Violencias contra los niños. Violencia familiar. Unicef y Varios artículos

VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS. CÓMO PREVENIRLA

I- UNICEF: LA VIOLENCIA CONTRA LOS MENORES COMO PROBLEMA GLOBAL


Estudio de UNICEF sobre violencia contra los menores arroja cifras aterradoras de un problema que afecta incluso al primer mundo.


La violencia contra los niños continúa a la orden del día en todo el mundo, según un estudio del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) presentado en Berlín.
Mientras en uno de cada dos países continúan los azotes como medida de castigo en las escuelas 31 países siguen permitiendo condenas de castigos corporales que van desde los latigazos hasta las amputaciones.

Además, más de 220 millones de menores de 18 años sufren abusos sexuales.
Paulo Sergio Pinheiro, autor del estudio para UNICEF, lo calificó como un análisis que por primera vez presenta la gran magnitud del problema de violencia contra los menores en todo el mundo: “La violencia contra los menores existe en todos los países y en todas las sociedades, tanto en el norte como en el sur”.

El estudio arrojó así sorprendentes resultados incluso en algunos de los países más desarrollados del planeta. En Alemania e Inglaterra, dos niños mueren semanalmente a causa de malos tratos. En-Japón la cifra aumenta a cuatro, y en EEUU llegan hasta los 27 casos.

Víctimas en silencio

Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos crímenes se ocultan entre las paredes de escuelas, hogares, familias, o prisiones. De ahí la dificultad de tener números concretos. “La mayoría de los niños guardan silencio”, comenta Pinheiro.

De la misma forma, las cifras son imprecisas en el caso de los delincuentes jóvenes. Según UNICEF, a menudo se los encarcela ya con siete años y actualmente hay más de un millón de niños en prisión, sobre todo por mendigar o por pequeños robos. Estos menores tienen que esperar meses hasta ser juzgados sobreviviendo en condiciones higiénicas infrahumanas y a veces, sometidos a todo tipo de medidas disciplinarias violentas.

Para Pinheiro, son los estados los responsables de encontrar las vías de protección a la infancia: “Hay que enviar una señal directa e inequívoca para que la sociedad no acepte la violencia contra los menores”. “Los niños no pueden ser contemplados como miniciudadanos con miniderechos humanos”, añadió calificando de paradójico que en muchos países esté prohibida explícitamente la violencia contra los adultos pero no contra los niños.

II- LA VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS


Texto extraído del folleto”¿Qué sabe usted sobre el abuso infantil?”, publicado por la organización Paniamor de Costa Rica


Los niños también son víctimas de la violencia doméstica

“Los niños son las grandes víctimas de los maltratos físicos o psíquicos en el hogar. En los niños, el efecto de la violencia es devastador. Van acumulando trastornos de ansiedad, se convierten en personas depresivas, con un aumento considerable de la conducta agresiva. En la edad adulta, estos niños tienen más posibilidades de padecer trastornos psiquiátricos y conductas suicidas, explica el doctor José María Sémelas, psiquiatra y psicopedagogo español.

¿Qué es el maltrato infantil?

El maltrato a los niños/as es un grave problema social, con raíces culturales y psicológicas, que puede producirse en familias de cualquier nivel económico y educativo.
El maltrato viola derechos fundamentales de los niños/as y por lo tanto, debe ser detenido, cuanto antes mejor.

¿Cuáles son las formas de maltrato a niños/as?
Pueden distinguirse varias formas de maltrato, que los adultos ejercen sobre los niños:

  • La negligencia que se expresa en desprotección, descuido y/o abandono.
  • El maltrato físico que es toda forma de castigo corporal e incluye también, el encierro o la privación intencional de cuidados o alimentos. El abuso sexual, consistente en obligar o persuadir a un niño/a para que participe en actividades sexuales adultas, frente a las que no puede dar un consentimiento informado.

El maltrato emocional, que acompaña a todas las otras, pero que puede ejercerse independientemente de las demás. Por ejemplo, mediante amenazas aterrorizantes, descalificaciones, desvalorizaciones y/o ausencia de expresiones cariñosas.

Cómo identificar a los niños maltratados

Los indicadores de conducta
El comportamiento de los niños maltratados ofrece muchos indicios que delatan su situación. La mayoría de esos indicios son no específicos, porque la conducta puede atribuirse a diversos factores.
Sin embargo, siempre que aparezcan los comportamientos que señalamos a continuación, es conveniente agudizar la observación y considerar el maltrato y abuso entre sus posibles causas.

  • Las ausencias reiteradas a clase.
  • El bajo rendimiento escolar y las dificultades de concentración.
  • La depresión constante y/o la presencia de conductas autoagresivas o ideas suicidas.
  • La docilidad excesiva y la actitud evasiva y/o defensiva frente a los adultos.
  • La búsqueda intensa de expresiones afectuosas por parte de los adultos, especialmente cuando se trata de niños pequeños.
  • Las actitudes o juegos sexualizados persistentes e inadecuados para la edad.


Los indicadores físicos
:

  • La alteración de los patrones normales de crecimiento y desarrollo.
  • La persistente falta de higiene y cuidado corporal.
  • Las marcas de castigos corporales.
  • Los “accidentes” frecuentes.
  • El embarazo precoz.


Abuso sexual
.

El maltrato y el abuso no siempre presentan huellas físicas fácilmente visibles, pero siempre dejan su marca en la conducta. La observación sensible, la actitud receptiva y la escucha atenta, son los mejores recursos para identificar al niño/a maltratado.

Los maestros
requieren de especial sensibilidad para detectar si un niño es objeto de maltrato, porque frecuentemente éste por vergüenza o para proteger a otros miembros de la familia encubre la situación.
Hay que tener presente que para quien está creciendo en un ambiente violento, la violencia no es cuestionada e incluso, puede parecer el único modo de expresar los afectos. Un padre y/o una madre agresivos y/o abusadores, significan un peligro real para la salud y la vida del niño, pero generalmente son su principal o único referente afectivo. Además, la violencia de los padres produce un sentimiento contradictorio de afecto, rechazo y dependencia emocional en el niño.

A veces, el niño/a denuncia
explícitamente el maltrato que sufre. La actitud receptiva de los docentes puede animar a estos niños/as a confiarse. En estos casos es indispensable disponer una escucha atenta y sobre todo:

  • Creer en la palabra del niño/a.
  • No culpabilizarle en ningún caso.
  • Investigar la verdad.
  • Consultar con otros profesionales.
  • Recurrir a las autoridades correspondientes.


Cómo ayudar a las víctimas del maltrato

La mejor manera de ayudar a detener el maltrato del niño/a es:

  • Identificando los casos de maltrato.
  • Realizando intervenciones en las situaciones detectadas, a través del gabinete o de docentes sensibles y capacitados.
  • Derivando y/o denunciando los casos de maltrato a los organismos pertinentes.


Aquí proponemos algunas líneas de trabajo que la escuela puede desarrollar con los niños y sus familias:

  • Realizar tareas de sensibilización y capacitación.
  • Realizar talleres reflexivos.
  • Desarrollar acciones de difusión y sensibilización entre los niños, las familias y la comunidad acerca de los derechos del niño.
  • Articular con la currícula, actividades dirigidas a revisar el problema críticamente.
  • Estimular la confianza y la autoestima de los niños/as.
  • Para desarrollar con éxito la función preventiva, la escuela como institución debe ser capaz de revisar sus propias actitudes hacia el control de las conductas de los niños y adolescentes.
  • Ofrecer a los alumnos el espacio y las oportunidades para experimentar formas no violentas de resolución de los conflictos. Llevar a cabo asambleas, consejos de aula y todo medio que estimule la participación democrática en la vida escolar.

III- ¿CÓMO EVITAR LA VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS?


P:
¿Cómo evitar la violencia contra los niños?
R: Los niños (definidos por la Naciones Unidas como los menores de 18 años) pueden sufrir dos tipos de violencia: malos tratos por parte de los padres y cuidadores de menores de 14 años, y la violencia sufrida en la comunidad por adolescentes de 15 a 18 años. Estos dos tipos de violencia pueden evitarse actuando sobre las causas y los factores de riesgo específicos de cada uno de ellos.

Los malos tratos por parte de los padres
y cuidadores pueden evitarse:
  • reduciendo los embarazos no deseados;
  • reduciendo el uso nocivo del alcohol y las drogas ilícitas durante el embarazo;
  • reduciendo el uso nocivo del alcohol y las drogas ilícitas por parte de los nuevos padres;
  • mejorando el acceso a servicios de atención prenatal y posnatal de gran calidad;
  • haciendo que los hogares de los niños con alto riesgo de sufrir malos tratos sean visitados por enfermeros y asistentes sociales;
  • proporcionando a los padres formación en materia de desarrollo infantil, métodos disciplinarios no violentos y capacidad de resolución de problemas.


A su vez, la violencia contra los niños en el seno de la comunidad
puede evitarse:

  • integrando a los niños pequeños en programas de enriquecimiento preescolar que les den una iniciación educativa;
  • proporcionando formación en materia de aptitudes para la vida;
  • ayudando a los adolescentes de alto riesgo a que completen su escolarización;
  • reduciendo la disponibilidad del alcohol a través de la promulgación y aplicación de leyes sobre licencia de venta, imposición fiscal y precios de las bebidas alcohólicas;
  • limitando el acceso a las armas de fuego.


Aumentando la eficiencia de la asistencia prehospitalaria y de la atención médica de urgencias se puede reducir el riesgo de muerte, el tiempo de recuperación y el nivel de discapacidad a largo plazo debidos a la violencia.
Toda violencia contra los niños, y en particular el maltrato infantil en los 10 primeros años de vida, constituye un problema en sí mismo y un importante factor de riesgo de otras formas de violencia y problemas de salud a lo largo de toda la vida.

Por ejemplo, en un estudio reciente de la OMS se ha calculado que los abusos sexuales en la infancia explican aproximadamente un 6% de los casos de depresión, un 6% de los casos de abuso/dependencia del alcohol y las drogas, un 8% de los intentos de suicidio, un 10% de los casos de trastorno de pánico y un 27% de los casos de trastorno de estrés postraumático.

Otros estudios también han relacionado los malos tratos físicos, los abusos sexuales y otros acontecimientos adversos en la infancia con el consumo excesivo de tabaco, los trastornos alimentarios y los comportamientos sexuales de alto riesgo, que a su vez están relacionados con algunas de las principales causas de muerte, como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.

La OMS
apoya a los países en la recopilación de datos e informaciones relacionados con la violencia contra los niños, la elaboración de políticas y programas nacionales de prevención de la violencia y la creación de sistemas para prestar asistencia medicolegal y traumatológica de emergencia apropiada.


IV- VIOLENCIA FAMILIAR

Son innumerables las formas la violencia familiar.
Puede pensarse en violencia hacia los mayores, entre cónyuges, hacia los niños, las mujeres, los hombres, los discapacitados, etc. Además siempre es difícil precisar un esquema típico familiar, debido a que la violencia puede ser física o psíquica, y ocurre en todas loas clases sociales, culturas y edades. la mayoría de las veces se trata de los adultos hacia una o varios individuos.

En la práctica el maltrato tiende a “naturalizarse”
es decir se torna cotidiano sobre todo a través de conductas violentas que no son sancionadas como tales. Muchas personas que maltratan son considerados (y se consideran a sí mismos) como de mayor poder hacia quienes son considerados ( se piensan a si mismos) como de menor poder. Cabe destacar que las personas que sufren estas situaciones suelen ocupar un lugar relativamente de mayor vulnerabilidad dentro del grupo familiar.

En este sentido la violencia hacia los niños y las mujeres, estadísticamente reviste la mayor casuística, en cambio los hombres maltratados son solo el 2% de los casos de maltrato (por lo general hombres mayores y debilitados tanto físicamente como económicamente respecto a sus parejas mujeres).
También cabe enumerar la violencia cruzada, cuando el maltrato pierde el carácter de aparente unidireccionalidad. Desde el punto de vista jurídico resulta dificultosa la comprobación. Cuando se trata de violencia física en su mayoría son lesiones leves, las cuales cuando dejan marcas desaparecen en no más de 15 días.

Por lo general quienes padecen estas situaciones
tienen reticencia a denunciar lo que ocurre. Los motivos de este recelo ocupan desde hace muchos años a investigadores y profesionales.
Por un lado porque se mantiene una espera de un cambio espontáneo de quién agrede, por otro lado se aceptan las disculpas (típicas)de quién agrede, y se creen las promesas que no se lo volverá a hacer (otro rasgo característico), también influye el temor al prejuicio social, las convicciones ético – religiosas, la dependencia económica, el miedo a represalias, la falta de esperanzas en la eficiencia de los trámites jurídicos, etc.

Pero quizás el punto más álgido del razonamiento sobre el maltrato se evidencia en el sostenimiento del vínculo violento. En este sentido entran en consideración tanto el aplastamiento psíquico, la baja autoestima, la educación violenta, como también una consideración al suponer una relación signada de vicios y sistemas psíquicos o relacionales, o un posible montaje estructural subjetivo que impide romper el tipo de relación, etc.

Se debe considerar que la situación violenta no solo la padecen quienes sufren golpes o humillaciones, sino también quién propina esos mismos golpes y humillaciones.Intervienen al respecto los modelos de organización familiar, las creencias culturales, los estereotipos respecto a supuestos roles relacionales, y las maneras particulares de significar el maltrato.

Es el estado
el que debe velar por la protección de las personas involucradas, mediante acciones concretas tales como el dictado de leyes y demás normativas jurídicas, y la generación de espacios educativos, de contención e intervención comunitaria.
Cabe destacarse que la represión por parte del estado al agresor no soluciona el problema, por lo que resulta esperable el fomento de una pronta asistencia psicológica hacia el, la, o los agresores que en muchos casos ejerce violencia sólo en la intimidad familiar y privada, ya que en otros ámbitos poseen un comportamiento cordial y afectuoso.


Mujeres Maltratadas

Algunos especialistas prefieren referirse al síndrome de la mujer maltratada. Si bien hay un importante número de hombres golpeados, la gran mayoría de los casos se trata de personas de género femenino.Desde el punto de vista estadístico ocurre en todas las edades pero se destaca en primer lugar entre los 30 y 39 años, luego entre 20 y 29 años y más tarde entre 40 y 49 años, le sigue entre 15 y 19 años, para finalizar con las mayores de 50 años. Las mujeres casadas constituyen un 66% del total, el resto lo componen novias, ex parejas, conocidas, amantes, amigas, etc.

La mayor vulnerabilidad femenina
no solo se debe a causas físicas, también incide las mujeres suelen concentrar en la mayoría de los casos, la mayor carga y responsabilidad en la crianza de los hijos, además por diferentes cuestiones culturales condensan las tareas hogareñas y mantienen una mayor dependencia tanto económica como culturalmente de los hombres.
Una mujer que abandona su vivienda se encuentra en mayor riesgo que un varón, pero debe tenerse en cuenta que las mujeres que dejan a sus abusadores tienen un 75% más de riesgo de ser asesinadas por el abusador que aquellas que se quedan conviviendo.

El 25 de noviembre es la fecha instituida como el día internacional contra la violencia hacia la mujer, en homenaje a que en el año 1960 tres hermanas dominicanas fueran violadas y asesinadas.


¿Por qué estas situaciones continúan?

En cuanto al punto de los motivos por lo que una relación continúa pueden pensarse dos corrientes básicas.
La postura tradicional, que plantea que al vivir atemorizadas por represalias, los golpes, por la posible quita del sustento económico,las órdenes irracionales y los permanentes castigos, manifiestan un estado general de confusión y desorganización, llegando a sentirse ellas mismas culpables por la situación, y desconociendo así la educación patriarcal y machista que involucra a la mayor parte de las sociedades.

Otra postura
se plantea del mismo modo la condena a la educación típica donde las mujeres aparecen con un lugar desventajoso, pero se detiene también en los modos estructurales de relacionarse, los montajes de relaciones. No hay que confundir esta idea con un razonamiento contrario que diría que si una persona sostiene una relación se debería a que esta sería placentera. Es evidente que una mujer golpeada no siente placer alguno, pero si entran en juego componentes subjetivos tales que en la práctica validan relaciones no placenteras.

Violencia hacia los niños


En el caso de los niños como en otros casos de violencia, también se da una relación de vulnerabilidad. Claramente los menores muestran inferiores recursos para defenderse de lo que lo haría un adulto. En este sentido el riesgo sería mayor porque se trata de un sujeto en constitución. Además se debe considerar el daño emocional y los efectos a corto y a largo plazo que provocan los maltratos.


En ocasiones se trata
de golpeadores que fueron maltratados en la propia infancia (56.7% del total de casos), al intervenir patrones de repetición de los modelos de crianza parentales en los diferentes tipos de castigo administrado a sus hijos, pero no ocurre de este modo necesariamente. Para esto habría que pensar las maneras de relacionarse subjetiva de las personas involucradas frente a la fantasía típica infantil de que un niño es pegado por un adulto, y las múltiples maneras de desarrollo posterior.

También cabe considerar que muchos padres perciben como justos los castigos implementados, o perciben la desproporción del castigo ofrecido con la supuesta falta cometida pero se justifica de alguna manera (por la pobreza, por los nervios, etc.).
Es considerable que los mismos adultos golpeadores suelen manifestar y percibir que han golpeado a sus hijos en muchas menos ocasiones de lo que realmente lo hacen. Si bien, algunos de los adultos golpeadores suelen manifestar algún afecto posterior como arrepentimiento o lástima, en muchos casos se trata de padres que están a favor del castigo como medida disciplinaria y educativa.
El castigo recibido por los adultos en la infancia suele guardar relación con el tipo de castigos físicos que se emplean para “corregir” a los hijos. Por lo general uno de los niños a cargo es más castigado.



V- VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS

Víctimas sin mayoría de edad

Inés Vallejo. España

Después de los ejércitos en tiempos de guerra, la familia es la institución de nuestra sociedad que más violencia ejerce contra los niños. Espectadores del horror que ocasionan sus verdugos adultos, los menores de edad son víctimas en los más de 33 conflictos bélicos que se desarrollan en nuestros días y en el seno del hogar, donde sufren la agresión de los progenitores.

Si los conflictos armados dejan tras de sí un rastro de millones de niños afectados, la sociedad arroja un balance también desalentador: en España, y sólo en la Comunidad de Madrid los casos de acogida por desamparo familiar han experimentado, en el primer trimestre del año, un incremento del 20% con respecto al mismo período del año 98.

Las guerras obligan a más de 200.000 menores a empuñar las armas. Sólo durante la última década, los conflictos armados dejaron a su paso entre cuatro y cinco millones de niños mutilados, dos millones de fallecidos y más de un millón de huérfanos o separados de sus familias. Además, cuando los niños participan en conflictos bélicos se rompen las redes sociales y relaciones primarias que determinan su desarrollo físico, emocional, moral, cognitivo y social.

Respecto a este grave problema Graça Machel, primera dama de Sudáfrica y redactora del Informe para la ONU sobre las repercusiones que la guerra tiene en los niños, señala que «alcanzar la paz en el mundo implica encarar una serie de aspectos sobre la justicia social y económica, establecer una legislación creciente sobre el comercio de armas de guerra y prevenir los conflictos».

Pero niños y adolescentes son, también, víctimas de la gran violencia que se ejerce contra ellos en el seno del hogar y que se origina, muchas veces, a causa de las relaciones de poder que se dan en el ámbito doméstico interpretadas como la posesión de los niños respecto de los padres.
Lo cierto es que la violencia está presente, con demasiada frecuencia, en la familia.
Hasta tal punto, que autores como Gelles y Straus («Determinants of violence in the Famili: Toward a theoretical Integration» Free Press, Nueva York 1979) califican al entorno familiar como la institución más violenta de nuestra sociedad, con excepción del ejército en tiempos de guerra.

En la familia conviven, en un espacio normalmente reducido, personas de edades y sexos distintos que interfieren en la vida del otro y que se interrelacionan mucho sin objetivos específicos. No es fácil acotar el ámbito de lo que constituye violencia contra un niño, ya que se puede maltratar de muchas formas, siendo con frecuencia el mayor castigo la falta de atención. Aunque la violencia es también patrimonio de menores, como demuestra el crecimiento de la violencia en las aulas, niños y adolescentes son más víctimas que agentes en el proceso.

Sin salir de casa

En España, sólo en la Comunidad de Madrid, las instituciones regionales han acogido, de enero a marzo de este año, a 250 niños por su situación de desamparo, un 20% más que en el mismo período de 1998. Unos 5.000 niños con problemas viven actualmente bajo el amparo de las instituciones.

¿Cómo puede ser que un padre maltrate a un hijo suyo hasta matarlo? Por lo general, resulta tan difícil aceptar que un padre abuse de su hijo que frecuentemente se le tilda de loco. La realidad, sin embargo, es que sólo el 10% de los casos de maltrato infantil son obra de personas con trastornos psiquiátricos o psicopatológicos, y queda un 90 % de casos en los que el maltratador puede ser considerado normal según los cánones al uso.

Por una parte hay factores propios del individuo que maltrata, como el alcoholismo o la drogadicción; por otra, están los factores intrínsecos de la sociedad que envuelve a dicha familia: situaciones de paro, vida hacinada o falta del necesario apoyo social.

La sociedad está impregnada de ideologías o principios culturales que pueden incluso justificar explícita o implícitamente la violencia con los niños.

Así, se constata que las familias monoparentales, padres jóvenes y cuidadores no emparentados biológicamente con los niños, figuran entre quienes tienen una mayor probabilidad de maltratar físicamente. Progenitores que maltratan a sus hijos suelen haber sido maltratados en su infancia y no han tenido el apoyo de sus familias de nacimiento. Aunque haber sufrido maltrato en la infancia o tener un estatus socioeconómico bajo se asocia con un riesgo alto de maltratar a los hijos, estos factores varían al relacionarlos con otros de influencia real en la probabilidad del maltrato infantil.

Estudios sociales indican que los padres dispensadores de malos tratos físicos a sus hijos manifiestan una reactividad fisiológica mayor ante los estímulos infantiles. Sin embargo, no está tan claro que los padres maltratadores presenten alteraciones neuropsicológicas perturbadoras del procesamiento de la información relacionada con el niño. Dichos progenitores presentan un bajo nivel de autocontrol y autoestima y carecen de sentimientos de valía personal.

Asimismo, tienen unas expectativas inapropiadas respecto de sus hijos y, en algunos contextos, creen que el comportamiento de sus vástagos es más negativo de lo que realmente es, atribuyen a su prole intenciones malévolas y hostiles al juzgarlos y sienten menos empatía hacia ellos. Experimentan estrés y angustia personal que les lleva a padecer estados de depresión, ansiedad, ira, hostilidad, aislamiento y soledad traducidos en afecto negativo hacia los menores.

Los niños con capacidad reducida para resistirse o revelar el maltrato, los que todavía no hablan, aquellos con retraso en el desarrollo y minusvalías de algún tipo, son los candidatos a experimentar en propia carne la violencia doméstica según otras investigaciones.
También son sujetos de alto riesgo los niños carentes de afecto familiar que pueden sentirse halagados a corto plazo por atenciones puntuales. Los niños víctima de malos tratos son, además, susceptibles de convertirse fácilmente en objeto de abusos sexuales.

Sin criterios unánimes

Combatir la violencia contra los menores choca, de antemano, con las medidas contrapuestas que proponen los especialistas. Algunos, como David A. Wolfe, científico canadiense de la University of Western Ontario, Canadá, defiende la atención domiciliaria como el tratamiento más adecuado para ayudar a los padres que están en riesgo de maltrato.

Señala, para ello, la importancia de fomentar, desde los servicios sociales, unas relaciones positivas entre padres e hijos ajustadas a las necesidades de cada familia, antes de que se produzcan situaciones límite. Según Wolfe, «está demostrado que incrementar las experiencias positivas en las primeras etapas del desarrollo de la relación paterno-filial es algo que permite prevenir el maltrato infantil y sus consecuencias».

El tratamiento del abuso físico conlleva, en opinión de este experto, cambiar la forma de enseñar, la disciplina y la atención que los padres prestan a sus hijos. Y el principal objetivo de estas terapias es posibilitar que las familias acaben controlando sus propios recursos y satisfaciendo las necesidades infantiles.

Con respecto a los niños, Wolfe destaca la idoneidad de alejarles de sus hogares por un tiempo «así desaparece el riesgo y se les proporciona a los niños un entorno agradable. A la vez, la familia dispone de un plazo para someterse al tratamiento y rehabilitarse». Los programa y terapias deben prestar atención personalizada a las familias.

Sin embargo, J. Kirk Felsman, profesor de psicología clínica infantil de la universidad de Duke, piensa que para determinar el bienestar psicológico de los niños y adolescentes hay que comprender el contexto socio-cultural en el que su vida se desenvuelve. El desplazamiento del niño a residencias o familias adoptivas o determinadas decisiones políticas, según este investigador, pueden tener un efecto negativo a largo plazo sobre su desarrollo, tales como el aislamiento, la ausencia de estimulación y la marginación social.

Propone como alternativa la promoción de medidas, sociales y económicas, a largo plazo de los niños de alto riesgo. Los estudios sobre violencia contra menores están sometidos a muchas limitaciones, según Felsman, ya que por lo general se investigan factores aislados, hay inexistencia de definición común y las muestras son pequeñas y poco representativas. Además, la mayoría de los estudios son «a posteriori», lo que impide calificar los factores de riesgo como causas del maltrato.

Horror inexplicable

La sensación de horror y maldad al ver los maltratos infantiles es inexplicable. Para Jose Luis Pinillos, catedrático de psicología, el fenómeno de la violencia infantil está teniendo mayor repercusión que en épocas anteriores: «lo que está ocurriendo desborda las disciplinas específicas.

Antes, todo se explicaba por la herencia biológica y ahora se cree que es la posibilidad de mejorar la adaptación, la educación…, lo que produce la violencia. Las dos posiciones son exageradas. En la naturaleza hay una herencia de violencia que procede del propio ser humano: el más fuerte elimina al más débil o lo deja morir. Tener un cerebro agresivo es positivo, es lo que nos ha hecho llegar a ser lo que somos.

Otro aspecto es el de la frustración-agresión. Donde hay frustración acaba habiendo agresión. La tecnificación de la vida no ha hecho avanzar al hombre. La violencia de los ejércitos actuales es igual a la de los ejércitos asirios.

A la tecnología hay que agradecerle muchas cosas pero su brazo destructivo es mayor al constructivo. Vivimos en un sistema tecno-económico donde no cabe la moral. El progreso social ha sido material, no moral. Por ese motivo, la prevención es muy importante al hablar de violencia cuya erradicación ha de ser, sin duda, estructural».

El profesor José Sanmartín, director del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia, destaca que la conciencia social se genera a través de la acumulación de conocimiento empírico sobre temas terribles. Considera que este problema social requiere soluciones urgentes. El maltrato a los niños existe a lo largo de la Historia, pero es algo con lo que no se puede seguir viviendo, pero para erradicarlo se debe conocer el porqué de la violencia. Mientras, se debe sistematizar cada situación y actuar de manera teórica.

La cultura es responsable de la violencia por contraposición a la agresividad natural que anida en los seres humanos, inhibida por la sabia naturaleza que determina nuestras acciones. Así, este experto achaca a factores como el roce, el juego económico, que crea ganadores y perdedores, la ausencia de recintos de privacidad cerrados y la jerarquía como las fuentes de conflicto: «que haya conflictos en la familia no quiere decir que haya violencia. Sólo cuando el estrés no se controla el conflicto acaba en violencia».



Atención social a la infancia

Ana María Fernández Vargas, trabajadora social del Centro de Atención a la Infancia (CAI IV) del Ayuntamiento de Madrid, explica a los lectores de Entorno Social el trabajo en un servicio especializado en menores.

Ana María Rodríguez Los Servicios Sociales Generales forman parte de la red pública de atención y protección a la infancia y adolescencia y son los responsables de hacer una valoración de los casos recibidos en relación con malos tratos o cualquier otra problemática con familia e infancia.

De este modo, toda denuncia que pueda presentarse al defensor del menor, la detección desde un Centro de Salud o un Centro escolar de una situación de desprotección, va a llegar al trabajador social de referencia de la zona donde viva esa familia. Este profesional realizará diversas entrevistas, reuniones de coordinación con otros servicios y visitas domiciliarias que le permita conocer y valorar la situación.

Desde los Servicios Sociales Especializados en la atención a menores y familias, Centros de Atención a la Infancia, (CAI) también se abordan valoraciones de las situaciones de riesgo o posible desamparo de menores y se promueve la adopción de medidas de protección ofreciendo a la familia tratamiento psicosocial.

Ana María Fernández Vargas destaca la importancia de la coordinación con otros servicios y profesionales para solucionar los conflictos.

«Se ha visto que es más eficaz un abordaje interdisciplinar para resolver las problemáticas y conseguir cambios».

Por lo general, los casos de malos tratos con menores son analizados en una estructura de trabajo conocida como «equipos de trabajo de menores y familia» formados por diferentes profesionales, médicos, pediatras, psicólogos, etc. que, dependiendo de las características, problemas y actitud de cada familia, realiza un diseño de intervención individualizado.

Si se detecta una situación de mal trato físico a un menor y la familia no reconoce el problema o no colabora con los servicios sociales, manteniéndose la situación de desprotección, estos equipos proponen al Instituto Madrileño del Menor y la Familia un encuadre coercitivo o se realice el procedimiento de tutela.

Uno de los sectores de población en los que se está generando mayor conflictividad y demanda de actuación son los adolescentes, fugas del hogar, conflictos con las pautas que los padres intentan imponer, situaciones de violencia mutua entre padres a hijos. Esta problemática es de difícil abordaje, porque muchos adolescentes no reconocen conflicto alguno y su motivación para colaborar en la resolución de los problemas familiares es un tema complejo.

El objetivo principal de la intervención social es eliminar la situación de riesgo de mal trato hacia los menores, para ello, «la familia tiene que recibir el mensaje claro del porqué se ha internado al menor en un Centro de Protección o el riesgo de que esto suceda si el menor vuelve a vivir una situación de violencia».

Las entrevistas son los instrumentos que utiliza el equipo técnico del CAI, trabajador social y psicólogo, para conocer a la familia, sus hábitos y las relaciones entre sus miembros, y valorar las posibilidades de superación de la situación de crisis.

Para evaluar las posibilidades de cambio y recuperación un punto de partida sería el reconocimiento del problema por parte de la familia durante el proceso de intervención. Es prioritario saber qué espera la familia del servicio, que entienda la actuación como un apoyo y no como un castigo o un mecanismo de control, y que el enfoque de trabajo no culpabilice sino que permita la comprensión y el cambio.

Las figura del trabajador social se convierte en elemento clave del proceso: ayudando a mejorar las pautas educativas, intentando favorecer cambios en la familia formulando con ellos los objetivos de trabajo y los aspectos que se desean mejorar, proporcionando apoyo en la superación de conflictos conyugales y parentales, etc.

Según Ana María, en la práctica se trabaja más con mujeres porque sobre ellas sigue recayendo el protagonismo de la crianza. Los hombres asumen un papel más periférico aunque en la actualidad ésto está cambiando.

El tiempo máximo que se considera idóneo de intervención terapeútica con una familia es de de dos años, pudiendo ser las entrevistas quincenales o semanales en sesiones de una hora u hora y media.

En opinión de esta trabajadora social muchas familias reciben la ayuda como un apoyo, como algo positivo y otras lo viven como una intromisión. Pero el verdadero problema es la detección temprana de los malos tratos ya que muchos casos no llegan a los servicios sociales.


VI- TELEVISION Y VIOLENCIA: SU IMPACTO SOBRE NIÑOS Y ADOLESCENTES

La adolescencia es la etapa de la vida comprendida entre los 10 y los 19 años de edad, de acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud.

Durante este período de la vida se producen una gran cantidad de cambios físicos, psicológicos y sociales normales, que conducen a su inserción positiva y productiva en la sociedad, y un muy reducido grupo de ellos y ellas adoptan conductas hostiles y violentas que se manifiestan de varias formas que preocupan a la sociedad.
A su vez, también ellos son blanco de violencia por parte de la sociedad, de sus padres y otros adultos.

Estas conductas no deseables tienen varios orígenes o causas: entre ellas, la violencia del medio (barrio, comunidad) en que viven y se desarrollan cuando niños, la violencia doméstica familiar (psicológica, física, sexual o por negligencia) que sufren desde edades muy tempranas y la exposición a los medios de comunicación masiva y sobre todo la televisión que les ofrece como producto de consumo diario, las más variadas formas de violencia psicológica, física, sexual, autoinfligida o contra terceros y sus propiedades.

Es sobre esta exposición indiscriminada a la que se expone a los niños de todas las clases sociales y sus efectos que deseo poner en su conocimiento un artículo publicado por la Academia Americana de Psiquiatría de la Niñez y Adolescencia1. ¨Los niños y la violencia en la televisión¨.
¨Muchos niños pasan un promedio de 3-4 horas diarias viendo televisión. La televisión puede ser una influencia muy poderosa en el desarrollo del sistema de valores, en la formación del carácter y en la conducta. Lamentablemente muchos de los programas de televisión contienen un alto grado de violencia.

Los psiquiatras de niños y adolescentes que han estudiado los efectos de la violencia en la televisión han encontrado que éstos pueden:
  • Imitar la violencia que observan en la televisión,
  • Identificarse con ciertos tipos, caracteres, víctimas y/o victimarios
  • Tornarse ¨inmunes¨ al horror de la violencia; y
  • Gradualmente aceptar la violencia como manera de resolver problemas.


De manera que la exposición extensa a programas de televisión que contengan violencia causa mayor agresividad en los niños.
En ocasiones, el ver tan sólo un programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que ven espectáculos en los que la violencia es presentada de forma muy realista, repetida, o sin ser castigada, tienen mayor probabilidad de imitar lo que ven.

El impacto
de la violencia en la televisión puede reflejarse en la conducta del niño inmediatamente o manifestarse más tarde en su desarrollo. Las jóvenes pueden afectarse aun cuando en la atmósfera familiar no haya tendencia hacia la violencia. Esto no quiere decir que la violencia que se ve en la televisión es la única causa de conducta violenta o agresiva, pero no hay duda de que es un factor significativo.

Los padres pueden proteger
a los niños del exceso de violencia en la televisión:

  • Prestando mayor atención a los programas que ven los niños.
  • Estableciendo límites en el tiempo que pasan viendo televisión.
  • Evitando que vean aquellos programas conocidos como violentos. Deben cambiar el canal, o apagar el televisor cuando aparecen escenas ofensivas, y explicarle al niño aquello que consideran malo o inadecuado del programa.
  • Señalar al niño que aunque el actor no se lastimó, hirió o murió durante el programa, la violencia puede producir dolor o muerte si sucede en la vida real.
  • Desaprobando los episodios violentos que suceden frente a los niños, enfatizando el hecho de que esa no es la mejor forma de resolver un problema.
  • Para contrarrestar la presión que ejercen los pares, compañeros y amigos, debe comunicarse con otros padres para poner en vigor reglas similares sobre el tiempo y tipo de programa que deben ver los niños.

Los padres deben utilizar estas medidas para prevenir los efectos dañinos que la televisión puede tener en otras áreas como el estereotipo racial o sexual.
Aparte del contenido del programa de televisión el tiempo que los niños dedican a esta actividad debe limitarse ya que los saca de actividades más provechosas como lo son el jugar con sus amigos, la interacción familiar, el estudio y la lectura. Si los padres tienen dificultades serias estableciendo controles y límites o preocupación genuina en cuanto a la reacción del niño a la televisión, deben consultar a un Psiquiatra de niños y adolescentes para que les ayude con el problema.¨

Para lograr el desarrollo positivo de nuestros adolescentes se hace necesario que los padres brinden afecto a sus hijos, que mantengan un diálogo abierto y receptivo, y al mismo tiempo establecer límites conjuntamente con ellos, en las múltiples situaciones que se presentan en diario vivir y convivir.

Dr. Solum Donas, Consultor OPS/OMS. Salud Integral del Adolescente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *