “resurrecciones” narradas no sólo en la Biblia, atribuidas a Eliseo, a Jesús o a Pablo (que, por otra parte, casi nadie toma a la letra), sino también en la cultura del tiempo, como en el caso de Apolonio de Tiana.

La resurrección de Jesús, la verdadera resurrección, significa un cambio radical en la existencia, en el modo mismo de ser: un modo trascendente, que supone la comunión plena con Dios y escapa por definición a las leyes que rigen las relaciones y las experiencias en el mundo empírico.

Por eso ya no se la comprende bajo la categoría de milagro, pues en sí misma no es perceptible ni verificable empíricamente. Hasta el punto de que, por esa misma razón, incluso se reconoce de manera casi unánime que no puede calificarse de hecho histórico.

Lo cual no implica negar su realidad, sino insistir en que es otra realidad: no mundana, no empírica, no apresable o verificable por los medios de los sentidos, de la ciencia o de la historia ordinaria.

En el caso del sepulcro vacío se han dado más pasos. Exegéticamente no es posible decidir la cuestión, pues, en puro análisis histórico, hay razones serias tanto para la afirmación como para la negación.

Pero se ha producido un cambio importante, en el sentido de que son ya muchos los autores que no hacen depender la fe en la resurrección de la postura que se adopte al respecto: se reconoce que pueden creer en ella tanto los que piensan que el sepulcro ha quedado vacío como los que opinan lo contrario.

Y la verdad es que, superadas las imágenes que representan al Resucitado como vuelto a una figura terrena, y tomado seriamente el carácter trascendente de la resurrección, la permanencia o no del cadáver pierde su relevancia.

Una realidad que está totalmente por encima de las leyes del espacio y del tiempo, no puede guardar ninguna relación material con un cuerpo espacio-temporal. Tan invisible e intangible es el Resucitado para quien afirma que el sepulcro quedó vacío, como para quien afirma lo contrario.

Esto es importante, porque lo que pretende salvaguardar la afirmación de la tumba vacía es la identidad del Resucitado; que es también lo que se busca expresar con el simbolismo de la “resurrección de la carne”. Pero, aparte de que ni siquiera en la vida mundana puede considerarse sin más el cuerpo como el verdadero soporte de la identidad, puesto que sus componentes se renuevan continuamente, parece claro que la preservación de la identidad ha de buscarse en el ámbito de categorías estrictamente personales.

Aunque estamos en una de las más arduas cuestiones de la antropología, lo fundamental es que la identidad se construye en el cuerpo, pero no se identifica con él. Lo que el cuerpo vivo ha significado en esa construcción se conserva en la personalidad que en él y desde él se ha ido realizando; no se ve qué podría aportar ahí la transformación (?) del cuerpo muerto, del cadáver.

Por otra parte, rota la linealidad literal de las narraciones, resulta muy difícil, si no imposible, interpretar con un mínimo de coherencia el supuesto contrario.

¿Qué sentido podría tener el tiempo cronológico (3 días) en que el cadáver permanecería en la tumba, para ser “revivificado” en un momento ulterior? ¿Qué tipo de identidad personal sería la del Resucitado mientras espera la “revivificación” del cadáver? ¿Qué significaría esa mezcla de vida trascendente y espera cronológico-mundana?

En cambio, dentro de la oscuridad del misterio, todo cobra coherencia cuando se piensa la muerte como untránsito, como un “nuevo nacimiento”, en el que la persona “muere hacia el interior de Dios”. Morir es ya resucitar: resurrección-en-la-muerte.

  1. Las apariciones

En la medida en que las apariciones se toman como percepción sensible del cuerpo del Resucitado, el problema es estrictamente paralelo al anterior. Porque de ese modo no sólo se vuelve a interpretar necesariamente la resurrección como “milagro”, sino que se presupone algo contradictorio: la experiencia empírica de una realidad trascendente.

Muchos creyentes hacen depender la fe en la resurrección de las apariciones.

La razón es distinta: si antes preocupaba la preservación de la identidad del Resucitado, ahora se cree ver en las apariciones el único medio de garantizar la objetividad y la realidad misma de la resurrección.

Pero esa impresión sólo es válida, si permanece prisionera de la antigua visión: seguir tomando la actuación de las realidades trascendentes bajo la pauta de las actuaciones mundanas, que interferirían en el funcionamiento de la realidad empírica y que, por tanto, se podrían percibir mediante experiencias de tipo sensible.

El segundo, conservar un concepto extrinsecista y autoritario de revelación, como verdades que se le “dictarían” al revelador y que los demás deben aceptar sólo porque “él dice que Dios se lo dijo”.

Por lo demás el mismo sentido común, si supera la larga herencia imaginativa, puede comprender que“ver” u “oír” algo o a alguien que no es corpóreo sería sencillamente falso, igual que lo sería tocar con la mano un pensamiento.

Y una piedad que tome en serio la fe en el Resucitado como presente en toda la historia y la geografía humana —“donde están dos o tres, reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20) —, no puede pensar para él un cuerpo perceptible sensorialmente.

Esto no niega la veracidad de los testigos —si fueron ellos quienes contaron eso, y no se trata de constructos simbólicos posteriores—, ni tampoco que el exegeta pueda discutir si histórico-críticamente se llega o no a ese dato.

Lo que está en cuestión es si lo visto u oído empíricamente por ellos es el Resucitado o son sólo mediaciones psicológicas —semejantes, por ejemplo, a las producidas muchas veces en la experiencia mística o en el duelo por seres queridos— que en esas ocasiones y para ellos sirvieron para vivenciar su presencia trascendente, y tal vez incluso ayudaron a descubrir la verdad de la resurrección.

Pero eso no es ver u oír al Resucitado; si se dieron, fueron experiencias sensibles en las que descubrieron o vivenciaron su realidad y su presencia. Si la resurrección no fuese real, todo perdería para ellos su sentido.

Sin la resurrección, Cristo dejaría de ser él y su mensaje quedaría refutado. Dios permanecería en su lejanía frente a la terrible injusticia de su muerte. Y ellos se sentirían abandonados a sí mismos, perdidos entre su angustia real y una esperanza tal vez para siempre decepcionada. Todo cobró, en cambio, su sentido cuando descubrieron que Jesús había sido constituido en “Hijo de Dios con poder” (Rm 1, 4) y que Dios se revelaba definitivamente como “el que da vida a los muertos” (1 Cor 15, 17-19).

Concluye Pagola (en id): Las apariciones son como una catequesis para profundizar aspectos de la resurrección de Jesús y las consecuencias para sus seguidores que sirven para cerrar la obra de los evangelistas Mt. 28, Lc.24 y Jn.20-21.

En época tardía alguien añadió en el evangelio de Marcos un breve sumario de algunas apariciones Mc.16,9-20.

Sobre los relatos de las apariciones, desde una intencionalidad claramente catequizadora, cabe destacar que: Jesús vive y vuelve a estar con los discípulos… Este encuentro con Jesús es un don, un regalo. Jesús toma la iniciativa… La resurrección les regala la paz y la bendición de Dios… El encuentro con Jesús resucitado les transforma radicalmente… La experiencia del resucitado debe ser comunicada como misión…

12.Primogénito de los muertos

Terminamos con Torres Queiruga: En Jesús se reveló en plenitud definitiva lo que Dios estaba siendo desde siempre: el “Dios de vivos”, como dijo el mismo Jesús; “el que resucita a los muertos”, como gracias a su destino re-formularon los discípulos la fe que ya tenían en la resurrección, confirmándola y profundizándola con fuerza definitiva.

Esta comprensión supone ciertamente un cambio en la visión teológica; pero resulta perfectamente coherente con el experimentado por la cristología en general, que ha aprendido a ver la singularidad de Jesús no en el apartamiento de lo humano, sino en su plena revelación y realización.

Por eso con esta visión no se anula, sino que se confirma la confesión de la fe: Cristo sigue siendo “el primogénito de los muertos” (Ap 1, 15), sólo que no en el sentido cronológico de primero en el tiempo, sino como el primero en gloria, plenitud y excelencia, como el revelador definitivo.

De ahí  esa reciprocidad íntima, que Pablo proclama entre su resurrección y la nuestra: si él no ha resucitado, tampoco nosotros; si nosotros no, tampoco él (1 Cor 15, 12-14).

 

  1. JESÚS HISTÓRICO Y SU MENSAJE. EL JESÚS MÍTICO/TEOLÓGICO. Los títulos cristológicos. La redención. La Eucaristía como cena-sacrificio.

1 Hay que distinguir entre hechos históricos narrados e interpretaciones

La narración del bautismo de Jesús es un hecho histórico, pero la teofanía (manifestación de Dios) con la voz de lo alto declarando que Jesús es el Hijo amado, como salvar al pueblo de los pecados (Mateo) o convertir a Jesús en descendiente de David (Lucas) son elaboraciones teológicas, interpretaciones, no historia.

Esto significa que antes de los evangelios de la infancia ya existe la fe en el crucificado resucitado, enaltecido por Dios a su derecha.

El teólogo escriturista Rovira Belloso habla de los evangelios de la infancia como piezas mayores de la catequesis teológica que no se presentan como hechos comprobables.

2 El Jesús de los estudios histórico-críticos

Aunque las intervenciones-interpretaciones de los evangelistas al escribir los evangelios puedan ser grandes, la ciencia histórica ha elaborado criterios que nos permiten ver las líneas maestras del mensaje y la vida de Jesús tras un análisis crítico de los evangelios.

Para A. Piñero (en Fuentes del cristianismo) la historicidad es una exigencia inevitable para el creyente,pues es absurdo que el objeto de la fe no sea algo que predicó al menos implícitamente el Jesús histórico.

Es indiscutible que el contenido de le fe no es exactamente el mismo que predicó Jesús sino la reinterpretación de la Iglesia primitiva de los dichos y hechos de Jesús.

El biblista Fernando Bermejo, en el artículo “Verdades elementales de la investigación sobre Jesús de Nazaret”, publicado en el blog de A. Piñero en Periodistadigital afirma que “existe una línea de investigación en la que confluyen autores no confesionales, judíos y algunos cristianos críticos que diseñan una imagen de Jesús que presenta la mayor plausibilidad histórica.”

Los corolarios que cabe extraer de dicha imagen de Jesús histórico son incompatibles con las pretensiones normativas cristianas. Cita al aramista Maurice Casey quien escribió que es difícil conciliar la cristología ortodoxa con la verdad. Porque los autores confesionales no extraen prácticamente nunca los corolarios de estos resultados porque hacerlo dificultaría apoyar en la razón histórica las pretensiones veritativas del cristianismo.

Siguiendo a Piñero podemos resumir los PUNTOS CLAVE DEL MENSAJE DE JESÚS:

Jesús es, ante todo, un creyente judío.

3 Jesús predicador del Reino según el ideal mesiánico de Israel

Jesús heredó de Juan que Dios iba a completar su alianza con Israel.

Jesús tiene como misión proclamar la venida del Reino de Dios.

El Reino se proyecta sobre el ideal mesiánico de Israel en el siglo. I: la actuación definitiva de Dios en el marco de la alianza y que aspiraba a la liberación político religiosa del pueblo judío. Dios liberaría a su pueblo de sus opresores  políticos.

El programa del Reino lo expresa el evangelio de Lucas por medio del Magníficat, en labios de María: “…dispersó a los soberbios…a los hambrientos los colmó de bienes…eligió a Israel como había prometido a nuestros padres.”

Y por medio de Zacarías: “Nos ha suscitado una fuerza salvadora… que nos salvará de nuestros enemigos.”

Tras el exilio (S. VI a.C.) el ideal se había espiritualizado, pero la salvación mesiánica seguía siendo terrena.

4 Reino futuro inmediato.

Ese Reino es esencialmente futuro, ha de venir de inmediato.

Jesús predica una restauración mesiánica inminente que había de cumplirse aquellos días en Palestina. Esto contradice las concepciones teológicas de la Iglesia posterior, la cual se va acomodando a la ausencia del fin del mundo anunciado.

Jesús no predijo el cuándo, solo podemos barruntar que no contó con una predicación duradera de sus discípulos. Los sinópticos dicen que el Reino ya ha comenzado en el presente y luego la Iglesia pos pascual, que el Reino ha comenzado con Jesús; pero es dudoso que Jesús pensara que con él comienza el Reino. Si él proclamaba la futura venida del Reino era difícil comprender cómo pudo pensar que ya había comenzado.

5 Contenido material de las promesas del Reino.

 Las connotaciones materiales del Reino se detectan en los sinópticos.

La crítica considera auténticas 3 bienaventuranzas de Lucas (Bienaventurados los pobres, los que tienen hambre, los que lloran).

Es indudable el contenido material de las promesas del Reino. La salvación que aporta la venida del Reino no es abstracta. Al referirse a una realidad terrestre está dentro del judaísmo helenista que postulaba un reino de Dios mesiánico en este mundo y uno más perfecto en el futuro.

6 Consecuencias políticas y sociales.

Por su implicación terrestre, el punto de vista de Jesús traía consecuencias políticas. La concepción del Reinado de Dios era incompatible con estar dominados por imperios extranjeros.

Otra consecuencia era el deseo de cambios en las actuales realidades terrenales.

De los sinópticos se deduce que los discípulos consideraban a Jesús Hijo de David, con sus consecuencias para la relación con los romanos.

Mateo y Lucas se esfuerzan en demostrar el origen davídico de Jesús. Sabemos que eso en el S. I significaba un Mesías guerrero; una vez vencidos los enemigos se inauguraría una época de paz y prosperidad.

Jesús fue ejecutado como un rebelde y pretendiente mesiánico peligroso para Roma.

Pero los sinópticos y Juan, al presentar a un Jesús alejado de los demás mesías revolucionarios de su tiempo, es posible que hayan reconstruido esa imagen distinta a la que pudo ser históricamente.

El Jesús histórico tuvo al menos a un zelote como discípulo (Lc 6,12).

Incita a armarse a sus seguidores (Lc 22, 35).

La purificación del Templo fue un ataque directo a la aristocracia sacerdotal.

Jesús a favor de los pobres y atacando a los ricos, indica una mentalidad revolucionaria, queriendo cambiar la situación social presente.

En la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 16) Jesús anuncia todo un programa “revolucionario- político” para su misión: “predicar la libertad a los oprimidos”.

El Reino de Dios tenía graves implicaciones políticas como una nueva configuración social.

Sin embargo su proclama del Reino era menos política que el sentido usual de Palestina. Jesús hablaba más del destino individual de cada individuo, con un desinterés por la política y la economía.

Tampoco se desprende de los textos que la acción directa y violenta para poner en marcha el Reino fuera esencial en el pensamiento de Jesús. Más bien creía que la acción principal en el Reino era de Dios mismo.

7 Jesús y la Ley de Moisés.

Respecto a la postura de Jesús ante la Ley mosaica es difícil saber qué pensó. Admite los preceptos cúlticos del Pentateuco, pero le interesa sobre todo proclamar la voluntad de Dios ante la llegada inminente del Reino; tenía poco sentido discutir sobre las leyes de la pureza.

Esa ambigüedad de Jesús ante la Ley se transmitió al cristianismo primitivo: Los helenistas y Pablo estarían contra la validez salvífica de la Ley y los judeocristianos, con Mateo y la carta de Santiago, luchan contra esa concepción que hacía romper el verdadero mensaje judío de Jesús.

8 Ética de Jesús para los momentos finales.

La ética de Jesús forma parte muy importante de la predicación del Reino.

Es una ética “interina” (según Schweitzer), una moral condicionada por la inminente venida del Reino de Dios, cuyos preceptos son para los momentos finales, con la definitiva intervención de la Divinidad: el Reino de Dios pide obediencia absoluta, seguimiento radical, la respuesta adecuada a la predicación de Jesús es la moral del Reino: la base es la Ley, lo específico, el seguimiento para preparase a la venida.

El precepto fundamental es el amor, incondicionado hacia dentro, incluidos los enemigos personales y de hostilidad hacia los enemigos del Reino.

La ética de Jesús en la práctica de la vida diaria es imposible de cumplir.

-Una sociedad duradera no puede regirse por las normas de Jesús debido a las consecuencias de la llamada al seguimiento: la venta de los bienes, el sufrimiento por una no aceptación del mundo, cargar con la cruz… significaría el fin de cualquier sociedad organizada.

Pero los ataques de Jesús contra los ricos (Lc 6, 24ss), la parábola de Lázaro y el rico Epulón (Lc 16, 19ss), las bienaventuranzas y el desprecio a las riquezas son algo más que un aviso contra el impedimento espiritual de las riquezas por la recepción del Reino.

A la vez que son un alegato contra los ricos y la defensa de los pobres, implican una cierta hostilidad contra la dominación social de las clases elevadas sobre las inferiores, desequilibrio que debía ser corregido por Dios, el cual vendrá a liberar a los desvalidos y condenar a los opresores.

De nuevo el Magníficat de Lucas: “…derribó a los potentados, exaltó a los humildes…” es un programa revolucionario para las condiciones que se vivían en Palestina, dominada por Roma.

-Jesús no exaltó el valor del trabajo como necesario en este mundo.

El abandono en la providencia (Lc 12, 22) indica también una orientación de la mente a los momentos finales, en los que hay que ocuparse del Reino, no en los menesteres materiales.

El comunismo de bienes de la comunidad judeocristiana primitiva (Hch 2, 42ss) tuvo su fundamento en los dichos de Jesús: venta de bienes esperando, sin trabajar, la venida del Juez.

-Es impensable que esta ética pueda aplicarse a la vida ordinaria. Más bien apunta a unos momentos en los que se esperaba un fin del mundo inmediato

-El poco aprecio por los vínculos familiares: “si alguien viene a mí y no odia (= se desprende) a su familia no puede ser mi discípulo”. En el Reino de Dios el matrimonio es inútil (Lc 20,34ss).

Todo esto está pensado para los momentos anteriores a la irrupción del Reino.

Quienes han pretendido llevar a cabo estas normas al pie de la letra han debido huir del mundo y negar las realidades terrenas que fueron creadas por Dios como buenas (Génesis).

9 LA FIGURA DE JESÚS es muy compleja:

Jesús fue un laico, profeta exorcista, sanador de enfermos, apocalíptico, maestro de sabiduría, pero ante todo un mediador de la voluntad de Dios, que creía conocer con seguridad y especialmente fue el predicador/proclamador del Reino de Dios futuro e inminente.

El evangelio paulino de Marcos y la figura de Jesús.

El profesor Piñero, en su blog Tendencias y sesgo del Evangelio de Marcos, afirma que el evangelio de Marcos ofrece una doble presentación de Jesús: la del Cristo de la fe y la imagen del Jesús histórico(subyacente a la primera y perceptible por el análisis de detalles, anécdotas, palabras de Jesús transmitidas por la tradición).

Esta imagen presenta a Jesús como un judío piadoso que entra en Jerusalén como pretendiente mesiánico judío , que tiene un concepto de Reino de Dios muy judío y que muere no por una acusación de blasfemia y por impulso de los malvados judíos sino como un sedicioso reo de delito de lesa majestad castigado por Pilatos.

Desde 1768 hasta 1971 la aceptación de esta última imagen cuenta con más de 300 partidarios entre todo tipo de estudiosos serios del Jesús histórico.

Hay un consenso general en que el evangelio de Marcos fue compuesto en Roma, para lectores gentiles y judeocristianos, después del año 70, es decir, unos 25 años después de la muerte de Pablo.

Lo cual hace probable que esté influenciado por las ideas básicas paulinas:

– Marcos acepta el punto de vista de Pablo de interpretar la muerte y resurrección de Jesús como sacrificio vicario por la humanidad, que expía por los pecados de todos.

– El sacrificio de Jesús funda una nueva alianza que anula la antigua y quita valor a los sacrificios del Templo de Jerusalén. La teología de Marcos es paulina, no judeocristiana.

La última cena, con las palabras atribuidas a Jesús, son la base de toda la concepción. El primero en transmitir esa escena es Pablo, el cual no transmite una tradición sino una revelación de Jesús a él.

Era imposible que la comunidad de Jerusalén, observante de la Ley y de la piedad hacia el Templo, hubiera admitido un rito que hacía explotar automáticamente todo el judaísmo.

10 De la partición del pan a la eucaristía.

La institución de la eucaristía en los evangelios en la última cena:

– No era conocida ni podía ser admitida por los judeocristianos de Jerusalén ni de la diáspora.

– No aparece en los Hechos de los apóstoles (judeocristianos de Jerusalén) ni en la Didaché (judíos en la diáspora) por estos motivos:

. Los judeocristianos de Jerusalén siguieron siendo fieles judíos, muy devotos de la Ley y el Templo (Lc 24,53)

. La realización de un acto sacramental, expiatorio, fuera del Templo, estaba prohibida en el judaísmo.

Practicar la eucaristía como la describe Pablo significaría una ruptura con el sistema religioso judío, fundar una religión nueva, como ocurrió años más tarde con el cristianismo de tipo paulino.

. En el judaísmo no cabe la idea de comunión del dios, ni beber la sangre, aunque sea mística y simbólicamente.

Practicar la eucaristía de tipo paulino por los judeocristianos hubiera sido abolir cuatro puntos fundamentales del judaísmo.

. La piedad apegada al Templo

. El valor del sacerdocio derivado de Aarón

. Los sacramentos de expiación

. La alianza establecida por Dios en el Sinaí

La clave para aclarar este punto es la historicidad o no de las acciones y palabras de la última cena,analizando los textos primitivos principales: 1Cor 10, 16-17; 11, 23-24; Mc 14, 22-25; Jn 6, 51.53; Didaché 9,1-5; Hch 2,42-46; 20, 7-11; 27,35.

El más interesante es Hch 2, 46: “Diariamente acudían al Templo, partían el pan en las casas y tomaban alimento”.

Según Pagola (en Jesús, aproximación histórica), la fracción del pan era una acto importante entre los judíos .Se hacía de forma fija y ritual para crear una comunión entre los comensales.

No se duda de la historicidad del hecho de la última cena.

La narración de los evangelios no pretende describir lo que pasó sino proclamar que una acción de Jesús dio origen a una práctica liturgia como la eucaristía.

Todos los pasajes citados- continúa Piñero- hablan de partir el pan sin ninguna mención a lo que hoy entendemos por eucaristía (con referencia al cuerpo y sangre de Cristo).

Examinando atentamente los textos se debe concluir:

  1. La interpretación más segura es que Pablo recibió el significado de la última cena (como eucaristía y rito conmemorativo) no por tradición sino por revelación.

Por tanto, lo más probable es que el evangelio de Marcos, paulino en su teología esencial, no represente una tradición antigua sino que depende de Pablo. En todo caso, esa tradición no vendría de los judeocristianos.

  1. La tradición sobre la institución de la eucaristía no es sólida ni uniforme.

Hay variantes entre los evangelistas.

Mc y Mt no mencionan la institución y la nueva alianza.

Hechos y Didaché no saben nada de la institución, ni memorial ni alianza. Su fracción del pan no es una eucaristía sino una comida de acción de gracias.

El cuarto evangelio de Jn no sabe nada de instituir la eucaristía. En su lugar pone el lavatorio de los pies con el mandamiento nuevo del amor.

Pagola asegura que no es posible reconstruir las palabras de Jesús.

El sustrato más antiguo es “esto es mi cuerpo” al cual Pablo añadió “para vosotros”.

Lucas lo completa. “Esto es mi cuerpo entregado por vosotros.”

Respecto a la sangre, Jesús cambia el rito (cada judío bebía de su copa) e invita que beban de una única copa. En esto hay algo nuevo: “esta copa es la nueva alianza en mi sangre”.

Mc, Mt: “esto es mi sangre, la sangre de la alianza.”

Pagola refiere que algunos dudan de la historicidad de las palabras sobre la sangre. “Haced esto” (1Cor ) no pertenece a la tradición más antigua, sino a la liturgia posterior.

A esta entrega de Jesús hasta la muerte, Mc : “sangre derramada por todos, ”

Mt añade: “se derrama en remisión de los pecados”.

El autor anónimo de la carta a los Hebreos : “entrega hasta la muerte es un sacrificio que expía los pecados de la humanidad”

  1. La tradición sobre la última cena como cena pascual es menos sólida aún.

Pagola afirma que no fue una cena pascual. Solo la presenta así Marcos. No aparece en Pablo ni en Juan, ni en Hechos.

  1. Si Jesús fue un judío fiel a su religión, concluye Piñero, la institución de la eucaristía no encaja con sus creencias:

– Jesús no quiso fundar un culto nuevo ni una nueva religión.

– Jesús no quiso superar la mediación del culto en el Templo

– Si Jesús entendió su muerte como expiación y salvación, lo hizo en un sentido distinto al posterior del cristianismo

* Hay ciertas divergencias entre las interpretaciones de estos dos autores, Pagola y Piñero. Pagola, sacerdote católico en el País Vasco, ha ocupado cargos en la Diócesis y Piñero es Catedrático en la Universidad Complutense y es independiente

  1. Tanto en Jesús como en el judeocristianismo, aceptar la institución de la eucaristía tal como la transmite Pablo y tras sus huellas Marcos, después de entrar Jesús en Jerusalén como Mesías y tras la purificación del Templo, significaría explotar en pedazos la religión judía.

Todo esto habría hecho de Jesús histórico de facto el fundador de un nuevo culto y una nueva religión, cosa que no ocurrió así, según piensan un gran número de investigadores.

En todos los Padres de la Iglesia griegos y latinos hasta el S. IV no hay relación entre la fracción del pan que aparece en los discípulos de Emaús (Lc 24, 31) y la eucaristía. El primero que las relacionó fue S. Agustín.

Es lícito pensar que la frase “fracción del pan” en Hechos aluda simplemente a la comida en común de los primeros cristianos de Jerusalén, realizadas como las comidas de Jesús, que no se refieren a la eucaristía.

11 TÍTULOS CRISTOLÓGICOS: LOS TÍTULOS DE MESÍAS E HIJO DE DIOS.

En cuanto a los títulos cristológicos que pusieron a Jesús los cristianos después de Pascua hay que observar lo que dice N. Perrin (citado por Piñero) “La cristología de las diversas formas de kerigma que son conocidos por el NT y la historia de la Iglesia, no están de acuerdo necesariamente entre sí y no concuerdan absolutamente con la predicación de Jesús”.

a-     El título de MESÍAS.

En cuanto al título de Mesías hay que observar que los pasajes que hablan del secreto mesiánico son del evangelista, no de una tradición antigua. Los discípulos creen que Jesús es el Mesías (confesión de Pedro, Mc 8,27ss), la entrada mesiánica a Jerusalén (Mc 11,1ss).

En los sinópticos aparecen dos acepciones de Mesías: La tradicional judía de los discípulos que convivieron con él y la novedosa que rompe el marco de las ideas judías corrientes.

La mayoría de los exégetas asocian esta segunda a la comunidad pospascual: es el mesianismo nuevo de un siervo de Yahvé doliente condenado a muerte por un plan divino y que ha de resucitar a los 3 días (Mc 8,3), un Hijo del Hombre que ha de padecer mucho, que no quiere ser reconocido hasta después de resucitar (Mc 9,9) un Mesías cuya muerte expiatoria salvará al mundo de sus pecados (Jn 1, 29-30).

El historiador se ve obligado a rechazar la segunda acepción como no de acuerdo con la realidad histórica.

Si Jesús fue reconocido como Mesías al final de su vida, es lógico pensar que su mesianismo era el usual en la Palestina del siglo I. Los discípulos de Emaús lo dijeron claro: “Nosotros esperábamos que él era el que iba a librar a Israel” (Lc 24,21)

Si Jesús hubiera tenido la idea de Mesías cuya muerte expiatoria borraría los pecados del mundo, esta idea habría formado parte esencial de su pensamiento que sus discípulos habrían acabado entendiendo.

La agonía de Getsemaní con la expresión “Padre por qué me has abandonado” y la desbandada de los discípulos tras el fracaso de Jesús hacen muy improbable esta segunda suposición.

LA CONCLUSIÓN es que tienen razón la mayoría de exégetas cuando creen que la segunda acepción de Mesías es una reconstrucción de la comunidad primitiva (representada por la tradición transmitida por los evangelistas) a la nueva luz de la interpretación de las profecías tras la Pascua.

b-     El título HIJO DE DIOS

Hay un acuerdo entre los exégetas en afirmar que Jesús jamás se consideró a sí mismo como Dios porque sería imposible para un judío monoteísta.

Los judeocristianos eran judíos piadosos y creían en un monoteísmo riguroso, por eso es inconcebible que pensaran que Jesús era igual a Dios.

Ese judeocristianismo, que no tenía una teología de la Encarnación, ni de Dios-Hijo, luego fue declarado herético, pero su fe no era muy diferente de la de los primeros seguidores de Jesús.

En el NT la línea que prevalece respecto a la relación de Jesús con Dios es la llamada “adopcionista”. Jesús habría sido adoptado como hijo de Dios después de su resurrección (véase Rom 1,9 ; Fil 2, 6ss), discurso de Pedro en Hechos).

En los estadios de desarrollo posteriores del cristianismo surge la idea de la divinidad de Jesús que sería preexistente a su existencia humana.

En el prólogo del evangelio de Juan, el Logos, la Palabra que se encarna en Jesús, tiene preexistencia eterna.

Lo mismo sucede en los prólogos de las cartas a Colosenses y Efesios, donde la preexistencia es eterna.(Ver J.M. Vigil Teología del pluralismo religioso)

El teólogo J.J. Tamayo (en “Hijo de Dios” del vol.6 de Jesús y Dios) analiza el título Hijo de Dios en latradición judío-cristiana.

En el AT es un título aplicado a faraones, reyes, sabiduría, pueblo de Israel.

En el NT ese título se aplica a Jesús pero no se puede deducir una identificación con Dios .

La imagen central utilizada por Pablo (Padre Hijo) sugiere la subordinación del hijo al Padre.

En los escritos de Pablo no es posible igualar Dios e Hijo de Dios, como más tarde se declaró en los concilios en los que son iguales las personas de la Trinidad.

Los especialistas señalan a Pablo como responsable del ocultamiento del Jesús histórico y de la aparición de la cristología y de la helenización del cristianismo convirtiendo a Jesús en Cristo sobrenatural afín a los seres celestiales del gnosticismo.

La fe en el Hijo de Dios no pertenece a la fe judía sino que es una premisa pagana en la que Pablo fundamenta su cristología.

Lo mismo dice James Dunn, al culpar a la Iglesia gentil de desarrollar un Jesús deificado.

En el tiempo del NT hubo en realidad una convivencia nada fácil de diferentes cristologías y eclesiologías, pero no había una doctrina común ni sobre la Trinidad ni la filiación divina de Jesús.

El desarrollo espectacular de estos temas se dio en los siglos IV y V – al convertirse el cristianismo en religión oficial del imperio romano- en los concilios de Nicea y Calcedonia.

La expresión Hijo de Dios siempre fue entendida metafóricamente en el judaísmo.

Jamás se entendía como participación en la naturaleza divina.

Si la teología cristiana se hubiera desarrollado en un medio judío y no griego,  no se habría elaborado la teología de la encarnación como se hizo. (Hick en La metáfora de dios encarnado).

En el concilio de Nicea un hijo de Dios metafórico se transformó en el Dios-Hijo metafísico, segunda persona de la Trinidad.

La metáfora bíblica Hijo de Dios fue sustituida por una fórmula metafísica. El error básico de los concilios fue que la metáfora hebrea pasó a ser considerada como metafísica literal griega. (J.M. Vigil en Teología del pluralismo religioso).

Un aspecto importante a tener en cuenta, según Torres Queiruga ( en Confesar a Cristo hoy) en la crítica moderna es el llamado “giro lingüístico”, es decir , la necesidad que la conciencia actual tiene de atender a la corrección del lenguaje, principalmente en el ámbito religioso no sometido a la verificación empírica.

La acusación de la filosofía analítica radical a los enunciados religiosos no dice que no sean verdaderos,sino que carecen de sentido, es decir, que bajo apariencias gramaticales correctas, en realidad no dicen nada.

La cristología, si no procede con rigor, se presta con facilidad a este tipo de acusaciones.

Piénsese en la expresión “Dios se hizo hombre”.

Con frecuencia se interpreta como que X se convierte en Y (donde antes había oxígeno e hidrógeno, ahora hay agua). Donde antes había Dios ahora hay un hombre.

Rahner lo expresó claramente: En estas afirmaciones el tiempo verbal “es,” no debe tomarse en el mismo sentido que cuando decimos “Juan es un hombre”, porque decir “Jesús es Dios” no implica identificación real, sino una unidad singular y misteriosa de realidades que guardan entre sí una distancia infinita, pues Jesús en su humanidad no es Dios y Dios en su divinidad no es hombre en el sentido de una identificación real.

Torres Queiruga justifica los cambios actuales en la Cristología (concretamente el por qué se cuestiona el título de Jesús Hijo de Dios en sentido metafísico) por el cambio radical en la visión del mundo desde el Renacimiento (comienzo de la ciencia astronómica con Kepler, Copérnico, Galileo), abandonando las representaciones míticas de su funcionamiento y las continuas intervenciones sobrenaturales en una  realidad dividida en mundos o zonas.

La cosmovisión antigua domina la cristología, incluida la Encarnación, visión que es claramente MITOLÓGICA.

Torres Queiruga aporta varios testimonios:

  1. Justino (S. II) expresa claramente que la cristología cristiana tiene gran parentesco con la mitología grecorromana.

Y cita al gran teólogo Rahner : los que se escandalizan de la frase “Jesús es Dios” no tienen por qué ser por eso heterodoxos.  

Hoy los teólogos prefieren considerar la expresión “Hijo de Dios” referida a Jesús de Nazaret, como una “metáfora firme e imprescindible de la teología cristiana “(M. Hengel en El hijo de Dios).

La proposición “Jesús es Hijo de Dios” es verdad, pero solo metafóricamente.

Según Torres Queiruga, (en id.) los nuevos datos acerca de Jesús han cambiado no solo el contexto de interpretación sino el mismo dato a interpretar.

Hasta ayer los evangelios eran tomados al pie de la letra: se daba por dicho y hecho todo lo que Jesús decía y hacía en los Evangelios. Todos los textos eran leídos a la luz de la cristología de Juan.

Quedaba enmascarado que esos relatos, los de los evangelios, no son hechos reales sino interpretaciones muy elaboradas.

Si hay que resumir en una frase los estudios sobre el Jesús histórico, sería esta:

Jesús fue un auténtico JUDÍO -NO CRISTIANO- con una humanidad real y auténtica, predicador del Reino de Dios.

12 Necesidad de actualizar el concepto de REDENCIÓN. Significado de Jesús REDENTOR.

Estrechamente ligada a la doctrina de la doctrina de la encarnación es la doctrina de la redención: La 2ª persona de la Trinidad se encarnó en Jesús de Nazaret para redimir a la humanidad de la situación de pecado en que se encuentra debido al pecado original de la primera pareja, “Adán y Eva”.

Para Hick la redención es un engaño si se toma en sentido estricto; tomado en sentido amplio como salvación tiene una importancia vital.

Hoy la idea de una de una caída real de la que habría resultado una culpa universal transmitida por herencia es algo que, al menos para los cristianos instruidos, resulta completamente imposible de creer.

  1. El mito del pecado original

Lo que tradicionalmente se ha entendido por “Pecado original” es bastante descabellado; es decir, la caída culpable de la primera pareja, Adán y Eva según el Génesis 3.

Pero, ¿cuál de las especies humanas primitivas? ¿El Homo Sapiens? ¿El Neanderthal? ¿El Homo Antecesorde Atapuerca?

Una caída cuya culpa seguimos heredando al nacer los descendientes (¿Cómo se hereda una culpa?).

Y seguimos padeciendo su atroz castigo: la “pérdida” del paraíso, es decir, de la “inmortalidad” humana en la tierra y de la armonía de todos nuestros deseos personales y colectivos.

Es difícil imaginar al homo habilis o a los primeros sapiens inmortales y felices, en medio de terribles fieras y fríos. La muerte del ser vivo es parte de su proceso vital, no es producto de una culpa original.

El pecado original no tiene ese sentido literal e histórico, sino otro muy distinto. Lo mejor sería abandonar la expresión sin dejar por ello de considerar de cerca la condición humana, trágica y sufriente

Lo que se narra en Génesis 3 nunca sucedió así, pero ha sido y sigue siendo tristemente real.

Eso es un mito: lo que nunca sucedió, pero siempre sigue teniendo lugar.

La primera pareja representa al ser humano que anhela un paraíso pero lo hace imposible; un ser humano que no acierta a saber lo que desea, que no alcanza a hacer el bien que querría hacer ni a evitar el daño que querría evitar.

La historia humana está desgarrada por muchos Caínes que siguen asesinando a innumerables Abeles, de muchos diluvios universales de bombas y de hambre, de torres de Babel planetarios de desinformación, de torres de mentira que llegan hasta el cielo.

De eso habla también Pablo, y en Romanos 5, 12-14 insiste en que tal es la condición humana universal “desde el principio”, pero no habla nunca de “pecado original”, y en ningún lugar afirma que “heredemos” la culpa y el castigo de Adán. Pablo afirma más bien que todos cargamos con la culpa y el castigo de nuestros propios actos, “puesto que todos pecamos”, en una historia extraviada desde el principio por “Adán”, es decir, el ser humano o la humanidad.

Fue San Agustín (354-430) el que creó la expresión “pecado original” con las connotaciones tradicionales que hemos dicho antes. Agustín razona así:

la Iglesia bautiza a los niños. Es así que el bautismo es para el perdón, luego los niños nacen en pecado; es así que no puede ser un pecado personal, luego es el pecado de Adán.

Y Agustín pretendió hallar el fundamento bíblico de esa postura en el texto de Romanos 5,12; sólo que lo entendió mal por saber poco griego.

Donde Pablo afirma “puesto que (o como) todos hemos pecado”, Agustín tradujo “en él (en Adán) hemos pecado”, y entendió en consecuencia que heredamos la culpa y el castigo de Adán y Eva.

Una idea que a Pablo nunca se le pasó por la cabeza. Alguien escribió con razón que el pecado original tiene su origen en un “pecado gramatical”.

En conclusión, la construcción que elaboró San Agustín y sigue enseñando el dogma* no hay por dónde agarrarla; sin embargo, lo que narra Génesis 3 en forma de mito es terriblemente actual y verdadero, más actual y verdadero que el último teletipo de las agencias de noticias.

* Según el CIC (Catecismo Iglesia Católica 396-400, Pecado original), de una manera poco comprensible, dice que Adán y Eva cometen un pecado personal, pero este pecado afecta a la naturaleza humana, que transmitirán en un estado caído (ef Cc. de Trento: DS 1511-1512).

Es un pecado que será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado “pecado” de manera análoga: es un pecado “contraído”, “no cometido”, un estado y no un acto. (¿Cómo se puede ser responsable de algo no cometido?).

  1. Las interpretaciones de la muerte de Jesús en la tradición teológica y sus limitaciones.

La tradición cristiana dice que “Cristo nos redimió con su sangre, expió satisfactoriamente con su muerte nuestros pecados y ofreció su propia vida como sacrificio para la redención de todos”.

Pero ¿qué significa realmente todo eso? ¿Podemos de verdad pensar que Dios estaba airado y que se apaciguó con la muerte de su Hijo? ¿Puede alguien sustituir a otro, morir en su lugar y continuar el hombre con su pecado?

El vocabulario empleado para expresar la liberación de Jesucristo refleja situaciones sociales muy concretas, lleva consigo intereses ideológicos y articula las tendencias de una época. Así, una mentalidad marcadamente jurídica hablará en términos jurídicos y comerciales de rescate, de redención de los derechos de dominio que Satán tenía sobre el pecador, de satisfacción, de mérito, de sustitución penal, etc.

Una mentalidad cultual se expresará en términos de sacrificio, mientras otra preocupada con la dimensión social y cultural de la alienación humana predicará la liberación de Jesucristo.

¿En qué sentido se puede entender que la muerte de Cristo formaba parte del plan salvífico del Padre? ¿Formaban parte de ese plan el rechazo de los judíos, la traición de Judas y la condena por parte de los romanos?

En realidad, ellos no eran marionetas al servicio de un plan trazado a priori o de un drama supra histórico. Fueron agentes concretos y responsables de sus decisiones. La muerte de Cristo fue humana, es decir, consecuencia de una vida y de una condenación provocada por actitudes históricas tomadas por Jesús de Nazaret.

Un tipo de teología, influido por la mentalidad ético-jurídica de los romanos, pone en la pasión y muerte de Cristo el punto decisivo de la redención.

El hombre ha ofendido a Dios y ha violado el recto orden de la naturaleza. Debe reparar el mal causado.

De ahí la necesidad del mérito, el sacrificio, la conversión y la reconciliación. Sólo así queda restablecido el orden original.

Dios envía a su propio Hijo para que repare vicariamente con su muerte la ofensa infinita perpetrada por el hombre. Cristo vino para morir y reparar.

La encarnación y la vida de Jesús sólo tienen valor en cuanto preparan y anticipan su muerte.

La muerte de cruz no es una necesidad metafísica: es la consecuencia de un conflicto y el desenlace de una condena judicial y, por tanto, de la decisión y del ejercicio de la libertad humana.

Cabe preguntar: ¿qué relación hay entre la redención de Jesucristo y la liberación del pecado social, la liberación de las injusticias estructurales, la lucha contra el hambre y la miseria humana?

Estos modelos no permiten dar una respuesta coherente.

El verdadero significado de la redención y la liberación de Jesucristo debemos buscarlo en la reflexión sobre el itinerario concreto que, paso a paso, siguió Jesús de Nazaret: en su vida, en su actuación, en sus exigencias, en los conflictos que provocó, en su muerte y en su resurrección.

Se trata de someter a un análisis crítico tres representaciones comunes de la acción salvífica de Cristo:

la del sacrificio expiatorio,

la de la redención-rescate y

la de la satisfacción-vicaria.

Los tres modelos son construcciones teológicas que pretenden recoger, dentro de un determinado tiempo y espacio cultural, el significado salvífico de Jesucristo.

Estos tres modelos se apoyan sobre un pilar común: el pecado, contemplado en tres perspectivas diferentes.

Este pecado, en lo que respecta a Dios, es una ofensa que exige reparación y satisfacción condigna; en lo que respecta al hombre, reclama un castigo por la transgresión y exige un sacrificio expiatorio; en lo que afecta a la relación entre Dios y el hombre, significa la ruptura de esa relación y la caída del hombre bajo el dominio de Satán, lo cual exige una redención y el precio de un rescate.

En las tres maneras de interpretar la salvación de Jesucristo, el hombre aparece incapaz de reparar su pecado.

No puede satisfacer a la justicia divina ultrajada. Permanece en la injusticia

La liberación consistiria en que Jesucristo sustituye al hombre y realiza lo que éste debería hacer y que no puede realizar por sí mismo de forma satisfactoria.

Según esta teología, la misericordia divina se manifiesta en que el Padre envía a su propio Hijo para que, en lugar del hombre, satisfaga plenamente a la justicia de Dios ofendida, reciba el castigo por el pecado, la muerte, pague el rescate debido a Satán y, así, libere al hombre.

Todo esto se realiza mediante la muerte expiatoria, satisfactoria, redentora.

¿Quién quiso la muerte de Cristo?

Esa teología responderá que la quiso el Padre como forma de expiar el pecado y de restablecer su justicia violada.

No podemos ocultar las peligrosas limitaciones de este modo de interpretar el significado salvífico de Jesucristo. Además, estos tres modelos suscitan algunas cuestiones que deben responderse adecuadamente para no dar la sensación de que nos hallamos ante unas imágenes mitológicas y arcaicas.

¿Puede alguien sustituir a un ser libre sin recibir de él una delegación?

¿Cómo hay que concebir la mediación de Jesucristo con respecto a los hombres que vivieron antes o después que él y con respecto a los que nunca oyeron hablar del evangelio ni de la redención?

El sufrimiento, la pena y la muerte de un inocente, ¿eximen de culpa y de castigo al criminal que causó ese sufrimiento, esa pena y esa muerte?

Antes de desmontar y analizar críticamente esas imágenes para mostrar sus aspectos caducados y su validez permanente, conviene aludir a su carácter simbólico y mítico.

Decir, por ejemplo, que la redención es el resultado de una lucha de Cristo con el demonio, o un rescate pagado a Dios por la ofensa hecha a él, etc., son evidentemente formas de hablar sobre realidades trascendentes que se dan en una esfera inaccesible para el sentido histórico.

Para nosotros, hijos de la modernidad y de la ciencia del lenguaje, el mito está desmitificado; pero no pierde su función; se ha elevado a la categoría de símbolo, de soporte semántico de la revelación de realidades que sólo pueden expresarse simbólicamente como Dios y su redención, el pecado y el perdón, etc

b.1 El modelo del sacrificio expiatorio: muerto, por el pecado de su pueblo.

Siguiendo la carta a los Hebreos, la tradición interpretó la muerte de Cristo como un sacrificio expiatorio por nuestras iniquidades. Jesús “fue castigado por nuestros crímenes” (ls 53,9) y «muerto por el pecado de su pueblo» (Is 53,8), y «entregó su vida como sacrificio expiatorio» (Is 53,10).

El modelo está tomado de la experiencia ritual y cultual de los sacrificios de los templos.

Con los sacrificios, los hombres creían que aplacaban la ira de Dios provocada por la maldad humana. Así, Dios volvía a ser bueno y amable. Ningún sacrificio humano conseguía por sí mismo apaciguar definitivamente la ira divina.

La encarnación hizo posible un sacrificio perfecto que pudiera complacer plenamente a Dios. Jesús aceptó libremente ser sacrificado representando a todos los hombres ante Dios para conquistar el perdón divino total.

En cierto modo, la ira divina se desahogó y aplacó plenamente con la muerte violenta de Jesús en la cruz. Jesús soportó todo como expiación y castigo por el pecado del mundo.

Estas son sus limitaciones:

Mientras hubo una base sociológica para los sacrificios cruentos y expiatorios, como en la cultura romana y judía, este modelo fue perfectamente comprensible.

Al desaparecer tal experiencia, el modelo comenzó a resultar problemático, y hubo que comenzar a desmontarlo y reinterpretarlo. El concepto de sacrificio de expiación evoca una imagen antropomórfica de Dios, como un Señor que se siente enojado y cuya ira se busca aplacar con regalos.

La imagen de Dios anunciada por Jesús contradice la representación de Dios que sustenta la práctica sacrificial.

Jesús, situándose en la tradición profética, no pone el acento en los sacrificios y holocaustos (Mc 7,7; 12,33), sino en la bondad y la misericordia, en la justicia y la humildad.

Jesús asumió la crítica de los profetas al culto sacrificial: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 8,13).

Dios no quiere las cosas del hombre, sino simplemente al hombre: quiere su corazón y su amor.

El aspecto vindicativo y cruento del sacrificio no se compagina con la imagen de Dios Padre que Jesucristo nos reveló. Dios no es un Dios airado, sino alguien que ama a los malos e ingratos (Lc 6,25).

Es amor y perdón. No espera a los sacrificios para otorgar su perdón, sino que se anticipa al hombre y rebasa con su benevolencia todo lo que éste puede hacer o desear.

El auténtico sacrificio consiste en abrirse a Dios y entregarse a él filialmente.

b.2 El modelo de la redención y el rescate: triturado por nuestras iniquidades.

Esta forma de concebir la salvación de Jesucristo está relacionada con la antigua esclavitud. Se pagaba un determinado precio para librar al esclavo: era el rescate. Así quedaba redimido (redimir proviene de redimere, comprar y liberar mediante un precio) el esclavo.

La muerte de Cristo fue el precio que Dios exigió y que fue pagado para rescatar a los hombres prisioneros de Satán.

Veamos sus limitaciones:

El modelo del cautiverio y del rescate quiere revelar la gravedad de la perdición humana. No éramos dueños de nosotros mismos, sino que estábamos dominados por algo que no nos dejaba existir auténticamente.

Las limitaciones de este modelo radican en que en la redención y en el precio pagado por ella intervienen sólo Dios y el demonio.

El hombre es un espectador interesado, pero no un participante. Se desarrolla un drama salvífico suprahistórico. Y una redención tan extrínseca a la vida no puede ser experimentada.

b.3 El modelo de la satisfacción sustitutivo:

«Gracias a sus padecimientos hemos sido sanados»

En el horizonte de una visión jurídica se emplearon categorías tomadas del derecho romano -satisfactio-, para expresar la acción redentora de Cristo. El modelo de la satisfacción sustitutiva, introducido por Tertuliano y desarrollado por san Agustín, encontró en san Anselmo su formulación clásica.

Su argumentación es la siguiente: por el pecado, el hombre viola el recto orden de la creación y ofende a Dios, autor de este orden universal. La justicia divina exige que tal orden sea restablecido y reparado, para lo cual se necesita una satisfacción condigna. La ofensa es infinita porque afecta a Dios, que es infinito.

Por tanto, también la satisfacción debe ser infinita; pero el hombre finito no puede reparar infinitamente. Su situación es desesperada.

Anselmo descubre una salida racional: el hombre debe a Dios una satisfacción infinita. Sólo Dios puede realizar una satisfacción infinita. Por tanto, es necesario que Dios se haga hombre para poder reparar infinitamente.

El Hombre-Dios realiza lo que debía hacer la humanidad: la reparación; el Dios-Hombre presta lo que falta a la reparación humana: su carácter de infinitud. En el Hombre-Dios, por tanto, se da la reparación (hombre) condignamente infinita (Dios). La encarnación es necesaria por una lógica irrefutable.

Sin embargo, lo que realmente repara la ofensa no es la encarnación y la vida de Cristo.

Estas no son más que los presupuestos que posibilitan la verdadera reparación condigna en la muerte cruenta de la cruz.

Sus limitaciones:

Esta forma de concebir la liberación de Jesucristo refleja con gran claridad el substrato sociológico de una determinada época.

El Dios de san Anselmo tiene muy poco que ver con el Dios Padre de Jesucristo. Encarna la figura de unseñor feudal absoluto, dueño de la vida y de la muerte de sus vasallos. Aparece con los rasgos de un juez cruel y sanguinario empeñado en cobrar, hasta el último céntimo, las deudas relativas a la justicia. En tiempos de Anselmo imperaba en este campo una crueldad feroz.

Tal contexto sociológico se reflejó en el texto teológico de san Anselmo y contribuyó, desgraciadamente, a elaborar la imagen de un Dios cruel, sanguinario y vengativo, presente todavía en la mente de muchas personas piadosas, pero torturadas y esclavizadas. Se impone al propio Dios un atroz mecanismo de violación-reparación que le prescribe lo que debe hacer necesariamente.

¿Es ése el Dios que la experiencia de Jesús nos enseña a amar confiadamente?

 ¿Es ése el Dios del hijo pródigo, que sabe perdonar? ¿El de la oveja perdida, que deja las noventa y nueve en el aprisco y sale a buscar la que se había marchado?

Como puede verse, hubo un predominio de  una concepción jurídica y formal del pecado, la justicia y la relación entre Dios y el hombre. Los términos expiación, reparación, satisfacción, rescate, mérito, más que comunicar la gozosa novedad de la liberación de Jesucristo, la ocultan.

Se elimina además violentamente el elemento histórico de la vida de Jesús.

La muerte no aparece como una consecuencia de su vida, sino como un hecho preestablecido independientemente de las decisiones de los hombres, del rechazo de los judíos, de la traición de Judas y de la condenación por parte de Pilato.

¿Puede Dios encontrar alegría y satisfacción en la violenta y sanguinaria muerte de cruz?

b.4 En lugar de estos modelos Boff propone el de la liberación:

Dios se encarnó en Jesús de Nazaret no sólo para divinizar al hombre, sino también para hominizarlo y humanizarlo, quitándole la carga de inhumanidad proveniente de su pecado histórico.

Nos sentimos solidarios de Jesús en el dolor y en la búsqueda; nos sentimos solidarios de quien, en nombre de todos, respondió satisfactoriamente al llamamiento de acercarse a Dios.

Cristo libera en solidaridad universal con todos los hombres.

No es el salvador de todos los hombres porque Dios lo quiso así. Hay una razón más honda, que puede ser objeto de experiencia y control. Experimentamos la profunda solidaridad que existe entre todos los hombres. Nadie está solo.

La fe proclama a Jesús de Nazaret liberador y salvador universal porque se hizo ontológicamente solidario con nuestra historia.

  1. LA EUCARISTÍA como sacrificio expiatorio

La doctrina tradicional, formulada definitivamente en el concilio de Trento, interpreta la eucaristía como la representación del sacrificio de la cruz. (“Si alguien dijera que en el sacrificio de la misa no se ofrece a Dios un verdadero sacrificio…sea anatema”) Según el C.I.C. (Catecismo de la Iglesia Católica), la eucaristía es esencialmente un sacrificio sacramental, memorial del sacrificio de la cruz.

El mismo Concilio Vaticano II, en el documento sobre Liturgia, que renovó profundamente la forma de celebrar la misa o eucaristía, en el cap. II conserva el concepto de sacrificio. “Nuestro Salvador, en la Última Cena instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruzy a confiar a la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección…”

Lo que se ha dicho anteriormente sobre la interpretación de la muerte de Jesús como sacrificio expiatorio vale para la interpretación de la eucaristía como sacrificio. No ayuda al cristiano moderno.

El Magisterio de la Iglesia ha acentuado una y otra vez el carácter de la misa como sacrificio.

Pero la mentalidad moderna del cristiano le exige una interpretación distinta y más satisfactoria.

La liturgia oficial de la misa no la ofrece de ninguna manera porque está repleta de la idea de sacrificio.

Basta recordar la invitación del sacerdote: “Orad hermanos para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso”, a lo que el pueblo fiel contesta: “El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia”

Problemas que se plantean con la misa como sacrificio.

En esa interpretación aparecen aporías y contradicciones.

Se dice que la misa representa de forma incruenta el sacrificio de la cruz. ¿Qué significa “representa”?

No puede ser de forma simbólica pues entonces no sería un sacrificio. ¿Quiere decir volver a hacer presente? Pero los hechos históricos están situados en su tiempo y no pueden cambiarse a otro tiempo. Solo lo hacen los acontecimientos míticos de un tiempo originario.

El problema de la relación entre la muerte de Jesús y la eucaristía es insoluble si ambos son sacrificios. Después de Trento la predicación corriente comenzó a utilizar la fórmula de que en la misa se renueva en forma incruenta el sacrificio de la cruz, lo que es más claro, pero teológicamente insostenible, pues no se puede renovar la muerte de Jesús ni reiterándola, ni sustituyéndola.

Hay un segundo problema:

para un sacrificio de inmolación se requiere una víctima y un sacerdote. La tradición afirma que el cordero inmolado es por supuesto Jesús.

¿Y el inmolador? ¿No serán, pues, sus verdugos? No, sino que el sacerdote que inmola es nuevamente Jesús.

La epístola a los Hebreos sale garante de esta afirmación. Pero hablar así es hacer un suicidio cultual de la muerte de Jesús en la cruz, algo así como una autoinmolación en honor de Dios, cosa que la tradición no pretende de ninguna manera.

Se puede llamar a Jesús víctima, pero en un sentido moderno y de ninguna manera cultual, esto es: víctima de la alianza entre la razón de estado romana y el odio de la casta sacerdotal judía.

Tercer problema:

¿qué sentido puede tener una repetición constante –por lo menos un millón de veces por semana- de aquel sacrificio de valor infinito?

Querer multiplicar un valor infinito tiene tan poco sentido en la teología como en las matemáticas.

Una imagen preferida de la eficacia de la misa tiene que ver además con el purgatorio, pues casi todas las llamadas «intenciones» de la misa se refieren a la liberación de un alma del purgatorio.

Si con el valor de un sacrificio se está significando su eficacia, es decir, su capacidad de realizar lo que quisiera alcanzar, puede uno preguntarse ¿cómo es que se puede llamar infinita a esa eficacia, si su efecto es tan limitado como la liberación de un alma del purgatorio?

Todo esto delata que el sentido real del sacrificio de culto se nos ha escapado completamente.

Querer interpretar el hecho eucarístico mediante conceptos vacíos de contenido es algo que está de antemano condenado al fracaso. No es posible interpretar una cosa confusa con algo que todavía lo es más.

Todo el ámbito semántico del sacrificio se nos ha vaciado de contenido, y tal lenguaje no es ya más un lenguaje auténtico. Pero la falta de autenticidad es la madre de la falta de verdad y de la palabrería.

El problema de la transubstanciación

La doctrina tradicional católica sobre la eucaristía se apoya en dos columnas: La transubstanciación y la presencia real. Ambas son difíciles de aceptar en una cultura moderna basada en el reconocimiento de la autonomía del mundo físico.

El concepto de transubstanciación.

El CIC (Catecismo de la Iglesia católica, nº 1376) dice:  “Por la consagración del pan y del vino se opera en cambio de toda la substancia del pan en la substancia del cuerpo de Cristo y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la iglesia católica ha llamado a este cambio transubstanciación

Los Padres de la Iglesia hablaron mucho de la eucaristía pero no dijeron que el pan y el vino fueron más que puros símbolos. El origen del concepto de transubstanciación se encuentra en la edad media.

El concepto de transubstanciación ha sido criticado hace mucho tiempo, señal de que no concuerda con nuestro tiempo.

La crítica moderna se apoya en dos razones: el pensamiento escolástico bajo este concepto de transubstanciación y el universo mental pre moderno y heterónomo que allí se oculta.

El concepto de transubstanciación supone que la naturaleza física de las cosas cambia, de forma invisible, cuando se pronuncia correctamente una fórmula, la consagración (que consiste en repetir las supuestas palabras de Jesús en la última cena: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo…esta es mi sangre”)

Solo la pueden pronunciar los hombres consagrados por la ordenación sacerdotal, que poseen por ello un poder especial.

Estamos aquí de lleno en la heteronomía  y al borde de la magia.

*Heteronomía (según Lenaers): concepción propia de la edad antigua y edad media, antes del renacimiento, que significa que nuestro mundo natural es dependiente completamente del otro, el celeste, el cual produce prescripciones (en griego: nomos) para el nuestro. Aquel mundo está gobernado por un Señor divino, todopoderoso, con una corte de cortesanos (ángeles, santos).El Señor todopoderoso dicta leyes, amenaza, es irritable y temible, castiga y perdona y promete felicidad eterna a quienes hayan hecho buenas obras. Aquel mundo está colocado sobre el nuestro (= sobrenatural) e interviene constantemente en este mundo)

El cuadro se completa con la idea de que la capacidad de realizar esta mutación no se debe a dotes especiales que tiene el sacerdote  sino a la fórmula de la consagración y por tanto a una intervención de Dios –en-las-alturas.

El creyente moderno tropieza en la teología de la eucaristía con una imagen heterónoma que le impide el acceso al mensaje evangélico.

Cómo reemplazar la doctrina de la transubstanciación?

Esto tiene relación con las palabras de Jesús en el llamado relato de la institución de la eucaristía.

Las palabras originales dichas por Jesús en arameo no están en este relato, sino que son traducciones y estas han sufrido cambios al ser usadas en la liturgia de la Iglesia primitiva.

La doctrina de la transubstanciación asegura en un sentido muy materialista que Jesús cambió el pan en su cuerpo material y el vino en su sangre material al decir “Esto es mi cuerpo y esta es mi sangre”.

Esta doctrina nació en un tiempo en que  “cuerpo” en la sagrada Escritura significaba el cuerpo entero, incluida la sangre.

Es imposible imaginar que Jesús estaba sentado a la mesa y a la vez él mismo se encontraba en sus manos bajo la forma de pan, con todo el cuerpo, igualmente cada trozo de pan.

Lo mismo vale decir para la sangre, y cada sorbo, donde también está el cuerpo con su alma y divinidad.

Es decir, un Jesús todavía terreno, ocupando espacio, está entero en cada trozo de pan!

 ¿Cómo se pueden interpretar razonablemente las palabras de Jesús?

 La exégesis nos ayuda a entender mejor lo que los judíos entendían por cuerpo, esto es , la persona corporal y espiritual como un todo, el yo.

Jesús viene a decir: “Este pan soy yo

La tradición católica explica que eso se entiende de forma realista: el verbo “es” identifica completamente ambos miembros (pan = yo).

Pero hay otras posibilidades de explicación.

En la redacción de Pablo, la más antigua, y en Lucas, la más nueva, no se dice como en Mateo y Marcos:

” Este (vino) es mi sangre” sino “Este es el cáliz de la nueva alianza en (sellada con) mi sangre”.

Esta tradición es válida y legítima y no hay por qué entender tan realistamente la expresión “Este vino es mi sangre”, como lo hace la tradición.

Lo mismo pasa con el pan.

También hay otra manera de entender la cópula “es” que no sea una identificación.

Cuando enseñamos una foto nuestra en la que estamos disfrazados, podemos decir: “Este soy yo. Nadie entenderá que yo me identifico con una cartulina, sino que pensará: Esto es una imagen mía.

Jesús se ve a sí mismo en el pan que reparte. El pan es un signo expresivo de que él es pan para sus discípulos, no en forma material. Los nutre, les da vida, se entrega por ellos. El pan es signo de un encuentro y unión entre los discípulos y Jesús que pronto se separarán.

La tradición ha entendido las palabras de la última cena de manera materialista. La interpretación materialista es congruente con el axioma heterónomo según el cual el mundo de arriba puede intervenir en el nuestro cuando quiera.

EPÍLOGO

BALANCE DEL GIRO CONSTANTINIANO DE LA IGLESIA EN EL S. IV HASTA HOY

El proceso de divinización de Jesús culminó en los concilios de Nicea y Calcedonia con la transformación del Cristianismo en Religión Oficial del Imperio Romano.

Resumamos los resultados de esa transformación (siguiendo a J.M. Vigil en Teología del pluralismo religioso)

-El mensaje (el Reino de Dios predicado por Jesús) fue sustituido por el mensajero. En su lugar se puso al mismo Cristo.

El centro de la Iglesia no es el Reino de Dios sino el Cristo resucitado. Se consideró a Jesús la realización plena del Reino de Dios.

El Mesías se desmesianizó. Cristo (= Mesías) se convirtió en el nombre de Jesús de Nazaret y los creyentes en cristianos.

La frase de Bultmann lo resume:

Jesús predicó el Reino de Dios, mientras la Iglesia predica a Cristo.

La esperanza de salvación histórica fue sustituida por una esperanza de salvación solo trascendente, individual, espiritual.

-El cristianismo dejó de presentarse como esperanza, buena noticia para los pueblos oprimidos, los pobres, y pasó a ser un mensaje puramente religioso, moral, de perdón de los pecados, de salvación después de la muerte.

El Reino de Dios perdió su carácter histórico-escatológico. Dejó de verse como el proyecto de Dios para transformar la realidad histórica y se identificó con la Iglesia. Ella es el Reino de Dios en la tierra.

La pérdida de la dimensión escatológica del mensaje de Jesús en la teología durará hasta la aparición de laTeología de la liberación en el S. XX y las comunidades de base.

*Pero Benedicto XVI ha declarado hace poco el 6/12/2009, que la Teología de la liberación debería desaparecer porque sus principios son “engañosos”.    En 1984, siendo cardenal con Juan P.II, preparó, más que la condena, la corrección de los “errores de la Teología de la liberación (TL). En 1985, Juan P. II dijo que la TL “es útil e importante”.

Jesús garantiza que la Historia tiene un fin que da sentido a la liberación y la justicia, pero no dice nada del devenir de esa Historia.

Por eso tenemos que desprendernos de la parusía y asumir nuestras responsabilidades históricas en una opción radical contra la injusticia y la opresión. La predilección por los pobres cedió a la alianza con las clases dominantes. La fe cristiana fue algo apoyado por los poderosos.

Aquí Díez Alegría (Rebajas teológicas de otoño. En el capítulo que titula “La gran traición”) acaba de poner el dedo en la llaga al afirmar que el cristianismo histórico es lo contrario de lo que hizo Jesús, con las excepciones conocidas de los cristianos proféticos, herejes unos, domesticados otros, como Francisco de Asís.

Y cita a Käsemann (especialista en NT que había inaugurado en 1953 la llamada New Quest, nueva etapa en la investigación del Jesús histórico) afirmando que las Iglesias cristianas han sido un apoyo de las clases acomodadas y han participado en la injusticia y la opresión por su silencio, y por respeto a las autoridades y por su piadosa miopía cedieron ante los tiranos y  apoyaron a los explotadores.

El nudo del problema, para Díez Alegría (en el libro citado) es que la mayoría de los católicos y gran parte de responsables de la Iglesia no comprenden ni se identifican con la causa de Jesús, El Reino para instaurar un mundo diferente.

El drama de la Iglesia es que tiene miedo al Jesús que se enfrentó a los ricos, autoridades religiosas y políticas, y por eso acabó en la cruz. La causa de Jesús les resulta ilusoria.

La profunda helenización se mantiene todavía hoy. Una prueba de ello son las fórmulas metafísicas griegas de los concilios cristológicos.

En el de Nicea (325) se adoptó oficialmente de la cultura griega el concepto de “naturaleza”; Jesús es de la misma “naturaleza” que el Padre.

En el concilio de Calcedonia (451d.C.) la fórmula final está expresada en términos alejados del NT. Los tiempos eran tan polémicos y la fórmula conseguida tan poco feliz pedagógicamente que se decidió congelarla prohibiendo alterar su redacción o verterla en otro juego de conceptos.

Resultado: una fórmula intocable y sagrada, sin ninguna posibilidad de interpretación y de cuyo apartamiento se desprendía la acusación de herejía.

-Con esas definiciones se llegó a una nueva mitificación de Jesús, Dios-Hijo, segunda persona de la Trinidad, Señor del universo, pantocrátor, Juez, majestuoso y terrible, alejado por completo – en la mentalidad de los cristianos- de su humanidad por más que se había querido definirla en las fórmulas conciliares.

Y alejado del Dios-Abba (papá) del que nos mostró su cara misericordiosa y salvadora.

En cambio, La Iglesia que aparece como heredera del Imperio romano… Con utilización de vestimenta y títulos (Sumo Pontífice) exclusivos del Emperador…Utilización de la violencia para imponerse (Persecución de los paganos, Cruzadas, Inquisición)

El cristianismo, movimiento de Jesús, sin clero ni clases, se transformó en Religión.

Jerarquización de la Iglesia. Jerarquía clerical – laicos.

Con la entrada en la Edad Media los obispos se convirtieron en señores feudales y el obispo de Roma reclamó la sucesión del supuesto primado de Pedro y la jurisdicción sobre todas las iglesias, asumió todos los poderes representados en la tiara pontificia, contra la tradición de la iglesia de los primeros siglos, lo que llegó a provocar el cisma de oriente

La Jerarquía se transformó en la dispensadora de la gracia de Dios y de la vida eterna por la administración de los sacramentos y las indulgencias con claras señales de convertirse en un negocio, lo cual provocó el rechazo de Lutero que acabó en la Reforma protestante.

La Iglesia católica romana, ya sin las iglesias Ortodoxa y Protestantes, reaccionó unilateralmente, sin ningún tipo de diálogo, con la Contrarreforma. Con el concilio de Trento, inaugura una etapa defensiva y de rechazo del mundo moderno que  se agudizó con la Ilustración y llegó hasta el Concilio Vaticano II.

Todo esto lo hemos conocido porque ha llegado hasta nuestros días.

Y hoy sabemos que los tiempos de esperanza, de cambio del posconcilio han terminado y nos encontramos en pleno intento de recuperar la situación anterior al concilio. Se habla de invierno eclesial,  de crisis en la Iglesia católica.

El antropólogo de las religiones, Elio Masferrer Kan afirmó que la Iglesia católica atraviesa por una severa crisis que no se veía en los últimos 400 años.

Algunos obispos han reconocido la grave crisis en el interior del catolicismo. Masferrer dijo que la Jerarquía católica está alejada cada vez más de la realidad cotidiana

CONCLUSIÓN:

Con Diez Alegría podemos afirmar que, desde la fe, para el cristianismo, es cuestión de vida o muerte librarse tanto de la simbiosis cristianismo-conservadurismo, como de la mitología eclesiástica y la falsa seguridad del conformismo clerical y del “sacramentalismo mágico”.

Sólo de este modo el cristiano llega a liberarse de una ganga que le impide volver a los orígenes reencontrando hoy un cristianismo genuino y vivo que lo vincula al Jesús real.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

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http://www.puntodelectura.com/upload/primeraspaginas/978-84-663-6978-7.pdf

  1. BORJA VIVANCO. El Jesús histórico y la Navidad mitológica. www.almendron.com/tribuna Edición digital
  2. BOSCH, M.A. Recopilación sobre Elaboración de mitos cristianos. No editado
  3. BUSQUETS, LL. (2007) Última noticia de Jesús nazareno. Ed. Destino
  4. DÍEZ ALEGRÍA, J.M. , Rebajas teológicas de otoño. Edición digitalhttp://www.servicioskoinonia.org/biblioteca/teologica/DiezAlegriaRebajasTeologicas.pdf

 

  1. FINKELSTEIN Y SILBERMANN, La Biblia desenterrada. Edición digital
  2. GRAN ENCICLOPEDIA PLANETA. Mito, mitología
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  4. KÜNG, H., La Iglesia católica. Edición digital. http://www.scribd.com/doc/7794799/La-iglesia-Catolica-hans-Kung
  5. MARTÍN VELASCO, J. , Mito y desmitologización en Nuevo diccionario de teología. Ed. Trotta.

 

  1. PAGOLA, J.A. Jesús, aproximación histórica. Edición digital
  2. PIÑERO, A. y otros, Fuentes del cristianismo. Universidad Complutense.
  3. PIÑERO,A. (2008) Guía para entender el Nuevo Testamento. Ed. Trotta
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  1. TORRES QUIERUGA Confesar al Cristo hoy. Edición digitalhttp://www.servicioskoinonia.org/biblioteca/bibliodatos1.html?QUEIRUGA
  2. VIGIL, J.M. , Teología del pluralismo religioso. Edición digital http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3

Resumen del mismo autor: Desafíos de la Teología del pluralismo religioso a la fe tradicionalhttp://servicioskoinonia.org/relat/366.htm

 

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