Jesús de Nazaret en los escritos de Pablo y en los Evangelios. S Benetti

JESÚS DE NAZARET  EN PABLO Y EN LOS EVANGELIOS.

El proceso de universalización y espiritualización del mensaje de Jesús.

S. Benetti

Cuadro general del NUEVO TESTAMENTO

 

 

Historia

 

Formación del Nuevo Testamento

 

Tiberio emperador: 14-27
Predicación de Jesús: 28-30. Su muerte
Inicio de la predicación apostólica: Pedro y Diáconos helenistas.
Martirio de Esteban: 34
Conversión de Pablo: 35-36
Muere Tiberio. Calígula emperador: 37-41Simón Mago, gnóstico
Primer viaje misionero de Pablo y Concilio de Jerusalén: 46-48
Expulsión de los judíos de Roma: 49-50
Segundo viaje, Corinto: 49-52
Tercer viaje, Efeso: 53-58
Nerón emperador: 54-68
Pablo, prisionero en Jerusalén: 58
Martirio de Santiago, hermano del Señor: 62
Persecución de Nerón: 64, y martirio de Pedro y Pablo
Comienzo de la sublevación judía: 66
Destrucción de Jerusalén y del templo: 70
Vespasiano emperador: 69-79
Tito emperador: 79-81
Domiciano emperador: 81-96
Su persecución hacia el 90-94
Ruptura entre el Judaísmo y la Iglesia“Antigüedades judías” de Flavio Josefo.
Nerva emperador: 96-98
Trajano emperador: 98-117
Sínodo judío de Jamnia que fija el canon bíblico judío: 100
Martirio de Ignacio de Antioquia. 110
El cristianismo ilegal: 112
Adriano emperador: 117-138
Rebelión judía: Bar Kokeba: 132-135
Antonio Pio emperador: 138-161
Los grandes gnósticos cristianos: Basílides, Valentiniano, Marción.

Transmisión oral       

1ª Carta. a Tesalonicenses (50-52) Gálatas, Corintios, Filipenses, Romanos, Filemón.

Simultáneamente: Colecciones escritas de discursos, milagros, pasión y muerte, y resurrección de Jesús: base sinóptica

Ev. de Marcos, hacia el 70
Sda. a Tesalonicenses (70)

Ev. de Mateo, Lucas y Hechos (80-90)Colosenses (90) Primera de Pedro
Efesios, Santiago, Hebreos (90)
Apocalipsis
Ev. de Juan y Cartas (95-100)

Carta a Timoteo y Tito (110)
Carta de Ignacio y Didajé
Carta de Judas (110-120)

Cartas de Bernabé y PolicarpoSegunda de Pedro (140)
Apología del Cristianismo, de Justino (145)Segunda carta de Clemente y Pastor de Hermas


Introducción


A medida que transcurría el tiempo y que las comunidades cristianas se iban instalando en nuevas culturas y en otras circunstancias históricas, también la figura y el mensaje del Jesús histórico se fueron re-interpretando, asumiendo nuevas variables con mayor o menor fidelidad al primitivo mensaje. Y este proceso no sólo que hoy perdura, sino que es necesario hacerlo.
El hecho clave que en un principio motivó las nuevas reinterpretaciones fue la muerte de Jesús en la cruz, considerada a primera vista como un verdadero fracaso, como lo dicen los discípulos de Emaús (Lc 24, 21-24).
La crucifixión provocó un desbande general que duró posiblemente varios meses al cabo de los cuales los discípulos, releyendo lo sucedido a la luz de ciertas palabras proféticas, redescubrieron a Jesús como el Resucitado, presente en la comunidad, y pronto a venir en la Parusía para instaurar definitivamente el Reino de Dios.

Por lo tanto, la primitiva interpretación de Jesús, en todos los escritos neotestamentarios, se hace a partir de esa conciencia en la resurrección de Jesús, ahora el Cristo exaltado junto a Dios.
Tal interpretación la tenemos en las Cartas de Pablo y en los Evangelios, pero desde puntos de vista muy distintos.

Predicación de Pablo en el mundo helenista-romano

El proceso interpretativo a partir de la resurrección fue la tarea específica y temprana de Pablo, un fariseo perseguidor de cristianos y después converso y entusiasta predicador del evangelio a los paganos o gentiles (Hech 22, 2 y sig; 23, 6; Gal 1 y 2) En la necesidad de adaptar la fe cristiana al mundo pagano no judío (desde el año 46),  presentó a Jesús no como una figura mesiánica y humana histórica (judía, naturalmente) sino como personaje divinizado y espiritualizado, más cercano a los dioses y héroes del helenismo, incluso con elementos de mitificación.

Frente a la postura de un Jesús histórico-judío-profeta mesiánico-subversivo, Pablo, quien se siente enviado por Dios para predicar a los paganos (Gal 1,15-16), encontró que todo el profetismo y el mesianismo judío no significaban nada para ellos y hasta era ofensivo, dado su carácter nacionalista y anti pagano (Ep. a Gálatas; Hech  cap. 13 y sig.).
Elaboró por lo tanto un mensaje, que sin renunciar al monoteísmo bíblico, podía ser mejor adaptado al mundo  helénico que también, por influencia de las ideas gnósticas  y de los cultos mistéricos, esperaba una salvación total de la humanidad y la inmortalidad, pero en forma muy espiritualista, ya que se apoyaba en un fuerte dualismo y oposición entre el alma y el cuerpo, entre las realidades divinas y las humanas.
Tengamos, pues, en cuenta el nuevo marco cultural en el que predica Pablo y el resto de los misioneros cristianos. Un marco desde donde necesariamente hay que leer las cartas del Apóstol como también los Evangelios y el resto de los escritos neo-testamentarios. Jesús de Nazaret, el galileo, comenzará a ser visto e interpretado no sólo desde las categorías bíblicas, sino también y cada vez más desde la cultura greco-latina, desde el helenismo y desde los valores del imperio romano.

1.1Filosofías dominantes. Estoicismo y Neoplatonismo

 

a-El mundo helenista-romano en el que se expandería el mensaje de Jesús no era, como muchas veces se cree, un mundo paganizado lleno de vicios y falto de valores éticos, religiosos y espirituales, sino que estaba viviendo un momento de gran expansión de movimientos filosóficos y místico-religiosos que atraían no solo a las clases altas sino también al pueblo hambriento de una vida mejor. Con esos movimientos competirá el incipiente cristianismo que no solo incidirá en ellos sino que también recibirá fuertes influencias, surgiendo así un nuevo mensaje con restos del judaísmo bíblico de Jesús y con importantes aportes de la cultura grecolatina.

 

Desde el punto de vista filosófico, se destaca en primer lugar el Estoicismo de Zenón, fundador de esta escuela hacia el 301 aC. Su doctrina de moral severa y búsqueda de la virtud en lucha contra las pasiones, influirá posteriormente en Roma (Séneca y varios emperadores, como Marco Aurelio fueron estoicos) y en el cristianismo que hará una síntesis de la ética bíblica con la estoica.
Por varios siglos, el estoicismo nutre la ideología política y la ética del helenismo y del imperio romano, siendo sus filósofos consejeros y asesores de reyes y emperadores.

El estoicismo predica un monoteísmo panteísta, de modo que toda la naturaleza está gobernada por una ley o razón universal que hace que todo se rija por un destino o hado que no inhibe totalmente a la libertad humana. Todo se realiza conforme a cierta Providencia divina que orienta todas las cosas y sucesos hacia la perfección de la totalidad.
Al mismo tiempo, el estoicismo considera que el bien supremo del hombre es la felicidad, la que sólo se realiza por medio de la virtud, que consiste en vivir de acuerdo a la ley de la naturaleza racional del hombre dominando y controlando las pasiones (pathos). La verdadera libertad consiste en obedecer a Dios-Cosmos y a su ley. El auténtico sabio debe saber soportarlo todo con tal de permanecer en la virtud, controlando sus apetitos desordenados (“moral estoica”). Así consigue la imperturbabilidad del espíritu (apatía o ataraxia) que es el dominio total de uno mismo.

Políticamente, el estoicismo se opone a las ciudades-estado helenistas cada una con leyes propias, y postula que todos los hombres son conciudadanos  que deben regirse por una ley común, considerando a la tierra como su patria, mancomunados con los extranjeros. Sólo hay dos categorías de personas: las gentes de bien que practican la virtud y la sabiduría, y los malvados, por lo que tiende a desaparecer la neta división entre griegos y extranjeros (“bárbaros”).

Tal el ideal estoico que puso en práctica Alejandro y después el imperio romano. La ciudad griega ahora se transforma en una “cosmo-polis”, o sea, una sociedad universal o ecuménica. Y la política consiste en obedecer a las leyes del universo y acatar el orden. El auténtico sabio toma conciencia de ese orden del universo y de la sociedad y se somete a él con libertad interior, no importando su estado social, sea amo o esclavo (doctrina de clara influencia en san Pablo). El rey sabio es reflejo del orden de la Providencia sobre todo el mundo.
Por eso el estoicismo es, en definitiva, una ideología conservadora del orden y de la ley, como lo serán san Pablo y el cristianismo de la era romana, influenciados por la mística estoica. En gran medida “el catecismo de moral estoica” será incorporado a la ética cristiana.

b) Entre tanto la filosofía de Platón siguió gozando de gran prestigio con continuas reinterpretaciones del gran maestro, tanto en Oriente, en Egipto como en Roma, y fue renovada por el Neoplatonismo, fundado por Ammonio Sacas (+242), sistematizado por Plotino y publicitado por Porfirio quien, en sus quince libros (perdidos) ataca con fuerza al cristianismo. El auge constante del neoplatonismo, con aportes del misticismo oriental  y su búsqueda de la verdad y de la liberación del alma de las ataduras del cuerpo, logró finalmente la decadencia del estoicismo.

El neoplatonismo distingue claramente entre El UNO (Dios), el Espíritu (nous) y el Alma emanada de Dios y conectada con los sentidos del cuerpo,  la materia, de la que tendrá que liberarse.

Dios-Espíritu, el Uno, es la única causa del ser, lo verdaderamente auténtico, de quien deriva el alma-espíritu. La materia, en cambio, es como una sombra de la luz.
El Uno es indefinible e impredicable  (teología negativa). Es el origen del alma y de todas las cosas. Abarca a todo y está a su vez separado de todo. “Es aquello de lo que todo depende y hacia lo que aspira todo lo que es, pues lo que es lo tiene como origen y depende de él. Por su parte, carece de necesidad, se basta a sí mismo, no necesita de cosa alguna y es medida y meta de todas las cosas”.
Por su parte el espíritu piensa las ideas y debe preocuparse por lo materia inanimada. Confiere vida a los cuerpos, al hombre y a todo ser viviente, incluso al cosmos.

 

Las almas individuales (son todas iguales) descienden al mundo corpóreo para cumplir la misión encomendada por la voluntad divina, pero corren el grave riesgo de morir en las ataduras de la materia o cuerpo. Deben despertarse y regresar al mundo espiritual (el mundo de las ideas), es decir, reconocer el espíritu como lo afín a su esencia y reencontrarse a sí mismas.
Así el alma (concepto desconocido en la Biblia y que será asumido por el cristianismo) es principio vital del mundo corpóreo, al que confiere orden y sentido, pero como “ser” debe huir del mundo y retornar a su origen.
El mundo sensible es imagen del espiritual, no es malo de por sí, sino el mejor de los mundos posibles (en contra de los gnósticos), pero en cuanto separado de la unidad del espíritu, es malo y sombrío.

Por lo tanto, el hombre tiene su verdadero ser en el alma que debe buscar siempre el espíritu e identificarse con él. Ese es su deber moral.
El platonismo (que al principio tendrá fuertes disputas con el cristianismo) será finalmente absorbido por los pensadores cristianos y terminará ejerciendo capital importancia en la elaboración de la teología cristiana de los siglos IV en adelante, especialmente en Egipto, Grecia y Oriente. En Occidente, sobre todo en san Agustín y toda la teología posterior.

La dualidad alma-espiritual versus cuerpo-material, elementobueno contra elemento malo, ejercerá una importancia clave en el cristianismo y en su espiritualidad hasta el día de hoy, y es uno de los grandes obstáculos que tienen las Iglesias para ser comprendidas por la actual cultura que parte de una integración positiva del ser humano.


1.2La Gnosis o Gnosticismo

La Gnosis (que significa “el conocimiento” auténtico de la verdad, de la luz, de Dios, del sentido de la vida) fue un amplio movimiento filosófico-espiritual que nació en Persia hacia el siglo III antes de Cristo (sobre la base de la religión de Zaratustra o Zoroastro) y se extendió por todo Occidente y Oriente aún hasta China, con fuertes influencias en el judaísmo y en el cristianismo. Fue característico de elites intelectuales.

Algunos  principios fundamentales de la Gnosis o Gnosticismo son:

la radical oposición entre el Dios verdadero y la materia, obra de un demonio o de un falso dios;

la existencia de eones o arcontes, espíritus poderosos que son los intermediarios entre Dios y el mundo;

la explicación del mal como fruto de un espíritu rebelado contra Dios, al que llaman demiurgo;

la salvación entendida como liberación de la opresión de la materia y del cuerpo, por medio de un Revelador del verdadero conocimiento (gnosis).

La Gnosis se presenta, pues, como religión salvacionista del hombre, pero desde una visión negativa y pesimista del mundo, de la política y de todas las realidades humanas, especialmente del cuerpo, de la sexualidad y del matrimonio. Por medio de la gnosis, que el Revelador de Dios hace conocer a sus elegidos (los hombres “espirituales” y superiores) en forma secreta, el hombre accede a “la verdad” que consiste en desprenderse de la cárcel del cuerpo y de las realidades carnales (creadas por el demonio demiurgo) para acceder al espíritu y vivir plenamente en él; espíritu que es una luz o chispa de origen divino asentada en el alma, luz que ilumina este mundo de tinieblas (tema muy presente en el evangelio de Juan y en otros evangelios apócrifos).

Por debajo de les espirituales, están los psqíuicos y cristianos en general que solo conocen la materialidad del mensaje de Jesús en la Iglesia institucional, y finalmente los materiales que viven en la esfera de los sentidos.

Se trata, por lo tanto, de una doctrina fuertemente dualista, que luego se radicalizará con formas maniqueas (del gnóstico Manes, 217-277 d.C.) de oposición total entre el mundo de la luz (el Dios revelado por los gnósticos, el alma como chispa divina) y el mundo de las tinieblas conducente a la muerte.
El Gnosticismo impregnó desde sus comienzos al judaísmo (en los libros sapienciales y especialmente en Filón) y penetró profundamente en la Iglesia, ya desde su hora inicial, reinterpretándose todo el misterio cristiano desde sus categorías, tal como ya se va dando en Pablo y muy especialmente en el evangelio deJuan (quienes, aunque no niegan la humanidad de Jesús, la soslayan en beneficio de su divinidad).
Más elementos mitológicos gnósticos se hallan en las tardías cartas canónicas (hacia el 120-130): la segunda de Pedro y la de Judas, con las conocidas luchas entre el arcángel Miguel y los ángeles rebelados contra Dios.
Entre los gnósticos cristianos se destacan Basílides –entre el 117 y 161 en Egipto-, Valentino –un alejandrino que predicó en Roma hacia el 140-, y especialmente Marción, que también predica en Roma hacia el 135 apoyándose profusamente en las cartas de Pablo.

Como es obvio, la mayoría de los  gnósticos cristianos  negará que Jesús fuera un hombre real (herejía deldocetismo según el cual el cuerpo de Jesús era aparente) como también y por tanto sus sufrimientos y muerte, y por eso mismo su resurrección, oponiéndose también a la iglesia visible y jerárquica y a los sacramentos (elementos no espirituales), e igualmente negarán obediencia a los poderes políticos.

La Gnosis es un movimiento totalmente dualista-espiritualista que penetrará profundamente en la Iglesia en los siglos II y III (incluso habrá obispos gnósticos) y aunque será condenado en sus formas extremas como herejía o madre de todas las herejías, su influencia será nefasta por largos siglos en la relación espíritu-materia en el mismo seno de la Iglesia.

 

El Gnosticismo y el Neoplatonismo, ambos dualistas, pues ven al ser humano formado por dos componentes opuestos (cuerpo-carne-sexo versus alma-espíritu) producirán un cambio radical en la espiritualidad cristiana que se aleja del mensaje integrador de Jesús especialmente por su desprecio y desvalorización del cuerpo, de la sexualidad, de la mujer y del matrimonio, y por su sobrevaloración de la virginidad, del celibato y de la vida alejada del “mundo”, una espiritualidad que tomará cuerpo institucional en las Órdenes Religiosas como un estado superior al de los laicos o personas comunes. Esta mentalidad, ajena a toda la Biblia y ajena al pensamiento de Jesús es todavía hoy un serio obstáculo que tiene el cristianismo para ser comprendido por el mundo moderno y por otras religiones.

 

Y es un obstáculo para que comprendamos lo que es la verdadera espiritualidad del ser humano, espiritualidad que debe integrar todos los aspectos humanos para desarrollarlos en plenitud.

Por eso es importante tener en cuenta que la palabra espíritu, espiritualidad  arrastra tradicionalmente una connotación negativa como lo opuesto al cuerpo, lo que aún hoy nos dificulta cuando hablamos de “espiritualidad”, pues fácilmente se la entiende como lo no-material, lo no-corpóreo, la “otra vida”, etc.

Se trata pues, de una palabra que tiende a confundir, pero por el momento se la sigue utilizando, pero con un contenido y sentido muy distintos al tradicional ya que  no se ha encontrado una mejor para expresar lo más profundo del ser humano-integrado en su cuerpo y en su siquis, y conectado íntimamente al cosmos, a la tierra y a la humanidad. Espíritu es nuestra esencia más íntima, auténtica y profunda, y vivir en ese espíritu debiera ser nuestra máxima aspiración. “Espíritu” tiene que ver con el sentido pleno de la vida y con la fuerza que nos impele a superarnos dia a dia.

 

La Gnosis tradicional  hoy perdura en ciertos ambientes de Asia Central (Armenia, Irán) como asimismo en algunos círculos occidentales. En la Edad Media renacerá con vigor en varios movimientos espiritualistas de tipo reformador, como es el caso de los cátaros, albigenses y valdenses que retoman ideas del gnosticismo maniqueo.
Pero  la visión dualista y pesimista está lejos de haber muerto en nuestra mentalidad cristiana.

1.3El mundo religioso popular del helenismo greco-romano 

 

Mientras la adoración a la multitud de dioses y diosas oficiales de un amplio panteón greco-romano (Zeus o Júpiter, Apolo, etc.) era puramente formal y había caído en total decadencia, otras formas de religiosidad gozaban de gran prestigio a nivel popular.

Podemos citar entre ellas:

  1. a) El culto a los dioses salutíferosque otorgaban la salud, como Asclepio, con multitud de milagros, aguas y estatuas curativas, amuletos, etc.
  2. b) Gran difusión de todas formas de Magia con libros de encantamientos, plantas y animales de efectos mágicos, como también piedras preciosas, metales, planetas, voces humanas, estatuitas y un sin fin de rituales, especialmente entre las clases sociales inferiores.
  3. c) La Astrología, tanto la popular como la “científica” con la catalogación de estrellas y planetas, signos astrológicos del zodíaco, cartas astrales natalicias, diagnósticos y pronósticos, especialmente a los políticos, culto al sol (especialmente en el mitraísmo), teoría de la fatalidad del destino humano, etc.
  4. d) La Mántica o adivinación del futuro con los oráculos, especialmente en los grandes santuarios como el de Delfos, con la interpretación de los sueños y de los fenómenos astrales (eclipses, rayos y truenos, arco iris, cometas y otros fenómenos extraños de la naturaleza) como de las entrañas de los animales, vuelos de las aves y líneas de las manos.
  5. e) Gran importancia también tenía el culto a los muertos y a los héroes, entre ellos a los grandes emperadores que tras su muerte eran deificados (apoteosis), transformados en dioses o hijos de dioses, y algunos de ellos incluso en vida.
  6. f) Y a nivel político era obligatorio dentro del imperio el culto oficial a Roma y al emperador, a quien se prometía obediencia como “Señor y Salvador”, un elemento que producirá mal entendidos y futuras persecuciones. De allí la necesidad en los escritos de Pablo y ya en el evangelio de Marcos de señalar que el único Señor y Salvador es Jesucristo, y de que existe un solo Dios.

 

  1. g) Pero junto a este politeísmo popular existían dos importantes movimientos religiosos de gran importancia: los cultos mistéricos entre las clases populares, y el gnosticismo entre las clases cultas.

 

1.4Los cultos mistéricos

El culto de los Misterios, muy antiguo en el Oriente e introducido en Grecia en el siglo VII, consigue un gran auge en el imperio desde los primeros siglos, especialmente en Grecia y Oriente y en las clases populares tanto entre hombres como especialmente entre mujeres.
Su objetivo central era lograr una forma de vida espiritual superior al culto popular a los ídolos, aspirando a la unión con la divinidad y a la  regeneración de la vida. Esa unión era el mys o “misterio” propiamente dicho.

Los aspirantes a dichos cultos que prometían la inmortalidad y la resurrección, estaban obligados a la ley del silencio (de allí que se conoce tan poco sobre sus rituales y textos esotéricos) y eran “iniciados” mediante ritos, “sacramentos o misterios”, sea con lavados, baños o bautismo de inmersión, sea en unbanquete sagrado de pan y vino o a través de muy variados símbolos y rituales, todo orientado a unirse a la divinidad para adquirir sus características divinas, especialmente la vida nueva y la inmortalidad.

Los rituales en general representaban simbólicamente la muerte mística y el nuevo nacimiento, ya presentes en la constante regeneración de la naturaleza.

En Grecia estaban de moda los cultos mistéricos de Eleusis (cerca de Atenas y Corinto) y Dyoniso (el Baco romano, con un culto abundante en orgías y vino), Cabiros y Orfeo.

En Oriente, los de Cibeles, la gran diosa madre, y los de Atis y Adonis, dioses de la fertilidad, famosos por los ritos orgiásticos y de tipo sexual (unión con la divinidad a través de la relación sexual con prostitutas sagradas).
En Egipto estaban los cultos de Isis (la Venus griega), diosa de la fecundidad, y Osiris, el dios sol que muere y resucita constantemente.

Estos ritos se introducen en Roma hacia el siglo II y III, seguidos después por el culto a Mitra, antigua divinidad solar de Persia. El emperador Cómodo (180-192) se hará iniciar en él, y Diocleciano (284-305) proclamará a Mitra como protector del imperio. Su fiesta natalicia era el 25 de diciembre. La Iglesia contrarrestará su influencia con la fiesta de Cristo, Sol invicto, y establece la misma fecha como su nacimiento.

Es evidente que Pablo, oriundo de una ciudad helenista como era Tarso (donde se practicaba un culto a la vegetación) y que pasó por Eleusis en su viaje de Atenas a Corinto, donde residió largo tiempo, conocía la existencia de estos cultos y tomó algunas ideas y símbolos, pero desde una interpretación diferente desde “el misterio de Cristo”, aprovechando la aspiración superior de estos cultos respecto al paganismo decadente.


En este contexto
, tan diferente del judaísmo, Pablo (y sus discípulos), en su afán de adaptarse a la mentalidad griega, pero con serio peligro de romper con la teología tradicional judía y con la vida y obra del Jesús histórico, predicó un “Jesucristo”, Hijo de Dios en un sentido mucho más estricto, preexistente con Dios desde la creación del mundo (Gal 4,4-5; Col 1,15-16), quien, tras el trance de la muerte fue exaltado junto a Dios y proclamado como  “Salvador y Señor” no solo de los judíos, sino de todos los hombres (Rom 1,1-4; Fil 2,5-11), pronto a manifestarse ante el mundo en forma gloriosa.
Todo el universo podría acceder a su salvación, no a través de la Ley judía y de la circuncisión, sino por el cambio interior (conversión) y una fe expresada ritualmente en el Bautismo y en el Ágape eucarístico, como formas de unión mística con Cristo, cabeza de la Iglesia y de toda la Humanidad, su pléroma o plenitud (Ver entre otros, Rom 1,1-4; 5,6-11 y 16,25-26; Fil 2,5-11; Ef 1)

 

En cambio, para Pablo, la vida histórica de Jesús (“según la carne”) no tenía valor salvífico alguno, “así que en adelante, ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no lo conocemos así” (2Cor 5,16-17).
Por eso Pablo no habla de Jesús (el hombre) sino de “Cristo”, palabra que para él no indica el Mesías ungido davídico, sino el nombre propio del “Hijo de Dios con poder”, “el Señor Jesucristo”, exaltado junto al Padre que lo ha resucitado y transformado en Salvador de toda la humanidad (Rom 1,1-4) “para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos” (Fil 2,10).
Tal su interpretación mítica-apoteósica acorde con la mentalidad helenista y romana que daba esos mismos títulos de kyrios, soter -señor y salvador- a sus dioses, reyes y emperadores que al morir eran endiosados.

 

Pablo llevó este mensaje cristiano con gran entusiasmo por medio de sus viajes misioneros (relatados en los Hechos cap. 13 y ss) en el Cercano Oriente, Grecia y finalmente Roma en medio de constantes persecuciones de sus ex colegas fariseos. Sus mismas cartas (especialmente a los judeo-cristianos de Galacia, Gal 2), y los Hechos de los Apóstoles (cap. 15) relatan la inevitable lucha entre el cristianismo de raigambre judía y esta novedad helenista, con componentes de la Gnosis y de los cultos mistéricos.
A partir de conflictos y de necesidades pastorales, Pablo redacta muchas cartas a las comunidades, algunas de ellas perdidas, y que constituyen los primeros documentos escritos del cristianismo, veinte años antes del primer evangelio de Marcos.

Tras el martirio de Pablo en Roma (hacia el 60) y debido a la sublevación judía del 66, el pensamiento paulino y sus cartas permanecieron casi en el olvido por unos diez años, pues todos los cristianos  estaban expectantes de lo que pasaba en Palestina y seguían los lineamientos de la Iglesia de Jerusalén, esperando la llegada gloriosa de Jesús y del Reino.
Pero tras el desastre del año 70, destruida la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén que ya había perdido a Santiago, figura clave del mesianismo tradicional (ejecutado hacia el 62 por orden de los Sumos Sacerdotes saduceos), los cristianos comprendieron que la vía mesiánica tradicional no era la conveniente para enfrentar los nuevos tiempos, porque Roma sería tan implacable con el mesianismo cristiano como lo había sido con el zelotismo judío.
A partir de entonces, el discurso de Pablo se populariza en la Iglesia, incide en los textos de los evangelios y queda en definitiva como la nueva síntesis de la fe cristiana judeo-greco-romana.

El mensaje de Pablo, por lo tanto, le abrió a la Iglesia un nuevo frente de expansión, de crecimiento, de espiritualismo y sobre todo de universalidad, liberada de sus lazos con el judaísmo y con el cristianismo mesiánico-davídico. Ese fue su gran aporte positivo.

Pero el riesgo fue la excesiva divinización y mitificación de Jesús, cuya humanidad quedaba reducida a su mínima expresión, más otros conceptos dualistas tanto en él como en sus discípulos.
En el aspecto social y político, el pensamiento de Pablo, ciudadano romano, fue conservador, aceptando y obedeciendo sin más el orden imperial estoico, cuyo poder absoluto declara investido por Dios (Rom 13, 1-7) .

“Sométanse a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que quien se rebela contra la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán a sí mismos la condenación… Por lo tanto, es necesario someterse, no sólo por temor al castigo, sino en conciencia…”
No hace falta recordar que este texto fue lamentablemente utilizado por cuanto poder absolutista, dictatorial y antidemocrático existió en Occidente.


  1. Líneas del Mensaje interpretativo de Pablo

    El mensaje de Pablo, lo tenemos en sus cartas auténticas: Primera a Tesalonicenses, a los Filipenses, a los Gálatas, Primera y Segunda a Corintios, a los Romanos, a Filemón, escritas entre el 50 y el 58. Estas son sus ideas claves:

    a) Carácter universal de la salvaciónque no está atada a la raza judía, a la circuncisión ni a las prácticas judías y cumplimiento de la Torá, sino que llega a todos los seres humanos por medio del bautismo y la fe en Jesucristo muerto, resucitado y salvador (a este tema se refiere la carta a los gálatas, especialmente Gal. 3,25-9). La circuncisión y la ley judía quedan excluidas. Las suplanta la fe, como adhesión total a Jesucristo, y su expresión, el bautismo.

    Jesús murió para la salvación de toda la humanidad, reparando el pecado de Adán y ese es el sentido redentor de su muerte (Rom 5,12-21 y Rom 8). (A ese pecado de Adán, posteriormente San Agustín llamará pecado original)
    La muerte de Jesús (un escándalo para los griegos y un fracaso para el mesianismo tradicional) es interpretada por Pablo de varias maneras: como paso transformador hacia la vida (concepto mistérico), como rescate y expiación (siguiendo a Isaías), pero también simbólicamente como muerte al pecado y al hombre viejo de la Ley.
    Fue, en todos los casos, un acto de amor de Cristo por la humanidad y un gesto de obediencia al Padre, quien por ese gesto otorgó la salvación a toda la humanidad pecadora, presente en Cristo.

    Por lo tanto, los cristianos son el nuevo y verdadero pueblo de Dios, heredero de las promesas de Abraham (Gal 3,25-29)
    El lector, conocedor de la historia del antiguo testamento, puede tomar conciencia por sí mismo de la fundamental innovación de Pablo, acusado de traidor por el resto del judaísmo.

    b) Por lo tanto, sólo salva al hombre la fe en Jesucristo, don gratuito de Dios; no los méritos personales por las buenas obras y el  cumplimiento de la Ley, como enseñaban los fariseos (punto importante que será confrontado por la Carta de Santiago 2, 14-26 y retomado por la Reforma en el siglo XVI).

    c) En consecuencia, reconciliación y unidad de judíos y paganos sin excepción para formar un solo pueblo, el hombre nuevo; o sea, una nueva humanidad (Rom. 5,10-11; 2 Cor 5,18-19; Ef 2,14-16). Igualdad de todos ante Dios, pues “ya no hay judío ni griego, esclavo ni amo, hombre o mujer, sino que todos son uno en Cristo” (Gal 3,28).
    Es el concepto más revolucionario de Pablo, concepto que, lamentablemente sólo será aplicado en un plano espiritual y como libertad frente a la ley judía, sin sus derivaciones sociales y políticas.

    d) El pecado es una fuerza que oprime a todos lo hombres, judíos y paganos por igual (Rom 1-4), y los esclaviza a los vicios y pasiones (que Pablo expresa como vivir según “la carne”).
    La fe libera al hombre de esta opresión interior y lo hace libre para vivir “en el espíritu” (tema central de la carta a Romanos y Gálatas)
    También recurre a algunas categorías gnósticas relativas al pecado original de Adán y a la salvación universal del hombre, y al enfrentamiento entre los espíritus dueños del cosmos (llamados potestades o poderes) con Dios y sus ángeles (1Cor 15,24-25; Rom 16,20; Ef 2,1-12).

    e) Se afirma la libertad del cristiano, hombre nuevo, respecto a las prescripciones caducas del Antiguo Testamento (la “Ley”).
    La conducta o ética cristiana emerge del mandato principal del amor, mandato interno que es expresión del Espíritu de Dios ( Gal. 4, 3-7; 5,1-15.22; 1Cor 12-13; 2Cor 3,6.17; Rom 5, 56; 7,1-6 y 8,1-4; 12, 9-21; 13,8-10) .
    También emerge como fruto de la nueva alianza por la sangre de Cristo y por la Eucaristía (1Cor 11,25) Por lo tanto, la Ley deja de ser algo apriorístico o externo al hombre, sino que surge del interior como respuesta libre de fe y de amor.

    f) El conjunto de los cristianos forma una comunidad (“ecclesía” en griego ) de los elegidos (“éccletoi”) o “santos” para ser el único Pueblo de Dios, en una unión mística con Cristo que se realiza en el Bautismo y por la praxis del amor (textos anteriores, Colosenses y Efesios).
    Una iglesia que es el pueblo de Dios (2 Cor 6,16-18), formado por sus hijos ( Gal 3,26; 4,6-7, Fil 2,14-17); su templo (1 Cor 3,16-17) y el Cuerpo de Cristo (1Cor 12,12-30)

    g) La convocatoria a todos los pueblos se realiza por medio de la predicación del evangelio o buena noticia de la muerte y resurrección de Jesucristo, y por la fuerza del Espíritu Santo (Rom 8,10-14; 1Cor 1,17).
    Esta es la misión de la Iglesia: anunciar a Cristo Resucitado y Salvador a todos los hombres. Cuando esto se lleve a cabo, entonces será el fin del mundo, como lo dice el mismo Marcos 13,10.

La Buena Noticia  o Evangelio no se refiere, pues, a las palabras y actos del Jesús histórico acerca del Reino, sino al anuncio que cada predicador hace del Cristo resucitado con la fuerza del Espíritu.
Mientras que Jesús anuncia el Reino de Dios, a partir de Pablo se anuncia a Cristo Resucitado como inicio, presencia y culminación del Reino. Por eso Pablo prácticamente no habla del Reino de Dios.

h) Las comunidades viven dentro de un espíritu fraterno y democrático, presididos por los ancianos (presbíteros y epíscopos o supervisores) elegidos por cada comunidad, y auxiliados por los predicadores, apóstoles o evangelizadores, doctores o catequistas, profetas y diáconos (1Cor 12)
Es el tema desarrollado por las Cartas Pastorales de discípulos de Pablo (Cartas a Timoteo y Tito).

i) El culto es organizado sobre la base hebrea del culto sinagogal (lectura y comentario de la Biblia), del bautismo y especialmente de la Eucaristía, con influencia clara de los cultos mistéricos.
Pablo adapta el culto al mundo helénico y presenta la fe en  Cristo desde categorías mistéricas, sobre todo en lo referente al Bautismo (Rom 6) y a la Eucaristía (1 Cor 10,14-22; 11, 17-34), ya que por medio de esos ritos el cristiano se une a Cristo y a su misterio de muerte al pecado y resurrección a una vida nueva.
Pero, al mismo tiempo, alerta sobre abusos y formas reñidas con la ética cristiana: sobre la  relación con prostitutas sagradas en 1Cor 6,12 y sig; sobre divisiones y separación de ricos y pobres en la cena eucarística, y pone coto a la libertad de las mujeres en el culto en 1Cor 11, algo que escandalizaba a los más conservadores.

De la misma manera, utiliza categorías mistéricas y gnósticas para aludir a la unión mística con Cristo y a la creación del “hombre nuevo”.
Esta sincresis de elementos bíblicos con aportes culturales paganos, caracterizará también al cristianismo europeo y al latinoamericano, dando origen a formas de religiosidad popular de diverso tipo. Baste pensar en las devociones a los santos (como el dragón de san Jorge) y en los símbolos de Navidad (el árbol y Papá Noel).

j) Los cristianos, mientras esperan la llegada del Cristo glorioso, deben comportarse como ciudadanos lealesdel imperio, obedeciendo a las autoridades romanas instituidas, “pues no hay autoridad que no provenga de Dios… De modo que quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino… Por tanto es preciso someterse, no por temor al castigo, sino en conciencia… Dad a cada uno lo que se le debe: a quien impuesto, impuestos, o tributo, respeto y honor” (Rom. 13,1-7)).

Al mismo tiempo, los esclavos deben someterse a sus amos, así como las mujeres a sus maridos y los hijos a sus padres (1Cor. 7,21-23; Col 3,22-23, Ef. 6,5-8). Aceptación, pues, del manual conservador cívico romano  y de su ideología estoica.
Por tanto, ausencia de todo fermento revolucionario y cambio social, y postura conservadora del orden monárquico de origen divino en textos que generarán muchas polémicas en siglos sucesivos.
En ellos, Pablo se hace eco de los postulados sociales y políticos de la época, y plenamente aceptados por todos.
Como también utiliza categorías monárquicas e imperiales para referirse al dominio de Cristo sobre el mundo (Fil 2,9-11; 1 Cor 15,24-28).
La libertad e igualdad (todos son hijos de Dios) que aparecen en otros textos se aplica sólo a la esfera interior y dentro de las relaciones de la comunidad cristiana.

k) El final de la historia llega con la inminente Parusía (“manifestación”) en la que Cristo vendrá con gloria divina para manifestarse como salvador, para aniquilar el poder de los demonios y entregar el Reino al Padre (1Cor 15,24-28). Entonces juzgará a todos los hombres según su conducta (tema casi exclusivo de las dos cartas a los Tesalonicenses). Los justos resucitarán para la vida eterna.

La resurrección de los cuerpos es, por tanto, un dato fundamental de la fe (1Cor 15, 12s) y réplica de la muerte y resurrección de Jesús que ya son incorporadas mediante el Bautismo y la Eucaristía (Rom 6, 3-11; 1Cor 10, 16-17; 11, 26-27).
El tiempo actual es, pues, un tiempo de espera  espiritual (“vigilancia”) y de cambio interior en el Espíritu.
El himno transcrito en la carta a los Filipenses 2,6-11 es una magnífica síntesis del proceso salvador de Jesucristo. Se trata de una salvación que “ya” se inicia ahora en la comunidad de fe, pero que “todavía” no es completa, pues se realiza en forma definitiva en la Parusía cuando se instaure el poder absoluto de Dios por medio de su Hijo Jesucristo.

En síntesis: para Pablo, lo importante no es el Jesús de la historia, sino “el Cristo” resucitado trans-histórico y mítico, instituido como Hijo de Dios, fuente de toda salvación para toda la humanidad. Con Pablo, por tanto, el cristianismo adquiere la forma de una nueva religión de características sincréticas, lo que le atraerá las iras de los judíos ortodoxos y de los judeocristianos.


B- EL MENSAJE  DE JESÚS  EN LOS EVANGELIOS Y HECHOS


1.
 En los sinópticos Mc, Mt y Lc. y en Hechos de los Apóstoles
Los evangelistas (escritores anónimos, identificados hacia el siglo IV con algunos apóstoles y discípulos de Jesús) se levantan contra la interpretación excesivamente mítica de Pablo y a favor del Jesús histórico, mesías, profeta y maestro, culminación de la historia salvadora de Dios en medio de su pueblo. Al mismo tiempo, como ya dijimos, intentan despolitizar su figura y mensaje (al menos, desradicalizarlo) con lo que surgen unos escritos con muchas contradicciones y como un mosaico de diversas corrientes internas del cristianismo primitivo.
Como ya lo hemos apuntado, los evangelios sinópticos (similares) presentan un Jesús ambivalente, pues mientras espiritualizan muchos de sus mensajes, no dejan de reconocer el carácter subversivo de sus actos y palabras y abundantes rasgos de mesianismo tradicional.

En definitiva: los evangelios “ensamblan” al Jesús histórico con la realidad de sus comunidades judeocristianas o helenistas, ya alejadas de la realidad de la Palestina de Jesús.
No olvidemos que todos los evangelios fueron escritos después del desastre del año 70, siendo el primero el de Marcos (hacia el 71), luego el de Mateo y Lucas (que lo amplían hacia el 80-90). De esa misma época es el libro de los Hechos, atribuido también a Lucas.


Principales líneas interpretativas:

a) La historia humana se halla dividida en tres etapas: la de Israel, la de Jesús y la de la Iglesia.
La historia tiene un fin en la Parusía con el advenimiento total del Reino de Dios sobre el mundo. Por tanto, toda la historia tiene una tensión escatológica y un sentido desde la providencia salvadora de Dios (especialmente en Lc. 3 y en el esquema de los Hechos)

El Reino de Dios actúa “dentro de la historia”, y el sujeto transformador de esa historia es el mismo Dios y el Espíritu Santo dado por Jesucristo y su pueblo fiel. Por tanto, hay continuidad de toda la historia bíblica, que ahora encuentra su culminación en la obra del Jesús histórico.

b) Jesús fue un ser humano concreto (ya había quienes negaban su humanidad, como los gnósticos “docetas”), igual a todos los demás hombres, hijo de María y José, que vivió en Nazaret con su familia y sus hermanos (Mc 6,3-4), encarnado en la historia concreta de los hombres.

Mateo y Lucas presentan su concepción en María de forma virginal, subrayando simbólicamente que “el padre” del proyecto salvador es únicamente Dios.
Se describen rasgos de la personalidad de Jesús: compasivo, sensible, valiente, sencillo, amante de la naturaleza, fogoso, lleno de humanidad y grandeza de espíritu. Amado por el pueblo (Mt 21,10-11; Lc 7,16; Mc 1,27; Mt 9,33 y 13,54, etc.) y odiado por las autoridades.
Su valentía rayana en la temeridad se expresa especialmente en sus sufrimientos y muerte.

c) Fue enviado por Dios como profeta de los últimos tiempos (Lc 24,19; Hech 2,22 sig) como ya lo hemos explicado. Es, pues, “el hijo predilecto del Padre” (Mc 1, 11) con el que tiene una relación íntima, llamándolo simplemente “Abba” (papito) y con el que pasa horas en oración, tomando conciencia de que su misión es liberar a sus paisanos, especialmente a los humildes y desclasados.
Este concepto de Jesús como hijo de Dios, genérico en los sinópticos, más específico en Pablo y Juan, generará la polémica del siglo IV sobre la divinidad de Cristo.

d) Se presenta, pues, a Jesús en continuidad con la historia bíblico-judía, como culminación de la historia profética y de liberación de Dios, en un contexto netamente judío y yavista (como hombre piadoso, cumplidor de la ley pero sin legalismo, orante y respetuoso del templo).

Jesús lleva a su culminación la obra salvadora del Padre, que se inicia con el pueblo hebreo y se expandirá a todos los pueblos (ver los discursos de los Hechos: 2,14ss; 3,11ss; 7,2ss; 10,34ss; 13, 16ss). Cuando el evangelio sea llevado a todo el mundo, entonces llegará el final de la historia (Mc 13,10).

Esa salvación es realizada por hechos concretos (signos o milagros, Hech 2,22) de Jesús, pero también con su enseñanza como “maestro” o nuevo legislador, especialmente en Mateo que presenta a Jesús como nuevo Moisés enseñando desde la Montaña, el nuevo Sinaí (Mt 5).
Discursos varios, parábolas y proverbios son la expresión de su enseñanza.

  1. e) Jesús aparece también como el Mesías davídico y libertador de su pueblo. Este carácter tradicional de la fe bíblica aparece en numerosos textos que ya hemos examinado en el artículo anterior.
  2. f) Todos los hechos de la vida de Jesús, en particular su muerte y resurrección, son interpretados a la luz de los profetas, especialmente del déutero Isaías.
    Hay una clara línea apologética tendiente a mostrar a Jesús como la culminación de la historia salvadora tal como la anunciaron los profetas (Lc 24, 25-27), y como el “siervo de Dios” que se sacrifica y “da su vida” para que todos se salven, en consonancia con los Cánticos del Siervo de Yahvé de Isaías, especialmente del cuarto en Is 53: “Varón de dolores, que llevaba nuestras dolencias; azotado, herido y humillado por nuestras rebeldías y pecados… Yahvé descargó sobre él nuestra culpa. Fue oprimido y se humilló sin abrir la boca, como oveja llevada al matadero. Tras arresto y juicio fue arrancado de la tierra de los vivos, herido por los pecados de su pueblo...”  (Ver Mt 8,17; 11,4-5; 12,18-21; Hech 8,22-23)

-En Juan 1,29 Jesús es presentado como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, reflejo de Is 53,7-12.
Al mismo tiempo, la pasión y muerte son leídas como los sufrimientos propios del profeta íntegro y como martirio o testimonio extremo de quien es fiel a Yahvé.
El fracaso de su muerte, en total soledad y abandono, es el paso previo para la eclosión de su resurrección, elemento fundamental de la fe.
Esta resurrección (duplicada por Lc en la Ascensión) significa que Jesús está vivo y presente en la comunidad reunida por el amor y la solidaridad, y como tal es su pastor y conductor mediante la efusión del Espíritu Santo.
Las comidas fraternas (fracción del pan) y la eucaristía (memoria de la última cena) son signos de su presencia y de la fraternidad de los hermanos.

Ese Cristo Resucitado terminará su obra salvadora cuando llegue en su manifestación gloriosa (Parusía) dentro de poco como juez y salvador universal de las naciones.
Por lo tanto, la salvación se inicia en la vida de Jesús y halla eclosión en su muerte y resurrección, para finalizar en la Parusía. En Jesús todo es salvífico: su encarnación, vida, muerte, resurrección y parusía.

g) Jesús anuncia el Reino o soberanía de Dios (“malkuta”), como ya lo hemos desarrollado, sea por medio de parábolas (Mt 13,44-45; 13,3-9; Mc 4,26-29; Mt 13,24-50; Lc 15,3-32, etc.), sea en discursos directos,  no como un lugar o Estado, sino como una nueva estructura, interior y exterior, de amor, justicia y paz, especialmente orientado hacia los pobres, los hambrientos, los pecadores públicos e impuros sociales, las mujeres, los esclavos, enfermos y niños, los endemoniados (enfermos mentales), o sea, hacia las clases sociales más humildes y oprimidas.

Expresión de la llegada de ese Reino son sus signos o milagros, descritos en la respuesta que el mismo le da al Bautista (Lc 7,22-23) como una liberación total : “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados, los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia la Buena Noticia a los pobres”
Su “buena noticia” o evangelio se resume en el texto de Marcos 1,14: “Cambien de vida y crean en la buena noticia porque el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca…”.

Lo escandaloso de esta soberanía de Dios es que los privilegiados no son los sacerdotes ni los piadosos sinolos niños (sin derecho en el mundo hebreo) y la chusma sencilla e inculta, considerada por la sociedad como los “malditos” (Mc 2,15-17 y 3,7-12; Mt 11,25-26; Mt 18, 1-4; Mt 19, 14; Mt 21, 31-32; Lc 12, 32).
La síntesis se expresa en las bienaventuranzas (Lc 6,20-26) resumidas en la primera : “Felices los que ahora son pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios” (Lc. 6,20-23). El que busca el Reino de Dios debe desprenderse de la codicia y poner su confianza en la Providencia (Mt 6,24-34; 19,16-26; Lc 16, 1s; 12, 13-21). Ver otros detalles sobre el Reino en el capítulo anterior.

h) Jesús convoca a una comunidad escatológica de discípulos, familia del Reino de Dios, sus “hermanos y amigos”, (Mc 3,31-35) con la misión exclusiva de anunciar y preparar la inminente llegada del Reino (Mc 6,7-13)  Ver este tema en el capítulo anterior.

i) Queda suprimida toda autoridad ejercida desde el poder “como los jefes de las naciones”. Ver este tema en el capítulo anterior.

j) Hasta que llegue el final de los tiempos, los cristianos han de actuar “con la astucia de la serpiente y la sencillez de la paloma” (Mt 10,16 s.)
Se trata de acomodarse a la situación vigente del imperio romano, practicando el sermón del monte y el mandamiento fundamental del amor al prójimo, aún a los enemigos, tanto los romanos opresores  como  otros (Mt  5,17-48) Tal amor es la síntesis de toda la Ley  (Mt 22,34-40) y la forma de ser perfectos como el Padre (Mt 5,48)
Un amor acompañado del perdón y de la misericordia siempre y a todos los ofensores (Lc 15 con las clásicas parábolas de la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo;  Mt 18, 12-35).
Todo a ejemplo de Jesús que hizo el bien a todos, incluso con milagros, y que supo perdonar a los pecadores, aún a sus enemigos desde la cruz (Mt 9, 2-13, Lc 7,36-50 y 19,1-10; Lc 23, 34).

Al mismo tiempo, el cristiano debe asumir una ética interna, “desde el corazón” (sede de la conciencia entre los semitas) colocándose por encima del cumplimiento ritualista (el sábado) y exterior de la ley (Mc 2, 23-28 y 7,1-22).
Es la recta conciencia la que determina la bondad de los actos, con una clara propuesta para combatir el legalismo y la religión formalista de tipo fariseo y las prescripciones sobre la impureza de actos y objetos (Mc 2,18-28; 7,1-22; Mt 15, 10-20; 23, 13-32).
Nada hay de impuro en el hombre, salvo sus malas intenciones.
Entre tanto, como lo expresan varias parábolas (Mt 13,24-43; 25,14-30), hay que dejar crecer el buen trigo con la cizaña hasta que llegue el último día del Juicio de Dios. En ese día cada uno será juzgado de acuerdo a la ley del amor y de la solidaridad social (“tuve hambre y me dieron de comer…” de Mat. 25, 31 y s.)

Por lo demás, los cristianos deben aprender a convivir en las actuales estructuras sociales y políticas sin provocar las iras de Roma, especialmente con el pago del impuesto al emperador (no olvidar el síndrome de la destrucción de Jerusalén) y sin destruir el actual orden antes de tiempo, un tiempo que sólo queda en manos de Dios (Mt 17,24-27 y 22,13-21)

Posteriormente, el concepto de liberación de las clases humildes contra la oligarquía de los ricos (tema importante en Lucas y en la Carta de Santiago) y contra un orden político injusto (con sometimiento del pueblo y esclavitud) se irá reduciendo en la Iglesia para concretarse  en la creación de comunidades que viven el espíritu de igualdad, pero se va perdiendo toda fuerza transformadora de la sociedad como tal.

Al mismo tiempo, penetra rápidamente en la iglesia un sentido cada vez más espiritualista y menos politizado en la interpretación de Jesús (ya desde Mateo y más aún desde el evangelio de Juan, como desde  la lectura de las cartas de Pablo y discípulos, y cartas finales de Juan, Pedro y Judas). Igualmente el Reino de Dios se va espiritualizando y termina identificado con “el cielo” y el mundo espiritual.

Desde mitad del siglo II también penetra en la iglesia cierto legalismo moralista de tipo farisaico que irá creciendo con el tiempo, con elementos del estoicismo.

  1. K) El final de los tiempos y la culminación de la salvación de Jesucristose consuman en su Parusía o Segunda Venida gloriosa, cuando el Padre lo instituya como Juez universal (Numerosas parábolas y Mc 13,26, Mt 26,64, He 1,10-11)

  2. En el evangelio de Juan 

La espiritualización del mesianismo cristiano (y su oposición al judaísmo tradicional) se profundiza en los escritos de los discípulos de Pablo (cartas a los Colosenses, a los Efesios, a los Hebreos) y muy particularmente en el evangelio de Juan, que rompe con las ideas anteriores y presenta un Jesús totalmente a medida de una comunidad influenciada por la gnosis, o sea, como Dios preexistente que se encarna en el mundo como la palabra, la luz, la verdad y la vida, y como el Revelador de toda la nueva doctrina del Padre (Jn cap. 1, 3, 5, 9, 11 y 12).
Una revelación que llega aún a los samaritanos (Jn 4) pues Dios desde ahora debe ser adorado en espíritu y verdad desde el reconocimiento de la fe y desde un nuevo nacimiento en el Espíritu (Jn 3)

Es el Jesús que le dijo sin ambages a Pilato que “soy rey, pero mi reino no es de este mundo”, pues sólo “vine para dar testimonio de la Verdad” (Jn 18,26-37), o sea, de la nueva Palabra de Dios que exige aceptarlo como su enviado.

 

Juan también rompe con la escatología tradicional, y lejos de hablar de una segunda venida gloriosa de Cristo, dice que “ya” ahora ese Cristo glorioso está vivo en todo aquel que renace por el Espíritu que es enviado plenamente por el Padre a su ruego, enseguida después de su muerte (Jn 3,1-21 y cap. 14 a 17).
Juan, (al igual que Pablo) no habla del Reino de Dios, sino de la revelación plena de la verdad y vida de Dios, a la cual sólo se puede uno abrir reconociendo a Jesús como el Hijo vivo de Dios y su Palabra (Logos) verdadera y pan de vida (Jn 6 y 9).

Juan, testigo del anatema de la comunidad judía contra la cristiana hacia fines del siglo primero, enfatiza el enfrentamiento de Jesús contra los “judíos” (por ejemplo en Jn 3, 5, 7 al 10) que no lo aceptaban como Mesías ni como Hijo de Dios.
El Jesús del cuarto evangelio, majestático y Revelador de la palabra del Padre con largos discursos teológicos, que actúa casi exclusivamente en Jerusalén, es presentado finalmente como el Pastor que da su vida por su rebaño (Jn 10) y como amigo fiel hasta la muerte (Jn 15,12-14) que deja como testamento supremo el mandamiento de la unidad y del amor, y el don del Espíritu Santo (Jn del 13 al 17) que es entregado el mismo día de la resurrección (Jn 20,22)
El lenguaje de este evangelio, alejado de la sencillez de los sinópticos, es profundamente simbólico, como también están cargados de simbolismo los “signos” de Jesús (multiplicación del vino en Caná y de los panes, varias curaciones)  plenos de un mensaje novedoso: Jesús como Pan de vida (Jn 6), como vino nuevo (Jn 2), como Luz (Jn 9), como Agua de vida (Jn 7,37ss y Jn 5,1ss), como resurrección plena (Jn 11) De allí que exijan a los cristianos una preparación especial para leerlo.

En tanto, la comunidad de Jesús, Camino al Padre (Jn 14) es presentada como su rebaño (Jn 10) y viña (Jn 15), en total unidad con él y con el Padre (Jn 17), y viviendo un amor servicial como quien lava los pies a sus hermanos (Jn 13, 1ss)

 

A pesar de su tono espiritualista, el evangelio de Juan aporta interesantes datos del Jesús histórico, como la purificación del Templo el comienzo de la vida pública, la fecha de la última cena y otras citas que llaman la atención de los expertos bíblicos.


Síntesis y reflexiones finales

a) Quién fue Jesús
Sintetizando un tema de por sí espinoso y seguramente apto para muchas polémicas, según la ideología de cada intérprete de los textos evangélicos, teniendo en cuenta que los evangelios y otros escritos no son una biografía de Jesús y que es muy difícil descubrir palabras auténticas de Jesús y hechos objetivamente comprobables, creo sin embargo que podemos inferir algunas conclusiones muy cercanas a la realidad:
– en forma negativa podemos decir que es inconcebible un Jesús que no se ajuste a la mentalidad bíblica profética y judía de su época. Lo que no se ajusta, podemos considerarlo como agregado o reinterpretación posterior.

-y en forma positiva, que Jesús, consciente de que el Reino de Dios llegaría en corto plazo y en forma imprevista, se consideró a sí mismo  el profeta de los últimos tiempos, en la línea tradicional y profética, predicando el cambio necesario para que Israel pudiera recibir toda la fuerza del Reino soberano de Dios.
O sea, tuvo conciencia escatológica de que había llegado el tiempo nuevo de una intervención divina, aunque
él mismo no fuera el mesías esperado (tema muy discutido por los expertos bíblicos) sino el profeta anunciador de la buena noticia de un cambio total, convocando en primer lugar a Israel para una profunda conversión interior, social y política que incorporara a todos los excluidos a una nueva comunidad desde el amor compasivo y desde una justicia total.

 

Por lo tanto, Jesús desde una concepción teocrática pura de un gobierno directo de Dios con una comunidad democratizada, sin mediación sacerdotal o política, algo por lo demás obvio si esperaba un fin cercano de este mundo, consagró su vida al anuncio y a la actualización del Reino soberano de Dios que llegaba para liberar fundamentalmente a los pobres y oprimidos.

 

Su predicación resultaba de por sí absolutamente subversiva contra el orden social del momento, sostenido tanto por los saduceos y el alto clero, como por los romanos, sus aliados.
Jesús entendió que el objetivo primero era restaurar el auténtico culto a Dios, exigiendo al alto clero, doctores y dirigentes religiosos una sincera conversión para aceptar el Reino de un Dios con nuevo rostro, para lo cual necesitaba ir a Jerusalén, a pesar del miedo de los apóstoles (Mc 10,32), purificar el Templo (lo que hará con santa ira y violencia), o sea, liberar al culto de la manipulación de los sacerdotes que lucraban con él y con la fe ingenua de la gente (Mc 11,15-19).


Como el alto clero
no se animaba a atacar a Jesús en Galilea (sí lo hacía Herodes Antipas, Lc 13,31-33), dominada por los fariseos y su ala radicalizada de los zelotes, aprovechó la estadía de Jesús en Jerusalén, el tumulto provocado por su entrada mesiánica y el duro incidente del templo, para acusarlo ante Pilato  de sedicioso, revolucionario contra el orden existente  y pretender ser rey de los judíos (Mc 15,1-3).
Pilato, que ya debía estar suficientemente alertado (el mismo Jesús habla de una matanza de galileos en el templo en los días de su predicación, Lc 13,1-3) no dudó un momento y ejerció implacablemente la ley romana contra el delito de subversión: la muerte en la cruz tras un juicio sumario. El cartel puesto sobre la cruz indicaba claramente el motivo de su muerte: “Rey de los Judíos”, o sea, Mesías. Y para que el escarmiento fuera mayor, aprovechó la oportunidad para crucificar a otros dos zelotes (Mc 15,26-27)


  1. b) El nuevo perfil del cristianismo 

Debido a un largo proceso de reinterpretaciones desde un nuevo contexto cultural e histórico, la fe cristiana se fue adaptando a las nuevas circunstancias y comunidades que necesitaban leer sus propios problemas desde un Cristo presente al que había que reinterpretar constantemente.
Así surge primeramente el pensamiento de Pablo y de los evangelistas.

Problemas internos y de organización de las comunidades exigen, a su vez, una nueva lectura dada por las Cartas Pastorales (a Timoteo y Tito, hacia el año 110), profundizándose en el rol de los pastores.
Así, para la mitad del segundo siglo, el cristianismo está configurado como una nueva religión  “ecléctica” (suma de conceptos varios no suficientemente integrados) y conservadora, con algunos elementos judíos tradicionales (monoteísmo, la Biblia, los Mandamientos, etc.) y con importantes componentes gnósticos y neoplatónicos (estos últimos desde el siglo III) con su clásica oposición entre el mundo espiritual y el material al que se considera fruto de los demonios.
En consecuencia, penetra rápidamente en la iglesia un sentido cada vez más “sobrenaturalista” en la interpretación de Jesús.
El concepto de liberación de las clases humildes contra la oligarquía de los ricos y contra un orden político injusto (con sometimiento del pueblo y esclavitud) irá desapareciendo en una Iglesia que se abocará a la creación de numerosas comunidades cada vez más estructuradas, y que va perdiendo toda fuerza transformadora de la sociedad como tal.

Así, pues, la Iglesia se jerarquiza con estratos bien diferenciados (clero y laicado) que con el correr de los siglos terminarán por someter al pueblo cristiano al poder casi absoluto de los obispos, en un principio simples supervisores de la comunidad, y éstos al Papa (en Europa occidental)

Igualmente el Reino de Dios, perdida la esperanza en una pronta segunda venida de Jesucristo, se va sobre-naturalizando y termina identificado con “el cielo” y el mundo espiritual de después de la muerte. Desde mitad del siglo II también penetra en la iglesia cierto legalismo moralista de tipo farisaico que irá creciendo con el tiempo, con elementos del estoicismo (doctrina filosófica de estricta moralidad).
Cuando dos siglos y medio después de la muerte de Jesús, el imperio romano se haga cristiano y Constantino proclame que alcanzó la victoria sobre su rival Magencio “en el signo de la cruz” (in hoc signo vinces) que se le hubiera aparecido en una visión, Jesús y la cruz se transformaron en el signo de victoria y triunfo del imperio y de la iglesia, que ahora es su aliada y sostén ideológico.

Pero, ese nuevo cristianismo ¿tenía algo que ver con el mensaje original de Jesús de Nazaret?

 

El carácter imperial y triunfal de la Iglesia (presente en el imperio romano de Oriente hasta 1453) se acentúa en la Edad Media que llega a instituir hacia el año 1000 una teocracia sacerdotal en Europa (muy firme desde las luchas por la Investidura entre Papas y Emperadores), permaneciendo la Iglesia por largos siglos aliada con el feudalismo y con las monarquías absolutistas y colonialistas europeas, generalmente de espalda a las clases humildes y pobres, obligadas a aceptar por obediencia a Dios su desvalorizada situación.
Durante la Edad Moderna la Iglesia Católica (tras la separación de los protestantes reformados) se repliega aún más en el centralismo de Roma y en el papado, opuesta a todo intento de reforma religiosa o política, ésta a favor de la democracia.

Recién hacia finales del siglo XIX se despierta a un cristianismo social con la llamada “Doctrina Social de la Iglesia” (iniciada en 1891 con la Encíclica Rerum Novarum de León XIII) cuando ya el socialismo y el marxismo estaban liderando la liberación de las clases explotadas.
¡Habían pasado 19 siglos tras el mensaje liberador de Jesús!
El proceso de renovación cristiana continuó en el siglo XX (especialmente en la segunda mitad, siendo importantes  el Concilio Vaticano II y las grandes encíclicas sociales) y tuvo su gran despertar en América Latina y África con la “teología de la liberación” (¡la teología del Jesús histórico!), volviendo muchos cristianos a descubrir el verdadero rostro de Jesús, el aliado natural de los pobres y oprimidos, a los cuales lideró hasta las últimas consecuencias, y a sentirse como el pueblo de Dios, llamado a realizar la historia de la liberación a lo largo de los tiempos, especialmente desde la realidad de los pobres.

Pero la nueva cultura posmoderna pone de nuevo al cristianismo ante una aguda crisis de identidad y de misión en el mundo.

 

 

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