Educar en la Escuela en armonía con el Cosmos y disfrutando la Naturaleza. S Benetti

EDUCAR EN LA ESCUELA  EN ARMONÍA CON EL COSMOS Y DISFRUTANDO LA NATURALEZA.

Ofrecemos el cap. II de mi libro “Educación Integral desde los Sentimientos a los Derechos Humanos”

A- CONSIDERACIONES PREVIAS

  1. TODA LA REALIDAD ES COSMOS EN EVOLUCIÓN

Como sabemos por  la evolución cósmica, el ser humano se halla en la tercera gran etapa de esa evolución que se inicia hace unos 14 o 15 mil millones de años en el big bang con la formación simultánea del espacio, el tiempo, la materia (especialmente átomos de hidrógeno y helio) y la energía (las observables y las oscuras); y se prolonga después con  la formación de las estrellas, galaxias y planetas, continuando con el origen de los seres vivos (hace 3.500 millones de años), su desarrollo y organización, para desembocar en el ser humano (hace unos 100.000 años) y quizás en otros seres inteligentes que desconocemos. Una evolución que lejos de haber finalizado, continúa constantemente en todos los niveles, incluidos en nosotros.

El Universo aparece como una gran familia originada del mismo huevo, de tal modo que todos los seres están constituidos por los mismos elementos aunque con distinta y variada organización. Desde el helio y el hidrógeno hasta la conciencia humana… todo se origina por un mismo proceso, cuya trayectoria continúa hasta su desenlace final dentro de algunos miles de millones de años.

El Universo es como un gran árbol originado en la misma semilla y cuyo tronco se fue ramificando primero en seres inanimados y después en seres con vida, y éstos a su vez en monocelulares y policelulares,  y éstos en vegetales y animales; los animales en invertebrados y vertebrados, y estos últimos desembocando en una rama de mamíferos-simios que cristalizan en el ser humano.

En este macro proceso encontramos el origen del ser humano a través de millones de años, mucho después de las estrellas, plantas y animales, surgiendo tras una laboriosa evolución para participar e integrarse lo más armónicamente posible a la gran familia del Universo en sus tres dimensiones o círculos, de mayor a menor:

  1. a) lo cósmico o natural, desde hace 15.000 millones de años,
  2. b) lo biológico, hace 3.500 millones de años y
  3. c) lo específicamente humano o social, muy reciente hace unos 200-100 mil años.

De esta triple relación del ser humano surgen tres grupos o niveles de relaciones que suponen Deberes y Derechos Humanos, conformando lo que podemos llamar tres niveles éticos de armonía:

a) ética cósmica, armonía con el cosmos y la naturaleza;

b) ética biológica, armonía con todos los seres vivientes y

c) ética social, armonía con los otros seres humanos

  1.  EL HOMBRE, SER CÓSMICO EN ARMONÍA CON LA  NATURALEZA 

El cosmos  se nos presenta como un gran y misterioso proceso que avanza en el tiempo y en el espacio, no de una forma caótica sino condicionado por determinadas leyes o fuerzas universales (gravedad, electromagnetismo, etc.) que le permiten crecer y expandirse hacia la armonía, de lo contrario se produciría un  des-astre (desinteligencia de los astros), un “caos” que destruiría el orden cósmico.

No se trata de un cosmos perfecto ni acabado, sino que se está haciendo en una permanente evolución que continúa en todos sus niveles, con un desarrollo marcado por una constante bipolaridad: con orden y desorden, construcción y destrucción, con elementos positivos y otros negativos, pero buscando siempre la armonía en la totalidad de todos sus componentes, y moviéndose constantemente… ¿hacia dónde?

Existe, pues, una permanente tendencia a la búsqueda de la armonía de los múltiples y distintos componentes (astros, vivientes, humanos), de acuerdo a ciertas leyes, asumiendo la condición bipolar.

Desde la física cuántica, sabemos que se trata de un universo misteriosamente interconectado como un gran organismo en el que las partículas sub-atómicas (cuantum) son los ladrillos con los que se construye absolutamente toda la realidad, incluida la humana. Somos parte de un Todo y sin ese todo no tenemos explicación de nuestra existencia.

El ser humano, pues, está sometido a ese gran proceso; no está afuera del Universo, es parte integrante de él. Y está sometido a las cuatro grandes fuerzas cósmicas:

  1. La fuerza gravitatoria que provoca la atracción que se ejercen todas las masas entre sí y es la responsable de los movimientos planetarios, estelares y de las galaxias.
  2. La electromagnética que tiene que ver con mantener unidos los átomos, las moléculas, las células y el mismo cuerpo; con la luz, la electricidad, con todas las ondas del espectro electromagnético y con las reacciones químicas.
  3. La nuclear fuerte, la más poderosa de las cuatro, la que mantiene unidos a los quarks y a los núcleos atómicos.
  4. La nuclear débil, la que provoca la radioactividad de los elementos radioactivos, como el uranio.

Estas cuatro fuerzas están presentes en nosotros en nuestra vida diaria. Por ejemplo, la gravitatoria nos mantiene sobre la Tierra o nos hunde en el agua si no nadamos; la electromagnética tiene que ver con los fotones de luz que llegan a mi ojo y que excitan a los electrones de mi retina; la nuclear en los protones y neutrones que forman los núcleos de los átomos con los que estamos formados.

Y con la creación del cerebro, obra maestra del cosmos, el hombre resulta ser el mismo cosmos evolucionado que toma conciencia de sí mismo.

Somos, pues, la conciencia del universo, y con ella podemos sentirlo y pensarlo, darle color y sonido. Por eso el universo tardó cerca de 15 mil millones de años en la construcción de un cerebro humano.

Somos hijos del universo y al mismo tiempo sus “creadores” mediante la percepción subjetiva del mismo. Un cosmos interpretado desde nuestra mirada individual y cultural, y desde las muchas miradas culturales. Y también somos quienes podemos modificar a la naturaleza cósmica mediante la tecnología, la ciencia  y el trabajo.

Hoy la nueva ciencia  ve al hombre inmerso en una gran Unidad y relacionado con todo el Uni-verso, y como último eslabón conocido de la evolución energética que comenzó hace unos 15 mil millones de años.

Es el hombre, polvo de estrellas que ha adquirido dos cualidades esenciales y distintivas: conciencia (con un cerebro privilegiado de aproximadamente 1,300 kg) y – creatividad en libertad, que le permite escaparse de la pura vida automática e instintiva y crear esta maravillosa cultura en 50.000 años o más. Es el hombre como conciencia creativa del universo.

El hombre, objeto del universo, compuesto de los mismos elementos cósmicos que toman forma en su cuerpo físico y también en su mente psíquica como una unidad. Cuerpo-materia que se transforma en energía-psiquis; cuerpo psíquico o cuerpo espiritualizado.

Por lo tanto, lo material y lo psíquico-espiritual no se oponen sino que se complementan, pues son las dos caras o aspectos bipolares de la misma realidad cósmica: lo psíquico emerge de lo físico, y lo físico se manifiesta en lo psíquico. Lo físico en movimiento genera energía, toda la energía, incluida la psíquica, mental y espiritual que surge de la materia cerebral.

El que ahora estemos leyendo y pensando es porque estamos conectados con las corrientes eléctricas de nuestro cerebro, pero también con la energía recibida en la comida, con los fotones del sol que la permitieron ser, con los átomos de hidrógeno explotando en el Sol y con una innumerable lista de otras relaciones. Ahora tomamos conciencia de la interconexión de todo.

En definitiva, los humanos somos seres surgidos de una evolución que aún no ha terminado, que nos preguntamos de dónde venimos pero también hacia dónde vamos, con una historia indisolublemente  unida a la historia del cosmos en la vida y en la muerte. Nacimos con el cosmos, con él crecemos y con él moriremos.

En este primer plano o círculo cósmico: los seres humanos

– somos todos iguales, con los mismos componentes y con el mismo origen, sin diferencias entre ricos y pobres, blancos o negros; con más de 60 elementos químicos (oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, calcio, fósforo, potasio, azufre, sodio, cloro, hierro, cobre, zinc, yodo, aluminio, plomo, etc. etc.), que conforman el agua, las proteínas, los glúcidos y lípidos de nuestro cuerpo-materia. Un cuerpo que ocupa espacio, con peso y volumen, sometido al tiempo.

– con las mismas necesidades fundamentales, de aire, agua, calor (sol), nutrientes, etc.

– y sometidos a las mismas leyes cósmicas: de la gravedad, de la presión, de la fuerza, de la velocidad y movimiento, etc. y las de la física cuántica.

– y con los mismos derechos y deberes. Por lo tanto: con los mismos principios éticos. Estamos en unión con el cosmos, la madre original, no como simples observadores sino como parte integrante de esta gran familia. Bien lo dice La Carta de Belgrado en 1975:  “Necesitamos una nueva ética global, una ética de los individuos y de la sociedad que correspondan al lugar del hombre en la biosfera; una ética que reconozca y responda con sensibilidad a las relaciones complejas, y en continua evolución, entre el hombre y la naturaleza y con sus similares”.

Somos, pues, responsables de nuestro macro-cuerpo-cósmico, hoy en deterioro constante. Así aparece nuestro primer derecho y primer deber:

–  derecho a existir con nuestra estructura cósmica (natural) utilizando los insumos que el mismo cosmos nos proporciona (agua, oxígeno, tierra, vegetación, etc.), y

–  deber de cuidar ese ambiente sano para nosotros y otras generaciones. Deber de cuidar y cuidarnos. Sin ese derecho morimos al instante; sin ese deber nos destruimos y comprometemos la vida de las futuras generaciones.

Ese primer derecho y deber que lo ejercemos desde nuestra concepción y nacimiento, fue tardíamente reconocido por las Naciones Unidas (ONU) como “desarrollo sustentable”, ya que las naciones eran inconcientes aún de la destrucción cósmica que ellas  mismas habían provocado especialmente en los últimos siglos: ” Sustentabilidad significa satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer la capacidad y las oportunidades de las futuras. De esta manera implica equidad tanto intra-generacional como inter-generacional.…” (PNUD, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 1998)

El hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente…

Los recursos naturales de la Tierra, incluidos el agua, la tierra, la flora y la fauna, y especialmente muestras representativas de los ecosistemas naturales, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras, mediante una cuidadosa planificación. Los recursos no renovables de la Tierra deben emplearse de forma que se evite el peligro de su futuro agotamiento y se asegure que toda la humanidad comparta los beneficios de tal empleo”. (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, Estocolmo, 1972)

El sistema natural precede al hombre y al sistema social en miles de millones de años. A su vez, todo sistema social se desarrolla en un espacio biogeofísico (la biosfera) que es el hábitat del hombre. Cada sociedad humana establece una relación diferente con la naturaleza: aprovecha distintas porciones y aptitudes de la misma. Estas porciones, de las que extrae un beneficio económico, se denominan recursos naturales.” (Cumbre de Copenhague, 1995)

B- UNA ESCUELA Y EDUCACIÓN EN ARMONÍA CON EL COSMOS

  1. En consonancia con las reflexiones del punto anterior, proponemos una escuela y una educación con estas características:

– Como todo el cosmos, también la educación se da a lo largo de un continuo proceso que busca un final, pero que se desarrolla en etapas evolutivas donde abundan los aciertos y desaciertos, los errores y éxitos, y las metas logradas o abortadas.

La bipolaridad está siempre presente en la educación y en la vida de cada uno, pues avanzamos de lo más informe a lo más formado, de lo menos desarrollado e incompleto a lo más desarrollado  y completo.

Por lo tanto, es una educación que “permite” el error (tenemos derecho a equivocarnos…) y respeta los tiempos de maduración de cada educando, tiempos que nunca son los mismos para cada uno. Una educación siempre en construcción, nunca acabada, en evolución constante.

Y también como sucede en la gran evolución, hay muchas maneras de realizarse, no existiendo un solo modelo. No hay modelo a repetir,  hay identidades que se van construyendo. Los educandos, al igual que los innumerables seres del cosmos, son muy variables en sus formas, características, capacidades y virtualidades; son únicos en su identidad, pero están al mismo tiempo interrelacionados en una comunidad (constelación, armonía de estrellas) por una trama compleja, jamás uniforme, que se integra a su vez con la galaxia de los educadores, también ellos distintos y únicos, pero interrelacionados.

Hay pues, como sucede en el cosmos, una profunda interdependencia entre un individuo y otro, entre unos y otros; interdependencia que nunca suprime la originalidad de cada uno y siempre debe abstenerse de pretensiones de dominio sobre los otros masificando el conjunto. Y como mamíferos que somos…, nuestra interdependencia es más profunda y duradera.

-Y así como el Universo está regido por leyes que armonizan elementos tan dispares para que actúen solidariamente formando sistemas solares, galaxias, etc., así el conjunto de educadores y educandos tiene que aprender a regirse por leyes que no tengan más objetivo que armonizar las individualidades e intereses personales con el bien social.

En el cosmos observamos, por ejemplo, que el sol distribuye su luz  y su energía permitiendo la vida en la tierra, colaborando en ese proceso el aire con el oxígeno, las fuentes de ríos con sus aguas, la tierra con la riqueza de sus ingredientes, y así sucesivamente. Al mismo tiempo el sol se armoniza con los planetas que un día se desprendieron de su cuerpo formando un único “sistema” que nos señala las leyes físicas del movimiento, de las distancias,  los tiempos y las velocidades.

Este proceso cósmico demandó millones de años y se hizo con errores y desaciertos a los que llamamos precisamente “desastres”… No hace falta insistir, pues, que el proceso de armonizar a los seres humanos estará jalonado de continuos “desastres” tanto en la gran historia humana como en la pequeña historia de cada uno, de la  comunidad y también de la escuela.

La misma tierra en su proceso de 4 mil millones de años sufrió grandes cataclismos, exterminios de la vida y destrucciones constantes hasta lograr, por ejemplo, este período de relativa armonía y clima que nos permite precisamente vivir entre agradables primaveras y otoños, fríos inviernos y veraniegos calores, pero siempre amenazados por terremotos, volcanes, huracanes y tsunamis. Esa es la condición cósmica, y esa es la condición humana.

Armonizarnos nos cuesta el largo proceso de la educación, cuyo objetivo es precisamente ese: lograr nuestra armonía interior (entre fuerzas del instinto, sentimientos y dictados de la conciencia…) y la armonía con nuestros compañeros de viaje que muy a menudo más que compañeros parecen adversarios o enemigos.

En el cosmos nada es perfecto… no pretendamos la perfección en nosotros y en nuestro sistema educativo.

-El cosmos, por lo tanto, no sólo es un objeto de conocimiento sino y, antes que nada, es la realidad que nos permite darnos cuenta de quiénes somos y cuál es el sentido de estar aquí con un cuerpo y una energía síquica que nos llega desde el origen mismo del universo. El devenir del cosmos nos abre a la esperanza y nos indica vagamente que puede haber un sentido con un final feliz.

Sintiendo al cosmos (a la naturaleza), emocionándonos y disfrutando de él, experimentándolo en su maravillosa expresión, variedad y unidad (por eso se la llama “uni” verso), es como iremos “aprendiendo” a ser personas humanas con nuestra propia identidad e íntimamente interconectados a la gran comunidad humana y cósmica.

En definitiva, tal como lo hizo la humanidad por miles de años conformando múltiples culturas, para educarnos no necesitamos edificios cerrados, libros ni computadores (simples medios auxiliares de apoyo para el conocimiento): nos basta observar nuestro cuerpo que lleva en sí todos los elementos cósmicos, y abrir el corazón con sus sentimientos y la mente con los sentidos para disfrutar y aprender del gran libro de la Naturaleza. No tapemos el sol ni obscurezcamos la naturaleza con techos y paredes… al menos abramos las ventanas para que la madre natura nos muestre sus encantos y secretos.

En este proceso nos acompañan nuestros padres (a los que debemos la vida) y muchos más a los que llamamos “educadores”, o sea, compañeros que ya han hecho parte del viaje y entonces nos orientan por un camino ya experimentado por ellos.

Porque educar es eso: ayudar a salir de la  menos vida hacia la vida plena. Todo el cosmos apunta a la vida, como bien lo entendieron nuestros antepasados griegos que al universo visible lo llamaron precisamente zoodíaco, el camino o rueda a través del cual (diá) encontramos la vida (zoé). Y esa sería una buena definición de la educación.

En síntesis: Haremos una Escuela y Educación:

– Abierta al cosmos, que vive la naturaleza, con asombro, curiosidad y amor. Que refleja el cosmos, que crece y se expansiona lo más armónicamente posible  pero asumiendo las tensiones y constante bipolaridad (salud y enfermedad, conocimiento e ignorancia, verdad y error, orden y desorden)

– Escuela que piensa y elabora una educación compleja en armonía con el cosmos, con nuestra naturaleza ambiental y corpórea, con leyes que impidan la autodestrucción, y con previsión del futuro; leyes que desarrollan la vida, y al mismo tiempo la protegen.

– Con una concepción holística, compleja e integral del universo; por tanto de la ciencia, de la antropología y de la educación. Es el final de todo reduccionismo y de toda arbitraria separación de los elementos que deben estar unidos. Es la relación de lo físico (macro y cuántico) con lo psíquico y social, de lo humano con lo cósmico, de lo individual con lo universal.

En la búsqueda de un sentido a la vida y al universo todo. Es responder a un para qué del universo y de nuestra existencia en él. Esa es  la tarea de cada hombre y de la comunidad humana a lo largo de toda su existencia: armonizarse consigo mismo (cosmos interior), con la creación toda y con sus semejantes. A esto llamamos Sabiduría de la vida o Espiritualidad, conceptos que ampliaremos en el último capítulo.

  1. Sugerencias y experiencias

a) Todo comienza con emociones y sentimientos

Lo primero en educación es despertar y desarrollar las grandes Emociones, Sentimientos y después Actitudes que deben acompañar al proceso educativo y que son la base de las expresiones y conductas éticas. La contemplación de la naturaleza, lo más directa posible, ya desde el ambiente familiar, es la experiencia primaria más eficiente para este despertar y desarrollo:

.   Asombrarse y Emocionarse ante la naturaleza, sentirse invadidos por su grandiosidad, belleza y misterio. Develar ese misterio será el objetivo de las ciencias naturales. Los niños son especialmente receptivos al misterio del cosmos expresado en el agua, el sol, la playa, las montañas, el cielo estrellado, la noche, los colores… Viven esos elementos y se mimetizan con ellos. Felizmente hoy vemos un gran despertar en los jóvenes y adultos por este contacto directo con la naturaleza, experiencia que nos armoniza y llena de paz y bienestar.

.  Desarrollar el amor a la naturaleza, comenzando por nuestro propio cuerpo y por el hábitat donde vivimos. Amor que es sentimiento de gratitud por todo lo que nos brinda (estamos  formados y nutridos por sus elementos) y que se traduce en el cuidado y protección de la misma.

Amor y cuidado de nuestro ser cósmico integral (cuerpo-psíquico), con salud integral, higiene corporal y ambiental. El amor a uno mismo y a la naturaleza, principio básico de una vida armoniosa.

.   Asombro ante la estética y belleza del cosmos que deriva en  la estética de la casa familiar y de la escuela. Casa y Escuela, nuestro hábitat, que sean reflejo de la armonía del universo, de su belleza, de su silencio, de sus sonidos y colores. Qué importante es un hábitat agradable, bello y placentero; una escuela hermosa en sus formas y colores, a lo que contribuyen los propios educandos con sus ideas y aportes.

La educación estética comienza allí en el disfrute de la belleza de la naturaleza, en sus formas caprichosas, en sus variadísimos colores y sonidos, y en sus llamativos contrastes de luz y sombra, sonidos y silencio, dia y noche.

. Estos sentimientos profundos son la base de las actitudes éticas que hay que desarrollar en la educación. Hablamos de la educación ambiental, de la Ética cósmica o ambiental, un tema harto descuidado en Occidente (gran destructor de la naturaleza) y que hoy es prioritario y sobre el que existen importantes documentos de Naciones Unidas con objetivos y sugerencias concretas que luego transcribiremos.

Para estos puntos:

– Reconocer nuestro cuerpo y los cuidados necesarios para mantener la salud con aire puro, agua no contaminada, alimentación sana, higiene, ejercicio corporal y aprendizaje intelectual, etc. Prevenir sobre riesgos físicos y ambientales. Ver esto según las diversas edades, sexo y ambiente cultural.

El amor y el respeto al propio cuerpo y al cuerpo de los otros es un elemento clave para una educación sexual integral. Prevenir sobre los abusos y dar elementos concretos para proteger la intimidad.

Desarrollar diversas actividades en las que todo esto se aprenda lo más espontáneamente posible; por ejemplo, mediante campamentos educativos en medio de la naturaleza, con observaciones de la naturaleza aún del cielo nocturno.

Recordar que lo primero es despertar el sentimiento que inspiran, lo que lleva a interiorizarse por los respectivos secretos, leyes y demás conocimientos. En las ciudades siempre existen plazas, jardines, parques, etc. que cumplen muy bien estos objetivos propuestos.

Los campamentos también brindan la ocasión para sentir las emociones de la convivencia y descubrir las muchas necesidades corporales y dificultades en el trato corporal.

– Desarrollar  en todas estas actividades escolares o extraescolares la reflexión y la meditación, desde la interioridad, algo tan descuidado en Occidente y en nuestra escuela. En la naturaleza hay silencio: mimetizarse con él y aprender a escuchar ese silencio, a sentir y expresar lo que se siente. Tener en cuenta que los niños aún los más pequeños son capaces de meditar, sentir y expresar sus emociones.

Aprender a mirar para adentro y encontrarnos con lo más profundo de nuestro ser, con las íntimas emociones y sentimientos, ideas y fantasías que nos conectan con nosotros mismos y con toda la realidad. El saber percibirnos es el camino para percibir a los otros y entender sus emociones y sentimientos.

Así lentamente los educandos van reconociendo los muchos elementos de su ser humano, de su cuerpo y de su realidad psíquica o espiritual: emociones, sentimientos, fantasías, deseos, ideas, proyectos. Y aprenden a expresarlos verbalmente, por escrito o en formas artísticas.

En fin: que los educandos aprendan a observar, a admirar, a contemplar, a sentir, a sentir que sienten, a quedarse en silencio contemplando, a mirarse a sí mismos, a sentirse integrados con toda la naturaleza cósmica y humana.

Realizar un diagnóstico ambiental tanto de la escuela como del barrio o ciudad de los educandos. Tener en cuenta sobre todo los muchos elementos del medio ambiente que no son renovables, por ejemplo, el agua, la tierra fértil, los bosques, etc.

– Después analizar con los educandos las variadas formas de cuidar el medio ambiente, la flora y fauna, el agua y el aire, comenzando por la propia casa, barrio y escuela. Cuidar el medio ambiente es cuidar la propia vida y la vida de las generaciones futuras.

Educación ambiental y Ética global.

Mientras aconsejamos leer los documentos de la ONU en su totalidad, transcribimos sus principales párrafos, en orden cronológico, para comprender mejor lo que implica un cuidado y una ética y educación ambiental.

–  El Seminario internacional de Educación Ambiental (Belgrado, 13 – 22 de octubre de 1975)   o Carta de Belgrado afirma: “Necesitamos una nueva ética global, una ética de los individuos y de la sociedad que correspondan al lugar del hombre en la biosfera; una ética que reconozca y responda con sensibilidad a las relaciones complejas, y en continua evolución, entre el hombre y la naturaleza y con sus similares.

La reforma de los procesos y sistemas educativos es esencial para la elaboración de esta nueva ética del desarrollo y del orden económico mundial… Esto requerirá instaurar unas relaciones nuevas y productivas entre estudiantes y profesores, entre escuelas y comunidades, y aún entre el sistema educativo y la sociedad en general…”

Todo un ideario reclamado hace más de 40 años por organismos de Naciones Unidas, convocando a profesores y estudiantes, escuela y comunidad… ¿Seremos capaces…?

“La meta de la acción ambiental es: Mejorar todas las relaciones ecológicas, incluyendo la relación de la humanidad con la naturaleza y de las personas entre sí. Formar una población mundial consciente y preocupada con el medio ambiente y con los problemas asociados, y que tenga conocimiento, aptitud, actitud, motivación y compromiso para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones para los problemas existentes y para prevenir nuevos.

Son Objetivos de la Educación Ambiental

  1. Toma de conciencia. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que adquieran mayor sensibilidad y conciencia del medio ambiente en general y de los problemas.
  2. Conocimientos. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir una comprensión básica del medio ambiente en su totalidad, de los problemas conexos y de la presencia y función de la humanidad en él, lo que entraña una responsabilidad crítica.
  3. Actitudes. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir valores sociales y un profundo interés por el medio ambiente que los impulse a participar activamente en su protección y mejoramiento.
  4. Aptitudes. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir las aptitudes necesarias para resolver los problemas ambientales.
  5. Capacidad de evaluación. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a evaluar las medidas y los programas de educación ambiental en función de los factores ecológicos, políticos, sociales, estéticos y educativos.
  6. Participación. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que desarrollen su sentido de responsabilidad y a que tomen conciencia de la urgente necesidad de prestar atención a los problemas del medio ambiente, para asegurar que se adopten medidas adecuadas al respecto”.

– Hacia finales de la década de los ´80 toma forma el concepto de desarrollo sustentable-sostenible que considera al ambiente como un componente del desarrollo, y se consagra definitivamente el 14 de Junio de 1992 en la Conferencia de Río de Janeiro que continúa la temática de Estocolmo y aprueba la denominada Agenda 21, un programa de acción que los gobiernos, los organismos internacionales de cooperación para el desarrollo y los grupos del sector privado que participaron, firmaron.

Según la Agenda 21 “ la conservación y gestión de los recursos para el desarrollo: comprende:  protección de la atmósfera, la lucha contra la deforestación, la lucha contra la desertificación, atención de las necesidades agrícolas sin destruir las tierras,    gestión ecológicamente racional de la biotecnología, protección de los recursos oceánicos,    protección y administración de los recursos de agua dulce, utilización segura de los productos químicos tóxicos, gestión de los desechos peligrosos, búsqueda de soluciones para el problema de los desechos sólidos y gestión de desechos radiactivos.”

La misma Conferencia de Río elabora un Tratado sobre educación ambiental para sociedades sustentables y responsabilidad global: “Consideramos que la educación ambiental para una sociedad sustentable equitativa es un proceso de aprendizaje permanente, basado en el respeto por todas las formas de vida. Una educación de este tipo afirma valores y acciones que contribuyen con la transformación humana y social y con la preservación ecológica. Ella estimula la formación de sociedades socialmente justas y ecológicamente equilibradas, que conserven entre sí una relación de interdependencia y diversidad”.

También elabora Principios de educación ambiental:

“1. La educación es un derecho de todos; somos todos educandos y educadores.

  1. La educación ambiental debe tener como base el pensamiento crítico e innovador, en cualquier tiempo y lugar, en sus expresiones formal no formal e informal, promoviendo la transformación y la construcción de la sociedad.
  2. La educación ambiental es individual y colectiva. Tiene el propósito de formar ciudadanos con conciencia local y planetaria, que respeten la autodeterminación de los pueblos y la soberanía de las naciones.
  3. La educación ambiental no es neutra, sino ideológica. Es un acto político, basado en valores para la transformación social.
  4. La educación ambiental debe tener una perspectiva holística, enfocando la relación entre el ser humano, la naturaleza y el universo de forma interdisciplinaria.
  5. La educación ambiental debe estimular la solidaridad, la igualdad y el respeto a los derechos humanos, valiéndose de estrategias democráticas e interacción entre las culturas.
  6. La educación ambiental debe recuperar, reconocer, respetar, reflejar y utilizar la historia indígena y culturas locales, así como promover la diversidad cultural, lingüística y ecológica. Esto implica una revisión histórica de los pueblos nativos para modificar los enfoques etnocéntricos, además de estimular la educación bilingüe.
  7. La educación ambiental debe promover la cooperación y el diálogo entre individuos e instituciones, con la finalidad de crear nuevos modos de vida, fundados en la comprensión de las necesidades básicas de todos, sin distinciones étnicas, físicas, de género, edad, religión, clase, mentales, etc.
  8. La educación ambiental debe integrar conocimientos, aptitudes, valores, actitudes y acciones. Debe convertir cada oportunidad en experiencias educativas para sociedades sustentables.
  9. La educación ambiental debe ayudar a desarrollar una conciencia ética sobre todas las formas de vida con las cuales compartimos este planeta; respetar sus ciclos vitales e imponer límites a la explotación de esas formas de vida por los seres humanos”.

Dejo a los lectores la tarea de reflexionar sobre estos textos y sacar las conclusiones pertinentes. Hay una nueva idea muy clara: el ambiente es la naturaleza en armonía con la comunidad humana. Ese es el “medio ambiente” donde nos bien-educamos y crecemos. Naturaleza limpia + comunidad solidaria, dialogante, democrática.

b) Interiorizar la naturaleza y el cosmos mediante reflexión y conocimientos

De esta contemplación que despierta el asombro y de tantos sentimientos positivos surgen naturalmente en la escuela los Temas de conocimiento y asombro (las Asignaturas o Materias) que van reconociendo diversos aspectos del cosmos, de su constitución y de sus leyes. No son temas impuestos por un frío programa… son temas motivados por las emociones, sentimientos y actitudes que inspiran la contemplación de la naturaleza, incluido el propio cuerpo.

Del amor a la naturaleza surge el deseo (motivación) de comprenderlo y develar sus secretos. Recordar que el cuerpo humano, es materia cósmica, cuyas leyes y secretos nos permiten vivir más sanamente.

Varias son las asignaturas que ayudan en este proceso. Por ejemplo (con conocimientos adaptados a cada edad):

La geografía y las ciencias naturales que ayudan a reconocer el medio ambiente, nuestro hábitat. Además, las ciencias naturales nos orientan al conocimiento del cuerpo, sus componentes y elementos; sus órganos y funciones; su conexión con la naturaleza que provee de alimentos indispensables: oxígeno, aire, agua, nutrientes de la tierra… Descubrir al cuerpo como un microcosmos, polvo de estrellas en evolución.

La cosmología y astronomía, la física macro y la física cuántica introducen al maravilloso mundo del macro y microcosmos;

Las matemáticas y geometría surgidas de la milenaria observación del universo, descubriendo sus leyes organizadoras; leyes sobre el tiempo y el espacio, sobre sus formas y dimensiones, cantidades, peso y volúmenes de los objetos, etc.

El análisis y estudio del espacio cósmico nos hace descubrir que todo es Uno, que la materia y la energía son faces de la misma realidad, como también el cuerpo y el espíritu humano son dos formas de una misma realidad cósmica vital. Del cuerpo material (especialmente del cerebro) surgen las percepciones visuales y auditivas; también las emociones y sentimientos, aún los más profundos, como incluso nuestras ideas y el mismo lenguaje. Si todo el universo es materia y energía en unidad e interrelación, también el ser humano es cuerpo y psiquis, materia y energía o espíritu en constante interdependencia.

Las actividades artísticas surgen espontáneamente de la percepción sensorial y  emotiva de los colores, formas y sonidos de la naturaleza. El arte no es una copia de la naturaleza sino una expresión subjetiva de la misma; y es el fruto de las emociones y de la creatividad expresiva.

-Todo esto requiere: Una educación en la complejidad (la realidad natural y cultural es compleja) con trabajo en equipo, inter-disciplinario, en diálogo constante, en una tarea creativa, con un proceso de unificación e integración de los sentimientos, conocimientos y experiencias.

Recojamos, finalmente esta recomendación del año 2000 de la Carta de la Tierra:

El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos  con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *