Democracia que protege los Derechos Humanos

UN MODELO DE DEMOCRACIA

QUE EFECTIVAMENTE PROTEJA LOS DERECHOS HUMANOS

 

Este pequeño catálogo de las insuficiencias de nuestras democracias reales nos permite pensar en un modelo ideal, pero no por ello irrealizable, que oriente las líneas generales de la actividad del IIDH.

 

a) La protección de los derechos humanos es más completa en la democracia que en otros sistemas, pero a condición de que se cumplan estos principios. Esto es así porque las elecciones no garantizan la vigencia de los derechos por sí solas; antes bien, nuestra historia está llena de ejemplos de violaciones de los derechos humanos que conviven con regímenes de origen electoral.

Para que haya vigencia efectiva de los derechos se requieren, cuando menos, las siguientes condiciones:

  1. Instituciones de tutela transparentes y responsables ante los peticionarios, ante el público y ante la ley, pero también las de nuevo cuño.Se datan a las victimas de los abusos de un recurso efectivo contra ellos, los estados cumplen con su deber de garantía;
  2. Una cultura de observancia de los derechos, caracterizada por la legitimidad del monitoreo permanente desde la sociedad civil y por la capacidad de respuesta de las instituciones del estado, especialmente aquellas cuya función principal es la garantía de los derechos de los ciudadanos;
  3. Adecuación de la legislación interna a las normas del derecho internacional de los derechos humanos;
  4. Acceso al sistema supranacional de protección de los derechos cuando las instituciones nacionales no responden, y acatamiento efectivo a las resoluciones de sus órganos.

 

b) Para nosotros, la democracia es ante todo participación, que es a la vez vigencia del derecho humano fundamental a tomar parte en las decisiones que afectan a la colectividad en que cada uno de nosotros está inmerso. Reconocemos que, para ser significativa, la participación requiere de ciertas condiciones políticas, económicas y sociales que definimos como de inclusión.

 

Por ello, la democracia tiene que estar guiada por principios dirigidos a prevenir y a contrarrestar los fenómenos de exclusión y de marginación social que actualmente la aquejan. Aunque la democracia llamada «de mercado» es, sin duda, una forma de democracia, en nuestra concepción debe haber, por lo menos, un esfuerzo consciente, deliberado y de buena fe para realizar la justicia distributiva, ya que un mínimo de igualdad social es condición de la participación plena. Además, otra condición de la participación es que el poder esté distribuido de tal modo que esa participación tenga significado. Hay que acercar el poder a los ciudadanos y ciudadanas, y por ello es importante contribuir a descentralizarlo.

 

c) La protección de los derechos humanos debe incluir también la de los derechos económicos, sociales y culturales. Un esfuerzo intelectual y normativo es necesario para que los ciudadanos puedan exigir en forma eficaz su cumplimiento. La «justiciabilidad» de los derechos económicos, sociales y culturales debe comenzar por la aplicación a ellos de principios de debido proceso y de no discriminación que les son comunes con los derechos civiles y políticos.

 

En un sentido más profundo, esta nota de la democracia que queremos apunta a una profunda re-definición de las funciones del Estado, que nos aleje tanto del Estado que se creyó capaz de intervenir en toda la vida económica y social, como del Estado ausente ante los fenómenos de inseguridad y marginación.

 

d) La democracia es, en palabras de Robert Dahl, poliarquía; esto es, un sistema en que el poder no está concentrado sino distribuido entre instituciones y personas. No se trata simplemente de una atomización del poder, sino de una división armónica y equilibrada, en que las funciones inherentes a una institución sirven de límite y contrapeso a las atribuciones de otra.

 

e) Un aspecto esencial de la democracia es la rendición de cuentas o «accountability», según la fórmula de Schmitter y Karl. Para que un sistema pueda considerarse democrático, tanto las instituciones como las personas a quienes se confían funciones estatales deben estar efectivamente sujetas a diversas formas de control. Debe haber un control de naturaleza política, ejercido por la ciudadanía de diversas maneras. Y también un control por imperio de la legalidad y ejercida por diversas instituciones del Estado en forma independiente.

 

De este modo, todo agente estatal rinde cuentas de la forma en que desempeña las funciones que se le encomiendan. El Estado que protege los derechos, cuyos poderes están equilibradamente distribuidos, y cuyos funcionarios son responsables de sus actos ante la ley y ante el electorado, es el Estado de Derecho.

 

f) Destacamos la importancia de la autonomía de la sociedad civil respecto de la política, tanto estatal como partidaria. Para que esta autonomía sea una realidad, es necesario proteger la espontaneidad de la organización independiente de la sociedad civil, con una esfera de acción y bajo principios no sujetos al control estatal ni ideológico de nadie. Se trata, por supuesto, del ejercicio irrestricto de la libertad de asociación, pero creemos que representa algo más que eso también. Se requiere una postura ética y filosófica que reivindique el valor de la organización libre cuyo valor es la causa misma que defiende y no la «representatividad», criterio que es aplicable a la organización política pero no a la organización independiente de la sociedad civil.

 

g) La atención especial a ciertos sectores vulnerables no es sólo condición de inclusión, sino que también enriquece al contenido de la democracia y de los derechos humanos, al incorporar el enfoque y la perspectiva concreta de esos sectores. Esos enfoques particulares no contradicen la universalidad de los derechos humanos, sino que transforman y dan nuevo contenido al derecho de que se trate.

 

Por ello, la democracia debe contener políticas específicas que incorporen la perspectiva de  los niños y de otros sectores vulnerables o relegados. Ello significa que las distinciones clásicas entre lo público y lo privado deben reinterpretarse, de modo tal que las autoridades se hagan responsables, por ejemplo, de prevenir y sancionar la violencia doméstica contra mujeres y niños.

 

Dirección: http://www.iidh.ed.cr/vision/modelo.html
Ultima revisión: 12-2-99

 

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