La Educación Popular y su Pedagogía. Pérez Esclarin

LA EDUCACIÓN POPULAR Y SU PEDAGOGÍA

 Autor: Antonio Pérez Esclarín

© Federación Internacional de Fe y Alegría y Fundación Santa María

“Somos mensajeros de la Fe y al mismo tiempo Mensajeros de la Alegría. Mensajeros de la Fe y Maestros de la Alegría. Debemos por lo tanto aspirar a ser Pedagogos en la Educación de la Fe y Pedagogos de la Alegría” José María Vélaz s.j

El “Programa Internacional de Formación de Educadores

Populares” nace de la necesidad de dar una respuesta adecuada a

la tarea de movilizar una educación popular integral coherente y

articulada, en cada uno de los países en los que Fe y Alegría está

presente. Quiero resaltar en esta presentación, con la brevedad

del caso, tres rasgos fundamentales sobre el educador, su quehacer

y su formación.

  • El ser educador en Fe y Alegría es un continuo reto y lleva

consigo un reiterado esfuerzo por ser persona en plenitud.

El educador se encontrará a sí mismo como valioso en la

medida en que se sienta capaz de comprometerse y de

gastarse por otros, especialmente por los pobres, pequeños

y débiles.

  • El acto de educar es un acto vital de entrega para ayudar a

construir o rescatar vidas. Con la educación se trata de formar

hombres y mujeres que sean capaces de vivir en plenitud y

con dignidad, asumiendo responsablemente su condición

ciudadana.

  • El educador se forma en el proceso de producir

conocimientos y soluciones a los problemas que le plantea

su propia práctica, se forma en un hacer consciente y

reflexivo sobre su práctica.

 

La Colección se estructura alrededor de los tres grandes

ejes de la Propuesta Formativa de Fe y Alegría:

  1. La formación humana del educador. Configuración de una

nueva identidad.

  1. La formación socio-político-cultural. Comprensión de la

realidad local y mundial.

  1. La formación pedagógica. La construcción de sentidos de

lo educativo y de lo pedagógico.

Los materiales de esta Colección están diseñados, ante

todo, para un cuidadoso y exigente trabajo personal y grupal de

los educadores de Fe y Alegría, aunque, ciertamente, nos

encantaría que su uso se hiciera extensivo a todo educador que se

quiera comprometer con la educación de los pobres de nuestros

países. La mera lectura de los textos, aunque estoy seguro que

ayudará no poco, no es la vía recomendable en orden a exprimir

la riqueza metodológica y conceptual que los mismos encierran.

Mis mejores deseos a los educadores de Fe y Alegría, sobre

todo, para que disfruten del proceso de formación: que éste sea

un proceso gozoso de reconstrucción de uno mismo y de

preparación para la bella tarea de educar a nuestros pequeños,

jóvenes y adultos. No dudo que el proceso de formación va a

exigir lo mejor de cada uno, pero los educadores bien sabemos

que sólo dando vida es como recibimos abundante vida.

 

Conozco muy de cerca el enorme trabajo que ha llevado la

estructuración de este Programa y lo que ha supuesto, y todavía

supone, la elaboración de los textos y estrategias. El esfuerzo

decidido de los equipos pedagógicos de la Federación

Internacional de Fe y Alegría, unido al trabajo de especialistas

que han dado forma a cada uno de los temas, permitirá llegar a un

final feliz. Y este esfuerzo no hubiera tenido ninguna garantía de

éxito sin el arduo y sistemático trabajo de dirección de Antonio

Pérez Esclarín y María Bethencourt. Vaya un reconocimiento y

agradecimiento a todos en nombre de Fe y Alegría.

Que el Señor nos bendiga en este empeño de dar vida en

plenitud a nuestros pueblos.

 

Jesús Orbegozo, Coordinador General

Federación Internacional de Fe y Alegría

Caracas, 15 de septiembre de 2002

 

INTRODUCCIÓN

 

En 1985, a los treinta años de haber sido fundada, y tras

un largo proceso de reflexión, análisis y cuestionamiento, a veces

difícil y conflictivo, Fe y Alegría plasmó su identidad y razón de

ser en su Ideario, en el que se autodefine como “un Movimiento

de Educación Popular que, nacido e impulsado por la vivencia

de la Fe Cristiana, frente a situaciones de injusticia, se compromete

con el proceso histórico de los sectores populares en la

construcción de una sociedad justa y fraterna”1 .

 

Fe y Alegría se atrevió a definirse como Movimiento de

Educación Popular en momentos en que la Educación Popular,

muy ligada a los movimientos sociales y políticos que buscaban

transformar profundamente las estructuras injustas de la sociedad,

miraba con desconfianza y recelo el mundo de la educación formal

por considerar que era el “aparato ideológico del Estado”

opresor, cuya función era reproducir la sociedad de dominación

e injusticia, e impedir su transformación. Por eso, la mayoría de

los educadores populares de ese tiempo pensaban que era

imposible hacer Educación Popular desde la educación formal,

pues consideraban que eran términos opuestos y contradictorios.

Fe y Alegría, que había nacido como una respuesta

educativa cristiana ante el clamor de la injusticia y consideraba

que la ignorancia era la razón principal de la pobreza y

dependencia, nunca aceptó que se quisiera reducir la Educación

Popular a prácticas educativas no formales y consideró que era

posible practicarla en todos sus programas. Es significativo señalar

que el XVIII Congreso Internacional reunido en Cali (Colombia)

en 1987, dos años después de la promulgación del Ideario,

expresaba en sus conclusiones: “Se ve con satisfacción cómo los

planteamientos sobre la Educación Popular desde la educación

formal tienen plena aplicabilidad en los procesos educativos

escolares ordinarios, superando definitivamente el mito de que

la Educación Popular es exclusiva de los procesos no formales y

desescolarizados para adultos”.

 

Era evidente, sin embargo, que cuando Fe y Alegría se

definió como Movimiento de Educación Popular, más que

reflejar su realidad, estaba planteando su Misión, lo que aspiraba

llegar a ser, estaba invitando a iniciar individual y colectivamente

un profundo proceso de reestructuración y reconstrucción. De

hecho, ser movimiento implica la permanente desestabilización

creativa, la relectura continua de la realidad en una actitud de

comprobada búsqueda, con grandes dosis de audacia, de

inconformidad, de autocrítica sincera y constante, de modo de

superar las incoherencias y adecuar las prácticas a las exigencias

y los retos que plantea la realidad siempre cambiante y el

empobrecimiento y exclusión crecientes de las mayorías.

 

La permanente revisión de sus prácticas ha llevado a Fe y

Alegría a abordar en profundidad de nuevo en los últimos

Congresos (Guatemala 2001 y Paraguay 2002) el tema de la

Educación Popular y su Pedagogía, dados los constantes llamados

que se vienen haciendo entre los educadores populares de América

Latina, a refundar, refundamentar o reconceptualizar la Educación

Popular en el actual contexto de globalización neoliberal. Se es

muy consciente de que “vivimos en un cambio de época más que

en una época de cambios” y que el mero discurso emancipador

de los años sesenta o setenta puede resultar en estos días

profundamente reaccionario.

 

La pregunta impostergable hoy es ¿cómo abordar una

práctica y un pensamiento emancipador en un contexto de

globalización, neoliberalismo y postmodernidad? ¿Cómo seguir

siendo fieles a ese pueblo cada vez más marginado, de modo de

construir con él propuestas concretas de dignificación y

empoderamiento? Porque si bien hoy debemos movernos con las

certezas de nuestras incertidumbres, de ningún modo la propuesta

de refundar la Educación Popular puede encubrir una actitud

acomodaticia o de abandono de sus opciones fundamentales. Si

algo resulta de una claridad meridiana en medio de tanta confusión

es que cada día aumenta el número de pobres y excluidos, y por

ello cada día cobra más vigencia la auténtica Educación Popular

que los capacite para vivir con dignidad y ejercer sus derechos

de ciudadanía.

 

En este librito con el que iniciamos la Dimensión Pedagógica

del Programa Internacional de Formación de Educadores

Populares, seguimos, a veces textualmente, las ideas trabajadas

y expuestas en los últimos Congresos Inter-nacionales (Guatemala

2001 y Paraguay 2002) que generaron una profunda reflexión

sobre la Educación Popular y su Pedagogía en las Fe y Alegrías

de los quince países. Esperamos que las ideas aquí recogidas nos

ayudarán a releer nuestras prácticas de modo que sean coherentes

con nuestras intencio-nes y avancemos en nuestro compromiso

de gestar una edu-cación y una pedagogía verdaderamente

comprometidas en la formación de personas plenas y de

ciudadanos solidarios.

 

La Educación Popular en Fe y Alegría

 

Fe y Alegría se caracteriza por ser un Movimiento de Educación Popular.

Aquí está contenida la esencia de Fe y Alegría. Al definirse

como Movimiento, quedan desbordados los límites de la

institución. No se puede reducir meramente a Fe y Alegría a una

red de centros y programas educativos. Fe y Alegría es la puesta

en marcha de un conjunto de ideales que se siembran en personas

y en distintas instancias sociales. Fe y Alegría entiende el

Movimiento como “agrupación de personas en continuo

dinamismo y crecimiento –contrario al estancamiento,

conformismo y aburguesamiento- que camina en busca de nuevas

respuestas a las necesidades humanas”2 .

 

En cuanto al término Popular, es necesario clarificar su

sentido, dado que es de una gran ambigüedad y se presta a muy

variados significados. Sin pretender ser exhaustivos y

limitándonos tan sólo a los usos más frecuentes, la palabra popular

se puede utilizar como sinónimo de totalidad. Pueblo somos

todos (“el pueblo ecuatoriano”, “el pueblo boliviano”…). Según

esta concepción, toda educación necesariamente sería popular.

Algunos definen la Educación Popular por oposición a la privada

 

CAPÍTULO 1

 

La Educación Popular se identifica entonces con la

pública u oficial, que suele ser gratuita. En este sentido hay que

entender los fervientes llamados que se vienen haciendo a defender

la Educación Popular frente a las tendencias privatizadoras.

Otros muchos (posiblemente aquí haya que incluir a gran parte

del personal de Fe y Alegría) entienden la Educación Popular

como la que se imparte a los pobres: los habitantes de los barrios,

los campesinos, los indígenas, todos los que se encuentran

marginados o excluidos del poder político, económico o social.

 

Según esta concepción, bastaría con abrir centros o programas

en zonas marginales para, sin más, pertenecer a la Educación

Popular. Existe también un uso generalizado de lo popular como

algo de segunda categoría, baja calidad, precios inferiores,

accesible a las mayorías (mercado popular, comedor popular,

entrada popular, carro popular…), en contraposición a lo elitesco,

lo costoso, lo exclusivo…

Hay quienes siguen todavía identificando la Educación

Popular con prácticas educativas no formales, de capacitación o

formación, que se dan en contextos fuera del sistema educativo

formal y se relacionan fundamentalmente con adultos. Y no

faltan los que consideran que hoy, tras el derrumbe del Muro de

Berlín, que simbolizó la caída estrepitosa de los socialismos reales,

y el triunfo hegemónico del neoliberalismo, no tiene sentido seguir

hablando de Educación Popular, término que debe ser

definitivamente borrado de las agendas educativas. Para los que

vocean el fin de las utopías y de la historia, es inconcebible una

educación que no renuncia a la esperanza, a los sueños y a las

transformaciones sociales profundas.

Frente a todas estas concepciones, Fe y Alegría define la

Educación Popular, no tanto por sus destinatarios o modalidades,

sino por su intencionalidad transformadora, y la entiende como

un movimiento alternativo, enfrentado a las prácticas educativas

tradicionales, que intenta promover una sociedad más democrática

y más justa.

 

1.1. La Educación Popular como propuesta ética, política y pedagógica

 

La Educación Popular no sólo implica una opción

exclusiva por los más pobres y excluidos, sino que exige la

gestación de una propuesta educativa que los haga sujetos de vida

digna y de ciudadanía responsable, capaces de construir en

colectivo la propia historia. Se trata, en términos de Paulo Freire,

educador brasileño en cuyas ideas se enraíza la Educación Popular,

de prácticas educativas orientadas a desarrollar la capacidad

de leer la realidad, decir la propia palabra y escribir la historia

de la liberación personal y comunitaria. La Educación Popular

surge de la vida del mismo pueblo, de sus valores y experiencias,

de sus expresiones culturales y de su capacidad de lucha y

resistencia. Se orienta, en definitiva, a formar personas solidarias

y ciudadanos responsables, capaces de imaginar un modelo de

sociedad distinto y de comprometerse en su construcción. Es una

educación que defiende la vocación histórica de cada hombre y

de cada mujer como artífices de futuro, el valor humano y cristiano

de la utopía, que impulsa a salir de la mediocridad y a buscar

formas de vida cada vez más humanas.

 

En definitiva, Fe y Alegría concibe y asume la Educación

Popular como una propuesta ética, política y pedagógica para

transformar la sociedad, de modo que los pobres y excluidos se

conviertan en sujetos de poder y actores de su vida y de un

proyecto humanizador de sociedad y de nación. Ese proyecto lo

visualizamos hoy como de una democracia sustantiva e integral,

cimentada sobre la vivencia de los derechos y el cumplimiento

responsable de los deberes y obligaciones. Democracia, en

consecuencia, participativa y social, en la que se respetan la

diversidad y las diferencias, capaz de garantizar a todos el disfrute

de los bienes y servicios esenciales y el pleno ejercicio de la

ciudadanía.

 

Si decimos que la Educación Popular es una propuesta

ética, política y pedagógica para transformar la sociedad, no

podemos olvidar que para nosotros, en Fe y Alegría, la raíz fundamental

de nuestra propuesta política y pedagógica está en la

ética. Porque reconocemos que todos los hombres y mujeres, como

hijos de un Dios que es Padre común, somos únicos e irrepetibles,

esencialmente iguales, portadores de valores, con una misión en

la vida, nos oponemos a todas las formas de dominación y de

discriminación y, en consecuencia, no aceptamos una sociedad

que excluye y niega la vida a las mayorías. Nos comprome-

temos a transformar la sociedad, a ir transformando nuestras

prácticas y relaciones cotidianas, y a irnos transformando nosotros,

pues somos muy conscientes de que sólo en la medida en que nos

esforcemos por ser hombres y mujeres nuevos, por encarnar en

nuestras vidas y prácticas los valores que pretendemos, estaremos

contribuyendo a gestar la nueva sociedad. Sociedad profundamente

democrática y participativa, de verdaderos ciudadanos

con voz y con poder.

 

En América Latina regresaron las democracias, pero no

los ciudadanos. Democracias de baja intensidad, sin participación.

Hoy se esgrime la democracia formal como bandera definitiva,

como un fin absoluto e irrenunciable, pero cada vez se entiende

menos como un medio para una justicia y libertad mayores. La

genuina democracia debe garantizar los derechos fundamentales

de todos; implica igualdad de opciones y de oportunidades en

seguridad, educación, vivienda, capacidad de pensar por sí mismo,

sin ser esclavo de la autoridad ni de las propagandas. Con

frecuencia se utiliza la miseria del pueblo para levantar o mantener

emotivamente el poder. El poder, como escribe Sánchez Torrado4 ,

“produce esclerosis y miopía. Lo que debería ser un medio, se

convierte en fin: mantenerse en el poder. La estrategia sustituye

la utopía. Cada vez se hace más amenazadora la perversión del

poder y con ella, la perversión del hombre. El poder como

presencia dominante y como valor absoluto contamina la libertad

e impide el recto ejercicio de la democracia”.

 

De ahí la necesidad de superar las meras democracias

electoreras, penetradas por la ineficiencia, la corrupción y el

clientelismo, que parecen haber renunciado a su objetivo esencial

de garantizar a todos los ciudadanos condiciones de vida digna,

garantizando el respeto a los derechos humanos, la justicia y la

equidad. Hay que avanzar, como nos lo propone Bengoa, de las

democracias meramente políticas o formales, a democracias

distributivas o fundamentales, capaces de garantizar el acceso

a bienes y servicios en igualdad de oportunidades a toda la

población, priorizando a los más necesitados; y de ahí a

democracias sustantivas, que garanticen formas de relación,

convivencia, comunicación y autoridad, participativas, horizontales

y equitativas en todos los espacios cotidianos de la pareja,

familia, escuela y trabajo.

 

La democracia sustantiva rechaza todo tipo de autoritarismo

y discriminación y combate la pobreza, la miseria y la

ignorancia como atentados contra la humanidad, y como

impedimentos esenciales para el ejercicio de la ciudadanía y para

un desarrollo sustentable. En palabras de Tedesco5 “ningún

sistema basado en la exclusión y el autoritarismo puede ser

sustentable en el largo plazo. Es por eso por lo que la demanda de

calidad para todos, basada en el supuesto según el cual todos los

seres humanos son capaces de aprender, constituye la alternativa

socialmente más legítima. Esta exigencia de democratización en

el acceso al dominio de las competencias socialmente más

significativas tiene, además de un componente ético, un evidente

fundamento sociopolítico”.

 

La genuina democracia supone una confianza radical en

los seres humanos, y se afianza en el sentido de la igualdad personal

y colectiva. Ni dictaduras, ni populismos, ni democracias

electoreras creen en el ser humano, en su capacidad de construir

el mundo. Pero la igualdad debe traducirse en participación real

y efectiva. La igualdad es un punto de partida y de llegada: porque

afirmamos la igualdad esencial de todos los seres humanos,

trabajamos por una sociedad sin excluidos, que permita a todos y

cada uno aportar desde sus diferencias. La opción por los pobres

y excluidos se traduce en una lucha tenaz y perseverante contra

la pobreza y la exclusión y contra las causas históricas y

estructurales que las causan y mantienen.

 

Preguntas para la reflexión y la lectura crítica de la práctica

 

Recomendamos primero una reflexión personal y después

su socialización y discusión en grupos pequeños. Si lo

consideran conveniente, podrían compartir las ideas en

plenaria:

  1. 1. ¿Ha cambiado en algo tu concepción de Educación

Popular después de leer las páginas anteriores? ¿En

qué? ¿Cómo definirías tú la Educación Popular?

  1. 2. ¿Crees que el personal de tu centro o programa comparte

la concepción de Educación Popular de Fe y Alegría?

¿Consideras que tu centro o programa educativo es

verdaderamente popular? ¿Por qué sí o por qué no?

  1. 3. Comenta brevemente por escrito las ideas de Paulo

Freire de que la Educación Popular “enseña a leer la

realidad, decir la propia palabra y escribir la historia

de la liberación individual y comunitaria”.

  1. 4. ¿Cómo has entendido lo que se plantea de que la

Educación Popular es una propuesta ética, política y

pedagógica?

  1. 5. ¿Cómo analizas la democracia de tu país? ¿Es una

democracia distributiva y sustantiva? ¿Por qué sí o por

qué no?

 

1.2. Vivimos bajo el signo de la globalización

 

Los educadores populares no podemos olvidar que vivimos

bajo el signo de la globalización. La globalización es una metáfora

que expresa la ruptura de lo local y la mundialización de todas

las esferas de la actividad humana. El mundo es uno y unificador.

Todo lo que sucede en cualquier rincón del planeta de algún modo

nos atañe. Nos hemos convertido en ciudadanos del mundo, sin

dejar de ser hijos de la aldea. El mismo día se ven las mismas

noticias en el mundo, se exhiben los mismos ídolos del deporte,

la música o la moda, se consumen las mismas hamburguesas o

refrescos, se nos induce a comprar un determinado tipo de pantalón

o de zapatos, o a distinguirnos con determinada tarjeta de

crédito. Cada vez se parecen más los aeropuertos, las grandes

autopistas, los megacentros comerciales que ofrecen idénticos

productos en cualquier rincón del mundo.

 

Todos estamos embarcados en la misma nave que navega

sin rumbo a una velocidad vertiginosa. Unos pocos van en

camarotes de lujo, otros se amontonan en la cubierta, muchos se

pudren en las bodegas y la inmensa mayoría trata en vano de

subirse al barco como sea, mientras que los más débiles se ahogan

bajo el oleaje que produce el barco. Y es que si bien la globalización

es  inclusiva como mercado, es decir, se ofrecen y proponen

a todos los productos de consumo, ocio y diversión, es

excluyente, de todos aquellos, que son la mayoría, que no tienen

capacidad de adquirir esos bienes que la publicidad vocea y ofrece

a manos llenas.

Si la leemos con los ojos de los pobres y excluidos, vemos

que, de hecho, la globalización trae consigo la precarización del

trabajo, el aumento del desempleo y, en consecuencia, una

vertiginosa multiplicación de la pobreza y de la desigualdad

entre naciones y entre las personas dentro de cada país. América

Latina tiene el deshonroso privilegio de ser el continente de mayor

inequidad, es decir, donde el presupuesto está peor repartido y

son mayores las diferencias entre la minoría de privilegiados y

las mayorías empobrecidas: En México, 24 familias tienen

ingresos superiores a 24 millones de mexicanos. Algunos

ejecutivos mexicanos ganan hasta 124 veces más que sus obreros.

En Brasil, el 10% de la población acapara el 60% del ingreso

nacional.

 

Esto está ocasionando, entre otras cosas, la generalización

de todo tipo de violencia y el surgimiento de las economías

ilegales como el secuestro, el sicariato, el tráfico de personas y

de órganos, la pornografía y prostitución de adultos e infantil, y

el narcotráfico, que es la segunda transnacional (después del

negocio de las armas) que genera unos quinientos mil millones

de dólares al año, y el 97 por ciento de esa cantidad se queda

irrigando el sistema financiero de los países del Norte.

Los éxitos de los ajustes macroeconómicos se traducen,

de hecho, en crecientes desajustes en los presupuestos cada vez

más micros de las mayorías. El mundo de comienzos de este siglo

funciona para unos pocos y contra muchos. Las desigualdades se

agigantan de un modo vergonzoso entre países y entre grupos

dentro de cada país. Coexisten por ello lo postmoderno con lo

premoderno y feudal, el refinamiento intelectual con la ignorancia,

las universidades de excelencia con el analfabetismo, el derroche

con el hambre, las fortunas incontables con la miseria más atroz.

Vivimos en la misma ciudad, incluso en la misma cuadra, pero

a siglos de distancia.

Asomémonos a algunos datos escalofriantes de las

desigualdades, pobreza y muerte en el mundo:

  • Los 225 personajes más ricos en el mundo acumulan

una riqueza equivalente a la que tienen los 2.500

millones de habitantes más pobres, es decir, el 47% de

la población total. Los tres personajes más acaudalados

del planeta tienen activos que superan el PIB (Producto

Interno Bruto) combinado de los 48 países más pobres.

  • El 20% de la población mundial acapara el 86% de todos

los recursos de la tierra, lo que demuestra la imposibilidad

de que toda la humanidad alcance los niveles de

consumo de la minoría privilegiada. Las matemáticas

nos demuestran que, para poder alcanzar todos los

habitantes del planeta el desarrollo de ese 20% de

privilegiados, se necesitarían los recursos de más de

cuatro planetas tierra. El que unos pocos puedan

entregarse a un consumo desenfrenado, es a costa de las

necesidades insatisfechas de las grandes mayorías. Si

toda la humanidad tuviera acceso de repente a los niveles

de consumo de los países del Norte, el mundo colapsaría.

Sólo con que todo el mundo tuviera el mismo promedio

de carros y frigoríficos que tienen los norteamericanos,

el aire del mundo se tornaría irrespirable.

  • Mil doscientos millones de personas deben vivir con

menos de un dólar diario, y dos mil ochocientos millones

con menos de dos dólares.

  • Una de las mayores preocupaciones de los privilegiados

es cómo consumir sin engordar –sólo en Estados Unidos

se realizan más de cuatrocientas mil liposucciones al

año para sacarse la gordura y la obesidad es uno de los

principales problemas de salud pública en dicho país-,

y cada día mueren de hambre unos 35.000 niños. El

hambre y la miseria ocasionan cada año más muertes

que todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

  • Cada minuto se gastan como millón y medio de dólares

en armas, unos ochocientos mil millones de dólares al

año. Un solo tanque moderno equivale al presupuesto

anual de la FAO (Organización de las Naciones Unidas

para la agricultura y la alimentación). Las grandes

potencias tienen almacenadas más de 60.000 bombas

nucleares, que equivalen a cuatro toneladas de

explosivos por cada habitante del planeta. Se calcula

que la reciente guerra contra Irak ha costado más de

cien mil millones de dólares. Cuanto mayor es el éxito

en la invención y creación de nuevas armas cada vez

más sofisticadas y eficaces, más fracasamos en construir

la paz.

  • El ingreso per cápita en Bangladesh es de 130 dólares,

frente a los 34.155 en Luxemburgo. Un español puede

aspirar a vivir ochenta años, mientras que un habitante

de Zambia tan sólo 37. El sida se está convirtiendo cada

vez más en una enfermedad de los pobres y, de no

derrotarlo, va a acabar con muchos países del Sur. Para

el año 2010 la expectativa de vida en Bostwana será de

33 años, frente a los 64 si no hubiera existido el sida.

  • En un mundo intercomunicado por internet, redes

satelitales y superautopistas de la información, hay

todavía mil millones de personas analfabetas absolutas,

de las cuales 600 millones son mujeres. La pobreza tiene

rostro eminentemente femenino: el 70% de las personas

que viven en situación de pobreza son mujeres. A

pesar de que las mujeres trabajan hasta diez horas más a

la semana que los hombres, sus salarios son un 50% y

hasta un 80% más bajos. Una de cada tres mujeres ha

sufrido violencia doméstica y cada año más de un millón

de mujeres y niñas entran en la prostitución.

  • Millones de niños deambulan sin dignidad por las calles,

solos, sin familia, sin afecto, durmiendo sobre periódicos,

debajo de los puentes o en los vestíbulos de los

grandes edificios, oliendo pega para evadirse de su terrible

situación, y caen día a día en las garras de las

mafias de la prostitución, la delincuencia, la esclavitud,

la por-nografía, el narcotráfico, la mendicidad, los

traficantes de órganos, el sicariato, la guerrilla, los

escuadrones de la muerte.

  • A la cruda y espantosa miseria de miles de millones de

personas, habría que añadir la creciente miseria humana

y espiritual de los satisfechos. Millones se deshumanizan

al tener que vivir en condiciones infrahumanas, otros se

deshumanizan al volverse insensibles ante el dolor y

la miseria de sus semejantes. Muchos matan para tener,

otros matan –o mandan matar- para defender lo que

tienen y para impedir que los demás tengan. Los

miserables asaltan con cuchillos y pistolas. Los

poderosos aniquilan con bombas inteligentes.

 

  • La selva humana está resultando mucho más cruel que

la de los animales: estos no acaparan ni amontonan, ni

privan a los demás, si están hartos. Algunos gobiernos,

para atraer la inversión extranjera, han contribuido a

degradar y superexplotar la fuerza de trabajo, volviendo

a situaciones de esclavitud que parecían definitivamente

superadas. Particularmente graves son las condiciones

de trabajo que impone el capital transnacional en las

maquilas. Las mujeres, que son preferidas para este tipo

de trabajo, deben someterse a pruebas de embarazo,

trabajan jornadas de 14 horas o más, son vigiladas

permanentemente y no se les permite ni ir al baño, a no

ser en unos pocos minutos previamente reglamentados.

Les está prohibida toda forma de organización para velar

por sus derechos, sufren frecuentes maltratos y acoso

sexual, y la mayoría gana menos de un dólar diario. En

1997, Michael Jordan ganó por su publicidad de los

zapatos Nike, más que los 32.000 obreros asiáticos de

dicha industria. Una obrera llega a coser en Haití a la

semana 18.000 franelas con la imagen de la princesa

Pocahontas, que la casa Disney venderá a 20 dólares

cada una y le pagará a la obrera como sueldo semanal el

valor de tan sólo una de las 18.000 franelas que cosió.

  • En un mundo que invita a todos al festín del consumo y

del tener, pero cierra las puertas a las mayorías que no

pueden pagar la entrada, aumenta de un modo

vertiginoso la violencia. Violencia del exhibicionismo

de los que ostentan y derrochan, violencia de los que

buscan tener a cualquier precio (asalto, robo, prostitución,

tráfico de drogas, de niños, de órganos…), violencia

militar y represiva de los poderosos que en vano

intentarán poner orden en un mundo estructuralmente

desordenado. Las cárceles inhumanas e

inmundas, donde se cultiva con tenacidad la corrupción

y la violencia, verdaderas escuelas de delincuencia, se

llenan y rellenan de pobres, y la seguridad es un privile-

gio del que cada vez pueden disfrutar menos las personas.

En muchas ciudades, seguir con vida es tan sólo

cuestión de suerte. Cada lunes, los periódicos de las

principales ciudades del sur ofrecen el balance de

víctimas por la delincuencia como un abultadísimo parte

de guerra.

  • Por todas partes impera el desorden y la violencia.

Mueren los ríos y los árboles, cada vez se siente más

débil y lejano el canto de los pájaros, la contaminación

nos tapa las estrellas y el hueco de la capa de ozono

amenaza con engullir la vida. Llenos de ruidos y de

prisas somos incapaces de escuchar los lamentos de la

tierra herida, los gritos de hambre y de dolor de

nuestros hermanos, y el rumor sordo de nuestra creciente

soledad.

 

1.3. Es posible cambiarle el rostro a la actual globalización

 

Los educadores populares de Fe y Alegría, militantes de

la esperanza, creemos y afirmamos que es posible cambiarle el

rostro a la actual globalización. Nuestra fe y nuestra esperanza

comprometidas nos posibilitan ver la globalización también como

un fenómeno humano, que nos ofrece numerosas posibilidades.

La globalización ha creado condiciones para universalizar el

paradigma de los derechos humanos, la interculturalidad, la

preocupación ambiental, el diálogo ecuménico, de género, la

búsqueda de la equidad y la justicia, el sentimiento y la práctica

de la corresponsabilidad y la solidaridad. Por primera vez en la

historia, el desarrollo científico y tecnológico nos posibilita crear

condiciones de vida digna para todos. La globalización ha

posibilitado la construcción de redes de la sociedad civil, el

compromiso global, las alianzas para combatir todo tipo de

violencia y opresión, una especie de comunión planetaria. Nos

ha permitido articular protestas y propuestas. En definitiva, la

globalización nos ha brindado la posibilidad de sabernos y

sentirnos una humanidad viviendo y conviviendo en una casa

común, el planeta tierra.

 

Por todo ello, en Fe y Alegría estamos empeñados en

asumir la globalización como oportunidad y como responsabilidad,

y queremos comprometernos, en tiempos en que se

globaliza la desesperanza y el egoísmo, a trabajar por una

globalización de la esperanza y la solidaridad. Una globalización

al servicio de todos los seres humanos, que tenga en el

centro de las preocupaciones y opciones a la persona humana, su

dignidad y su realización, y no al mercado y sus intereses. Muy

conscientes de la vocación histórica del ser humano, que es en

definitiva el que crea y recrea el mundo y la sociedad, afirmamos

que una globalización que no esté al servicio de toda persona y

de todas las personas, de todos los pueblos, sólo será una nueva

forma de servidumbre y deshumanización. Por ello, hacemos

nuestras las palabras e inquietudes de su Santidad Juan Pablo II

en su mensaje por la Jornada de la Paz en 1998:

El desafío consiste en asegurar una mundialización de la

solidaridad, una mundialización sin marginación. Este es un

deber evidente de justicia, que conlleva notables implicaciones

morales en la organización de la vida económica, social, cultural

y política de las naciones.

 

Preguntas para la reflexión

 

  1. 1. ¿Cómo se expresa la globalización en tu país? ¿Qué

datos socioeconómicos conoces? ¿Cómo se vive la

globalización en tu barrio, comunidad o caserío?

  1. 2. ¿Cómo les afecta la globalización a los educandos con

los que trabajas, a sus familias y comunidades?¿Cómo

te afecta a ti y a tus compañeros de trabajo?

  1. 3. ¿Qué rasgos positivos experimentas tú con la globalización?

¿Qué propones para aprovechar de un modo

positivo las posibilidades de la globalización?

 

Retos de a Educación Popular

En Fe y Alegría asumimos la Educación Popular

como un medio privilegiado para transformar las personas

y transformar la sociedad. En este mundo tan convulsionado

y agitado, la verdadera paz sólo será posible si formamos personas

que tienen en paz su corazón.

Este debe ser el objetivo esencial de la Educación Popular,

que debe recuperar su tarea humanizadora. Necesitamos

con urgencia una educación capaz de enrumbar a este mundo que

avanza a velocidades vertiginosas sin destino ni metas. Una

educación que, en palabras de Mounier, despierte al ser humano

que todos llevamos dentro, nos ayude a construir la personalidad

y encauzar nuestra vocación en el mundo. Se trata de desarrollar

la semilla de uno mismo, de promover ya no el conformismo y

la obediencia, sino la libertad de pensamiento y de expresión, y

la crítica sincera, constructiva y honesta.

 

El objetivo de la Educación Popular no puede ser meramente

enseñar conocimientos y habilidades, promover a los

educandos, otorgar títulos y certificados, sino que debe orientarse

a formar personas plenas, a cincelar corazones fuertes, soli-

darios, a gestar ciudadanos capaces de comprometerse en el

bien común, conscientes de que la sobrevivencia de la humanidad

pasa por la convivencia, y de que el egoísmo, el individualismo y

el ecocidio son a la larga formas de suicidio. Hay que atreverse a

convertir los centros y programas educativos en talleres de humanidad

y a otorgar títulos de verdaderas personas. La educación

no puede ser meramente un medio para ganarse la vida, sino que

tiene que ser esencialmente un medio para ganar a la vida a los

demás, para provocar las ganas de vivir con sentido y con proyecto,

con metas e ideales.

La opción por esta educación humanizadora, capaz de

contribuir a globalizar la esperanza y la solidaridad, nos plantea

en Fe y Alegría una serie de retos. Señalaremos sólo los más

importantes, sabiendo que no son los únicos y que el debate sigue

abierto.

 

2.1. La inclusión y la atención privilegiada de los más pobres

Si hoy el conocimiento constituye un capital clave para

insertarse productivamente en la sociedad y desarrollar a plenitud

todos los talentos personales, hay que garantizar a todos,

especialmente a los más débiles y pobres, que no tienen medios

para obtenerla por sí mismos, una educación de calidad. Educación

que permita a todos, sin excepción, el desarrollo de todas

sus cualidades y capacidades creativas, de modo que cada persona

pueda responsabilizarse de sí misma y realizar su misión en

la vida.

En general, la exclusión educativa reproduce y consolida

la exclusión social. Son precisamente los que más necesitan de

la educación los que no tienen acceso a ella o los que el sistema

educativo abandona antes de tiempo, de modo que salen sin haber

adquirido las competencias mínimas esenciales para un desarrollo

autónomo. Las escuelas de los pobres suelen ser unas pobres

escuelas que contribuyen a reproducir la pobreza. Si a todos

nos parecería inconcebible que los hospitales y clínicas mandaran

a su casa a los enfermos más graves o que requieren cuidados

especiales, todos parecemos aceptar sin demasiados problemas

que los centros educativos expulsen a los alumnos más necesitados

y problemáticos y se queden con los mejores.

 

Son muchos los mecanismos, claros o velados, que utilizan

los centros educativos para excluir a los más débiles y quedarse

con los mejores. De ahí la urgencia que tenemos en Fe y Alegría

de analizar y revisar los requisitos y exigencias (exámenes de

admisión, cuotas, papeles…) que ponemos para ingresar y permanecer

en nuestros programas educativos, de modo que realmente

prioricemos a los que más lo necesitan. Posiblemente, a

los más necesitados ni se les va a ocurrir que los centros y programas

de Fe y Alegría son para ellos. En consecuencia, no

acudirán a solicitarnos cupo. En ese caso, es nuestro deber salir

en su busca y luego hacer todo lo necesario para que permanezcan

en los programas educativos el mayor tiempo posible.

Si queremos evitar que la educación de los pobres

reproduzca y perpetúe la pobreza, debemos garantizarles una

educación que evite su fracaso y que les garantice las

competencias esenciales para desenvolverse eficazmente en el

mundo del trabajo y de la vida, de modo que después la sociedad

no los excluya, ni ellos se transformen en excluidores.

 

No va a ser tarea fácil evitar el fracaso de los más débiles

en un mundo que está organizado para reproducirlo. De hecho, la

educación reproduce las desigualdades mientras legitima las

instituciones que la recrean. Por ello, es urgente releer el fracaso

no desde los educandos, sino desde la sociedad y el sistema

educativo. Detrás de cada educando que fracasa se oculta el

fracaso del educador, de la familia, del programa educativo, de la

sociedad. Posiblemente fracasa porque no somos capaces de

brindarle lo que necesita.

 

De ahí la necesidad de poner en práctica la discriminación

positiva, de modo que se privilegie y atienda mejor a los que

tienen mayores carencias, para así compensar en lo posible las

desigualdades de origen y evitar que se conviertan en

discriminaciones. Tratar a todo el mundo por igual en un mundo

escandalosamente desigual, es favorecer más a los que más tienen,

a costa de los que tienen menos.

Esto nos exige en Fe y Alegría trabajar por jornadas más

extensas y más intensas, y por centros educativos compensatorios,

dotados de buenas bibliotecas, comedores escolares,

salas de computación, laboratorios, canchas deportivas, lugares

para estudiar e investigar con comodidad, actividades extraesco-

lares atractivas. Nos va a exigir también trabajar arduamente para

tener los mejores educadores, motivados y en proceso de

formación permanente, capaces de protagonizar los cambios

educativos necesarios e impulsar una pedagogía que reconozca

los saberes y valores de cada educando y promueva su motivación,

autoestima y ganas de aprender.

 

La discriminación positiva para incluir a los excluidos

implica atender con especial esmero también a los niños, jóvenes

y adultos que nunca fueron a la escuela o la abandonaron antes

de tiempo. De allí la necesidad de implantar una gran variedad

de programas educativos, formales y no formales, que levanten

su autoestima, cultiven sus valores y los capaciten laboral, humana

y políticamente para que no sólo sean buenos trabajadores,

sino también buenos ciudadanos y agentes democratizadores.

Programas que no repitan las prácticas educativas que originaron

su abandono temprano, sino que se estructuren sobre procesos

pedagógicos verdaderamente dialógicos y participativos, que

respondan a las motivaciones, intereses y necesidades de los

educandos. Los programas orientados a ofrecer “una segunda

oportunidad”, no pueden ser unos pobres programas,

impartidos por cualquiera, sino que deben ser unos excelentes

programas facilitados por los mejores educadores.

La Educación Popular nos exige hoy también que ampliemos

el concepto de exclusión, para no entenderlo como una categoría

meramente económica, sino que abarque a todos los que

son víctimas de algún tipo de discriminación (género, raza, discapacidad,

cultura, religión…), de modo de contribuir a su empoderamiento

para que puedan ejercer su derecho a la igualdad.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Qué alumnos son atendidos en tu centro o programa?

¿Son los más necesitados? ¿Cuáles son los mecanismos

para seleccionar a los alumnos? ¿Excluyen estos mecanismos

a los más necesitados?

  1. 2. ¿Se practica en tu centro o programa la discriminación

positiva, de modo que sean especialmente atendidos los

educandos que más lo necesitan? ¿Qué alumnos son los

que fracasan y por qué fracasan? ¿Qué proponen para

combatir el fracaso?

 

2.2. Defensa de una educación pública de calidad

En coherencia con todo lo que acabamos de decir, frente a

las tendencias privatizadoras de la educación y los intentos de

algunos por acabar con la cultura de los derechos universales a

bienes y servicios esenciales, entre ellos el de salud y educación,

es deber del Estado y de la Sociedad garantizar a todos estos

derechos, como condición para que puedan ejercer una ciudadanía

participativa y responsable. Toda privatización supone cierta

exclusividad y, en consecuencia, exclusión de algunos o de

muchos. Lo privado, al no ser público, “priva” a algunos del beneficio.

Por ello, la Educación Popular defiende la educación pública

de calidad, pues entiende lo público como bien común, lo

accesible a todos en términos equitativos. Las plazas y parques

públicos están abiertos a todo el mundo y todos pueden disfrutar

de ellos por igual, sin importar su raza, religión, o condición social,

mientras que los clubes privados son tan sólo exclusivos de

algunos. A diferencia de lo privado que implica una apropiación

excluyente y se opone a lo que es de uso común, público es lo

que es de todos, lo que está abierto a todos, lo que mira al

bien común, lo que garantiza la equidad.

 

Independientemente de que la educación sea provista por

el Estado o por particulares, constituye un “servicio público”,

que hay que brindar a todos. Defender lo público supone, en

consecuencia, superar esa concepción tan equivocada y tan

generalizada que equipara lo público con lo estatal, e implica,

por consiguiente, combatir con decisión esa cultura que

privatiza lo público en su propio beneficio (personal o de grupo,

el partido o el gremio), e impide que todos puedan disfrutar de

bienes y servicios de verdadera calidad. Se trata de que todos

tengan acceso a una buena educación, que garantice su éxito y

equidad. Y esto no es posible cuando se degrada o colapsa la

escuela pública, que sólo es capaz de brindar una educación de

segunda o tercera categoría. Entonces deja de ser un bien público,

pues ya no es bien, algo bueno, de calidad, sino que se transforma

en un mal público.

 

Retos de la Educación Popular

 

Por todo esto, la Educación Popular debe combatir las

políticas educativas excluyentes y proponer y trabajar con

insistencia por el pacto entre gobierno, partidos políticos, sociedad

civil, iglesias, padres y comunidades, empresas, gremios y

sindicatos, medios de comunicación, profesionales y trabajadores…

por una educación de calidad para todos. Educación

como proyecto público, de país, como propuesta esperanzadora

y movilizadora, como la primera preocupación y ocupación de la

sociedad. Si la educación es un derecho, también es un deber de

todos. Por lo general, en nuestros países, la educación pública

no preocupa demasiado a las clases acomodadas que suelen tener

a sus hijos estudiando en centros privados.

Defender lo público supone también trabajar con firmeza

en defensa de una ética de lo público, ética del trabajo bien hecho,

de modo que los funcionarios públicos se responsabilicen de sus

actos y cumplan con eficiencia y eficacia.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Sientes que en tu país se está privatizando la educación?

¿Por qué? ¿Podrías señalar algunos organismos que

están privatizando lo público para su propio beneficio?

  1. 2. ¿Es de calidad la educación pública de tu país? ¿Cuáles

son sus mayores problemas y sus principales logros?

  1. 3. ¿Cuáles son las relaciones de tu centro educativo o

programa con las escuelas públicas cercanas? ¿Qué

propones para estrechar los lazos y trabajar juntos por

una educación pública de calidad para todos?

 

2.3. La formación de sujetos autónomos

En un mundo que nos invita al individualismo consumista

como medio de lograr la identidad y realización plena, que canibaliza

nuestras relaciones e impone el darwinismo social (la

sobrevivencia de los más fuertes) y moral (los pobres son culpa-

bles de su pobreza), que pretende degradar a los ciudadanos a

meros consumidores y clientes, la finalidad de la educación debe

ser, en palabras de Pérez Gómez10 , “la emergencia y el

fortalecimiento del sujeto, lo que supone la defensa de la libertad

personal y el desarrollo de la comunidad”. Uno se hace sujeto en

la medida en que va responsabilizándose de sus emociones y

acciones, en la medida en que va tomando posesión de la propia

vida y se va liberando de las dependencias y ataduras.

 

En consecuencia, la formación de la persona y del

ciudadano debe ser el objetivo esencial de la Educación Popular.

Se trata de ayudar a nacer al hombre o la mujer que todos

llevamos dentro. Educar es ayudar a conocerse, comprenderse

y valorarse para poder desarrollar a plenitud todos los talentos y

realizar la misión en la vida con los demás. Sólo si uno se

conoce, se comprende, se valora y quiere, será capaz de conocer

y querer a otros y convivir con ellos.

En nuestro mundo, cada día parecen escasear más y más

los sujetos autónomos, capaces de darle sentido a su vida y de

vivirla a plenitud. La mayoría es vivido por los demás (mercado,

modas, costumbres, dirigentes, objetos, rutina, dinero…), sin

plantearse ser sujetos de sí mismos, incapaces de darle un sentido

propio y personal a su existencia. Viven, en definitiva, la vida

como actuación. No son autores de su proyecto de vida, sino meros

ejecutores de un guión escrito por otros. La libertad, que es

autonomía responsable y superación de caprichos y ataduras,

de modo que nada ni nadie tenga poder sobre uno, se viene

confundiendo cada vez más con la capacidad de responder a las

sugerencias y orientaciones del mercado y a la satisfacción del

instinto continuamente estimulado por él. Se confunde, en

definitiva, con su contrario, la total dependencia, la esclavitud al

mercado o al instinto.

 

Si hoy los seres humanos estamos creciendo enormemente

hacia fuera y necesitamos llenarnos de cosas para tapar el

enanismo de nuestro espíritu, debemos afirmar que la persona

plenamente humana es aquella que consigue ser ella misma, que

logra desarrollar sus potencialidades y realizar su misión en la

vida en libertad y solidaridad. Sólo personas auténticas serán

capaces de salir de sí mismas, comprometerse con causas nobles

y hacerlo con libertad. Podrán ser genuinos ciudadanos, capaces

de vivir y vivir con, es decir, de convivir, y entregarse a la gesta-

ción de una cultura y una sociedad que promueva y garantice

vida plena a todos.

 

Educar personas, sujetos autónomos, supone que los

educadores populares, sin importar el programa en que participen,

se consideren, antes que otra cosa, docentes de humanidad, lo

que implica estar activamente comprometidos en la propia

superación como personas. Sólo si uno se esfuerza día a día en

ser mejor, en vivir los valores que propone, podrá contribuir a la

verdadera formación como personas de sus educandos.

Educar para la formación de sujetos autónomos, supone

también educar para la vivencia profunda de una espiritualidad

encarnada y comprometida. Para nosotros, en Fe y Alegría, la

espiritualidad consiste en seguir a Jesús hoy, según el Espíritu,

en nuestro mundo globalizado. Jesús no sólo nos reveló a Dios

como Padre, sino lo que significa ser hombre o mujer. Cuando

Jesús nos invita a seguirle, nos está proponiendo el camino a la

plenitud, a la realización personal, a la plena autonomía. Para

nosotros, Jesús es camino para ir al Padre, para reconocer al otro

como hermano y para, al vivir las exigencias de la filiación común,

fundamento de la fraternidad, encontrar la plenitud.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Qué significa para ti ser “docente de humanidad”.

¿Consideras que tú lo eres? ¿Consideras que sí lo son tus

compañeros? ¿Por qué sí o por qué no?

  1. 2. ¿Tu práctica educativa o tu programa está orientado a la

formación de sujetos autónomos o personas plenas?

¿Cómo lo haces?

  1. 3. ¿Cuáles son los valores que más se trabajan en tu centro

o programa? ¿Cómo los trabajan?

  1. 4. ¿Entiendes y asumes la espiritualidad como un camino

para alcanzar la plenitud humana?

  1. 5. ¿Qué experiencias o vivencias importantes recuerdas del

trabajo sobre la espiritualidad que realizaron en torno al

folleto de Benjamín González Buelta? ¿Por qué no vuelves

a hojear, releer o repensar el folleto de Benjamín? ¿Qué

ideas te siguen impactando?

 

2.4. La democratización profunda

de todos nuestros centros educativos

“Fe y Alegría como Educación Popular es impensable

sin participación”, clama con una lógica contundente el documento

“Apoyo y Orientación a los procesos participativos en Fe

y Alegría”11, del XIX Congreso Internacional de Lima en 1988.

Evidentemente, las posturas autoritarias e individualistas que

fomentan la dominación, sumisión y dependencia, no tienen

cabida en una propuesta de Educación Popular que buscar dotar

de poder a los excluidos y empobrecidos para que sean sujetos de

una vida digna y de una democracia sustantiva.

 

La democracia es una forma de vida y la educación debe

preparar para ella mediante el ejercicio de la convivencia democrática.

Desgraciadamente, en la actualidad, los centros educativos

no suelen ser lugares de respeto, diálogo, convivencia y

formación ciudadana. Son más bien, lugares donde se ejercen

mil formas evidentes o veladas de agresión, exclusión y dominación,

y donde se fomenta el individualismo y la insolidaridad.

Ernesto Sábato plantea que “es crucial que comprendamos que

la primera huella que la escuela y la televisión inspiran en el alma

del alumno, es la competencia, la victoria sobre sus compañeros,

y el más enfático individualismo, ser el primero, el ganador. Creo

que la educación que damos a nuestros hijos procrea el mal porque

lo enseña como bien: la piedra angular de nuestra educación se

asienta sobre el individualismo y la competencia”De ahí la

necesidad de entender y estructurar los centros y programas como

comunidades de vida, de participación democrática, de

búsqueda intelectual, de diálogo, trabajo y aprendizaje compartido,

donde todos aprenden y aprenden de todos. Comunidades

educativas en las que se aprende porque se vive, porque se

participa, se construyen cooperativamente alternativas a los

problemas individuales y sociales, se fomenta la iniciativa, se

toleran las discrepancias, se integran las diferentes visiones y

propuestas, se enriquece el clima cultural de la comunidad

circundante, se construye, en breve la genuina democracia.

 

Los educandos aprenden democracia no recitando sus

características esenciales, sino viviendo y construyendo su

comunidad democrática de aprendizaje, trabajo y vida. De ahí

que el modo de gestión y de organización; las formas de ejercer

la autoridad y el poder, que se entiende como poder que empodera

a los demás, que los hace crecer y los mantiene motivados y

comprometidos; los canales de participación que se abren para

que todo el mundo pueda ofrecer su aporte; la manera en que se

resuelven los problemas y se enfrentan los conflictos; la forma

cercana y afectuosa en que se tratan y ayudan los diferentes

miembros de la comunidad educativa; el respeto a la diversidad

y las diferencias; la responsabilidad y el compromiso con que

cada uno asume sus tareas y obligaciones; la defensa de los

derechos de todos, en especial de los más débiles; la solidaridad

y discriminación positiva que privilegia a los más necesitados y

estimula la pedagogía del logro para todos; los modos de

celebración, ocio y producción; deben en cierta forma expresar

los valores y formas de vida y de organización de la sociedad que

buscamos y queremos. Se trata, en definitiva, de transformar

profundamente los actuales centros educativos, para que sean

semillas y ya también espejos de la nueva sociedad.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Cómo se ejerce el poder en tu programa o centro educativo?

¿Cómo lo ejerces tú en tu aula? ¿Es un poder autoritario

o un poder que hace crecer a los demás?¿Cómo resuelven

los conflictos? ¿Cómo construyeron los reglamentos

y normas de disciplina?

  1. 2. ¿Es tu centro o programa modelo de genuina democracia?

¿Qué propones para generar mayor participación

–de los educadores, educandos, personal administrativo

y obrero, miembros de la comunidad- en tu centro o programa?

  1. 3. ¿Cómo entiendes la propuesta de convertir los centros

educativos en “semillas y espejos de la nueva sociedad”?

¿Qué propones para que esta propuesta vaya siendo una

realidad?

 

2.5. La productividad y el aprendizaje

La Educación Popular debe asumir en todos sus programas

el reto del aprendizaje y la productividad. Producción de vida,

de calidad de vida. Los centros y programas deben estar diseñados

y organizados ya no para reproducir respuestas prefabricadas y

contenidos irrelevantes, sino para producir conocimientos

significativos y útiles, competencias, soluciones, habilidades y

valores acordes con el modelo de hombre y de mujer que pretendemos.

Hoy no tiene mucho sentido una enseñanza que se limita

a transmitir paquetes de conocimientos que los educandos deben

memorizar y repetir para pasar exámenes y obtener notas, sino

que es necesario enseñar a aprender, de modo que los educandos

adquieran la capacidad de pensar con autonomía e

independencia, lo que les va a permitir seguir aprendiendo permanentemente,

tanto en el sistema educativo como fuera de él. Esto

supone el desarrollo de las competencias básicas, en especial de

expresión oral, lectura, escritura, estimación, cálculo, pensamiento

lógico, resolución de problemas. De ahí la necesidad de

que todos los programas educativos se orienten a garantizar a

todos los alumnos el dominio de estas competencias.

La Educación Popular debe esforzarse por hacer de cada

educando un lector autónomo e independiente. Si de nuestros

centros y programas egresaran alumnos lectores, a los que les

gusta leer, que necesitan leer, les estaríamos abriendo la puerta al

aprendizaje permanente. De ahí que el reto no es meramente alfabetizar

o enseñar a leer a los educandos, sino convertirlos en

lectores, que sientan la necesidad de leer. Esto no será posible si

los educadores no son lectores, si no han descubierto la necesidad

y el gusto de leer y de hacer de la lectura un instrumento de uso

cotidiano.

 

No es fácil llegar a ser un buen lector y uno nunca

termina de serlo. Lector del texto y del contexto, de la imagen,

la palabra y el mundo, capaz no sólo de comprender los textos

escritos, sino de escuchar e interpretar los gritos desgarradores

de la realidad. Pasar de lector pasivo o consumidor de textos a

lector crítico de ellos y de las intenciones de sus autores. Lector

de los nuevos códigos de comunicación e información, de los

lenguajes digitales y audiovisuales, para procesar, utilizar y

desmitificar las múltiples informaciones que nos lanzan, el sentido

y sinsentido de tantas propuestas educativas, políticas, económicas,

culturales y sociales.

Si es difícil llegar a ser un buen lector de textos y del

contexto, de hechos, sucesos, palabras e imágenes, más difícil

resulta todavía llegar a ser un buen escritor. Para dominar la

escritura, hay que leer y escribir mucho, hay que aprender a ordenar

las ideas y luchar con las palabras, y experimentar prácticamente

que es un medio para comunicar a otros las propias

vivencias, los sueños, las ideas, los miedos, los deseos e ilusiones.

Si la escritura es un medio de comunicación y de creación,

lo es también para aprender a pensar, ya que obliga a reflexionar

sobre el propio pensamiento. Esto es tan cierto que uno no termina

de comprender bien una idea hasta que no es capaz de escribirla:

si quieres saber lo que piensas, escríbelo”. Detrás de muchas

resistencias a escribir, se ocultan las resistencias a pensar, y es

triste constatar cómo el sistema educativo ha descuidado la

ejercitación continua de la escritura personal y creativa. Enseña

a reproducir más que a producir, a copiar y no a crear.

 

No basta con aprender a pensar, expresarse, leer y comprender

la realidad. El objetivo de la Educación Popular es

transformar esa realidad, humanizarla. Esto supone entender y

asumir los centros educativos ya no como lugares donde los

docentes van a enseñar, los alumnos a aprender y la comunidad

llega hasta el portón; sino como lugares donde todos, educadores,

educandos, y comunidad van a aprender a valerse por sí mismos,

a organizarse, a resolver sus problemas, a producir propuestas e

iniciativas, a crear arte, ciencia y tecnología, a celebrar su cultura

y su fe como expresión que les permita decirse y decirle a los

demás lo que son, sienten y quieren, y de este modo mejorar su

calidad de vida e ir fraguando una sociedad más participativa y

más justa. La realidad penetra en el currículo y se convierte en la

fuente principal de aprendizaje.

 

Esto debe llevarnos a asumir más creativamente la

necesaria integración entre teoría y práctica, trabajo intelectual y

trabajo manual, capacitación y formación, saber y saber hacer,

formación para la empleabilidad y el aprendizaje permanente más

que para el empleo, unión entre empresas y escuelas. Las escuelas

deben producir y las empresas enseñar. Se trata de promover

una cultura que asume el trabajo –tanto manual como intelectualy

la necesidad de actualizarse y aprender permanentemente, como

valores esenciales, como medios fundamentales para lograr la

propia realización personal y crear los bienes y servicios

necesarios que posibiliten una vida digna a todos.

Educar para la productividad supone asumir creativamente

los nuevos retos del desarrollo y la cultura tecnológicos, “inculturar

la educación de los pobres, de modo que estos ni sean

absorbidos por la nueva cultura tecnológica –como simples y

desarraigados usuarios de la cultura moderna-, ni queden excluidos

de ella, por ser incapaces de incorporarse a ese mundo

nuevo”13 .

 

Los educadores populares no podemos ser ni tecnófilos

ingenuos (que nos dejamos deslumbrar acríticamente por las

nuevas tecnologías), ni tecnófobos miedosos (que desconfiamos

y tenemos miedo a las nuevas tecnologías). Por ello, necesitamos

con urgencia abrir los curricula a las transformaciones científicas

y tecnológicas, alfabetizar científica y tecnológicamente a los

educandos, proporcionarles las competencias necesarias para que

no queden al margen del trabajo productivo y puedan participar

activamente en la comprensión y transformación de la sociedad.

El desafío consiste en formar a los educandos con capacidad para

imaginar y construir un modelo social alternativo, una sociedad

donde la productividad y el crecimiento sean compatibles con la

equidad y la justicia.

 

El uso imprescindible y la apropiación crítica de las nuevas

tecnologías debe ser, sin embargo, el resultado de una decisión

pedagógica global y no meramente una opción técnica. Esto va a

suponer tener claro para qué y cómo vamos a usar las nuevas

tecnologías, lo que implica, por supuesto, conocer bien su uso y

sus posibilidades. Como ha escrito Daniel Gil Pérez, “el papel de

la educación ante las transformaciones científico-tecnológicas,

ha de contribuir a hacer frente, de forma global y coherente, al

triple desafío que supone el desarrollo de los pueblos (incluido,

por supuesto, su desarrollo cultural), el fortalecimiento de los

sistemas democráticos y los procesos de integración que resuelvan

los inaceptables e insostenibles desequilibrios actuales, respetando

al mismo tiempo la diversidad cultural”14 . El reto consiste en

apropiarse crítica y creativamente de las nuevas tecnologías, de

modo de integrarlas a una propuesta educativa que ayude a dotar

de poder y autonomía a los educandos.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Nuestros centros y programas educativos están

orientados fundamentalmente a reproducir conocimientos

o a producirlos? ¿Qué nos dicen sobre esto las evaluaciones

que hacemos? ¿Qué proponemos para ser más

productivos?

  1. 2. ¿Se orientan todos nuestros programas a convertir a los

educandos en lectores cada vez más autónomos y en

escritores personales y creativos? ¿Cómo lo hacemos?

¿Somos nosotros lectores y escritores? ¿Qué nos proponemos

para avanzar en esta dimensión?

  1. 3. ¿Cuál es la actitud más generalizada entre nuestro personal

ante las nuevas tecnologías? ¿Qué proponemos para

su uso adecuado?

 

2.6. La integración con la comunidad

Para Fe y Alegría, la Educación Popular es una práctica

educativa comunitaria, estrechamente ligada a las comunidades

populares, en una perspectiva de cambio social. Un programa

educativo-isla, cerrado a la comunidad y sus problemas, es un

contrasentido en Educación Popular. Los centros educativos

populares, formales y no formales, deben ligarse a las necesidades

locales y ser espacios abiertos donde la comunidad se cuestiona

a sí misma, va madurando, se va politizando y así se va historizando.

En breve, los centros educativos deben sufrir con la comunidad

sus comunes dolores, expresar sus sueños y esperanzas y

celebrar sus triunfos e ilusiones en la tarea de transformar la

realidad.

Esto supone para las escuelas, un cambio de concepción y

de actitudes no sólo en los directivos, educadores y alumnos, sino

también en los padres y representantes que con frecuencia,

consideran que su labor educativa llega hasta inscribir a los hijos

en el centro educativo. Hoy estamos comprendiendo con creciente

claridad que es muy poco lo que pueden hacer las escuelas, sobre

todo en la formación de valores, si no trabajan coordinadamente

con las familias y la comunidad. Esto va a suponer que las familias

recuperen su papel de primeros educadores, y que se asuman

también como educandos, dispuestos a cambiar y transformarse,

a involucrarse activamente en la construcción del proyecto del

centro educativo.

 

Este cambio tan necesario y urgente sólo será posible si

todos los involucrados comienzan a entender que la Educación

Popular va mucho más allá de transmitir ciertos conocimientos,

habilidades, destrezas y conductas, pues implica la búsqueda y

construcción colectiva de formas de vida cada vez más humanas.

Integrar el centro educativo al entorno, a la vida del barrio

y la comunidad, supone un largo proceso que comienza con la

misma selección de los contenidos que se van a trabajar en el

aula, partiendo siempre de los saberes y cultura de los educandos;

sigue con la integración pedagógica de los representantes y la

utilización de los recursos, tanto físicos como humanos, con que

cuenta la comunidad; continua con las visitas de maestros y

directivos a los hogares de sus alumnos; pasa por un cambio de

las reuniones de padres y representantes haciéndolas momentos

de reflexión, participación y formación; por la revisión del papel

de la junta directiva de la comunidad educativa que sólo suele

representarse a sí misma y raramente asume el papel de voz y

formadora de los miembros que representa; de las actividades

especiales, que deben encarnarse en la cultura de la comunidad;

por la formación sistemática y paciente de núcleos organizados

(equipos, escuelas de padres, cooperativas, comunidades cristianas,

madres cooperantes, centros culturales y deportivos…),

de modo que progresivamente el centro educativo se va convirtiendo

también en centro de producción cultural y de organización

comunitaria, en un espacio para enfrentar y resolver

colectivamente los problemas, celebrar juntos las alegrías y fies-

tas y aprender a convivir como ciudadanos responsables y

solidarios.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Qué entendiste ante la propuesta de que los centros educativos

se vayan convirtiendo en lugares donde “la comunidad

se cuestiona a sí misma, va madurando, se va politizando

y se va historizando”? ¿Podrías explicarlo con

tus propias palabras? ¿Podrían señalar alguna oportunidad

donde ha sucedido algo de esto?

  1. 2. ¿Cuál es el nivel de integración de tu centro educativo

con la comunidad del entorno? ¿Qué actividades realizan

juntos? ¿Qué proponen para una creciente integración?

 

2.7. La reculturación y formación permanente de directivos y docentes

 

Para cumplir a cabalidad los retos anteriores, es preciso

que todos en Fe y Alegría entremos en un proceso de reculturación

y formación permanente. Reculturación para avanzar de la cultura

de la rutina, el individualismo y la irresponsabilidad, a una cultura

de la innovación, la cooperación y la responsabilidad por los

resultados de nuestras prácticas educativas. Formación permanente,

para que cada educador popular de Fe y Alegría se vaya

convirtiendo en un profesional de la reflexión continua de su

ser, su hacer y el acontecer, de modo que la formación se traduzca

de hecho, más que en acumulación de credenciales y de títulos,

en crecimiento personal y en transformación y mejora de su

práctica pedagógica, para que pueda responder mejor a las

exigencias de los educandos. Existen muchos licenciados,

profesores y magisters, pero escasean cada vez más los maestros:

hombres y mujeres que encarnen estilos de vida, ideales, modos

de realización humana. Personas orgullosas y felices de ser

maestros, que asumen su profesión como una tarea humanizadora,

vivificante, como un proceso de desinstalación y de ruptura con

las prácticas rutinarias.

 

Maestros que, en palabras de Joaquín Barrero, “ayudan a

buscar conocimientos sin imponerlos, que guían las mentes sin

moldearlas, que facilitan una relación progresiva con la verdad y

viven su tarea como una aventura humanizadora en

colaboración con otros” . Maestros comprometidos con revitalizar

la sociedad, empeñados en ponerle rostro humano a la actual

globalización, capaces de reflexionar y de aprender permanentemente

de su hacer pedagógico, y que se responsabilizan

por los resultados. Maestros preparados y dispuestos a liderar los

cambios necesarios, que se esfuerzan cada día por ser mejores,

hacer mejor lo que hacen y de este modo mejorar la educación

y la sociedad.

 

Maestros que se conciben como educadores de humanidad,

no ya de una materia o un programa, sino de un proyecto,

de unos valores, de una forma de ser y de sentir. Habitados por

la ilusión, la esperanza y la responsabilidad.

La formación de estos maestros va a suponer, entre otras

cosas, trabajar por mejorar la calidad de la formación inicial

entroncándola con la formación en servicio, que debe contar con

propuestas y el seguimiento adecuado para garantizar su calidad.

El reto consiste en convertir cada programa y centro educativo

en el lugar privilegiado para la formación permanente no sólo de

los alumnos, sino también de los educadores. Y va a suponer

también trabajar por mejorar las condiciones laborales de los

educadores, de modo que sean retribuidos de acuerdo a sus

esfuerzos y a la importancia y calidad de su trabajo.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Te sientes orgulloso de ser maestro? ¿Te esfuerzas cada

día por ser mejor y por hacer cada vez mejor lo que haces?

¿Consideras el centro educativo en el que trabajas como

el lugar privilegiado para tu propio aprendizaje y

formación continua? Si has obtenido recientemente algún

nuevo título académico, ¿te está ayudando a ser mejor

persona y mejor educador?

  1. 2. ¿En qué te está ayudando este programa de formación de

educadores populares a ser mejor maestro? ¿Qué cambios

en tu persona y en tu práctica puedes señalar desde que

iniciaste el programa?

  1. 3. ¿Qué necesidades de formación sientes en ti y en tus

compañeros? ¿Qué proponen para superarlas?

 

La pedagogía de la Educación Popular

 

La pedagogía forma parte –junto con la sicología,

biología, sociología, antropología y didáctica- de las ciencias

de la educación, entre las  que ocupa, por su bagaje histórico

y científico, el puesto más relevante.

El objetivo de la pedagogía es reflexionar la

teoría y la práctica educativa para impulsar acciones concretas

de transformación y lograr un modelo congruente que responda,

tanto en la teoría como en la práctica, a las intencionalidades y a

los contextos. El pedagogo es un estudioso del problema educativo

que reflexiona y revisa continuamente lo que hace para que

responda cada vez mejor a lo que busca. Hay pedagogía cuando

se reflexiona sobre la educación, cuando el “saber educar”

implícito, se convierte en un “saber sobre la educación” (sobre

sus “cómos”, sus “porqués”, sus “hacia dónde”), cuando se es

capaz de hacer teoría de la propia práctica, y de explicar la práctica

a la luz de su teoría.

La pedagogía es, en consecuencia, un saber práctico

teórico, producto de la reflexión e investigación del hecho educativo

y sobre las relaciones que se construyen en los procesos de

enseñanza-aprendizaje, cualquiera sea el espacio (escolar o no),

el contexto cultural o la edad de los sujetos. Es un saber construido

sobre el proceso educativo, que busca orientarlo de manera

consistente para que responda a la intencionalidad. En otras palabras,

es la reflexión sobre las prácticas en función de las

intencionalidades. Lo “pedagógico” es lo que articula el deber

ser (o los fines) y el hacer, mediante principios y orientaciones

metodológicas generales, que luego se desarrollan en el plano

del currículo y la (o las) didáctica (s), ambos con mayor grado de

concreción y adaptación a los contextos, contenidos y necesidades

educativas. De ahí la necesidad de que cada educador sea un

pedagogo, es decir, una persona que reflexiona continuamente

su práctica y las prácticas de los compañeros para aprender de

ellas e introducir los cambios necesarios.

Toda pedagogía responde necesariamente a la filosofía

educativa, es decir a la concepción que se tiene de la educación y

de la persona que se pretende formar. La propuesta educativa

popular de Fe y Alegría promueve la formación integral de las

personas, de modo que puedan desarrollar todas sus posibilidades

y capacidades y se constituyan en los protagonistas de su vida y

de la transformación de la sociedad. Con la educación, Fe y Alegría

pretende formar hombres y mujeres nuevos, que contribuyan a la

creación de una sociedad nueva, sustentada sobre la justicia, el

amor y la libertad.

 

Para Fe y Alegría, la educación implica una tarea de

liberación, de formación de personas libres y comunitarias.

Educar es formar el corazón, la mente y las manos, para que los

educandos aprendan a vivir y convivir en este mundo y sean capaces

de transformarlo, desde el conocimiento de la realidad y la

valoración de su cultura y de las otras culturas. Formarlos teniendo

como referente la persona nueva, una persona en íntima relación

con los problemas de su tiempo, que logra concientizarse en

contacto con su medio, con la capacidad y el poder de impulsar,

desde la vivencia de los valores humanos y cristianos, una

sociedad distinta y una iglesia más fiel al evangelio. Se trata, en

breve, de formar personas plenas, ciudadanos responsables y

productivos, y cristianos comprometidos, que participen

activamente en la búsqueda y construcción de una nueva sociedad

aquí y ahora, demostrando capacidades democráticas.

 

La educación se presenta como un largo viaje, de toda la

vida, hacia la conquista de una persona integral, multidimen45

sional y ecológica, es decir, que vive en equilibrio consigo misma,

con los demás y con la naturaleza. Esta concepción de educación

necesita de una pedagogía capaz de desarrollar todas las

dimensiones de la persona: el equilibrio psicológico, afectivo y

social, las facultades de expresión y de comunicación, la capacidad

inventiva y creativa, el hábito científico y crítico, el más amplio

espíritu de sociabilidad y humanidad, la apertura a la trascendencia

y la vivencia de una espiritualidad madura y encarnada.

 

Para Fe y Alegría, el objetivo de la educación, y en

consecuencia del análisis de la pedagogía, no puede ser otro que

la formación integral y multidimensional de la persona en sus

diversas fases evolutivas (infancia, adolescencia, edad adulta y

vejez) y en los diversos contextos ambientales y culturales, de

modo que se comprometa con la libertad, el bienestar y la dignidad

de sí mismo y de los otros. Pedagogía enraizada en la experiencia

que evita las formulaciones abstractas y axiomáticas para

comprometerse en la construcción de un sistema educativo

vinculado a los problemas del contexto histórico-social específico.

Es una pedagogía de la indignación y el desacuerdo, que

combate todo tipo de discriminación, dogmatismo y adoctrinamiento,

que impiden o mutilan el desarrollo pleno e integral de

la persona. Pedagogía muy crítica de las prácticas y de los caminos

pedagógicos tradicionales que han demostrado su ineficacia para

formar personas autónomas, participativas y solidarias. Pedagogía

comprometida en la transformación de esas prácticas educativas

alejadas de la calle, de la vida, de los problemas y saberes de los

educandos, que raramente son valorados o tomados en cuenta

por la educación tradicional.

 

En la educación tradicional, lo importante es el educador,

el texto y los programas. Muy raramente lo son los educandos.

Todo está organizado para transmitir conocimientos en masa.

Aunque se habla de una “educación para la vida”, muy pocas

veces se toma en cuenta la vida de los educandos y ciertamente

los centros educativos no son lugares de vida, en los que se

aprende a vivir y a convivir. De ahí la necesidad de una

pedagogía que, porque repiensa y analiza los hechos que salpican

la vida educativa y la teoría que los sustenta, es capaz de

transformar la cultura tradicional de los centros y las prácticas

educativas para que realmente contribuyan a la formación integral

de las personas, de modo que se comprometan en su propio

desarrollo y el de los demás. Se trata, en breve, de gestar centros

educativos con vocación a la innovación, la democratización

y la búsqueda permanente de la calidad educativa que implica

claridad en los fines, objetivos, procesos y medios que garanticen

calidad de aprendizajes.

 

Preguntas

  1. ¿Cómo definirías tú la pedagogía? ¿Cuáles piensas son

las características de un pedagogo popular? ¿Te

consideras tú un buen pedagogo? ¿Por qué sí, por qué

no?.

  1. ¿Tu centro o programa educativo tiene vocación a la

innovación, la democratización y la búsqueda permanente

de la calidad? ¿Cómo lo demostrarías? Señala algunos

rasgos de tu hacer pedagógico o del de tus compañeros

que responden a una educación tradicional y otros que

expresan claramente intenciones innovadoras.

 

La propuesta de Educación Popular de Fe y Alegría tiene,

como hemos venido repitiendo, una clara intencionalidad: la

transformación de la actual sociedad marcada por la injusticia, el

desequilibrio, la desigualdad y la inequidad, y potenciar el

desarrollo integral de los actores de los procesos educativos, para

que se responsabilicen de su propia transformación personal y la

de su comunidad, profundizando la conciencia de su dignidad

humana, favoreciendo la libre autodeterminación y promoviendo

su sentido de servicio. En consecuencia, la propuesta pedagógica

de Fe y Alegría, sin importar la modalidad, el contexto o el

programa, debe articular principios y orientaciones prácticas para

la formación de la persona en la integralidad de las siguientes

dimensiones o vitalidades que si bien por razones metodológicas

presentamos por separado, deben trabajarse siempre juntas:

  1. 1. La dimensión psico-afectiva con una pedagogía del

amor y la alegría.

  1. 2. La dimensión espiritual con una pedagogía

evangelizadora.

  1. 3. La dimensión corporal con una pedagogía de la salud

y la valoración y el respeto del cuerpo.

  1. 4. La dimensión intelectual, con una pedagogía de la

pregunta y de la investigación.

  1. 5. La dimensión socio-política, con una pedagogía del

diálogo y la participación.

  1. 6. La dimensión productiva, con una pedagogía del

trabajo y el desarrollo sustentable.

  1. 7. La dimensión estética, con una pedagogía de la

expresión y la creatividad.

  1. 8. La dimensión cultural con una pedagogía de la

inculturación, la interculturalidad y la multiculturalidad.

  1. 9. La dimensión ética, con una pedagogía de los valores.
  2. 10. La dimensión histórica, con una pedagogía de la

identidad y la esperanza.

 

Estas dimensiones y las cualidades pedagógicas asociadas

constituyen elementos a ser pensados y trabajados en los currícula

y desde la práctica del educador (sean nuestros destinatarios

alumnos del sistema regular, niños de la calle, campesinos,

indígenas, adultos, adolescentes o jóvenes en espacios de

formación no formal); elementos a tomar en cuenta para planificar

y organizar los centros y programas educativos como contextos

intencionalmente diseñados para promover conocimientos,

competencias, soluciones, habilidades y valores, según el modelo

de persona y de sociedad que buscamos. Todas estas dimensiones

se interrelacionan y cruzan pues se trata de formar a la persona

completa.

 

3.1. Pedagogía del Amor y la Alegría…

La Dimensión Psico-afectiva

 

Se trata de respetar y cultivar los procesos psicológicos,

emocionales y afectivos de cada persona de modo que pueda

crecer armónicamente y desarrollar las competencias necesarias

para que pueda ejercer su afectividad, sexualidad y libertad de

un modo maduro y responsable. Competencias que le lleven a

desarrollar su identidad personal, familiar y social, que le ayuden

a conocerse, quererse y emprender el camino de su propia

realización con los demás. Competencias para no agredir ni física,

ni verbal ni psicológicamente al otro, que favorezcan la autoestima

y autonomía personal, el respeto, la capacidad de relacionarse y

comunicarse positivamente con los demás (familia, compañeros,

comunidad), el desarrollo de la voluntad y el carácter, la toma de

decisiones, las relaciones de género, el compromiso personal y

social, la autonomía y la libertad responsable.

La libertad verdadera implica superar las ataduras del

egoísmo, los caprichos y los miedos, que no permiten a la persona

alcanzar su madurez afectiva y la capacidad de amar. La

falta de amor y la incapacidad de amar producen frustración,

resentimiento, agresividad. La madurez afectiva supone la

superación de la dependencia, el orgullo, el conformismo, la

envidia, raíces de la soledad. Sólo el que ama verdaderamente

podrá ser libre y sólo los libres son capaces de amar. Libre es la

persona que vive comprometida en la conquista de sí misma; sabe

que el ser humano es tarea y aventura, y por ello es capaz de

vivir toda experiencia y relación de un modo pleno y enriquecedor.

 

Por ello, demuestra una actitud responsable frente al noviazgo,

la sexualidad, el matrimonio, la paternidad, la maternidad. La

persona verdaderamente libre entiende su libertad como proceso

de liberación. Por eso, es capaz de indignarse ante las injusticias

y combate toda dependencia, toda dominación que impide la

libertad y el desarrollo integral de los demás.

Para educar la dimensión psico-afectiva y desarrollar las

competencias señaladas, se requiere de una pedagogía del amor

y la alegría, que busca establecer en todos los ámbitos, tiempos

y actividades educativas, un clima verdaderamente democrático,

de comprensión, simpatía y amistad, que combate todo

autoritarismo, humillación y rutina. Clima socio-afectivo, de

colaboración y cooperación, donde todo acoja y esté al servicio

del educando, que busca multiplicar las ocasiones de verdaderos

encuentros interpersonales. Los educandos son orientados en su

crecimiento, acompañados en sus dudas, preocupaciones e

intereses y se les brinda la ayuda necesaria para que puedan

clarificar sus valores y opciones personales. Clima de tranquilidad

y serenidad, que no esté contaminado por el comportamiento

autoritario de los educadores ni por la rivalidad de los educandos.

 

Este clima debe trabajarse también con la familia, que es

la primera educadora, lo que postula, como ya dejamos señalado

más arriba entre los retos de la Educación Popular, la necesidad

de trabajar juntos y de incorporar a la familia a la educación de

sus hijos. Para ello, los centros y programas educativos deben

promover la formación de padres y representantes de modo que

se involucren más y mejor en la educación de los hijos. Los

educandos aprenden también a valorar a su familia, a respetar

las diversas formas de familia y asumen la importancia de vivir

en familia. Los educadores no sólo deben respetar la diversidad

familiar, sino que deben reflejar en su pedagogía una atención

especial a los educandos en situaciones complejas.

El principio pedagógico esencial, base y condición de todos

los demás, es el amor a los educandos. El educando es amado y

enseñado a la vez; y el educando hace crecer y humaniza, mediante

el amor, al educador. En educación, es imposible ser efectivos si

no somos afectivos. Amor es ayuda, apoyo, ánimo,

acompañamiento, amistad. Amar no es consentir, sobreproteger,

dejar hacer. El amor no crea dependencia, sino que da alas a la

libertad. El educador es un amigo que ayuda a cada educando,

especialmente a los más débiles y necesitados, a triunfar, a crecer,

a ser mejores. El amor crea seguridad, confianza, es inclusivo,

no excluye a nadie. Es paciente y sabe esperar. Por eso, respeta

los ritmos y modos de aprender de cada uno y siempre está

dispuesto a brindar una nueva oportunidad. De ahí que asume la

evaluación como un medio de conocer qué sabe cada educando,

cómo aprende, cuáles son sus fortalezas y carencias, para poderle

ayudar.

 

La función de la evaluación no es meramente poner notas

y clasificar a los educandos, sino recoger información, interpretarla,

revisar los procesos formativos para tomar las decisiones

pertinentes e introducir los cambios y correctivos necesarios. La

evaluación es una herramienta para optimizar la calidad del

proceso educativo y sus resultados. Los procesos y los resultados

se miden por las transformaciones ocurridas en las personas, en

sus relaciones y en los efectos de la intervención educativa. Todo

debe ser evaluado para ser mejorado. De ahí que esta concepción

de evaluación implica un profundo cambio cultural.

 

La evaluación implica acompañamiento, “ir de la mano”

con los educandos para detectar su proceso de crecimiento y

orientarlos de manera adecuada. Implica asumir el error como

oportunidad de aprendizaje y no como fracaso. Se debe hacer

seguimiento permanente de los aprendizajes y de la calidad de

los procesos y resultados, porque interesa que todos logren las

metas propuestas. La responsabilidad de los educadores no se

agota en diseñar y animar procesos de aprendizaje; también son

corresponsables de los logros o fracasos de sus educandos.

El educador popular debe ser un defensor de la pedagogía

del logro y, por ello, rechaza toda clasificación de los educandos

en buenos, regulares y malos: no los compara nunca, cree que

todos son capaces (cada uno a su manera), y no acepta ni permite

cualquier palabra o juicio peyorativo, ofensivo o humillante. Su

pregunta no será quién merece una valoración positiva y quién

no, sino cuál es la ayuda que necesita cada uno para seguir

avanzando según sus posibilidades y alcanzar los logros deseados.

 

Para favorecer el logro de los educandos, se debe procurar

un clima de motivación, entusiasmo y alegría. Si hay

motivación, hay deseos de aprender. Si en los centros educativos,

resplandece la alegría, habremos logrado lo más importante. La

pedagogía de la alegría parte de las cosas que conocen e interesan

a los educandos, evitando la sensación de estar sumergidos en un

mundo lejano y absurdo. Todos los recintos educativos deben

invitar a la alegría y ser atractivos en lo físico y en el ambiente

irradiador de aceptación, comprensión y ayuda. La actual

educación es demasiado fastidiosa y aburrida. Muchos educandos

abandonan sus estudios porque no encuentran en ellos respuesta

a sus intereses, preocupaciones y problemas.

 

A crear un ambiente alegre y motivador contribuirá una

sana disciplina, imprescindible para lograr un adecuado

ambiente de aprendizaje, que no impone, humilla y cercena,

sino que surge de la convicción personal y de las exigencias de la

vida grupal. Disciplina que convierte al educando en copartícipe

de la programación, desarrollo y evaluación del proceso y que le

estimula a construir su personalidad. Disciplina consensuada,

orientada a crear un ambiente de trabajo, respeto y comunicación,

donde los educandos puedan expresarse con toda libertad, y los

conflictos se resuelvan mediante la negociación para convertirlos

en fuente de avance y desarrollo personal; un contexto estimulante

y respetuoso, en el que se establezca una verdadera comunicación.

Comunicarse más y mejor es educar y educarse más auténticamente.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Quieres realmente a todos y cada uno de tus alumnos,

especialmente a los más débiles y necesitados? ¿Se sienten

ellos queridos por ti? ¿Preparas con ilusión tus clases y

te actualizas continuamente para desempeñar mejor tu

labor? ¿Cuál y cuándo fue el último libro que leíste sobre

los contenidos que enseñas o sobre pedagogía?

  1. 2. ¿Te consideras un educador ameno o aburrido? ¿Qué

opinarían los alumnos? ¿Tus planificaciones buscan tener

motivados y contentos a los alumnos? ¿Cómo enfrentas

los problemas de disciplina? ¿Las normas han sido

elaboradas y consensuadas entre todos? ¿Qué valores

expresa el reglamento de tu centro educativo?

  1. 3. ¿Cómo concibes y practicas la evaluación? ¿Te autoevalúas

a la luz de los resultados de las evaluaciones que

propones? ¿Permites que otros te evalúen? ¿Aprovechas

los errores para convertirlos en verdaderas oportunidades

de aprendizaje?

  1. 4. ¿Qué cambios vas a introducir en tu práctica pedagógica

después de haber reflexionado esta dimensión?

 

3.2. Pedagogía Liberadora y Evangelizadora…

La Dimensión Espiritual

 

Una educación integral implica la formación del espíritu,

el crecimiento de la vida interior. En Fe y Alegría, asumimos la

espiritualidad como un vivir según el Espíritu, que parte de una

experiencia profunda de Dios. Para nosotros, la espiritualidad es

la respuesta a la fe en un Dios que se nos ha revelado en Jesús y

nos invita a seguirle como medio de alcanzar la plenitud humana.

Jesús vino a enseñarnos una forma de ser plenamente

hombres y mujeres. La formación de la dimensión espiritual exige

desarrollar las competencias necesarias para entender y vivir la

fe en Dios como camino de crecimiento espiritual, personal y

comunitario. Competencias para conocer e identificarse con los

valores evangélicos y asumirlos como guías de comportamiento.

Competencias para ser fieles hoy al proyecto de Jesús, en la lucha

por la vida, la dignidad y el derecho de las personas,

solidarizándose con los afectados por condiciones de exclusión y

los pobres de este mundo. Seguir a Jesús implica proseguir su

misión oponiéndose al poder opresivo y promoviendo el poder

que ayuda, que hace crecer, el poder de servicio.

 

Para educar la dimensión espiritual, requerimos de una

pedagogía liberadora y evangelizadora como la asumió y

entendió Medellín: “la que convierte al educando en sujeto de su

propio desarrollo. Para ello, la educación en todos los niveles

debe llegar a ser creadora, pues ha de anticipar el nuevo tipo de

sociedad que buscamos en América Latina; debe basar sus esfuerzos

en la personalización de las nuevas generaciones, profundizando

la conciencia de su dignidad humana, favoreciendo la

libre autodeterminación y promoviendo su sentido comunitario”18 .

 

Esta pedagogía liberadora y evangelizadora se traduce hoy

en una pedagogía de la solidaridad y del testimonio, una

pedagogía según El Maestro Jesús, pedagogía magistralmente

descrita en la Parábola del Buen Samaritano. La pedagogía de la

solidaridad nace de un encuentro con los afectados por la miseria,

por las carencias, por el desamor. El educador de Fe y Alegría es

capaz de escuchar e interpretar sus silencios, dolor, rebeldía,

miedos, desinterés. La opción por los pobres y necesitados es en

Fe y Alegría don del espíritu de Jesús, para anunciar la Buena

Nueva y denunciar las situaciones de injusticia.

 

La solidaridad no es sólo compasión, sino acción. Es

servicio, ayuda eficaz. La pedagogía evangelizadora de la solidaridad

recurre a todos los medios a su alcance para sanar las heridas

de los educandos más golpeados y se esfuerza por convertir los

centros educativos en verdaderos espacios de solidaridad, de

ayuda mutua, de coherencia entre lo que se proclama y se vive.

Por eso, es también una pedagogía del testimonio. El currículo

explícito coincide con el currículo oculto. El ambiente educativo

está penetrado por los valores evangélicos y se viven relaciones

de respeto, fraternidad, crecimiento y atención personal. Toda la

comunidad educativa testimonia la fe que proclama y vive los

valores que propone. Los enunciados teóricos se hacen vida en la

práctica. La pedagogía evangelizadora penetra todo el hacer

educativo y se brindan oportunidades formativas para que los

diferentes actores puedan descubrir la persona de Jesús y los

valores cristianos. Esto implica abrir espacios para el conocimiento

del evangelio, de la palabra de Dios, del Jesús histórico y

los diferentes elementos que forman parte de la fe cristiana; brindar

posibilidades de vivir comunitariamente la fe y la fraternidad,

haciendo posible el encuentro personal con Dios Padre, que ayuda

a conocernos y a crecer como personas; acompañar la vivencia

de los valores cristianos en los procesos personales y comunitarios,

abriendo posibilidades para encauzar y explicitar el compromiso

cristiano por la transformación del mundo en que vivimos. Para

ello, se potencian los curricula de educación de la fe y los espacios

que posibilitan el encuentro con el Dios de la vida (convivencias,

retiros, grupos de oración, ejercicios espirituales… )

 

Preguntas

  1. 1. Después de todo lo trabajado sobre la espiritualidad en

Fe y Alegría (recuerda sobre todo el folleto N. 3 y lo que

trabajaron en torno a él), ¿cómo definirías tú la espiritualidad?

¿Cuáles consideras son los rasgos esenciales de la

espiritualidad cristiana? ¿Cómo se traducen esos rasgos

en la práctica pedagógica?

  1. 2. ¿Es tu centro o programa educativo un espacio de solidaridad,

servicio, ayuda mutua? ¿Se brindan en él posibilidades

y momentos para vivir comunitariamente la fe y la

fraternidad, para alimentar la vida espiritual y el compromiso

cristiano? Señala alguna de estas posibilidades y

momentos.

  1. 3. ¿Qué propones para robustecer tu vida espiritual y la de

tus compañeros?

 

3.3. Pedagogía de la salud, la valoración y el respeto del cuerpo…

La Dimensión Corporal

 

Se trata de valorar, respetar y cuidar el cuerpo. Una buena

salud corporal, el sentirse a gusto con el propio cuerpo, es un elemento

esencial para la adecuada maduración de la afectividad,

de la inteligencia, de la creatividad, y el logro de una buena salud

mental. Hoy más que nunca, en estos tiempos de ansiedad, estrés,

sedentarismo, pero también de hambre, miseria, agotamiento físico

y envejecimiento precoz, necesitamos una educación que

aspire al ideal clásico de “Mens sana in corpore sano” (mente

sana en un cuerpo sano).

La formación de la dimensión corporal postula el desarrollo

de las competencias necesarias para cuidar de la propia

salud, cuidar la salud de los demás, cuidar el ambiente y defender

la vida. Competencias para respetar el propio cuerpo, el cuerpo

de los demás y practicar una sexualidad madura y responsable

que prevenga todo embarazo no querido y cualquier enfermedad

de transmisión sexual. Competencias para alimentarse sanamente,

saberse controlar en la toma de bebidas alcohólicas y evitar el

uso de todo tipo de drogas prohibidas o que pongan en peligro la

salud física y mental. Competencias para convivir en condiciones

de igualdad entre sexos diferentes y superar la cultura machista y

patriarcal propia de nuestros pueblos.

 

Para ello, necesitamos una pedagogía de la salud, la

valoración y el respeto del cuerpo. Esto implica, en primer lugar,

garantizar la satisfacción de las necesidades más urgentes y

esenciales. Con hambre, mala alimentación, sin condiciones

higiénicas y sanitarias mínimas; sin trabajo, vivienda, seguridad

o salud, no va a ser posible el desarrollo integral de la persona.

Implica también aprender a aceptar, querer y cuidar el propio

cuerpo, sin esclavizarse a él, sobre todo en estos tiempos de

avalanchas de ofertas milagrosas de belleza y la invasión de

productos que venden la ilusión de un cuerpo perfecto y el sueño

de una eterna juventud.

 

La pedagogía de la salud buscará el desarrollo de hábitos

alimenticios sanos, el adiestramiento en una cocina que balancee

los alimentos, que aproveche al máximo los recursos alimentarios

propios culturalmente y abundantes en nuestra América. El rescate

de prácticas culinarias tradicionales, de una medicina preventiva

culturalmente incorporada y el uso de plantas medicinales como

parte de una medicina alternativa, deben ser formas rescatables y

a ser pensadas y contrastadas con otras, buscando siempre una

mejor calidad de vida. También cultivará el deporte, la educación

física, las excursiones, los campamentos, las convivencias, el

montañismo u otros deportes al aire libre y el rescate de juegos

tradicionales. En estas actividades no sólo se protege y robustece

la salud, sino que se forja el carácter y la voluntad, se aprende a

compartir, a salir del egoísmo, a triunfar sin humillar y a perder

sin desmoronarse. Se aprende sobre todo a vencerse a sí mismo.

Son verdaderas escuelas de crecimiento integral y de liderazgo.

 

Para garantizar la salud física y mental sobre todo de la

infancia tiene una importancia primordial el juego. Hoy los niños

juegan muy poco y su principal diversión es ver pasivamente

televisión. En palabras de Frabboni , el juego responde a las

siete necesidades básicas de la infancia: comunicación, socialización,

movimiento, autonomía, construcción, exploración y

fantasía. Sólo el juego tiene más poder que los medios de comunicación,

promotores de aislamiento y soledad. Por ello, una

autentica pedagogía popular que busca la salud integral de los

educandos le da al juego la importancia que requiere y multiplica

las oportunidades de aprendizaje a través del juego.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Tiene tu centro o programa algún proyecto para

garantizar las condiciones mínimas en alimentación y

salud de los educandos? ¿Han incorporado al currículo

las prácticas tradicionales en alimentación y salud de las

propias comunidades?

  1. 2. ¿Cuentan con un buen programa deportivo? ¿Le dan la

debida importancia al juego?

  1. 3. ¿Qué proponen para fortalecer esta dimensión en su centro

o programa?

 

3.4. Pedagogía de la Pregunta y la Investigación…

La Dimensión Intelectual

 

La inteligencia (intus-legere: leer por dentro) es saber

pensar y actuar del modo más adecuado, de acuerdo a los contextos

y situaciones, en donde las circunstancias, ubicadas en un espacio

y tiempo dados, exijan optar, decidir, resolver y tener el valor de

llevar a cabo tales decisiones. Es inteligente quien es capaz de

dar una opinión razonada, de asumir una postura crítica, de superar

la cultura del rumor, de la fragmentación informativa, de la mera

repetición de las “verdades publicitadas”. La inteligencia supone

capacidad de comprenderse, de comprender a los demás y

comprender al mundo, para así poder contribuir a su permanente

mejora y humanización. Es en consecuencia, capacidad crítica,

analítica, creativa, lógico-matemática, musical, espacial, cinestésica,

de resolución de problemas y proposición de nuevas cosas

e ideas.

 

La formación de la dimensión intelectual supone garantizar

las competencias de la alfabetización primaria y secundaria

en las esferas lingüísticas, históricas, científicas y artísticas.

Competencias para ser un lector cada vez más autónomo e

independiente de todo tipo de textos y del contexto y un escritor

personal y creativo. Competencias para desarrollar procesos

lógicos, resolver problemas, poseer sentido numérico, geométrico,

y de la medida. Competencias para saber buscar, procesar,

interpretar, aplicar la información y desarrollar pensamiento

crítico. Competencias para usar bien la memoria, preguntarse a

sí mismo lo que se ha aprendido, gobernar la propia atención,

ordenar el trabajo y el tiempo, afinar estrategias de estudio. Competencias

de comprensión, aplicación, análisis, de intuición,

invención, imaginación, creación, transformación.

 

Ser inteligente, creativamente inteligente, implica capacidad

de aprender a desaprender, a aprender, comprender y

emprender, lo cual supone garantizar los conocimientos, lenguajes

y estilos cognitivos necesarios para un aprendizaje

permanente, de modo que los educandos puedan vivir como

protagonistas en una sociedad cambiante y muy compleja. Esto

exige, entre otras cosas, el cultivo adecuado de la memoria,

pues todos aprendemos desde lo que ya sabemos y sólo mediante

la información que poseemos, podemos acceder a otra información.

La memoria, en palabras de Marina , “no es almacén del

pasado, sino entrada al porvenir; no se ocupa de restos, sino de

semillas”. Lo que se critica, y ciertamente se debe combatir, es la

memorización de conceptos y textos sin entender, la acumulación

de datos sueltos sin integrarlos a otros.

 

Hoy se reconocen múltiples tipos de inteligencia, y se

afirma que la inteligencia se puede desarrollar y cultivar . Para

desarrollar la inteligencia se requiere de una pedagogía de la

pregunta y de la investigación. Todo conocimiento comienza

por la curiosidad y la capacidad de asombro. Enseñar a preguntar

debe ser un importante empeño educativo. Se trata, en definitiva,

de promover la curiosidad del educando, hacerle dueño de su

proceso de aprendizaje y colocarlo en una actitud de reflexión,

búsqueda, proposición e investigación en la solución de problemas;

de ayudarle a interpretar la realidad y ser propositivo.

No se aprende significativamente escuchando al maestro

o profesor y repitiendo lo que dice. Ni se aprende memorizando

guías y lecciones. Se aprende buscando, experimentando,

reflexionando, discutiendo, confrontando, creando, inventando,

resolviendo problemas. El educador, como buen entrenador,

ayuda, aconseja, corrige, anima, descubre talentos y posibilidades,

pero el que juega es el educando o, mejor, los educandos organizados

en equipos de investigación.

 

El ser humano es por naturaleza un investigador: aprender

es descubrir. Sin embargo, es la misma educación la que se

encarga muchas veces de adormecer esta capacidad. De ahí la

necesidad de transformar profundamente esos centros educativos,

meros transmisores de conocimientos, para convertirlos en

terrenos culturales de cultivo y producción de conocimientos críticos

y de nuevos saberes. La pedagogía de la investigación combate

la dictadura de la copia y la lección para promover las aulastaller,

las aulas-laboratorio, los seminarios, los debates, los

foros, los simposios, las investigaciones. Es urgente abrir los

centros y programas a la innovación mediante modalidades de

investigación-acción, en los que se investiga lo que se hace para

mejorarlo. La producción de conocimientos no se separa de la

acción.

 

Si queremos lograr educandos con capacidad de asombro,

investigación y proposición, debemos sumergir la práctica

educativa en un ambiente que fomente la curiosidad, la pregunta,

la observación, la duda, la búsqueda y la experimentación, que

son modos naturales de aprender. Por ello, la práctica educativa

se debe orientar a desarrollar el pensamiento lógico, creativo y

crítico de los educandos, a estimular su capacidad de razonar,

argumentar y ver la realidad desde diversos ángulos, a trabajar la

lectura comprensiva y la escritura creativa como actividades

cotidianas; en suma, una práctica educativa orientada a promover

aprendizajes significativos, fundamentados en la comprensión y

el hacer, en todas las áreas del currículo.

Pero la investigación, como práctica educativa, sólo puede

producirse en un ambiente en el que se le proporciona al educando

información adecuada, datos pertinentes, búsqueda de

oportunidades para desarrollar habilidades y resolver problemas.

Supone también que el propio educador, como nos lo recuerda

Tonucci, sea un curioso de la vida, esté lleno de inquietudes y

preguntas, le apasione la búsqueda, el descubrimiento que, a su

vez, le lleven a nuevas preguntas y descubrimientos; que el

educador sea, en definitiva, un investigador que vive en

formación permanente, un creador y productor, más que un mero

reproductor y repetidor de textos, programas y contenidos.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Tu pedagogía se orienta a enseñar a desaprender,

aprender, comprender y emprender? ¿Cómo lo haces? ¿Te

esfuerzas por convertir a tus educandos, sin importar el

nivel o modalidad en que trabajas, en lectores cada vez

más autónomos y eficientes? ¿Cómo lo haces?

  1. 2. ¿Cuál es el tipo de memoria que se defiende y cuál se

critica en el texto? ¿Cuál cultivas tú? Explica por qué.

  1. 3. ¿Cómo concibes la investigación, cómo la practicas?

¿Qué has investigado últimamente, qué has aprendido de

esas investigaciones? ¿Cómo fomentas, acompañas y

guías las investigaciones de tus educandos? ¿Te consideras

un entrenador que ayuda a que cada educando juegue

su propio partido lo mejor posible, o te consideras el

jugador más importante?

  1. 4. ¿Qué te propones cambiar en tu práctica pedagógica

después de haber reflexionado esta dimensión?

 

3.5. Pedagogía del diálogo y la participación…

La Dimensión Sociopolítica

 

Se trata de llegar a ser genuino ciudadano, preocupado y

comprometido con el bien común, con lo público. De rescatar el

sentido original de lo político como servicio a las causas comunes.

La formación de la dimensión sociopolítica implica desarrollar

las competencias necesarias para la convivencia y el ejercicio de

una ciudadanía activa y responsable. Competencias comunicativas,

de escucha y diálogo. Competencias para tomar decisiones

y evaluarlas, argumentar y defender su postura, valorar la

diversidad y saber llegar a acuerdos. Competencias para vivir y

trabajar juntos a los que son diferentes, para ser capaces de valorar

y vivir en contextos interculturales, de respetar la diversidad de

costumbres y opiniones. Competencias para resolver los conflictos

mediante la negociación y el diálogo, de modo que todos salgan

beneficiados de él, tratando de convertir la agresividad en fuerza

positiva, fuerza para la creación y la cooperación, y no para la

destrucción. Competencias para interactuar con los otros diferentes,

para valorar y aceptar las diferencias culturales, de raza y de

género, sin convertirlas en desigualdades. Competencias para

tratar con cortesía, para colaborar, es decir, trabajar juntos, para

decidir en grupo, para considerar los problemas como retos a resolver

y no como ocasiones para culpar a otros. Competencias

para el servicio y la solidaridad y para oponerse a todo lo que

amenaza e impide la vida: injusticia, desigualdad, discriminación,

manipulación, conformismo, violencia, politiquería, populismo,

mesianismo, corrupción.

 

Para educar la dimensión sociopolítica, se requiere de una

pedagogía del diálogo y la participación. Durante toda su vida,

Paulo Freire consideró el diálogo como el método educativo por

excelencia: el ser humano se hace persona en diálogo con su mundo

y con los otros. El diálogo implica búsqueda permanente,

creación colectiva. Dialogar supone aceptar que toda persona sabe,

que no todos saben lo mismo, y que estos saberes necesitan

relacionarse y confrontarse para que de ellos nazca un nuevo saber,

diferente a lo que se pensaba al comienzo. Implica reconocer

al educando como dialogante, que acude al acto educativo con

saberes y puntos de vista propios, que el educador debe tomar en

cuenta.

 

Dialogar es crear algo que no existe. En consecuencia,

toda pedagogía dialógica y participativa tiene que alentar la

búsqueda y la exploración, promover la curiosidad, ya que supone,

como actitud científica, el rechazo al dogmatismo en cualquiera

de sus formas. El diálogo implica problematizarse, hacerse

preguntas. El diálogo en los espacios educativos sólo es posible

en un ambiente de respeto, confianza, escucha y humildad, para

reconocer que la verdad se va haciendo y construyendo en el

compartir de ideas, reflexiones, investigaciones y experiencias.

 

No es fácil dialogar y en la educación tradicional se

dialoga muy poco. Por lo general, el educador habla y el

educando escucha para repetir su palabra o la palabra del libro.

Muchos educadores han sido formados para acaparar la palabra,

para imponer, enseñar, adoctrinar. Por otra parte, el diálogo

verdadero es una práctica no exenta de conflictos, ya que no suele

establecerse desde las coincidencias, sino desde las opiniones,

puntos de vista, valoraciones y proyectos diferentes. De ahí que

la pedagogía del diálogo debe asumir también la pedagogía del

conflicto y la negociación, como medios para superar las

diferencias y construir acuerdos básicos para la acción colectiva.

Para gestionar educativamente los conflictos hay que vivirlos en

términos de lealtad y de disponibilidad a la autocrítica, para así

superar los prejuicios y suposiciones.

 

El verdadero diálogo implica la participación y la

cooperación. El hecho educativo debe convertirse en un hecho

comunicativo y comunitario. Se educa en comunidad, con la

comunidad y para la comunidad. El equipo, y no el individuo

aislado, debe ser la unidad educativa básica y medio principal

para el desarrollo de la dimensión sociopolítica. Equipo directivo,

de educadores, educandos, miembros de la comunidad. Todo el

centro educativo se transforma en un equipo, unidos en la

identidad y en la misión, en el que cada uno asume su tarea con

entera responsabilidad, cuida y se preocupa por todos los demás.

 

Todos aprenden y aprenden de todos: aprenden a compartir, a

ser solidarios, a resolver los problemas y los conflictos mediante

la negociación y el diálogo, a comprometerse en la búsqueda del

bien común.

Para que el diálogo y la participación sean fructíferos, hay

que romper las barreras mentales y conductuales de los

educadores. No hay posibilidad de diálogo desde la rigidez en las

maneras de pensar. Es necesario fomentar cambios de actitudes

en los educadores y muy especialmente en los directivos. Con

frecuencia, los educadores no emprenden cambios en sus prácticas

pedagógicas habituales porque están instalados en la rutina,

porque le tienen miedo al cambio o porque sienten que sus

directivos les inhiben o bloquean sus capacidades de innovación

y de propuesta. De ahí la necesidad de una formación para el

cambio y la innovación que garantice el acompañamiento

pertinente.

 

En su búsqueda de una Educación Popular genuinamente

democrática y gestora de democracia, Fe y Alegría ha optado por

una gestión democrática en la dirección de los centros,

constructora de organización, centrada en lo pedagógico y

con un liderazgo educativo compartido.

La gestión democrática se hace realidad asegurando

instancias organizativas y cauces que garanticen el proceso de

participación. Sin participación es impensable una gestión

democrática. La participación es una manera de entender la vida

y las relaciones humanas, que posibilita convertir el centro

educativo en un lugar donde se viven situaciones de vida

democrática y se desarrollan las convicciones democráticas. Para

ello, es necesario crear un clima de participación: un ambiente

propicio para las relaciones interpersonales y grupales, que

estimule el discernimiento con libertad crítica y autocrítica.

La participación en las estructuras de dirección de los

centros y programas educativos busca promover valores en tres

ámbitos. En lo personal, la participación promueve el desarrollo

integral de los actores del proceso educativo: criticidad,

creatividad, solidaridad y compromiso. En lo social, favorece el

pluralismo, las instancias de organización social, la capacidad de

convocatoria y los vínculos comunitarios. Y en lo institucional,

ofrece un testimonio coherente que asegura la permanencia de la

identidad y unidad de la institución con flexibilidad histórica.

 

La dirección democrática concibe su trabajo como una

tarea de equipo(s) con el consiguiente reparto de responsabilidades

y funciones. Se basa en la participación y el desarrollo

coordinado de la acción y se asume como una forma compartida

de tomar decisiones. Conlleva el pensar el centro o el programa

educativo como tarea colectiva para convertirlo en el lugar donde

se analiza, discute y reflexiona conjuntamente sobre lo que pasa

y sobre lo que se quiere lograr. Busca romper la fragmentación

de las intervenciones de los agentes educativos y convoca a todos

a la construcción del proyecto educativo, concibiendo el centro

como unidad funcional de acción, planificación, evaluación,

cambio y formación. Es el camino para saltar de la cultura de la

sub-ordinación a la cultura de la coordinación.

 

Más allá de la concepción del directivo como “administrador

y gerente”, que significa mantener lo que se tiene y posee,

debe darse el salto cualitativo hacia una concepción de la

dirección como constructora de organización. Una organización

construida desde la imaginación (creativa), más que

desde la memoria (mantenedora), organización flexible y en

permanente revisión. La finalidad de la organización es el

crecimiento de los actores: educandos, padres y madres, miembros

de la comunidad, educadores, y se concreta en la construcción de

los equipos de trabajo.

 

La dirección centrada en lo pedagógico conlleva un cambio

de cultura y de organización por la reorientación de sus funciones

hacia la operación pedagógica del centro o programa educativo,

superando las funciones meramente administrativas. La misión

de la dirección es articular y dinamizar pedagógicamente la

vida del centro. Sus actuaciones deben centrarse en actividades

pedagógicamente ricas como la coordinación del proyecto, el

estímulo, motivación y formación de los educadores, la cohesión

de los equipos, el fomento del entusiasmo y la innovación, la

preocupación por la calidad.

 

Es preciso, además, convertir la dirección en un liderazgo

educativo compartido. Liderazgo que posibilita que surjan y se

tomen en cuenta las “mejores” ideas, sin importar de dónde

provienen. El tipo de estructuras participativas permite que todas

las voces sean escuchadas sin importar su condición y ubicación.

El liderazgo pedagógico convoca a todos a la integración

en un proyecto común que se elabora y desarrolla en colaboración.

Posibilita el paso de la cultura de la ejecución individualista

de lo que otros determinan, a la cultura de la planificación

colectiva basada en la toma de decisiones en común.

Las tres grandes funciones del ejercicio del liderazgo son:

definir, apoyar y sostener unos fines y metas educativos; desarrollar

y mantener el sentido de comunidad; y promover innovaciones

sobre bases sólidas y el desarrollo profesional y organizativo del

centro o programa educativo.

El paso de una dirección burocratizada a otra de tipo democrático,

centrada en lo pedagógico, exige a los integrantes del

equipo directivo propiciar los cambios de mentalidad y cultura

institucional necesarios, asumir nuevos compromisos y responsabilidades,

cambiar las formas de trabajar y de tomar decisiones,

de modo que se actúe en coherencia con lo que se proclama y

busca.

 

En síntesis, por ser Fe y Alegría un “Movimiento”, la organización

y gestión adquieren características concretas que llevan

implícitas las opciones fundamentales. En consecuencia, sus

estructuras deben responder a los siguientes principios o claves:

  • Dinamismo: La organización debe estar en permanente

revisión y cambio para responder mejor a las demandas

del entorno sociocultural.

  • Creatividad: Los responsables de la organización y

gestión no le temen a la innovación y el cambio, sino

que promueven la capacidad de proponer, crear,

inventar, soñar…

  • Autonomía: Cada instancia de la institución asume sus

responsabilidades en interrelación con las otras y dentro

de una comunión de objetivos.

  • Comunión: Los responsables de la organización y

gestión velan por la vivencia de la unidad, de modo

que todos los miembros y actores se sientan parte de un

solo cuerpo, comprometidos en un proyecto común.

  • Comunicación: La participación no es posible sin canales

de comunicación y la información necesaria debe

estar al alcance de todos los participantes para evitar

privilegios y discriminaciones.

  • Democracia: Se impulsa la toma de decisiones democrática,

la creación y el acompañamiento de grupos

diversos, que se organizan autónomamente en el marco

de un proyecto educativo unificador y asumido por

todos.

  • Humanidad: La organización y gestión están al servicio

de las personas, procurando su motivación, formación,

crecimiento y responsabilidad. Por ello, promueven la

fecundidad (el crecimiento integral) más que la mera

eficacia.

  • Efectividad: La organización y gestión dan respuestas

efectivas a las exigencias y necesidades de la comunidad,

y se responsabilizan por los procesos y por los

resultados.

  • Coherencia: Los propósitos, las teorías, las propuestas,

el deber ser proclamado por Fe y Alegría están en

concordancia con las acciones, actitudes y prácticas.

 

  1. 1. ¿Te consideras un educador dialogante, o acaparas demasiado

la palabra? ¿Partes siempre del saber de tus alumnos?

¿Los escuchas debidamente (no sólo sus palabras,

sino sus gestos, su aburrimiento, alegrías, fastidio, miedos)?

¿Cómo resuelves los conflictos que se te presentan

en la práctica educativa? ¿Tratas de asumirlos como

momentos privilegiados para la formación de los educandos?

¿Cómo lo haces?

  1. 2. ¿Sientes que en tu programa o centro educativo están organizados

como un verdadero equipo, unidos en la identidad

y en la misión, o cada uno anda por su lado? ¿El equipo

directivo promueve la participación, la innovación, la calidad?

¿Está centrado fundamentalmente en lo administrativo

o en lo pedagógico? ¿Te sientes suficientemente

motivado, alentado y acompañado por los miembros del

equipo directivo?

  1. 3. Al final del apartado anterior, se presentan una serie de

principios o claves para leer la organización. Reúnanse

en grupos y analicen su centro o programa educativo a la

luz de dichas claves, saquen conclusiones y hagan propuestas

para avanzar en una organización genuinamente

democrática…

 

3.6. Pedagogía del trabajo y el desarrollo sustentable… La Dimensión Productiva

La educación tradicional es reproductora, más que

productora. Enseña a repetir más que a proponer, resolver

problemas, crear. La formación de la dimensión productiva debe

desarrollar las competencias del saber hacer, competencias

propositivas y polivalentes, para encontrar soluciones a

situaciones problemáticas, para comprender distintos sistemas

organizacionales, saberse adaptar a los cambios y aprender

permanentemente de lo que se hace. Competencias para darle un

uso productivo a los recursos, al tiempo, al espacio, a los talentos

y habilidades. Competencias para trabajar en equipo, para entender

y disfrutar la ciencia y la tecnología, para ordenar el pensamiento

y revisar una y otra vez los propios supuestos. Competencias que

le permitan a la persona las oportunidades de tener una vida digna

con la práctica laboral de una actividad productiva, aprovechando

lo que el medio donde vive le ofrece, con conciencia ecológica.

Competencias para entender que el problema de la pobreza no es

sólo de los pobres, sino que es un problema de todos, que debemos

desarrollar al máximo la capacidad creadora para producir

soluciones que contribuyan a generar empleos y a impulsar

procesos de desarrollo humano, equitativo y sustentable. La

posibilidad del cambio y de la dignificación de todos está en el

mismo pueblo, en la participación activa de los diferentes actores

sociales. Para ello, es necesario educar para producir.

Esto debe llevarnos a asumir más creativamente la

necesaria integración entre teoría y práctica, trabajo intelectual y

trabajo manual, capacitación y formación, saber y saber hacer,

formación para la empleabilidad y el aprendizaje permanente más

que para el empleo, unión entre el mundo educativo y el mundo

productivo. Se trata de promover una cultura que asume el trabajo

como valor esencial, como medio fundamental para lograr

la realización y crear los bienes y servicios necesarios para

posibilitar a todos una vida digna y un desarrollo sustentable.

 

Para promover esta dimensión productiva de la persona,

requerimos de una pedagogía del trabajo y del desarrollo

sustentable, que vincule la propuesta educativa humanista e integral

de Fe y Alegría a los desafíos tecnológicos y a las demandas

del mundo del trabajo y de las culturas de la sociedad global, sin

por ello, rechazar las tecnologías tradicionales.

 

La pedagogía del trabajo privilegia el hacer de los educandos

sobre la palabra del educador. Se aprende haciendo,

resolviendo, construyendo, no escuchando y repitiendo. En

los centros educativos se trabaja cooperativamente y se aprende

a amar el trabajo, a cuidar las cosas, cuidar la naturaleza, cuidarse

y cuidar a los demás. Es a través del trabajo digno, responsable y

eficiente, como puede ser posible que la persona encuentre una

base de sustentabilidad para un desarrollo integral y pleno. Los

avances tecnológicos exigen cada vez más de gente cualificada

profesionalmente para los diversos sectores productivos.

 

Se hace necesario y urgente ofrecer a los educandos una

educación que se corresponda con la realidad de los avances científicos

y tecnológicos, de modo que puedan contar con las competencias

y con las herramientas necesarias para participar en la

transformación de la sociedad y promover procesos de desarrollo

sustentable. Se requiere de una pedagogía que propicie la

productividad, que promueva propuestas solidarias de vinculación

centro educativo-comunidad y la metodología de proyectos,

a partir de situaciones problemáticas. Una pedagogía que estimule

el esfuerzo intelectual y manual, habilidades de planificación,

capacidad de autonomía y responsabilidad en el desempeño de

las tareas. Pedagogía que prefigure y concrete formas alternativas

y cooperativas de producción de alimentos mediante la agricultura

ecológica, el desarrollo productivo de la artesanía y de tecnologías

alternativas, la fabricación y reparación de aparatos y objetos

necesarios, y la creación de patrones de consumo que no agredan

a la naturaleza.

 

Preguntas

  1. 1. Tu práctica educativa –y la de tu centro o programa-

¿enseña a repetir y reproducir o a producir, proponer, resolver

problemas, crear? ¿Cómo lo demostrarías? ¿El

tiempo de los educandos es fundamentalmente tiempo de

escucha y de tomar apuntes o tiempo de resolver, crear,

proponer, discutir, inventar?

  1. 2. ¿Cómo entiendes lo que se expresa en el texto “ que hoy

la formación debe preparar más para la empleabilidad

que para el empleo”? ¿Qué es eso de desarrollo sustentable?

¿Cuál sería un desarrollo no-sustentable?¿Cómo

han asumido en tu centro o programa las exigencias de

los avances científicos o tecnológicos?

  1. 3. A la luz de esta dimensión ¿qué cambios proponen en tu

centro o programa educativo?

 

3.7. Pedagogía de la expresión y la creatividad…

La Dimensión Estética

 

Se trata de la formación del gusto, del buen gusto, de modo

que la persona desarrolle las competencias necesarias para

percibir, disfrutar y producir lo bello, lo original, que nace del

libre juego de la sensibilidad, imaginación, fantasía e intuición.

Competencias también para combatir los efectos negativos de un

sistema cultural dominado por los medios de comunicación de

masas que promueven el aislamiento, la soledad y la pasividad;

masifican los gustos; y promueven la superficialidad, la sensiblería,

la violencia, la banalidad como valores estéticos. Competencias

para explorar y desarrollar las posibilidades de expresión

creativa de cada persona, sentir la necesidad de ejercitar uno o

más canales expresivos (literarios, musicales, teatrales, plásticos,

gráficos…), que impliquen al individuo en la composición y

ejecución y no meramente en la observación.

 

Para la formación de la dimensión estética se requiere de

una pedagogía de la expresión y la creatividad, que descubra y

cultive los talentos de cada persona. El educador debe estar

convencido de que cada educando es portador de valores y talentos

que él debe ayudar a conocer y desarrollar. También debe cultivar

el disfrute del sentido estético, la capacidad crítica de los

medios de comunicación y el sentido de observación y admiración

ante los milagros de la vida, de la naturaleza, y del poder creador

de los seres humanos.

 

La pedagogía de la expresión le devuelve la palabra al

educando, desarrolla la oralidad y la escucha, cultiva el buen

decir, la oratoria, las habilidades comunicativas orales, gestuales,

corporales, mímicas, escritas de cada uno. Una pedagogía de la

expresión promueve por todos los medios y en todos los

momentos y espacios educativos, la comunicación entre

educador y educandos, y de los educandos entre sí. Para eso,

reorganiza los ambientes, evitando una distribución del espacio

que pueda favorecer la palabra del educador y la recepción pasiva

de los educandos, o impedir la comunicación entre ellos.

 

La pedagogía de la creatividad espolea la imaginación

y la fantasía, cultiva la literatura, la música, la pintura, las

artes y artesanías, el contacto con la naturaleza…; convierte

los espacios educativos en lugares de creación y de exposición

de las creaciones. Se promueven los grupos de música, teatro,

títeres, danza, artesanos, pintores, cuenta cuentos, periódico,

creación literaria, ecológicos. Se aprende a defender y cuidar el

ambiente y a combatir toda forma de abuso, saqueo, destrucción,

contaminación. Se rescatan las fiestas y tradiciones y los centros

y programas educativos se unen a las celebraciones populares y

las convierten en genuinos proyectos pedagógicos. La biblioteca

del centro o de la comunidad es el lugar de la fantasía, del

encuentro y del compartir, de la imaginación, del disfrute, de la

creación, de la recuperación de la historia. Los centros educativos

se abren al ambiente social y cultural, a la ciudad y el campo, a

los que consideran como un gran libro de lectura. Todo el espacio

físico y los alrededores del centro se convierten en un gran taller,

un museo, un enorme mural.

 

Un educador creativo capitaliza la curiosidad propia del

educando, partiendo de sus habilidades, su cultura y del mundo

que le rodea. Estimula su imaginación y permite que vaya

evolucionando según sus propios intereses. Nunca rechaza ni

caricaturiza las creaciones de sus educandos, pero los va guiando

con paciencia para que no se conformen con la primera versión,

en busca siempre de una mayor calidad, pues el desarrollo de la

creatividad artística supone aprender a rehacer, exige

esfuerzo, experimentación, búsqueda, vencimiento. Pero

además, un educador creativo utiliza todas las oportunidades que

se le presentan, en las distintas áreas del currículo, para desarrollar

la creatividad y cultivar el sentimiento de todo lo bello y misterioso

de la Creación.

 

Preguntas

  1. 1. ¿En tu centro o programa tienen algún proyecto para

enseñar a leer críticamente los medios de comunicación?

¿Qué hacen ante la influencia de la televisión? ¿Qué se

les ocurre que podrían hacer?

  1. 2. La distribución del espacio en tu aula ¿favorece la comunicación

entre educador y educandos y entre los educandos

entre sí? ¿Hay en tu centro alguno de los grupos que se

mencionan en el texto (música, teatro, títeres, danza,

artesanos, pintores, cuenta cuentos, periódico, creación

literaria, ecológicos…? ¿Cuáles podrían crear? ¿Qué van

a hacer para ello?

 

3.8. Pedagogía de la inculturación,

interculturalidad y multiculturalidad…

La Dimensión Cultural

 

El complejo mundo de lo cultural es uno de los componentes

esenciales dentro de los procesos educativos. Entendemos la

cultura23 como el conjunto de rasgos adquiridos por aprendizaje

en contraste con los biológicamente heredados. Es el conjunto de

formas y modos adquiridos de concebir el mundo, de pensar, de

hablar, de expresarse, percibir, comportarse, organizarse socialmente,

comunicarse, sentirse y valorarse uno mismo en cuanto

individuo y en cuanto grupo. La cultura tiene que ver con la tecnología,

es decir, con las creaciones materiales de un pueblo para

garantizar su supervivencia y desarrollo; con las relaciones sociales

o formas de organizar la familia, la comunidad, la política, el

poder; y el mundo imaginario o cultura simbólica que se expresa

a través de la lengua, las creencias, los mitos, leyendas, religión,

creaciones artísticas…

 

Todos nacemos y aprendemos en una determinada matriz

cultural. Todos pertenecemos a algún grupo cultural que marca

lo que somos y hacemos, lo que pensamos y creemos. Todos

tenemos cultura, en consecuencia, no hay personas incultas;

todos somos parte de una determinada civilización, por ello, no

hay “incivilizados” ni hay culturas superiores a otras. La

cultura particular de un grupo determinado es el sustento y uno

de los instrumentos más poderosos para la creación y el ulterior

desarrollo de las diversas identidades personales y grupales.

La formación de la dimensión cultural debe desarrollar

las competencias que posibiliten a los educandos conocer , aceptar

y valorar sus raíces, su mundo cultural, sus orígenes, su historia,

su familia, su comunidad, su región, su país. Competencias para

rescatar la memoria colectiva como elemento de unificación y

cohesión del grupo. Competencias para valorar y apreciar las

culturas diferentes, para combatir los dogmatismos, fundamentalismos

e intolerancias de quienes tratan de imponer una única

forma de pensar, de creer, de vivir. Competencias para emprender

un verdadero diálogo cultural que permita aprender del otro

diferente, desde la aceptación de la diversidad.

 

Para el desarrollo de esta dimensión, requerimos de una

pedagogía de la inculturación, la interculturalidad y la

multiculturalidad. Los educadores deben entender que cada

educando tiene un saber, una forma de expresarse y comunicarse,

unos valores, unas costumbres y tradiciones…que deben ser

valorados y reconocidos. Para ello, deben esforzarse por conocer

y comprender el mundo de sus educandos para así poderles

ayudar mejor. El currículo se convierte en punto de encuentro

entre el programa (que ofrece pistas generales), y la programación,

hecha a la medida de los educandos, adaptada a sus

realidades. Currículo flexible, motor de la educación para la

interculturalidad e incluso multiculturalidad, pues asume a

educandos de etnias, culturas y razas distintas.

 

Sólo si los educandos se sienten aceptados y acompañados

en su crecimiento y realización personal; si perciben que los

educadores parten de sus experiencias y conocimientos y guían

la labor educativa en consonancia con la familia y la comunidad,

valorando su cultura, su lenguaje, sus lógicas, saberes y percepciones;

si experimentan que se les acompaña en su crecimiento y

realización personal; podrán echar raíces hacia adentro y fortalecer

su identidad.

La pedagogía de la interculturalidad y multiculturalidad

implica el reconocimiento, respeto y valoración de la

diversidad, la que asume como posibilidad de enriquecimiento.

Rompe con la relación pedagógica de dominación y establece

relaciones comunicativas horizontales entre culturas. El punto

de partida es reconocer el carácter de la heterogeneidad como

un valor y no como un defecto. Ello va a permitir, en primer

lugar, desarrollar una dosis madura de tolerancia que llevará a

aceptar que las personas actúen según sus propias lógicas,

motivaciones y costumbres, y no según nuestras expectativas,

para finalmente ponerse en disposición de aprender a incorporar

en uno mismo lo valioso que se descubre en el otro.

 

El encuentro de culturas es un encuentro de saberes y

prácticas que se realiza a través del diálogo y la negociación cultural

que posibilita la comprensión y el encuentro de las diversas

lógicas, percepciones y visiones. La interculturalidad y la

multiculturalidad exigen procesos de negociación cultural en

la medida en que producen modificaciones en las propias formas

de ser y de sentir, por la voluntad de integrarse en una realidad

que unifica sin suprimir por ello las diferencias. Para ello, hay

que estar dispuesto a ceder y renunciar, a incorporar y cambiar, a

dialogar buscando consensos; movidos no sólo por un buen deseo,

sino por el convencimiento de la riqueza enriquecedora del otro.

Las culturas no son estáticas, son dinámicas, se pueden

enriquecer al entrar en contacto con otras. Una pedagogía intercultural

y multicultural evitará los fundamentalismos que

desconocen al otro diferente y las alienaciones que implican

la vergüenza étnica y los complejos de inferioridad. La

pedagogía de la interculturalidad y multiculturalidad se presenta

como una modalidad estratégica que busca comprender y tender

puentes entre diferentes y favorece la formación en valores de

alto contenido democrático, como el respeto mutuo, la tolerancia,

la justicia, la paz. Esta pedagogía afronta el reto de hacernos pasar

a la construcción de un “nosotros diverso”, reivindicando el

derecho de unos y otros a la igualdad y a la diferencia. Se trata de

recorrer el camino de la unidad en la diversidad, lo que para

nuestros países, que son pluriculturales, significa recorrer el

camino de la identidad nacional.

 

En aquellas regiones o comunidades donde está

generalizado el uso de dos o más lenguas, la pedagogía intercultural

y multicultural deberá esforzarse por llegar a ser también

verdaderamente bilingüe o plurilingüe, de modo que educadores

y educandos logren el dominio de ellas.

 

Preguntas

  1. 1. El tema de la cultura ya lo trabajaste ampliamente con el

folleto de Albó. ¿Qué cambios introdujiste en tu práctica

a raíz del estudio de este tema? ¿Mantienes todavía tus

propuestas? Sería bueno que revisaras el folleto,

recordaras lo que más te impactó y leyeras tu práctica

educativa actual a la luz de dicho folleto y de las

reflexiones y debates que suscitó.

  1. 2. ¿Cómo entiendes lo que se indica en el texto que “el currículo

se convierte en punto de encuentro entre el programa

y la programación”? ¿Valoras realmente el saber

y la cultura de tus educandos? ¿Partes de ellos en tus

plani-ficaciones? ¿Cómo demostrarías que sí?

 

3.9. Pedagogía de los Valores…

La Dimensión Ética

 

Vivimos tiempos de un total relativismo ético, en los que

se impone el pragmatismo de la moral acomodaticia del TODO

VALE y del SOLO VALE (Todo vale si me produce ganancia,

bienestar, beneficio…; sólo vale lo que me produce ganancia,

bienestar, beneficio). El valor y el antivalor se confunden. Cada

uno decide lo que es bueno y lo que es malo. El fin justicia los

medios. La eficacia en la productividad y la ganancia se convierten

en el criterio definitivo de bondad. Lo que es eficaz es necesario;

lo que se puede hacer, se debe hacer.

 

En este contexto, la formación de la dimensión ética debe

garantizar las competencias necesarias para que los educandos

sean capaces de analizar éticamente los acontecimientos y sucesos,

conozcan los valores esenciales y afiancen sus vidas sobre ellos.

Competencias para que puedan responsabilizarse de sí mismos y

contribuir con su conducta a la gestación de un mundo mejor.

Competencias para superar el relativismo ético imperante que

les posibiliten juicios apropiados y la autorregulación de sí

mismos. Competencias para rechazar los antivalores (egoísmo,

intolerancia, racismo, violencia, opresión, injusticia…) que

siembran la discordia e impiden un mundo de justicia y verdadera

paz. Competencias para enjuiciar y superar el sistema económico

excluyente y promover una economía justa y solidaria que tenga

como objetivo esencial el desarrollo de la persona, de todas las

personas, y no el mercado.

 

Para desarrollar la dimensión ética y lograr estas competencias,

se requiere de una auténtica pedagogía de los valores.

La pedagogía de los valores exige, en primer lugar, la clarificación

colectiva por parte de los miembros de la comunidad

educativa de aquellos valores que consideran esenciales. En

segundo lugar, el compromiso de educadores y miembros de

la familia de esforzarse por vivir dichos valores. La pedagogía

de los valores debe integrar el pensar, el sentir y el actuar. Los

principios éticos no sólo deben ser enunciados, sino personalizados

como principios de vida. Deben penetrar en los sentimientos

y aspiraciones y manifestarse en la conducta.

 

La pedagogía de los valores exige que cada educador

entienda y asuma que no es un mero docente de un determinado

programa o materia, sino que fundamentalmente es maestro de

humanidad, formador de personas. Los educandos no sólo

aprenden de sus educadores, sino que aprenden a sus educadores,

pues si bien uno explica lo que sabe o cree saber, UNO ENSEÑA

LO QUE ES. De ahí que es imposible educar de un modo neutro:

todos educamos o deseducamos, y esto no tanto por lo que decimos

o proclamamos, sino por lo que hacemos y somos.

 

La pedagogía de los valores implica también su incorporación

a la estructura y funcionamiento de los programas y

centros educativos, de modo que coincida el currículo explícito

con el currículo oculto. Si buscamos y pretendemos alumnos respetuosos,

solidarios, cooperadores…, el ejercicio educativo debe

ser respetuoso, solidario, cooperativo…De ahí que el énfasis

educativo no puede estar en educar para, sino en educar en:

educar en el respeto, la solidaridad, la cooperación, en breve, en

los valores que aspiramos conseguir. Lo que hacemos no puede

contradecir lo que pretendemos. El producto o el fruto que

queremos recoger debe estar ya en el proceso, en la semilla. No

lograremos alumnos cooperativos y solidarios, por mucho que

proclamemos que es nuestro objetivo, con una pedagogía que

promueve el trabajo individual, la competitividad, la selección

de los mejores.

 

De ahí, como ya indicamos más arriba, la necesidad de

concebir y estructurar los centros educativos como comunidades

de vida, de participación, de diálogo, trabajo y aprendizaje

compartido, de tolerancia, respeto, honestidad y responsabilidad.

Comunidades educativas en las que se aprenden los valores

porque se viven, porque se participa, se construyen

cooperativamente alternativas a los problemas individuales y

sociales, se fomenta la iniciativa, se toleran las diferencias, se

integran las diferentes visiones y propuestas, se respira un aire

que alimenta la honestidad, la gratuidad, el servicio, la

cooperación, la solidaridad. Se trata, en definitiva, de estructurar

nuestros centros educativos como pequeños microcosmos de la

sociedad transformada que buscamos.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Qué valores trabajas con tus educandos? ¿Cómo lo

haces? ¿Has incorporado a la familia a tu propuesta de

valores? ¿Están sembrados dichos valores en la estructura

de funcionamiento de tu aula, centro o programa?

  1. 2. ¿Cómo explicarías eso de que “los educandos no sólo

aprenden de sus educadores, sino que aprenden a sus

educadores” y que “uno enseña lo que es”? Según estos

principios, ¿cuáles crees que son los valores que los educandos

aprenden de ti o que tú les enseñas con tu vida?

  1. 3. A la luz de lo trabajado en esta dimensión, ¿qué cambios

vas a introducir en tu práctica educativa?

 

3.10. Pedagogía de la Identidad y de la esperanza…

 La Dimensión Histórica

 

Los seres humanos somos sujetos históricos, tenemos la

capacidad de hacernos, construirnos y de hacer y rehacer permanentemente

la sociedad. Vivir es hacerse, construirse, soñarse,

inventarse, llegar a desarrollar todas las potencialidades. Sin

embargo, hoy muy pocos se plantean seriamente hacer el camino

de su vida y caminarlo con radicalidad. Piensan que vivir es seguir

rutinariamente los caminos que marcan las modas, las propagandas,

el mercado, las costumbres, los dirigentes. El conformismo,

el gregarismo y la imitación se imponen a través de la

publicidad, el consumo y los medios de comunicación. Se hace

lo que hace la mayoría, lo que nos indican que hay que hacer. No

hay metas, objetivos, sueños, ideales, proyecto. Por eso, algunos

han llegado a proclamar “el fin de la historia”, negando la

vocación de los seres humanos como constructores y transformadores

del mundo.

 

Para cambiar el mundo, para hacer de él un gran hogar

donde todos podamos vivir como hermanos e incluso celebrar

nuestras diferencias, hay que cambiar a los seres humanos que

somos los que lo hacemos. Si cambiamos las personas, todo

cambiará. En este mundo tan convulsionado y agitado, la

verdadera paz sólo será posible si logramos personas que

tienen en paz su corazón. Y esta debe ser la tarea esencial de la

educación que debe recuperar su misión humanizadora,

orientada a formar sujetos autónomos y ciudadanos de la nueva

sociedad. No se trata, en consecuencia, de un mero cambio de las

estructuras, sino de la creación continua de una nueva manera

de ser persona, es decir, de una revolución cultural permanente.

El ser humano se humaniza humanizando el mundo.

 

La formación de la dimensión histórica supone garantizar

las competencias esenciales para que los educandos sean capaces

de leer críticamente las historias oficiales organizadas en torno a

héroes y batallas que ocultan la vida, los esfuerzos y el hacer

histórico del pueblo. Competencias para que se asuman como

sujetos históricos, conscientes de su propia singularidad y de su

propio estar en el mundo, pertenecientes a una familia y un pueblo

determinado que deben valorar. Competencias para que sean

capaces de recuperar la memoria histórica y se asuman como

constructores de una historia siempre inacabada y se comprometan

con entusiasmo y esperanza en la gestación de una sociedad

igualitaria y participativa.

 

El desarrollo de la dimensión histórica implica una

pedagogía de la identidad y de la esperanza. Pedagogía que,

en palabras de Mounier, despierte el ser humano que todos

llevamos dentro, nos ayude a construir la personalidad y encauzar

nuestra vocación en el mundo. Se trata de provocar ya no el

conformismo y la obediencia, sino la libertad de pensamiento y

de expresión, y la crítica sincera, constructiva y honesta. Esto

implica ayudar a cada educando a conocerse, valorarse y

emprender el camino de su propia realización, lo que postula

tiempos y espacios para el silencio, la reflexión y el cuestionamiento

personal. Implica también conocerse y valorarse como

parte de un pueblo, de un país, del que hay que recuperar la

memoria histórica que posibilite una mejor comprensión del

presente para la invención del futuro. La historia deja de ser un

mero recuento de héroes y batallas, para pasar a ser la historia

de un pueblo que camina en busca de su propia identidad.

 

Esta perspectiva histórica que busca la propia identidad,

no puede dejar de lado la perspectiva cultural, como sistema de

significación y comprensión de la misma. Al decir “pedagogía

de la identidad”, estamos indudablemente aceptando que existe

una pedagogía de las formas culturales en donde se forja la

identidad. Si el concepto “cultura” nos permite equiparar la

educación a otras actividades culturales, el concepto “pedagogía”

permite que se realice la operación a la inversa, es decir, las otras

actividades culturales son también pedagógicas. Por lo tanto, lo

cultural se vuelve pedagógico y la pedagogía se vuelve cultural.

 

De este modo y a través de todo lo señalado, podríamos

decir que estamos ayudando, desde lo histórico-pedagógico, a

construir “identidad”.

Educar para construir un proyecto de mundo y sociedad

nuevos sólo va a ser posible desde la pedagogía de la esperanza.

La esperanza es la más humana de las emociones. Ella impide la

angustia y el desaliento, pone alas a la voluntad, se orienta hacia

la luz y hacia la vida. Sin esperanza languidece el entusiasmo, se

apagan las ganas de vivir y de luchar. La esperanza se opone con

fuerza al pragmatismo, que es una deserción mediocre y cobarde

en la tarea de construir el mundo.

 

Preguntas

  1. 1. ¿Cómo te asumes como sujeto histórico? ¿Estás comprometido

en la permanente construcción de ti mismo? ¿Cómo

ayudas a tus educandos a conocerse, quererse y emprender

el camino de su propia realización?

  1. 2. En el folleto de este mismo curso sobre “la recuperación

crítica de la historia” (urbana o indígena) trabajaste con

amplitud esta dimensión. ¿Qué recuerdas que aprendiste

del estudio de estos temas? ¿Qué cambios hiciste en tu

práctica pedagógica? ¿Los mantienes todavía? Te

invitamos a revisar de nuevo dicho folleto y a afianzar las

propuestas que te suscitó.

 

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