Madurez religiosa. S Benetti

Qué entendemos por madurez religiosa?

 


 

LA MADUREZ RELIGIOSA

S. Benetti

a) El concepto de madurez religiosa constituye solo un punto ideal de referencia para las conductas religiosas y no una definición estática o punto de llegada identificable o el logro de la edad adulta.

No se puede fijar con generalidad un momento cronológico o estado concreto en que se alcance la madurez. No coincide con una edad concreta ni con una conducta determinada; es mas bien una situación del individuo que solo se alcanza cuando existe una verdadera armonía en su interior y proyecta toda su existencia hacia lo sublime y trascendente. La conducta religiosa aparece como un esfuerzo para dar significado a la propia existencia, como una de las soluciones posibles a los interrogantes que se le presenta al hombre en las diversas etapas de la vida.

La madurez es un concepto de la psicología que a su vez lo ha tomado de las ciencias de la Naturaleza; partiendo de esta base caben tres acepciones del concepto:

– el sentido de coherencia entre lo que se cree y lo que se practica, entre las capacidades poseídas y los frutos dados.

– el sentido evolutivo: es el grado de desarrollo posible por un individuo que crece progresivamente hacia un ideal. Se es maduro no por haber llegado hasta el término del camino sino por haber recorrido el espacio justo que se requería hasta el momento presente.

– el sentido ideal: es la meta máxima del desarrollo. Nunca se alcanza, se va realizando parcialmente en la propia existencia.

b) Características de la madurez religiosa:

– La religiosidad madura engloba una serie de comportamientos y aspectos de la personalidad muy variados referidos no solo al campo de lo religioso sino a todas las dimensiones de la personalidad. Dado su carácter de principio organizador la madurez religiosa es capaz de ofrecer un significado unitario sin deteriorar la autonomía de los distintos factores al establecer una clara diferencia entre los distintos aspectos y niveles de personalidad que abarca. Una personalidad madura se expresa como tal en la medida en que da valor absoluto a toda su vida y a toda su realidad.

– Desde la madurez religiosa el individuo lleva a cabo una selección y reorganización de sus intereses y comportamientos, rechazando aquellas formas de religiosidad puramente afectivas o impulsivas, interesadas y externas a uno mismo. Desde su racionalidad llega a la integración de todos los elementos de la personalidad capaz de proporcionar dinamismo a todos ellos.

– Una religiosidad madura estimula conductas coherentes en todos los sectores de la vida.

– Una religiosidad madura no viene fijada en estructuras definitivamente concluidas. Permanece siempre como una tarea abierta para el individuo, se halla siempre a la búsqueda de mejores y mas satisfactorias respuestas y acepta abiertamente el riesgo de la búsqueda de verdades mas   importantes. Esta dinamicidad se manifiesta además en un esfuerzo continuado de confrontación con la historia y con la experiencia humana. Todo lo cual implica flexibilidad pues ningún modelo ni planteamiento es definitivo.

– La madurez religiosa se logra poco a poco. La reestructuración interior que se realiza es muy profunda y por eso no es de extrañar que el cambio aparezca acompañado de una crisis. Exteriormente quizá no sea así porque se da principalmente en un plano interno. Esa crisis puede remover los cimientos más profundos creando confusión. Pero esa crisis no es una pérdida, pues la persona religiosa por medio de esa reestructuración llega a una mayor comprensión de la vida. El mundo cotidiano adquiere un carácter especial, diferente, pues antes era su centro de atención y ahora se convierte en algo que le deja paso a lo más profundo, a lo más trascendente. El mundo visible queda así como la expresión de una vida más profunda.

c) Religiosidad y Fe madura desde una perspectiva psicológica.

Autores varios coinciden en señalar que las características de la religiosidad madura tiene ciertas notas psicológicas que podríamos sintetizar como sigue:

1. Una filosofía unificadora de la vida.

Una persona madura sería aquella que tiene un conjunto de elementos afectivo-intelectivos que llevan a armonizar todos los datos que provienen del mundo exterior e interior en un todo armónico. La religión no es lo único que da esta filosofía unificadora  de la vida pero sí puede decirse que es la que ofrece la filosofía de la vida más comprehensiva y abarcante. Una cosmovisión de este tipo ofrece orientación y sentido a la vida y, como dice Allport, incluye “todo lo que se experimenta y todo lo que va más allá de la experiencia… en una concepción unificadora de la naturaleza de toda existencia” (Allport,G. Mental health: a generic attitude Journal of Religion and Health  (1964))

2. Fe con sentido crítico.

La religiosidad madura es aquella que sabe purificar y discriminar los motivos inmaduros, ya sean provenientes de la historia biográfica o las costumbres sociales, y mantiene la religiosidad y la experiencia religiosa en sus rasgos esenciales distintivos con criticidad y autoanálisis. Dicha madurez religiosa es capaz de integrar la fe con el mundo de la ciencia y de las artes. Una fe madura no sólo es la que es capaz de integrar esos diversos aspectos sino también que es capaz de mantenerlos autónomos y diferenciados.

Allport ha sostenido además que, aunque el sentimiento o la experiencia religiosa haya surgido con motivos inmaduros, luego “ya no más guiado o estimulado exclusivamente por el impulso, el miedo o el deseo, tiende más bien a controlar y dirigir esos motivos hacia una meta que deja de ser determinada por los meros autointereses ( Allport, G. The individual and his religion New York Macmillan )

Este sentido crítico abarca también la ética y sus normas a las que interioriza en forma autónoma, abandonando toda forma de infantilismo y dependencia externa.

3. Fe heurística.

Esto quiere decir que la fe funciona en el psiquismo humano con características parecidas a como funcionan las hipótesis en el conocimiento científico.  Para Allport la fe es una arriesgada hipótesis que busca ser confirmada constantemente pero que siempre está abierta a la interrogación y a la búsqueda.

La religiosidad madura afirma ciertas creencias pero siempre buscando entender cada vez más y de forma más refinada nuevas preguntas, nuevas respuestas y nuevos desafíos. Una fe madura sabe convivir con la ambigüedad y la paradoja, de la misma manera que un adulto maduro sabe vivir con la búsqueda de felicidad a través del amor, pero sabiendo que eso implica ambigüedad y paradoja. Una fe madura acepta que las contradicciones y las tensiones interiores son condición propia del ser humano y no pueden ser eliminadas. El creyente maduro no es precisamente aquel que ha encontrado la seguridad y el alivio.

4. Experiencia mística.

Una fe madura implica un cierto nivel de experiencia de “lo Otro”, de lo trascendente al individuo, y que él percibe como no manipulable por sus deseos o proyectos. Una suerte de percepción que ilumina la vida del creyente, con un sentido de misterio que trasciende el tiempo, a la vez que da permanencia significativa en el tiempo. Como ha dicho Kao “el estado místico expresa el ideal del alma humana en búsqueda de armonía con el universo y con lo Ultimo” (KAO,C Psychological and religious development: maturity and maturation. Wash.DC Univ.Press.Am)

5. Apertura del yo hacia más amplias perspectivas.

Es un movimiento de apertura del yo, de lo que son intereses egocéntricos o narcisistas, a perspectivas más amplias. Esto lleva al individuo con religiosidad madura a adoptar una ética y una teología personal, amplia y generosa.

La capacidad de respetar la dignidad de los otros y ser compasivo con el prójimo  es otra característica fundamental de la madurez religiosa.  Los grandes santos y místicos se distinguieron siempre por un espíritu generoso y compasivo con el sufrimiento ajeno.

6. Con una escala de valores.

El hombre maduro en su fe también posee una escala de valores en equilibrio, en que la vida emocional se estabiliza, donde la paz permite que los impactos que producen los acontecimientos sobre la vida emocional no alteren su equilibrio. Hasta los hechos más insignificantes se estiman desde una dimensión trascendente. Una religiosidad madura produce en la experiencia del individuo un sentido lleno de alegría, entusiasmo o libertad interior y amistad universal que proviene de la convicción profunda de la presencia transformante del radicalmente Otro.

La admiración del universo, la necesidad de la relación unificante con el Todo, la serenidad y la paz interior, la convivencia fraterna con todos los seres humanos con un fuerte sentido de paz y justicia son características propias del hombre religiosamente maduro.

d) Elementos de Inmadurez Religiosa: señalamos algunos

1. Pensamiento y ritos mágicos, devociones mágicas. Es la búsqueda del poder y del beneficio divinos con el mínimo de esfuerzos, religión interesada en un Dios al servicio del capricho humano. Una religiosidad externa que no realiza un cambio profundo del individuo, o puramente tradicional por costumbre.

2. El autoritarismo y dogmatismo en las estructuras religiosas que fomentan el poder absoluto en unos y la dependencia y el infantilismo en otros. También formas de Paternalismo que impiden crecer, dialogar, tomar decisiones y actuar con plena libertad y responsabilidad.

3. Formas de Heteronomía con leyes y normas exteriores que no son interiorizadas con criterio y autonomía personal…Por tanto, manipulación de las conciencias con premios y castigos, y falta de madurez ética de la conciencia.

4. Todo ello dependiente de una imagen de Dios autoritario, como rey absoluto, juez y castigador severo. Se contrapone con el Dios del amor, de la misericordia, de la libertad y de otros valores evangélicos.

5. En cuanto a los contenidos religiosos, está el Dogmatismo que exige una aceptación infantil y falta de crítica, una aceptación ciega de dogmas y creencias. También una lectura Fundamentalista de los textos sagrados, literal y cerrada, sin tener en cuenta el género literario, los aportes de la historia, el marco cultural de las ideas, etc. Se toma cada frase separada de su contexto y con valor absoluto. Símbolos y mitos son interpretados en forma realista y material.

6. Dentro del cristianismo aún existen formas de desvalorización del cuerpo y de la sexualidad, dualismo de cuerpo y espíritu, falta de una mirada positiva del placer y de la relación sexual,  etc. También cierta visión masculina o machista de Dios y de lo religioso con la correspondiente desvalorización de lo femenino y de la mujer.

7. En la práctica religiosa; formalismo, cultualismo (el culto por el culto), simple cumplimiento de normas y ritos, etc.

Síntesis realizada por el Lic. Santos Benetti


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