Discriminación en la escuela. Gvirtz

LA DISCRIMINACIÓN EN LA ESCUELA


Por Silvina Gvirtz

Doctora en Educación. Investigadora del CONICET y
Directora de la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés.

La autora analiza la importancia de aprender a vivir con los demás como el gran desafío de la educación contemporánea. Los 8 objetivos fundamentales que tiene que poner en práctica el sistema educativo para erradicar la discriminación y aprender a convivir.

1. El día a día

1.1 Los adolescentes y los estereotipos. Matías tiene quince años, es gordito, no muy alto, morocho con rulos y usa anteojos.
Llegó a su casa abatido. Colgó la mochila en el perchero de la entrada y se fue, sin saludar a nadie, a su cuarto. Se tiró en la cama. No podía siquiera llorar. La angustia le aprisionaba la respiración. No es la primera vez que esto le ocurre. La tristeza parecería ya, parte esencial de su personalidad. Matías no sabe qué hacer. No quiere ir más al colegio.
Cada mañana cuando suena el despertador se sabe entre la espada y la pared. Por un lado los padres trabajan de sol a sol y pagan con mucho esfuerzo la cuota de la escuela. Confesarles a ellos su pesar, su incomodidad… con los problemas que ellos tienen… no le parece acertado. Por el otro lado seguir soportando día tras día el maltrato de sus compañeros, las cargadas y los golpes tampoco resulta justo.
¿Cuál es el problema de estar excedido de peso? ¿y de usar anteojos? ¿Por qué lo vuelven loco sus compañeros?

Las barbaridades que le dicen a Matías, mientras se ríen y se vanaglorian de sí mismos, son irreproducibles. Al recordarlas, nuestro protagonista, muere de vergüenza. Sueña con bajar de peso, con tener otra vida pero simplemente no puede y las lágrimas (secretas porque los varones no lloran) caen de sus ojos involuntariamente.
Cada tanto, en el colegio, alguna profesora escucha lo que sucede con Matías y reprende durante cinco minutos a sus agresores. Luego, se retira apurada a su otra clase y al día siguiente… nuevos problemas ocuparán su agenda.

Anita, en otro colegio, en este caso público de gestión estatal, a cientos de kilómetros de la escuela de Matías, también es víctima de las maldades de sus compañeros y se siente igual de mal que Matías. Anita es delgada y tiene una belleza muy inusual. Sin embargo sus compañeros insisten en remarcar su fealdad.
El otro día un profesor le pidió que pase al frente y sus compañeros casi al unísono se taparon la cara con la mano (supuestamente para no mirar tanta fealdad) e hicieron gestos que resultaron infinitamente dolorosos para nuestra protagonista. Anita tampoco quiere ir a la escuela. Sufre, se mira todos los días al espejo y se pregunta por qué le tocó ser así.

Anita se aísla en los recreos con Juan y Julia, dos hermanos de origen boliviano que padecen agresiones similares a la de Anita. Cuando estos estudiantes están de “buen humor” los llaman “Bolitas”. Cuando no… los apodos producen aún más vergüenza ajena. La discriminación que viven diariamente Matías, Anita, Juan y Julia se multiplica por miles entre los jóvenes de nuestro país. Estas situaciones ilustran un tipo de violencia cotidiana y silenciosa que suele sucederse en las aulas secundarias.

1.2 Las instituciones y los niños con necesidades especiales.
La discriminación, no obstante, tiene otros modos de manifestarse.

Hace unos años, una madre desesperada, que estaba mudándose de la provincia de Buenos Aires a la Capital Federal me llamó desesperada, me pidió disculpas por molestarme y me contó que tenía dos hijas con serias dificultades auditivas, que había ido a inscribirlas en las escuelas del radio (no tenía dinero para mandar a sus niñas a una escuela privada) y que no la habían recibido de buen grado.
Le recomendaban escuelas especiales aduciendo que no iban a poder brindarles a sus hijas lo que necesitan. En aquel entonces le recomendé ir a visitar al supervisor de su distrito. Me preguntó si podía invocar mi nombre y le dije que no iba a hacer falta, que estaba convencida de que el supervisor la iba a atender bien sin necesidad de ningún contacto.
Le pidió una entrevista, el supervisor la recibió inmediatamente, le solucionó el problema y jamás tuvo que invocar ningún nombre en particular para garantizar el derecho de sus hijas a una buena educación. Sus dos hijas estudiaron en la escuela común y recibieron apoyo especial en contraturno. Sin embargo, en no pocas escuelas, públicas y privadas, los niños y jóvenes con necesidades especiales siguen siendo discriminados por el sistema.
Muchas veces se debe a que la infraestructura no garantiza la posibilidad de movilidad de los mismos. Otras veces, las escuelas privadas, simplemente los rechazan porque prefieren no integrar o dicen no estar preparadas para ello.

2. Los datos.

A continuación presentamos algunos datos relevados por el Observatorio Argentino de Violencia sobre este tema. El documento distingue entre “situaciones de incivilidades” de las “situaciones de violencia” propiamente dicha. Ambas son realmente preocupantes y nos dan un panorama de los problemas de convivencia entre los adolescentes hoy.

Observemos los siguientes cuadros: Los datos recién presentados muestran que el problema no es menor y que debemos dedicar nuestros mejores esfuerzos para resolverlo.
Las categorías ¨burlas¨ y ¨exclusiones¨ aluden específicamente a problemas de discriminación.
Las primeras afectas aproximadamente al 10% de los jóvenes y las exclusiones a mas de un 5%. Son porcentajes nada desdeñables si consideramos las repercusiones en la vida de estos estudiantes.
Las otras categorías: rotura de útiles, amenazas de daño, golpes, es probable que también estén relacionadas con problemas de discriminación (aunque no se especifica el tema).

Los datos nos muestran, además que estas situaciones disminuyen a medida que aumentan los años de escolaridad. La violencia y las incivilidades son mayores en EGB3 (era el equivalente a los tres primeros años de media con la Ley Federal de Educación) y disminuye en el polimodal, (los últimos años de escuela secundaria).
Estas situaciones escolares son, en su mayoría, reflejo de acontecimientos que ocurren en toda la sociedad. La discriminación que relatamos al inicio de la nota no es privativa de la institución escolar.
La televisión suele estar plagada de comportamientos discriminadores. Se suceden cotidianamente y estamos tan acostumbrados a ellos que nos resulta difícil distinguirlos. Pero… también en la calle y en las canchas de fútbol se viven y se escuchan frases preocupantes sobre distintos grupos religiosos o extranjeros.

En noviembre del 2008, el lNADI terminó un estudio en las 23 provincias y en la Ciudad de Buenos Aires. Del mismo se desprende que cerca del 70 por ciento de los argentinos se caracteriza por tener pensamientos y/o prácticas discriminatorias.
La percepción sobre a quiénes se dirige la mayor discriminación, la mayoría –contundentemente– respondió que a las personas en situación de pobreza.
Además, la mitad de la población también afirmó haber presenciado algún acto de discriminación. Por último, cabe destacar que el estudio da cuenta que menos del 6% de los entrevistados señalan haber realizado una denuncia frente a los hechos de discriminación que dicen haber presenciado. Los procesos de discriminación que se dan en la escuela no se limitan a relaciones entre alumnos.

Como se deduce del ejemplo antes presentado, algunas escuelas (por suerte las menos) no admiten niños con necesidades especiales de ningún tipo. Puede ser ella motora, chicos en sillas de rueda o de otro tipo. El argumento que generalmente se esgrime es que la institución no está lo suficientemente preparada para recibirlos.
Las familias, resignadas, recorren innumerable cantidad de establecimientos hasta que por fin, alguna institución los recibe. En estos casos estamos ante escuelas que discriminan y que difícilmente puedan enseñar a sus alumnos convivencia democrática.

En otras escuelas, las menos también, algunos padres tratan despectivamente a los maestros y profesores porque no tienen el dinero suficiente o porque no tienen un título universitario y los suponen inmersos en una vida tediosa y aburrida. En otras ocasiones algunos profesores también discriminan a sus alumnos por diversos motivos. En síntesis, estamos frente a un problema grave.

3. ¿Cómo definimos la discriminación? Si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española www.rae.es, encontramos que el término discriminación proviene del latín discriminatio, -onis y hace referencia a la acción y al efecto de discriminar. Si ahondamos en el verbo infinitivo discriminar (del latín discriminare) figuran dos significados:
1. Seleccionar excluyendo.
2. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.Esa distinción en el trato puede darse por motivos muy diversos: el nivel socioeconómico, la nacionalidad y otros. Generalmente se le otorga al término discriminación una connotación negativa debido a que implica tratar despectivamente o perjudicar a determinado grupo sin razón alguna.

No obstante, en algunas oportunidades puede generarse desde la política otro tipo de discriminación que posee una justificación racional.
El diccionario de la Real Academia Española presenta a la discriminación positiva como la “protección de carácter extraordinario que se da a un grupo históricamente discriminado, especialmente por razón de sexo, raza, lengua o religión, para lograr su plena integración social.” Es decir que es posible discriminar en forma positiva al tratar con preferencia a algún grupo que tenga determinadas necesidades o problemas sin intención de perjudicar a otro.
Podríamos sostener que este tipo de discriminación selecciona o distingue con la intención de incluir. La discriminación en sentido negativo, la que excluye, es la que merece nuestra atención en esta nota por los evidentes perjuicios que ocasiona en la vida de los adolescentes y en la posibilidad de construir una democracia de mayor calidad.

4 . ¿Qué dice la legislación sobre la discriminación?
Recordemos lo que señala sobre el tema la Declaración Universal de los Derechos del niño (ONU, 1959). En el artículo 1 de la misma se afirma
“El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta declaración. Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia.” Y el artículo 10 declara
“El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes”. Esta y otras declaraciones son un norte legal al que debemos aspirar.

Nuestra constitución las hace propias estas en su artículo 75. Tienen jerarquía constitucional.
Sin embargo, la distancia entre lo que marca la ley y lo que sucede en la realidad no es corta (como estamos observando). A continuación analizaremos entonces, qué puede hacer la escuela para mejorar la convivencia.

5. ¿Cómo lograr los mencionados objetivos pedagógicos? ¿Qué significa, aprender a ¨vivir juntos¨?

Jacques Delors (1996) señala en un conocido informe a la Unesco que la educación debe basarse en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a vivir juntos. Atenderemos a este último tipo de aprendizaje porque es el que les permite a las personas cooperar y convivir en sociedad.

Según el autor, aprender a vivir con los demás constituye uno de los principales desafíos de la educación contemporánea. Sostiene que la educación ha hecho poco por contrarrestar el “extraordinario potencial de autodestrucción que la humanidad misma ha creado durante el siglo XX”.
Por ese motivo, se vuelve importante que en la escuela se enseñe la no violencia para combatir los prejuicios que conducen a que las personas se enfrenten unas a otras. Se trata de una empresa compleja debido a que “las personas tienden a valorar en exceso sus cualidades y las del grupo al que pertenecen y a alimentar prejuicios desfavorables hacia los demás”.
Ello se exacerba en sociedades como las nuestras en la que se privilegia la competencia y el éxito individual por sobre la cooperación y los logros colectivos.

El informe sostiene que aprender a vivir juntos implica educar en dos sentidos complementarios: el descubrimiento gradual del otro y la participación en proyectos comunes.
Como lo sintetiza Tedesco (2005) aprender a vivir juntos “es formar ciudadanos democráticos, preocupados por el prójimo, con vocación ‘inclusiva’ y con responsabilidad social (…) Vivir juntos no es un producto automático, natural del orden social. Ahora, para vivir juntos tiene que haber una decisión política, voluntaria, consciente, de hacerlo (…) Entonces, es algo que tiene que ser enseñado, tiene que ser aprendido (…)” (Tedesco, 2005: 111-112).

6. ¿Qué podemos hacer desde el sistema educativo para erradicar la discriminación y aprender a convivir?

6.1. En el horario escolar tenemos tiempo para matemáticas, para lengua, para biología, pero no hay tiempo específico destinado a ¨aprender a vivir juntos¨. Algunos especialistas, dirán, no sin razón, que esto se debe a que la convivencia debe ser un tema que atraviese todas las materias.
Sin embargo, cuando uno mira los enciclopédicos y extensos programas de cada materia, en la escuela media, se da cuenta de que en un año al profesor no le queda tiempo para trabajar estos otros contenidos. Los docentes encaran el tema sólo si estalla un conflicto pero difícilmente puedan, con esos tiempos, hacer tarea preventiva. Urge, por lo antedicho, extender la jornada escolar y crear los tiempos necesarios para atender este y otros contenidos de la enseñanza.

6.2. Es preciso incluir el tema en los planes y programas (ya sea como materia, trasversalmente o en espacios especiales para proyectos) y otorgar cierto grado de libertad a las escuelas para que organicen el trabajo curricular con valores, entre los que debe incluirse el ¨aprender a vivir juntos¨ .

6.3. Es preciso formar e incorporar la figura de profesor tutor para que se haga responsable del tema. Este profesor debe disponer de tiempo para dialogar con todos los estudiantes de un curso, para saber cómo conviven, para trabajar sobre temas acuciantes y para orientarlos en sus necesidades. No alcanza tener un profesor tutor por escuela.
El trabajo debe ser personalizado y por tanto este profesional debería disponer de no menos de 8 horas por semana para cada curso. Por ello además, debe contar con una oficina y formar equipo con los psicopedagogos u orientadores vocacionales.

6.4. Es preciso articular acciones con otras instituciones y con los medios de comunicación de modo tal que las acciones que se realicen en la escuela no caigan en el vacìo cuando suena la campana de salida de la institución escolar.

6.5. Cada dìa se hace más necesario recomponer la relación entre la familia y la escuela.
Para ello la escuela debe dejar en claro su misión y dialogar con las familias para que acompañen en el cumplimiento de estos objetivos.

6.6. Es necesario revisar la normativa escolar. Es indispensable que colabore en la prevención de todo tipo posible de discriminación en la admisión de niños y jóvenes tanto a nivel de escuela privada como pública y es necesario que establezca claras sanciones en caso de incumplimiento.

6.7. Es preciso iniciar un plan de mejora edilicia. Todas las escuelas deberían tener sus edificios y recursos preparados para recibir niños y jóvenes con necesidades especiales. Si hoy no lo están debería exigirse la presentación de un plan de mejoras con tiempo suficiente para lograr los cambios que posibiliten una mayor integración. En el caso de las escuelas privadas que tengan dificultades presupuestarias, el Estado podría destinar un monto específico para auxiliarlas.

6.8. Por último sería deseable que las escuelas incluyan en su seno un plan de admisión que garantice un mínimo de diversidad. En las escuelas que atienden a sectores pudientes podría diseñarse un programa de becas.
Si la escuela modela nuestro sistema de percepciones, ideas y valores y estos, en parte, serán nuestra herramienta para la vida participativa en sociedad, no es acaso óptimo que tal sistema se conforme en función de lo heterogéneo?
Si la vida social está signada por este principio, por qué deberíamos hacer de las aulas un simulacro de homogeneidad?
Deberíamos situar entre nuestros principales objetivos educativos hacer de la escuela un escenario en el que sea posible ejercitar una destreza que sin duda redundará en que nuestros hijos sean mejores ciudadanos: el ejercicio efectivo de la democracia, de la convivencia y del respeto para con nuestros semejantes.

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