Desarrollo a Escala Humana. CEPAUR

Seminario sobre
DESARROLLO A ESCALA HUMANA

CEPAUR de Chile y representantes de Uruguay, Bolivia, Colombia,
Brasil, Canadá, México y Suecia. 1986.

CONCEPTOS-BÁSICOS

Objetivos del Desarrollo

En A. Latina los objetivos se concentran en
– la satisfacción de las necesidades humanas fundamentalmente y en – la superación de niveles crecientes de autodependencia (autonomía) y – en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con la autonomía, y de la sociedad civil con el Estado.

Necesidades humanas, autodependencia y articulaciones orgánicas son los 3 pilares que sustentan el desarrollo a escala humana.
Pero estos 3 elementos se deben construir sobre la base sólida del protagonismo real de las personas, como consecuencia de privilegiar tanto la diversidad como la autonomía de espacios en que el protagonismo sea realmente posible. Lograr la transformación de la persona-objeto en persona sujeto de desarrollo es un problema de escala; pero no hay protagonismo posible en sistemas organizados jerárquicamente desde arriba hacia abajo.

El desarrollo humano apunta hacia una necesaria profundización democrática, más directa y participativa que revierta el rol tradicionalmente paternalista del Estado latinoamericano, para ser un rol estimulador de soluciones creativas que emanen desde abajo hacia arriba y resulten, por lo tanto, más congruentes con las aspiraciones reales de las personas…

El desafío va más allá del tipo de Estado y se extiende hacia la capacidad de la propia Sociedad Civil para movilizar y adecuar un orden político representativo de los proyectos de los diversos y heterogéneos sujetos sociales. 
La pregunta candente, tanto para el Estado como para una sociedad y cultura democráticas, no es ya cómo contener la diversidad sino cómo respetarla y estimularla. Por eso, un desarrollo orientado a fortalecer los espacios locales, microorganizaciones y múltiples matrices culturales no puede eludir la tarea de consolidar prácticas y mecanismos que comuniquen, socialicen y rescaten las diversas identidades colectivas que conforman el cuerpo social.

De allí que sea necesario zanjar la creciente atomización de movimientos sociales, culturas y estrategias comunitarias. Articular esos movimientos, identidades, estrategias y demandas sociales en propuestas globales no es posible mediante la homogeneización que caracterizó a los populismos y nacionalismos. Requiere, por parte del Estado, nuevos mecanismos institucionales “capaces de conciliar participación con heterogeneidad”, formas más activas de representatividad y mayor receptividad en cada una de las instancias públicas.


Hábitos de los discursos del desarrollo.

Algunas conclusiones
1 Vivimos en una historia que desconoce la sub-historia que la hace posible. De allí que observamos todos los días las graves desarticulaciones que se dan entre las actuaciones de las cúpulas políticas y las aspiraciones e impulsos de los sectores populares… (la gente sobrevive no por los discursos de los héroes de turno sino por la sabiduría con que siembran maíz y que comparten en común…)

2 Vivimos modelos de sociedad que desconocen la complejidad creciente de la sociedad real en que estamos inmersos. Por eso observamos el quehacer febril y obsesionado de los tecnócratas que diseñan soluciones antes de haber identificado el ámbito real de los problemas (…se ve la realidad como un obstáculo y no como un desafío…)


3 Vivimos la importancia orientadora de nuestros conocimientos formales y adquiridos. Por eso vemos en tantos dirigentes un miedo patológico al protagonismo del pueblo y a la libertad. Por eso se diseñan programas para “concientizar” a la gente, porque por alguna extraña razón se supone que el que sufre no sabe por qué sufre, y al que le va mal no sabe qué es lo que lo aqueja.


4 Vivimos y trabajamos la construcción de un orden, sin entender lo que es ordenable ni lo que estamos ordenando. De allí el culto fetichista por la forma, como manera de ocultar el temor inconciente a las incertidumbres que encierra el fondo-.

Confundimos así la ley con la justicia y el reglamento con la eficiencia. Identificamos la generosidad con la limosna y la participación con la reivindicación concedida. Utilizamos las palabras sin respetar su contenido y acabamos construyendo caricaturas en vez de contextos coherentes en los cuales sustentar la construcción de nuestros proyectos de vida individuales y colectivos.
Por eso nuestra propuesta no es un modelo. Es una opción abierta que sólo se justifica en la medida en que se la asuma y entienda como construcción permanente.
Nada pretende ser una solución definitiva, porque entendemos que el ser humano y todo su entorno son componentes de un fluir permanente que no puede detenerse con teorías milenaristas (mesiánicas) ni menos con ocasionalismos.

Opciones que definen el Desarrollo

La opción más importante es definir si se trabajará con el supuesto de linealidad o con el  supuesto sistémico.
La lógica de la linealidad da origen a patrones de acumulación sin preocupación por el desarrollo de las personas. Su estrategia es establecer prioridades a partir de la pobreza de subsistencia con programas asistenciales, como un ataque a la pobreza entendida convencionalmente. Las “necesidades” son entendidas solamente como “carencias” y se actúa con satisfactores singulares. Con lo cual los pobres no dejan de ser pobres y aumenta su dependencia de satisfactores generados exógenamente ( desde afuera, por otros).

Pero si se opta por la lógica sistémica, la estrategia prioriza la generación de satisfactores endógenos y sinérgicos (múltiples). Las necesidades son entendidas, no solo como carencias, sino como “potencias” o potencialidades, lo que permite romper el círculo vicioso de la pobreza.
Por lo tanto, definir esta estrategia es clave y definitorio para establecer una estrategia de desarrollo.En el sistema lineal, el desarrollo consiste, en el mejor de los casos, en alcanzar los niveles materiales de vida y abundancia de recursos económicos de los países industrializados, para tener acceso a una gama variada y creciente de bienes, generalmente artefactos.

El desarrollo humano integral
no excluye por cierto las metas convencionales de crecimiento económico para que todos tengan acceso digno a bienes y servicios, pero concentra la meta del desarrollo “en el proceso mismo del desarrollo”.
O sea, que las necesidades humanas puedan comenzar a realizarse “desde el comienzo y durante todo el proceso del desarrollo”; es decir, la satisfacción de las necesidades no es la meta sino el motor del desarrollo mismo. Lo que se logra solamente con una estrategia capaz de estimular permanentemente la satisfacción de satisfactores sinérgicos


Hacia un desarrollo autodependiente (endógeno)


Es fundamental romper las relaciones de dependencia económica, financiera, política, tecnológica y cultural de países o grupos de poder, generando en cambio capacidad de decidir cada país o región sobre su destino y sistema de vida (por qué consumir tanto… por qué endeudarse para ello, por qué usar tal o cual técnica o metodología importada…)
Romper con esas pautas de dependencia hace posible, al mismo tiempo, un uso más eficiente de los recursos propios.El sistema no solo exige dependencia sino verdadera dominación que frustra y anula todo intento de satisfacción de las necesidades.

La única solución es la autodependencia, con inter-dependencia horizontal ( con otros grupos, regiones y culturas), y nunca como un aislamiento.
Una interdependencia sin relaciones autoritarias ni condicionamientos unidireccionales, capaz de generar crecimiento económico con justicia social, libertad y desarrollo personal.
La entendemos como un proceso capaz de fomentar la participación en las decisiones, la creatividad social, la autonomía política, la justa distribución de la riqueza y la tolerancia frente a la diversidad de identidades, lo que constituye un elemento decisivo en la articulación de los seres humanos con la naturaleza (ecología) y con la tecnología, de lo personal con lo social (desarrollo conjunto de todos), de lo micro con lo macro, de la autonomía con la planificación, y de la sociedad civil con el Estado.

De esta forma la autodependencia genera la propia identidad, la capacidad creativa, la autoestima y la demanda de mayores espacios de libertad. En lo social, refuerza la capacidad para subsistir, la protección frente a las presiones externas (culturales, etc), la identidad cultural y la conquista de mayores espacios de libertad colectiva.
Por lo tanto, estimular la autodependencia (autonomía)en los diversos niveles: individual, grupal, local, regional y nacional.

Las relaciones de dependencia van de arriba hacia abajo, o sea, de lo macro hacia lo micro, de lo internacional a lo nacional, de lo nacional centralizado a lo regional y local. La autodependencia genera en cambio relaciones de abajo hacia arriba, estimulando la autonomía regional y local.
Por lo tanto, con procesos menos burocráticos, más democratizasdos y más eficientes, combinando crecimiento personal y desarrollo social.
Son estos espacios (grupales, comunitarios y locales) los que poseen una dimensión más nítida de escala humana, es decir, donde lo social no anula al individuo sino que, por el contrario, lo individual puede potenciar lo social. Son espacios para generar satisfactores sinérgicos.


Al mismo tiempo, no basta la acción espontánea de grupos o individuos aislados, si no es potenciada con la planificación y la estrategia política. Es necesaria una planificación global para y por las autonomías locales, capaz de movilizar a los grupos y comunidades ya organizadas, a fin de que puedan cambiar sus estrategias de supervivencia por opciones de vida, y sus opciones de vida por proyectos políticos y sociales orgánicamente articulados a lo largo del espacio regional y nacional.


Finalmente, hace falta cambios estructurales en la relación entre sociedad civil y Estado, generando,mayor autonomía y respeto a las identidades locales. Lo que implica conciencia política crítica y participación de múltiples actores sociales. Hay que romper, pues, el esquema piramidal político que impide, al mismo tiempo, una justa distribución de los recursos.

Dos extremos
a evitar: pretender desarrollo integral prescindiendo del Estado ( municipal, provincial, nacional), lo que es un irrealismo; o reducir todo a un Estado macrocefálico que vicia todo el proceso desde el comienzo.
Por lo tanto, el desarrollo no es el fruto de una clase o elite dominante ni de un proyecto político único en manos del Estado o de un partido político, sino el producto de la diversidad de proyectos individuales y colectivos capaces de potenciarse entre sí.
Para ello el Estado (municipal, en primer lugar) debe abrir espacios de participación, promoviendo la fuerza multiplicadora de las organizaciones sociales, allí donde las personas se juegan la primera y última instancia en la satisfacción de sus necesidades.

Si bien las organizaciones sociales no son la panacea universal para el desarrollo humano, suelen constituir su mejor motor, ofreciendo en cambio un embrión para el desarrollo. Una de sus amenazas es la cooptación por parte del Estado o de algún partido u otras instituciones que operan con la lógica del poder acumulativo y que utilizan a las organizaciones para sus fines propios, sobornándolas a menudo con subsidios especiales.

Sobre recursos

Un elemento fundamental es la generación de recursos y la mayor autonomía de las comunidades. Una política de recursos para el desarrollo local, descentralizadora y participativa, y “desde” las organizaciones locales constituye la piedra angular para una transformación estructural de abajo hacia arriba. Es importante superar el concepto tradicional y unívoco de recurso, como si solamente fuera el capital (dinero). Veamos otros recursos no convencionales y de vital importancia.

El trabajo
es fundamental porque propicia la creatividad, moviliza energías sociales, preserva la identidad de la comunidad, despliega la solidaridad, y utiliza la experiencia organizacional y el saber popular para satisfacer necesidades individuales y sociales. El trabajo, así entendido, más que un recurso es un movilizador de recursos.

Entre los recursos no convencionales citamos:
– La conciencia social y política– La cultura organizativa y la capacidad de gestión
– La creatividad popular
-La energía solidaria y la capacidad de ayuda mutua
-El entrenamiento que ofrecen algunas instituciones de apoyo y capacitación
– La capacidad de dedicación y entrega de los agentes internos y externos.

Es preciso distinguir
la particularidad de los recursos convencionales de los no convencionales.

– Mientras que los convencionales (dinero) se agotan en la medida en que se usan, los segundos se pierden sólo cuando no se usan (ejemplo, la solidaridad crece a medida que más se ejerce…lo mismo el conocimiento y la capacitación…)
– Los recursos no convencionales potencian un desarrollo que va más allá de lo puramente acumulativo, ya que se funda en el saber práctico generado por la propia comunidad. Esta acumulación de saber y conocimientos amplía a su vez la potencialidad de los propios recursos, como, la capacidad organizativa, la generación de nuevas conductas y el intercambio comunitario.

Finalmente, es curioso constatar que mientras los recursos económicos escasean, por lo general, los no convencionales abundan, aunque no siempre son racionalmente utilizados y apreciados. Los no convencionales tienen la enorme capacidad de conservar y transformar la energía social para procesos de transformación profunda. Al mismo tiempo, los no convencionales permiten una correcta utilización de los convencionales.

Todo lo cual indica que el principal recurso del desarrollo integral es la capacidad del ser humano que moviliza s sensibilidad, imaginación, voluntad y talento intelectual en un gran esfuerzo que se extiende desde el desarrollo individual al social, generando una conciencia integradora que va de lo individual a lo colectivo o social.
Estos recursos no convencionales son muy importantes en la medida en que se encuentran enraizados ya en las comunidades y almacenados en la tradición cultural e histórica de cada pueblo o región. Son las comunidades las que pueden maximizar y viabilizar el uso de ellos, pues tales recursos les son inherentes.
De modo que “el potenciamiento de los recursos no convencionales implica también el potenciamiento de la participación comunitaria, de la sociedad civil frente al Estado y de la autodependencia frente a la dependencia externa”.


Otros recursos
no convencionales tienen que ver con la cultura e historia de cada región, como sus redes sociales, la memoria colectiva, la identidad cultural y la visión que se tiene del mundo y de la vida (conjunto de valores). Por ello, una política de desarrollo humano pasa necesariamente por una política de activación de los recursos no convencionales. Lo que implica:

– Identificar y aprovechar las coyunturas históricas favorables a fin de multiplicar las iniciativas que la sociedad civil forja para administrar los recursos disponibles en una dirección renovada.
– Identificar y ampliar los espacios sociales que albergan mayor potencial en materia de recursos no convencionales..
– Identificar y estimular los actores sociales capaces de utilizar esos recursos en función de cambios estructurales hacia un Desarrollo Humano Integral.


Todo lo cual nos lleva a la importancia del recurso de la capacitación y asistencia técnica a los pequeños productores urbanos y rurales, privilegiando a las organizaciones sociales que son capaces de decidir y dirigir sus proyectos por sí mismos, de manera colectiva y solidaria.

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