Homosexualidad. Problemática educativa. S Benetti

APROXIMACIÓN EDUCATIVA A LA HOMOSEXUALIDAD

Lic. Santos Benetti

1. Introducción

Un problema preocupante y por cierto novedoso para la mayoría de los padres y educadores es la problemática de la homosexualidad en la educación de niños y adolescentes.

Al ser un tema novedoso en la mayoría de los países, salvo algunos europeos, los educadores no disponen de formación adecuada ni de experiencia en esta problemática que despierta muchas sensaciones opuestas.

Sin embargo, si hemos entendido bien lo que significa una educación integral de la sexualidad humana, no nos debe sorprender que también en las relaciones homosexuales (tanto masculina como femenina), tal como se las entiende actualmente,se den básicamente las mismas características fundamentales de toda sexualidad integral, como son la atracción física y el acople sexual, la vivencia de profundos sentimientos incluido el amor, la convivencia armónica desde una comunicación sana,y un proyecto común de vida.

Al mismo tiempo la relación homosexual tiene una diferencia esencial con la heterosexual desde lo biológico y con incidencia en lo social, ya que la inclinación natural se da hacia personas del mismo sexo y, por tanto, con imposibilidad de acceder a la procreación (no la adopción y educación de niños) y a la conservación biológica de la especia humana.

A lo largo de la historia humana la homosexualidad siempre existió en todas las culturas (aún en numerosas especies animales) y cada cultura dio una respuesta que consideraba adecuada desde su punto de vista.
Estas respuestas en su generalidad fueron ( y aún son en muchos países) de rechazo o condena (aún con la muerte) por considerarla una conducta que no se adecuaba al supremo interés social de preservar la vida de los pueblos, teniéndose en cuenta que eran épocas,de gran mortalidad infantil, de peligros mortales desde pestes y fenómenos naturales y por la siempre amenaza de guerras de exterminio.

Entonces la pareja tradicional heterosexual con la finalidad exclusiva de la procreación e insistencia en la fecundidad de la mujer era una cuestión considerada de vida o muerte para la supervivencia y para el desarrollo de los pueblos que constantemente necesitaban nuevos miembros para suplir a los que morían por vía natural (generalmente el tope de vida no superaba los 30 o 40 años), catástrofes o guerras, y poder continuar así con los distintos trabajos para la supervivencia y para repeler los ataques de posibles enemigos.
Por eso mismo las mujeres se casaban no bien eran aptas para la gestación, meses después de la menarca, y los varones entre los 16 y 18 años. Las familias o las autoridades tribales concertaban los vínculos y así garantizaban la continuidad de la comunidad.

Desde este punto de vista (pareja sexual para la procreación y la supervivencia) es evidente que no quedaba lugar ni rol para los homosexuales, aunque en algunas culturas primitivas se los dedicaba al culto y a la magia.
Y desde este mismo punto de vista, dicho sea de paso, tampoco quedaba lugar para incorporar a la pareja sexual valores que hoy consideramos fundamentales como son los afectos y el amor, la libertad de elección y la comunicación de igual a igual”.

El aspecto biológico (relativo a la vida) y la supervivencia eran valores fundamentales.

Hoy la situación de la humanidad ha cambiado radicalmente sobre todo a partir de la mitad del siglo XX desde los impresionantes avances científicos sobre la sexualidad, cambios culturales revolucionarios,y por un gran y constante crecimiento demográfico que incluso debe ser controlado.
La procreación y la supervivencia de la comunidad han dejado de ser prioritarias.

Y el cambio ha llegado también a la consideración de la homosexualidad (y de la bisexualidad) que deja de ser vista como una desviación o enfermedad médica o psicológica o una depravación moral
contraria a la naturaleza, para ser considerada como una condición motivada por la misma naturaleza que provoca tanto en animales como en seres humanos una tendencia erótica hacia el mismo sexo, desconociéndose por el momento las causas (biológicas, anatómicas-cerebrales, psicológicas o culturales) que inducen esta tendencia.
Por lo tanto el homosexual (gay o lesbiana) deja de ser un “marginal por su condición” para ser considerado como un sujeto pleno de derechos-humanos en igualdad con los heterosexuales.

Pero este cambio paradigmático no es aceptado de la misma manera por toda la población, incluso con fuertes resistencias ideológicas y emocionales, por lo cual necesitamos darnos un largo tiempo de estudio y reflexión para adecuarnos a esta nueva situación, especialmente en el campo educativo, social y religioso, ya que los paradigmas (esquemas de referencia) y prejuicios no se modifican mediante leyes, documentos y decretos, sobre todo cuando los cambios suceden “antes de lo previsto” y nos llegan con un fuerte impacto emocional.

Piénsese sin más en cuánto costó aceptar la igualdad del varón con la mujer (¡y cuánto cuesta todavía!), la igualdad entre blancos y negros (¡) o la igualdad universal sin amos ni esclavos.
Todas situaciones que todavía hoy ya en pleno siglo XXI dejan mucho que desear y adolecen de graves y constantes discriminaciones y violaciones de los derechos humanos ya teóricamente aceptados en forma universal desde 1948.


Por todo lo cual, ciñéndome al plano educativo, considero importante que nos tomemos un tiempo de serena reflexión tratando de dejar a un costado tantos pre-juicios (juicios previos no suficientemente analizados científicamente) y un sinfín de emociones o sensaciones negativas que hemos recibido desde nuestros primeros días respecto a los homosexuales y que se traducen en numerosos epítetos ofensivos y burlas constantes.

Mi experiencia terapéutica de largos años de tratamiento de centenares de homosexuales en Argentina y España me han ofrecido un acercamiento particular a varones y mujeres homosexuales que me permitieron a mí mismo superar visiones negativas o confusas para”entender y comprender” la homosexualidad con criterios personales aún opuestos a los recibidos en la Universidad, teñidos éstos de un dogmatismo freudiano incapaz de un acercamiento positivo e integral hacia la homosexualidad.

Pude entonces comprobar que el homosexual es un ser humano de una gran sensibilidad capaz de vivir todos los valores humanos y cuya tendencia hacia el mismo sexo viene desde el instante de su nacimiento sin que tengan culpa ni él ni sus padres, pues se trata de una tendencia innata, y sobre la cual hoy la mayoría de los científicos especialistas está de acuerdo.

También pude comprobar que el “drama” de los homosexuales en general no es la necesidad de cambiar de orientación que consideran natural en ellos,sino la aceptación de sus padres, familiares, amigos y de toda la sociedad, ya que la mayoría de ellos tiene que hacer malabarismos para ocultar o disimular su tendencia, especialmente en ambientes pequeños, conservadores o religiosos.
Muy pocos se percatan o nos percatamos del largo y profundo sufrimiento de los homosexuales que soportan el desprecio y la humillación de la sociedad, y que deben vivir en un constante encubrimiento como si fuesen delincuentes. Pero ¿cuál es su delito?

En esta serena reflexión que propongo vamos a considerar en primer lugar los varios aspectos necesarios para un acercamiento a la homosexualidad, especialmente
el origen de la homosexualidad
el aspecto social y religioso
el aspecto legal

-para detenernos especialmente en el aspecto educativo.


2. Sobre el origen de la homosexualidad

Hoy el mundo científico aún no sabe a ciencia cierta cuál es el posible origen de la homosexualidad, a pesar de las muchas investigaciones que en estos últimos decenios se llevaron a cabo.
Estas investigaciones, que hasta 1970 tenían la finalidad de erradicar la homosexualidad, que se hicieron generalmnte sobre una muestra reducida y por tanto con resultados no suficientemente confiables, buscaron un posible origen:
en los genes de los homosexuales (especialmente el cromosoma X en los varones), con poco avance ya que no se encontró un gen específico de la homosexualidad;
en las hormonas masculinas o femeninas, con resultados negativos, ya que el aumento de hormonas masculinas en los gays sólo aumenta su apetito sexual pero no logra cambio de orientación; lo mismo en las lesbianas con las hormonas femeninas;
en la anatomía cerebral, con mejores resultados al estudiar en el sistema límbico especialmente el hipotálamo que sí parece ser influyente en la tendencia erótica;
en conflictos psicológicos en la primera infancia (así el psicoanálisis y otros) que pueden influir en la homosexualidad siempre que haya una base previa;
en influencias del medio ambiente social y cultural que son más decisivas para una homosexualidad temporal y aprendida en determinados ambientes donde se dan relaciones exclusivas con el mismo sexo;

-en combinaciones de varias de estas posibles fuentes. En definitiva,ningún factor es predeterminante  pero puede prediponer junto a otros factores.

Desde mi punto de vista y de mis investigaciones, descartados los casos en que las “prácticas” homosexuales se aprenden por seducción, juegos sexuales o por ausencia de personas del otro sexo (caso de los internados o pupilajes, seminarios, fuerzas armadas o cárceles), considero que el verdadero homosexual nace con dicha “tendencia” y que le es imposible revertirla con ningún tipo de tratamiento, al menos hasta el día de hoy.
Por lo tanto, el homosexual no elige su tendencia ni es responsable de la misma.

Distinguimos
, pues, entre prácticas homosexuales adquiridas en determinados ambientes que sí pueden ser superadas y que a menudo desaparecen solas, de la tendencia homosexual que es irreversible. O sea, muchos heterosexuales pueden realizar actos de homosexualidad.
Pero el “verdadero homosexual” tiene una tendencia innata a personas del mismo sexo.

Al desconocerse el origen y la causa de la homosexualidad, tampoco puede incidirse en ella para modificarla, entendiendo que lo más probable es que tenga su origen en el sistema límbico o cerebro primitivo dado que en muchas especies animales se dan casos de homosexualidad, y porque en definitiva todo lo que tiene que ver con los instintos es regulado en primera instancia desde el sistema límbico (y en los seres humanos además por la corteza cerebral y lóbulo frontal “en segunda instancia” y con muchas limitaciones)


Mi experiencia terapéutica, confirmada por otros colegas y desde el relato de los (y las)
homosexuales y de sus padres (madres especialmente) que aluden a una tendencia desde los primeros años de sus hijos, me dice que no se trata de transformar a los homosexuales en heterosexuales (mediante terapias llamadas de “conversión”) sino en ayudarlos a
definir su identidad sexual (en el caso de que aún no lo hayan hecho, como sucede con mucha frecuencia en la primera adolescencia);
aceptar y comprender su inclinación homosexual superando traumas, vergüenza y culpas;
insertarse en la sociedad a pesar de tantos prejuicios y limitaciones en contra;
vivir armónicamente consigo mismos y con sus posibles parejas, único camino desde el punto de vista psicológico para una solución sana, desarrollando sus sentimientos y todos los valores relacionados con una pareja bien integrada.


Se trata de un esfuerzo muy grande ya que los obstáculos a vencer parecen a veces insuperables, sobre todo cuando los homosexuales pretenden con todo derecho ser aceptados tal cual son, primero por sus padres (algo que cuesta muchísimo) y luego por el resto de sus relaciones familiares, afectivas, laborales, etc.
En definitiva, todo homosexual tiene derecho a desarrollarse integralmente, a vivir en armonía consigo mismo y con los otros seres humanos y a encontrar y desarrollar su identidad y su FELICIDAD.

Como última consideración quiero resaltar que la problemática de la homosexualidad (como el de la sexualidad en general) pertenece fundamentalmente al ámbito científico, tanto biológico y psicológico como social o educativo, y en este sentido es importante superar creencias antiguas transmitidas por mitos, costumbres sociales, ideologías o doctrinas religiosas que hoy sabemos que carecen de fundamento científico y racional pues provienen de épocas en que las creencias surgían desde la imaginación, la intuición, desde necesidades históricas y con una muy escasa investigación y comprobación de datos, sin el desarrollo científico que hoy tenemos.


Este encuadre es importante para muchos padres que en el consultorio dicen:
Qué hecho mal para merecer esto? o
Qué pecado he cometido para ser castigado de esta manera.
No hubo mal ni pecado antecedente para explicar esta situación y otras del estilo.
Se trata de entender, y ¡cuesta entenderlo!,que la Naturaleza en su evolución (que aún no ha terminado y que tiene sus limitaciones) procedió de esta forma,si bien el sentido global y final es la preservación de la vida,los detalles de esa evolución y su costo a menudo nos resultan desconocidos y desconcertantes,como sucede con el sentido y la finalidad evolutivos de la orientación homosexual.

Entre tanto hoy podemos considerar como punto de partida, hasta donde llegó la ciencia y a pesar de muchas controversias, que la homosexualdad:
no es una enfermedad, tal como lo reconoce la OMS (desde 1990) y otras instituciones médicas internacionales desde 1973;
ni es una depravación o tendencia inmoral, sino una tendencia natural.


Es una tendencia dada por la Naturaleza, como lo es la heterosexualidad
y como lo es la asexualidad (procreación sin sexo) en muchos microorganismos primitivos y aún hoy existentes.


3. El aspecto social, cultural y religioso de la homosexualidad


Tal como ya lo hemos insinuado, una cosa es lo que diga la ciencia sobre la homosexualidad, y otra cosa muy distinta es,qué siente la sociedad frente a los homosexuales.
Como suelen decirme mis alumnos:
Me esfuerzo por comprender la homosexualidad y superar mis prejuicios y sentimientos.

No voy a extenderme sobre estos prejuicios y sentimientos adversos que son harto conocidos y vividos desde tiempos inmemoriales frente a personas que nos resultan extrañas y tan distintas, personas consideradas en muchas culturas como tabú, o sea peligrosas para la sociedad, o fruto de quién sabe qué mal espíritu o demonio malévolo como se pensó durante largos siglos y con doctrinas pseudo-justificatorias (por ejemplo en las sectas gnósticas); en definitiva personas que cargan con la desvalorización moral, social y religiosa sin que tengan el derecho a expresarse pero que sí son obligadas”demostrar” que son normales y morales.


Felizmente las cosas están cambiando aunque muy lentamente, ya que la superación de los prejuicios demanda esfuerzos en varios sentidos:
Informarnos sobre el tema desde escritos bien fundamentados, escritos que hay que leer y reflexionar (¿cuántos lo hacen?) lo más objetivamente posible.
Hacerlo durante muchísimo tiempo para lograr cierto cambio de las impresiones internalizadas en el inconsciente desde siempre.Y en el caso específico de los prejuicios homofóbicos:
Superar las sensaciones negativas de repugnancia ante las expresiones afectivas de los homosexuales, la relación anal o las formas lesbianas. Frecuentemente escucho:
“No puedo superar la sensación de rechazo, especialmente de los gay o de las lesbianas”

Desde el punto de vista educativo, es evidente que esta es la tarea más difícil de llevar a buen término. Podemos entender “racionalmente” lo que dice la ciencia o lo que dice la ley o tal artículo de los derechos humanos, pero el problema no radica en la comprensión racional sino en la aceptación emocional, pues como bien explican los neurobiólogos, las emociones sentidas desde la infancia se disparan en cualquier circunstancia antes de que el cerebro racional pueda actuar.

Nunca olvidaré a aquella madre que cuando se enteró de que su único hijo adolescente tenía dificultades de identificación sexual y posible homosexualidad me dijo: “Prefiero verlo muerto antes que puto”.
En esa cruda y brutal expresión pude comprobar el drama de los homosexuales y el grado de confusión de cómo se los percibe.

Por eso, la tarea fundamental que hoy tenemos es revertir sentimientos, emociones y sensaciones que vivieron en nosotros durante largos años sin que jamás fueran cuestionados ni mínimamente analizados. Y esto no sólo en nuestros alumnos o hijos, sino principalmente en nosotros mismos.

Si ya nos cuesta superar los prejuicios y sentimientos hacia la sexualidad en general (y por eso tanto nos cuesta hacer educación sexual) con mucha mayor razón nos cuesta a la mayoría heterosexual (los “normales”) comprender desde el corazón,a una minoría que siempre fue sentida como anormal, enferma y amoral.


La perspectiva religiosa

La visión religiosa sobre la homosexualidad es aún más compleja ya que, al menos para las religiones de Occidente y Cercano Oriente (Judaísmo, Cristianismo e Islam) fundamentadas todas ellas en los libros sagrados que “traen la palabra de Dios” (Biblia y Corán), las prácticas homosexuales son consideradas como un grave pecado penalizado en dichos libros y en los comentarios con severos castigos que no excluyen la muerte.
El ideal semita (hebreos y árabes) de la perfección humana era la unión del varón y de la mujer como “imagen de Dios” que los bendice para la procreación, tal como lo expresa el texto de Génesis 1,27-28: “Y Dios creó al hombre a su imagen… los creó varón y mujer,Y los bendijo diciéndoles: Sean fecundos y llenen la tierra…”

Al mismo tiempo siempre se valorizaba en forma especial el rol del varón por sobre la mujer y del semen como elemento esencial de la procreación, ya que se ignoraba el rol del óvulo femenino.
Por eso se condenaba todo derrame voluntario del semen y la eyaculación fuera de la vagina como una pérdida irreparable del don divino de la vida.
También se consideraba como la mayor desgracia para la mujer el hecho de no casarse, de ser estéril o de ser abandonada por un hombre.

Es evidente, entonces, que para la cultura hebrea no había cabida digna para la homosexualidad, máxime teniéndose en cuenta que las relaciones homosexuales eran practicadas por los cananeos como parte de su culto idolátrico, al igual que la prostitución sagrada.
Lo cual era absolutamente contrario a la identidad hebrea de pueblo de Yahvé que exigía  determinada pureza ritual (concretada en las normas del Levítico especialmente capítulos 15, 18, 19 y 20) conforme a lo expresado por Dios: “Ustedes serán santos, porque Yo, el Señor su Dios soy santo” (Lev 192) “Santo” significa “separado”conforme al dicho: “Ustedes serán santos porque Yo el Señor soy santo y los separé de los otros pueblos para que me pertenezcan” (levítico 20,26)
Entre los actos impuros o abominables figuraban el incesto, el adulterio, los actos homosexuales, el bestialismo, la idolatría, los sacrificios humanos a Moloc, la consulta a los muertos y otros enunciados en el Decálogo.
También se consideraban variadas formas de impurezas sexuales tanto en el varón como en la mujer que exigían determinados rituales de purificación.

Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que egipcios y babilonios humillaban a los pueblos vencidos violando a los prisioneros con la penetración anal.
Todo lo cual conformaba una visión netamente negativa respecto a la homosexualidad: por su carácter estéril, por su relación con los cultos idolátricos y por su rasgo humillante para el varón.
Por eso los textos condenan siempre los actos homosexuales sin distinguir entre tendencia y acto,
un concepto moderno desconocido por los hebreos. Incluso la mayoría de los casos referidos en la Biblia parecen más bien de varones heterosexuales que practican la relación anal.

Así el Antiguo Testamento afirma:
“No te acostarás con un varón como si fuera una mujer: es una abominación” (Levítico 18:22)
Y añade el castigo: “Si un hombre se acuesta con otro hombre como si fuera una mujer, los dos cometen una cosa abominable; por eso serán castigados con la muerte y su sangre caerá sobre ellos” (Levítico 20:13) El A.T. no habla de la homosexualidad femenina.

En síntesis, como afirma el Dr. Fernando Szlajen: “” No es posible encontrar un permiso desde las fuentes judías para la conducta homosexual porque sería desde lo axiológico permitir hacer nuestros impulsos el valor supremo,desde lo cultural haber aprendido prácticas prohibidas y desde lo social retrotraernos a la concepción sexual antigua y pagana de roles e intercambiabilidad sexual de los individuos, negando en todos estos casos, el aspecto revolucionario y fundamental desde la perspectiva axiológica, cultural y social que imparte la Torá y por ende el judaísmo, como base de la cultura occidental.

La conducta homosexual niega la mayoría de los principios fundamentales del judaísmo, niega el orden de la relación impuesta por Dios entre los hombres, niega el aspecto controlador de los impulsos sensuales por parte del individuo, y por ende niega una de las funciones cardinales de los preceptos en el cumplimiento del principio monoteísta. Niega incluso la procreación, la primera bendición y el primer mandato dado por Dios al ser humano de fructificarse y multiplicarse, (Génesis 1, 28) y luego en Isaías 45:18. ”

La ley de matrimonio homosexual está flagrantemente en contra de todos los principios axiológicos monoteístas, sociales y civilizatorios del judaísmo… )

(Fernando Szlajen es Doctor en Filosofía, Máster en Filosofía Judía, Licenciado en Filosofía y Jerusalem Fellows Graduate,Investigador para el Memorial Foundation for Jewish Culture, USA. actualmente reside en Argentina y se desempeña como investigador y profesor de Filosofía Judía y profesor de Postgrado en Facultad de Filosofía y Letras, UBA)

Por su parte en el Nuevo Testamento leemos:

“Por esta razón, Dios los entregó (a los paganos) a pasiones vergonzosas. Sus mujeres cambiaron las relaciones sexuales naturales por otras contrarias a la naturaleza y, del mismo modo, también los hombres, dejando las relaciones sexuales naturales con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros. Los hombres cometieron actos vergonzosos con hombres y recibieron, en sus propias personas, el castigo merecido por su extravío. “(Carta a los Romanos 1:26-27)
Este es el único texto en toda la Biblia que cita la homosexualidad femenina.
Pablo alude a una práctica “contraria a la naturaleza” según la vivía y entendía aquella cultura.
“…Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados (malakoí), ni los homosexuales (arsenokoítai)… heredarán el Reino de Dios”. (1 Cor 6, 9-10)

Respecto a estos textos y otros similares, tengamos en cuenta que:

– Fueron escritos desde hace 2800 años (Antiguo Testamento) o 2000 años (Nuevo) y reflejan la mentalidad de la época en que se concebía la sexualidad exclusivamente para la procreación, evitándose al mismo tiempo que los hebreos primero y cristianos después se contaminaran con los cultos paganos cananeos o griegos respectivamente, que incluso, practicaban actos homosexuales en sus cultos, al igual que la prostitución sagrada tanto para hombres como para mujeres.

El concepto de amor y afectividad como parte esencial de la pareja era casi desconocido, aunque el relato de la creación del hombre según el cap. segundo del Génesis, considerado más antiguo que el primero de origen sacerdotal,habla de la mujer como “ayuda adecuada” del varón, y señala que ambos llegan a ser “una sola carne” (Gen 2,24) aludiéndose a la soledad de Adán sin la mujer y a una unión completa que logran en la pareja.

Tampoco desconoce la Biblia la amistad profunda entre varones, como la de David y Jonatán “que llegó a amarlo como a sí mismo” (1Samuel 18,1,1-3) y de quien dijo David al morir su amigo: “Tu amistad fue para mi más maravillosa que el amor de las mujeres” (2Samuel 1,26), pero nunca entiende la relación homosexual masculina bajo la faz afectiva, como sí hoy se la concibe.

También hay que tener en cuenta que los textos prohibitivos reflejan una costumbre arraigada en la cultura sin hacerse una distinción entre la costumbre y la moral o lo ético.
Por ese mismo motivo, la Biblia acepta como normal la sumisión de la mujer al varón, la pena de muerte para varios delitos o pecados, la guerra de exterminio total y la esclavitud, algo común en todos los pueblos de la antigüedad.
En consecuencia, los libros de la Biblia (de muy diversos autores y escritos en diversos siglos) no establecen un código ético universal, sino que reflejan las leyendas, la historia, la sabiduría, el culto y las normas y costumbres del pueblo hebreo en un largo período de tiempo.

– Aún quienes hoy leen estos textos desde una interpretación literal (fundamentalistas) sin tener en cuenta el contexto cultural e histórico, considerando la práctica homosexual como pecado grave según palabra divina, omiten la condena a muerte a los homosexuales que según los textos bíblicos también cabía a las adúlteras, al pecado de bestialismo y a la relación sexual con mujer menstruante. ¿Por qué esta diferencia de criterios? Es evidente que los textos son re-interpretados desde un contexto actual, tomándose algunos en su sentido literal y corrigiéndose u omitiéndose otros directamente.

– Los textos bíblicos en ningún caso fundamentan con argumentos racionales sus contenidos que son impuestos por vía autoritaria o que legalizan una costumbre ya practicada.
Pero hoy se necesitan argumentos desde las ciencias y la filosofía para avalar criterios morales o leyes. Se ha pasado de la heteronomía (la ley externa y venida de Otro) a la Autonomía (la ley como fruto de la reflexión y del consenso del sujeto en su comunidad)

– Al proclamarse que tales textos son “la Palabra de Dios” es evidente que se trata de una interpretación realizada por los escritores del texto y exclusivamente válida para quienes lo creen de esa forma, pues de ninguna manera se trata de una evidencia ni de un argumento racional científico válido para todos. Obligan en conciencia sólo a quienes los asumen con convicción interna como norma suprema de vida y palabra de Dios.

La Iglesia Católica
, como también las otras Iglesias, ha hecho su propia reinterpretación actual de los textos y si bien comprende que la tendencia homosexual es ajena a la voluntad del propio sujeto y aconseja una postura benigna en el trato a los homosexuales, sin embargo condena la práctica de actos homosexuales y les da como única forma de resolución la práctica de la castidad con diversos argumentos.

En efecto, así se expresa El-Catecismo Católico:

2357. La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado.
Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
2358. Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza.
Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
2359. Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.

Entre las iglesias y religiones
que no consideran a la homosexualidad como pecado e incluso casan a parejas del mismo sexo se encuentran la Iglesia Luterana Sueca, la Iglesia Unida de Canadá, Iglesia Unida de Cristo, Iglesia Universalista, Cuáqueros, Judaísmo Reformado, y ciertos grupos del Islam, Hinduismo y Budismo.

4. El aspecto legal

La legalización de las relaciones homosexuales en una “pareja estable” es una conclusión casi obvia de los cambios de paradigma y se da sobre todos en los países del occidente europeo, algunos estados de EEUU y Méjico, y en Sudamérica sólo en Argentina bajo la denominación de “Matrimonio Igualitario” tras un debate marcado por la polémica y poco propicio para una
reflexión serena.
Todo lo cual significa un
nuevo modelo de familia.

El matrimonio entre personas del mismo sexo (también llamado matrimonio homosexual, matrimonio gay o matrimonio igualitario -con este último término fue como se lo conoció exclusivamente en Argentina-) es el reconocimiento jurídico que regula la relación y convivencia de dos personas del mismo sexo, con iguales requisitos y efectos que los existentes para los matrimonios entre personas de distinto sexo.
El matrimonio entre personas del mismo sexo
, en los países en que se ha aprobado hasta ahora, se ha establecido legalmente mediante la extensión de la institución ya existente del matrimonio a aquellos formados por personas del mismo sexo. Se mantienen la naturaleza, los requisitos y los efectos que el ordenamiento jurídico venía reconociendo previamente a los matrimonios.

Junto a la institución del matrimonio, y como alternativa o, en ocasiones, superponiéndose a la regulación del matrimonio entre personas del mismo sexo, existen instituciones civiles adicionales, muy diferentes en cada país y comunidad, con denominaciones distintas como “parejas de hecho
” o “uniones civiles” (entre otras denominaciones), cada cual de una naturaleza, requisitos y efectos ad hoc, según la realidad social, histórica, sociológica, jurídica y aun política de cada sociedad.
Estas instituciones son consideradas por movimientos de Derechos Humanos como
instituciones apartheid y en muchos casos son criticadas por fomentar la discriminación y crear ciudadanos de segunda clase.El matrimonio entre personas del mismo sexo es considerado un tema de Derechos Humanos 
por diversas organizaciones de defensa de los Derechos Humanos.

Este apoyo se basa en el argumento de la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, así como en los problemas de salud física y mental que puede acarrear a las parejas del mismo sexo la prohibición del acceso al matrimonio. (Wikipedia)

La legislación argentina (Ley 26.618) recoge esta opinión generalizada cuando afirma:
Es indispensable para la existencia del matrimonio el pleno y libre consentimiento expresado personalmente por ambos contrayentes ante la autoridad competente para celebrarlo. El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo (Artículo 172)

En la presentación del Proyecto de ley
(de la diputada Vilma Ibarra)
se consideran estos fundamentos:

“Es decir, reconoce a las personas la libertad de elegir con quien asumir los compromisos de la convivencia en pareja, regulada en la institución jurídica y laica del matrimonio, otorgando entonces iguales derechos y obligaciones con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de distinto sexo.
De esa forma, no se hace otra cosa que reconocer que, sobre ese espacio de libertad que las personas ejercen como derecho para consagrar su dignidad, nuestra sociedad se constituye e integra con parejas homosexuales.

Así, consagrar la igualdad de status civil jurídico social en la institución del matrimonio a todas las personas, no sólo implica un desagravio a sectores sociales que han sido y siguen siendo marginados y perseguidos, sino que es fundamentalmente una conquista real y simbólica para toda la sociedad. Siempre que se iguala en derechos, la sociedad gana en libertades y ciudadanía.
El derecho al matrimonio, institución civil y laica, y a llamarse matrimonio es un derecho de todos, sin distinción, y en democracia no puede ser un privilegio de unos con exclusión de otros.
Por ello, lo que se propone es el cambio en la conceptualización de la institución jurídico civil del matrimonio”.

Y se citan textos de la fundamentación de la ley española:
“La convivencia como pareja entre personas del mismo sexo basada en la afectividad ha sido objeto de reconocimiento y aceptación social creciente, y ha superado arraigados prejuicios y estigmatizaciones. Se admite hoy sin dificultad que esta convivencia en pareja es un medio a través del cual se desarrolla la personalidad de un amplio número de personas, convivencia mediante la cual se prestan entre sí apoyo emocional y económico, sin más trascendencia que la que tiene lugar en una estricta relación privada, dada su, hasta ahora, falta de reconocimiento formal por el Derecho.”

→ En las páginas de internet (google, por ejemplo) el lector puede encontrar los numerosos argumentos en pro y en contra del matrimonio homosexual. Por ejemplo:
En contra del matrimonio homosexual
Rebaten estos argumentos:
Respuestas que demuestran que son falsos

Sobre la legislación civil del matrimonio homosexual es importante
tener en cuenta lo siguiente:

Se trata de una legislación que considera válida y legal la relación estable de parejas homosexuales “para el Estado” dotándola de los mismos derechos que ya tienen los matrimonios civiles heterosexuales. No se considera al matrimonio bajo el aspecto moral o religioso sino como institución civil y laica.

La legislación blanquea muchísimas relaciones de parejas homosexuales de hecho. Por tanto no se trata de una realidad de por sí novedosa. Lo novedoso es el reconocimiento de sus derechos por parte del Estado. Tampoco obliga a las parejas homosexuales “de hecho” a casarse.

En ningún momento la legislación entra en el terreno de la ética o moralidad de dichas relaciones; tan solo afirma que quienes según su conciencia y libre decisión desean constituir una pareja homosexual estable, están dentro de la ley y gozan de su protección y derechos, si cumplen determinados requisitos legales (libre consentimiento ante autoridad competente).
Algo similar sucede cuando la legislación estatal legisla, por ejemplo, sobre el divorcio y otras situaciones con connotaciones éticas: solamente afirma que “quienes desean divorciarse” ante la ley deben hacerlo de determinada forma, sin entrar en un juicio moral sobre dicha problemática.

-Esto naturalmente es posible y necesario en países pluralistas donde el Estado no está sujeto a la legislación de las religiones. Por eso en países donde el Estado asume como propia la legislación religiosa (caso de la mayoría de los países islámicos) esta doble legislación no es posible porque la ley del Estado es la misma que la ley de la Religión. Esto mismo sucedía hasta la Edad Moderna en la mayoría de los países cristianos.
La separación Iglesia-Estado ha modificado el escenario pues la sociedad pluralista (creyentes de distintas confesiones, agnósticos, ateos, teístas) requiere una legislación que contemple a todos bajo la denominación única de ciudadanos.

Por cierto, como sucede con todas las legislaciones del Estado, la fuerza de los argumentos esgrimidos (argumentos basados en la razón y a veces en intereses políticos) y la conveniencia y oportunidad de la ley son objeto de múltiples opiniones y discusiones por los distintos grupos sociales que no siempre llegan a un consenso general por lo que el tema se resuelve por la votación de la mayoría, como es la práctica de la democracia.

Por lo tanto, como la ley civil no afecta al fuero interno de cada persona, ni a su conciencia ética ni a sus convicciones religiosas, cada uno en esos fueros o instancias es libre de tener y mantener su opinión personal.
Así cristianos, judíos o musulmanes tienen el derecho, claramente expresado en el art. 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de profesar su religión con sus preceptos morales y cultuales.
Esta pluralidad de confesiones religiosas y de legislaciones civiles y laicas supone por cierto un alto grado de madurez democrática que, si bien no es fácil, es posible lograrlo tal como sucede ya en muchos países.

– También el pluralismo nos permite “distinguir” entre el marimonio heterosexual y el homosexual,
como lo hace la mayoría de los países en sus legislaciones, ya que señalar las diferencias biológicas no significa de ningún modo discriminar. Especial es el caso argentino que habla de “matrimonio igualitario”, una expresión por cierto ambigua, poco feliz y que a muchos les resulta confusa.En este sentido bien puede pensarse en una denominación para el matrimonio heterosexual y otra para la pareja homosexual, sin que esto signifique discriminación de ningún tipo en lo que a derechos se refiere, sino simplemente señalar diferencias.
Obviamente todo es materia de opinión.

Seguramente a las instituciones religiosas,acostumbradas desde milenios a dictaminar y fijar unilateralmente la moralidad de las conductas de los habitantes de cada pueblo, les puede resultar más difícil acostumbrarse a esta nueva situación y adaptarse a un cambio tan profundo y radical de la cultura, aprendiendo a respetar la opción personal de cada ciudadano y a encontrar argumentos racionales que superen la pura instancia de autoridad a la hora de establecer normas de convivencia.
Cuando las instituciones religiosas adquieren este grado de madurez se enriquecen a sí mismas y se vuelven más creíbles tanto por sus fieles como por los foráneos.

En síntesis: estas legislaciones civiles sobre la homosexualidad no afectan a las creencias particulares tanto dogmáticas como éticas y sólo significan un reconocimiento de derechos para quienes según sus inclinaciones, sus condicionamientos psicológicos, su necesidad de salud mental y su libre decisión optan por vivir en pareja que, si bien excluye la posibilidad de procreación, permite una sana y armónica vida afectiva, un proyecto social útil a la comunidad, incluso con educación de hijos adoptivos, y el único camino para la felicidad.

Obviamente habrá otros homosexuales que optarán por otros caminos, incluido el de la vida consagrada a Dios tal como sucede con muchos de ellos que ejercen el sacerdocio o entran a una congregación u orden religiosa o dedican sus energías a obras sociales, comunitarias o eclesiales.
En mi experiencia terapéutica he tenido la oportunidad de atender a muchísimos miembros del clero y de congregaciones religiosas que subliman su homosexualidad en la vida religiosa con las mismas oportunidades y dificultades que tienen los heterosexuales.

5. El aspecto educativo

Es evidente que a muchos educadores les ha de resultar difícil y complicada la educación sexual integral y la educación en general teniendo en cuenta el nuevo escenario que plantea hoy el reconocimiento legal de la homosexualidad, un tema sobre el cual la escuela mantuvo estricto silencio como en general sobre toda la problemática sexual.
Pero antes de plantear algunos elementos orientativos deseo aclarar lo siguiente:

El educador debe perder el miedo a esta temática que, si bien a primera vista parece difícil y complicada, no es tal si se la encara desde una perspectiva natural y serena. Lo que complica es el silencio condenatorio, lo que complica es la discriminación, lo que complica es hacer un juicio de valor sobre adolescentes y adultos que simplemente “sienten lo que sienten” y que tienen derecho a saber qué hacer con lo que sienten.
Porque el adolescente homosexual, por ejemplo, no es un ente abstracto o extraplanetario; es un ser de carne y hueso, que tiene padres y hermanos, que siente, que ama, que necesita ser amado y respetado, que desea estudiar y capacitarse para la vida, que a menudo tiene grandes capacidades artísticas y una fina sensibilidad, que tiene valores éticos y religiosos, que sufre, que duda…

Pero todo eso lo vamos a descubrir y sentir si nos acercamos y los miramos con una mirada sencilla y pura. Esa es mi experiencia de tratar a centenares de homosexuales. Las fobias al homosexual, al de otro color de piel, al extraño, nos llevan a apartarnos de ellos y fantasear e imaginar qué pueden ser, qué malignidad tienen ¿No es más sencillo acercarnos y constatar quiénes son, qué sienten y piensan? Entonces descubrimos que son similares a nosotros y que tenemos mucho que aprender de ellos.

Es evidente entonces que el de la homosexualidad es un caso más de las tantas discriminaciones de las que está llena nuestra vida y nuestra sociedad, porque discriminamos y despreciamos a todo aquel que por ser distinto nos plantea otro punto de vista, sea por su condición sexual (mujer, varón, homosexual, travesti, etc.) o genética (blanco, negro, gordo, discapacitado…) o social (pobre, rico, esclavo, prostituta…) o cultural (extranjero, oriental, indígena, analfabeto…)

Enfocado así el problema, podemos abordarlo con estas actitudes y estrategias:

1.
Lo primero es “conocer” lo que no conocemos.
Y a los homosexuales se los conoce hablando con ellos, preguntando desde una actitud de empatía y afectuoso acercamiento. Quienes han escrito sobre ellos es porque hablaron e investigaron con ellos o ellos mismos han hablado y escrito de sí mismos.
Por eso lo primero es abocarnos a conocer la problemática homosexual desde todas sus variables e instancias: biológicas, psicológicas, sociales, etc.
Lo que yo sé de los homosexuales es lo que ellos mismos me confiaron y que después pude constatar en un sinnúmero de artículos de especialistas. Al escucharlos, al captar su sufrimiento, al constatar sus angustias, anhelos y preocupaciones pude comprenderlos y pude amarlos.
Y sólo cuando se ama a alguien se lo conoce. Y el amor nos abre a nuevos conocimientos y a la búsqueda de solución para los problemas planteados. No estoy diciendo nada nuevo que cualquier educador auténtico no conozca. Aquí también vale aquello de “ama a tu prójimo como te amas a ti mismo” y “no hagas a otro lo que no quisieras que te hagan a ti”.

Este conocimiento, como sucede con toda la educación sexual, debe ser lo más preciso desde el punto de vista científico. Por eso ofrecemos a los educadores variados artículos en nuestra página, no como dogmas ni como cosa juzgada sino como aproximaciones a un tema sobre el cual aún quedan muchas dudas.

-A 
través de este conocimiento directo cara a cara o por medio de lecturas iremos destrabando tantos prejuicios, confusiones y sentimientos adversos en nosotros y en nuestros educandos.

En algún caso sería interesante invitar a algún homosexual conocido como tal para que dialogue con los alumnos y despeje sus dudas.

Hablar sobre homosexualidad no significa ningún riesgo psicológico para la mayoría heterosexual. Al contrario, es la única forma para que aprendamos a convivir civilizadamente unos con otros, algo que aún en nuestros “cultos” países no hemos conseguido.

2.
Lo segundo, y para ello el conocimiento es un medio, es respetar y valorar a los homosexuales (una minoría que no suele pasar del 3% de la población) como sujetos de derecho pleno al igual que los heterosexuales. Como ya lo he insinuado en este artículo, este es el punto esencial desde padres y educadores.
Analizar-con los educandos los múltiples prejuicios y nociones falsas o confusas sobre la homosexualidad para ir lentamente configurando nuevos sentimientos.
Recordar: mucha información, durante mucho tiempo, y con mucha paciencia y afecto!

Y mucho más teniéndose en cuenta que en muchos casos tendremos entre nuestros educandos a algunos con cierta indefinición sexual o con clara definición homosexual. Me consta con qué crueldad se los trata tanto desde los compañeros como desde la institución educativa.

Para que los compañeros respeten y valoren a los homosexuales es fundamental (¿hace falta decirlo?) que los padres y educadores den el ejemplo. Y este es un tema que la escuela debe tratar en las reuniones con los padres, clarificando con ellos conceptos, prejuicios y nociones francamente erróneas.

Un tema especial es la aceptación de la pareja homosexual (legal o de facto)
Pero pensemos: ¿Qué camino le queda al homosexual? Desde el punto de vista psicológico y de una salud integral el camino sano es una pareja estable que canalice sus sentimientos y el amor, tal como sucede con los heterosexuales. Sólo en algunos casos y desde una opción voluntaria puede ser la castidad, la sublimación por medio de la vida religiosa o alguna actividad competente. Pero esta es una cuestión que cada homosexual tiene derecho a resolver de la mejor manera de acuerdo a su conciencia.

– Es bueno tener en cuenta que los educadores tienen el derecho a una opinión personal sobre estas cuestiones, según su cultura, religión, etc.
Pero como educadores debemos presentar a los educandos todas las opiniones y variables sobre el tema, sin imponer ninguna opción ética única, que queda a cargo de cada educando y de sus familias.
En este sentido es importante distinguir entre el aspecto biológico, el legal, el religioso, el moral y el social, conscientes de que se trata de un tema con muchas variables y aristas y sometido aún a muchas revisiones e investigaciones.

3.Una palabra sobre la educación en escuelas religiosas, sean católicas, protestantes o de cualquier otro culto. Todas ellas – y hablo porque conozco sus teologías y literatura, ya que las he estudiado- predican a un Dios que es Amor y que ama al ser humano. Entonces, coherencia entre lo que se cree y predica y lo que se practica.

Muchísimos homosexuales, como los que concurrieron a mi consultorio, practican alguna religión e incluso transitan por una vida consagrada a Dios. Y todos me preguntan:
“¿Qué debo hacer? ¿Qué me pide Dios? ¿Por qué estoy en pecado si Dios me ha querido así y no puedo dejar de ser homosexual?” y otras expresiones similares.
Y en esas preguntas encuentro generalmente una imagen de un Dios masculino, patriarcal, tiránico y castigador, simple proyección de culturas que proyectaron en el cielo las estructuras sociales de la tierra. Entonces considero importante que no confundamos nuestros prejuicios y juicios de valor con los de Dios, porque ¿quién puede estar seguro que conoce a Dios y conoce su palabra?

Por eso suelo decirles a los homosexuales: “No sé lo que piensa Dios. Pero sí sé lo que yo pienso y siento desde ni conciencia sincera, y tú debes pensar y sentir desde la sinceridad de tu conciencia. Si lo haces, seguramente que Dios te sonríe porque asumes tu responsabilidad con un corazón sincero y limpio”. Y recuerdo lo dicho alguna vez por Jesús en una sociedad marcada por los prejuicios y conductas hipócritas:
Felices los sinceros de corazón porque sólo ellos verán a Dios (Evangelio de Mateo 5,8)
Esto sí que es revolucionario: Sólo se ve a Dios desde la sinceridad de la conciencia.

También suelo decir:
“No creo que Dios sea menos comprensivo que yo, ni tenga menos amor que yo, ni sea menos respetuoso que yo, un ser humano lleno de defectos pero que estoy aprendiendo a respetar y amar al prójimo. Al contrario, si El existe, debe ser el mejor compañero que tenemos en la vida, el más comprensivo y respetuoso.El sabe lo que sientes y lo que sufres y como lo haces con un corazón sincero, ya lo estás viendo porque está dentro de ti”.

En fin, que Dios no puede condenar a quien nació con una marca discriminatoria.
Al contrario, seguramente es objeto de sus preferencias.
Es una forma de pensar.


Y un aporte final a los educadores sobre algo que practico y enseño:

Los educadores no somos los dueños de la verdad,
no somos dueños de la ética,
no somos gendarmes de la moral pública.
Somos acompañantes (mistagogos) de los niños y adolescentes para ayudarlos
a crecer en el conocimiento de sí mismos,
en su aceptación y
en un crecimiento constante desde su propia conciencia y su libertad.
Acompañamos en el camino, pero no somos el camino.
Cada ser humano será su propio camino.
Y esta es la maravillosa experiencia de la vida humana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *