Madurez religiosa: ética, moral y autoridad. La religión hoy..? S Benetti

Exigencias Éticas o Morales

 

El elemento clave de la relación entre lo religioso y la vida está en el carácter totalizador que tiene la experiencia religiosa. Por su propia naturaleza la religión se dirige a todo el hombre e impregna también por tanto todo el actuar del hombre religioso. Esto explica que cada religión comparte un código de normas por los que se han de regir los fieles en su actuar.

La ética expresa el mito y el rito en la vida cotidiana. Comparada con las otras expresiones de lo religioso, la ética constituye una manifestación cotidiana del hombre religioso, incluso con normas hoy muy cuestionadas.

En todas las religiones las normas éticas o morales son proclamadas por la divinidad en diversos mitos que establecen así normas de conducta que deben ser acatadas sin discusión ni cambio alguno. Son las normas del Origen divino y, por tanto, absolutas.

La epifanía del Sinaí

Conocemos el gran relato mítico que dio origen a los Diez Mandamientos en un clima de grandiosidad cósmica y temor: Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta… porque el Señor había bajado a ella en el fuego… (Ex 19,16-19)

Entonces Dios pronunció estas palabras: Yo soy el Señor, tu Dios…. No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ninguna escultura y ninguna imagen… No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos…. No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. Acuérdate del día sábado para santificarlo…Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo ni la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa.  (Ex 20, 1-17).

Como vemos, en general son nomas muy concretas, generalmente en forma negativa, que van acompañadas con premios y castigos en un clima de temor. El Decálogo es el resumen mínimo de un extenso código que se irá desarrollando a lo largo de los siglos. Aparece como un código heterónomo, o sea, desde fuera y desde arriba, sin la más mínima participación de la comunidad en su elaboración. Tampoco Dios participa mucho, pues son las instituciones jerárquicas quienes redactan las leyes que luego son atribuidas a Dios.

Otro ejemplo de normas negativas también lo vemos en el famoso Libro de los Muertos del antiguo Egipto, cuando el difunto ante los dioses expresa: No he cometido inequidades, no he tratado con violencia a ningún hombre, no he cometido robos, no he matado hombres ni mujeres, no he actuado engañosamente,  no he jurado falsamente, no he atacado a nadie, no me he dejado llevar por la cólera por ninguna razón, no he violado la mujer de un hombre, no he pecado contra la pureza, no he actuado con violencia, etc

Como vemos, son las mismas normas morales que las del Decálogo y de tantas otras culturas.

El nuevo código para una ética interior

Con un escenario simbólico similar, la montaña, Mateo en el cap. 5 de su evangelio presenta el nuevo código o itinerario de Jesús, quien como buen judío practicante, retoma el antiguo pero procura interiorizarlo y perfeccionarlo, pues Mateo refleja el sentir de la comunidad judeo-cristiana: Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y… comenzó a enseñarles, diciendo:

Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia… los afligidos, porque serán consolados…  los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados… los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios… los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios… los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos…

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? … Ustedes son la luz del mundo… Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar plenitud

Se dijo a los antepasados: “No matarás”… Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano o lo insulta, merece ser condenado por un tribunal… Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda…

Se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra… Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero yo digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos…Se dijo: “No cometerás adulterio”. Yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón…

También se dijo: “El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio”. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de adulterio, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Se dijo: “No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor”. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo… ni por la tierra… Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no… Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Jesús relaciona todos los postulados de esta nueva sabiduría ética con el Reino de Dios, al que se accede mediante su cumplimiento, por eso las Bienaventuranzas (tan dejadas de lado por las Iglesias…) son en positivo el nuevo Decálogo que conduce a la felicidad, al gozo y a la alegría, algo que en la ética cristiana y en la educación moral casi se ha perdido totalmente… Nada más tedioso, formal y carente de alegría que las famosas clases de moral cristiana que recibimos desde la infancia. Siempre a la sombra del Dios terrorífico del Sinaí. ¡Qué pena!

Dejo al lector la reflexión de todos estos párrafos evangélicos (algunos de Jesús y otros, ciertamente de la comunidad de Mateo): sólo pongo la  atención en que se trata de indicaciones para la felicidad y desde un importante llamado a la interioridad de la ética: ser sal y luz, dos importantes símbolos que hablan del corazón del creyente, de donde se originan sus actitudes.

Hay también un fuerte llamado a una mayor exigencia de no contentarse con cumplir la norma externa y mínima (no matar, no cometer adulterio, no divorciarse, no jurar, etc.) sino de buscar el espíritu de la norma y su expresión máxima, algo que en esta posmodernidad brilla por su ausencia, como así también en tantos catecismos.

Lo mismo dígase del mandato de amor al prójimo (el de la misma fe o raza) que se extiende aún a los enemigos; mandato que no se contenta con “no matar” sino que baja a detalles de mayor delicadeza en el trato y mejor convivencia.

El final del discurso es una guía de la utopía que estamos buscando: perfeccionarnos hasta el infinito, hasta identificarnos con la divinidad… “perfectos como el Padre”… la utopía de la ética cristiana. Ojalá podamos, al menos, ser personas de buenos sentimientos… y mínimamente felices…

Por supuesto que, tanto el Decálogo como la normativa de Jesús pueden dar pie a muchos juicios críticos y a una mayor maduración, al menos desde nuestra cultura y mentalidad. El mismo Jesús (o Mateo) alude a discusiones y tendencias más rigoristas o más permisivas que existían dentro del judaísmo, por ejemplo, respecto al divorcio. Y es evidente que, así como no hay religiones perfectas, tampoco hay una ética religiosa perfecta; existiendo, como ya lo estamos viendo, distintos puntos de vista para configurar un perfil del devoto, fiel o discípulo ideal.

Un itinerario ético hindú

Veamos el itinerario del hinduismo, según su principal libro sagrado, el Bahagavad Guita:

Dijo el Bendito Señor: El que no envidia a nadie, el que es amigo y compasivo con todos, el que no es posesivo ni egoísta, el que simpatiza con todos en el placer y en el dolor, el clemente, el siempre contento, el contemplativo, el que se controla, el que tiene firme convicción y Me ha dedicado su intelecto y su mente, ese devoto mío Me es muy querido. Aquel que no perturba al mundo y a quien el mundo no puede perturbar, que está libre del placer, de la envidia, del miedo y de la ansiedad, es Mi querido.

El que es independiente, puro, tranquilo y que renuncia a toda ambición, es Mi querido…

El que es igual con el amigo y con el enemigo, en el honor y en el deshonor, en la alegría y en la tristeza, en la alabanza y en la censura; que es desapegado y silencioso, que está satisfecho con cualquier cosa, que no tiene hogar pero es de mente firme, es Mi querido. Aquellos que practican con fe esta religión inmortal y me consideran como la Meta Suprema, son Mis queridos.

No dejo de sorprenderme ante las grandes semejanzas de dos escritos llenos de espiritualidad: uno nos propone ser perfectos como el Padre, y el otro considera a Dios como la meta suprema. Uno relaciona al discípulo practicante con Dios que reina en su corazón, y el otro con el Dios que ama a su devoto.  Ojalá el lector haga suyo el espíritu de este itinerario humano.

Observamos, además, cómo en ambos idearios casi no hay normas morales ni prohibiciones, sino actitudes positivas de vida espiritual.

Un código aborigen de América

Aún en culturas menos desarrolladas e incluso ágrafas, los códigos de conducta tienen su origen en la divinidad, como afirman los aborígenes guaraníes  en el inicio de un himno:

¡Oh nuestro Primer Padre! Fuiste tú quien concibió antes del principio las normas para nuestra conducta.

Son normas que bajan a detalles muy concretos de la vida aborigen, tratando de evitar sanciones y resolver buenamente los conflictos. Por ejemplo:

Aquel que se haya apoderado violentamente de una niña al lado del camino, recibirá azotes; de lo contrario, compensará a la víctima… El que haya hecho una herida cortante, dará compensación. El que haya robado será azotado, salvo que compense al dueño a fin de que vuelva a reinar la armonía entre ellos. Si la madre de tus hijos tiene relaciones a escondidas con otro, debes repudiarla prudentemente, sin maltratarla. Pero si no quieres repudiarla, debes aconsejarla oportunamente de buena forma…

Sentido de la ética religiosa

La ética no es, como puede a veces pensarse erróneamente, un conjunto positivo o negativo legalista de normas sino un impulso que vertebra o da unidad y sentido a toda la conducta humana. A través de la ética la vida entera en su cotidianidad y en sus momentos más fuertes, en su sencillez y a la vez en su entramado se hace manifestación de lo religioso. Cuando una persona o grupo reflejan en su vida sus valores espirituales, se convierten en una llamada para toda la sociedad que recibe así su influjo y que asume por imitación,  alguno  de sus valores. Es lo que Jesús quería expresar al decir “ustedes son la sal de la tierra”.

Podemos conceptualizar a la ética como la forma de actuar de una determinada manera, su modo de encarar la vida, sus criterios de vida. Para el hombre religioso la ética es ciertamente una forma de expresión de su experiencia religiosa. Por estos mismos motivos, nada “escandaliza” más al pueblo y nada aleja más a la gente de la religión que el no cumplimiento por parte de los dirigentes religiosos de las normas que ellos mismos predican.

La ética es la coherencia entre lo pensado, dicho y predicado… con lo practicado en la realidad. Hablamos de ética, no de listado de normas que se imponen. Las religiones han abusado del principio de autoridad al imponer normas “porque sí” y sin mayores fundamentos racionales.

El hombre moderno ya no acepta el criterio de autoridad para las normativas éticas y morales. Se necesitan razones, y nadie tiene más razón que otro por estar investido de autoridad. Los seres humanos actuales tenemos el derecho a buscar y elegir nuestro propio código de ética. Es la tarea de toda la comunidad organizada, del Parlamento y demás instituciones educativas. Es el fruto de la autonomía, libertad e igualdad de todos los seres humanos, y fundamento de todos sus Derechos Humanos.

No es un secreto, según encuestas realizadas, que la mayoría de los católicos, no practica la normativa oficial de la Iglesia, especialmente en las cuestiones sexuales, control de nacimientos, etc. Ni qué decir los adolescentes y jóvenes, casi totalmente desprovistos de formación ética, tanto de parte de las escuelas como de la Iglesia. Algo habrá que hacer al respecto, pero por ahora todos miran hacia otro lado.

La formación ética debiera acompañar un proceso en el que las distintas comunidades (de niños, jóvenes, adultos) discutan las formas de convivencia y elijan con libertad interior aquellas conductas conducentes a una salud integral y a un equilibrio emocional, sin descuidar los enunciados de los derechos humanos que hoy constituyen, al menos, un buen punto de partida. Como psicólogo y educador creo que este terreno es prácticamente virgen, pues hasta ahora la formación ética o moral consistía en recitar las normas vigentes, a veces fortalecidas con argumentos filosóficos o abstractos, y aprenderlas para el examen escolar. Los resultados están a la vista.

Los sentimientos, base motivacional de la ética

Sólo me gustaría aclarar que cuando hoy hablamos de ética o formación de la conciencia, lo primero que tenemos que hacer es desarrollar  los sentimientos que están en su base, algo nuevo por cierto en educación.

Por lo tanto, mi sugerencia es que debemos colaborar para que se formen los niños y adolescentes con “buenos y sanos sentimientos”, con “sentimientos positivos” que, por supuesto, motivan a buenas acciones. Sin desarrollo de la afectividad y de los nobles sentimientos sociales, la ética se reduce a un abstracto palabrerío. El que tiene sentimientos positivos, busca naturalmente volcarlos y expresarlos en actitudes y actos positivos y sanos hacía sí mismo y hacia los otros. Obviamente los buenos, sanos y positivos sentimientos (cordialidad, amor, ternura, solidaridad, respeto, alegría) se traducen en una etapa más elaborada y racional en lo que llamamos “valores”.

Pero pretender hacer educación ética comenzando por los valores (concepto abstracto) y las normas, sin motivar desde los buenos y sanos sentimientos es, sencillamente, poner los caballos detrás del carro. Porque lo que mueve, o sea, motiva al carro del actuar humano son los sentimientos, positivos o negativos. Y sin motivación, sin motor ni motivo, la voluntad no se mueve. Demás está decir que los sanos sentimientos nacen y se desarrollan en las comunidades (familia, escuela, etc.) donde se los vive diariamente. Los sentimientos no se enseñan… se viven.

  1. 4.      Organización Institucional: ¿poder o servicio?

Todas las religiones al estructurarse socialmente requieren cierto tipo de organización, plantearse objetivos, establecer estrategias de acción, órganos de difusión y control, etc. como cualquier otra institución. No hay un solo modelo religioso de organización y conducción, variando desde formas más espontáneas, democráticas y menos dirigistas, hasta Iglesias y religiones que mantienen el mismo sistema monárquico y autoritario de hace siglos cuando se configuraron, pues hay un paralelismo entre la estructura social y política de una sociedad con la imagen de Dios como gobernante supremo, de tal manera que ambas instancias (la política y la religiosa) se alimentan mutuamente.

Ciñéndome al caso cristiano, este paralelismo, típico del Antiguo Testamento y de todas las religiones de esas épocas, fue roto drásticamente por Jesús, quien al detectar entre sus discípulos evidentes ambiciones de poder para instalarse en el Reino de Dios, con gestos elocuentes y con un duro discurso, cambió el esquema de la autoridad como Poder para transformarlo en esquema de Servicio a la comunidad. Pero posteriormente, las circunstancias históricas pudieron más que sus gestos y palabras.

Un símbolo resistido

Según el evangelista Juan, en la última cena, en forma imprevista y ante la reacción adversa de Pedro (todo un símbolo pues sería cabeza de la primera comunidad) lavó los pies a los apóstoles, un oficio de los esclavos, para decirles después: ¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo esto,  lo practican (Jn 13, 12-17)

Una nueva bienaventuranza: la felicidad de una comunidad, de la Iglesia, radica en la actitud servicial de los “dirigentes” que no deben dirigir sino “servir” a la “patrona” o “señora” que es la propia comunidad, los hermanos, la gente…

Cuando veo tantos momentos de infelicidad en Occidente y en las iglesias cristianas, tantas divisiones, excomuniones, condenas, grupos y sectas que luchan entre sí, guerras y odios… vienen a mi mente aquella simple fórmula para que la sociedad y la Iglesia en particular vivieran con felicidad: serán felices si, sabiendo esto, lo practican… ¿Qué es “esto”?: la actitud servicial de los dirigentes religiosos.

Dos modelos de autoridad

Los otros evangelistas, al unísono, fueron más explícitos aún. Así Marcos, el primero de ellos, relata esta cruda escena: Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir». El les respondió: «¿Qué quieren que haga por ustedes?». Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria». Jesús le dijo: «No saben lo que piden… Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud» (Mc 10,41-45)

La oposición de los dos modelos es clara y sirve también para el marco de las democracias: hay gobernantes que “dominan a las naciones como si fueran sus dueños”, haciendo sentir el peso de su autoridad y avaricia… (omito tantos ejemplos actuales…) y hay un nuevo concepto, radicalmente distinto y opuesto: “el que está arriba” que se abaje en un humilde servicio a “los que están abajo”. Jesús mismo se muestra coherente con su propuesta: está dispuesto a servir y a dar la vida por su pueblo.

No podemos olvidar otro texto que nos trae Mateo, texto que es como un baldazo de agua fría sobre tantos “egos”: Ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “directores”, porque sólo tienen un Director, el Cristo.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado»  (Mt 23, 8-12).

¿Cómo tendremos que llamarnos y tratarnos si ni gobernante, ni mon-señores, ni maestro ni padre ni director? Muy simple: hermanos… Es la coherencia con un mensaje que hemos recorrido en este andar por tantos símbolos: si Dios es nuestro Padre, nosotros somos sus hijos y entre nosotros, hermanos.

Es el esquema de la familia. ¿Y la madre?… Hay que encontrarla en los sentimientos de Dios y puede ser que algún día se refleje en algunas madres que sirvan a la comunidad cristiana desde roles de autoridad servicial, hoy exclusivos de los varones.

Un símbolo complicado: servir como esclavos

En síntesis: al querer construir el sistema organizativo y de conducción de la religión cristiana nos encontramos con un símbolo que no tuvo ni tiene buena prensa: servicio, tarea de siervos y esclavos.

Es un símbolo: expresa la humildad, austeridad y amor totales hacia nuestros iguales, los hermanos, a quienes los líderes deben entregarse sin buscar beneficios, ni prestigio, ni honores ni ascensos… como los “esclavos” cuyo único oficio es un servicio “gratuito”, sin recompensas. La vara que hay que saltar para acceder a los primeros puestos en la comunidad es bastante alta… y muchos son los descalificados…

Dejo al lector la tarea de sacar conclusiones de estos textos del “origen” que, de tan escuchados como una cantinela ritual, han perdido su fuerza revolucionaria.

Sólo deseo hacer algunas sugerencias para el nuevo sistema de conducción que propone Jesús: los dirigentes, además de ocuparse de ciertas cuestiones puramente institucionales, deberían aprender a acercarse a sus comunidades más como maestros del espíritu, como guías de un camino de espiritualidad, como consejeros que van “sugiriendo” caminos y estrategias para construir una comunidad más igualitaria e inclusiva, atendiendo especialmente a los más necesitados, sea material como psíquica y espiritualmente. Es un nuevo perfil de “pastor” que está atento y vigilante para prever los problemas y sugerir ciertas soluciones en conjunto con las personas o comunidad, suavemente, tiernamente, dejando siempre un espacio para la libre reflexión y decisión del sujeto o de la comunidad.

También estará atento a los cambios culturales que se suceden a un ritmo casi vertiginoso, a preguntas y dudas que surgen constantemente, abandonando una actitud que tanto daño hizo a la Iglesia: encerrarse a la defensiva, sentirse víctima y atacada por todo lo nuevo, por ideas nuevas, por propuestas distintas. Ahora, la humilde actitud de escuchar, no sólo con el oído, sino con el corazón, poniéndose en el lugar del otro.

El pasaje de una conducción autocrática e imperial a una democrática, sencilla y familiar, demandará mucho tiempo y paciencia; y sobre todo, formar dirigentes o líderes con este nuevo perfil: personas autónomas, audaces, positivas, creativas, afectivas. Mucho de todo esto está haciendo el Papa Francisco, que parece conocer el viejo dicho de su tocayo san Francisco de Sales: “se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”. Y  todavía hay mucha religión avinagrada…

Las religiones hoy

Me gustaría hacer unas reflexiones finales sobre el momento que viven hoy las religiones tradicionales que, en muchos casos, son cuestionadas como inútiles y fuera de época. Todavía hoy, a pesar de tantos malos pronósticos, millones de seres humanos de todas las culturas y latitudes se aferran a su comunidad religiosa. Y la propuesta de ciertos pensadores europeos de vivir la espiritualidad sin Dios, ni religión ni nada que se le parezca, es un reto casi imposible y hasta inhumano, al menos para millones de gentes humildes, simples, pobres y angustiadas que encuentran en sus comunidades religiosas, no sólo alivio y consuelo, sino en muchos casos un ancla de vida y protección, especialmente en los llamados países del tercer mundo.

Nadie puede predecir cuál será el futuro de las religiones, que tienden a mermar su influencia a medida que las sociedades llegan al mundo deseado de los conocimientos, de la industrialización, de las modernas tecnologías y de un standard de vida que resuelve con holgura sus necesidades básicas y otras no tan básicas, e incluso superfluas.

Pero creo que la humanidad siempre necesitará de organizaciones, cualquiera sean sus creencias y espiritualidad, que cubran un espacio vacío que cada día se agranda más y que tiene que ver con necesidades humanas que van mucho más allá de las satisfacciones que brinda la cultura posmoderna.

No es un misterio que hoy existe una sed existencial de viejos y nuevos valores que las nuevas generaciones buscan ansiosamente y casi individualmente donde pueden y cómo pueden: me refiero a los llamados valores del espíritu, que tienen que ver con la armonía con uno mismo y con esa paz interior desbordada por una ansiedad que se respira en el aire.

Ansiedad promovida por el mismo Estado que controla hasta las más personales intimidades y que exige, exige y exige en una carrera que no tiene respiro, trabajar, ganar, comprar, pagar, para volver a trabajar para ganar y poder comprar y pagar, siempre pagar desde el aire y el agua hasta los más complicados impuestos. Ansiedad asfixiante promovida por un sistema social y político que, lejos de proteger y promover a los ciudadanos, los oprime, agobia y enferma. Los síntomas están a la vista: no se duerme, salvo con pastilla; no se descansa (no hay tiempo), no se disfruta (las obligaciones abruman), se come a la rápida, se digiere mal, baja el deseo sexual, aparecen decenas de enfermedades psicosomáticas… la vida biológica en sus funciones elementales (dormir, descansar, alimentarse, cuidar el cuerpo, hacer el amor) se ha deteriorado abarcando a toda la escala etaria, desde niños a ancianos.

Si de lo biológico pasamos al nivel social, el panorama es desalentador: caídos los sistemas de control social (Estado, padres, iglesias, escuelas) las casas se van transformando en fortalezas contra la delincuencia, de día y de noche; una ola de conductas psicopáticas de crueldad inusual ha creado un clima de miedo y terror; más las organizaciones delictivas, tráfico y esclavitud de niños, niñas y mujeres, y tantos etcéteras que cubren diariamente los medios de comunicación… ¿Hace falta decir que esta sociedad va camino de perder el rumbo de la convivencia humana por falta de valores éticos y espirituales? No deseo extenderme más sobre las nubes negras de la sociedad posmoderna; sólo quise poner algunos ejemplos, la mayoría surgidos de mi actividad profesional.

Pero no podemos olvidar que aún hoy la mayoría de la población mundial vive en el desamparo y la indigencia, si tenemos en cuenta los datos estadísticos de los informes de Naciones Unidas del 2013 que nos dicen que :

  • 2.800 millones de personas, casi la mitad de la población mundial (6.800 millones), viven en pobreza
  • Más de 1.000 millones de seres humanos viven con menos de un dólar al día
  • El 20% de la población mundial, los más ricos, acapara el 90% de las riquezas
  • 840 millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos; más que la población de EEUU y la UE juntas.
  • 98% de las personas con subnutrición viven en países en desarrollo.
  • el 60% de las personas con hambre son mujeres.
  • Cada 8 segundos muere una niña o un niño por causas relacionadas con la desnutrición.
  • Un niño de cada cinco no tiene acceso a la educación primaria.
  • el 80% de los refugiados son mujeres y niños
  • En educación: 876 millones de adultos son analfabetos, de los cuales dos tercios son mujeres
  • Cada día, 30.000 niños de menos de 5 años mueren de enfermedades que hubieran podido ser evitadas
  • En los países en desarrollo, más de un niño de cada diez no llegará a cumplir los 5 años. Más de 500.000 mujeres mueren cada año durante el embarazo o en el parto
  • Hoy en día, 42 millones de personas viven con el virus del SIDA, de las cuales 39 millones viven en países en desarrollo. Al horizonte del 2020, algunos países africanos podrían perder más de una cuarta parte de su población activa por causa del SIDA
  • Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable  y 2.400 millones de personas se ven privadas de instalaciones sanitarias satisfactorias.
  • En 2013, en América Latina el número de personas en situación de pobreza ascendió a unos 164 millones, cifra que equivale a un 27.9% de la población.
  • De ellos, 68 millones se encuentran en la extrema pobreza o indigencia, un 11.5% de los habitantes de la región, según proyecciones de la Cepal .

Desde estos datos y muchos más de cada continente y país, hago esta reflexión final:

¿Acaso las religiones no nacieron como respuesta a tantos interrogantes similares, y por qué hoy las religiones, cualquiera sea su sistema de creencias, no pueden cumplir un gran objetivo de ayudar a generar (nacer, resucitar…) una humanidad donde sea realidad que todos los seres humanos seamos iguales en dignidad y derechos, y además, seamos y vivamos como hijos del mismo Padre?

¿Y cómo encontrar un mínimo sentido de la vida, objetivo principal de las religiones, desde una realidad agobiante para “la mayoría” de la humanidad?

Y a nadie le parecerá inoportuno preguntarnos por qué no unir el esfuerzo de tantas religiones que, curiosamente, todas se afirman en el mismo fundamento del amor, de la solidaridad, de buscar lo más hondo del espíritu humano; unirse, saliendo del cascarón que las tiene encerradas en sí mismas, para abrirse a un grande y maravilloso proyecto que puede tener nombres distintos, desde Salvación universal, Reino de Dios, Armonía cósmica, Unidad de la familia humana, Desarrollo Integral universal, Derechos Humanos integrales… pero que todos, en definitiva, urgen, requieren, demandan un gran esfuerzo de COHERENCIA…

Poner en práctica lo que desde los antiquísimos libros sagrados hasta las últimas Declaraciones de Naciones Unidas demandan… Comenzar a hacer con amor gratuito lo que nuestras palabras han dicho y escrito…

 

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