Identidad y Sexualidad en las diferentes edades. Pcia de Mendoza

LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD Y SEXUALIDAD
EN LAS DISTINTAS ETAPAS DE LA VIDA
Dirección General de Escuelas . Subsecretaría de Planeamiento de la Calidad Educativa

Dirección de Planeamiento y Evaluación Educativa de la Provincia de Mendoza

Para el ser humano, ya sea niño, niña o adolescente, adquiere una importancia fundamental no sólo la existencia sino también la permanencia en una familia que le posibilite desarrollarse como persona.

Como primera educadora es la institución más comprometida en la transmisión de valores y afectos que brinda el marco de contención para un adecuado manejo de la libertad y creatividad en la vida.

Las diversas sociedades poseen leyes y normas que regulan las relaciones entre sus miembros.

En nuestro país la ley determina claramente las obligaciones y derechos que cada miembro de la familia tiene según la edad, la relación consanguínea, el vínculo político y la convivencia.

La cultura en la cual se está inserto, la incidencia del mundo mediático y electrónico ejerce una notable influencia en las costumbres y formas de actuar de las familias. Sin embargo, cada uno tiene su particular idiosincrasia, valores y creencias.

En este ámbito donde se van desarrollando nuestros niños, niñas o adolescentes, es de vital importancia la presencia de adultos significativos que los escuchen y les permitan aprender, a partir del amor y la claridad de los límites. Porque debido a que no todo es posible, es que se abre un abanico de las cosas posibles.

Los cambios que se han ido precipitando en las últimas décadas requieren de adultos con adecuada capacidad de adaptación, ya que, por ejemplo, se pasó de “Eso no se toca” a  considerar “La actividad masturbatoria” como una descarga tensional “Por placer desde que descubren que las zonas genitales es proveedora de esta sensación grata, recurren a ella para experimentar satisfacción  (Grupo Nexo -Hay algo que yo no sepa- Editorial Nueva Buenos Aires 2.009)
Los docentes nos encontramos hoy ante el desafío de trabajar con alumnos que provienen de familias con estructuras y costumbres diversas, y ésto nos coloca ante múltiples formas de entender la sexualidad.

De allí la necesidad y urgencia de la educación sexual en la escuela con adecuada transmisión de valores, ya que el tema de la sexualidad se desliza silenciosamente en las instituciones más allá que se les reconozca o no un espacio. Es importante asumir la complejidad de la sexualidad humana como un aspecto que no se reduce al deseo sexual de cada sujeto, sino que se define en el marco particular de cada psiquismo en función de los ideales, valores y normas relacionadas con las características sociales culturales y económicas de su medio.

Es necesario señalar el carácter pedagógico y ético que les compete a los docentes, como continuadores de la familia, en la aclaración de conceptos, valores y objetivos que posibiliten el juicio crítico, las elecciones responsables y el cono cimiento y respeto de la ley.

Con ello se pretende proteger a niños, niñas y adolescentes que se ven enfrentados casi cotidianamente con la violencia, la pornografía, las enfermedades, el consumismo y los mitos sexuales.
En la actualidad reciben indiscriminadamente una variedad de estímulos rápidos y diferentes que atañen a su sexualidad, no teniendo, a veces, un tiempo y un espacio para la reflexión y el debate. Por ello es de vital importancia la formación de adultos significativos (Madres, padres, docentes) que permitan encauzar adecuadamente tantas inquietudes.

Esto se requiere con urgencia por el incremento de varios factores: el abuso, acoso y violencia sexual infantil y adolescencial, la iniciación cada vez más precoz de las relaciones sexuales con el correlato del incremento de los embarazos y la expansión creciente de una cultura hedonista y consumista que desvincula a la sexualidad de principios éticos fundamentales de la vida, la salud el amor y la familia.

Por ello, es fundamental trabajar con la familia ya que se requiere que se pueda conversar respetuosamente con los hijos sobre la sexualidad, analizar juntos los programas de televisión, lograr ámbitos de privacidad, consensuar los límites horarios para volver de las salidas nocturnas, acompañarlos al médico y orientarlos.

Pero no todas las familias, por diversas causas socio-económicas y culturales pueden brindar el amor y la protección que sus miembros requieren. Cada vez es más frecuente encontrarnos con familias invadidas por la violencia, el abuso, el maltrato y el desamparo.

Nuestra sociedad post moderna nos presenta múltiples tipos de familia: tradicional, monoparental, ensamblado, disfuncionales y otras.

“Las separaciones vinculares y los divorcios, cada vez más frecuentes en nuestro país han ido constituyendo nuevas formas de estructuras familiares: Los más frecuente es encontrar a mujeres solas que deben hacerse cargo de la educación sus hijos… (y) menos recurrente vemos a hombres abandonados junto a sus hijos”. (o.c)

En otras situaciones los niños quedan a cargo de los abuelos, tíos, madrinas o vecinos.

Mientras que los hijos de las adolescentes madres suelen terminar siendo “hijos de los abuelos”. Pero sea cual fuere la estructura familiar (a partir de elecciones, dificultades, fracasos, perdida o abandono) es importante que cada persona busque su equilibrio interno, ya que constituye el lugar fundamental en la estructuración de personalidad del ser humano. La salud mental, física, psíquica y afectiva está en relación directa con el amor, el respeto y la posibilidad de aceptar los límites, los cuales le brindan seguridad y protección.

Diferencias entre la Sexualidad Adulta y la Sexualidad Infantil

En ciertos momentos históricos, nuestra sociedad consideró que la niñez no era una etapa en la vida con características propias y se trataba a los niños como pequeños adultos.

Sin embargo, se sostenía la creencia de que los niños eran ajenos a toda práctica y pensamientos sexuales. Todo tema relacionado con la sexualidad, como toda expresión de la misma era duramente sancionado o negado.

Sin dudas, estas creencias aún siguen vigentes en varios sectores de nuestra cultura ello se debe, en especial, a la identificación del placer sexual con lo sancionado, y a la confusión entre la sexualidad infantil y la sexualidad adulta.

Pero considerar a la niñez como una etapa de la vida, distinta a la del púber, el adolescente y el adulto, nos permite reconocer diversas manifestaciones sexuales que son normales y hasta esperables en algún momento del crecimiento.

Recordemos que nacemos siendo sexualmente incompletos, y que nuestra sexualidad se va construyendo en la interacción con quienes nos rodean.
Por ello, debemos atender a ciertas diferencias en la Sexualidad de niños y adultos,  entre las cuales podemos mencionar que para niños y niñas:
Los órganos genitales están poco desarrollados.

La cantidad de hormonas sexuales circulantes en la sangre es muy pequeña respecto a la de un adulto (ausencia casi total de andrógenos y estrógenos).

El interés sexual es difuso e inespecífico. Es decir, el interés sexual infantil es más curiosidad que deseo.
Las conductas sexuales infantiles son principalmente lúdicas, investigativas e imitativas; carecen de toda intencionalidad erótica adulta.

El placer sexual es menos específico por motivos tanto hormonales como sociales.

Incluso, las sensaciones de placer no han adquirido un significado específico como en la vida adulta. Para ejercer la función erótica es necesario cierto grado de desarrollo psicológico y corporal que sólo llega en la pubertad.

Los estímulos táctiles sobre el propio cuerpo, suelen desencadenar con mayor frecuencia respuestas fisiológicas sexuales, en comparación con los estímulos visuales o auditivos. Pero en general, los estímulos externos no despiertan ningún atractivo sexual, distinto a los adultos para quienes estos estímulos sí adquieren un significado sensual.

La orientación del deseo no se define.

Como mencionamos, la sexualidad no es estática, sino que crece y se desarrolla a lo largo de toda la vida. Y si bien existen líneas generales de desarrollo, cada persona crece según sus posibilidades internas y externas.
Sin embargo, para poder conocer algunas características especiales de la sexualidad en la infancia, a la vez que estar al tanto de las necesidades de información que debemos tener en cuenta según la edad, dividiremos a la niñez en distintas etapas o períodos.

¿La sexualidad se construye?

La sexualidad no surge en forma espontánea en la adolescencia.

Es una construcción que comienza antes del nacimiento y se lleva acabo en un cuerpo que, si bien tiene una determinación sexual cromosómica, requiere de factores familiares como por ejemplo la relación que establece con la mamá (función materna) y con el papá (función paterna), que inciden en el bebé permitiéndole constituirse en varón o mujer.
“De esto se deduce que tener un cuerpo de varón o mujer, no significa tener una identidad sexual masculina o femenina respectivamente En los primeros años de vida el niño construye una especie de matriz psicológica y elabora los parámetros que desplegará posteriormente en su vida adulta. Cada ser humano realiza este proceso de manera singular y única… las experiencias de la primera infancia no son determinantes en la vida adulta, sino que están sujetas a otras experiencias y al modo en que las procesa cada individuo” (o.c).

La Orientación Sexual hace referencia a la elección del objeto amoroso. No es consciente ni voluntario. El púber atraviesa un período de transición y definición de su orientación sexual.

Así observamos como las características por las que transita el ser humano en sus diversas etapas del desarrollo están ligadas también a las características propias del desarrollo sexual.

De bebé a niño

La familia constituye el núcleo vital en el cual cada persona se desarrolla. El bebé para vivir necesita no sólo el alimento, sino fundamentalmente que un adulto significativo (función materna) lo tome en su amor, deseando que viva. Ya antes de nacer, lo rodea un mundo simbólico. Se habla de él, se le habla. Este mundo simbólico que lo rodea expresa ternura, expectativas, ideales, valores, inquietudes o temores.

El bebé al nacer experimenta diversas sensaciones (sed, frío, hambre) que la mamá debe interpretar y satisfacer.

La ternura del contacto físico con la mamá, le permite comprender al bebé que es amado, pudiendo emitir expresiones de satisfacción tempranamente.

Destacados psicomotricistas como Lapièrre, Aucouturier y Vayer reconocen que los contactos con la mamá le otorgan al bebé los estímulos que le permiten organizar su tono muscular.

Las primeras experiencias provienen de la boca, donde la succión le permite comunicarse con la mamá, recibir el alimento y el amor. Los besos y los abrazos y otras formas de contacto afectivo entre el niño y la madre (u otra persona que desempeñe la función materna) cumplen un rol esencial para el bienestar emocional y sexual del bebé.

Ese contacto tierno en los primeros años de vida prepara para el amor y la confianza (autoestima) en la vida adulta. Es uno de los primeros aportes a la educación sexual infantil.

La boca también se constituye, posteriormente, en un elemento de exploración del mundo que está a su alcance, así descubre los objetos por su tamaño (caben o no en la boca) por su textura, (son suaves o ásperos), por su temperatura (frío o caliente), por su sabor (agradable, desagradable).

Paulatinamente va pasando de un espacio bucal, al espacio topológico (sin forma ni dimensiones) y muy posteriormente al espacio euclidiano.

En esta etapa, aunque el padre levante al niño, le hable, lo acaricie y colabore en la higiene del infante, la función paterna es la de apoyo y acompañamiento de la madre. Su presencia y cariño fortalece los vínculos parentales y le permite al bebé empezar a descubrir la presencia masculina y a diferenciarla.

El adulto no sólo estimula al niño cuando está con él sino también cuando le habla o plantea problemas. La labor educativa se realiza también cuando se establecen normas y rutinas cotidianas (lavarse, comer), o cuando se seleccionan objetos que le permiten hacer cosas con ellos, produciéndole agrado (manipular instrumentos musicales).

En estas interacciones el adulto contribuye muy activamente a posibilitar las identificaciones y las características de la personalidad del niño. Cuando le plantea pequeños problemas y le permite equivocarse, lo estimula para intentarlo de nuevo aumentando los apoyos. Así el adulto le demuestra que lo quiere y confía en él.

El contexto de relaciones positivas y afectuosas le permite acuñar la autoconfianza a partir de una imagen positiva de sí mismo.

Alrededor de los 18 meses el niño concentra su atención y sensibilidad sobre la zona anal, ya que está relacionada con la función excretora que poco a poco aprenderá controlar.

Alrededor de los dos años en el proceso de descubrimiento de su cuerpo sienten sensaciones placenteras que provienen de la zona genital. Tanto las niñas como los varones sienten curiosidad por su propio cuerpo, especialmente el varón por su genitalidad externa.

“Ven en esta práctica (masturbatoria) la oportunidad de apropiarse del cuerpo, conocer como reacciona ante determinadas estimulaciones… y experimentar satisfacciones… como alivio a la tensión, a la angustia, a la tristeza, al disgusto, al aburrimiento…” (o.c).

Esta conducta es normal, por lo que no debe ser reprimida, debiéndose orientar paulatinamente hacia una actividad lúdica o comunicacional.

Luego se desarrolla una etapa conocida comúnmente como edípica, donde tanto la niña como el varón demandan que la mamá se dedique exclusivamente a ellos. Buscan estar el mayor tiempo posible al lado de su mamá y le molesta que otras personas se acerquen a ella, reaccionando a veces con gritos, golpes y berrinches. Esto ocurre, especialmente, si es el papá el que se interpone.

A medida que crecen en su vocabulario se evidencia la construcción de la identidad como varón o mujer. Los niños van construyendo diversas teorías acerca de las diferencias anatómicas de los sexos y de su posición en el mundo como varón o como mujer.

Comienzan a interesarse en cómo se hacen los bebés y cómo se alimentan en la panza.

Se desarrolla la noción temporal con la perfección de los cambios, el ritmo interior (como la respiración y la marcha) y hechos exteriores (como el día y la noche y los acontecimientos de la vida cotidiana).

Con el desarrollo de la locomoción se amplía el fantástico mundo de objetos y personas.

Uno de los juegos de los niños que denotan la necesidad de construir el propio cuerpo (esquema corporal) y el del otro sexo es el que se conoce con el nombre: “se contemplan desnudos… (donde) se dan cuenta de las similitudes y diferencias”.

Otro juego típico es el del “Doctor” que también tiene la connotación de investigar las diferencias.

Estos juegos sexuales no pueden ser analizados con el criterio de la sexualidad adulta (buscando culpables e inocentes) interpretando la curiosidad infantil con las intenciones y cualidades adultas, lo cual genera rechazos a veces agresivos … “Se inscribe en el ámbito de una sexualidad infantil normal… que el niño registra e incorpora como ligado a la sexualidad en general y a la suya en particular” (oc)
Esta actitud infantil constituye un aprendizaje valioso, no vinculado con una sexualidad genital adulta, sino como aquella que le permite conocer y aprender mediante un juego natural.

Pero, como cualquier otra área de su interés, si la curiosidad del niño se transforma en compulsiva está denotando alguna dificultad característica de la situación familiar, escolar o social en cual se encuentra.

Alrededor de los tres años atraviesan la edad de los ¿Por qué? que más que cumplir una función de análisis de la realidad es una forma de experimentar el placer de la comunicación (Buscando ser centro de atención a través de las respuestas).

Es una etapa de realización de sí mismo “Yo, Mío” y de construcción de la identidad.

De allí también la desobediencia y la obstinación queriendo imponer su capricho.

Es una etapa posesiva donde no puede postergar la satisfacción inmediata (no tolera, todavía, la frustración).En general quiere poseer los objetos, en especial los juguetes cuando los tienen otros niños.

El grado de confianza en sí mismo se va desarrollando en la medida que los educadores (familia, docentes) alejen al niño tanto de los sentimientos de incompetencia e inseguridad, como de los de omnipotencia y confianza desmesurada en sus posibilidades.

Paulatinamente se van acrecentado los juegos compartidos, pero los grupos son lábiles, ya que todavía no tienen la cohesión interna que los haga permanecer.

El lenguaje que comenzó con la ecolalia y la articulación de las primeras palabras, adquiere un notable desarrollo entre el segundo y el tercer año de vida.

A partir de los cuatro años, no sólo amplía el vocabulario, sino que domina paulatinamente las reglas básicas de la gramática y la sintaxis. Esto le permite utilizar el lenguaje como vehículo cada vez más útil y eficaz para la comunicación personal.

Ante las preguntas por los órganos sexuales descubiertos mediante la curiosidad investigativa (durante el baño, en los juegos, etc.) es conveniente responder con claridad nominando correctamente cada parte del cuerpo, pero adecuando el nivel del lenguaje a la edad de los niños.

Se generan muchas dudas en relación a las diferencias anatómicas.
“El cuerpo de los padres, el tamaño de los genitales y su aspecto son asuntos que deben resolverse de lamanera más natural posible” (oc).
Si no se contesta con la verdad se produce desconfianza y  temor. La tensión de los adultos crea silencio y evasiones que son percibidas por los niños como una desvalorización del cuerpo.

Si los padres y los docentes abren un espacio para plantear las dudas, entre ellas, las de la sexualidad, disminuirán el riesgo del maltrato, el acoso, el abuso, la violación y el desamparo.

De los seis a los diez años.

Aunque los niños hayan transitado el nivel inicial el ingreso a la escuela primaria representa un gran desafío donde el objetivo fundamental es el aprendizaje. Hay tareas y evaluaciones y el tiempo destinado a los recreos les parece escaso.

En esta nueva sociedad aparecen otras reglas, donde se ponen en juego las bases afectivas y comunicacionales de la familia y se descubren diferentes formas de entender las cosas. Las obligaciones escolares están unidas a una socialización creciente, llegando a constituirse grupos con notable cohesión.

El lenguaje se va convirtiendo en la herramienta de comunicación consigo mismo, elemento que le permite planificar y regular sus comportamientos. A través del lenguaje organiza, ordena y planifica las acciones antes de ejecutarlas.
También se despliega la funcionalidad del lenguaje estimulado por la escuela que analiza la propia lengua y reflexiona sobre los productos lingüísticos que mejoran la comprensión y la expresión. El lenguaje no está restringido a la rapidez de las acciones físicas, sino que en un instante puede representar una cadena de acciones. El lenguaje libera al pensamiento de lo inmediato y le permite extenderse en el tiempo y en el espacio

Similares progresos se dan en el dominio intelectual. A partir de las capacidades cognitivas básicas (atención, memoria, compresión) cada vez más desarrolladas, el niño va descubriendo (siempre a través de sus actividades y experiencias con la guía, apoyo y aliento de quienes los educan) las características del mundo que lo rodea.

Entre sus descubrimientos se encuentran el orden, las relaciones, las clases, las categorías, las regularidades, los procesos de causa y efecto, realizando inferencias sobre la base de los conocimientos que ya posee. Su pensamiento avanza hacia la lógica, aunque en esta progresión se observan vaivenes y se logran algunos dominios conceptuales antes que otros.

Su conocimiento se proyecta desde los objetos inmediatos o espacio-temporales hasta la comprensión de las realidades físicas y sociales que lo rodean.

En lo perceptivo motor se producen cambios cualitativos en aspectos básicos ligados al movimiento, la agilidad, la destreza, la precisión, el equilibrio y el desarrollo de las actividades motrices específicas, como por ejemplo el deporte, y la danza.

Es fundamental el trabajo de exploración y de toma de conciencia de las posibilidades motrices, expresivas y lúdicas. El progreso en estos aspectos amplía la capacidad y calidad de la expresión y permite un mayor ajuste en situaciones de comunicación. Se incrementan los juegos en grupo y al aire libre. A los varones les agrada vanagloriarse de su aspecto físico y a  las niñas les preocupa el cuidado de su físico, la vestimenta, el peinado y a veces el maquillaje.

Denotan interés por las características de ambos sexos y curiosidad por aspectos de la procreación.

Pero al final de este periodo (diez años) comienza a producirse un cierto antagonismo entre los sexos.

Si bien la meta de la acción educativa es el logro de la autonomía intelectual, social y moral del alumno, se encuentra recién en su inicio del dominio de habilidades metacognitivas, es decir, de conocimiento de los propios procesos cognitivos (control de información, planificación de actividades, toma de decisiones argumentadas y comprobación sistemática de los resultados).

En esta etapa va adquiriendo progresiva conciencia de sus capacidades y limitaciones, percibiendo su situación en el medio social. Acepta las normas, deseando agradar tanto a los adultos como a los pares. Pero por momentos hay una propensión al descontento y al aburrimiento.

La progresiva aparición del pensamiento abstracto permite que el niño vea las cosas y se vea a sí mismo desde el punto de vista de los otros.

Esta capacidad de descentrarse (salir del egocentrismo) le permite desarrollar actitudes y comportamientos cooperativos, con respeto y tolerancia.

Así la interacción entre los pares sirve de estímulo para el aprendizaje.

En confrontación con los demás y con las exigencias del aprendizaje va conformando su autoconcepto y autoestima

Hacia los 9 años denota sentido del humor y por hacer reír a los demás no mide sus bromas y travesuras.

Éstos y otros factores determinan que los procesos de desarrollo y aprendizaje sean únicos para cada niño no sólo en lo que se refiere a los logros conseguidos sino también a la heterogeneidad de las manifestaciones (capacidades, motivaciones, ritmos, estrategias).

Por lo tanto la sexualidad abre preguntas que requieren cada vez más de una información amplia y profunda.

No aceptan las explicaciones simplistas y concretas. Los ¿por qué? que en el nivel inicial se satisfacían con una explicación sobre el funcionamiento, se convierte ahora en un porqué que cuestiona la validez o el sentido.

Es la edad en que se suelen enamorar de la maestra, los ídolos o los amigos/as.

Tanto las niñas como los varones están inmersos en el mundo de la televisión y la informática que le permiten tener acceso a todo tipo de información y los bombardea con un sexo distorsionado en novelas y campañas publicitarias (aún en las horas de protección al menor). De allí la importancia que tanto en el hogar como en la escuela, se ofrezcan una orientación adecuada y veraz que le permita ir desarrollando su propio criterio de análisis.

Los niños y niñas se agrupan de acuerdo con sus finalidades (Fútbol, andar en bicicleta, investigar temas) que, a veces, terminan ritualizándose en peleas Desarrollan vívidamente la imaginación inventando historias de amor y desempeñando diversos roles que se despliegan desde el delincuente hasta al astronauta pasando por el campeón, la maestra o la bailarina.

Coleccionan, amontonan y clasifican, llegando a comprender desde las nociones abstractas hasta quedar extasiados ante un MP4.

Con el mismo estilo investigan lo referente al sexo. Las respuestas de los adultos deben ceñirse a las preguntas formuladas por el niño/a, ajustadas a la realidad, tratando de establecer el nexo de la sexualidad ligada al amor.

Pubertad y adolescencia
Conviene aclarar la diferencia entre pubertad y adolescencia. Siguiendo a Peter Bloss, con el término “Pubertad” designamos las manifestaciones físicas (anatómicas, fisiológicas y hormonales) de la maduración. Con el término “Adolescencia” calificamos los procesos psicológicos de adaptación a las condiciones de la pubertad.

En la adolescencia se observan tres fases o momentos:

– La adolescencia temprana (menos de 14 años), también llamada puberal, marca su inicio y se refiere a los caracteres primarios y secundarios en ambos sexos.

– La adolescencia media (entre 14 y 16 años) El proceso de independencia natural continúa su desarrollo y se hace más evidente la separación padres –hijos adolescentes. Hay generalmente manifestaciones de rechazo y desafío a la autoridad

– Adolescencia tardía (después de los 16 años): se va incrementando la seguridad en sí mismo. Se reconoce y funciona como individuo independiente. Es poseedor de una sexualidad propia que puede ser expresada y, que en gran medida, responde a los patrones socialmente establecido para cada sexo.

La pubertad es la etapa del desarrollo que se caracteriza por un crecimiento físico acelerado en talla y peso, donde se evidencia también el desarrollo de los caracteres sexuales primarios y los caracteres sexuales secundarios como la distribución de la grasa, el aspecto de la piel, los cabellos y el tono de voz.

Al comenzar la pubertad se abandona el cuerpo que los acompañó durante la infancia.

Los chicos y chicas observan las transformaciones de sus cuerpos. “Crecen de repente”.
En las mujeres ese “estirón” se anticipa generalmente un par de años antes que los varones. Este pico de crecimiento está precedido por el desarrollo mamario o telarca y la aparición del vello púbico.

Las mamas se desarrollan a ritmos diferentes, una antes que la otra, provocando en algunas adolescentes ansiedad y vergüenza y en otras orgullo y en otras exhibicionismo.

Los cambios en la pubertad se inician entre los 10 y los 13 años y tienen una duración aproximada de cuatro años, La pubertad se evidencia en las mujeres con la primera menstruación (menarca) y en los varones con las primeras poluciones, generalmente nocturnas.

Es frecuente que las mujeres sean más altas que los varones en 6º y 7º año de la escolaridad primaria, aunque ellos posteriormente las aventajan.

En los varones la secuencia del desarrollo puberal es diferente y se inicia aproximadamente a los 11 años con el crecimiento de los testículos y el descenso de la bolsa escrotal que durante la infancia mantenía los testículos pegados a la base del pene. La piel de los genitales comienza a enrojecerse, arrugarse y aparecen los primeros vellos, por la acción hormonal.
Hacia los 14 años hay un crecimiento del pene conjuntamente con el desarrollo de las vesículas seminales y la próstata. La función de dichas glándulas es secretar el líquido que, mezclado con los espermatozoides constituyen el semen. Las eyaculaciones involuntarias o poluciones marcan el final de la pubertad.

Desde ese momento y hasta el final de su vida el hombre adquiere la capacidad de concebir. La fertilidad en la mujer se circunscribe a determinados días del ciclo femenino y en un período determinado de la vida.

En las chicas el comienzo de los ciclos femeninos es alrededor de los 13 años, pudiendo retrasarse o anticiparse, hasta 3 años.
Con este fenómeno da comienzo la vida fértil de la mujer, marcando el final de la pubertad. El equilibrio hormonal óptimo para que se produzca un embarazo requiere de uno o dos años más, aunque muchas mujeres pueden quedar embarazadas antes de esta madurez, como es el caso de la maternidad precoz de las adolescentes,
Está caracterizada básicamente por una conmoción identificatoria. La vida es un continuo (o continuum) dinámico que se expresa a través de distintos términos: desarrollo, cambio, crisis, adquisiciones, evolución, reestructuraciones, crecimiento.

La adolescencia es considerada como un modo trascendente de esos continuos que según Eduardo Kalina es “el segundo gran salto hacia la vida”.
El primero, está dado por el bebé quien abandona el confortable equilibrio de existencia intrauterino y se lanza al mundo.
El segundo gran salto es efectuado hacia sí mismo, luego del cual podrá realizar posteriores identificaciones.
El adolescente puede asumir identidades transitorias adaptadas durante ciertos períodos, por ejemplo el machismo en el varón o la precoz seducción en la niña, el adolescente-bebé o el adulto serio. Representa varios personajes, a veces ante los mismos padres y con frecuencia ante diferentes personas.

El tatuaje es otra de las formas actuales que, si bien tiene antecedentes milenarios en las distintas culturas del mundo, actualmente desempeña el valor de marca simbólica que se da en reemplazo de la filiación y la genealogía que brinda la familia de origen.

La modificación corporal, el desarrollo de sus órganos sexuales y la capacidad de reproducción es vivido por él como una irrupción de un nuevo rol que modifica su posición frente al mundo y observamos conductas sexuales que pueden ir dirigidas al erotismo o hacia la inhibición de los impulsos.

La aproximación a la pubertad conlleva cambios externos e internos. El primero y más evidente es su propio cuerpo Los cambios corporales traen aparejados, por esa “revolución interna” cambios en el humor, la afectividad y en los comportamientos.

Es frecuente ante la ansiedad de los cambios corporales y la invasión impulsiva que irrumpe, el refugiarse en el cuerpo infantil.

El cuerpo y el esquema corporal son dos variables íntimamente relacionadas en el proceso de definición de sí mismo y de la identidad. Comienzan a percibir su cuerpo como extraño, ajeno y del que muchas veces no pueden dar cuenta. La apropiación y representación mental de sus nuevos aspectos redefinen su esquema corporal.

Todo este proceso va acompañado por sentimientos de euforia, alegría, tristeza, añoranzas por el cuerpo infantil, felicidad por su nueva imagen. En fin una serie de contradicciones, que a medida que nuestro pequeño joven las va superando comienza a definirse como hombre o como mujer, tarea que lleva su tiempo y que se corresponde con su identidad sexual. En pocos años comienza a estructurarse la personalidad y la identidad, en un primer momento, en torno a la sexualidad.

Posteriormente tras sucesivas identificaciones se adoptará la identidad sexual definitiva. Este proceso va acompañado de otros procesos que le permiten al joven fortalecerse y afianzarse, logrando una relativa estabilidad.

Para Sorenson “la identidad es la creación de un sentimiento interno de mismidad y continuidad. Una unidad de personalidad sentida por el sujeto y reconocida por otro”. Es saber quien soy.

El adolescente recorre un largo camino en el proceso de construcción de su identidad, con un gran costo energético, con avances y retrocesos como corresponde por una pérdida, la de la identidad infantil.

Es un momento privilegiado donde el juego de las identificaciones cobra un papel esencial en la conformación del auto concepto y la autoestima.

Una poesia de Jorge Luis Borges nos ilustra este tema:

Yo de niño, temía que el espejo

Me mostrara otra cara o una ciega

Máscara impersonal que ocultaría

Algo sin duda atroz .Temí asimismo

Que el silencioso tiempo del espejo

Se desviara del curso cotidiano

De las horas del Hombre y hospedara

En su vago confín imaginario

Seres y formas y colores nuevos.

(A nadie se lo dije, el niño es tímido).

Yo temo ahora que el espejo

Encierre el verdadero rostro de mi alma,

Lastimada de sombras y de culpas,

El que Dios ve y acaso ven los hombres.

Habilidades personales para responder a los desafíos

En esta etapa predominan los desafíos. Uno de los principales es la progresiva emancipación de los padres, colocándolos en un segundo lugar, para que luego ese primer plano pueda ser ocupado por su pareja y más adelante… los propios hijos.

Esta etapa también esta llena de contradicciones con sus avances y retrocesos.
En la capacidad cognitiva del adolescente aparecen importantes transformaciones como es el pensamiento formal, accediendo a una lógica de lo posible que le permite reflexionar y elaborar hipótesis trascendiendo los límites de lo concreto.

Al principio la sexualidad adolescente se encuentra atravesada por otros conflictos: deseo de emancipación, desafío a los adultos, deseos de postularse como aptos para ejercer su sexualidad, ansias de éxito frente al grupo de pares.

Los primeros encuentros amorosos adolescenciales son un ensayo, una búsqueda de la propia identidad. El camino de la madurez es largo y sinuoso. Pero si el objetivo es una sexualidad plena y responsable no se debe llegar a la relación sexual por impulso, por desesperación, competencia, arrogancia. El resultado puede ser una experiencia negativa.

Cómo educadores debemos hacer saber y sentir en los alumnos y alumnas que aún en la adolescencia tardía no se mueven en el terreno de lo definitivo. La adolescencia es una etapa privilegiada de ejercicios, ensayos. Se hacen realidades distintos roles pero no son irreversibles, ni para toda la vida. Están aún en el terreno de lo lúdico y no frente a definiciones irreversibles

Nuestra cultura emite mensajes que distorsionan lo que significa el éxito en la  sexualidad. Aparece más ligado a los logros externos como por ejemplo cantidad de conquistas y el nivel de intimidad alcanzado en ellas, nivel estético de los conquistados/as más que a una gratificación íntima y privada.

Los adolescentes requieren precisiones ante preguntas como: ¿Cómo encauzar los deseos sexuales? ¿Qué es lo permitido y lo prohibido? ¿Cómo conservar la autoestima cuando lo corporal tiene exigencias intensas? ¿Hasta dónde llegar? ¿Hasta cuando esperar?

Características actuales del adolescente

Actualmente se ha prolongado el tiempo en que las personas se forman para el período productivo de la vida. El adolescente actual sufre estas consecuencias. Posee un cuerpo adulto y tienen la madurez biológica e intelectual para tomar decisiones, pero aún es dependiente económica y socialmente, volviéndose más complejo el cuidado y el ejercicio de la sexualidad.

En nuestra época y en nuestra cultura la madurez sexual se logra antes que la madurez social. Un conflicto nuclear es que la capacidad de ejercitar el rol sexual aparece con anterioridad a la aptitud de asumirla y hacerse plenamente responsable de sus consecuencias.

Para otros adolescentes, en épocas de crisis, frecuentemente se ven impelidos a ejercer precozmente roles adultos, como cuidar hermanos, generar ingresos para el grupo familiar, administrar la casa, quedando atrapados en un crecimiento que los llevó a autoabastecerse, abandonar a sus padres y familias.
Desde la mirada de la prevención, la educación sexual se convierte en un desafío para disminuir el riesgo y la vulnerabilidad de estos y otros jóvenes que les toca vivir en estos periodos de crisis que atraviesa tanto el plano familiar como el social y laboral, con las consecuencias que ello acarrea en la subjetividad de los jóvenes.

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