Derechos Humanos, Política y Educación. Benetti

Promover y educar en los Derechos Humanos:es hacer Política.

DERECHOS HUMANOS, POLÍTICA, ANTIPOLÍTICA Y EDUCACIÓN


Hablar de los derechos humanos, enseñarlos y, sobre todo, promoverlos, es hacer política.

Y hacer política es promover el desarrollo humano integral de la persona y de la comunidad de acuerdo a sus derechos. Por eso toda educación auténtica debe entenderse como una acción política.

Decimos “hacer política”, aunque para la mayoría de los ciudadanos “hacer política” es hacer “anti-política”, porque se siente que se gobierna sobre el pueblo y a veces contra el pueblo, dándole las espaldas y acordándose de él cuando se precisan sus votos y aplausos.

En efecto, hay una manera de hacer política que consiste en dominar a la gente para mantenerla en la ignorancia de sus derechos y en la impotencia para resolver sus problemas. Es la antipolítica.

Es la “vieja” política dominada por un grupo de dirigentes que se transforman en fines de sí mismos y convierten a la ciudadanía en una palanca para lograr ese objetivo, beneficiarse de la política y de la mínima democracia del voto obligatorio.


La Política (con mayúscula) que es el noble arte de construir la “polis” o sociedad, no es la competencia entre partidos, facciones y personalidades, en los que brilla la ausencia de grandeza de espíritu, de ideas y proyectos, y de un sincero amor a la comunidad, pero en los que sobreabunda el afán de poder y de dinero, más muchos otros beneficios secundarios. Eso es antipolítica.

La Política es conocimiento y sensibilidad ante las necesidades de la gente, sensibilidad genuina demostrada en el reconocimiento de sus necesidades y derechos, y en un compromiso sincero por acompañarla en la construcción de una vida digna que supere esa constante ansiedad por “sobrevivir”.

Se trata de soñar con la gente un mundo mejor desde la práctica de una real democracia, participativa y transparente, que logre el desarrollo integral de hombres y mujeres desde el respeto al conjunto de sus derechos humanos.

Y esto es una Política liberadora y una Democracia liberadora, y una Educación Liberadora, la antítesis de la política corrupta que mantiene al pueblo en el infantilismo, en la servil dependencia y en la constante actitud de pedir como limosna eso mismo que constituye su derecho esencial.

Política liberadora porque libera a la comunidad de la miseria y de la pobreza, del hambre y de la desnutrición, de las enfermedades y de las epidemias, de la imposibilidad de acceder a la cultura,de la ignorancia y de la ausencia de todos los medios para una vida saludable.


Y, sobre todo, la libera de la dependencia constante, de la falta de libertad y de la desigualdad social entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco, entre los que usufructúan el poder y los que se sienten dominados, entre la hegemonía del hombre y la sumisión de la mujer.

Política, democracia y educación liberadoras porque, sobre todo, el pueblo recupera su poder, poder de pensar creativamente, poder de analizar sus problemas, poder de tomar las decisiones y poder de controlar a los gobernantes y funcionarios para que no se queden con los beneficios económicos del esfuerzo de la comunidad.


En cambio, es antipolítica – la usual., la que decepciona y defrauda, la que,desalienta la participación de la gente, la que provoca el asco de los jóvenes-, esa política que impide la constitución de los ciudadanos como sujetos con capacidad de decisión (también los niños y adolescentes lo son), la que bloquea y entorpece la autonomía de la comunidad, la que fragmenta y divide a las organizaciones sociales, llevando a la gente al individualismo del “sálvese quien pueda”, para poder dominarla mejor. “Divide y reinarás”, es su lema.

Es la antipolítica que conoce una sola forma de organización y participación, la de “cooperar con ellos” y con la cúpulas de poder, pero que desconoce el concepto de solidaridad y de libertad creativa.

Es antipolítica el encierro de los dirigentes en sus oficinas y en su mutismo, para mantener al pueblo distante por medio de la muralla de secretarias y trámites burocráticos.

Es antipolítica el desprecio hacia la gente sencilla y pobre, que debe hacer largas colas y realizar tramitaciones engorrosas para recibir alguna migaja de satisfacción de sus necesidades básicas.


Es antipolítica la multiplicación de oficinas, cuyas puertas y ventanillas tienen que recorrer los ciudadanos en una peregrinación tediosa para realizar un sencillo trámite en el cual siempre falta una fotocopia, un sello o una fotografía.

Es antipolítica abusar de tantos “secretos de Estado” contrarios a la transparencia de una democracia auténtica; y mantener a la población al margen e ignorante de las decisiones que se toman o de la leyes que se elaboran. La idea es que “si la gente ignora lo que hacemos, no puede protestar. Y si no protesta, es que nos apoya”.

Es antipolítica la constante respuesta de que “no hay presupuesto” cada vez que se deben atender necesidades urgentes de grupos que viven en la indigencia o que tienen sueldos mínimos; pero esos presupuestos aparecen mágicamente para los sueldos de dirigentes, funcionarios y representantes del pueblo, cuyo monto supera cinco o diez veces al monto medio de obreros, empleados y maestros; también aparecen los presupuestos en los gastos suntuosos de las campañas electorales y en un estilo de vida que nada tiene que ver con supuestas políticas económicas de emergencia.

Es antipolítica la sobrevivencia de partidos políticos carentes de toda ideología y de programas de acción a favor del pueblo; partidos autorreferenciales que existen para sí mismos y para sostener los beneficios de las cúpulas partidarias y que utilizan al pueblo para su propio usufructo; partidos que imponen “ a dedo” a sus candidatos a quienes “libre y democráticamente” el pueblo tiene que elegir.


Es antipolítica la que usa “punteros” para acaparar sufragios con cualquier método y que se burla de la dignidad de los pobres con asistencialismo, dádivas y favores a cambio de votos.

Es antipolítica tratar de enemigos a los que piensan distinto del gobernante, reduciéndolos al silencio y a la persecución.

Es antipolítica la increíble lentitud e inoperancia de la Justicia, que desalienta a las víctimas de violaciones de sus derechos y los transforma, muchas veces, en doblemente víctimas de un sistema ineficiente.

En fin, es antipolítica la corrupción generalizada, no sólo porque se usa el dinero público en beneficio propio, de los amigos y parientes., sino porque se gobierna de espaldas al pueblo, ignorando intencionadamente sus necesidades y cubriéndolo con promesas falsas y discursos vacíos en cada campaña eleccionaria.


Por eso, proponemos una Política y una Educación que se entiende a sí misma como un servicio a la comunidad, que reconstruye el tejido social destrozado con una auténtica participación y con el respeto de todos los derechos humanos que son ejercidos en un pleno desarrollo humano integral.

Se dice que “esto es una utopía, que esto no es posible, que hay que tomar las cosas como son”… Lo escuché tantas veces… Pero esto es una mentira inventada por los mismos que quieren mantener el poder a toda costa para su uso personal.

La democracia participativa, al menos en el ámbito local y en muchas escuelas, no solamente es perfectamente posible, sino que ya existen numerosas experiencias en Europa y América que así lo testimonian.

Se tardaron siglos para llegar a la democracia… ¿Cuánto tiempo más necesitamos para llegar a una democracia participativa por parte del pueblo y a una Escuela con docentes y educandos, todos conscientes de sus derechos y capaces de ejercer el poder que le corresponde?

No se necesita mucho tiempo sino la voluntad de hacerlo. Las decepciones del pueblo y sus múltiples necesidades insatisfechas son el mejor acicate y estímulo para que toda la población abrace un proyecto que sólo puede darle beneficios, dignidad y autoestima:

Y también esta es nuestra propuesta educativa: formar una nueva generación de mujeres y de hombres convencidos de sus derechos y concientes de su responsabilidad en la construcción de una sociedad digna de sí misma, con plena participación y disfrutando de todos los beneficios del Desarrollo Humano Integral.


Lic. Santos Benetti

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