Sexualidad adolescente y Embarazo. Pcia de Mendoza

SEXUALIDAD ADOLESCENTE Y EMBARAZO

Dirección General de Escuelas – Formación docente
Subsecretaría de Planeamiento de la Calidad Educativa
Dirección de Planeamiento y Evaluación Educativa de la Pcia. de Mendoza

INTRODUCCIÓN

Para hablar de la sexualidad adolescente, principalmente hay que tener en claro que con la pubertad, el desarrollo del cuerpo toma un importante significado y las primeras exploraciones con el compañero del otro sexo tienen un fin preparatorio hacia un posible proyecto futuro de maternidad-paternidad.
En el caso de un embarazo adolescente se producirá un salto de la niñez a la maternidad y paternidad, a la manera de un pseudo- crecimiento, que alteraría la cadena generacional. Una madre adolescente es difícil que pueda contener porque todavía necesita, ella misma, ser ayudada, guiada y contenida.
La sexualidad es una parte integral del individuo desde su nacimiento, implica mucho más que contactos genitales; implica la capacidad de amar, la responsabilidad frente a uno mismo y frente al otro, como así también la capacidad de dar y de recibir en la vida.
La iniciación sexual, es decir, esos actos mediante los cuales los adolescentes vivencian el fin de la infancia y el comienzo de un conjunto de experiencias transformadoras, es productora de contradicciones. Se trata de un momento tanto deseado como temido, que es vivido de manera diferente según se es mujer o varón, según el lugar de residencia (campo o ciudad), según la clase social.

Para las adolescentes, la iniciación es a veces un momento provocado por la presión del varón, a la que algunas acceden sin reconocer o poner en juego su decisión y autonomía.
A la presión del novio se suman las presiones de las amigas ya que la sexualidad y la actividad sexual y amorosa pasan a ser el centro de interés de las reuniones de chicas.
Pocas veces encambio es una decisión meditada y consensuada con la pareja.

Para los varones, la iniciación sexual constituye aún un rito de pasaje, muchas veces forzado por padres u otros varones adultos.A menudo la idea de amor romántico y altruista parece actuar como un obstáculo para que las adolescentes asuman posiciones activas de autocuidado (no se puede desconfiar de quien se ama, hay que entregarse sin restricciones) y las consecuencias de esto son enfermedades y embarazos.
Muchas veces se les hace difícil decir que no, o bien marcar ciertos límites-pendientes a su autocuidado y al cuidado del otro.El preservativo, por ej., es utilizado sólo como una protección contra el embarazo, y a veces sólo en el momento inicial de las relaciones interpersonales. En muchos casos, afianzada la relación, se deja de usar.
El debut sexual del adolescente acarrea una vulnerabilidad intrínseca que, al sumarse a las fragilidades propias de la etapa adolescente, constituye una situación de exposición.

El embarazo en esta etapa del ciclo vital suele estar asociado, entre las adolescentes, con un nuevo lugar social: el de madre, rodeado de connotaciones positivas de las que muchas veces carecen cuando son “sólo” adolescentes sexualmente activas. Así, el embarazo se convierte en el pasaporte a la vida adulta, reafirmando la condición de mujer.
Este hecho desencadena a su vez, entre otras cosas, la salida del hogar familiar, lo que se ve como una manera de resolver conflictivas familiares.
El embarazo en la adolescente es una crisis que se sobre impone a la crisis de la adolescencia. Comprende profundos cambios somáticos y psicosociales con incremento de la emotividad y acentuación de conflictos no resueltos anteriormente.
El “atajo” a la adultez se podría pensar como el ritual de muchas jóvenes de esta época, hipótesis que surge de los porcentajes estadísticos obtenidos sobre esta temática, que resultan altamente significativos.

En nuestra provincia de Mendoza, el embarazo adolescente representa el 15,4% de los nacimientos totales producidos durante el año 2008.
Esto además, cobra un significado particular cuando vemos que el 80% de estos nacimientos de madres adolescentes se producen en el sector público de salud, es decir, que se producen en los grupos sociales demás bajos recursos.
Entre un 28 % y un 30% de estas jóvenes madres cursaron en ese momento al menos, su segunda gestación; es decir, que aproximadamente 30 de cada 100 deellas ya tenían 2; 3 y hasta 5 embarazos previos.
Otra implicancia que tiene el embarazo adolescente es la probabilidad de dar a luz un niño de bajo peso (menos de 2500 g) o de extremadamente bajo peso (menos de 1500 g) factor que incrementa en ellos el riesgo de morir.

Por esta razón y otras como la dificultad para establecer el vinculo, la falta de registro de signos de alarma en el bebe, la violencia que le produce la demanda permanente del niño cuando ella es aun demandante, la maternidad adolescente tiene también su implicancia en la Mortalidad Infantil.
Es así como, en el año 2008, cuando la Tasa de Mortalidad Infantil de la provincia fue de 10,7 por mil, la Tasa de Mortalidad Especifica de hijos de madres adolescentes fue de 26,5 por mil en las menores de 15 años y 13,4 por mil en las de 15 a 19 años.
Además, los hijos de madres adolescentes presentan un riesgo más alto de abuso físico, de negligencia en su cuidado, de desnutrición y de retardo físico y emocional.
El embarazo precoz no se puede pensar sólo como un problema de salud, va más allá de estos límites, se convierte en un mecanismo de reproducción de la pobreza y la exclusión. A la adolescente se le dificultan las posibilidades de educación, capacitación, empleo y participación. Implica un flagelo social importante.

Al embarazo en la adolescencia el Prof. Dr. Juan R. Issler (2001) lo define como: «el que ocurre dentro de los dos años de edad ginecológica, entendiéndose por tal al tiempo transcurrido desde la menarca, y/o cuando la adolescente es aún dependiente de su núcleofamiliar de origen».
Se considera embarazo adolescente al que se presenta en las mujeres menores de 19 años, edad en la que se consideraba que termina esta etapa de la vida. Sin embargo, muchos psicólogos advierten que esta edad se está ampliando y hay una dificultad si se pretende delimitarla en su límite superior.

Desde el punto de vista biológico, los adolescentes son capaces de procrear mucho antes de alcanzar la madurez emocional. Esta etapa es un tiempo de crecimiento y desarrollo con adquisición de nuevas funciones en la esfera biológica, psicológica y social.
Estos cambios no ocurren simultáneamente y el primer evento que se produce es el logro de la capacidad reproductiva.Muy rara vez el tener un hijo forma parte de un proyecto de vida de una pareja de adolescentes, por lo general es un evento inesperado, más allá que muchas veces sea buscado por algunas adolescentes (30%).
El embarazo debe ser considerado como una problemática compleja que involucra a la adolescente, la pareja de la adolescente (si es que tiene), la familia y también para el bebé que se está gestando ya que sus padres no tienen la madurez suficiente que se necesita para ser padres.
En definitiva la maternidad es un rol de la edad adulta y cuando ocurre en el período en que la mujer no puede desempeñar adecuadamente ese rol, el proceso se ve perturbado en diferentes grados.

La mayoría de las veces, la continuación del embarazo conlleva el abandono de los estudios por parte de la adolescente y frecuentemente no los retoma luego del nacimiento. Esto genera desocupación y difícil reinserción laboral por falta de capacitación. Es muy bajo el grupo de ellas que llegan a terminar sus estudios. Esto trae como consecuencia la salida del sistema de muchas de estas jóvenes que postergan y/o anulan su desarrollo personal debido al embarazo.

También, a causa de las presiones sociales, se realizan matrimonios no deseados ni planeados, lo cual trae como consecuencia un alto porcentaje de divorcios y desmembramiento familiar.La familia de estas jóvenes juega un papel fundamental, ya que en general, la joven embarazada se refugia en su familia y se hace muy dependiente. Se ve cada vez menos el rechazo que antiguamente se producía contra ellas.
Esta «aceptación del embarazo adolescente», ha permitido generar mecanismos de protección en el ámbito familiar, del grupo de pares, y apoyos institucionales como en las áreas de educación y del sector salud, pero ello no quita que la maternidad adolescente impacte de diferentes formas según la clase social.

Los recursos cognitivos y materiales con los que cada niña cuenta para afrontar esa situación, como así también el significado que el embarazo tiene para la adolescente difiere según el sector social al que pertenezcan.
Numerosos estudios muestran que las consecuencias del embarazo adolescente colocan a estas jóvenes en una situación de desventaja con relación a sus pares que no han pasado por tal situación. Aunque en algunos casos el embarazo en las adolescentes puede llegar a término en condiciones que no alteran significativamente la calidad de vida de las embarazadas, en la mayoría de los casos pueden tener efectos devastadores ya que en esta etapa de la vida la adolescente se enfrenta a experiencias de duelo, por lo que está muy vulnerable y sólo la elaboración de éstos permitirá una salida autónoma y madura de esta etapa.

Como se dijo anteriormente existe una diferencia entre el inicio de la capacidad reproductiva y la madurez psicológica del adolescente para formar una familia. Por lo tanto se da un desfase entre su momento biológico y su estatus social. El embarazo representa una sorpresa para ella, su pareja y una preocupación grave para su familia.El embarazo supone una fuente mayor de estrés cuando no se ha buscado.
Es posible que la pareja, de todos modos, acepte el embarazo y que éste siga una evolución normal, pero en tal caso pueden aparecer sentimientos de culpa si algo no sale bien o ante el temor de que se presente una complicación.

El embarazo que no es deseado por ninguno de los miembrosde la pareja, genera sentimientos ambivalentes, sobre todo en la mujer, rechazándolo por una parte, pero al mismo tiempo con el temor supersticioso de que algo vaya mal debido a este rechazo.
El embarazo adolescente coloca a estas jóvenes en una situación de gran vulnerabilidad pues, en primer término ocurre durante una etapa de profundos cambios biopsico-sociales, en la crisis de la adolescencia. Una crisis es una ruptura de un equilibrio anterior, acompañada por una sensación subjetiva de padecimiento.
Estas crisis se producen en sujetos que están en situación de importantes cambios y que en esas circunstancias se interrogan acerca de su identidad, «¿quién soy?».
Pero estas crisis, con sus cuestionamientos acerca de la identidad, sólo se producen en situaciones de transición.

Esta etapa de tránsito hacia la adultez, que no por ser de tránsito es corta o pasajera, tiene que ver con un aspecto revolucionario en la vida del individuo: la capacidad de dar vida.
En segundo término, viene a enclavarse una segunda crisis: el embarazo, con la particularidad de trascender en ese momento la maduración de la adolescente, y para el que difícilmente pueda estar preparado su cuerpo y su psiquis.
La experiencia del embarazo marca un hito en la sexualidad femenina y puede estar acompañada por fantasías y ansiedades muy diversas, para cuya dilucidación es necesario tener en cuenta las circunstancias en que seprodujo el embarazo, si la adolescente lo quería o no lo quería y la historia de vida personal y familiar.
Sobre todo tomando en cuenta que no es un hecho aislado, ni que simplemente dependa de la adolescente, aunque en el nivel del discurso se diga “se embarazó” o “quedó embarazada”, como un hecho natural, ya que, si se es mujer es esperable que se embarace.
Y en tercer lugar, aparece la maternidad, las representaciones acerca de la maternidad,producto de ser madre y el sentimiento subjetivo que surge a partir del futuro hijo y del vínculo que se establezca con él.

A lo cual deberíamos agregar las cuestiones vinculadas al padre y a la paternidad. Realizar una función materna que no siempre eligió, la coloca en posición de sometimiento a su biología, ciñéndola a un futuro regulado por su condición maternal y probablemente poco vinculado con la dinámica de la adolescencia, la que a su vez reclama protección y contención.
La maternidad adolescente involucra a dos seres, una niña-madre, que no ha completado su desarrollo y un futuro hija/o en gestación; ambos necesitados de maternaje, por lo cual es necesario sostener emocionalmente a esta joven, cubrir ese maternaje, para que ella a su vez pueda ejercer su propia función materna.
Lo que sucede por lo general en sus historias es que se encuentran figuras masculinas cambiantes, que no ejercen un rol ordenador ni de afectividad paterna, privándolas de la confianza y seguridad en el sexo opuesto, incluso con el mismo padre biológico.
Así, muchas veces, por temor a perder lo que creen tener o en la búsqueda de afecto,se someten a relaciones con parejas que las maltratan.
En otros casos, especialmente en menores de 14 años, el embarazo es la consecuencia del «abuso sexual», en la mayoría de los casos por su padre biológico o el compañero sexual de su madre, o algún varón con lazos cercanos a la familia.

Además el despertar sexual suele ser precoz y muy importante en sus vidas carentes
de otros intereses, con escolaridad pobre, sin proyectos (laborales, de uso del tiempo libre, de estudio), con modelos familiares de iniciación sexual precoz, con estimulación por los medios.
Inician a muy corta edad sus relaciones sexuales con chicos muy jóvenes, con muy escasa comunicación verbal y predominio del lenguaje corporal.
Tienen relaciones sexuales sin protección contra enfermedades de transmisión sexual buscando a través de sus fantasías, el amor que compense sus carencias.
Es habitual que asuman responsabilidades impropias de esta etapa de su vida, reemplazando a sus madres y privadas de actividades propias de su edad, confundiendo su rol dentro del grupo, comportándose como «hija-madre», cuando deberían asumir su propio lugar superando la confusión en la que lamentablemente muchas de éstas adolescentes crecieron.

EMBARAZO ADOLESCENTE Y SECTOR SOCIAL

El embarazo en la adolescencia y los problemas que se puedan presentar tienen diferentes características según el sector social donde éste ocurra: no es lo mismo la adolescente de un medio rural que la de uno urbano, ni la de sectores marginales que la de estratos sociales pudientes.
En el sector rural caracterizado por poblaciones chicas o familias que dependen de explotaciones rurales, que mantienen un estilo de vida tradicional, la adolescencia casi no existe y se asumen responsabilidades familiares y laborales a edades más prematuras.

El embarazo se da con frecuencia antes de los 18 años lo que conduce a uniones tempranas. La noticia se toma como algo normal, no problemático, es aceptado porque está dentro de las normas y costumbres de la familia.

En el sector urbano-marginal que corresponde a las grandes ciudades, existe un contexto familiar y sociocultural conflictivo, predomina la inseguridad laboral, la violencia familiar, abuso sexual, y deserción escolar temprana.
En muchos casos son familias o adolescentes que han migrado de sectores rurales, y que sufren las consecuencias del desarraigo familiar y social.
Ante la noticia del embarazo la adolescente puede llegar a provocarse abortos en condiciones insalubres, concurre a la atención médica en el momento del parto, y en la mayoría de los casos incursiona en uniones conyugales inestables que no prosperan, dejándolas finalmente como madres solteras abandonadas.

En el sector urbano-popular que son sectores sociales populares o medio-bajos, incorporan la aspiración de que sus hijos completen la escuela secundaria y pospongan el embarazo o la unión hasta después de los 20 años.
Los embarazos en la adolescencia en estos grupos sociales producen fuertes conflictos emocionales, y condicionan uniones tempranas insatisfactorias para la pareja o bien, las jóvenes se convierten en madres solteras.
En estos casos, concurren al control prenatal cuando la situación del entorno familiar comienza a estabilizarse. Esto suele suceder a la mitad del embarazo.
Hay una mayor conciencia de la importancia del cuidado materno y del niño.

En el sector medio-medio y medio-alto: Las familias aspiran a que sus hijos terminen la universidad. En ellas, la dependencia económica de los hijos suele prolongarse hasta bien avanzada la segunda década de vida. Tienen acceso a una educación y a la prevención del embarazo, por lo cual cuando este ocurre, significa “un accidente”.
En general estos embarazos terminan en abortos inducidos, muchas veces sin consentimiento de la adolescente, o en uniones de pareja no siempre satisfactoria, a costa de prolongar la dependencia familiar.

Estas diferencias por clase social son muy evidentes tanto en la significación que se le otorga a ese embarazo como a los recursos cognitivos y materiales con los que cada adolescente cuenta para afrontar esa situación.
Las consecuencias del embarazo adolescente colocan a estas jóvenes en una situación de desventaja con relación a sus pares que no han pasado por tal situación.
Diversos estudios comparativos demuestran que las posibilidades de pobreza para las-adolescentes que tienen un hijo son siete veces mayores que para las adolescentes no embarazadas.
A su vez las posibilidades de divorcio o separación de su compañero son tres veces mayores para las adolescentes que tuvieron un hijo y los salarios que recibirán serán considerablemente inferiores que los de las adolescentes no embarazadas.
Además, los hijos de madres adolescentes presentan un riesgo más alto de abuso físico, de negligencia en su cuidado, de desnutrición y de retardo físico y emocional.

La crisis familiar

El embarazo durante la adolescencia presenta normalmente una crisis para la niña que está en este estado y para su familia. Las reacciones más comunes pueden ser la ira, la culpabilidad y el negarse a admitir el problema.
Si el padre es joven también, es posible que se den las mismas reacciones en su familia.
Aquí nos encontramos con una diversidad de respuestas posibles que van desde:
generar un espacio de contención y apoyo hasta el otro extremo de la expulsión del hogar, en las que estas jóvenes comienzan a deambular buscando algún familiar cercano, viviendo en las calles o finalmente internadas en un hogar bajo la tutela judicial.
En otros casos, pasada la crisis, permanecen en el hogar pero con escasas posibilidades de continuar sus estudios o alcanzar un trabajo para atender las nuevas necesidades materiales que demandará el bebé.
En las clases sociales más acomodadas, los padres suelen hacerse cargo de la situación previendo los recursos necesarios para que la joven pueda continuar con sus estudios y actividades habituales.
En la medida en que los padres acepten o no el embarazo, ejercerán mayor o menor presión para que lo aborten o acompañarán a sus hijos en esta circunstancia, con una cuota mucho mayor de resignación que de real aceptación.
La llegada del nieto suele poner paños fríos sobre los rencores que se generaron cuando tomaron conocimiento del embarazo, pero queda una cuenta pendiente, que se reactiva con frecuencia.
Nunca es muy claro el límite entre ayudar a los adolescentes a criar al niño poniendo reglas precisas o las reglas son el castigopor lo que se atrevieron a hacer.Cuando el hecho ocurre en poblaciones en las que el embarazo en la adolescencia y la formación de una pareja a edades tempranas es lo esperable, simplemente se amplía la familia, recibiendo al nuevo miembro como a uno más, que incluso puede aportar al sustento del grupo.
Pero para aquellos padres que esperaban que sus hijos terminaran sus estudios antes de embarazarse, suele ser una gran frustración, que no siempre terminan de digerir.

IMPLICANCIAS FÍSICAS DEL EMBARAZO ADOLESCENTE

Para comprender qué le sucede a una adolescente embarazada a partir de los cambios corporales que el embarazo implica es importante tener presente que el proceso adolescente implica, ante todo, un trabajo con lo nuevo a nivel de lo corporal, aparecen vivencias de extrañamiento hacia un cuerpo que ha crecido en forma desmesurada, con torpeza en el área motora y fantasías de descontrol del interior corporal, generando profunda ansiedad.
Cuando se le suma el embarazo esto se convierte en un proceso mucho más complicado.
Las primeras modificaciones que se evidencian en una mujer embarazada son el aumento del tamaño de las mamas así como cambios en la sensibilidad de estas.
Se produce la umefacción de la areola y del pezón, aumento de la pigmentación y puede haber una pequeña bajada de leche.
En particular en las primerizas, es frecuente el temor a los dolores del parto, a no poder soportarlo o, por el contrario, la creencia de que el parto debe llevar aparejado dolor, con el miedo de no querer al niño. En estos temores influyen en gran medida las creencias culturalesy la experiencia previa de la embarazada (en sí misma o en personas allegadas)

Todos estos cambios que se producen en la adolescente embarazada se suman a las modificaciones corporales propias de la adolescencia. El crecimiento, el aumento de peso y el cambio en la forma corporal conmocionan al adolescente. Vivencia las modificaciones de su esquema corporal como expresión de los cambios que se producen en su propio yo.
El duelo por el cuerpo de niño perdido le dificulta aceptar con alegría este nuevo cuerpo, que setransforma tan rápido durante el embarazo.
Además, cuando el embarazo irrumpe en la adolescencia temprana, se produce un detenimiento en los factores de crecimiento y alguno de los parámetros persistirá inmodificable.

Cómo significa la adolescente al futuro hijo:
Un embarazo puede ser fruto del amor de una pareja, el producto de un accidente anticonceptivo, por una relación sexual ocasional (quizá, bajo efectos de droga o alcohol) o po run abuso sexual o violación.
Y según el origen, el hijo tendrá un significado diferente desde el punto de vista emocional y social, pero desde el punto de vista biológico cumplirá con las etapas de rigor: embarazo, parto y puerperio.
Si la adolescente continúa con el embarazo es probable que su actitud sea diferente según las circunstancias en la que el niño fue concebido.
La actitud que asuma la adolescente puede tener influencia sobre los resultados perinatales y sobre el futuro del niño, es muy distinto criar a un niño que se buscó y que en definitiva es fruto del amor de una pareja, que a un niño producto de un abuso sexual que es impuesto por otro.
El abuso sexual es el secreto más guardado por la víctima y su entorno más cercano.
Muchas veces hace falta un trabajo arduo de los equipos de salud para que las jóvenes puedan confiar y revelar su agobiante secreto. Y es necesario que estos profesionales tengan la capacitación adecuada para poder brindar algún tipo de respuesta una vez que esto ha ocurrido.
No es lo mismo criar a un hijo que “es natural que llegue” que a otro que significa para la madre la posibilidad de salir de un medio familiar violento, al que compensará de las carencias afectivas sufridas a lo largo de toda su vida, al que venga a avergonzar a la familia, o al que condiciona que deba postergar sus estudios o casarse “de apuro”.

Todas éstas variables influyen en el significado individual que la madre adolescente le dé a este hijo: Puede necesitarlo para comprobar su fertilidad.
Por razones psicológicas profundas puede tener fantasías de esterilidad. Todas las mujeres las tienen en mayor o menor grado,sólo que algunas, por diversos motivos necesitan probar su fertilidad y buscan consciente o inconscientemente el embarazo aunque no un hijo.

El hijo como algo propio.

En adolescentes con carencias afectivas desde la niñez temprana, el hijo puede significar “alguien que me quiera como a mí no me quisieron”, o “tener algo mío como nunca tuve”. Esperan que el hijo sea una fuente inagotable de cariño para ellas y fantasean con un amor incondicional de su parte. Son adolescentes que no comunican al padre del bebé que están embarazadas, negándole a los niños su derecho a tener un padre y a ese padre, el conocer a su hijo. Llegan a negarse a que reconozcan al niño legalmente aunque el padre del bebé no esté ya en relación con ellas por temor a que lo reclame y se lo lleve.
Suelen ser embarazos producto de una relación más o menos ocasional, que buscaron adrede,eligiendo inclusive características físicas del padre que las satisfaga para que sean heredadas por este bebé que planeó gestar sin consentimiento previo del padre de su hijo.

El hijo como salida de una situación intolerable para ellas. En el marco de hogares violentos, con antecedente de abuso sexual o con normas muy estrictas y represivas, el embarazo es el pasaporte para poder alejarse de una situación que las sobrepasa. El hijo es pensado como un “salvador” que les permitirá liberarse de aquello de lo que no pueden salir con una actitud adulta.

El hijo como expresión de un conflicto no resuelto. En ocasiones de pérdidas importantes para ellas (fallecimiento del padre o la madre, enfermedad grave, separaciones de los padres, traslados de ellas para estudiar en las grandes ciudades) pueden quedar embarazadas, a pesar de tener conocimientos en medidas preventivas y aún habiendo sido exitosas en su uso previo. El embarazo viene a llenar un vacío que les resulta muy doloroso, y no pueden discriminar entre lo que les ocurre y el alcance de sus actos.

El hijo como salida hacia la vida. En muchas adolescentes con enfermedades crónicas graves, que han sufrido internaciones, tratamientos complicados o intervenciones y han estado cerca de morir, el hijo puede significar una “esperanza de vida” (si yo muero, va a quedar algo mío). Quizás esto explique lo difícil que es la anticoncepción en estas jóvenes quienes, a pesar de estar sometidas a controles médicos periódicos, no implementan medidas anticonceptivas buscando conscientemente un embarazo. Aunque sepan lo que esto puede significar para su salud y la evolución de su enfermedad. Por ejemplo una mujer con VIHSIDA.
El embarazo en adolescentes de familias en que no se les presta mucha atención, no se establece límites claros o hay transmisión confusa o ambigua de valores, que no registran las señales de alarma o pedidos de ayuda, el hijo aparece como una provocación o como un grito desesperado de pedido de afecto, límites y comprensión.

Posibles consecuencias

Existen consecuencias tanto para la madre y el padre adolescentes como para el hijo:
Consecuencias para la adolescente

Es frecuente el abandono de los estudios al confirmarse el embarazo o al momento de criar al hijo, lo que reduce sus futuras chances de lograr buenos empleos y sus posibilidades de realización personal al no cursar carreras de su elección. También le será muy difícil lograr empleos permanentes, estables.
Las parejas adolescentes se caracterizan por ser de menor duración y más inestables,lo que suele magnificarse por la presencia del hijo, ya que muchas se formalizan forzadamente por esa situación de embarazo precoz, que le ha tocado vivir.
En estratos sociales de mediano o alto poder adquisitivo, la adolescente embarazada suele ser objeto de discriminación y rechazo por su grupo de pertenencia.
Las adolescentes que son madres tienden a tener un mayor número de hijos con intervalos intergenésicos más cortos, eternizando el círculo de la pobreza.

Consecuencias para el hijo

Tienen un mayor riesgo de tener bajo peso al nacer, dependiendo de las circunstancias en que se haya desarrollado la gestación. T
ambién se ha reportado una mayor incidencia de»muerte súbita», estos acontecimientos son devastadores para cualquier madre y sobre todo para una adolescente que está atravesando por un período de vulnerabilidad.T
ienen un mayor riesgo de sufrir abuso físico y negligencia en sus cuidados,desnutrición, problemas de bajo peso y retardo del desarrollo físico y emocional.
Muy pocos acceden a beneficios sociales, especialmente para el cuidado de su salud,por su condición de «extramatrimoniales» o porque sus padres no tienen trabajo que cuenten con ellos, por lo que se encuentran en riesgo, ya que muchas veces no cuentan con los recursos económicos como para hacer tratar a sus bebes en caso de enfermedades.

Consecuencias para el padre adolescente

Es frecuente la deserción escolar para absorber la mantención de su familia. También es común que tengan peores trabajos y de menor remuneración que sus padres, sometidos a un stress inadecuado a su edad. Generalmente, todo ello condiciona trastornos emocionales que dificultan el ejercicio de una paternidad feliz.
En general, cuando se habla del embarazo adolescente se piensa en las consecuencias que éste tiene para la joven mamá, olvidando que el niño que va a nacer no sólo tiene una madre, sino también un padre. No siempre ese padre es también un adolescente, sino que muchas veces son hombres adultos y, en muchos casos, parientes sanguíneos o políticos de la joven.
Esto quiere decir que muchas veces el embarazo proviene de un incesto, de un abuso sexual o inclusive de una violación. Esto lo convierte aún más en una realidad negativa y no deseada.
En otros casos, el embarazo es fruto de una relación genuina, basada en el amor, y es aceptado por la pareja con cierto grado de responsabilidad y alegría.

Reacción frente al embarazo según la etapa adolescencial

Habitualmente el embarazo adolescente no es planeado, la joven puede adoptar diferentes actitudes que dependerán de su historia personal, del contexto familiar y social pero mayormente de la etapa de la adolescencia en que se encuentre.En la adolescencia temprana, con menos de 14 años, el impacto del embarazo se suma al del desarrollo puberal. Se exacerban los temores por los dolores del parto; se preocupan más por sus necesidades personales que no piensan en el embarazo como un hecho que las transformará en madres. Si, como muchas veces ocurre, es un embarazo por abuso sexual, la situación se complica mucho más. Se vuelven muy dependientes de su propia madre, sin lugar para una pareja. No identifican a su hijo como un ser independiente de ellas y por lo general no asumen su crianza, la que queda a cargo de los abuelos.

En la adolescencia media, entre los 14 y 16 años, el embarazo se relaciona con la expresión del erotismo, manifestado en la vestimenta que suelen usar, exhibiendo su abdomen gestante en el límite del exhibicionismo. Es muy común que «dramaticen» la experiencia corporal y emocional, haciéndola sentirse posesiva del feto, utilizado como «poderoso instrumento» que le afirme su independencia de los padres. Frecuentemente oscilan entre la euforia y la depresión. Temen los dolores del parto pero también temen por la salud del hijo,adoptando actitudes de autocuidado hacia su salud y la de su hijo.
Con buen apoyo familiar y del equipo de salud podrán desempeñar un rol maternal, siendo muy importante para ellas la presencia de un compañero. Si el padre del bebé la abandona, es frecuente que inmediatamente constituya otra pareja aún durante el embarazo.

En la adolescencia tardía, luego de los 18 años, es frecuente que el embarazo sea el elemento que faltaba para consolidar su identidad y formalizar una pareja jugando, muchas de ellas, el papel de madre joven. La crianza del hijo por lo general no tiene muchos inconvenientes.
Al explorar sobre las circunstancias en que se produce el embarazo, nos encontramos con que no siempre es producto de una relación consolidada, de una parejita de enamorados que se embaraza y quiere tener un bebé, en muchos casos es el resultado de una relación casual, donde el partenaire se desentiende del fruto de la concepción.
La maternidad en esta etapa, suele conducir a uniones que quizás no se hubieran realizado en otras circunstancias y que padecen de altos niveles de fracaso. La situación de abandono en cualquiera de los momentos del embarazo, coloca a las adolescentes en la categoría de madres solas, con todas las consecuencias que ello implica.
Acerca de estas cuestiones de la relación de pareja, es interesante analizar las tendencias y comportamientos que circulan en el imaginario social. En los últimos años al haber una prolongación de la adolescencia, han cambiado considerablemente los ideales que los adultos proponían para dicha etapa, los adolescentes tienen demandas opuestas a las pretensiones de los adultos. Como así también se observa mayor independencia con respectoa su familia y con relación a su sexualidad por fuera de la alianza matrimonial.

MATERNIDAD Y PATERNIDAD RESPONSABLE

La sexualidad de la pareja no es sólo fuente de placer. También implica responsabilidad. Cuando una pareja decide compartir la vida debe tomar decisiones juntos. Ambos – así como conversan y deciden acerca del lugar donde vivir, o acerca del trabajo- también lo harán sobre el tipo de familia que desean. No serán por supuesto, decisiones del todo libres. Decidirán de acuerdo con sus proyectos, sus creencias, sus valores, según las circunstancias en las que viven.
No son decisiones fáciles, porque ambos miembros de la pareja tienen historias personales diferentes y también pueden ser diferentes sus expectativas con respecto a los hijos e hijas.Cuando una pareja resuelve tener un hijo, deberá ir preparándose de a poco para desempeñar nuevos roles: el de padre y madre.

En realidad a ser padres se irá aprendiendo de a poco, a lo largo de la vida. Será necesario hacerle un lugar al hijo no sólo en la casa sino hacerle también un espacio en la vida.Es importante que el varón y la mujer aprendan juntos los roles de padre y de madre.Ellos se sentirán menos inseguros si comparten los temores y disfrutarán más intensamente las alegrías.
Los roles tradicionales poco a poco se han ido modificando: hoy el varón participa más activamente en el hogar, se interesa más en la crianza de los hijos, comparte las tareas con la mujer, y ella sale a trabajar, además de realizar tareas de la casa.
El adolescente -tal como se ha desarrollado anteriormente- no se encuentra aún en condiciones de llevar a cabo todas estas tareas, porque internamente está abocado a realizar otros procesos, que tienen que ver con el desarrollo de su identidad.Cuando debe hacerse cargo de un embarazo que no ha sido planificado tiene que postergar la elaboración de todos aquellos procesos que contribuyen al desarrollo de su personalidad porque la realidad que se le impone le demanda que rápidamente se comporte como un adulto maduro. El resultado de ello no suele ser favorable –ni para el niño que ha nacido ni para el adolescente- .

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